¡Hola! No tengo mucho para decir hoy, ojala disfruten en el capitulo :3

¡Comenzamos!

CAPITULO 21 - Clases prácticas.

ZORO RORONOA

Por lo que había dicho su hermana, él fue a pedir ayuda a su padre. Ese "PADRE" que lo echó de la casa cuando era un adolescente. Así de desesperado ha de estar para acudir a él...

Luffy y Trafalgar vinieron de visita, ambos se veían graciosos con sombreros. Mihawk llegó detrás de ellos y pude sentir el filo en su mirada al encontrar sus ojos dorados con los grises del peleador. Pero no emite otra palabra además del saludo.

-Te los presento, él es Luffy –La sonrisa en los labios del pequeño, llegó a contagiar unos segundos la cara sería de Mihawk– y él es Trafalgar.

-¿Doflamingo?

-Rocinante –Decir que todos nos quedamos con un signo de pregunta sobre la cabeza, no estaba tan alejado de la realidad.

-¿Lo conoces? –Los ojos dorados por unos segundos, adquirieron el tinte del pasado.

-No, nunca lo había visto en persona –Su tono de voz calmado me heló la sangre– Un placer.

-Este es mi padre, el poco gracioso señor Mihawk –Decirle a los demás que es mi tutor, hace las cosas incómodas y en este momento, no necesitamos más de esa sensación.

Mientras Sanji y Luffy llenaban el ambiente con preguntas y comentarios graciosos, yo no podía evitar mirar a los más altos del lugar. Trafalgar se pegó muchísimo más al pequeño y Mihawk lo miraba con recelo mientras escuchaba la platica de las dos cotorras.

-Bueno, nosotros tenemos que irnos. Torao debe regresar a la clínica –Luffy se colocó de pie y tomó la mano del peleador– Fue un gusto señor ojos de halcón.

Todos reímos por el sobre nombre en silencio, pues la cara de Mihawk reflejaba sorpresa– Igual.

Ambos hombres de uno noventa se miraron fijamente algunos segundos más y se ignoraron, cómo si solo se hubieran cruzado de casualidad. Conociendo a mi tutor, no dirá una palabra sobre este día y si lo que sé de Trafalgar es correcto, él tampoco. Puedo insistir en preguntarle a alguno, pero será una perdida de tiempo y esfuerzo.

Mihawk me dijo que cuando me dieran el alta, pasara por su bar. Luego se despidió de Sanji y de mí para retirarse. La enfermera me dijo que podía empezar a caminar y a hacer algunas cosas con ayuda, yo agradecí la atención y me prometí relajarme en mi día de encierro. El rubio se quedaría a cuidarme.

-Hubieras ido a descansar, tienes unas ojeras terribles.

-Gracias por el cumplido –Él me mira molesto y sigue acomodando el sofá para poder dormir en este.

-Si tienes mucho sueño, puedo prestarte mi hombro para descansar –Hizo una mueca y me ignoró– y si no tienes sueño, te puedo dar otra cosa.

-No digas bobadas cabeza de musgo, te acaban de sacar una bala del cuerpo –Sólo quería hacerlo reír, pues estaba muy serio últimamente.

-El resto de mi anatomía sigue funcionando perfectamente –Sabía que iba a cambiar su cara. Pensé por un segundo que se molestaría y me haría una escena graciosa. Pero nunca se me habría pasado por la cabeza, que iría a cerrar la puerta con llave…

-Yo haré todo –Santo cielo…

LUFFY MONKEY

Por un segundo me preocupé cuando sus ojos soltaron algunas lágrimas, pero al escucharlo decir que le gustaba, me tranquilicé. Verlo con mi regalo, caminando por la calle, como si fuera natural para él, me llevó al punto máximo de la felicidad. Ya en el departamento, al no ver los zapatos de Sanji, lo invité para quedarse a dormir e increíblemente aceptó.

Sólo era una invitación inocente, pasar un poco más de mi día con él ahora que se habían calmado las aguas. Pero no estoy seguro de qué fue aquello que encendió algo dentro mí ¿Habrá sido la manera en la que me miró? ¿La forma en la qué dijo mi nombre? ¿Lo guapo que se veía con el sombrero?– Te espero aquí.

Tuve que tragar el nudo que se formó en mi garganta, cuando se quitó el saco y abrió los primeros dos botones de su camisa. Sentí las mejillas y el cuerpo caliente al instante. Mientras estaba en la ducha, tratando inútilmente que bajara mi erección, me puse a divagar en mis recuerdos y el que vino a mi mente, fue el nada inocente encuentro en esta misma sala.

Sus manos recorriendo mi piel, la sensación de sus labios en mis pezones, lo bien que se sentía que cuando se restregaba entre mis nalgas… ¿Será que se siente bien el sexo entre hombres? Sanji me dijo que no le gusta la actividad en sí, al menos mientras estuvo con Gin. Pero que con Zoro, todo se sentía increíble.

Conozco la teoría del acto, pero de ahí a poder aplicarlo con Torao… Una de mis manos se aventuró hacia abajo y acaricie mi agujero superficialmente. Con curiosidad y siendo resguardado por el sonido de la ducha, probé insertar un dígito, el cual a pesar de estar mojado con agua, tuvo dificultades para ir muy lejos.

No dolía pero era una sensación incomoda. Tal vez con los largos dedos de Torao se sienta diferente. Él podrá llegar más profundo o buscar ese punto que supuestamente existe en los hombres, que los vuelven locos. De una ducha corta, pasó a ser la más larga de mi vida. Lavar mi cabello, limpiar mi cuerpo y cepillar mis dientes me tomó máximo seis minutos. Jugar conmigo e intentar asear mi agujero… no sé cuánto tiempo tardó. Me sentí un fideo cuando me di por vencido, no me gustó la sensación de algo ahí. Debería haber visto más porno para entender al menos cómo iba la cosa. Al salir del baño, Torao me esperaba pacientemente, ignorando por completo el hecho de que acaba fantasear con su toque.

Mientras él estaba en la ducha, busqué en Internet lo que debía hacer. Algo bien estaba el concepto que tenía, solo que había pasos importantes que olvidé. Fui corriendo a la habitación de Sanji, busqué el lubricante y los condones que guarda en la mesita de noche. Regresé corriendo a mi lugar en el sofá y escondí los artículos bajo una almohada. Según el doctor que hablaba sobre esto, es indispensable la protección, a pesar de que no hay riesgos de embarazo, puedes contraer muchas enfermedades. Escuché la puerta y escondí el móvil en el asiento.

-¿Ocurre algo? –Se notaba que estaba preocupado por mí- ¿Luffy?

Tengo que ser valiente. Solo díselo, quiero acostarme contigo. Lo hice y casi caí de espaldas cuál caricatura cuando me preguntó si en la cama. Le respondí que si, luego que no, después trate de buscar mejores palabras para decírselo. Por suerte él me sacó del sufrimiento.

-¿Quieres que tengamos sexo? –Me hizo sentir vergüenza por un momento. Me pegue a su torso y estaba caliente. La toalla se deslizo al suelo por mi acción y pude ver a la perfección su miembro parcialmente erecto. Quería volver a probarlo, la última vez me encantó su voz ronca mientras se la mamaba.

Con esa idea me arrodillé frente a él y lo miré desde abajo para ver su expresión. Podría volverme adicto a esto. Me lo metí casi completo, ahora le doy gracias a mi habilidad para tragar cosas grandes sin tener arcadas. Pues los gemidos de Torao, movieron algo en mí. Lo hice despacio, sacándolo casi por completo de mi boca, para llevarlo de nuevo hasta el fondo de mi garganta.

Se sentía increíble, él no me había tocado aún y ya gotea mi propio miembro a causa de la expectativa. Sus dedos en mi cabello, haciendo presión para que llegara más lejos, serian mi perdición. Al mirar hacia arriba y verlo tan metido en su placer, casi logró que yo me corra. Por lo qué, temeroso de terminar todo demasiado pronto, paré- ¿Te gustó?

Sus ojos normalmente grises, estaban oscurecidos por el deseo. Podía verlos muy bien, pues la luz seguía encendida- ¿Estás buscando volverme loco?

Parpadee sorprendido- ¿No te gustó? Pensé que si porque –Tiró de mi brazo y me puso de pie con cuidado. Besó mis labios poniéndose casi a mi altura y deslizando sus manos a lo largo de mi espalda, hasta llegar a mis nalgas. Una vez ahí, hizo presión y me levantó. Enrede mis piernas en su cintura para darme estabilidad.

-¿Eso responde tu pregunta? –Asentí con la cabeza e intenté inconscientemente restregar mi miembro contra sus abdominales. Una de sus manos abandona mi glúteo y se cuela entre nosotros, tomando mí polla con la palma, a través de la apertura de la bata- ¿Quieres correrte una vez? –Negué. Ante esa respuesta, comenzó un ritmo desesperante y lento- ¿Seguro? Estás tan mojado aquí –Besó mi cuello y un gemido salió por mi boca sin permiso.

-¡Torao! –Su toque torturaba el glande con delicadeza, enviando corrientes a lo largo de mi columna– No quiero correrme sin ti.

El apretón que le dio a mi mejilla trasera dejará marca, pero se sintió delicioso. Comenzó a besarme y coordinó el movimiento de su mano con el de sus labios. Mis brazos alrededor del cuello comenzaban a perder fuerza. Se separó de mí boca y aflojó el agarre de mi miembro– No sé qué voy a hacer contigo.

Su respiración era agitada, al encontrar nuestras miradas entre la neblina del deseo, dije lo que pasaba por mi cabeza desde que entré al baño– Podrías ayudar a prepararme. No sé hacerlo bien.

-¿Qué? –Me dejó en el suelo y puso distancia entre nosotros. No mucha, pero para mi era demasiado- ¿Entiendes lo que estás pidiendo?

-¿Sí? ¿Es algo malo? –Me alejé un paso y él me sostuvo de la mano.

-Lo siento yo. No, no es algo malo. Sólo estoy sorprendido –Subió las manos a mi cara y acarició mis mejillas con ternura- ¿Estás seguro de esto?

-Si. Quiero intentar –Me besó, envolviendo mi cuerpo en un abrazo cálido.

Me sumergí tanto en el contacto qué no note cuando llegamos al sofá o cómo Torao desató mi bata– No tenemos lubricante y condones –Se pasó la mano por el cabello, mientras buscaba algo con los ojos.

Aproveché que me dio espacio, para quitar los objetos recién nombrados de detrás de la almohada. Cuándo regresé a mi lugar y miré para arriba, me encontré con los ojos grises. Automáticamente me sonrojé más– Sanji los tenía –Finjo inocencia.

-¿En el sofá?

-En la cómoda, yo los traje aquí –Sonrió de costado y antes de que pudiera decir algo, lo besé. No desistí de mi intento de pegarlo a mí, hasta que sentí el peso de su cuerpo sobre el mío.

Su boca no me daba tregua, su lengua hacía a mis rodillas temblar y el podía sentir el movimiento, pues deslizaba sus dedos desde mi tobillo al muslo- ¿Quieres ir a la cama o lo haremos aquí?

No tengo idea de donde se sentirá mejor, pero creo que estaremos más cómodos en –La cama.

Ni bien termine la última sílaba, me quitó la bata, la aventó a un lado mío, cogió los condones, el lubricante y a mí en el mismo brazo. Me estaba cargando cómo a un bebé- ¿Cuál habitación es la tuya?

Se la señalé con un dedo y cuándo ya estábamos dentro, la cerró con llave. Me pareció una idea acertada, pues no sé a que hora llegará Sanji mañana- ¿Sabes hacer esto?

Le pregunté ni bien volteo– Nunca he estado con ningún hombre, pero sé la teoría.

Reí por su expresión seria- ¿Cuál es la teoría?

Yo estaba recostado sobre mi espalda y el estaba de rodillas entre mis pierna– Será una clase práctica.

Pensé que bromeaba, pero enserió fue más practica que pasional la preparación. Abrió mis piernas e hizo que mis brazos sujetarán mis rodillas contra mi pecho. Un dedo empapado de lubricante se deslizaba una y otra vez por mi entrada, dándome escalofríos. A medida que este se fue abriendo paso dentro, la sangre subió a mis mejillas– Torao– Me miró por fin– Bésame.

Hizo lo que le pedí, sacó sus dedos y se acostó a mi lado. No pude apartar los ojos, era muy sexy la manera en la que se movía. Me besó lento, sentía como estiraba mi cordura con su lengua. Cuando iba a bajar las piernas para poder tener un mejor ángulo, no me dejó. Volví a sentir los dedos fríos contra entrada– Dime si te duele.

-No duele sólo –El primero entró sin problemas. Moviéndose de aquí para allá en mi interior.

-¿Sólo? –Su aliento en mi oreja me dio escalofríos.

-No estoy acostumbrado ¡AH! –Ese dedo alcanzó algo dentro que me hizo sentir muy bien-¡Torao! –Volvió a acariciarlo, pero más constantemente.

-¿Se siente bien? –Asentí con la cabeza- Voy a agregar otro –Lo escuché, pero no me animé a abrir la boca. No creo que sea agradable el sonido que saldrá cuando lo haga -¿Está bien?

-Hazlo –Las delicadas caricias contra ese punto específico, se volvieron mucho más agresivas cuando entró el segundo dedo. Por lo que mordía mis labios para no gritar, me era casi imposible retenerlos todos- ¡Oh dios!... ¡No tan! –Comencé a retorcerme de manera involuntaria por la sensación.

-¿No tan que? -Una suave movimiento me hizo estremecer- ¿Lo quieres así? –De nuevo lo hizo despacio, una, otra y otra vez.

Agarré la base de mi pene para no correrme– ¡No puedo! –Si seguía con esto– ¡Métela por favor! –mi voz sonaba necesitada.

Un tercer dedo se abrió paso con los otros y perdí la capacidad de pensar. Solo podía deshacerme en gemidos cortados cuando estos se movieron y comenzaron a golpear el lugar descubierto– Estás tan caliente y mojado aquí.

No entendí a qué se refería exactamente, pues tanto mi entrada por el lubricante y mi pene por el líquido pre seminal estaban en igualdad de condiciones.

Cuándo sus dedos abandonaron mi cuerpo, se sentó en la cama. Hizo que me acostara bien sobre el colchón y se acomodó entre mis piernas, las cuales quedaban levantadas levemente por sus muslos- ¿Seguro que quieres hacerlo de frente?

A mi no me agrada, pues hay posibilidades de que se le baje viéndome así– Es la posición más cómoda para ti y si te molesta algo, debo saberlo de inmediato –Quería cubrirme la entrepierna con mis manos, estaba avergonzado, pues él me veía perfectamente gracias a la luz.

Las largas piernas de Torao llegaban hasta mi cabeza y cuando me aviso que iba a comenzar a meterlo, solo asentí y me sujeté a sus tobillos. No sentí dolor, apenas una molestia, tontamente pensé que podría soportarlo todo. Mientras más empujaba, el ardor aumentaba– Duele –Se retiró por completo, puso más lubricante y volvió a entrar.

Daba pequeñas embestidas que eran acompañadas por su mano en mi polla– Estás muy apretado –No tenía idea de que responder. No sabía si era bueno o malo– Ya entró la mitad -¡¿Sólo medio Torao se siente así?!- ¿Te duele?

La verdad era que– No –Agarró un par de almohadas y acomodó mi espalda para que quedara reclinado sobre estas– Puedes seguir –Asintió y cuando entró un poco más, golpeó el punto que sus dedos habían encontrado unos minutos atrás. Mi cuerpo entero tembló.

-¿Te lastimé? –Negué con la cabeza– Ya veo.

Volvió a golpear el mismo punto, a la vez que comenzó de nuevo a subir y bajar la mano sobre mi miembro. Mirarlo era vergonzoso, por lo que giré la cabeza para un costado. Uno de los empujones fue más fuerte, dolió un poco y me hizo sentir lleno. Cómo si acabará abarrotar mi estómago con comida. Gemí de manera involuntaria- ¿Esto es normal?

-¿Qué cosa? –Llevé mi mano hasta mi vientre, intentando explicarme con eso, pero no entendió. Entonces tuve que usar las palabras.

-Esta sensación –Lo miré y cuando nuestros ojos se encontraron, el salió y entró una vez más. Haciéndome gemir y retorcerme.

-Sí no duele, si –Iba a responder que no lo hacía, pero el ritmo que tomó, era demasiado para procesar.

Mi mente y boca no podían coordinar, la voz que salía de mis labios era extraña, demasiado aguda. Sabía que estaba siendo muy ruidoso e intenté evitarlo, pero Torao no me dejó- ¡E! ¡Espera! –Había sostenido mis dos manos con una suya sobre mi estomago y la otra seguía masturbándome al mismo ritmo que sus embestidas.

-Eres demasiado adorable –No podía decir nada, las palabras de atoran en mi garganta. Cerré los ojos, pero cuando me exigió que lo miré, lo hice sin dudar- ¿Te quieres correr? –Negué con la cabeza muchas veces- ¿No? ¿Por qué no?

Deja de embestir y reduce la intensidad de su mano. Abrí la boca y la cerré, había olvidado cómo hablar–… Me gusta.

-¿Sí? –Un movimiento de su cadera, envío mis ojos al cielo- ¿Dónde? ¿Aquí? –Mi próstata está súper sensible, púes con un ligero roce, manda una corriente por todo mi cuerpo- ¿O aquí? –Me masturbo un poco e inmediatamente, salieron incoherencias de mi boca- ¿Dónde te gusta Luffy? –Ambas sensaciones me hicieron retorcer, había vuelto a comenzar mi tortura deliciosa.

-¡LOS DOS! –Era demasiado, no aguantaría más tiempo de este placer- ¡Torao! ¡Ah, ah, ah!

-Córrete para mi Luffy –Aumentó los ritmos de su mano y cadera, me mordí los labios para acallar mis gemidos, pero fue en vano. Sentí mi semen caliente en mi pecho, posterior a la presión en el bajo vientre. Mientras me corría, Law seguía con el mismo ritmo, comencé a retorcerme, incapaz de controlar mi cuerpo. Me liberé de su agarré y alejé la extremidad tatuada de mi miembro, pues esta no se detenía a pesar de que yo llegué al orgasmo.

Escuché un gruñido, su polla se deslizó fuera de mí y cuándo miré a mi novio, este apretaba con fuerza la base de pene- ¿Estás bien? –Sus ojos, normalmente grises, estaba oscurecidos. Respiraba con dificultad y la piel le brillaba.

-Sí –Acarició mi muslo con delicadeza- ¿Se sintió bien? –Me sonrojé al recordar mí voz y cubrí mi rostro con los brazos.

-¡Que vergüenza! –Aún con el noventa por ciento de mis ojos cubiertos, podía ver su polla apuntándome– Tú no te corriste –Sus orejas se pusieron rojas- ¿No te gustó?

-Quería estar listo por sí querías más.

-No creo que pueda correrme de nuevo –Lo pensé un momento y al bajar mis ojos a la cabeza rosada de Torao, acepté continuar.

Fui un iluso al creer que se correría pronto, porque no fue así. Lo hicimos de perrito, yo lo monté cómo pude, en cucharita y nuevamente el misionero. Él al final llegó al clímax masturbándose, en cambio a mí, se me dio por terminar tantas veces, que el semen salía casi líquido ¿De dónde demonios sacó la habilidad y el aguante?

Lo pensé largo y tendido mientras me recuperaba. Tal vez no me encontraba lo suficientemente atractivo y por eso no logro correrse… también esta la posibilidad de que haya sido muy malo en esto.

-¿Te sientes bien? ¿Quieres que te ayude a asearte?

-¿Fue bueno para ti Torao?

Usó su codo cómo apoyo y me miró desde arriba– Claro qué sí.

-¿Seguro? –Acomodó los cabellos que se pegaban a mi frente.

-Si –Su pulgar delinea mi rostro- ¿Hice algo que no te agradó?

-Creo que ese fui yo –Tenia el signo de pregunta tatuado en el rostro. Me habría reído si no fuera un tema tan serio– No logré hacerte llegar.

El sonrió y yo me molesté por eso. Estaba preocupado por si no le gustó y el viene a tomarlo a la ligera. Enojado me puse de pie, pero rápidamente perdí el equilibrio y si no fuera por Torao, terminaba en el suelo. Me subió a su regazo, abrazándome con fuerza contra su pecho.

LAW TRAFALGAR

Luffy no sólo tenía curiosidad sobre el sexo, realmente estaba interesado y preparado para hacerlo conmigo. Sabía todo lo que conlleva el sexo entre hombres y con tal de evitarle malos ratos, me tomé el tiempo necesario para prepararlo. Aunque estuve a punto de perder mi fuerza de voluntad, al sentir cuan caliente estaba su interior.

Dilaté su entrada hasta que tres de mis dedos se movían con soltura, había localizado su próstata y su reacción a la presión en esta fue satisfactoria. El pequeño tenía una sensibilidad increíble, cómo si hubiera nacido para esto. Con las ganas que le tenía, casi fue el canto de un santo cuando me pidió que lo penetre. Luffy es demasiado erótico y no podré mantener la cabeza serena si me descuido.

Cabía perfectamente entre mis piernas, sus muslos eran suaves, al igual que sus nalgas y el pene lo tenía del mismo rosa que su entrada. Lo penetré despacio, midiendo en todo momento cada expresión en su rostro, atento a cualquier incomodidad que pudiera tener. Miré nuestra unión y casi me corrí con solo esa imagen, por lo que me obligué a no apartar mis ojos de su cara.

Fue una muy mala idea, pues sus labios rojos a causa de los besos y las mejillas sonrojadas, le agregaban mucho atractivo. Cualquiera que lo vea en este momento, se quedaría flechado por su belleza y su transparencia. Pues no contenía sus reacciones con éxito y se retorcía de placer. Tuve que pensar en el nombre de todos los huesos del cuerpo, para no correrme cuando el lo hizo ¡Es el parámetro del erotismo desde ahora! El ser humano más sexy y adorable que haya pisado la faz de la tierra ¿Cómo podría aguantar hasta la siguiente vez con este recuerdo?

Para mi buena fortuna, el aún deseaba hacerlo. Me sentí orgulloso de mi mismo, por haber aguantado- ¿Qué posición quieres probar?

Mi pregunta, fue respondida por una acción. Se puso de rodillas sobre la cama y me enseñó su agujero resbaladizo. Escondiendo la cara contra el colchón- ¿Así está? -No lo dejé terminar la frase. Me sentía poseído.

Antes de que pudiera siquiera pensar, mi cuerpo actuó por sí sólo. Agarré el pote de lubricante, coloqué una buena cantidad sobre mi polla y volví a abrirme paso en su interior. Estaba tan suave, y yo tan absorto que olvidé cambiar el condón. No le di mucha importancia, ya tenía las bolas azules de tanto aguantar y aún a sabiendas de que si seguía interrumpiendo mis orgasmos, me sería difícil correrme, continué haciéndolo.

El segundo clímax de Luffy, no lo vi pero lo sentí. Pues su entrada casi me corta la polla y su semen salpicó un poco mi muslo. El tercero fue menos abundante, se había corrido sobre mi estómago y echado la cabeza hacia atrás en un ángulo casi imposible. El cuarto fue cuándo estábamos en cucharita, mientras besaba su cuello y masturbaba su miembro flácido, volvió a llegar en mi mano. El quinto y último de la noche, no creo que haya sido semen lo que salió de su uretra, pero no se lo voy a decir. A pesar de que nunca se quejó del dolor, me retire de su interior y busqué mi propia liberación con mis dedos. Fue más fácil de lo que creí, ya que símbolo sexual para mí, está exhausto y satisfecho debajo de mí.

Me ofrecí ayudarlo a limpiarse, pero estaba pensativo. Su pregunta sobre si me gustó, fue graciosa. Porque aún a pesar de que me acabo de correr, solo con imaginarlo en alguna de las posiciones se me pone dura de nuevo. Pero supe que había reaccionado mal cuando se puso de pie molesto y casi se cayó. Lo abracé contra mi pecho, acariciando su espalda con parsimonia.

-Me gustó Luffy, demasiado si soy sincero –recostó su cabeza contra mi hombro– Estuve citando todos los huesos del cuerpo en mi mente desde que iniciamos, para no correrme antes.

-¿Por qué no querías correrte? –Apoyé el mentón sobre su cabello.

-Quería dejar a mi novio satisfecho –No dijo nada– Mientras tu sigas queriendo más, deseo aguantar. Yo me contento con verte disfrutar.

-¡A ambos nos debe gustar! –Se incorpora, aun esta sobre mi regazo, pero ya sentado.

-Si no me gustaba, no habían posibilidades de que lo mantuviera arriba sin un medicamento Luffy. Realmente estoy más que satisfecho –Besé su mejilla y escondí mi rostro en su cuello.

-¿Entonces lo hice bien? –Asentí con un movimiento de cabeza, ahora siento el cansancio- ¿No te aburrí?

-No –Su cuerpo estaba caliente– Vamos a la ducha, debo limpiarte bien.

-¿A mí?

-¿Prefieres hacerlo solo? Puedo llevarte al baño –Un bueno suave salió de su boca, seguido de un bostezo.

Mientras lo depositaba cerca de la regadera, me indico dónde había sábanas nuevas. Ordené todo y luego lo fui a buscar. Era graciosa su manera de caminar, pero quería asegurarme de su estado, ver si no se lastimó. El aseguró que estaba bien, pero si quería podía revisar. Asentí y se avergonzó cuando le pedí que se acueste sobre su abdomen.

No dijo nada, sólo escondió la cara en la almohada y me dejó controlar. Se veía rojo, pero nada preocupante, aunque le vendría bien una crema– Iré a la farmacia a comprar algo.

-Mañana –Se puso solo una remera blanca grande que tenia en un cajón y se tiró a dormir.

Mientras recogía todo para ir yo al baño, se durmió. Se veía tierno al principio, pero al regresar de la ducha, supe que esta sería una larga noche. El ya ocupaba más de la mitad de cama- ¿Dónde se supone que entro yo? –Toqué su mejilla y el gesto que hizo con su boca me resultó demasiado adorable- ¿Qué voy a hacer contigo? –Murmuró mi nombre y se movió un poco más hacia el costado, dándome espacio suficiente para acostarme.

Normalmente no duermo mucho, me cuesta horrores llegar a un punto en el que mi cerebro deje de pensar en cosas malas. Pero estando tan cerca de alguien cómo Luffy, no puedes tener sentimientos negativos. Fui al mundo de Morfeo, con la sonrisa del pequeño a mi lado en mi memoria. No soñé nada, igual sentí que dormí una eternidad. Ya no había nadie a mi lado cuando abrí los ojos.

Recorrí la casa buscando su presencia y la encontré, en medio de un desastre en la cocina. Se había puesto mi ropa y peleaba con una sartén- ¿Por qué no hacen bien las instrucciones de las recetas?

La masa tras de él era extraña- ¿Quieres ayuda?

-¡TORAO! –alcance a esquivar a duras penas el utensilio que voló en mi dirección- ¿Te desperté? –Negué con la cabeza e intenté mirar lo que escondía– Iba a hacer un desayuno, pero la cocina no se me da bien y… -Me enseñó las tortitas quemadas en un plato– Lo siento.

-Podemos salir a desayunar –Son casi las diez de la mañana según el reloj de la pared– o esperamos un poco y.

-¡Vamos a comer!

Fue corriendo a su cuarto, se puso pantalones y una chanclas– Necesito eso para salir –Le señalé mi remera y él se sonrojó. Asistió, quitándose lentamente mi ropa. Al dejar al descubierto su torso, pude ver las marcas de mis dientes en sus pezones y algunos chupones en el resto de su piel, esta vez el avergonzado fui yo.

Fuimos a desayunar en un restaurante cercano, la comida no era muy cara gracias a Dios, pues Luffy amaneció con mucho apetito. Su voz se escuchaba algo ronca y considerando cómo estaba ayer- ¿En qué piensas? –Pasé saliva con dificultad– Tienes una mirada poco característica en ti.

-¿Sí? –Tomé un sorbo de mi café negro.

-Aún no estoy muy familiarizado con esta, pero me gusta –Quería reír y al mismo tiempo estaba avergonzado. Mis emociones son un trampolín cuando estoy con él. Pero uno de los divertidos, en los que no te molestaría pasar una tarde entera.

SANJI VINSMOKE

Cuando le avise a Luffy lo del "accidente", pues no quiero decirle por teléfono que nos dispararon, prometió venir lo más rápido posible. Llegó acompañado de Law y ambos tenían unos sombreros graciosos. De mi amigo lo espero, pero no creí que su novio se prestaría para eso.

Al mismo tiempo que ellos, llegó el padre de Zoro. El único que no sintió raro el ambiente fue Luffy, porque si las miradas fueran puñales, ambos hombres jirafa estarían muertos. Parecían perros guardianes defendiendo su territorio. Traté de animar un poco el ambiente siguiéndole el humor a Luffy, pero no funcionó. Por suerte ambos se fueron casi al mismo tiempo.

El tonto del musgo hizo un comentario sobre mis ojeras y considerando que no he dormido hace casi 48 horas, es probable que parezca un muerto. Insinuó algo sobre hacer otras actividades y quise darle un coscorrón, aunque la última frase me dejó pensando- El resto de mi anatomía sigue funcionando perfectamente –¿Podríamos hacerlo? Debe evitar moverse mucho, pero si quitamos ese detalle.

Fui a ponerle seguro a la puerta, cuando volteó para mirarlo, creí que hice algo malo por la cara que puso- ¿No estás bromeando verdad?

-¿Eso es un no quiero o un si? -Respondió rápido, ni siquiera alcancé a terminar mi pregunta.

- ¡Sí! ¿En caso de que algún día te regale un disfraz de enfermera lo usarías?

Reí por el comentario y levanté su bata, tomando el miembro a media erección- Depende de cómo te portes hoy –Sus ojos se oscurecieron, paso su lengua por el labio inferior y habló algunas octavas más grave de su tono normal.

-Seré bueno.

Bajo su intensa mirada, retiré el condón de mi billetera y una bolsita de lubricante que siempre tengo en mi pantalón desde que empezamos nuestros encuentros. Me quité la parte inferior de mi atuendo y trepé con su ayuda sobre a la cama.

Intentó acortar la distancia y con una mano lo devolví a su sitio– Quieto tigre –Ambas manos fueron a parar a mis nalgas e intentó acercarme– No habrá disfraz para ti.

Dejó las palmas en el mismo lugar, pero en su defensa dejó de estirar. Unté mis dedos con el líquido viscoso y comencé a dilatar mi entrada para que no doliera– Quiero tocarte –Negué, pero igual me incliné lo suficiente para que su boca quedara a la altura de mi pezón.

-Sin manos –Yo estaba sumamente excitado, ni siquiera he terminado de aflojar mi entrada y ya estoy goteando.

Lo primero que toco mi pecho fue su lengua, la cual lamió mi pezón una y otra vez en forma circular. Después ya fueron sus labios, chupando y masajeando las aureolas, ensañándose con el montículo erecto. La cereza de sus atenciones, fue la mordida sin compasión de mi pezón derecho, ante el cual tuve que tragarme mi alarido. Tenía un favorito, quien ya estaba rojo por sus atenciones.

Más dilatado no podría estar en esta posición algo incómoda, pero debería bastar para que no doliera tanto. Aunque al agarrar su miembro para guiarlo a mi entrada comencé a dudar de eso. Se sentía más grande de lo que recordaba, mientras bajaba las cadera, mis piernas temblaban. Por lo que veo, no fui lo suficientemente rápido, porque Zoro termino el camino levantando su pelvis y el choque de pieles resonó en la habitación. Perdí la capacidad de pensar, mi cuerpo había sido víctima de un orgasmo imprevisto y todas mis fuerzas desaparecieron.

Una de sus manos agarro mi polla aun sensible y comenzó a jugar con la cabeza– No, no –Alcancé a articular. Pero me ignoró, besó mis labios y siguió haciéndolo. Tiritaba y no exactamente por frío.

- ¿Tanto necesitas esto? -¡Asentí muchas veces!- ¿Te vas a correr de nuevo si vuelvo a moverme? –A pesar de haber dicho que no lo haría, terminé faltando a mi palabra.

No entendía el motivo de que estuviera tan sensible, pero el hecho de saber que era Zoro quien se encontraba dentro de mí, me había feliz– Es demasiado –Toqué el dorso de su mano y el dejo de masturbarme. Pero me instó a seguir montándolo hasta que se corrió.

La herida en su costado sangró un poco y preocupado por él, casi salgo desnudo a llamar a una enfermera. Menos mal lo evitó y me dijo– Vístete –mientras reprimía una sonrisa.

Ya con hasta el cinturón puesto, fui a buscar al personal médico. La joven que lo atendió estaba más que feliz al cambiarle las vendas y yo no sé qué cara habré hecho, pues el me sonrió de costado. Estoy profundamente enamorado de Zoro, no concibo un mundo en el que esté lejos de mí.

AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA

Nos vemos en el siguiente capítulo, qué estén bien :3