—¿Así que no sabes cómo te ocurrió?

—No es como si importara, te ves mucho más genial de esa forma.

—Casi me hace desear que me hubiese pasado a mí.

—Deberíamos hacernos cicatrices con maquillaje y salir todos juntos el próximo Halloween.

—¿Por qué esperar tanto? Puede ser cualquier día.

Tails se hallaba fuera de su salón de clases, escuchando cómo los amigos de Sonic lo volvían a recibir tras haberse enterado de su aparición el día anterior. El maestro se alegraba de que la nueva apariencia del erizo no resultara repelente para sus compañeros, así como el hecho de que nadie se sintiese incómodo con la situación, generalmente incómoda, de hablar con una persona secuestrada. Claro que todo se debía a la propia forma del espinoso de tomárselo y a que no había sido tanto tiempo. En resumen, las acciones del zorro habían resultado en daños mínimos, mas esos daños eran suficientes para hacer una maraña los pensamientos del profesor.

—Las pobladores que han interactuado con mobianos siguen preocupados acerca de su seguridad, y aunque ya no puedan entrar aquí, ellos no lo saben, y enterarse de su presencia alrededor de la Tierra puede aterrarlos y hacerlos actuar de modo irracional, pudiendo incluso dirigir su odio hacia, Sonic —determinó el raposo recordando aquel trío de jóvenes que se habían encontrado con el lobo el día de Halloween—, y como si fuera poco, el miedo de Tom y Maddie pueden hacerles decidir irse de Green Hills o del planeta con el fin de proteger a su hijo, ignorando que Green Hills es el lugar más seguro para vivir ahora.

Lo único que liberó a Miles de las ideas que rebotaban dentro de su cabeza fue el agudo e impactante sonido de la campana que indicaba el inicio de las clases.

—Ahora tengo ayuda para encargarme más pronto de esas gemas, de modo que la gente se tranquilice antes de tomar cualquier decisión drástica —murmuró, tratando de despejar su mente e iniciar la clase a la vez que llevaba su mano a la perilla—. Debo encargarme de los problemas más próximos en tiempo y espacio a mí —decidió dirigiendo una pequeña mirada de reojo hacia una mancha naranja que junto a la azul resaltaban en el mosaico de cabello oscuro que era su clase.

Los estudiantes detuvieron sus conversaciones y con rapidez se dirigieron a sus asientos al ver al profesor llegar, y tras haber puesto sus materiales sobre el escritorio, el blondo dio inicio a su clase.

—Buenos días a todos. Hoy vamos a aprender sobre…

—Como tarea, quiero que cada uno investigue acerca de una aplicación del tema que acabamos de ver junto a cualquier otro de los que hemos visto con anterioridad, aparte de realizar para cada tema un problema en que se aplique éste con el fin de solucionarlo de la manera que lo describieron —explicó el pedagogo previo a que el timbre que anunciaba el fin de las clases se manifestara—, ¡eso es todo por hoy!

Varios alumnos guardaron sus útiles y partieron. En el sitio quedaron aquellos que el vulpino esperaba que quedasen, Mike, Alexander, Josh, Kevin y Sonic, por lo que se acercó a los alumnos para proseguir con lo que tenía planeado hacer.

—Disculpen —dijo llegando con los pupilos, deteniendo su conversación—, me preguntaba si Sonic y Kevin podrían acompañarme.

El pelirrojo, quien sabía de qué se trataba pero en el fondo deseaba que no ocurriese, solo asintió, contrario al de pelo azul, que se limitó a decir:

—Mmm, está bien —y se paró llevando consigo su bolso para luego despedirse—, ¡nos vemos mañana!

Ya en el pasillo, los dos adolescentes caminaban lento tras su instructor.

—¿Sabes a qué se debe esto, Kevin? —preguntó el roedor.

—Mmm, supongo que lo descubriremos pronto —respondió el humano apartando la mirada.

Finalmente llegaron a su destino, el despacho del psicólogo Aaron, razón de que el canino se voltease.

—Sonic —llamó—, me alegra que te encuentres bien, por cierto.

—¡Gracias! —contestó el de púas.

—Vinimos aquí porque Kevin tiene algo que contarte, pero que le resulta difícil de decir, por lo que esperaba que Aaron le ayudara a expresarse.

—Oh, bueno —aceptó el de iris verdes volteándose hacia su compañero con una ligera sonrisa—, no te preocupes mucho, no hay nada que puedas hacer que pueda molestarme tanto.

—¿Eso crees? —susurró el de ojos negros, ganándose una mirada extrañada de su amigo.

El zarco se giró de nuevo para tocar la puerta, con la esperanza que su plan en efecto ayudara.

—Buenas tardes —saludó el asesor abriendo y mirando sobre el hombro a Tails—, ¿Estos son los dos estudiantes con los que querías que hablara?

—Sí —afirmó el profesor notando que vestía lo mismo que el día de su juicio.

—Bien. Adelante, chicos —los instó a pasar el de corbata.

—Yo esperaré aquí —les informó el garzo antes de sentarse en una fila de sillas adyacentes a la entrada de la habitación para aguzar sus oídos y saber qué pasaba dentro.

—Bien, según me contó el profesor Prower, hay algo que Kevin quiere decirle a Sonic, pero le resulta difícil decírselo, ¿correcto? —preguntó el de mayor edad en el lugar.

Tails no pudo escuchar nada, mas asumió que el alumno humano había asentido.

—Bueno, con el propósito de lograr que todo salga lo mejor posible, vamos a realizar actividades para disminuir la tensión —siguió el adulto—. Quiero que cada uno entre ambos mencionen cosas moradas que puedan ver.

El cánido había estado dentro de la habitación y sabía que no había cosas moradas allí, pero podía ser que el psicólogo hubiese hecho cambios para que la actividad tuviera sentido, aunque de cualquier forma no escuchó nada por al menos un minuto, tras el cual se sorprendió debido a las risas que comenzó a escuchar.

—Lo siento, señor Aaron —se disculpó Sonic cuando su respiración se normalizó—, creo que el silencio me hizo reír.

—A mí también —concordó el otro adolescente.

—La risa es una reacción común ante los silencios incómodos —comentó el consejero.

—¡El bolígrafo en su bolsillo es morado! —comentó Kevin tras posar sus ojos en Aaron.

—¡Sí! —estuvo de acuerdo Sonic, quien descubrió algo más al voltear hacia su amigo—, ¡al igual que tu cuaderno!

—¡¿Eh?! —exclamó el poseedor del objeto aludido, volteándose para ver que su libreta púrpura se asomaba por un espacio abierto de la cremallera de su bolso—, ¿estás seguro de que eso cuenta? —se volvió hacia su amigo con el fin de interrogarlo.

—Bueno, es morado y puedo verlo, ¿no eran esas las condiciones? —recordó divertido el erizo.

—¡Ja!, tienes razón —aceptó el pelirrojo menor compartiendo la gracia—, ¿o no, señor Aaron?

—Hmm, no lo esperaba, pero sí —confirmó el nombrado estirando las piernas.

—Bueno, ahora solo falta una cosa morada más —notificó el de ojos negros.

—Sí, algo más —reiteró el de ojos verdes.

Ante el silencio, el maestro supuso que ambos llevaron sus ojos por toda la habitación nuevamente, hasta que al final, ambos pares de pupilas llegaron al mismo punto.

—¡Las suelas de sus zapatos! —clamaron al unísono.

—¡Bien hecho! —los congratuló el de iris ambarinos, pasando a la siguiente fase de su estrategia—, ahora que la tensión disminuyó, quiero que por turnos mencionen algo que les agrada del otro.

—Bueno, con Sonic es superobvio, me gusta su superpoder, no conozco a un solo chico al que no le gustaría tener uno —comenzó el muchacho bermejo.

—Tú no te quedas atrás, pese a no ser tan alto eres muy bueno en baloncesto —siguió el roedor.

—Sí, pero no creo que me esfuerce tanto como tú en beisbol. También admiro como te esforzaste para aprender en meses lo que muchos aprendimos en años.

—¡Gracias!, aunque yo admiro mi propio esfuerzo, me gustaría poder aplicarlo en otros aspectos, ¡como decir la verdad! —confesó el más bajo—. Cuando me adoptaron solía decir pequeñas mentiras blancas a mis padres y a mis amigos por temor a decepcionar a alguien, y eso me trajo algunos problemas, e incluso ahora sigo sintiendo la necesidad de hacerlo por momentos y a veces termino haciéndolo, pero las reduje gracias a ti.

—¿A…A mí? —cuestionó el más alto.

—Sí, tu eres muy sincero con todo el mundo, con nuestros amigos, los profesores y tus padres, y siempre aceptas las consecuencias de tus actos, lo que me parece muy valiente. Me gusta y admiro eso de ti, tu sinceridad y valentía —el espinoso tomó unos momentos y llevó su mirada al suelo previo a continuar—, de corazón te agradezco por eso —expresó para levantar su rostro mientras pasaba su antebrazo sobre su rostro—, bueno, creo que dije dos cosas que me gustan de ti, no quiero ser egocéntrico pero espero dos a cambio —dijo despejando su vista con un tono risueño, el cual pronto desapareció al notar la posición baja de la cabeza de su amigo y las gotas que caían al piso.

—¿Realmente piensas eso de mí? —inquirió más para sí mismo el pelirrojo—, Sonic…yo… no te merezco.

—¡No digas eso! —el alienígena azul alzó su voz, se paró, fue junto a su compañero y puso sus guantes a los lados de su cabeza para levantar ésta un poco—, yo no te merezco a ti, tú eres el mejor amigo que alguien podría desear y una gran persona. Yo quiero ser tan bueno como tú algún día.

—¿En serio? —preguntó Kevin abriendo sus ojos—, bueno, no soy tan bueno como piensas, pero quiero mantener algo de esa admiración, así que, haré aquello que te agrada de mí y seré sincero.

El de pelo cobalto esperó a que el rojizo inhalara profundo para por fin hablar.

—El día de la fiesta de Halloween, desprecié su compañía y la fiesta de la escuela para ir con unos chicos del grado Junior al bosque porque pensé que eso me hacía —inició su relato el humano menor—, y en medio de la noche, una de esas gemas contra las que el lucha nos atacó. Era como un hombre lobo aterrador, tenía el poder de paralizar con su mirada.

El rubio fuera no podía saberlo, empero, Los labios del mobiano se separaron y sus cejas se elevaron al imaginar la situación e intuir lo que pasó.

—Nos paralizó a todos, pero al final el superzorro llegó para salvar el día. Nos curó y se encargó del lobo, pero por lo que me siento más mal es por lo que pasó cuando lo encontramos —siguió el de ojos negros—. Yo fui el último al que paralizó, y antes de hacerlo me preguntó donde podía encontrar al erizo azul.

Todo fue silenció por unos segundos, tras los que Sonic tomó la palabra:

—Kevin, yo no te culparía por…—trató de decir.

—¡Lo sé!, pero… —gritó el relator llevándose una mano a un lado de la cara—, ¡yo quiero que me culpes!, ¡te entregué!, ¡a mi mejor amigo!, ¡a alguien que me admira tanto! ¡Traicioné mis ideales! Se siente injusto no recibir un castigo por lo que hice.

El sonido fue, excepto por un ligero llanto, sepultado de nuevo en la habitación. Fueron largos minutos de nada más que gemidos hasta que finalmente estos cesaron y una voz resucitó al sonido.

—Kevin —nombró Sonic separándose del amigo a quien había abrazado—, lo que resulta injusto para mí es que tú sufras —dijo enfatizando el —, sobre todo por algo más allá de tu control.

—Pero…—quiso decir el humano, siendo detenido por un dedo en sus labios.

—Si te parece injusto no ser castigado, entonces te pondré un castigo —anunció el erizo recibiendo por sus palabras una mirada del psicólogo—, me prometerás que serás más valiente, ya sea que te ataque un mobiano o tengas que confesar una verdad ante tus amigos, de esa forma tú no tendrás que sufrir y por tanto yo no sufriré tampoco —terminó con una sonrisa.

Tails no necesitó escuchar para saber que, tras días, Kevin al fin realizaba una sonrisa genuina otra vez mientras abrazaba a Sonic.

—Ambos han pasado por una experiencia traumática —mencionó Aaron tras unos minutos—, uno por un evento aterrador e imprevisto y el otro por el sufrimiento de un amigo querido, eso debilitó los lazos de su relación, pero no se rompieron sino que se fortalecieron para mantenerla —contó de manera poética poniendo una mano sobre ambos—, estoy orgulloso de los dos.

—¡Gracias, señor Aaron! —dijeron ambos alumnos con una sonrisa.

Tras otros cuantos minutos, todos salieron del cuarto con una sonrisa.

—¡Gracias, profesor Prower!, esto me…nos ayudó mucho —agradeció Kevin.

—No fue nada. Me alegra que estén mejor —devolvió el blondo con una pequeña sonrisa.

Una vez que el psicólogo regresara a su despacho y los pupilos se hubieron alejado, el zarco dijo en voz baja:

—Eso fue muy bien —y se paró para salir también de la escuela—, espero que a los demás les vaya igual de bien.

—Usaré telepatía para comprobar que nuestra conexión actúe de forma correcta —anunció Miles vestido con su ropa negra mirando a sus dos compañeros.—. ¿Listos? —preguntó Tails en su mente.

—Listo —confirmó Shadow, en su cabeza también.

—Listo —lo secundó Knuckles igual en su psique.

—Correcto, recuerden que si nos separamos deben permanecer atentos para que la conexión no se quiebre —informó el zarco comenzando a usar sus cuerdas vocales.

—¿Dedos no nos acompañará esta vez? —inquirió Knuckles, quien miró sobre su hombro atrás de él—.

—No —contestó el chico mirando a la extremidad que yacía sobre el escritorio de sus monitores—, el mantener dos de mí todo el tiempo y tres de vez en cuando comienza a pasarme factura, aparte de que mi otro yo usó varios clones hace poco, lo que me cansó mucho, así que preferí no crear uno esta vez y enseñar a Dedos a usar la computadora.

La mano respondió desde su asiento con un dedo levantado.

—Bien —dijo Miles—, iremos a Khao Ok Talu, una montaña de un país llamado Tailandia.

El chico invocó mediante el brillo de la joya en su frente un anillo dorado, y llevó su brazo hacia atrás para lanzarlo, mas se detuvo en el último instante.

—Mmm, quería agradecerles nuevamente por esto —expresó el menor volviéndose hacia sus compañeros—. Ustedes son únicos en este mundo, por lo que incluso si llevaran máscaras los mobianos los reconocerían si llegasen a ver videos que nos tomen, lo que de seguro pasará, así que sus vidas cambiarán bastante una vez terminemos con esto.

El pelirrojo puso su brazo sobre el hombro del rubio.

—Como te dije, haré lo que sea por ti, aparte de que no puedo ignorar un problema como este si puedo intervenir —le aseguró el equidna—. En adición, atraeré muchos visitantes a Ágapi que podrían considerar traer sus hijos a la escuela si se enteran de que soy compañero de Apoteosis.

—Pueden acosarte en las calles —le notificó el zorro.

—Creo que basta con un crujir de nudillos para detenerlos —recordó el de ojos violáceos.

—Supongo que tienes razón —el zarco dijo tras exhalar.

—No debes preocuparte por mí tampoco —le aseguró el erizo poniendo su mano en el hombro restante del más bajo—, los delincuentes solo me temerán más si saben que estoy relacionado contigo y me ven pateando traseros de gemas antiguas y mobianos corruptos.

—Hmm, es cierto. Gracias de nuevo —fue lo último que dijo el raposo con una sonrisa antes de girarse y lanzar de una vez su anillo para abrir el portal—, espero poder obtener algo de información acerca del asentamiento del resto de estas viejos mobianos pronto.

El trío saltó a través del aro, encontrándose en la base de una bonita montaña cuyo pico resaltaba de entre la vegetación que cubría su falda.

—¿Dónde podría esconderse una gema corrupta aquí? —inquirió el más alto recordando su misión—, por lo general son gigantes, así que debería ser fácil de encontrar.

— Puede ser un camaleón que se hizo invisible, aunque cuando un mobiano se corrompe adquiere habilidades que por lo general no tendría o usaría en su estado común, por lo que podría haber desarrollado la capacidad de no ser detectado mediante algún sentido o algo así —comentó el de ojos rojos.

—No lo sabremos solo teorizando —estableció el vulpino tras recuperar y desvanecer su sortija—, hay que empezar a escalar.

Cerca una hora de caminata después, atravesando riachuelos y arbustos espinosos, además de encontrándose con animales, el grupo por fin encontró unos cuantos momentos de tranquilidad tras hallar un sendero que había sido excavado por los múltiples pies de exploradores a lo largo del tiempo, lo que fue provechoso para Knuckles.

—¿Qué harás una vez derrotemos a estas gemas antiguas y a todas las corruptas? —pidió a Miles saber el colorado—. ¿Volverás a construir aparatos y vender las patentes a empresas?

—Probablemente —contestó el canino—, aunque debo admitir que se ha hecho algo monótono.

—Bueno, si buscas algo relajado pero diferente, podrías venir a la escuela conmigo por un tiempo —sugirió el mayor.

—¿Qué podría hacer allí? —cuestionó el inventor.

—Bueno, creo que sería genial añadir programas en que los niños interesados en ciencias o robótica puedan aprender de ellas. Tú podrías planearlas o incluso dar presentaciones o realizar talleres para ellos.

—En realidad nunca pensé en entrar en el campo de la educación hasta que lo hice para monitorear Sonic, pero por otro lado me gustaría inspirar a mobianos como yo, así que puede ser una buena alternativa por un tiempo. Lo tendré en cuenta. Gracias, Knuckles —razonó hablando el de ropa negra, culminando con una sonrisa hacia su amigo, quien se la devolvió.

—Hablando del erizo azul, ¿qué tal es su…

Todos callaron al notar un sonido solo perceptible por ellos gracias a su oído animal: cambios en la velocidad del viento que mecía las hojas de los árboles e interrupciones en su dirección.

—¿qué rayos… —quiso decir el de ojos violeta cuando fue detenido por la razón de la mutación de la brisa.

En un instante los héroes se vieron envueltos por una bandada de lo que parecían ser pájaros, de los cuales algunos los cortaron e impactando, desintegrándose apenas lo hacían. Tails se apresuró a crear una burbuja alrededor suyo y de sus amigos para protegerse.

—Parecen ser muy frágiles —comentó él mientras alzaba sus brazos con la idea de enfocarse en mantener la protección cuya superficie se hundía por los picos de las criaturas—. Bastará con ligeros golpes para deshacernos de ellos —el chico esperó a ver el asentimiento de sus compañeros antes de deshacerse de la esfera que los cubría.

Shadow procedió entonces a saltar enrollándose en sí mismo, utilizando los árboles para rebotar, de manera que en medio de sus desplazamientos se llevaba consigo a varias de las avecillas, aplastándolas cuando daba contra algún hacho. El equidna por su parte se aproximó a un tronco queriendo extraerlo de la tierra con el fin de utilizarlo como raqueta y golpear a los pájaros, desvaneciéndolos al contacto con la planta o el piso u otros árboles. El raposo voló tras haber invocado su espada, deshaciéndose de las alimañas al cortarlas, mas notó que sus intentos eran poco productivos, por lo que desarrolló una mejor estrategia.

—Busquen la manera de agruparlos —ordenó a los espinosos, quienes obedecieron al instante.

El pelirrojo batió su madero de un lado hacia el otro y viceversa repetidas veces, reduciendo el espacio que las pequeñas bestias ocupaban, el cual fue posteriormente reducido aun más por el de ojos negros, quien eliminó de entre sus instrumentos varios de los árboles en que saltaba hasta solo conservar tres, en los que rebotó, llevando a cabo ciclos triangulares cuya figura se vislumbraba gracias a su estela.

—Bien hecho —congratuló el zarco—, ahora es mi turno, ¡apártate, Shadow!

El de pelaje negro se detuvo, permitiendo que el blondo maniobrara en el aire para tajar a las plagas múltiples veces, abarcando varias de ellas en cada embestida, logrando de esa manera acabar con ellas.

—Las plumas de sus alas son de golondrina —determinó el canino al descender, sosteniendo una de las criaturas emplumadas en su mano frente a sus compañeros, quienes vieron mejor como su cuerpo consistía solo en dos alas rosas unidas a un pico amarillo y dentudo—. En definitiva son mobianos, pero no poseen una gema, así que creo que luchamos contra una golondrina corrupta que obtuvo la habilidad de hacer pequeños clones de sí o dividirse —explicó su deducción antes de aplastar al semi—animal en sus dedos—, sigamos subiendo hasta encontrar a la fuente de las partes.

—Tu reacción y análisis en medio y después de la batalla fue muy rápida y precisa —lo halagó Shadow empezando a caminar de nuevo—, serías de mucha ayuda en GUN, si quieres ir cuando esto termine.

—A decir verdad, me gustaría alejarme de la acción una vez que acabemos —declinó el menor.

—Puedes trabajar en los laboratorios científicos o forenses, de esa forma podrías seguir disfrutando de la ciencia de forma diferente a como lo haces con las máquinas —propuso el de ojos rojos.

—También es una buena opción. Gracias por dármela —agradeció el garzo sonriendo a su compañero.

—No hay de qué —devolvió el roedor compartiendo la sonrisa, contrario al más alto que lo miraba algo molesto, mas pronto su vista se desvió hacia el cielo.

Los ojos azules y rojos siguieron el ejemplo de los violeta, divisando así una enorme silueta de forma aviar ennegrecida por el sol que pronto desapreció, ocultándose tras el pico de la montaña en que se hallaban.

—Esa debe ser la gema que buscamos —estableció el zorro—, iré a investigar donde se escondió para ver si podemos realizar una emboscada, por lo pronto, diríjanse hacia la punta.

—¡Hmm! —gimieron a modo de asentimiento los de púas para después ver a su compañero volar lejos.

La caminata siguiente resultó bastante tensa para la pareja, lo que se hacía evidente a través de la manera en que ambos desviaban su mirada hacia el piso, el cielo o la copa de los maderos con el fin de evitar verse el uno al otro, empero, no lograron mantenerla separada por siempre, pues, por supuesto, llegó el momento en que Knuckles quiso mirar hacia un arbusto a su derecha y Shadow a un árbol a su izquierda, uniéndose sus ojos por una fracción de segundo, tras la cual ambos miraron hacia las direcciones inversas a las que pretendías, lo que finalmente hizo que el equidna matase el silencio:

—A ti también te gusta, ¿verdad? —preguntó el pelirrojo sabiendo la respuesta.

—No sé de qué hablas —quiso evadir el azabache.

—¡No te hagas el tonto! —espetó el primero en hablar—, si no quisieras a Tails para ti no le habrías ofrecido ir a GUN.

—Hmm, ¿cómo no iba a quererlo para mí? —confesó el erizo—, es inteligente, tierno, valiente, fuerte, todo lo que podrías desear.

—Lo sé, por lo mismo merece a alguien igual de bueno para él —desafió el más alto con una mirada a su rival.

—¿Por qué crees que ese eres tú? —contraatacó el de patines.

—Lo conozco desde hace más tiempo que tú, lo he visto y ayudado en sus peores momentos, conozco sus peores aspectos y aun así lo acepto, igual que el conoce mis peores aspectos, pero me motiva a mejorarlos y me acepta, y en el rarísimo caso de que no fuese capaz de defenderse a sí mismo, yo podría hacerlo por él —expuso el colorado.

—En cuanto a defenderlo, creo que ambos sabemos quién es el mejor —devolvió el más bajo—, puede que no lo conozca desde hace tanto como tú, pero estoy seguro de que lo conozco mejor, ambos sabemos que en cuanto a su oscuridad, en cuanto a sus impulsos violentos, él es más parecido a mí que a ti, y yo sé que en el fondo le temes a esa parte suya, mientras que yo la comprendo y sería capaz de contribuirle si le afecta demasiado.

—Por eso mismo, tratándose de él, eres una mala opción —contraargumentó el más fuerte—. A tu lado llegaría a pensar que puede dar rienda suelta a esa oscuridad. Se volvería tan si no más violento que tú desde que Rouge empezó a trabajar en GUN y luego te introdujo en el negocio. Junto a ti, Tails dejaría de razonar en los momentos de tomar decisiones difíciles, lo que lo llevaría a extremos peligrosos —el de pelo más cortó observó a su acompañante elevar su mirada por un momento para que inmediatamente después ésta regresara abajo, lo que lo hizo sonreír—, lo reconoces, ¿no? A tu lado sería solo un sicario como tú.

El último conjunto de palabras fue la gota que rebalsó el vaso de la ira del de cabello más largo, cuyos ojos brillaron de carmesí, así como las zonas de su cuerpo con aquel color, siendo este fenómeno la antesala de su veloz desplazamiento, cuyo impulso utilizó para empujar a su camarada contra un grueso tronco.

—¡Yo no soy un simple sicario! —clamó con su mano sobre el cuello rojo—. ¿Así que piensas que enseñarle a Tails a reprimir una parte de él es correcto? ¿Crees que viviría feliz teniendo que ocultar quien es?

—¡Se puede disfrutar la vida sin ser un matón! —respondió Knuckles apartando el brazo de su contrincante y abalanzándose sobre él—, por el bien de la población, aquellos con los peores características deben hallar la forma de ser felices conteniendo sus impulsos, de otra forma la sociedad colapsaría —se explayó el de menor edad poniendo su enorme palma sobre la cabeza del más pequeño y su también gran pie sobre su cadera para inmovilizarlo.

—¡No se trata solo de reprimir! —aseveró el detenido, utilizando el poder dentro de él con el fin de crear una onda de energía que le quitó de encima al más grande—, siempre habrá gente malvada, y en cuanto sea así, gente con instintos igual de malos pero que sepan contenerlos serán de gran utilidad para el mundo. Te guste o no, personas como Tails o yo son necesarias.

—¡Ja! —gimió Knuckles levantándose y limpiándose bajo los labios—, excusas.

Shadow gruñó molesto, abriendo su boca para expresar algo más, pero se detuvo ante un fuerte sonido que impactó en su cabeza, igual que en la de su socio.

—¡Knuckles!, ¡Shadow!, ¡los he estado llamando desde hace más de un minuto!—gritó la voz de Tails—, la golondrina provocó un desprendimiento al posarse sobre una saliente elevada y hay humanos a los que podrían hacer daño, necesito que los salven.

—¡Ya voy! —gritó en su consciencia el equidna.

—¡Iré de una vez! —secundó el erizo.

Chispas rojas recubrieron al de ojos púrpura al comenzar a correr en dirección adonde había visto a su amigo volar, dejando una estela tras sí. El mismo fue el caso con el de pelo negro, excepto porque él se desvaneció con un destello y reapareció varios metros más adelante, adelantándose al pelirrojo y dando primero con los terrestres, un hombre y una mujer vestidos con chamarras, sudaderas, gorros, riñoneras y bolsos, quienes caminaban junto al muro rocoso casi vertical en que iniciaba el alto pico del monte, inadvertidos del hecho de que se encontraban en el camino de las rocas descendentes, siendo el movimiento del aire tras ellos gracias a la aceleración adquirida por el roedor para escalar la pared de piedra lo único que les hizo mirar hacia arriba y notar el riesgo en que se hallaban.

—¡Tails! —llamó para revelar su presencia el espinoso mientras ascendía al ver a su compañero pulverizando con su espada tantas rocas como podía.

—¡Usa la fuerza de tu impulso para tratar de romperlas! —fue lo único que alcanzó a responder el zorro en su desesperación.

El velocista atendió a la orden, yendo más alto y viendo como los pedruscos descendían, para luego dejarse caer, abrazando su torso con sus extremidades, haciéndose así una pelota mientras incrementaba su velocidad, logrando gracias a ello resquebrajar los peñascos, dejando solo guijarros que cayeron sin hacer mayor daño a los terrícolas.

—¡Gracias, Shadow! —expresó el vulpino descendiendo hacia la saliente en que su colega se había detenido.

—De…—el aludido intentó decir, mas se interrumpió al ver una nueva bandada de fragmentos de golondrina dirigiéndose directo a ellos—, ¡apártate! —mandó entonces pasándose sus guantes por su cabello.

Tan rápido que el raposo no pudo percibir sus movimientos, el erizo extrajo de su cuerpo varios conjuntos de espinas que puso en los espacios entre sus dedos con la idea de lanzarlos hacia las alimañas, mas algo inesperado sucedió. Una frecuencia tan aguda que únicamente los mobianos, aparte de los animales, podrían escuchar, llegó a los oídos de los extraterrestres, al tiempo que las plagas se coordinaron para extender sus alas antes de batirlas al mismo ritmo, creando una corriente de aire que envió de regreso las astillas, más rápido de lo que habían sido enviadas gracias a la ayuda de la gravedad, con una ligera desviación gracias a la cual no se dirigieron hacia los alienígenas sino hacia los humanos.

Los terrícolas notaron el nuevo peligro en que se hallaban e instintivamente bajaron sus rostros y los cubrieron con sus antebrazos, empero, cuando el sonido del aire siendo desplazado se detuvo, no sintieron ningún dolor, pues lo único que percibieron fue un sonido seco sobre el suelo, así que abrieron sus ojos con el fin de saber qué había pasado, encontrándose con una criatura roja con los brazos, torso y cara repletos de púas que se volteó hacia ellos y dijo algo inescrutable para ellos.

Ambos terminaron por correr lejos tras unos segundos, dando espacio al equidna para que se extrajera las astillas.

—¿Te encuentras bien? —inquirió Miles flotando hacia el piso sosteniendo a Shadow del brazo.

—Sí, gracias por preguntar, aunque creo que debería haber sido otro el que preguntara —comentó Knuckles sacándose la última púa, mirando al segundo más alto.

—Hmm, intentaba protegernos de los pajarracos, no tengo por qué disculparme por eso, no podía saber que eso podía pasar —respondió el mayor volviendo sus ojos.

—Tú, cretino…—gruñó el más grande.

—Chicos, chicos…—clamó el cánido—, hay que calmarnos. Knuckles, Shadow protegió a los humanos del desprendimiento y trató de defenderme a mí, no teníamos suficiente información para saber de lo que eran capaces, y Shadow, si los humanos hubiesen resultado heridos, habrías tenido que pagar las consecuencias y gastar tiempo llevándolos a algún lugar donde atendiesen sus heridas, así que es bueno que Knuckles lo haya evitado, así que, ¿podrían hacer los paces, por favor? —solicitó el zarco, que al ver que sus compañeros se negaban a acatar su pedido, decidió intentar algo—, por favor, ¿podrían hacerlo…por mí? —pidió de nuevo tomando una pausa destinada a quitarse su máscara por un momento.

Ambos extraterrestres vieron la cara del rubio y voltearon con rapidez sus caras sonrojados, para luego estirar sus brazos y unir sus manos derechas.

—Abrácense —agregó el blondo.

Incómodo, el par llevó un pecho junto al otro y su mano restante a la espalda contraria.

—¡Jeje!, es suficiente —expresó el más bajo poniéndose otra vez su careta mientras sus camaradas se separaban antes de adoptar un tono más serio—. Gracias al pitido previo al cambio en los movimientos de los pedazos de golondrina, podemos deducir que hay otro mobiano, uno inteligente, al que nos enfrentamos, y para encontrarlo, debemos llegar al pico de esta montaña.

—Escalar tomaría mucho tiempo y esfuerzo —advirtió Shadow.

—Lo sé, por eso pensaba que podrías teletransportarte a la cima mientras llevo a Knuckles, de esa forma podríamos tener una idea de a qué nos enfrentamos cuando nos reunifiquemos —explicó Tails.

Si el erizo sintiese algo, posiblemente lo reprimía, puesto que se limitó a mirar al equidna previo a regresar sus ojos al rubio y asentir para desaparecer en un tris.

—He conocido a Shadow lo suficiente como para saber que estaba molesto pese a que no lo expresara —comentó el zarco levantando al de ojos violeta—, ¿tú tienes alguna idea de por qué?

—Tal vez no quiere estar solo —propuso el pelirrojo—, aunque tal vez sea lo mejor para él.

—¿A qué te refieres? —preguntó el blondo esquivando una saliente.

—Bueno, supongo que él puede resultar bastante atractivo para muchas personas con esa actitud fría y ruda —empezó el espinoso balanceándose como un péndulo debido al movimiento de Miles—, pero quien sea que quiera estar a su lado debe pensar con seriedad de dónde proviene esa forma de ser.

—¿Y de donde puede provenir? —interrogó otra vez el raposo.

—En casos como el tuyo y el mío, de uno o más tristes y severos episodios de nuestro pasado que punzó tanto la alguna vez suave piel de nuestras emociones que tuvo que crear callos para evitar que nos siguiese doliendo —expuso mediante una analogía poética.

—Shadow también sufrió uno —recordó el canino.

—Sí, mas piensa, a través de nuestros amigos, pudimos sanar y recuperar parte de nuestra suavidad, nos permitimos sentir para disfrutar más de nuestros momentos de felicidad, sin embargo, en el caso de Shadow, él no recuperó su suavidad, si es que alguna vez la tuvo, siguió por el mismo camino que siempre había conocido, el de la violencia extrema. Casi nunca se permite sentir y cuando lo hace siente ira más que cualquier otra cosa.

—¿A qué quieres llegar? —inquirió por última vez el garzo mientras llegaban a lo más alto de la formación terrestre.

—A que la forma de ser de Shadow no nació de un evento traumático, sino que éste solo incrementó lo que ya había dentro de él y que no puede ser cambiado, su insensibilidad y violencia. Si entrara en una relación, no sería capaz de amar lo suficiente a su pareja como para reconfortarla en sus momentos de vulnerabilidad y no tendría la paciencia que se necesita con el fin de soportar las más ligeras discusiones, al punto de poder también agredirla si se enoja lo suficiente. Está mal recibir amor si no estás dispuesto a darlo devuelta.

—Mmm, en realidad no creo que Shadow cumpla con la descripción que acabas de dar —opinó el cánido—, es cierto que la brusquedad hace parte de su ser, pero desde que lo conozco nunca ha atacado a alguien que no lo atacase primero o a quien no se le diera la orden de capturar. Pienso que su oficio es su forma de expresar esa agresividad tan característica y servir a la sociedad sin hacer daño a nadie que no lo merezca. Ya en cuanto a su frialdad, bueno, puedo decir que no sería la pareja ideal de alguien que disfrutase del romance apasionado, pero él me ha demostrado mucho afecto siendo solo amigos, igual que al resto de sus compañeros. Si ve a uno de sus amigos triste se acerca a él y lo escucha, se esfuerza en pensar qué les gustaría por su cumpleaños, y en el peor de los casos da dinero junto a una carta, y va a las fiestas o reuniones pese a que no sea la manera en que preferiría pasar su tiempo. En conclusión, su amor no es para todos, pero tampoco para ninguno.

—¿Puedes decir con seguridad que no temerías que hiera a alguien si sale con él?, si fueras su novio, ¿no temerías que te hiciera daño? —cuestionó el bermejo levantando su cabeza para tratar de ver a los ojos de quien lo sostenía.

—Desde hace años que no me da razones para hacerlo —afirmó el vulpino llegando al punto más alto del peñasco, cubierto de follaje como el resto de él.

—Si tú lo dices —se resignó Knuckles a terminar la conversación sin convencer a Tails de su punto mientras éste lo depositaba sobre la hierba.

—Shadow, ¿me escuchas? —emitió Miles desde su mente—, aterrizamos en el punto más alto de la montaña.

—Te escucho —respondió el erizo—, encontré a la gema que buscamos junto a la golondrina corrupta. Bajen la ladera lento y en silencio.

—Entendido —informó el zorro para cortar su conexión y dirigirse a su camarada—. Sígueme tratando de no hacer ruido.

Ambos descendieron por la pendiente algo empinada, logrando notar como la cima de la montaña parecía contener un valle en miniatura, puesto que el terreno descendía hacia el centro de la misma, lugar donde vieron a sus objetivos: una alta y robusta tejona de ojos ambarinos cuya joya se hallaba al lado derecho de su cadera junto a la colosal que compensaba con su largo y dentado pico su falta de ojos y poseía un cuerpo y cuello delgados y alargados, similar a una garza excepto porque sus patas eran cortas y negras como la de un loro .

El par de héroes se puso en cuclillas para ocultarse tras un arbusto, divisando a su socio tras otro arbusto unos metros más adelante.

—Estamos unos metros detrás de ti —recobró el raposo su enlace mental con el pelinegro, quien giró su cabeza para divisar a su equipo y asintió antes de volver a mirar a su blanco—, ¿qué información has podido recolectar? —preguntó entonces el primero en hablar.

— Parece ser que la tejona ha tenido sometida por un tiempo a la golondrina, y le ha enseñado a seguir sus órdenes utilizando su…espera, creo que lo podrás ver por tu cuenta ahora mismo.

—Presta atención —conectó en ese momento con el pelirrojo el vulpino.

La antigua extraterrestre acercó su mano a su joya, la cual se iluminó previo a que de ella saliera un bastón corto, el cual fue agarrado y jalado, revelando que se trataba del mango de un látigo.

—¡Obedece! —instó la mobiana al ave frente a sí, golpeándola con su látigo, lo que provocó que ésta extendiera sus alas y piara, sin mayor reacción.

—Abusadora —gruñó el equidna.

La rayada llevó entonces su mano a un objeto en que el zarco no había reparado puesto que era negro como el pelaje de la semi—animal en su pecho: una especie de silbato alargado y agujereado que traía atado de un hilo. La fémina lo llevó a sus labios y sopló, cubriendo con su pata todos los huecos excepto el más cercano a su boca, produciendo un sonido agudo, pero más grave que aquel que habían escuchado con anterioridad, y que aparentemente fue el causante de que de las alas de la bestia surgieran aquellas versiones reducidas de ésta, en total menos que aquellas que atacaron a los héroes.

—¡Bien! —exclamó la monocromática con una sonrisa para luego sonar de nuevo su silbato, dejando ahora libre el agujero siguiente al que había recién utilizado.

Las piezas de golondrina entonces se coordinaron para batir sus alas al tiempo y crear una corriente de aire.

—¡Excelente! —clamó otra vez la de iris ámbar para usar el último hoyo de su instrumento, siendo el resultado que los fragmentos se separaran, planeando en círculos desde distintas posiciones, creando un enjambre—, perfecto, nos serás de gran ayuda ahora que te he entrenado. Hora de irnos.

La dama soltó su utensilio con rapidez e invocó otro látigo, después de lo cual lo anudó con el primero y realizó una sentadilla, tras la que que saltó para luego flotar grácilmente hacia el lomo del pájaro, atravesando la cabeza y cuello de éste con el agujero de su nudo.

—¡No podemos dejar que escape! —avisó Tails dirigiéndose a sus congéneres mediante telepatía—, ¡Shadow, teletranspórtate detrás de ella y empújala!

Como ordenó el canino, antes de que la tejona pudiera soplar su silbato con la voluntad de indicarle a la golondrina que volara, encontró de repente un rostro a su lado, cuyo propietario la hizo caer para después sostenerla en el suelo, con un pie sobre su pelvis, el otro en su brazo izquierdo y una mano sobre su codo derecho, quedando de espaldas a sus compañeros.

La golondrina, asustada, se alejó unos metros dando brincos junto a las versiones menores de sí, al tiempo que las cejas del de ojos rojos se acercaban a estos, creando una expresión iracunda, que fue acompañada por una serie de golpes sobre el rostro de la tejona.

—¡Para!, ¡auch! —pidió ella solo para recibir un cabezazo tras el cual prefirió dejar de forcejear.

—Pararé si me dices dónde se encuentran tus amigos —prometió el de pelaje negro manteniendo su mano frente a su rostro.

La gema vetusta calló por unos minutos previo a abrir su boca, y no para hablar.

—¡Ja!, ¡preferiría que me hagas mi piedra polvo antes de decírtelo! —afirmó tras escupir en la nariz del varón, provocando que se apartara.

—¡Desgraciada! —clamó él limpiándose—. Me lo dirás de una forma u otra.

El erizo entonces se levantó, para proceder a patear múltiples veces el vientre de la de ojos ámbar.

—Maldito…—expresó Knuckles saliendo de su escondite para dirigirse hacia Shadow, siendo seguido por Tails debido a ello.

El segundo más alto del equipo se sorprendió cuando la trayectoria de su pie se alejó del estómago de la mujer, y su mirada llegó más alto mientras que sus brazos se pegaban a su torso, volteándose para ver al causante de ello.

—¡Bájame! —ordenó al colorado.

—¡No había necesidad de tratarla de esa forma! —respondió el de iris violeta ignorando la orden de su socio.

—¡Solo trato de averiguar el paradero de las demás gemas como Tails pidió! —devolvió el roedor emitiendo rayos rojos para zafarse del equidna, provocando que éste se apartara mientras que él tocaba el piso.

—No fue una instrucción, fue un deseo —regresó el más alto.

—¿Por qué te quejas, de cualquier forma? —preguntó el más rápido—, su destino es el mismo sin importar cómo la tratemos ahora.

—¿Acaso crees que esto no influirá en ella después, en su aceptación de la realidad? —contraargumentó el más fuerte—. Si recuerda esto cuando empiecen a tratarla, solo se resistirá.

—¿Y qué? —contrapuso el velocista—, tarde o temprano vería que no tiene salida más que aceptar la pérdida de su antiguo mundo y la existencia de uno nuevo, así como la ayuda que le brinden, como yo lo hice, como nosotros tres lo hicimos.

—¿Y no te hubiese gustado que ese proceso hubiese sido más fácil, no sentir el nuevo mundo como una cárcel sino como una oportunidad? —continuó el de ojos violeta.

—¿Y por eso tengo que tratarla con pasividad, decir "voy a golpearla, pero no se preocupe, después despertará en un mundo mucho más feliz"? —siguió el de ojos rojos haciendo una pantomima.

—¡Basta! —gritó Miles, tanto con su voz como con su mente, removiendo su máscara para ver molesto a sus acompañantes—. ¡Ambos han perdido de vista el objetivo de esta misión!, ¡solo les importa decidir quién tiene la razón en su discusión! —vociferó.

—¡Pero! —dijeron ambos al unísono callando al ver la palma de la mano del rubio.

—No digo que el uso de la violencia no sea algo importante de lo que hablar, pero este no es el momento ni lugar para hacerlo —explicó él recolocándose su careta—, si mi preguntan a mí, todo se trata del equilibrio, pero eso no es importante ahora, solo tomemos las piedras de estos mobianos.

El zorro observó más allá de sus amigos buscando a la tejona solo para descubrir que se había acercado al ave y la había utilizado como apoyo al levantarse.

—¡Alto! —gritó el raposo, pero fue demasiado tarde.

La fémina, con premura, tomó su silbato y lo sopló, dejando libres el primer y segundo agujero, dando como resultado que el pajarraco se elevara junto a sus fragmentos, alejando con el batir de sus alas al resto de presentes, más la de ojos ámbar tenía un plan, pues invocó su látigo para capturar la pata del gran ser, elevándose junto con él con el fin de escalarlo y posarse en su lomo.

Tails se dispuso a invocar su propio látigo con la voluntad de imitar el movimiento de la tejona, mas en el momento en que lo tuvo en su mano, la bestia descendió con gran pisa, ante lo que los de espinas se agacharon queriendo evitar ser rasguñados, no contando con el destino que le esperaría al objeto de su afecto, a quien perdieron vista para encontrarlo en lo alto, en las garras del pajarraco rosa.

—¡Tails! —gritaron ambos al unísono.

—Estoy segura de que serás de gran ayuda para nosotros, si es que no te quebramos primero, claro —dijo la rayada al canino, satisfecha.

El zarco creó una burbuja alrededor de su cuerpo en un intento por liberarse, no obstante, fue pronto reventada por el ave.

—Me temo que sus patas son más fuertes de lo que parecen —agregó entonces la fémina.

De vuelta en el suelo, Knuckles había invocado una lanza que sostenía en su brazo derecho, con el codo elevado y la mano unos centímetros más atrás de su rostro, mientras que con la otra usaba sus dedos índice y pulgar para enmarcar a su objetivo, la tejona, a quien disparó tras unos segundos, logrando que su arma rozara su hocico, rasguñándolo, lo que provocó que emitiera un gemido de dolor únicamente audible por su rehén.

—Debiste apuntar a la golondrina —protestó Shadow con voz áspera.

—Ella no merece sufrir tanto, está incluso más confundida que la tejona —arguyó el equidna.

—¡¿Qué?! —exclamó el erizo antes de suspirar rápido—, ¡¿Cómo puedes preocuparte por eso en un momento como este?!

—Yo…—cortó su frase el pelirrojo previo a suspirar también—, tienes razón, como dijo Tails no es momento de preocuparnos por eso. Lo que importa ahora es capturar a esas gemas o lo perderemos, y dado lo alto que está, creo que solo hay una forma de vencer ahora, si estás dispuesto a trabajar en equipo —terminó Knuckles su frase levantando su mano y mirando al roedor mientras la roca en su pecho brillaba.

—Por Tails —expresó el de ojos rojos uniendo su palma con la del equidna mientras su piedra resplandecía también.

Los cuerpos de ambos se iluminaron hasta perder sus colores y sus siluetas se difuminaron hasta perder su forma para unirse, creando un revoltijo de luz que pronto tomó también forma y recuperó su color. Ahora había allí un mobiano de pelaje negro que se tornaba en espinas en su cabeza, formando largas rastas con anillos rojos que caían hasta la mitad de su espalda. Poseía grandes pies y manos, estas últimas adornadas con pares de grandes púas, en cuyas muñecas y tobillos había también anillos rojos, así como había uno que enmarcaba la gema oscura en su pecho bajo la cual, en medio de una pelusa blanca en el pecho del ser, relucía una piedra roja.

El ser abrió sus ojos, revelando unos iris que eran rojos en su mitad superior y púrpura en la inferior, y procedió a golpear la tierra, liberando chispas rojas al impactar, provocando un ligero temblor en la montaña, así como la extracción de tres enormes pedazos de suelo, los cuales se apresuró a recolectar y lanzar hacia el cielo, luego de lo cual saltó él mismo, desprendiendo más rayos carmesí y dejando una estela a su paso, que era del mismo color que el destello que produjo al teletransportarse, reapareciendo tan solo a unos metros de la primera roca que lanzó, en la cual cayó con el fin de repetir su salto, teletransportándose de nuevo hacia la segunda roca en la cual repitió la maniobra con el objetivo de ir a la tercera, logrando finalmente impulsarse la suficiente como para divisar a su blanco, a quien sobrepasó.

Fue muy tarde para la vieja mobiana cuando alzó su mirada y se encontró con el ser rojo y negro cayendo hacia ella con la pretensión de golpear la cabeza de su montura, provocando que ésta se sorprendiera y dejara de aletear, iniciando una caída durante la cual sacudió a su jinete fuera de su lomo y soltó al cánido en sus garras, a quien la unión de erizo y equidna se dirigió maniobrando en el aire.

—¿Te encuentras bien? —preguntó el heterocromático llegando junto a su compañero mientras se acercaban al suelo.

—Sí —aseguró el zarco antes de apuntar a su enemiga a unas yardas de ellos—, pero parece que los problemas no se han acabado.

La de ojos ámbar había logrado regresar con su cabalgadura y ponerle sus riendas improvisadas, y la expresión iracunda en su rostro revelaba que ahora no estaría contenta solo escapando con ella. Tras estabilizar a su bestia para que se mantuviera suspendida en el aire, la fémina tomó su silbato y sopló por el tercer agujero, a lo que las pequeñas golondrinas obedecieron.

—Teletranspórtate para mantenerte lejos de la tierra —ordenó el blondo haciendo de sus colas una hélice e invocando otra vez su espada.

La mezcla de espinosos obedeció la orden de su camarada, viajando unos metros arriba cada tanto, aplastando con sus grandes manos a unas cuantas alimañas cada vez que reaparecía, a la par que el vulpino realizaba trayectorias elípticas a fin de rebanar a las avecillas, que estuvieron apunto de terminarse cuando escucharon una nueva frecuencia, ante la cual las golondrinas restantes regresaron a su origen para fundirse con éste.

A continuación, mientras Tails agarraba a su socio tras deshacerse de su arma, vieron como la mujer sacaba un dedo del segundo agujero de su aparato, el único tapado, para ahora cubrir el primero y exhalar.

—Eso no hizo nada —expresó el de pelo negro tras unos segundos, cuando una zona en su piel se enfrió.

Los héroes movieron sus ojos hacia arriba mientras su pelaje se mojaba, encontrando el motivo en ríos de agua que fluían sobre sus cabezas en dirección a su enemiga, concentrándose en una gran masa sobre ella.

—Tendremos que movernos ágilmente para esquivar sus ataques —avisó Miles—, creo que será mejor que me apoyes desde el suelo.

—Preferiría que nos mantuviésemos juntos —declaró el de rastas viendo a su camarada mientras las gemas en su pecho se iluminaban.

—Sería una gran apuesta, nunca lo habíamos hecho antes y una fusión de tres es difícil de mantener —temió el garzo mientras escuchaba como la gran concentración de líquido se solidificaba.

—Knuckles y Shadow lo lograron, ¿por qué nosotros no podríamos? —argumentó el heterocromático.

—Uff, bien, —aceptó el canino, iluminándose la joya en su frente—, ¡aquí vamos! —gritó lanzando a su amigo a lo alto, quien giró sobre su eje quitándose la humedad y algunas espinas de su cuerpo para después caer con sus extremidades extendidas en los brazos de quien lo había lanzado, perdiendo ambos sus figuras a medida que se unían en una mezcla luminosa.

Cuando la tejona sopló en otra ocasión su aparato sin taponar ningún hueco, el ahora enorme bloque de hielo sobre ella explotó en decenas de carámbanos que permanecieron flotando, excepto por dos pares que se dirigió a los mobianos jóvenes, impactando, para el gusto de la rayada, mas pronto la sonrisa en su cara se cerraría y luego mostraría una mandíbula cerrada con fuerza, pues ante sus ojos yacía un mobiano de una estatura que un humano común podría tener, su cabeza y cuello eran de un profundo bermellón en que resaltaba el negro de la piedra en su frente y el interior de sus orejas junto a los aros en sus rastas, de su pecho, donde había una roca roja, hacia un poco más debajo de sus hombros había un pelaje amarillo, cubierto por una pelusa blanca que rodeaba una piedra amarilla y perdía su densidad hacia el vientre albo del ser, contrastando con el negro del resto de su cuerpo, excepto por sus tobillos, que poseían un par aros dorados y carmesí cada uno, igual que sus muñecas, que conducían a unas grandes manos enguantadas con púas, destacando en él junto a sus largas colas azabache con puntas blancas.

Lo que más rabia le causó a la antigua tejona fue ver la sonrisa, tanto en la boca como en los ojos tricolor, azul, rojo y violeta, del mobiano, así como los carámbanos que sostenía en su mano y que procedió a lanzarle.

La dama esquivó con éxito, jalando los látigos con que encerraba el cuello de su criatura, mas no tuvo tiempo de congratularse, pues su enemigo comenzó a mover sus colas, volando a gran velocidad hacia ella, ante lo que se defendió usando nuevamente su artilugio con la voluntad de realizar un nuevo y mayor ataque, sorprendiéndose al notar como la velocidad de su adversario era tal que al realizar piruetas en el aire, la mera vibración de su estela brillante y colorida quebraba los carámbanos a medida que la alcanzaba y cuando estuvo demasiado cerca, le bastó con sustentarse mediante sus apéndices traseros y protegerse golpeando las estalactitas con sus puños, regresándolas hacia la de iris ambarinos, quien esquivó como pudo hasta que el hielo la golpeó a ella y a su bestia, lo que la obligó a unir sus párpados, encontrándose al separarlos con su contrincante a menos de cinco metros, encontrando una solución desesperada en usar el primer hoyo de su silbato, soplando con tal fuerza que la golondrina para su fortuna y desgracia, se dividió por completo, dejándola caer.

—Necesitaré una gran potencia esta vez —dijo la criatura con una extraña combinación de tres voces mientras cerraba sus ojos y llevaba sus brazos hacia atrás, a la par que era envuelto por una nube de chispas rojas que pronto se tornaron en una gran esfera, tan luminosa que lo ocultaba, hasta que, al fin, en su interior, abrió los ojos y la burbuja explotó.

Una fuerte vibración atravesó el aire, llegando junto a rayos color cinabrio a unas cuantas de las nubes a medida que se tornaron oscuras, al tiempo que el mobiano se disparó a varios kilómetros por hora hacia el suelo, destruyendo casi todas los fragmentos de golondrina a su paso y tocando el pico de la montaña antes que la tejona, que encontró su fin y salvación en una lanza que atravesó su pecho, destruyendo su forma física y dejando su piedra libre para que su adversario la atrapara, salvándola de la fragmentación de ésta en el piso.

Contento y cansado, la unión de los tres mobianos cayó sobre sus rodillas con sus nudillos apretados y se disgregó en las tres personas que lo componían.

—Mmm, tengo suerte de no tener que usar mi máquina para crear lluvia —mencionó Tails viendo como se aproximaba una tormenta por las nubes que habían calentado con sus rayos.

—Aunque eso no logrará que el agua regrese a las plantas tan pronto —advirtió Shadow girándose para ver lo marchitada que se veía la vegetación del monte debido a la estrategia de la tejona.

—Esto es terrible —agregó Knuckles.

—Que no cunda el pánico —dijo Miles—, creo que por esta vez está bien hacer esto —añadió el zorro abriendo uno de sus puños con el propósito de revelar la gema de la tejona, que encapsuló y desvaneció para después abrir su otra mano, en que yacía el último pedazo de golondrina, que consistía en la piedra de la misma con alas unidas.

El raposo entonces estiró sus brazos, uniendo las yemas de sus pulgares e índice, poniendo la roca en el espacio resultante y a continuación cerró los ojos para que la joya en su cabeza se iluminara junto a la de sus manos. Los espinosos entonces vieron como las gotas de agua que se les aproximaban se desviaban y se dirigían a las plantas, introduciéndose dentro de ellas a través de sus raíces y hojas, recuperándose en el proceso.

Al terminar, el vulpino abrió los ojos y arrancó una de las alas de la golondrina, desvaneciéndose también su otro par, y después la guardó en una burbuja para enviarla lejos.

—Gracias de nuevo por su ayuda, chicos —compartió el zarco con sus amigos—, esto en verdad es mucho más fácil, o al menos disfrutable, con ustedes cerca.

—De nada —dijeron ambos al unísono.

—Volvamos a casa —expresó el rubio poniendo su mano frente a su frente para invocar un anillo.

Ya en Mobius, el erizo y el equidna salían del hogar de Miles, cuando Knuckles decidió retomar la conversación que había comenzado antes.

—Lamento lo que dije anteriormente —expresó—. Sí que fui demasiado lejos en mi postura en contra de la violencia innecesaria. Fue el ser agresivos lo que nos permitió ganar hoy.

—Gracias, pero admito que yo tampoco estuve tan bien —confesó el de ojos rojos—. No debí golpear tanto a la tejona. Trato de pensar que mis enemigos no son como yo para no temer a usar la violencia, pero entiendo lo desagradable que puede llegar a ser. Me gustaría llegar a ser como Tails en ese aspecto.

—Sí, saber cuándo y cuánto usar la violencia, entendiendo que no podemos juzgar a nuestros enemigos como malvados de inmediato —concordó el pelirrojo—, yo…prometo que si Tails termina contigo, no me interpondré de ninguna manera, en el fondo, sé que serías una gran pareja para él.

—Tú también —devolvió el más veloz—, prometo tampoco hacerlo si termina contigo.

—¿Crees que podría no darme cuenta de que están enamorados de mí, Dedos? —respondió el zarco en su hogar a las preguntas de su compañero mientras se sentaba frente a sus monitores con una taza humeante y su compañero se sentaba en su regazo—, la verdad es que a mí también me gustan, pero siento que no es el momento de compartir mi vida con alguien más, pero creo que sí me gustaría tener una relación algún día, ya sea con alguno de ellos o alguien más.

Espero que los amigos de Sonic no sean irrealmente amables, ya que si bien todos en mi salón de clase eran amables o al menos decentes, dudo que sea el caso en todas las escuelas, especialmente una con muchos estudiantes como aquella en la que contextualizo mi historia. De forma similar, me gustaría que alguien que haya tenido o tenga un psicólogo escolar y haya tenido una sesión grupal con él y al menos otro estudiante me diga si escribí algo preciso.

Como dije antes, no añadí etiquetas que indicaran una relación entre Knucles y Tails o el último y Shadow porque nunca llego a concretarlo en mi historia y no quería dejar a nadie engañado, aunque si la mayoría cree que eso no es un problema, podría agregarlas.

También me gustaría saber qué tal les parece la escritura de Shadow, ya que como a otros autores que he visto, no capté del todo su esencia sino que disminuí el peso de su tendencia a la violencia e incrementé su poca apertura a los demás porque de otro modo creo que me habría resultado muy difícil y hasta imposible escribirlo, primero porque con esas características es difícil, creo yo, crear a un personaje medianamente profundo y segundo porque me da ira pensar en alguien que dice que no necesita de nadie y que ve a casi todos, o al menos casi todos a quienes se digna a ver, como obstáculos o lastres y parece actuar como si creyera que sus acciones no tienen consecuencias, o como mínimo no consecuencias importantes. Pese a lo anterior, tengo entendido que el personaje mejoró mucho la franquicia de Sonic y nunca dejará de ser interesante hablar de un personaje cuyos traumas le llevan a cometer errores que se redime y enmenda sus faltas, así que quiero saber qué tal lo hice.

Espero que les esté gustando la historia.