Velocitron, una de las colonias más prósperas y únicas de Cybertron, brillaba con la energía constante de sus infinitas carreras. Era un mundo de velocidad y precisión, donde cada calle era un circuito y cada habitante estaba diseñado para dominar las pistas. A diferencia de Cybertron, donde la diversidad definía a sus habitantes, en Velocitron la velocidad no era solo una habilidad: era un estilo de vida.

A través de los avances en los puentes espaciales, Cybertron había logrado colonizar distintos planetas, adaptándolos para que sus habitantes reflejaran el entorno. Velocitron era una joya en esa red de colonias: un mundo donde los datos de las carreras, las competencias y los campeonatos eran más importantes que cualquier otra cosa.

El planeta estaba gobernado por un consejo de corredores élite, encabezado por Override, la velocista más rápida y líder respetada de Velocitron. Su liderazgo se centraba en mantener la paz y la competitividad justa, aunque no todos los habitantes compartían su visión. Entre los veloces habitantes, había una creciente tensión debido a la llegada de bots de otros mundos, especialmente Cybertron, quienes a menudo desafiaban las tradiciones locales.

Los habitantes de este planeta nacían para correr. Su diseño era más aerodinámico que el de los bots comunes de Cybertron, y su obsesión con la velocidad los hacía destacar en cualquier competición. Para muchos, Velocitron era un destino para desafiar los límites, y entre esos visitantes habituales se encontraba un grupo muy peculiar de Cybertron: Bumblebee, Hot Rod, Blurr, Sideswipe y su hermano Sunstreaker.

Bumblebee era el corazón del grupo, siempre optimista y el primero en lanzarse a una nueva aventura. Hot Rod, en cambio, tenía una actitud audaz y un espíritu competitivo que lo hacía intentar superar a sus amigos en cada oportunidad. Blurr, el más rápido del equipo, hablaba y se movía tan rápido que a veces era difícil seguirle el ritmo, pero en la pista era imparable. Sideswipe, el más despreocupado y alborotador del grupo, tenía una inclinación natural por romper las reglas, mientras que su hermano Sunstreaker era su opuesto: orgulloso, refinado, e incluso un poco vanidoso, siempre más preocupado por su aspecto que por cualquier otra cosa.

– Sabéis, chicos –dijo Sideswipe mientras calibraba sus sistemas internos, preparándose para las carreras–, estoy casi seguro de que Strongarm está obsesionada conmigo.

Blurr soltó una carcajada, ajustando la velocidad de sus propulsores. – Obsesionada con meterte en una celda, dirás.

Hot Rod se cruzó de brazos, su sonrisa burlona inconfundible. – Blurr tiene razón. Esa bot no está detrás de ti porque le gustes, está detrás de ti porque siempre estás rompiendo la ley.

– Bah, ¿y qué sabéis vosotros? –Sideswipe sonrió con arrogancia y luego miró a Sunstreaker–. Vamos, hermano, tú me entiendes. Sabes que tengo algo especial.

Sunstreaker dejó de pulir su brillante armadura amarilla y le lanzó una mirada cansada. – Lo único especial aquí es tu capacidad para creerte tus propias historias. Strongarm no está interesada en ti, Sideswipe. Acéptalo.

– ¿Quién no querría estar conmigo? –replicó Sideswipe, ignorando la burla–. Soy rápido, soy increíble, ¡soy una leyenda!

Bumblebee negó con la cabeza, acostumbrado a las exageraciones de su amigo. – Bueno, leyenda o no, más te vale estar concentrado. Aquí no hay patrullas que te salven si pierdes el control.

Velocitron representaba una oportunidad única para el grupo: desafiar a los corredores locales en los circuitos más exigentes del universo. La gran carrera anual de Velocitron se acercaba, y los bots de Cybertron estaban decididos a dejar su huella en el planeta de la velocidad.

Mientras afinaban sus sistemas y revisaban sus estrategias, cada uno de ellos sentía la emoción del desafío. Ninguno sabía que esta experiencia no solo probaría sus habilidades, sino que también dejaría huella en sus destinos como parte del vasto universo cybertroniano.

El circuito principal de Velocitron estaba preparado para la carrera más importante del ciclo. Los espectadores, bots locales y visitantes, abarrotaban las gradas y flotaban en plataformas aéreas para tener la mejor vista. La pista era un intrincado laberinto de curvas cerradas, rampas vertiginosas y túneles iluminados con luces de neón. Era un espectáculo de velocidad y habilidad, y los corredores que competían allí estaban entre los mejores del universo.

Bumblebee, Hot Rod, Blurr, Sideswipe y Sunstreaker estaban alineados en la parrilla de salida junto con otros corredores locales. Entre ellos destacaba una bot de Velocitron, quien no era otra Override, la mismisima líder del consejo de Velocitron. Era famosa por ser casi imbatible en su planeta natal. Con su figura aerodinámica y su actitud confiada, no parecía preocuparle la presencia de los visitantes.

– ¿Estáis listos para morder el polvo? –bromeó Hot Rod, girando los neumáticos traseros para calentarlos.

– Habla menos y corre más –replicó Blurr con una sonrisa.

Sideswipe, en su habitual actitud despreocupada, señaló a Override. – Oye, ¿creéis que ella también está "obsesionada" conmigo?

Sunstreaker suspiró, ignorando el comentario mientras revisaba una última vez sus sistemas. – Concéntrate en la carrera, Sideswipe. No quiero verte hecho chatarra.

Un estruendoso sonido de cuerno marcó la cuenta regresiva. La pista brillaba con luces que se encendían en secuencia: roja, amarilla… verde.

El rugido de los motores llenó el aire cuando todos los corredores arrancaron al unísono. Las primeras curvas eran un caos de bots compitiendo por posicionarse. Blurr, gracias a su increíble velocidad, se adelantó rápidamente, tomando la delantera en los primeros tramos. Override no tardó en seguirle, moviéndose con una precisión quirúrgica que dejaba claro por qué era la favorita.

Bumblebee se mantenía en el grupo medio, evaluando a sus oponentes mientras buscaba oportunidades para avanzar. Hot Rod y Sideswipe competían codo a codo, cada uno intentando superar al otro en las curvas más cerradas. Sunstreaker, por otro lado, estaba más preocupado por evitar daños en su brillante armadura que por tomar riesgos innecesarios.

En el tramo de túneles, las cosas se intensificaron. La iluminación parpadeante y las curvas inesperadas pusieron a prueba la reacción de los corredores. Blurr seguía liderando, pero Override lo alcanzó en un instante, utilizando un atajo que solo los locales conocían.

– ¡Eso no es justo! –exclamó Hot Rod al ver cómo la líder desaparecía momentáneamente de su vista.

– Esto no es una pista de entrenamiento –respondió Bumblebee, adelantándolo con una maniobra limpia–. Aquí todo vale.

Mientras tanto, Sideswipe se arriesgó en una curva cerrada, intentando adelantar a un corredor local. Sin embargo, la maniobra casi lo saca de la pista. Sunstreaker, que lo seguía de cerca, soltó una risa burlona.

– ¿Y quién es la "leyenda" ahora? –se mofó mientras pasaba junto a su hermano.

– ¡Cállate y corre! –replicó Sideswipe, recuperando el control justo a tiempo para volver a la carrera.

En la recta final, la velocidad máxima era crucial. Blurr y Override estaban codo a codo, compitiendo por el primer puesto. Hot Rod, Bumblebee y un corredor local se disputaban el tercer lugar, mientras que Sideswipe y Sunstreaker estaban más atrás, intentando recuperar terreno.

Override, con su conocimiento de la pista y su habilidad inigualable, tomó la delantera en el último segundo, cruzando la línea de meta apenas un fragmento de segundo antes que Blurr. La multitud estalló en vítores cuando se anunció a la ganadora.

Bumblebee terminó cuarto, seguido de Hot Rod, mientras que Sideswipe y Sunstreaker llegaron juntos, peleándose incluso en la línea de meta.

– ¿Lo ves? –dijo Sideswipe, jadeando–. Ella estaba "obsesionada" conmigo. Solo quería impresionarme.

– Claro que sí –respondió Sunstreaker con sarcasmo, limpiando una pequeña abolladura en su armadura–. Sigue soñando.

Bumblebee, mientras tanto, sonrió al mirar a sus amigos. Habían perdido la carrera, pero habían ganado algo más valioso: una experiencia inolvidable y, quizás, una nueva motivación para seguir mejorando.

Override se acercó al grupo, con una sonrisa orgullosa. – No habéis estado mal para ser forasteros. Pero si queréis vencer aquí, tendréis que esforzaros más.

– Lo tomaremos como un desafío –respondió Bumblebee, estrechándole la mano.

Velocitron les había dejado una lección: siempre hay espacio para mejorar. Y para este grupo de jóvenes bots, las verdaderas carreras apenas estaban comenzando.

Después de la carrera, el grupo de Bumblebee estaba reunido cerca de la pista, comentando los momentos más emocionantes. Los corredores locales y visitantes intercambiaban historias mientras la multitud comenzaba a dispersarse.

Bumblebee revisó su comunicador, notando que tenía una llamada entrante. Al ver el identificador, dejó escapar un suspiro antes de contestar.

– ¿Qué pasa, Cliffjumper? –preguntó, fingiendo entusiasmo mientras sus amigos lo observaban.

– ¡Bumblebee! Sabes que odio molestarte en tu día libre, pero estamos enterrados en pedidos. La mitad de los repartidores están fuera de servicio y, bueno… –Cliffjumper sonaba entre frustrado y desesperado–. Necesitamos todas las ruedas disponibles.

Bumblebee se pasó una mano por la cabeza, claramente conflictuado. Miró a sus amigos, quienes esperaban curiosos.

– ¿Es en serio? ¡Es mi día libre, Cliff! –protestó Bumblebee, aunque su tono carecía de convicción real.

– Créeme, lo sé –respondió Cliffjumper con un suspiro–. Pero el jefe está de los cables y ya sabes cómo se pone. Ayúdame esta vez, ¿vale? Prometo cubrirte la próxima vez.

Bumblebee miró el horizonte, donde las luces de la ciudad de Velocitron brillaban con intensidad. Aunque quería pasar más tiempo con sus amigos, sabía que dejar a su compañero en un momento de necesidad no era su estilo.

– Está bien, está bien –dijo finalmente, resignado–. Dame unos minutos y estaré allí.

– Sabía que podía contar contigo –respondió Cliffjumper con un tono de alivio–. Gracias, Bee.

Al terminar la llamada, Hot Rod fue el primero en hablar.

– Déjame adivinar: te necesitan en el trabajo.

– Siempre es así –se quejó Bumblebee, guardando su comunicador–. Supongo que la diversión se terminó por hoy.

– Bueno, al menos te pudiste dar el lujo de perder la carrera antes de volver a la rutina –bromeó Sideswipe, ganándose un golpe amistoso en el hombro por parte de Bumblebee.

– Cuídate, Bee –dijo Blurr, dándole una palmada en la espalda–. Nos vemos pronto.

Bumblebee asintió y se dirigió hacia la carretera, transformándose en su modo vehículo. Mientras avanzaba por los circuitos de Velocitron camino al puerto de tránsito, no pudo evitar sentir que, aunque su vida diaria era monótona, días como este le recordaban que siempre había algo por lo que emocionarse.


Bumblebee llegó al centro de distribución de Iacon, un enorme complejo donde los transportistas cargaban y organizaban los pedidos de toda la ciudad y sus alrededores. Al entrar, Cliffjumper lo estaba esperando con una lista en su mano.

– Justo a tiempo. –Dijo Cliffjumper, entregándole un datapad con las entregas pendientes. – No te preocupes, no te cargaré mucho. Pero hay uno que es algo delicado, va al parque de almacenamiento de Energon.

Bumblebee levantó una ceja mientras revisaba la lista.

– ¿El parque de almacenamiento? ¿Ese no es el lugar donde trabaja Orión Pax?

Cliffjumper asintió mientras cruzaba los brazos.

– Sí, parece que le tocó recibir un paquete importante. ¿Lo conoces?

– Claro que sí. –Respondió Bumblebee mientras empezaba a cargar los paquetes en su compartimiento trasero. – Estuvimos juntos en la academia, aunque hace mucho que no lo veo. Siempre hablaba de hacer algo grande para Cybertron.

Cliffjumper dejó escapar una risa corta.

– Pues parece que no empezó con nada muy grande. Pero bueno, todos tenemos que comenzar en algún lado.

Bumblebee sonrió mientras cerraba su compartimiento.

– Ya sabes lo que dicen: hasta el más pequeño engranaje puede mover una máquina gigante.

Cliffjumper sacudió la cabeza con una sonrisa.

– Como quieras, filósofo. Ahora, sal de aquí antes de que el jefe te vea.

Bumblebee arrancó, transformándose en su modo vehículo mientras salía del centro de distribución y recorría las brillantes calles de Iacon. A pesar de estar ocupado, se sentía emocionado de reencontrarse con un viejo amigo.


Orión Pax estaba ocupado organizando las entregas del día cuando escuchó el sonido de un motor acercándose. Al mirar hacia la entrada, vio un vehículo amarillo y negro que no tardó en transformarse en un robot que le resultaba familiar.

– ¿Bumblebee? –preguntó Orión con una sonrisa, sorprendido por la inesperada visita.

– ¡Orión! –respondió Bumblebee mientras le entregaba un paquete–. ¿Quién diría que terminaría entregándote paquetes? ¿Qué hay de ti? ¿Cómo va la vida de un empleado modelo?

Orión soltó una risa mientras firmaba en el datapad de Bumblebee.

– Ya sabes, es un comienzo. No es la gran cosa, pero al menos estoy contribuyendo.

– Eso suena a algo que dirías –bromeó Bumblebee–. Pero oye, ¿qué hay de esos grandes planes de los que siempre hablabas?

Orión se detuvo un momento, mirando hacia los contenedores de Energon apilados a su alrededor.

– Siguen ahí. Solo… tengo que encontrar la forma de hacerlos realidad.

Bumblebee le dio una palmada en el hombro.

– Lo harás, Orión. No tengo dudas. Siempre fuiste el tipo más determinado que conocí.

Orión asintió con una pequeña sonrisa.

– Gracias, Bee. ¿Y tú? ¿Cómo va la vida de repartidor?

Bumblebee dejó escapar una risa.

– Bueno, al menos puedo decir que tengo buenas historias de viaje.

Ambos rieron, recordando los viejos tiempos, antes de despedirse. Mientras Bumblebee regresaba a la carretera, no podía evitar pensar que, aunque sus caminos se habían separado, algo le decía que se cruzarían de nuevo de formas mucho más importantes.


En este nuevo capítulo se introduce a Bumblebee y a otros Autobots. Tomo inspiracion del episodio 8 de la primera temporada de Transformers Cyberverse. No sé mucho del lore de Bumblebee de antes de la guerra, así que tuve que inventarlo.

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