Declaimer: Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, yo sólo los utilizo para dar vida a mis locuras.


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9

Vínculo

*.*


Había una delgada línea entre la realidad y la fantasía, si no tenías cuidado, podías saltar de uno a otro sin siquiera darte cuenta. La bruma de la incertidumbre oscurecía sin reparo el límite entre ambas y el camino hacia la verdad se hacía difuso con cada paso. Como si las olas que rompen contra el barco que surca el mar de la vida fueran una pregunta sin respuesta, o como si cada estrella en el cielo fuera un destello de esperanza mezclado con el temor a lo desconocido.

A veces la realidad superaba la ficción y se volvía tan surreal que el cerebro se negaba a creerlo, como si miles de escenarios posibles de desplegaran frente a sus ojos y cada uno parece más absurdo que el anterior. ¿Cómo había terminado así? ¿En qué momento se le había salido de las manos?, sus emociones eran un caos total llegados a este punto, ¿así se había sentido Ilsa Lund cuando Rick Blaine la besaba? ¿O acaso Rose tenía esa sensación de estar caminando el borde de la claridad cada que Jack la tocaba? No podía ni siquiera visualizar a Kat Stratford reducida a un brote tembloroso lleno de dudas cuando Patrick Verona la miraba con sus ojos dulces.

Lo cierto es, que ninguna cinta que pudiera recordaren ese instante le hacía justicia a las sensaciones que estaban sacudiendo sus cimientos.

Había una mezcla entre la fascinación y el temor que se asentaba en la base de su pecho, como una costra que se formaba en la parte inferior de su alma; si la quitaba probablemente sangraría profusamente con cada palpitación de su corazón.

Intentó asimilar el extraño comportamiento que había demostrado cuando vio a Sasuke con aquella chica en el cruce vial. Se negaba a aceptar la posibilidad de que se tratara de "celos" como había mencionado el Uchiha, sin embargo, mientras más lo reflexionaba, más acertado le parecía el concepto.

Se había puesto celosa.

Pero no quería reconocerlo. No debía sentirse así, puesto que en realidad ellos dos no eran nada. Así que no tenía ningún derecho a actuar de esa forma tan vergonzosa. Más ya era demasiado tarde. Él ya había visto esa faceta que ni ella conocía que tenía, ya no podía hacer nada para disimular cuán profundo se estaban haciendo sus sentimientos.

Una parte de ella estaba aterrada de tocar el tema directamente. Como si fuera un tabú que eludía cuál cepa de varicela.

Si lo hacía...

¿Sasuke sería honesto?

Miró hacía su derecha y no pudo evitar clavar sus ojos en el rostro del causante de todas sus preocupaciones.

Luego de lo sucedido en el callejón, él los había guiado hacía la parada de autobuses para poder regresar a casa. Dado que su pierna estaba resentida por la carrera que tontamente había pegado, Sasuke la llevó prácticamente a cuestas hasta la terminal.

El camión 2176 llegó puntual, razón por lo cual había perdido la oportunidad de agradecerle.

—Hey, mira, ese chico es súper sexy, ¿No lo crees? —una voz aguda fue captada por su oído derecho y casi por inercia volteó ligeramente hacia donde se encontraban un par de chicas de instituto que miraban fijamente en su dirección.

—Oh por Dios, tienes razón San-chan, es totalmente mi tipo.

—Parece universitario.

—¿Debería pedirle su Instagram? Tal vez logre que sea mi novio para las vacaciones de verano...

—¡Qué atrevida!

—¿Por qué no serlo? Rompí con Tsukasa-kun hace una semana y no me vendría mal salir con alguien tan sensual.

—No seas desvergonzada, ¿no ves que está con su novia?

—¿Novia? Ah... ¿Le gustan las chicas sosas?

Se mordió el labio y luego volvió a posar sus ojos en las facciones del muchacho sentado a su lado.

Sabía que él también las podía oír, pero las ignoraba deliberadamente. Sin embargo, no estaba en contra de lo que habían dicho, Sasuke era atractivo, por lo que no era de extrañar que llamara la atención de varias personas con su sola presencia, ella por otro lado, era lo contrario a eso. No es que se considerara "fea", más bien no le gustaba destacar demasiado y por consiguiente siempre optaba por un perfil bajo.

Definitivamente no encajaban el uno con el otro.

Se tocó el flequillo con la mano derecha y luego jugó con las cuentas de la pulsera de la buena fortuna que le había obsequiado Toneri. Encontró consuelo en el deseo de su compañero, aunque no estaba segura si los dioses podrían sonreírle y darle la buena fortuna que el albino le había augurado.

—Si tienes algo que decir, hazlo de una vez—masculló de pronto la profunda voz del azabache.

Hinata giró la cara y lo vio moviendo velozmente sus dedos por la pantalla táctil de su teléfono. Karin le había enviado un mensaje, de tamaño casi bíblico, preguntando sobre lo sucedido—aprovechando también para reclamarle el haberla dejado botada en medio de la calle—, y aunque no le apetecía dar explicaciones sobre su comportamiento, lo cierto es que no tenía una respuesta que no incluyera el nombre de la Hyuuga en ella; algo que seguramente haría que la bermeja estallara en preguntas sin sentido hasta del más mínimo detalle sólo para saciar su curiosidad.

Mierda.

La ojiperla respingó cuando Sasuke viró la cara hacia ella y sus rostros quedaron separados por un par de centímetros.

Ah, sus pecas eran demasiado lindas.

—Lo...si-siento...—susurró todavía perdida en aquellas motas sutiles que pintaban el puente de su nariz.

—¿Una disculpa es lo que querías decirme? —indagó ladeando un poco la cabeza.

Siendo sincero, el que debía disculparse era él, después de todo, había roto su promesa interna de llevar las cosas con calma.

—¡No! —exclamó la ojiperla despertando de sus ensoñaciones y acto seguido se cubrió la boca por elevar la voz en el autobús. Se disculpó silenciosamente con los pasajeros que le miraron con reproche—. E-esto...yo...—desvió sus orbes ligeramente hacia sus propios nudillos para tranquilizarse—. Lo que quiero decir es... gra-gracias...

—Hmm, ¿Por qué estás agradecida? No recuerdo haber hecho nada especial—musitó fijando su mirada en la forma de corazón que tenían sus labios rosados.

Si no fuera por la gran cantidad de gente que los rodeaba, seguramente hubiera intentado besarla de nuevo.

—...—Hinata abrió la boca, pero ninguna palabra coherente quiso salir.

Lamentó profundamente actuar de una forma tan vergonzosa y se preguntó si no sería demasiado descabellado saltar por la ventana del semi masivo en movimiento para liberarse de toda la tensión que la envolvía como una Boa constrictora.

—Por cierto, tengo una pregunta que hacerte—Sasuke interrumpió su hilo de pensamientos y ella alzó las cejas con sorpresa.

—¿S-sí?

—Siempre... ¿has sido así? —cuestionó seriamente mientras observaba a detalle sus facciones.

—¿Eh...?

—Quiero decir…—clavó su penetrante mirada en la de ella—, te diagnosticaron ansiedad social cuando eras más joven, ¿Verdad?

Hinata sintió un pinchazo extraño en la base de su pecho, no entendía por qué él estaba sacado ese tema de pronto. No encontraba extraño que él supiera esa información, ya que al momento de hacer el contrato de arrendamiento había tenido que llenar un formulario sobre padecimientos y alergias; obviamente tuvo que haberlo leído al ser el encargado.

—Sí...

—Imagino que ha sido difícil adaptarte ahora que te mudaste lejos de casa—suavizó su tono y se inclinó hacia ella para evitar molestar a los otros pasajeros con su conversación.

¿Estaba siendo considerado?

—Y-yo... e-estoy bien, to-todos han sido amables co-conmigo—sus mejillas ardieron al sentir su aliento rozarle la oreja.

—Ya veo—estrechó la mirada y memorizó los pequeños pliegues que se formaban alrededor de sus ojos perlados cuando ponía una expresión de sorpresa—. Tu tartamudeo se vuelve peor mientras más nerviosa te pones, ¿No? —agregó, por último.

—Ah...s-si...

—¿Qué haces para dejar de hacerlo?

—Mi te-terapeuta dice que debo hacer algunos e-ejercicios de respiración.

—¿Y funciona?

—Sí, u-usualmente no se pro-prolonga por tanto tiempo, pero...

—No logras estar calmada.

Abrió sus ojos y luego los desvió hacia un costado.

—No...

—¿Es por mí? —cuestionó directo.

Hinata sintió cómo el calor lentamente comenzaba a colorearle la cara de un rojo tan brillante que seguramente la sangre de su cabeza le provocaría un desmayo.

—...

—¿Hinata?

—¡¿Si...?!

—No levantes la voz, tonta—regañó rozando con sus dedos la punta de sus labios.

—¡...!

—¿No puedes responder tranquilamente?

—Sasuke-san, po-por favor no te burles de mi—reprochó y las cejas le temblaron en una mueca extraña.

Parecía molesta.

Aunque no estaba enojada con él, sino con ella misma por no poder actuar como una persona normal. Parecía como si inconscientemente quisiera romper alguna clase de récord personal bastante bizarro, uno que trataba sobre ella haciendo el ridículo de forma audaz cada que abría la boca frente al Uchiha.

Y lo peor de todo, es que lo lograba magistralmente.

—¿Eso es lo que crees que hago? —cuestionó escéptico.

¡Sí!

—Hmm... Ta-tal vez...

—¿Tal vez?

No, con seguridad eso era.

—Ah...lo siento...— su cara picó por la vergüenza.

Ojalá pudiera teletransportarse a otro plano existencial en ese momento.

—No—interrumpió—. Tienes razón—reconoció luego de sopesar sus palabras por unos segundos —. Es divertido ver como tu cara muestra todo lo que estás pensando, así que no estás equivocada.

Negro contra perla.

—Sa-Sasuke-san ¿Te han di-dicho que eres como una pantera?

—¿Qué?

—E-eres como una, pa-pantera que juega con su presa antes de devorarla...

—... —Sasuke agudizó su mirada, la observó fijamente y luego torció una minúscula sonrisa ladina—. Supongo que puedes decir que lo soy—concedió irónico.

—¡Ah! ¡Pe-pero no lo di-digo para insultarte! —su voz volvió a elevarse, por lo que nuevamente hizo un par de reverencias a los pasajeros que le miraron con reproche.

—Pff, cómo si pudieras hacerlo—burló—. Honestamente ni siquiera creo que seas capaz de maldecir—agregó aclarándose la garganta para evitar reír por sus palabras.

—S-sí puedo.

—¿En serio?

—Ah... B-bueno... no lo hago con frecuencia, pero...

—Está bien, no necesitas comprobar esa clase de cosas.

—Ah, sí... tienes razón...

De alguna forma extraña, ambos estaban conversando con un poco más de soltura.

El altoparlante del autobús anunció la próxima parada que haría y un par de personas a su alrededor se levantaron para dirigirse hacia la salida del camión. Una mujer regordeta golpeó con su bolso la espalda del moreno, haciendo que, sin querer, sus narices chocaran por la poca distancia que había entre sus caras.

—¡Pe-perdón! —exclamó ruborizada por el contacto de su piel.

Hinata apretó los labios y se llevó las manos a las mejillas con torpeza.

—Tú...—el moreno sintió sus pupilas dilatarse al reparar en la nueva expresión que adornaba su faz, frunció el ceño y luego bufó mientras desviaba la cara y levantaba el dorso de su mano para cubrir el rubor que ahora lo atacaba a él—. Eres como un maldito libro abierto—susurró, tan bajo que la culpable de su reacción ni siquiera lo escuchó.

Lo sabía, ella no podía ocultar lo mucho que él le gustaba.

—¿Sa-Sasuke-san...?

—Guarda silencio—gruñó girando la cara hacia el pasillo del camión.

Sus orejas ardieron.

Pero primero muerto que dejar que ella lo notara. Hinata lo miró sin comprender y se preguntó si él podía actuar tímido o sólo lo estaba imaginando. Sea cual fuera la respuesta, había únicamente un hecho del que estaba segura:

La mano de Sasuke, era increíblemente cálida

Aish, están tomados de las manos, San-chan tenías razón.

—Te lo dije, será mejor que busques otro candidato.

—Diablos... y con lo bueno que está...


•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•


Bostezó y se rascó la oreja izquierda mientras enfocaba su visión. Sus ojos se cristalizaron un poco y decidió pellizcarse la mejilla para terminar de despabilarse. Había estado tan inmerso en sus estudios durante la noche que de alguna manera había perdido por completo la noción del tiempo.

Afortunadamente ese día no tenía clases debido a unas conferencias especiales que les estaban dando a los estudiantes de los cursos avanzados de su facultad, así que tenía tiempo suficiente para reponer energías.

—¿Apenas despiertas? —respingó al oír la voz de Sakura y dirigió su mirada azulina hacia la puerta de la cocina.

—Ah, buenos días, Sakura-chan.

—Dirás, buenas tardes, y.… límpiate la cara, tienes baba pegada—gruñó arrojándole un pañuelo que traía en el bolsillo de su filipina azul.

—¿Huh?, gracias-ttebayo

—¿Y bien? ¿Pudiste terminar con tu estudio o te quedaste dormido a la mitad?

—Oye, aunque no lo parezca, estoy haciéndolo correctamente —refunfuñó caminando hacia el refrigerador para sacar algo que pudiera calmar su hambre.

Sakura se acercó también para tomar las fresas que había comprado el otro día.

—Bueno, considerando que la última vez que me dijiste eso tuviste que hacer una recuperación, no estoy tan segura.

—¡Eso fue porque desperté en Okinawa luego de ir a celebrar tu asignación de prácticas-ttebayo!¡Llegué tarde al examen y perdí 30 minutos por eso!—exclamó haciendo un puchero.

Sakura abrió los ojos como platos y acto seguido le cubrió la boca con ambas manos.

La caja de frutos cayó al suelo estrepitosamente.

—¡Cállate! —gritó con la cara enrojecida, miró hacia la puerta para verificar que no hubiera ninguno de sus compañeros de casa cerca y luego le propinó un golpe en las costillas.

El escandaloso chico se quejó y cubrió con sus brazos la zona afectada.

—¡Auch!

—Prometiste no volver a mencionar eso, idiota—siseó por lo bajo y el Uzumaki frunció las cejas.

—Prometí no decir que dormimos juntos, no que no habíamos ido a Okinawa-ttebayo—masculló inclinándose.

—¡Ay, ¿pero por qué lo dices de ese modo?! ¡No dormimos juntos, te desmayaste en mi cuarto!

—¡Es lo mismo-ttebayo!

—¡Claro que no!

Pop*

Ambos universitarios dirigieron su atención a móvil del muchacho y éste, todavía adolorido, lo sacó de su bolsillo para revisar el mensaje que acababa de llegar.

—"Dobe, saca la parrilla del cobertizo"

—¿Parrilla?

—¿Huh? ¿Qué pasa con la parrilla? —cuestionó la Haruno mientras levantaba las fresas del piso de la cocina.

—Ah, parece que el Teme quiere asar algo de carne hoy—explicó mirando extrañado la pantalla de su teléfono.

—¿Va a ser carne premium? —sus ojos brillaron en un dos por tres.

Dejó la cestilla de frutos sobre la barra y juntó las manos en un pequeño aplauso.

—¿Por qué te ves tan feliz-ttebayo?

—Es carne cara, por supuesto que estaría feliz—sonrió tomándolo del hombro—. Te ayudaré a sacar la parrilla.

—Hey.

—Vamos, ¡Hay que sacarla rápido antes de que se arrepienta!

Probablemente algo bueno había sucedido.

—¿Se habrá vuelto loco? —murmuró el Uzumaki para sí mismo y cruzó los brazos sobre su pecho.

Sasuke estaba cada vez más raro.

Recordó la conversación que había tenido con Sakura durante su viaje. Le costó un poco de tiempo darse cuenta que la "primavera" a la que se refería su mejor amiga era en realidad una cuestión del corazón. En otras palabras, la Haruno había puesto sobre la mesa la posibilidad de que Sasuke, el mismo que parecía tener que un corazón de roca, estuviera interesado en una persona de forma romántica.

¿En serio se había enamorado de alguien?

Si era así, ¿Quién podría ser? ¿Había una mujer que lograra captar el interés de un amargado como él? O tal vez...

¿Era un hombre?

Independientemente de eso, lo cierto es que era una hazaña increíble. Quien quiera que fuese, definitivamente tenía todo su respeto.

—¡Naruto, apresúrate!

—¡Ya voy!


•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•


La mano le hormigueaba.

Se preguntó si aquel cosquilleo en sus dedos desaparecería una vez que se hubiera acostumbrado a la situación en la que estaba metida o si es que su corazón dejaría de acelerarse hasta por el más mínimo detalle.

Ah, ¿qué hago? Me está sudando la mano—pensó un poco asustada por la sensación húmeda de su extremidad—. Qué vergüenza, si no me suelta pronto, se va a dar cuenta...

El Uchiha se aferraba fuertemente a ella, como si sus dedos se hubieran transformado en un gancho de acero que se mantenía prensado entorno a sus falanges. Tenía sus orbes negros fijos en el camino frente a ellos y su rostro, como siempre, se veía severo. Hinata no podía imaginar qué clase de pensamientos cruzaban por su cabeza, y le era muy difícil determinar cuáles eran sus verdaderas intenciones. Sin embargo, a pesar de la incertidumbre sobre su futuro, lo cierto es que se estaba muy emocionada. Su pecho latía alocadamente y aquella masa esponjosa en su corazón crecía con cada palpitación.

Al llegar a la bifurcación de la calle, el moreno giró a la derecha, lo que la hizo respingar, pues para llegar a la casa compartida había que dar vuelta hacia la izquierda. Razón por la cual, supo inmediatamente que no se dirigirían directo a la residencia.

La Hyuuga alzó el rostro y detuvo sus pasos por un segundo.

—Tengo que pasar por la carnicería—respondió Sasuke a la pregunta no dicha mientras la miraba de soslayo.

—Ah... va-vale—susurró escondiendo su rostro entre los mechones desarreglados de su cabello.

Se sentía un poco avergonzada de ir tomados de la mano a plena luz del día; después de todo, no era algo común. Sólo los niños pequeños, y algunas las parejas, hacían aquello, y ellos, no eran ninguno de los dos. Vio sus reflejos en el vitral de una pequeña confitería que necesitaban pasar para llegar a la calle donde se encontraba su destino, y se sorprendió un poco de que no desentonaban del todo, al menos no como ella había pensado en un inicio.

Sonrió suavemente.

Por otro lado, Sasuke estrechó la mirada. Estaba seguro que la Hyuuga no sabía que había un espejo en la esquina superior de la tienda por la que pasaban, razón por la cual logró ser testigo de aquella adorable expresión.

Mierda, ella es demasiado linda—sintió que sus pensamientos podrían ser escuchados si prestaba demasiada atención a las muecas de la muchacha.

Sabía muy bien que era estúpido de su parte actuar tan ambiguo. Después de todo, Hinata fue muy honesta al confesar que le gustaba, y él sabía bien que ella merecía una respuesta adecuada.

"Me gustas"

Que oración tan corta y tan difícil de pronunciar, pensó. Pues lo cierto es que nunca le había gustado alguien. Contrario a lo que se podría pensar, no era capaz de afirmar que tenía experiencia en ese campo. Lo que hacía que al final de cuentas, esa palabra tan común le fuera bastante ajena en su vocabulario. Por ello es que le era sumamente complicado replicarla. Cuando estaba en preparatoria había estado tan obsesionado con superar a su hermano mayor, que no fue capaz de enfocarse en las banalidades de un adolescente. Claro que había podido disfrutar su tiempo libre en compañía de sus amigos, no todo había sido estudios y tareas, sin embargo, cosas como novias o citas, eran conceptos lejanos. Y no es que no hubiera tenido oportunidad de experimentarlo, un par de chicas le habían invitado a salir en el pasado, pero ninguna de ellas había logrado despertar su interés en lo más mínimo. Quizás si hubiera sido un chico más superficial, lo habría hecho sin pensarlo demasiado; más no estaba en su naturaleza actuar de esa forma tan mundana. Además, aunque no lo pareciera, incluso él era alguien que esperaba encontrarse con la persona indicada.

Sus padres le habían enseñado lo increíble que era coincidir con alguien que podía complementar tus defectos y gracias a ello ayudarse a crecer. Incluso su hermano, al que siempre vio como un rival al cual debía superar, también era el claro ejemplo de lo maravilloso que era encontrarte con tu otra mitad y vivir juntos buscando la felicidad. Quizás era un poco ingenuo—o hasta ridículo—al pensar de ese modo, pero aun así, no cambiaría de parecer, pues aquello estaba fuertemente enraizado en su interior. Una parte de él, quería aferrarse a la posibilidad de que la Hyuuga fuera la persona que estaba esperando.

Aunque todavía estaba por comprobarlo.

Luego de un rato, se detuvieron en medio de una pequeña, pero bulliciosa calle comercial cerca de su vecindario. La carnicería Kobayashi tenía más de veinte años en ese lugar, y gracias a la calidad de sus cortes es que seguía manteniéndose firme en el mercado. Un cartel anunciaba "Genuina Kobe Beef: ¡La excelencia en cada bocado!". Sasuke se inclinó al lado de Hinata y observó los precios exhibidos en el escaparate. Levantó una ceja y por su expresión, parecía estar haciendo cálculos mentales.

—Bien, podremos llevar tres kilos—murmuró para sí mismo.

La Hyuuga abrió los ojos como platos.

—¿E-estás seguro de gastar ta-tanto en carne? —preguntó con cautela.

—Por supuesto—respondió con determinación—. Podemos usar esto para comprarlo sin problemas—le mostró una pequeña mica negra y la ojiperla sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal.

No era posible que alguien normal cargara ese tipo de tarjeta de crédito.

Ah, lo olvidé, su familia es dueña de esa increíble casa, además Sakura-chan y Naruto-kun dijeron que tenían varios negocios también...—pensó con la boca ligeramente abierta.

—¿Qué?

—N-nada...

—Como sea, espera aquí—tiró de ella para llevarla hacia una pequeña banca de madera que estaba bajo el pórtico del local—. Aunque es un lugar limpio, el olor a carne cruda es intenso—la hizo sentarse.

Ah, su mano se sintió vacía cuando la soltó.

—¿Eh?

—No te vayas a mover, iré rápido a comprar lo que necesitamos y luego volveré por ti para ir a casa, ¿entendido? —levantó el dedo de forma autoritaria—. Sería molesto si te vuelves a perder.

Su rostro enrojeció aún más de ser posible.

—Lo si-siento...

—Boba— le golpeó la frente con su dedo corazón e índice.

Hinata se congeló.

¿Qué había sido eso?

Se tocó en lugar afectado y luego siguió con la mirada al moreno que, sin verla, se dirigió al interior de la carnicería.

Absorta en sus pensamientos, bajó la mano con la que se tocaba la cabeza hasta el centro de su pecho y sintió el martilleo desenfrenado que le golpeaba las costillas.

—Está latiendo como loco...—murmuró por lo bajo.

Si continuaba así, seguramente su pequeño órgano bombeador de sangre saldría disparado de su interior y correría frenético por toda la ciudad cuál prófugo de cárcel. Suspiró y cerró los ojos con fuerza, debía calmarse o seguro que metía la pata nuevamente. Apreció los ruidos que la envolvían y se dejó atrapar por el hermoso caos de la tarde. La gente iba y venía, las risas, los aromas y el calor del sol que pegaba suavemente en la punta de sus dedos hacían una mezcla perfecta de la esencia de la vida.

Tan agradable.

Relajó los hombros y comenzó a tararear una melodía desconocida.

Ah, sí tan sólo pudiera sentirse así de cómoda al estar con Sasuke, sería maravilloso.

—Hermana mayor—llamó una voz suave y aguda a su costado.

La Hyuuga abrió los ojos de golpe al sentir un ligero tirón en su manga derecha.

Una pequeña niña, que rondaría seguramente los siete u ocho años, la miraba impaciente con sus grandes ojos llenos de lágrimas. Notó además que sus manos estaban ligeramente raspadas y sus mofletes parecían maltratados también. Eso último encendió todas las alarmas en su interior y se enderezó rápidamente para tomarle las manos cuidadosamente.

—¿Estás bien? ¿Pasó algo? —la revisó preocupada.

—He-hermana mayor, Ruka estaba jugando con Mi-chan en el parque, pero Yuu-kun la empujó y luego persiguió a Mi-chan y... ahora ella... ¡No puede bajar!—lloró tapándose la cara.

—¿Qué? ¿Quién?

—¡Ayuda a Mi-chan, hermana mayor! —chilló aún más fuerte.

Hinata miró a todas direcciones, pero no parecía que alguien más la estuviera acompañando.

—Está bien, tra-tranquila, te ayudaré —exclamó sacando velozmente el pañuelo que llevaba en su bolso.

Tomó el rostro de la pequeña y le limpió las lágrimas y las manchas de tierra que se desperdigaban por su cutis. Hinata se levantó de su asiento y tras una mirada breve hacia el interior de la carnicería, fijó sus perlas en la pequeñita que se deshacía en llanto suelto

—¡Wuaaa...!

—Va-vale, te ayudaré, llévame con Mi-chan—pidió dándole unos pequeños golpecitos en la espalda para mermar su sentir.

Se disculpó mentalmente con Sasuke por romper su promesa tan pronto como había tenido oportunidad, pero no podía ignorar a alguien que pedía ayuda tan desesperadamente.

...

Miró el pequeño monitor que tenían sobre la caja registradora y luego dirigió su atención al trozo de papel que mostraba el número 245 y se acercó al hombre de mediana edad que le sonrió desde el otro lado del mostrador.

—¿En qué puedo ayudarle hoy?

—Deme 3 kilogramos de carne Kobe, por favor—dijo mirando fijó el intenso tono rojo de la carne que se veía a través del cristal del escaparate.

El carnicero asintió y comenzó a preparar la carne, seleccionando cuidadosamente el trozo.

—¿Cómo le gustaría que lo cortara? ¿Filetes gruesos o finos? —preguntó amablemente.

Sasuke lo miró fijo por dos segundos y luego respondió con seriedad:

—Filetes finos.

—Muy bien hijo, espera un momento por favor.

El moreno asintió, movió los dedos sobre su antebrazo al ritmo de la melodía que resonaba en el local a un volumen lo suficientemente bajo para no incomodar a los clientes, pero lo bastante alto para lograr distinguir la voz que emitían las bocinas. Si su oído no fallaba, se trataba de una canción de Junko Ohashi*.

—Listo, aquí tienes tu pedido—la voz del carnicero lo sacó de sus ensoñaciones.

Sasuke asintió.

Se acercó a la caja registradora para pagar y una vez hecho esto, tomó los envoltorios de carne perfectamente acomodados y se dirigió a la salida. La verdad es que había tardado más de lo que había calculado, por lo que esperaba que Hinata no estuviera demasiado aburrida o cansada por esperarlo.

El sol había comenzado a bajar, así que las farolas de la calle empezaban a encenderse poco a poco.

Lo mejor era que regresaran rápido a casa.

Buscó el sitio donde había dejado a la muchacha y se sorprendió al encontrarlo vacío. Movió la cabeza de un lado a otro buscando su silueta y comprendió que, nuevamente, lo había desobedecido. Cerró los ojos mientras fruncía el ceño y luego bufó mientras se tocaba la sien con su mano libre.

—Esa mujer es un caso perdido —gruñó.

Sacó su teléfono con intención de llamarla, pero notó que la batería había muerto, por lo cual aquello no era opción.

Mierda.

Dio un par de pasos hacia una pequeña trifurcación de la calle y sopesó mentalmente cuál de ellas tomar. Dudaba mucho que la chica hubiera tomado el camino que iba hacia la calle Sanmachi, y seguramente no había forma de que eligiera ir hacia el canal pluvial de la zona. La única opción viable parecía ser el sendero que terminaba en el parque Koku.

Por descarte, decidió ir hacia allá y comprobar si Hinata se encontraba ahí. Sus pasos fueron rápidos y certeros. El ruido de la bolsa de papel en la que llevaba la carne crujía con cada movimiento. Notó un pequeño grupo de niños alrededor de las faldas de un cerezo con florecimiento tardío que se encontraba cerca de la entrada, siguió la dirección de su mirada, la cual estaba fija en la copa del árbol, y una vez que logró distinguir lo que miraban tan atentos, sintió que la sangre le llegó a los pies de golpe.

—Debes estar bromeando—susurró pasmado.

—¡Hermana, por favor ayuda a Mi-chan!

—Y-yo, lo haré, espera un poco—respondió la aludida mientras se aferraba una de las ramas más altas del cerezo.

De alguna forma, Hinata se las había ingeniado para trepar hasta la copa interna del cerezo, donde se escuchaba el llanto de un felino que no era capaz de ver por las flores rosadas de las ramas que la envolvían. Se acercó rápidamente sin apartar la mirada de su pequeño cuerpo, el cual se retorcía para mantener el equilibrio sobre el tronco pese a que su pierna herida no le permitía distribuir su peso correctamente. La vio estirar los brazos con dificultad y luego de un par de intentos fallidos, sus tenaces dedos por fin cogieron algo.

—¡Lo lograste, hermana! —festejó la única pequeña del grupo de infantes.

—Ruka-chan, só-sólo espera un poco más, enseguida te daré a Mi...

La madera crujió.

Hinata abrió los ojos de par a par mientras sentía que su pierna herida perdía la fuerza. La imagen de sus ojos se distorsionó y antes de siquiera sopesar bien la situación, alzó el pequeño cuerpo peludo por sobre su cabeza como reflejo instintivo para evitar que el animal se viera lastimado por la caída inminente que estaban experimentando.

Qué desastre.

Seguramente sería regañada, no sólo había roto su promesa, sino que también había hecho algo peligroso.

Ah, era tan tonta, aquello parecía un castigo divino.

Cerró los ojos con todas sus fuerzas y apretó los dientes preparándose instintivamente para el impacto contra el suelo. Sin embargo, lo único que sintió, fueron un par de brazos que le cogieron firmemente de la cintura y las coyunturas de las piernas. Jadeó con sorpresa y separó sus párpados velozmente,un par de furiosos— y preocupados—orbes negros la recibieron de primera mano.

—¡¿Sa-Sasuke?!

—¡¿Eres idiota?! ¡¿Por qué subiste ahí?! ¡Podrías haberte lastimado!

—¡Pe-perdón!

—¡Una disculpa no es suficiente! ¡¿Acaso sabes lo preocupado que estaba?!—reprendió agitado—. ¡No puedo creer que me guste alguien tan imprudente como tú!

Su corazón latió desbocado.

Las palabras de Sasuke golpearon su centro más duro que cualquier impacto que pudiera haber recibido a causa de sus actos.

Ah, ahí estaba, el vínculo que los unía... se había vuelto tan claro.


Continuará


Listo. Con este episodia alcanzamos a la versión Wattpad de la Historia, próximamente me estaré reportando con las actualizaciones.

Lamento los errores trataré de corregirlos.

1* Junko Ōhashi: (大橋 純子, Ōhashi Junko, 26 de abril de 1950 - 9 de noviembre de 2023) fue una cantante japonesa conocida por sus canciones "Silhouette Romance" (1981) y "Tasogare My Love" (1978). Era conocida por su "abrumadora habilidad para el canto" y tuvo éxito principalmente entre finales de la década de 1970 y principios de la de 1980.

Nos vemos el siguiente episodio.

Akari se despide

¡Yanne!