Capítulo XIV: Peligrosamente cerca
Se encontraba besando a Giyuu con mucha pasión sobre aquella cama que había sido testigo mudo de la pasión entre ambos. Giyuu estaba siendo especialmente delicado, dulce y tierno.
–Te amo tanto.
Shinobu escuchó esas palabras salir de sus labios y su corazón latió con fuerza. No la estaban engañando sus sentimientos y su deseo por escuchar esas palabras, ¿verdad?
–¿En serio? –Preguntó gimiendo, entre beso y beso.
–Claro, tontita. –Giyuu le besó la nariz. –Te amo tanto. –Y volvió a tomar posesión de sus labios. –Tanto…
Shinobu no cabía en sí de tanta emoción. Por fin sus sentimientos eran correspondidos por el hombre que amaba.
– Me moriría sin ti. –Giyuu le sacó una sonrisa cuando le dijo eso.
Nada podría empañar la felicidad que sentía cuando lo escuchaba decir esas cosas.
–Nunca me dejes Alice...
O eso creía.
–Giyuu. –Detuvo los besos de él y lo separó de su cuerpo. –No soy Alice.
Entonces, su corazón se rompió cuando lo vio sonreír de una manera que jamás había visto antes. Con mucho amor.
–Tontita, claro que eres Alice. –Acarició sus cabellos. –¿Quién si no?
Shinobu se separó de él mirándolo herida e indignada, cuando, por su parte de Giyuu parecía divertido. Se incorporó de la cama y salió corriendo de la habitación envuelta en la sábana.
Se sentía dolida, muy dolida. Su corazón parecía romperse un poco más con cada paso que daba recordando a Giyuu llamándola de una manera tan amorosa, pero usando el nombre de su difunta esposa.
Ni siquiera se dio cuenta de que a su alrededor todo era oscuro. Escuchó risas y cuando giró para ver de quién se trataba, encontró a sus padres, abrazados como siempre que pretenden ser felices.
–Pero, si sus hijas son unas niñas excelentes. Deben sentirse muy orgullosos de ellas. –Les decía una mujer sin rostro a sus padres.
–No ha sido fácil. –Empezó a contestar el señor Kocho. –Hemos tenido que ser firmes con ellas. Nos ha costado tiempo y paciencia, especialmente a su madre.
–No te quites el crédito cariño. –Interrumpió ahora la señora Kocho. –Mi marido es un gran padre, es el mejor amigo de Shinobu y Kanao.
–¡Hipócritas! –Gritó Shinobu. –¡Son los peores padres del mundo!
Se dio cuenta de que no la escuchaban y seguían riendo muy cómodamente. No pudo soportar más y siguió. Buscaba a sus amigos, aquellos que siempre eran su consuelo. Pero cuando los encontró, cada uno parecía tan preocupado por sus propios problemas.
Mitsuri con su beca, Zenitsu y Nezuko preocupados el uno por el otro, mientras que Tanjiro y Kanao se ocupaban de sus talleres. No podía molestarlos.
Demonios, ni siquiera podía decirles su problema si ellos no sabían de su relación con el joven maestro, sólo Tanjiro.
Finalmente, a lo lejos divisó un cuerpo masculino. Corrió más rápido y se aferró a él con fuerzas, olvidándose de la escena que había vivido minutos antes para buscar consuelo y protección en su cuerpo. Oh sí, en ese momento sentía tanta seguridad. Quería que Giyuu se volteara y la mirase, que la llamara Shinobu. Y por un instante creyó que ocurriría.
Hasta que el joven se volteó.
–¡Shinobu!
–Douma…
Su exnovio le sonreía como acostumbraba a hacerlo.
–¿Qué te pasa, princesa?
–Tú… –Iba a decir algo, que murió en sus labios cuando vio a lo lejos a Giyuu, sonriente, nuevamente.
–¡Giyuu!
Trató de correr hacia él mientras le extendía los brazos, tenía que llegar. Pero, Douma la tomó entre sus brazos impidiendo que continuara.
–¡Suéltame, tengo que ir con él!
–¿Por qué? –Preguntó Douma. –Él está con ella. –Añadió señalando al profesor.
Cuando Shinobu se giró para ver de quien se trataba, se encontró con Giyuu acompañado de una mujer, quien de lejos podría haber sido ella misma. Pero no. Era otra, era ella…
Era Alice, y Giyuu se veía tan feliz con ella entre sus brazos. Besándola en los labios.
No podía dejarlo así. Tenía que separarlos. Ella estaba muerta y él era suyo.
Douma fortaleció su agarre.
–¡Suéltame! –Le exigió. –Tengo que separarlos.
–¿Por qué? –Inquirió el joven de ojos multicolor. –Míralos, se aman.
–¡No! ¡Él es mi novio!
–No digas tonterías. –Se burló Douma. –Yo soy tu novio, él es tu profesor. Un profesor nunca saldría con una de sus alumnas.
–¡Él sí!
–Ya basta Shinobu. –Su voz sonaba autoritaria. –Deja de comportarte como una niña mimada. Después de todo, para eso saliste con él, para molestarme y volverme a tener en tus manos. Felicidades, ya lo tienes.
–¡NO! ¡SUÉLTAME! ¡GIYUU!
Entonces, despertó.
Ahora se sentía mejor. Y no solo porque ya no tenía las vías respiratorias constipadas. El sentimiento de tranquilidad y ligereza venía desde el fondo de su corazón.
Se sentía libre.
–¿Ya te encuentras mucho mejor?
Nezuko se giró para encontrarse con su amiga quien la miraba con un poco de preocupación.
–Mejor de lo que te imaginas. Tanjiro también me inspeccionó en la mañana para asegurarse. –Se apresuró a responder. –Gracias por el té, con su ayuda me he recuperado más rápido.
Kanao se acercó a ella colocando una mano en su frente.
–Es verdad, la fiebre ha desaparecido. –Respondió aliviada mientras retiraba su mano, pero aun así su semblante no cambiaba. Parecía… ¿Triste?
–¿Estás bien? –Preguntó Nezuko sin pasar desapercibido esa expresión Oh no, ¿acaso también se había contagiado? –¿No me digas que tú también te enfermaste?
Kanao negó de inmediato.
–Para nada, solamente estoy un poco cansada. –Respondió mientras sonreía levemente.
Nezuko la observó detenidamente. No parecía que su amiga fuera a enfermar, por lo cual le tuvo que haber pasado algo y creía saber la razón.
–¿Mi hermano te volvió a molestar? –Preguntó la castaña con indignación. –Porque si es así ten por seguro que jamás le volveré a preparar el almuerzo.
–No, tranquila, tampoco quiero que muera de hambre. –Trató de reír un poco, pero no podía. –Cuando dije que era cansancio no mentía, pero me refiero más al cansancio mental. –Soltó un largo suspiro. –Estoy cansada de que mi única preocupación sea pensar en Tanjiro o en Hideki. A estas alturas pienso que lo mejor es quedarme sola y preocuparme por la escuela. –Además de que a su excuñado se le ocurrió aparecer, pero esa era una larga historia.
Nezuko la observó por un momento para después abrazarla. Ella sabía mejor que nadie como se sentía. En su momento sus pensamientos eran invadidos por saber si Zenitsu iba a corresponder a sus sentimientos, pero después de que la rechazó sentía que podría superarlo con el paso del tiempo. Por lo menos ya no tendría la duda de saber si la quería como más que una amiga.
–Si consideras que es lo mejor para ti, estoy contigo. –Habló sin soltar a su amiga. –¿Y sabes qué? –Se separó de ella para sujetarla por los hombros. –No serás la única. De ahora en adelante ambas deberíamos de preocuparnos solo por la escuela y nuestro futuro.
–Pero… –Kanao dudó un poco antes de preguntar. –¿Ya has dejado atrás el asunto de Zenitsu? –Y se arrepintió casi al instante al ver como la castaña dibujaba una sonrisa triste en sus labios.
–Bueno… Digamos que ese asunto ya quedó aclarado. –De forma breve, Nezuko le contó con detalles cómo fue que su amigo la rechazó. –Y no te preocupes, sé que es difícil al principio, pero por lo menos ya no tendré esa incertidumbre de saber qué es lo que realmente siente por mí. –Se apresuró a limpiar una silenciosa lagrima que se deslizaba por su mejilla. Diablos, era más difícil decirlo en voz alta.
–Eres una persona maravillosa Nezuko. –Le animó Kanao mientras sujetaba su mano para reconfortarla. –Y estoy segura de que algún día llegará alguien que sepa valorar lo especial que eres.
–Lo mismo digo para ti. –Contestó apretando suavemente la mano de Kanao. –Pero vamos, ¿quién quiere pensar en chicos ahora? Tenemos toda una vida por delante. ¿Y sabes cuál es mi futuro ideal? –Su amiga negó con la cabeza esperando su respuesta. –Vivir con mi mejor amiga en un departamento lujoso y viajar por todo el mundo.
Kanao sonrió ante el optimismo de Nezuko.
–¿Viviremos con un gato?
–¡Muchísimos gatos!
Ambas rieron. Ya se podían imaginar viviendo juntas adoptando a todos los gatos que fueran posibles.
–Al final de todo, los amigos siempre se mantendrán juntos. –Terminó por hablar Nezuko mientras unía su meñique con el de Kanao. –Y eso es lo único que debería importarnos.
Kanao asintió.
–No olvides que cualquier cosa estoy para ti. Ya verás que todo mejorará. –Le recordó a Nezuko mientras soltaba su mano con delicadeza. El hablar con ella le había levantado el ánimo. –Ahora tengo que ir con la profesora Hinatsuru, al parecer dos estudiantes se enfermaron.
–Suerte para que termines pronto y no estés todo el día encerrada con ellos. –Le deseo mientras se despedía de ella. Kanao le agradeció con una sonrisa y se fue.
Nezuko suspiró. Al menos se pudo desahogar un momento con su mejor amiga.
–¡Nezu!
Nezuko se giró hacia donde le gritaban y saludó a Jacob con la mano. El joven americano había empezado a llamarla por ese diminutivo desde la mañana. Vio como el profesor Uzui lo interceptó a medio camino para decirle algo.
–¿Nezu?
Su cuerpo dio un respingo al reconocer la ronca voz de Zenitsu a sus espaldas. Tuvo que inhalar un par de veces para recuperar la compostura y volverse hacia él. El rubio se miraba un poco tenso e inseguro, seguramente por la plática del día anterior.
Muy bien, ella fue la que dijo que debían de seguir adelante y eso es lo que iba a hacer.
–Sí. –Contestó con sorprendente naturalidad. –A Jacob se le hace más fácil llamarme así.
Genial, aparentemente podían volver a hablar con naturalidad. Su corazón aún palpitaba con fuerza, pero ahora sentía que podía soportarlo.
Ahora que había sido formalmente rechazada.
–Qué tontería, tu nombre es muy bonito.
Lamentablemente Nezuko no pudo evitar sentir una punzada de dolor cuando lo escuchó halagarla, pero Zenitsu siempre era así de lindo con ella. Aparentemente, nada había cambiado en él. Al contrario, debió ser un alivio por fin quitarse la carga de su confesión a cuestas.
Juntó un poco de nieve en sus manos y desprevenidamente se la arrojó a la cara.
–¡Eres tan tierno, Zenitsu!
Vio la sorpresa en el rostro de su mejor amigo y también como la sonrisa vengativa se formaba en sus labios antes de agacharse para recoger nieve y tirársela a ella.
–¡Tramposa!
Empezaron a aventarse bolas de nieve sin discriminación, ignorando como los miraban sus curiosos compañeros. Parecían dos niños chiquitos, muy felices.
Zenitsu formó en sus manos una gran bola de nieve y se la aventó a la castaña. Quizá estaba demasiado cerca o él no supo medir su fuerza, pero Nezuko cayó al piso con pesadez.
–¡Nezuko! –Gritó aterrado acercándose al lugar donde yacía su amiga inmóvil. –Nezuko. –Volvió a llamarla, más ella no respondía. Dios, ya podía sentir la golpiza que le daría Tanjiro por noquear a su hermana. –Nezuko…
Su corazón latió con más fuerza, estaba asustado. ¿Y si le dio un mal golpe a su amiga?
Su sorpresa fue grande cuando Nezuko lo interceptó con una bola de nieve en el rostro. Seguido de sus cantarinas risas.
Zenitsu se limpió la cara con una mano y la miró sonreír. Se veía tan linda. Hacía mucho tiempo que no veía a Nezuko reír así. Exactamente desde aquella noche en el departamento de ella.
Algo dentro de él se sentía pleno al verla tan feliz, pero, por otro lado, también empezaba a sentir un vacío que jamás había experimentado.
–¡Agatsuma! ¡Kamado! ¡Dejen de jugar y vengan inmediatamente!
–Viejo amargado. –Masculló Zenitsu antes de estirar su mano para ayudar a su amiga a levantarse.
Pero se sorprendió cuando vio como alguien se agachaba y tomaba a Nezuko de los hombros para incorporarla.
Jacob.
–Gracias, Jacob. –Nezuko le regaló una sonrisa a su amigo, el cual correspondió.
Tomó la mano de la castaña con la suya y se la llevo donde estaba el maestro.
–No pierdas el tiempo, Agatsuma.
Zenitsu los vio alejarse con una mezcla de sentimientos encontrados en su interior.
Principalmente las repentinas ganas de cortarle el brazo a Jacob.
El corazón le palpitaba con fuerza una vez que se incorporó de la cama. Los ojos le escocían y sentía un nudo en su garganta que en cualquier momento la estrangularía. Había tenido una pesadilla, una horrible pesadilla.
Había gritado "no" con todas sus fuerzas en sus sueños y se despertó agitada por esa razón. Pero, fue solo un sueño, nada más, un muy mal sueño. No tenía por qué hacerse realidad.
Volvió a tumbarse en la cama. ¿Qué rayos hacía Douma en sus sueños? Y diciéndole esas cosas. Su subconsciente le jugó una muy mala pasada. Ni siquiera recordaba que su plan inicial al conquistar al serio profesor era desquitarse de Douma. Nunca lo quiso de vuelta. ¿O sí?, quizás de manera inconsciente. Sin embargo, no contaba con que terminaría enamorada como lo estaba de Giyuu.
Empezó a reír como una niña. Sí, estaba enamorada hasta el tope por él. Lo amaba. A pesar de saber que podría salir lastimada, especialmente al ser el propio Giyuu una persona tan herida en temas del amor.
Por extraño que pareciera, era precisamente eso lo que le hacía sentirse segura respecto a que el pelinegro no le hará daño, nunca. Y ella tenía que demostrarle que él tampoco sufriría si le abría su corazón a ella.
Que ella era sincera con sus sentimientos.
Una pequeña pizca de remordimiento cruzó sus pensamientos cuando pensó en la sinceridad. No tenía por qué decirle a Giyuu lo de Douma, es decir, lo que ella planeo al inicio. Pero tampoco quería que chismes mal intencionados llegaran a poner en dudas sus sentimientos por él.
Llevó una de sus manos a su rostro. No sería tan fácil, había logrado un gran avance con él. No quería perderlo y sentía que ambas opciones la harían correr el riesgo de que eso pasara.
Si se lo decía, probablemente él se enfadaría. Sin embargo, podría convencerlo de que todo fue al principio y que cuando menos se lo esperaba tenía sentimientos muy profundos por él, que lo amaba. Por otro lado, si no se lo decía, Giyuu volvería a encerrarse en sí mismo y peor, ya no confiaría en ella
Y sin confianza ninguna relación funcionaba.
Su relación, esa era otra cuestión. Tenían planeado volver a Tokyo al día siguiente y después de eso. ¿Qué pasará con ellos?, ¿seguirían como antes del viaje o ahora tendrían una relación un poco más suelta?
Se llevó las manos al rostro con frustración y restregó sus ojos con las palmas como siempre que empezaba a estresarse. Pero entonces sintió algo inusual en su mano derecha. Se incorporó para verlo y notar la pieza de joyería que yacía en el dedo anular de su mano derecha. El anillo con aquella leyenda tan bonita y Giyuu se lo había regalado.
Shinobu estaba segura de que tenía una sonrisa boba en la cara. Giyuu no solo le había comprado un anillo y se lo había puesto, no. No era cualquier anillo, sino el anillo del que la señora esa había hablado. Aquel que solo calzaría si la pareja estaba destinada a estar junta.
¿Giyuu habría escuchado la peculiar leyenda que guardaba esa minúscula pieza de joyería?
Desechó la idea casi tan rápido como la concibió. De haberla escuchado se la habría puesto en el dedo anular de la mano izquierda, no en la derecha.
¿Sería una señal positiva para el futuro de su relación? ¿Con ese anillo Giyuu le quería decir algo?
La sonrisa no abandonaba su rostro. Ella sabía que ellos estaban destinados a estar juntos.
Ahora solo quedaba demostrárselo a su terco profesor.
–¿Te gustó? –Giyuu frunció el ceño al ver el rostro de Shinobu. –¿Por qué estás tan pálida?
La voz ronca del dueño de sus pensamientos llamó su atención, fijando su vista en el umbral de la puerta del cuarto de baño, donde yacía Giyuu recargado en el marco de la puerta. Llevaba únicamente una toalla amarrada a la cintura y las gotas de agua aún caían de su cabello.
–Nada. –Afirmó. –Me gusta más lo que ven mis ojos en este momento. –Le contestó con improvisada picardía.
Giyuu rodó los ojos en un gesto de rendición y se sentó en el borde de la cama para vestirse con lo que había dejado previamente preparado.
Shinobu se acercó a él como un felino acechando a su presa y lo abrazó por la espalda depositando suaves besos a lo largo de la misma, avanzando por el cuello y terminando en sus labios, rozándolos tentadoramente.
–Me encanta el anillo. –Y no mentía. Pero al verlo, el miedo de ser abandonada tal y como había soñado volvió a invadirla. Necesitaba sentirlo cerca.
–¿Qué ocurre Shinobu? –Preguntó el profesor viendo a través de ella como siempre lo hacía.
–Nada. –Mintió nuevamente.
Giyuu tomó su rostro entre sus manos y la miró fijamente.
–No me mientas, Shinobu. –Le dijo con el semblante más serio que había visto en él jamás.
–Bésame. –Le susurró antes de unir sus labios en un profundo beso.
Esa fue su única respuesta. La decisión parecía más que clara. Tenía que decírselo, ser sincera.
La joven sintió como las frías manos de su novio se colocaban en sus caderas. Su cuerpo estaba caliente del resguardo de las sábanas mientras que él estaba frío al haber salido apenas de la ducha.
Solo su sinceridad lo convencería de la pureza de sus sentimientos.
La ansiedad recorría sus venas. No podía dejar las manos quietas ni sus pies.
Mitsuri veía la expresión en el rostro de Muichiro y se sentía peor. El ceño fruncido y en absoluta concentración.
–Si sigues moviéndote así, juro que encontraré la forma de atarte a esa silla, Kanroji.
Tampoco quería girarse a ver a Iguro. Últimamente cada vez que lo hacía lo recordaba sonriendo y los colores se le subían y se ponía, de ser posible, más torpe de lo que ya era. Había sobrellevado la situación evadiendo su mirada y tratando de contactarlo lo menos posible. Se sentía completamente perdedora por eso.
Giró a su derecha para ver al impasible joven sentado en la silla contigua a la suya. Estaba tranquilo, con los ojos cerrados, sus piernas cruzadas masculinamente, lo único que delataba perturbación era el ceño fruncido en su rostro.
En ese rostro que de la nada le empezó a parecer perfecto.
–¿Cómo rayos me ves si tienes los ojos cerrados? –Fue su única respuesta. Quizás no fue la mejor, pero fue lo primero que se le ocurrió para desviar la atención de sus pensamientos.
–Te mueves tanto que hasta a mi asiento llega esa ansiedad. –Fue la única respuesta de él. –Ni siquiera es el concurso.
–Perdimos demasiado tiempo. –Explicó la joven. –Si el programa que inventamos está mal, dudo que logremos terminarlo a tiempo.
Su temor era lo único que de verdad desviaba sus pensamientos del rostro sonriente y perfecto de Iguro.
Conforme trabajaba en el proyecto se dio cuenta de lo ambicioso que este era, especialmente si lo trabajabas con alguien con quien no eras del todo compatible. Esa podría ser la diferencia entre ingresar o no a la universidad de sus sueños, ya que podría tener su propia empresa independiente o hacerse cargo del negocio familiar.
De funcionar, el proyecto podría abrirle muchas más puertas que la universidad.
–Entiendo que dudes de tus habilidades…
Ok. Esa arrogante actitud de Iguro mandaba al carajo sus pensamientos al respecto de su atractivo.
–Pero no dudes de las mías. –Le dijo mirándola con semblante serio. –No dudes de mí, Kanroji.
¡Tenía que ser una broma! Mitsuri sintió como los colores se le subían a la cabeza y de repente veía a Obanai rodeado por flores en un molesto marco rosa pastel y un aura brillante delineando su silueta. ¿Qué rayos iba mal con ella? ¿Por qué ahora veía así a su antipático rival? Le hacía revolver el estómago.
–¡Yo no dudo de mí misma! –Chilló molesta.
Porque esas no eran las famosas mariposas, no, jamás.
–Insisto en que lo que hacemos no puede ser sano.
Shinobu rio contra su pecho luego de terminar en la cama nuevamente tras una larga ducha.
–No he escuchado quejas. –Contestó la joven con picardía mientras con sus dedos hacía un camino del pecho al cuello del pelinegro.
–No era una. –Aseguró Giyuu abrazándola más contra su cuerpo.
Shinobu lo sintió relajado contra su cuerpo y ella también lo estaría de no tener en sus pensamientos el constante recordatorio de que debe decirle a Giyuu lo de Douma.
Ni siquiera sabe por qué se siente tan nerviosa si no es algo malo. No es que le haya mentido sobre sus sentimientos o que guarde algo en su corazón por Douma. Sin embargo, aun así, le asustaba no poder predecir cómo reaccionaría Giyuu a sus palabras.
–Muy bien ¿qué va mal?
El profesor se giró para quedar frente a Shinobu. Con el hombro sobre la almohada y la mano sobre sus húmedos cabellos se veía lo joven que era y no el adulto amargado que aparentaba normalmente. Parecía que la diferencia de edad entre ellos fuese a lo mucho tres o cuatro años, no los nueve que eran en realidad.
–¿Sabes que te vez muy sexy así? –Soltó Shinobu y Giyuu se sonrojó. Le encantaba tomarlo con la guardia baja. Se sentía bien cuando provocaba en él al menos una décima parte de lo que él provoca en ella.
–No te desvíes del tema. –Le advirtió. –Estabas muy pálida cuando despertaste.
–Creí que no te habrías dado cuenta.
–Tonta. –La riñó con cariño. –Eres como un libro abierto para mí. No te dije nada porque parecía que necesitabas que te abrazara, antes que nada. Claro, que luego me seduces y te aprovechas de mis buenas intenciones… ¡Auch! –Se quejó luego de notar como Shinobu le había pellizcado. –Bueno, dime qué te pasaba.
Ahí está, se dijo la joven Kocho. Su momento para decirle a Giyuu lo que la estaba molestando.
–Tuve una pesadilla. –Contestó con voz quedita.
–¿Y qué soñaste? –Acomodó un mechón de cabello tras su oreja. –Puedes contarme lo que sea.
–Primero que todo, sabes que te amo, ¿verdad? –Se apresuró a aclarar. –Te amo con mi vida. –Enfatizó. –Lo que te voy a decir es porque no quiero que haya malentendidos entre nosotros en un futuro.
–Vamos Shinobu, dime qué te ocurre.
–Soñé que te perdía por no haberte dicho algo. –Era una verdad a medias. No podía decirle que había empezado soñando que él le decía que la amaba porque la creía Alice. –Por eso te lo voy a decir.
–Espero.
–¿Recuerdas que te hable de Douma, mi exnovio? –Lo vio fruncir el ceño ante la sola mención. –Cuando empecé a coquetear contigo lo hice, en principio, para vengarme de él por la forma en la que me terminó. –Vio que Giyuu no decía nada y decidió seguir. –No contaba con que me iba a enamorar de ti de la forma en la que lo estoy. Te amo y no quiero… ¿A dónde vas?
–Vístete. –Fue lo único que le dijo. –Tenemos que salir.
–Pero…
–¿Hay algo más que quieras decirme? –Preguntó con un tono de voz tan monótono que Shinobu se estremeció de pies a cabeza y apenas negó con lentitud. –Entonces vamos.
–Creo que…
–Shinobu. –Se giro a verla con el ceño fruncido. –Vámonos ¿sí?
La joven tardó un par de segundos en reaccionar. Solo lo hizo cuando escuchó el portazo de Giyuu al salir del lugar.
Y se encontró tan sola como en su pesadilla.
La velocidad a la que iban ni siquiera se sentía dentro del tren bala en el que viajaban.
Aoi llevaba mirando a la ventana desde que el vehículo había empezado a andar en la madrugada. Cuando recibió la noticia que la estaba haciendo volver a Tokyo de emergencia.
– Flash Back –
Los labios de Inosuke se movían con pericia sobre los suyos. Con una maestría con la que jamás la habían besado y bueno, no es que haya besado mucho, pero ese beso era diferente y no precisamente por su fuerte sabor a alcohol.
Se separaron, se miraron mutuamente sin saber cómo reaccionar o qué decir.
–Yo… –Habló Aoi segura de que su rostro estaría totalmente rojo.
–Shh... –La atajó Inosuke y tomó su rostro entre sus manos. –Quiero más.
La joven sabía que eran los tragos los únicos que hablaban por su colega y a pesar de saber que lo natural sería alejarlo, no podía.
O, mejor dicho, no quería hacerlo.
–¡Aoi!
No sabía cuánto tiempo llevaban en eso hasta que escucharon la voz masculina que los hizo separarse.
–¿Goto?
La visión de un hombre alto y delgado, con bata blanca y lentes de marco fino la volvió a la realidad. Era Goto, su profesor, su primera ilusión, el esposo de su hermana.
–Por fin te encuentro. –Habló apresuradamente tras dedicarle una rápida mirada a Inosuke que parecía tan desconcertado como ella aún. –¿Qué le ha pasado a tu celular?
–Se ha quedado sin batería. –Musitó procurando ignorar la situación en la que su cuñado la encontró. –¿Por qué me estabas buscando? ¿Qué haces tú aquí?
–He venido a un congreso y las enfermeras del hospital dónde está tu madre me dieron la ubicación que les dejaste antes de irte ya que no podían dar contigo.
–¿Enfermeras? –Tardó un par de segundos en reaccionar. –Mi madre… ¡Goto! ¿qué le ha pasado a mi madre?
El doctor tomó las manos de Aoi cerradas fuertemente en su abrigo y ejerció más presión de la requerida.
–Aoi, tu madre ha tenido una crisis y está muy mal.
– Fin del Flash Back –
–Ten, es café.
Sus ojos azules se fijaron en el café oscuro que su cuñado le extendía y lo aceptó con una pequeña sonrisa.
–Gracias.
Ingirió un poco del líquido caliente e hizo una mueca de desagrado al notar su amargura.
–No deberías tomar café. –Indicó el pelinegro. –Deberías tratar de dormir, pero sé que eso es mucho pedir ya que eres testaruda.
Fue un pobre intento de levantarle el ánimo y Aoi se lo agradecía a pesar de no poder corresponderlo. Estaba demasiado preocupada por la salud de su madre.
–Así es, no debería aprovecharse del café de quienes sí lo necesitan.
Aoi alzó la mirada a Inosuke que aparecía frente a ella con el rostro húmedo tras habérselo mojado luego de despertarse de la larga siesta que tomó y le ayudó a reponerse de los estragos del alcohol. Inosuke le arrebató su vaso con café y lo reemplazó por un cartoncito de leche con el dibujo de una vaca.
–Hasta tiene popote, Aoisita. –La molestó mientras se tomaba de un solo trago el café amargo y caliente.
–Ojalá la cabeza te estalle.
–Como siempre tan linda. –Contestó con sarcasmo, más despejado gracias a la cafeína. –Ahora, bébete tu leche.
–Muérete, Hashibira. –Farfulló.
Goto observaba asombrado como Aoi rodaba los ojos molesta, pero al final cedía y se encontraba tomando la leche tal y como lo había ordenado su compañero.
Esa no era la Aoi que él recordaba. La Aoi de sus recuerdos era todo espinas y pinchos, siempre a la defensiva y siendo subyugada únicamente por su déspota madre. La misma que destrozaba su autoestima con cada palabra que soltaba y hacía de Aoi una persona introvertida y amargada.
De la Aoi por la que tanta lástima sintió y que lo orilló a conocer a la deslumbrante Ayame ya no quedaba mucho.
–Él es…
–Inosuke Hashibira. –Se presentó él mismo. –Soy el…
–Compañero de trabajo. –Interrumpió Aoi. –Trabajamos en el mismo instituto.
–Eso de día y su masajista personal por las noches. –Agregó guiñándole un ojo al pelinegro cuyo calor corporal empañó sus gafas.
–¡Hashibira! –Exclamó sonrojada. –No lo escuches Goto, solo dice tonterías.
–Si son tonterías, ¿por qué te has ruborizado?
La inspectora se levantó soltando un bufido con dirección al tocador ante las risas del maestro de gimnasia.
–¿Qué tan mal está su madre? –Preguntó Inosuke con semblante serio.
–Muy mal. –Respondió el médico. –No creen que le quede mucho tiempo.
–Aún no se lo digas. –Pidió el peliazul. –De nada le servirá preocuparse ahora que no puede hacer nada. Así que cambia esa cara.
–Ella la quiere mucho. –Suspiró Goto. –Le dolerá mucho perderla.
–Me gustaría poder decir que su madre la estima igual. –Farfulló Inosuke.
–Está muy sola en estos momentos, la enfermera que me habló me dijo que reclama por sus hijas, por las dos. –Se escuchó como anunciaban el arribo a la estación de Tokyo. –Supongo que fue un placer, señor Hashibira. –Completó extendiendo su mano.
Inosuke prefirió morderse la lengua. Seguramente la señora estará pidiendo a su otra hija, pero se consolará con Aoi. Por su cabeza no había pasado la posibilidad de dejarla sola cuando escuchó que su madre estaba mal, y mucho menos ahora que sabía que estaba peor de lo que pensaba. Aoi estaba sola, no contaba con más familia que su hermana. No podía dejarla así.
–Me quedo. –Dijo con firmeza. –Por si se ofrece algo.
Aquello tomó desprevenido al médico que no se molestó en ocultarlo.
–Te preocupas mucho por Aoi.
¿Se preocupaba mucho por ella? No, era la preocupación que mostraría por cualquier otro mortal.
¿Cierto?
–Hace un bonito día, ¿no crees?
Giyuu escuchó de nuevo a Shinobu tratando de entablar conversación.
–Aja…
Y él seguía contestándole seriamente.
Estaba enojado. Sí que lo estaba. La confesión de Shinobu le molestó mucho más de lo que debería.
No, le molestó exactamente lo que debería. ¿Venganza? ¿Lo utilizó al principio? ¿Cuándo él se acercaba a ella de buena fe?
Un ápice de culpa le recorrió el cuerpo, ya que en el fondo sabe que si se acercó a la joven fue por el parecido que tenía con su difunta esposa.
Pero igual, lo que ella hizo era infantil. Coquetear con el profesor para desquitarse del exnovio.
"Te amo."
Cómo puede esperar que crea en sus palabras tras tremenda confesión. ¿Cómo puede confiar que no miente? Quizá también decírselo forme parte de su plan.
Quizá busca una excusa para sacarlo de su vida.
Se detuvo en seco por la opresión en el pecho que le causó tal perspectiva. ¿Será que Shinobu ya cumplió con su objetivo y ahora sí se deshará de él para volver a los brazos de su ex?
Escuchó un crujido de las hojas tras de sí y se giró para encontrar a Shinobu sentada de bruces sobre el suelo, sobándose su tobillo.
La ayudó a ponerse de pie y la sentó en una roca.
–Anda, vete, ya te alcanzaré. –Bufó molesta la joven ondeando su sombrero marrón para darse un poco de aire. –Total, solo debo seguir tus huellas. Da lo mismo ir sola o no.
Con que ella era la ofendida. ¿Qué rayos?
–Las princesas no saben seguir huellas. –Fue lo único que le contestó más con sarcasmo que con humor.
–Eso es mentira, la princesa de la película Valiente era toda una guerrera. –Se defendió. –Rapunzel salió de su torre y Mulán, bueno, aunque Mulán no es princesa, salvó China.
–Digamos que tú no encajas en ese grupo de princesas. –Corrigió. –Vas, más bien en el grupo de Blancanieves y la Bella Durmiente, siempre esperan que el príncipe las rescate.
–Qué estás insi… ¡Auch!
–No está roto, pero te dolerá un rato. –Concluyó tras examinar la herida. –Es una torcedura.
Giyuu giró a ver a su alrededor calculando la distancia para llegar a dónde iban. Estaban cerca, lo suficiente para llevar a la chica sobre su espalda.
–¿Qué? –Preguntó Shinobu al ver la posición de Giyuu.
–Te llevaré. –Dijo sin más.
–Ni hablar. –Negó con orgullo.
–Shinobu. –Utilizó un tono de advertencia. –No seas infantil.
La joven pareció darse cuenta de que con su actitud sólo empeoraría las cosas y no quería hacerlo.
Giyuu sintió su ligero peso acompañado de su aroma cuando se recostó contra su espalda. Le resultaba muy difícil estar enfadado con ella. El asunto que involucra al tal Douma le molestaba mucho. No podría decir si era por la inmadurez demostrada por ella o por la mención de otro hombre en la vida de aquella mujercita.
Sí, Shinobu aún era muy infantil. Es dulce, tierna, sensual, pero, a fin de cuentas, infantil.
Sin embargo, quien lo mandó a él a dormir con una niña.
Tras largas horas de revisiones y pruebas, Muichiro por fin pudo despegar sus ojos del ordenador y dirigirse a los jóvenes.
–Felicitaciones. Es funcional.
Mitsuri no pudo contenerse que se levantó gritando de la emoción. No le importó la cara de susto de su compañero al ver a la silla caer de espaldas.
–¡Lo hicimos! –Chilló emocionada y se giró a su compañero. –¡Es funcional! ¡Sirve! –Mandó todo al demonio. Extendió las manos al joven jalándolo de la comodidad y el confort de su silla y empezó a hacerlo girar por el lugar con ella mientras reía. Como un par de niños. Sin darse cuenta de que poco a poco el joven empezaba a perder el color de su rostro.
Fueron las risas de Muichiro las que hicieron que Mitsuri parara de girar y se dirigiera avergonzada a su superior.
–Disculpa Muichiro. –Dijo roja de la vergüenza, más por el atrevimiento que tuvo con su compañero que por la vergüenza con su superior. –Pero es que me puse muy feliz de saber que el prototipo es funcional.
–No creo que sea a mí a quien debas ofrecer disculpas, Mitsuri. –Añadió señalando al muchacho con las manos sobre sus rodillas y respirando profundamente.
–¡Iguro! –Exclamó alarmada. –¡Lo siento! –Se acercó y tocó su hombro con cuidado procurando ignorar el cosquilleo que sintió al hacerlo. –¿Estás bien?
–De maravilla. –Espetó con sarcasmo alzando el rostro para que Mitsuri note su palidez. –Cuando ganemos este concurso no esperes a que sea el primero en acercarme a ti.
Mitsuri rio muy a su pesar.
–Debes entender que si esto no funcionaba volvíamos al principio y ya no tenemos tiempo para empezar desde cero.
–Exacto. –Interrumpió el peliazul. –Esto es solo el principio. Un buen principio, pero tienen que aplicarse si quieren terminarlo a tiempo.
–¡Claro! –Exclamó la pelirosa con entusiasmo. –Vamos, sigamos trabajando.
–Creo que pueden hacer una pequeña pausa para almorzar.
Una voz femenina llamó la atención de los jóvenes.
–¡Mamá!
La señora Kanroji saludó a los presentes con una sonrisa y se adentró a la sala que ocupaban para trabajar.
–Les he traído el almuerzo. –Canturreó la madre de familia mostrando la cesta.
–Gracias Mamá. –Dijo la hija. –Lo comeremos luego, estamos trabajando.
–Ni hablar señorita. –Reprendió la mujer mayor. –Te conozco muy bien y solo con verlos puedo asegurar que si se enfrascan en trabajar el almuerzo se convertirá en cena.
–Pero…
–Pero nada, Mitsuri. –La atajó. –Es hora de almorzar. –Decretó mientras empezaba a servir usando un escritorio vacío. Se giró al profesor. –Tú debes ser Muichiro, es un placer conocerte. –Ni siquiera dejó que el peliazul le contestara porque de inmediato se dirigió a Iguro. –¡Obanai! que gusto verte, cielo. –Volteó a ver a Mitsuri. –Sírvele a Obanai. –Indicó a su hija.
–Voy. –Contestó molesta la joven. –Lo siento. –Le dijo a Iguro mientras le armaba un bento con lo que su madre había preparado. –Parece que mi madre te ama. ¿Hay algo de aquí que no quieras?
–¿Por qué la pregunta?
–No sé, quizá seas de esos tipos raros que son intolerantes a la lactosa o alérgicos al arroz.
–¿Hay tipos alérgicos al arroz?
–Hay alergias para todo, supongo que el arroz no es una excepción. O quizá si comes algún alimento te conviertes en monstruo.
–No soy un Gremlin.
Mitsuri tuvo que morderse la lengua para no reírse ante la imagen mental de Iguro mutando tras ser mojado.
–Bueno, yo no apostaría por eso.
Obanai analizó la comida y no demoró mucho en contestar y devolverla a la realidad:
–No. Todo se ve delicioso.
Volvió a quedarse en silencio. No debería ser así. ¡Ella no era así!, siempre estaba hablando de algo. Piensa Mitsuri, piensa.
–Siempre pensé que serías de esos niños remilgados que solo comen queso amarillo y agua en botella. –Soltó mientras servía y su madre seguía charlando con Muichiro. –Pero no lo eres. Al menos no en ese aspecto. –Agregó tras recordar la superioridad con la que se siente respecto a los demás.
Aquello molestó un poco a Iguro. Es decir, primero las alergias, luego los Gremlins y para terminar le acusa de remilgado.
–Yo pensé que tu familia estaría tan loca como tú.
Aquello fue como presionar un botón en la tolerancia de Mitsuri. ¿Qué se creía el niño ese?, que ya porque sus sonrisas la desubican, porque sentía cosquillas en las palmas al tocarlo o porque últimamente pensaba mucho en él, podría venir y decirle lo que quisiera. No señor.
–¡Eres un malagradecido! Mi madre nos ha preparado el almuerzo. –Bufó molesta. –Seguramente la tuya no sabe dónde estás y poco le importa.
–Tienes razón. –Contestó el joven. –Pero no me dejaste terminar. Tu familia es muy agradable, especialmente tu mamá.
Dicho lo cual, tomó el plato de las manos de Mitsuri sin importarle si estaba listo o no y fue a sentarse junto a Muichiro y a la mamá de ella.
Solo en ese momento Mitsuri se dio cuenta de la calamidad que había dicho. No lo sintió por lo mucho que aquello podría repercutir en su relación laboral. Lo sintió por la expresión en el rostro de Iguro cuando lo dijo. Pero era él y su exasperante manera de contestar. Se dijo que él siempre había sido así.
Era ella la que lo tomó a mal, sin motivo aparente. No debió meterse con su disfuncional familia de él. No cuando ella sabe el desinterés de su familia.
Cuando sabe lo solo que está Obanai Iguro.
No tardaron mucho en llegar al lugar que él quería llevarla. Ahora el problema radicaba en que era demasiado pronto. Tendrían que ver cómo aprovechaban el tiempo hasta entonces.
Ahí, solos, en medio de la nada.
Muchas ideas no tan decentes se colaron por su mente en cuestión de segundos.
Pero él seguía molesto con ella y para terminarla de rematar, la princesa también se había enojado con él.
–A ver, muéstrame ese tobillo.
La joven se mantuvo callada y extendió su pie para que él retirase la sandalia. Tan señorita como siempre.
Giyuu examinó el área herida. Se estaba inflamando un poco. Revisó nuevamente, por si acaso se tratase de una fractura. Pero nuevamente concluyó que era sólo una torcedura.
Con sorpresa vio unas lágrimas mojar el dorso de su mano y cuando alzó la vista se encontró con Shinobu a punto de desencadenar llanto.
–Siento si te apreté muy fuerte. –Se disculpó relacionando sus lágrimas con el dolor físico de la herida. –Puede que lo mejor sea marcharnos.
–¡No! –Se apresuró a contestar. –Quiero ver lo que quieres mostrarme.
–¿No te duele mucho el pie?
–No, puedo aguantar. –Aseguró con una sonrisa mal disimulada.
El semblante de Shinobu estuvo a punto de hacer flaquear a Giyuu en su pose de ofendido. Requirió de mucho autocontrol para levantarse y darle la espalda a la joven. Sintiendo como el viento fresco de la tarde golpeaba en su rostro.
Poco tardó en sentir como lo abrazaban por la espalda y sentir a Shinobu pegada a la misma.
–Sabes que no lloro por el dolor del pie. –Susurró contra su camisa. –¿Recuerdas mi pesadilla?
Se limitó a asentir.
–Bien, pues en esa pesadilla te ibas con Alice. Estabas tan feliz con ella.
–Eso es una tontería, Alice está muerta.
–Douma aparecía. –Ignoró lo que Giyuu le había dicho y siguió con su relato. –Y me acusaba de haberlo tramado todo para recuperarlo y recordé que al principio era así. Tú te alejabas cada vez más, estabas tan feliz con ella y Douma no me dejaba seguirte. Te lo dije porque no quería que llegaras a escuchar otra cosa y malinterpretarlo. No quiero a Douma ni envuelto en papel de regalo. Te quiero a ti, sólo a ti y te lo he demostrado más de una vez.
Con que esa era la historia completa. Seguía molesto, pero ya no tanto con ella. Sino con el idiota que la había hecho sufrir.
–¿Tanto te importó ese tipo como para hacer esa niñería?
Su voz salió cargada con el coraje que sentía. Al final, de eso se trataba todo. La molestia de saber que el exnovio de Shinobu había sido alguien importante.
–En su momento sí. –Le contestó seria. –Y su traición golpeó directamente mi ego. Entiéndeme, nunca nadie había rechazado a Shinobu Kocho.
–¿Eso me incluye?
–No. –Contestó con vehemencia. –Además, tú me rechazaste más de una vez. –Le recordó. –Si no me importara lo que hay entre nosotros no te habría dicho nada, me hubiese dado igual si te enterabas o no.
En eso tendría que darle la razón.
–¿No vas a decirme nada? –Se notaba que Shinobu empezaba a impacientarse. –Te he dicho lo que pasó, te he explicado y repetido que te quiero. Que es mucho más de lo que tú me has dicho.
–¿A qué te refieres? –¿Estaba tratando de convertirlo a él en el malo de la película?
–A que nunca me has dicho que me quieres. –Reprochó. –Yo te he hablado de Douma, demostrándote lo indiferente que es para mí, ¿y tú? Tú nunca me dices nada.
Giyuu podía ver a dónde se dirigía la conversación.
–Háblame de Alice.
Estar en hospitales siempre le molestó. Y viendo a Aoi, temblorosa y reclinada contra el cuerpo inmóvil de su madre solo hacía que aquella aversión al lugar se reafirme.
Se quedó atrás, respetando su espacio junto al cuñado de ella. Lo había escuchado hablar con el doctor encargado y tras hablar en términos médicos que no entendía, el encargado de la señora Kanzaki le dijo a Goto que a lo mucho le quedaban un par de horas.
–Ayam…
Un sonido ronco, de lo que antes era la voz de una mujer salió de los labios de la mujer postrada en la cama.
–Mamá, tranquila.
Inosuke escuchó a Aoi hablarle con la misma ternura que siempre, acariciaba sus cabellos y la miraba con amor.
–Aoi. –Alcanzó a decir. –¿Dónde está tu hermana? Quiero ver a Ayame.
La peliazul sintió como una daga atravesaba su corazón ante la poca importancia que le daba su madre a su presencia.
Inosuke sintió rabia por un momento y luego lástima por la situación de la señora.
–Su vuelo se atrasó. –Mintió, ya que Goto la había excusado de esa manera cuando sabía perfectamente que poco le importaba a su hermana que su madre estuviera así.
–Mi preciosa niña. –Un atisbo de sonrisa se coló en el demacrado rostro. –Tienen que cuidarla, ella es como una delicada flor.
La señora Kanzaki siguió diciendo un par de cosas sobre su hermosa hija sin tomar en cuenta a los sentimientos de su hija mayor. Inosuke ya estaba al borde de su paciencia. Odiaba ver el abuso contra los más débiles y detestaba ver como una mujer con el carácter de Aoi era subyugada por su madre de esa manera.
–Mire señora…
–Está bien, Hashibira. –Lo interrumpió Aoi.
–No, no está bien. –Contrapuso. –Debería darse cuenta de que eres tú quien está a su lado en estos momentos y no la bruja de tu hermana.
–¡Hashibira!
Con la poca consciencia que tenía, la mujer apreció el cuadro delante de ella y sonrió. Fue una fracción de segundos y sólo Goto pudo verla, pero lo hizo antes de dar un profundo suspiro.
–Aoi es fuerte. –Dijo con un hilo de voz. –Mucho más fuerte que su hermana y yo juntas. Como mujer, siempre he envidiado eso. –Se detuvo un momento antes de decir con lágrimas en sus ojos. –Y es ese orgullo de mujer el que me impidió decirle, como madre, lo orgullosa que estaba de ella.
–Mamá…
Y tras regalarle una genuina mirada de cariño, la señora Kanzaki cerró sus ojos y dejó de respirar.
–Lamento quitarte tiempo en tu viaje escolar Kanao. –Se disculpó la joven profesora mientras le ofrecía un vaso de café a su estudiante. –Y muchas gracias por apoyarme, sin ti no hubiera podido atender a los estudiantes que han enfermado.
–No agradezca profesora Hinatsuru, es algo que disfruto hacer.
–Por supuesto que tengo que hacerlo, mi esposo Uzui tiene poco tacto para atender a los estudiantes. –Mencionó un poco avergonzada.
Kanao observó un momento a su profesora en silencio. Le parecía curioso el hecho de que alguien como ella se hubiera casado con el profesor Uzui. No quería decir que él fuera desagradable, era apuesto a simple vista, pero tenía una personalidad algo "extravagante" como diría él. Al contrario de la profesora Hinatsuru, que además de ser muy bonita, era alguien tranquila y muy amable.
Al parecer esa teoría de "polos opuestos se atraen" era real. Pero como sea que haya sido, ambos se veían felices y aunque no lo demostraran se percibía el amor que se tenían. Tal vez ella en algún momento llegó a imaginarse casada con Tanjiro.
Suspiró. Todo hubiera sido más fácil si él no la hubiera rechazado desde un principio.
–Kanao.
La voz de su profesora llamándola la obligó a salir de sus pensamientos.
–¿Si profesora?
–¿Te encuentras bien? –No pudo evitar hacerle esa pregunta al verla tan sumergida en sus pensamientos.
–Claro. –Contestó un poco avergonzada. Rayos, tenía que dejar de pensar tanto cuando estaba con las personas.
–¿Segura? Tal vez estabas pensando en algún muchacho. –Bromeó un poco para distraerla, pero al verla tensarse por un momento descubrió que sí era eso. –Creo que sí es eso. –Afirmó con una amable sonrisa. –Si te ayuda en algo, puedo darte un consejo como agradecimiento por tu apoyo de hoy. Lo de menos te daba puntos extra, pero al menos en mi clase ya tienes de sobra.
Kanao mordió ligeramente su labio inferior. ¿Se vería tan desesperada si tomaba un consejo de su profesora? Dios, si su hermana no se hubiera ido de viaje con sus padres no tendría que recurrir a una desconocida. Aunque tal vez por la diferencia de edad podría recibir un consejo útil.
–Bueno… –Comenzó a hablar no muy convencida. –Hay dos chicos que me gustan y ambos me corresponden. Debido a ello me siento cansada de que siempre discutan cuando estoy presente y pienso que la única forma de parar todo esto es elegir a uno de ellos, o no estoy muy segura.
–Hmm… Veamos… –La profesora se llevó una mano al mentón de forma pensativa mientras analizaba la situación. –Pero ¿tú cómo te sientes contigo misma?
–¿Yo…? –No entendía el porqué de la pregunta, pero al ver a Hinatsuru asintiendo decidió contestar. –Me siento abrumada e indecisa. La situación de ahora me pone tensa y no pienso en otra cosa que no sea en ello. –Soltó un largo suspiro. –Estoy cansada.
–Tal como me dices las cosas, decidir a uno de los dos sería más por obligación que por otra cosa. –La profesora le brindó una amable sonrisa. –Antes de pensar en los demás, piensa en ti primero. No podrás corresponderle correctamente a alguien si no estás segura de ti misma. Tal vez sea contraproducente y termines arrepintiéndote de tu decisión. –Observó como su estudiante la miraba sorprendida, como si se hubiera dado cuenta de algo. –Eres joven Kanao, aun te queda una vida por delante y a tu edad no es obligatorio tener novio, esas cosas se darán poco a poco. –Por un momento meditó lo que diría después. –Mi consejo sería que te des un tiempo para ti hasta que te sientas mejor. Si esos chicos en verdad te quieren, respetaran tu decisión y podrán darte tu espacio. Tal vez eso te ayude a despejar tus pensamientos
Kanao no pudo contestar de inmediato, se había sorprendido. Tal vez su defecto era querer complacer a todo mundo, empezando por su padres, y eso la llevó a no tomar en cuenta sus propios sentimientos. Tal vez con el paso del tiempo podría darse cuenta de quién es la persona que merece estar a su lado.
–Gracias profesora. –Agradeció sinceramente Kanao mientras caminaba hacia la salida. Ahora se sentía más relajada. –Iré a alcanzar a mi grupo, con permiso.
Y con un peso menos encima, salió para encarar su futuro.
Se había pasado toda la mañana buscándola, pero no fue hasta que una compañera le dijo que fue a ayudar a la profesora Hinatsuru con un par de estudiantes que se habían enfermado. Ahora se dirigía a la cabaña dónde había estado su hermana en reposo.
Desde el día anterior no habían podido hablar, sobre todo por ese repentino encuentro que tuvieron con quien al parecer fue novio de su hermana Kanae.
–Flash Back –
El olor a café inundaba sus fosas nasales y calor que lo envolvía era reconfortante, más aún si se la habían pasado prácticamente toda la tarde merodeando en el frío.
Observó a las dos personas que tenía en frente. El ambiente era un poco tenso y ninguno de los no sabía que decir. Desde que el sujeto por nombre Sanemi los había llevado a una cafetería para invitarles un café, ninguno de los dos ha mencionado palabra alguna.
–¿Entonces se han perdido? –Preguntó Sanemi tratando de acabar con el silencio.
Silencio.
–Así es, disculpe otra vez por las molestias. –Contestó Tanjiro al ver que no hubo respuesta por parte de Kanao. Su actitud le hacía pensar que le tenía cierto coraje al novio de su hermana.
–No se preocupen, en cuanto acabemos los llevaré a su campamento. –Habló nuevamente, pero sin recibir otra vez respuesta por parte de Kanao.
Sanemi apretó ligeramente los labios. No creyó que la situación fuera tan difícil.
–Kanao. –La llamó atrayendo su atención. –Sé que es un poco precipitado, pero me gustaría saber… ¿Cómo está Kanae? De seguro se ha casado o está ejerciendo su profesión como maestra, ya que era lo que ella quería porque…
–Está muerta. –Respondió de forma cortante.
El corazón de Sanemi se encogió. Una parte de él, muy en el fondo, ya sabía eso, pero otra todavía tenía la esperanza de que haya mejorado y siguiera con su vida sin él.
–Yo… Lo lamento mucho.
–Sí, se nota. –Kanao empezaba a hablar de manera sarcástica. –Tanto que jamás volviste a buscarla después de que su salud empeorara. –Ella recordaba perfectamente como su hermana lloraba porque él nunca volvió a aparecer, cómo miraba hacia la puerta con la esperanza de que llegara o cómo en sus últimos momentos pensó en él. –Mi hermana sufrió tu abandono, se preguntaba por qué nunca volviste, e incluso tu nombre fue lo último que salió de sus labios antes de morir. –Limpió sus mejillas cuando sintió algunas lágrimas caer.
–Entiendo si Shinobu y tú me odian, después de todo yo también me odio y no hay día en el que no me arrepienta por mi cobardía. –Contestó formando una sonrisa amarga en su rostro. –No quiero justificarme, en verdad yo intenté estar ahí. Cuando me enteré de que estaba enferma le prometí estar siempre a su lado y estaba dispuesto a cumplirlo. –Soltó un largo suspiro y continuó. –Pero un día llegué a su casa y sus padres me corrieron de inmediato diciéndome que no permitirían que su hija siguiera con un pandillero y un muerto de hambre como yo. Todos los días intentaba verla soportando los insultos de ellos.
Kanao se sorprendió por un momento. Ahora recordaba que en un par de ocasiones ella intentó abrir la puerta cuando tocaban, pero sus padres se lo impedían y la mandaban a su habitación sin razón aparente.
Sanemi al verla en silencio, continuó.
–Soporté maltratos y humillaciones por casi un mes, hasta que se hartaron y amenazaron con llamar a la policía si seguía insistiendo. Me fui y por un momento no me importó su amenaza. Sin embargo, después de meditarlo llegue a la conclusión de que tal vez era mejor dejarlo así. Yo no tenía nada que ofrecerle a Kanae y ella merecía a alguien mejor. Yo sólo tenía una familia rota y una casa humilde, en ese tiempo no confiaba en que algún día podía superarme. –Tomó un sorbo de su café. –Me alejé con la esperanza de que Kanae mejoraría y cumpliría sus sueños. Decidí continuar con mis estudios y cuando logré ingresar a la universidad fui a buscarla, pero me enteré de que ya no vivían en ese departamento y que su padre había tenido suerte al hacer una gran fortuna con su empresa.
Aún recuerda cuando llegó con la ilusión de que ella estaría ahí, pero los vecinos le dijeron que se habían vuelto millonarios y que se mudaron a una de las zonas exclusivas de Tokyo. Pensó que con el estatus que ahora tenían sería imposible buscarla.
–Me sentí aliviado porque sabía que ninguna de ustedes tendría dificultades para salir adelante. –Apretó con fuerza su puño. –Aunque, aún conservaba la esperanza de que Kanae estuviera viva, pero una parte de mí, muy en el fondo sabía que ella había muerto. Ahora que me lo has confirmado me arrepiento más que nunca de las decisiones que tomé.
–Fue muy cobarde. –Le reprochó Kanao. –Si tan solo se hubiera mantenido firme, tal vez… –Iba a seguir protestando, pero la mano de Tanjiro apretando la suya la detuvo.
–Kanao. –Le llamó Tanjiro. –Entiendo que estés molesta, pero… –Llevó su mira al joven que tenía en frente para observar la tristeza marcada en sus ojos. –Creo que ya ha sufrido lo suficiente. Sé que no es fácil de entender, pero a veces como adolescentes no pensamos bien las cosas y tomamos decisiones precipitadas.
La joven mordió sus labios. Tal vez tenía razón, ambos han sufrido la pérdida de su hermana. Aunque tampoco le podía pedir que lo perdonara tan fácilmente. No cuando recordaba como su hermana sufrió su abandono en sus últimos momentos.
–Yo… –Se levantó de su asiento soltando con delicadeza la mano de su amigo. –Necesito tomar un poco de aire, permiso. –Anunció para después retirarse dejándolos solos.
–Lamento lo ocurrido. –Se disculpó Tanjiro una vez estando solos. –Para ella aún es difícil esto, pero con el tiempo entenderá mejor todo y podrá perdonarlo.
–No espero su perdón. –Respondió Sanemi. –Una parte de mí necesitaba explicarle como fueron las cosas para estar tranquilo conmigo mismo. Sé que así no enmendaré el error que cometí, pero al menos ya sabrán la verdad.
Llevó una mano a su gabardina y sacó una tarjeta para entregársela a Tanjiro.
–Ahí van todos mis datos de contacto, por favor entrégasela a Kanao. Si hay algo en lo que pueda ayudarlas, pueden llamarme. –Pidió mientras se ponía de pie y dejaba el dinero de la cuenta sobre la mesa.
–Disculpe, pero… –Le llamó Tanjiro al ver que estaba dispuesto a irse. –¿No iba a llevarnos a nuestro campamento?
–Ya le he mandado mensaje a mi chofer para que los lleve. No significa que no quiera llevarlos yo, pero creo que Kanao necesita un poco de espacio y tampoco quiero abrumarla.
–Entiendo, muchas gracias por su apoyo. –Agradeció el pelirrojo poniéndose de pie para hace una ligera reverencia.
–Lo que me recuerda… –Sanemi se giró nuevamente hacia Tanjiro para observarlo fijamente. –¿Kanao y tú son novios?
Esa pregunta lo hizo sonrojar por completo.
–¡N-no! Bueno… Aún no, lo que pasa es que…
–Qué raro. –Le interrumpió. –Antes de saber quiénes eran parecía que en cualquier momento ibas a besarla. –Vio como Tanjiro no respondía, así que continúo. –Cuando quieres conquistar a alguien, no quiere decir que puedas actuar como se te dé la gana.
–Perdón, pero ¿a qué se refiere?
–Yo también fui adolescente, y cuando no quería perder a alguien actuaba de forma impulsiva. Con el tiempo, me di cuenta de que eso no era lo correcto. Hay que respetar su espacio y no debemos presionarlas para que nos elijan. Debemos hacer que se sientan seguras con nosotros y no nerviosas. Si no es así… ¿Cómo podrás inspirarle confianza para que esté a tu lado? –Se giró nuevamente para dirigirse a la salida. –Puedes tomarlo como un consejo o como una amenaza, ya que estoy dispuesto a proteger a Kanao y Shinobu como si fueran mis hermanas. Es lo menos que puedo hacer por Kanae. –Y con eso ultimó, salió de la cafetería sin decir más.
– Fin del Flash Back–
Un escalofrío recorrió su cuerpo al recordar sus palabras. Dios, una amenaza por parte de alguien como él asustaría a cualquiera.
Pero, aunque fuera aterrador, esas palabras estaban cargadas de razón. Tal vez debería…
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando vio a Kanao salir de la cabaña.
–¡Kanao! –La llamó atrayendo su atención mientras corría para alcanzarla. –¿Por fin te has desocupado?
–Sí. –Contestó simplemente.
–¿Estás bien? –Preguntó al verla tan seria. ¿Seguiría molesta por lo de ayer?
–Sí, no te preocupes.
–Bien… Vayamos de vuelta al campamento, al parecer nos asignarán una actividad final antes de que nos vayamos. –Trató de restarle importancia a su actitud y sin decir nada más ambos se dirigieron de vuelta al campamento.
Después de lo que pasó ayer, trataría de ya no actuar como un idiota.
Se suponía que debía ser un bonito día, el último día que pasarían así juntos sin el temor al qué dirán.
Pero no. Estaban en una colina en el medio de la nada y discutiendo.
Algo de bueno tenía el asunto. Al estar donde estaban tenía todo el derecho de alzar la voz.
–¿Y bien? –Exigió saber Shinobu, manteniéndose firme.
–Ya sabes de Alice. –Fue la única respuesta de Giyuu.
–Sé que fue tu esposa, que la amaste mucho, que murió y que aún te duele. –Expuso. –Pero quisiera saber cómo te sientes ahora respecto a ella. Quiero saber tus sentimientos al respecto. Giyuu, solo cuando te deshagas de eso podrás ser libre.
–No quiero deshacerme de eso. –El semblante de él se puso a la defensiva.
–No, no soy tu enemiga Giyuu. No te estoy pidiendo que la olvides. –Aún se veía tenso –¡Te amo, maldita sea! Si no fuera así, ¿por qué seguiría con un hombre que aún está casado con su difunta esposa?
El tobillo lastimado la obligó a sentarse bruscamente, captando la preocupación del pelinegro. Ahora sí lloraba. Estaba molesta por la situación.
–Habla conmigo, Giyuu. –Pidió. –Déjame acercarme a ti.
–Estás peligrosamente cerca.
Shinobu lo miraba a los ojos, a esos hipnotizantes ojos azules.
–Es ilógico, lo sé. –Contestó él. –Pero, aunque no lo creas, confío en ti. Por eso me molesto enterarme de que para ti no era más que un juego.
–¡Fue al principio! –Repitió. –El plan me estalló en la cara nada más al empezar a ponerlo en práctica y terminé enamorándome de ti.
–Lo sé.
Esa no era la respuesta que ella quería.
–Háblame de ella… no, de lo que sientes por ella.
Giyuu se veía dudoso. Claramente no sabía qué contestar.
–Alice… ella… –Sacudió la cabeza con frustración. –No puedo, no todavía. Lo siento.
Se acercó para abrazarlo. Quizá pidió mucho, tiene que ser más paciente. El viaje ha sido maravilloso. Ha conocido muchas facetas de Giyuu que desconocía. Y sí, ella sabía que estaban más cerca el uno del otro.
–Soy persistente. –Le recordó. –No me daré por vencida contigo. Algún día me amaras tanto como… –Se detuvo un momento. –Como yo te amo a ti y me lo vas a decir y yo me sentiré la mujer más afortunada del mundo.
–No puedo decirte lo que siento por ti. –Le dijo él con voz ronca. –Pero puedo demostrártelo.
Y se abalanzó a sus labios.
–Maldición.
Ya ni siquiera sabía cuántas veces se le habían caído las benditas ramas.
Estúpido profesor Uzui y su prueba de supervivencia de mandarlos a acampar hasta la mañana siguiente. Con el frío que hacía ¡Deberían denunciarlo! Bueno, les dio todos los instrumentos necesarios para no morirse de frío. Cobertores térmicos y agua. Ellos tenían que armar la carpa, prender el fuego y alimentarse.
El objetivo era convivir y cooperar.
Sería fácil si no estuviera en el mismo grupo que el rubio teñido ese.
Fue algo automático. Cuando Uzui dijo que podían ellos armar los tríos, había tomado la mano de Nezuko que estaba cerca antes de que empezaran a verlo como el pavo más gordo de acción de gracias. Además, así ganaba terreno y separaba al extranjero de Nezuko. No contaba con que al mismo tiempo el fulano había hecho lo mismo y automáticamente se convirtieron en el primer grupo.
Para terminar de empeorar, el de ojos verdes se las dio de líder y decidió que Nezuko y él armarían el campamento y lo enviaron a buscar leña para la fogata.
Qué tontería.
–¿Necesitas una mano? –Escuchó como alguien le preguntaba en tono burlón. Se giró para toparse con su mejor amigo.
Genial, lo último que necesitaba era a Tanjiro burlándose de él.
–No, gracias. Sé arreglármelas yo sólo. –Contestó fastidiado mientras sostenía con fuerza las ramas que cargaba. –¿Dónde te has metido? Te he visto pocas veces durante el viaje.
–Ocupándome de mis propios asuntos. ¿Y tú?
–Cuidando a Nezuko mejor que tú, por supuesto.
Tanjiro se encogió de hombros.
–No puedo estar encima de ella todo el tiempo, ya está en edad de dejarla divertirse por su cuenta. –Entonces se le ocurrió algo para fastidiarlo. –Además, está con Jacob, él es un buen chico.
Por su parte, Zenitsu sintió como si le hirviera la sangre.
–¡No puedes decirlo en serio!
–¿Por qué no? –Preguntó el pelirrojo intrigado. –Él ha sido muy atento con ella. Incluso si Nezuko quisiera salir con él no se lo impediría. –Tanjiro sabía que estaba tocando terreno peligroso, pero tenía que darle un golpe de realidad a su amigo. Al ver que no contestaba, continúo. –No entiendo por qué te molesta, después de todo tú mismo me dijiste que no veías a Nezuko como algo más.
–Es que Jacob es un idiota, por eso. –Trató de justificarse.
–¿Entonces todos los hombres que quieran acercarse a ella son unos idiotas? –Negó con la cabeza. –Seré claro contigo Zenitsu. Nezuko está enamorada de ti, pero tampoco quiere decir que le tengas que dar falsas esperanzas de algo que no se dará nunca. Tienes que ser sincero con ella.
–Ya la rechacé, le dije que no podía corresponderle. –Soltó sin más.
–Bien, entonces deja de entrometerte en sus asuntos si ella se está interesando en alguien más. –Le advirtió.
–Yo podría decirte lo mismo con Kanao. –Zenitsu le dedicó una mirada de enojo.
–Lo mío con Kanao es diferente. Yo sí estoy enamorado de ella y no le estoy dando falsas esperanzas. Soy sincero conmigo mismo y sé lo que quiero. –Se defendió. –Entonces no tienes nada que reprocharme.
–A la mierda. –Bufó Zenitsu molesto mientras se alejaba de su amigo.
"Yo sí soy sincero conmigo mismo". ¿A qué carajo se refería con eso? ¿Le estaba insinuando que ocultaba sus verdaderos sentimientos? ¿Y si en verdad se estaba enamorando de Nezuko?
Bah. Eso es una estupidez.
Ahuyentó sus pensamientos hasta llegar al sitio donde dejó a Nezuko.
–¿No te parece que es muy rojo?
Esa era la voz de Nezuko. La buscó y rápidamente dedujo que se encontraban dentro de la tienda ya hecha. Ni siquiera prestó atención a lo bien que lucía el campamento. ¿Qué era lo rojo?
–No, me parece que va muy bien con tu tono de piel. Eres muy rosadita Nezuko.
Ese era Jacob. ¿De qué hablaban?
–¿No es demasiado transparente?
¡¿Nezuko había dicho rojo y transparente?!
–En lo absoluto. Deja ver lo bien formados que están.
¡¿Qué estaban bien formados?!
–¡Jacob!
Zenitsu se quedó pasmado ¿Qué era rojo, transparente y dejaba ver lo bien formados que están?
–A mí me gusta cómo se te ve, te ves sexy. Caigo rendido ante tu bella estampa.
¡¿Qué carajo?! La imagen de la castaña en un negligé rojo transparente y desfilándolo ante Jacob lo hizo soltar la leña y acercarse a paso decidido a la tienda de campaña. Dios, si era lo que creía era capaz de ir por Tanjiro para demostrarle que ese idiota no era de fiar y así darle una paliza entre los dos.
–Refresca un poco…
–Deberías sacártelo entonces, igual, eres linda al natural.
–¡Nezuko no se sacará nada!
Abrió la cremallera de la tienda de un solo golpe casi dañándola. Estaba listo para moler a golpes al extranjero ese por hacer lo que creía que iba a hacer.
No esperaba encontrarse con la estampa de enfrente. Nezuko analizando sus labios frente a un espejo que sostenía el otro rubio y con un labial rojo en sus manos.
–¿Qué haces escuchando a hurtadillas, Zenitsu? ¿Y por qué no puedo sacarme mi nuevo brillo de labios sabor cereza?
Ahora el que parecía cereza era él. Nezuko lo miraba con inocencia, pero el otro… se burlaba de él disimuladamente.
–Sí, ¿por qué Zenitsu? ¿Qué pasó por tu cabeza al escuchar nuestra conversación?
Zenitsu se giró antes de que se notara lo rojo que estaba.
Las ganas de estrangular a Jacob crecían cada vez más
–Estamos afuera…
Calló a Shinobu con un beso mientras sus manos seguían recorriendo su cuerpo con deseo.
–Sólo por eso, no te voy a desnudar…
Tras escuchar a Shinobu acusarlo de no quererla sólo porque no podía decírselo, se alteró. No, él aún no puede hablar de Alice con ella. Sería como abrirle completamente su corazón.
Y volver a exponerlo para que lo lastimen.
No quería volver a ser lastimado, pero tampoco quería lastimar a la chica que gemía bajo su cuerpo.
Le creía cuando le decía que lo amaba.
Y ¡Dios! Se sentía maravilloso escucharla, sentirlo tan sincero. Por eso entendía que ella quisiera escuchar lo mismo salir de sus labios.
Desearía poder decírselo.
–Shinobu… te necesito tanto…
No podía hacerlo. Aún no podía decírselo.
Aunque ya las dudas se despejaron de su mente.
¿Por qué le molestaba que le coquetearan? ¿Por qué le irritaba en sobremanera la mención del exnovio? ¿Por qué se sentía tan bien cuando ella le decía "Te amo"?
Alice aún está y probablemente se quedará por mucho tiempo aún. Pero Shinobu también.
Sí, Shinobu también estaba muy cerca.
Demasiado.
Peligrosamente cerca de su corazón.
Aoi agradecía la diligencia de Goto ya que había arreglado todo para que su madre fuera velada esa misma noche. En un par de horas se encontraba vestida con un traje oscuro y sosteniendo la imagen de su madre, con cintas negras cruzadas.
No había derramado ni una sola lágrima hasta ese momento.
Cuando la vio cerrar sus ojos y dejar de respirar, tuvo una acumulación de sentimientos. Dolor, lástima, pena y ¿por qué no? Consuelo y alivio. Su madre sufría mucho en su estado. Era mejor que descanse en paz.
¿Sentía resentimiento?
Ya no y no sólo porque su madre le hubiese dicho las palabras más bonitas que recuerda. Sino porque nada gana al guardarle rencor a alguien que ya no está.
El velorio fue muy íntimo. Ninguna de ellas era muy sociable, cada una por sus razones. Aoi era tímida mientras que Ayame y su madre eran elitistas.
Asistieron algunas enfermeras del centro donde estaba internada, unas primas extremadamente lejanas, gente desconocida que saludaba Goto, seguramente eran conocidos de Ayame. Le daban el pésame y se marchaban. Seguro ni siquiera sabían de ella, solo lo hacían porque llevaba la foto de su madre.
En otras circunstancias se sentiría muy sola, pero extrañamente la presencia de Inosuke a su lado no la hacía sentirse así. Creyó que tras expresar sus condolencias se iría a su casa y no lo volvería a ver hasta que las clases empezaran nuevamente. Sin embargo, tras un par de horas, apareció en el velorio vestido de negro y se colocó en silencio a su lado. Apoyándola discretamente.
–Pero qué ambiente más triste. Por eso odio los funerales.
Aquella molesta voz. Aoi se giró a la puerta de entrada para ver a su recién llegada hermana. Glamorosa en su atuendo de duelo y con un pañuelo en sus manos. Tres minutos después, el amante de su hermana entró por la puerta.
–Ayame. –Masculló Goto entre dientes. Molesto, a su parecer. –Es el funeral de tu madre. Muestra un poco de respeto.
–No entiendo para qué me hiciste venir tan pronto. Aoi se está encargando muy bien de todo, pude llegar mañana tranquilamente y poder estar en el último desfile. Total, está muerta, mi presencia aquí hoy o mañana no cambiará eso.
Ni siquiera pudo verlo venir. En una fracción de segundos Aoi entregó la foto de su madre a su cuñado y abofeteo a su hermana menor con fuerza.
–Eres un ser despreciable. Ella te amaba y te llamó hasta su último suspiro. No vales nada, hermana.
Y ante la estupefacción de todos dejó la sala de velatorio con la cabeza en alto. Por el rabillo del ojo vio a Goto reclamándole a su esposa. Algo que Aoi jamás había visto hacer. Bueno, ya era hora de que ese pobre hombre reaccionara.
Bajó las escaleras rápidamente y sin darse cuenta salió del edificio. Afuera enfriaba y pequeños copos de nieve indicaban el invierno que llegaba. Tenía frío, hasta que sintió el calor de una prenda masculina.
Cuando se giró y vio a Inosuke con una sonrisa conciliadora y amable nuevamente, sintió alivio. Sin saber por qué.
–Menudo espectáculo el que diste allá arriba. –Le dijo tratando de sonar despreocupado. –La bruja de tu hermana se lo merecía.
–Lo sé… –Sentía que le faltaba algo, que necesitaba algo y no sabía qué era.
Inosuke si lo sabía y sin pensárselo dos veces se acercó a abrazar a su compañera de aventuras.
–Ya está bien, ya puedes llorar.
Las lágrimas empezaron a caer sin misericordia. Ahogaba sus sollozos en el pecho del muchacho. Su madre había muerto y sea como sea le dolía. Especialmente por la madre amorosa de sus primeros años de vida. Las humillaciones recibidas los años siguientes, sus pérdidas amorosas, la muerte de su padre. Lloraba por todo eso en los brazos de Inosuke.
Un sobrecogedor sentimiento de libertad apareció súbitamente. Era pequeño, pero fuerte.
Tenía que llorar, solo después de sacar todo lo que llevaba por dentro se sentiría en paz.
Sería libre.
Si por la forma como Giyuu la tocaba podría decir algo de sus sentimientos, entonces tendría muchas posibilidades de que lo que siente por ella sea amor.
Aún en los momentos más atrevidos como ese en los que le hizo el amor con la ropa aún puesta.
–No me gusta pelear contigo. –Le dijo cansada.
–Si las reconciliaciones serán así, no estaría mal pelear de vez en cuando.
–Entonces, ¿ya no estás enfadado conmigo?
Sintió a Giyuu suspirar debajo de ella.
–No, de haber estado genuinamente enojado contigo no te hubiera traído aquí. –Explicó.
–Nunca me dijiste qué vinimos a ver. No creo que sea para esto.
Sintió el ronroneo de su risa en su pecho.
–Me gusta hacerte reír. –Confesó Kocho.
–Antes no tenía motivos para hacerlo.
Shinobu no pudo evitar ruborizarse.
–Me gusta hacerte sonrojar.
–Presumido. –Le riñó con cariño.
–Quizás. –Respondió despreocupado. –Pero mira allá, te traje para que veas eso.
Shinobu ni siquiera podía expresar con palabras la majestuosidad de lo que sus ojos veían. El sol se ponía en el horizonte dando paso al crepúsculo de la forma más bonita que había visto.
Ni siquiera la ciencia moderna con todos sus avances podrían crear una réplica de lo que tenía frente a sus ojos.
–Es hermoso.
–Descubrí este lugar un año después de que falleciera mi madre. –Comenzó a relatar. –Papá me trajo ese año y yo no quería pasar tiempo a solas con él. Entonces empecé a explorar y este sitio es muy bueno para pensar y meditar cuando quieres estar solo. –Sonrió ante el recuerdo. –Un día me quedé dormido y cuando desperté encontré esto. Desde ese día se convirtió en mi lugar secreto.
Shinobu no sabía qué decir a eso. Nuevamente Giyuu implicaba mucho más con sus palabras de lo que se daba cuenta.
–¿Te sientes bien de compartirlo conmigo?
–Sí. –Contestó con simpleza. –No me imagino compartiendo este lugar con alguien más.
–¿Aunque a veces me comporte como una niña?
–Espero que sean muy pocas veces. Créeme que me siento como un completo pedófilo cuando te comportas como una niña.
–Tengo diecisiete, en cosa de nada seré mayor de edad. –Se defendió.
–Lo estoy esperando.
Ella podría hacer eco al pensamiento anterior de Giyuu profundizándolo un poco.
Quizá sea una ilusión infantil, pero ella no se imagina compartiendo su vida con alguien que no sea Giyuu.
Mitsuri miró de soslayo al joven que recogía sus cosas en silencio. El ambiente se había vuelto tenso luego de que su madre se fuera y se vio reflejado en el trabajo. Cometió muchos errores y al final no progresó mucho, en comparación a Iguro que parecía más que inspirado.
Se sentía fatal. Como si hubiese pateado a un gatito callejero y enfermo. Ese que primero te gruñe y aruña por el miedo que le inspiras, pero nada más.
–Bueno. –Muichiro llamó su atención. –Ha sido un gusto trabajar con ustedes esta semana. Pueden consultarme cualquier cosa vía e-mail, espero que sigan trabajando bien y en equipo, esa es la clave del éxito. –Estrechó las manos de cada uno. –La próxima vez que nos veamos será dentro de la universidad.
Muichiro tenía que irse a trabajar en una investigación en occidente, por eso había optado por ayudarlos intensivamente esos días. Se iría por meses, volvería una vez que el concurso terminase y ellos tendrían que vérselas solos.
–Éxito en tu trabajo. –Deseó Iguro. –Y gracias.
–Muchas gracias Muichiro. –Mitsuri abrazó al superior en un arranque de euforia. –No sé cómo pagarte esto que has hecho por nosotros.
–Ganando. –Fue lo único que dijo el peliazul antes de marcharse, dejándolos solos.
Caminaron en silencio hasta la esquina que separaba el camino a casa de los Kanroji de la estación de buses.
–Mi madre te invitó a cenar, ¿no vas a venir? –Preguntó extrañada.
–No. Dile que le agradezco, pero que no puedo ir. –Y sin decir más empezó a caminar con dirección a la estación. –¡Oye! –Exclamó cuando sintió que alguien le jalaba del brazo.
–¿Es por lo que te dije antes? –Dijo la joven. –Lo siento.
–No es por eso. –Contestó evitando la mirada de ese par de ojos verdes.
–Sí que lo es. –Chilló la joven. –Y lo siento de verdad. No quise decir eso.
Silencio tenso…
–Quizá no lo quisiste decir, pero lo pensaste. No te incomodaré con mi presencia más de lo estrictamente necesario.
Suficiente. Mitsuri se puso enfrente de él y extendió los brazos en señal de que no lo dejaría pasar.
–No me vengas con esas, cuando fuiste tú quien meses atrás me advertiste que no me entrometiera en tú camino.
–Sí y ahora creo que tienes un déficit auditivo. Porque desde ese día no has hecho sino entrometerte no solo en mi camino, sino en mi vida también.
–¡Felicidades! Eso es parte de ser humano. –Explicó la pelirosa. –Crear vínculos, tener personas importantes y a personas que les importes.
–¡Tú misma has dicho que no le importo ni a mis padres!
–¡Pero a mí sí me importas!
Un grito de frustración salió tras un largo silencio. Mitsuri estaba muy avergonzada por lo que acababa de decir. Era como si todas sus confusiones se resumieran a eso. A que se preocupaba por Obanai Iguro, a que le importaba ese joven.
Pero ¿Por qué?
–Sí, me importas, sabrá Dios por qué, pero lo haces. –Farfulló molesta. –Y a mi familia también. Así que no pienses que a nadie le importas, cuando pienses eso, recuerda que los Kanroji te aprecian.
–Kanroji…
–Y ahora muévete que la cena es Omurice. –Exclamó adelantándose, sabiendo que él la seguiría.
–Sólo lo hago por el Omurice y por no hacerle el desaire a tu madre. –Masculló terco.
–Bien, Bien. –Tan concentrada estaba en la pelea que no se dio cuenta de un hueco y cayó de bruces sobre el suelo. Le dolía la mano con la que aguantó la caída.
–¿Estás bien? –Lo sintió acercarse a ella para tomar su mano y ayudarla a levantarse.
Pero a pesar de estar de pie no la soltaba.
La luz de la luna hacía que su perfil se iluminara y su cabello brillara. Su corazón empezó a latir aún más rápidamente. Oh no, no podía ser verdad.
–¿Segura que estás bien?
No, no lo estaba. Por primera vez podría darle la razón y decir que sí estaba loca.
Debía de estarlo, dado que parecía haberse enamorado de Obanai Iguro.
Giyuu veía como la luna caprichosa delineaba la figura de la joven. El día la había agotado, había sido largo y cansado, pero valió la pena.
Había sido maravilloso.
Fue una excelente forma de terminar las vacaciones. Después de todo, no fueron para nada desagradables. Al contrario, fueron muy placenteras.
No había pensado en Alice como creyó que lo haría. Pensó que al hacer ese viaje los recuerdos de todos los viajes con su esposa aparecerían en su memoria. Pero no. Sí, la tenía en mente, pero Shinobu llamaba su atención y lo invitaba a relajarse con ella, haciéndolo partícipe de sus ocurrencias.
¿Tendrá algo que ver con el hecho de haberla hecho suya?
No. No era por banal deseo que había estado con ella, si no seguiría sintiéndose el adúltero que se sintió al principio. Además, ese sentimiento desapareció tras la plática con la anciana Tsumiki.
Ni siquiera fue consciente de eso. Hasta ahora su cerebro había procesado muy bien las palabras de la mujer mayor:
Era posible querer a más de una persona.
Por primera vez, la posibilidad de querer a alguien que no sea Alice no le resultaba desagradable, ni adúltero, ni un sacrilegio.
Le resultaba aterrador.
Debido al miedo que le provoca tal perspectiva, su corazón y su cerebro deberían alejarlo de la muchacha que causa esos sentimientos en él.
Sin embargo, hacen todo lo contrario.
Su cerebro lo mantiene cerca de ella, contra todo pensamiento lógico.
Y su corazón…
Parece más que a gusto ante la idea de dejarla entrar en su vida.
Estaba fastidiado, aún más que antes. Desde que había llegado con la leña, parecía que Jacob se había comprometido a fastidiarlo.
Se las daba de galán delante de Nezuko, empezaba a recitar poesía en inglés, resulta que fue niño explorador por lo que sabe todo acerca de campamentos y no desperdicia la oportunidad para sacarlo a relucir haciendo nudos y prendiendo la fogata con pericia.
Lo molesto del asunto era que Nezuko lo miraba embelesada. Sus ojos brillaban y su cabello casi llegaba al mismo color del chocolate con el fuego de la fogata reflejándolo.
–¿Qué hacías tú en los veranos, Agatsuma? –Inquirió con una sonrisa de superioridad, seguro de que no tendría nada mejor que decir.
–Yo me pasaba los veranos en campamentos de baloncesto. –Dijo con orgullo. –Aunque dudo que sepas de deportes.
–¿Quién ganó la competencia de snowboard?
–¡Estaba enfermo!
Ni siquiera se fijó que se habían puesto de pie y que parecía una estampa sacada de la televisión cuando dos rivales se enfrentan. Incluso el fuego tenía su parte en la estampa.
–Ya, ya. –Intervino Nezuko. –No peleen, Zenitsu.
Esa era otra cosa irritante. ¡Siempre la culpa era de él! ¡Nunca regañaba a Jacob!
–El baloncesto me abrió la puerta a la mejor Universidad del país. –Escupió con enfado. –No puedes decir que tus habilidades para prender una fogata o en una pendiente de nieve te hayan ayudado para un logro semejante.
–Así que ya lo decidiste.
Estaba tan enfadado con él que no se había dado cuenta del semblante de su mejor amiga hasta que la escuchó hablar con un tono de voz apagado.
–Nezuko…
–¡Me alegro! –Lo atajó la castaña. –Jacob, nunca me terminaste de explicar lo de tu labor social.
Tras cometer esa equivocación, Zenitsu sólo pudo apretar los puños y sentarse frustrado. Quería patear cosas y maldecir, pero eso implicaba darle gusto al tipo ese.
Y nunca se lo iba a dar.
Miró a Nezuko sentada junto a él, muy junto, demasiado, para su propio gusto. Vio a su mejor amiga estremecerse y al muchacho acercarse a ella para así brindarle más calor.
Tuvo que morderse las ganas de ir y apartarlo de Nezuko. De decirle que no puede tocarla, sin embargo, la razón lo detuvo. ¿Qué derecho tiene para hacer eso?
Un mejor amigo no tiene ninguna razón para sentirse tan furioso.
Pero él lo estaba.
Inosuke llevó a Aoi a su piso debatiéndose entre darle la pastilla que Goto metió en su bolsillo antes de salir o embriagarla.
Decidió embriagarla, tenía experiencia con eso. Cuando Alice murió, lo mejor que pudo hacer para que Giyuu saliera de su letargo fue embriagarse con él como por tres días.
Claro que debió imaginar que medio litro de alcohol bastaría para tumbar a su colega. Y así decía que quería tomar para celebrar la victoria de sus horrendos blancos. Él estaba más sobrio que nadie y ella ya respiraba rítmicamente por el sueño.
La cargó como princesa deteniéndose a pensar en lo mucho que protestaría si se viera en sus brazos. Así parecía inofensiva, nadie se imaginaría que despierta hace temblar a cientos de adolescentes y a muchos de sus colegas también.
Mucho menos se tomarían la molestia de conocer a la persona tras todas esas facetas. La Otaku, la fanática, la buena hija y la paciente hermana.
La dolida mujer que lloró en sus brazos la muerte de su madre, lo sola que se ha sentido desde la muerte de su padre. Detrás de toda la fachada hay una buena mujer. Fuerte, indoblegable, pero frágil y delicada a la vez.
–Nunca lo hubiera imaginado, Aoisita. –Se sentó a su lado y acarició sus cabellos. –No se debe juzgar al libro por su portada.
Su mirada recorrió el rostro y el cuerpo de ella. Sí, rellenita, pero formadita y cuando se vestía bien se veía bonita.
Incluso en esos momentos y con el rostro sin pintar no estaba mal. Detuvo su mirada en sus labios entreabiertos. Los mismos que había besado hace casi veinticuatro horas.
No había sido un mal beso, al contrario…
¡Alto! Se gritó a sí mismo. Parece que sí estaba más ebrio de lo que creía.
Se alejó rápidamente de la cama de la peliazul, dispuesto a irse a su casa. Pronto amanecería.
Cuando se iba, se percató de que tenía los zapatos puestos. No debe ser cómodo dormir así. Bondadosamente le quitó los zapatos y cuando estaba dispuesto a dejárselos por ahí se dijo que mejor, mínimo lo guardaba en el armario, no estaba ni a tres metros de distancia.
Una vez con el calzado correctamente ordenado, se podía marchar. La puerta del armario no se cerró completamente y tuvo que acercarse a acomodar la caja que impedía que cerrara bien. La caja tenía la tapa desacomodada, se agachó a cerrarla cuando vio algo azul salir de ella.
¿Cabello? ¿Aoi usaba peluca?
Curioso, examinó lo que reconoció como unas extensiones, muchas de las chicas que frecuentaba las usaban ¿Para qué querría Aoi extensiones? Y, es más, ¿Dónde la había visto antes?
La respuesta llegó inmediatamente. Dentro de la caja yacía el mismo vestido que la peliazul despampanante había usado en la fiesta y también la ropa que llevó a la convención.
Múltiples escenas giraron en su cabeza, mareándolo. Recuerdos de los momentos con su peliazul adorada y cuando conversaba de ella con Aoi. Claro, ¿cómo no pudo haberse fijado del parecido antes cuando Aoi no apareció en la convención? Sí que lo hizo, disfrazada de la hermosa peliazul y divirtiéndose al verlo tontear por ella.
La rabia empezaba a crecer dentro de él.
Siempre fue Aoi.
Y se había burlado de él.
Giyuu miraba a Shinobu con el ceño fruncido. Desde la mañana parecía preocupada, y aunque pasó hablando todo el camino de regreso a casa él podía percibir la inquietud en sus ojos.
Por eso no le dijo nada cuando ella insistió en acompañarlo a su departamento por una noche más.
–¿Segura que tus padres no se darán cuenta de que el paseo escolar terminaba hoy?
–Ellos todavía siguen en Milán y lo más seguro es que lleguen mañana, lo cual me ayuda a que Kanao no sospeche que le he mentido. –Se apegó a su cuerpo. –Quiero estar un día más contigo. –Pidió con voz chiquita. –Después del lunes ya no será tan fácil. –Susurró cerca de su oído y besó su cuello.
–¡Oh, Giyuu ya llegaste!
Se obligó a separar el rostro de Shinobu, aunque ella se aferró a su cuerpo con fuerza nada más al reconocer la voz de quien mencionó su nombre.
–Cómo está señorita Matsuda.
–Bien. –La mujer parecía un poco fuera de lugar ante la intimidad que reflejaban Giyuu y Shinobu juntos. –Con que ya volviste. Sólo salí a decir que no estabas en caso de que fuera alguien más.
–Mi novio y yo apenas llegamos de nuestras vacaciones. –Fue la primera vez que Shinobu se dirigió a su vecina desde aquel primer encuentro. –Gracias por estar al pendiente.
Estaba marcando su territorio. Se sentía bien, después de todo es un hombre y tiene su vanidad.
–Sí, claro, salir a comprobar quien era. –Se quejó Shinobu una vez dentro del departamento. –¿Sale a recibir a todo el mundo en camisón casi transparente?
–Creo que solo a mí. –Contestó encantado. Le daba gracia verla así.
–Con que te da gracia. –Se quejó Shinobu. –Te compraré un collar.
Rompió en risas. Shinobu estaba tan seria que parecía capaz de hacerlo.
–No tienes de qué preocuparte, confía en mí.
–No confió en ella ni en ninguna otra mujer que se te acerque. –La joven tuvo que morderse la lengua para no decir que era más que suficiente compartirlo con su difunta esposa.
Giyuu iba a contestarle cuando su teléfono empezó a vibrar, al revisarlo vio que era una llamada de Inosuke.
–¿Qué ocurre, Inosuke?
Ni siquiera pudo escuchar lo que su amigo le decía exaltado del otro lado de la línea. Shinobu estaba de espaldas soltando el cierre de su vestido y dejándolo caer limpiamente.
–Perdón, ¿qué dices Inosuke?
–¡Tomioka escúchame…!
Desearía poder hacerlo, pero estaba muy ocupado deleitándose ante la visión frente a sus ojos. La misma que empezó a bajarse las tiras del sostén.
–¡No me hagas esto! –Lo formó con los labios y señaló el teléfono. Al menos debería escuchar lo que dice su amigo.
–… y me vio la cara de idiota.
–¿Quién?
Ahora Shinobu empezaba a jugar con los extremos de sus bragas.
–¡Por un demonio Tomioka, no me prestas atención! ¿Estás en tu casa?
La pelimorada decidió acostarse en la cama sacándose sus zapatos, quedando con una única pieza en su cuerpo.
Para que la quitara él.
–Nos vemos Inosuke.
Colgó la llamada y se dirigió a la joven que lo esperaba en su cama deshaciéndose de sus propias prendas en el camino. El celular quedó olvidado a un lado, a pesar del insistente sonido de la vibración sobre la mesilla.
Sin saber que debió haber tomado esa llamada.
Hacía mucho frío en su tienda, no podía dormir.
Nezuko suspiró, no era solo eso lo que no la dejaba dormir. No dejaba de pensar que en poco tiempo dejaría de ver a Zenitsu todos los días.
Sería como perder una parte de ella.
Era lo mejor, o de eso trataba de convencerse. Sin verlo, ya no la afectaría como lo hace ahora y seguramente será mucho más fácil olvidar lo que siente por él.
Vio el fuego vivo. Algo extraño, dado que para ese entonces debería haberse consumido. Abrió su tienda con sigilo, aunque racionalmente ningún animal podría mantener vivo un fuego.
Efectivamente no era ningún animal. Zenitsu yacía abrigado y sentado frente a la fogata mirándola como si fuera la causante de todos sus males.
–Zenitsu…
–Nezuko. –Parecía realmente sorprendido. –Creí que dormías.
–No podía. –Explicó. –Falta de costumbre, ¿y tú?
–No quiero dormir con ese sujeto más de lo necesario. –Explicó señalando la tienda. –Me pone de nervios, la noche fue un calvario. No entiendo cómo puede dormir tanto y con este frío.
–Al parecer en occidente son más perezosos. –Quiso sonar amena, pero aún se sentía incómoda con el rubio. –Hoy volvemos, más vale que empiece a empacar. –Se giró para ir a su tienda hasta que sintió como una mano la detenía por el brazo.
–Aún no he tomado una decisión respecto a la beca.
–No tienes por qué decirme nada, Zenitsu. –Le dijo con una sonrisa triste. –Tienes que hacer lo que es lo mejor para ti. Yo haré lo mismo.
–¿A qué te refieres?
–Aplicaré para estudiar en el extranjero.
Su noticia lo deja en shock. Pudo notarlo ya que el rubio no solo se ha quedado sin habla, sino también sin movimiento.
–No… –Apenas salió la voz. –¡No puedes!
De un momento a otro Nezuko se vio presa en los brazos de Zenitsu. No era la primera vez que la abrazaba, pero sí era la primera vez que sentía tanto sentimiento en un abrazo.
–Conocerás nuevos amigos. –Trató de consolarlo. –Y hablaremos todos los días. –Utilizó las mismas palabras que él cuando le dijo lo de la beca.
–No quiero nuevos amigos, no si estás. –Sonaba un poco molesto. –O dime que podrás encontrar a un mejor amigo así nada más.
El escuchar las palabras "mejor amigo" la trajeron a la realidad y le dieron la fuerza necesaria para enfrentarlo.
–No. Eres mi mejor amigo y eso jamás cambiará. –Inhaló con fuerza. –Pero en algún momento tendremos que separarnos, tendrás que dejarme ir.
Sintió el abrazo del rubio aún más fuerte antes de separarse de ella lo suficiente para quedar frente a frente.
–No quiero dejarte ir.
Entonces lo vio acercarse a sus labios peligrosamente y se quedó inmóvil por un momento. Las palabras de "mejor amigo" volvieron a sonar como alarmas en su cabeza y sólo ahí tuvo el valor de apartarlo.
–No seas injusto Zenitsu. –Le pidió al borde de las lágrimas. –Tienes que dejarme ir.
Se metió a su tienda con una compostura que no sentía. No se derrumbó inmediatamente ya que él vería su silueta gracias al fuego; se sintió orgullosa de eso.
Tenía que superarlo. Sacarse de su corazón los sentimientos no correspondidos por Zenitsu.
Aunque cuando lo haga sienta que también se llevan una gran parte de su corazón.
A pesar de haber sido un día muy ocupado, no podía dormir. Durante la mitad del día se la pasó atendiendo enfermos y en la otra mitad tratando de armar las tiendas de campaña.
Cuando llegó con Tanjiro al campamento, Hideki ya la esperaba diciéndole que tenían que hacer equipos de tres personas para la actividad de supervivencia. Sorpresivamente Tanjiro le preguntó si podía hacer equipo con ella y Hideki, como si ambos nunca hubieran sido rivales.
Y también durante la actividad Hideki parecía querer pelear con Tanjiro, pero él en lugar de responderle como siempre, simplemente se daba la vuelta ignorándolo, como si no quisiera pelear. Por fin había sentido algo de paz, aunque no sabía cuánto tiempo le duraría ese gusto.
Cansada de dar vueltas por no poder dormir, decidió salir un momento a la fogata. Sin embargo, al salir se sorprendió por ver a Tanjiro frente a la fogata.
–¿Tanjiro? –Le llamó y vio como daba un respingo por asustarlo. –Lo siento, no quería asustarte. –Se disculpó mientras se sentaba a su lado. –¿Tampoco puedes dormir?
–No. –Contestó mientras ponía más leña a la fogata. –Mis pensamientos no me dejan dormir.
–¿Tus pensamientos? –Preguntó con cierta curiosidad.
–Así es. –Tanjiro llevó su mirada al cielo nocturno. –Pensaba en que este es mi último viaje escolar. Para el próximo año estaré en la universidad y… Me pone un poco nostálgico porque ya no estaremos todos juntos. –Le hubiera gustado compartir este viaje con todos, pero al parecer todos estaban atendiendo sus propios asuntos. –Será triste ya no verte todos los días Kanao. –Soltó con una gran sinceridad que hizo estremecer a su amiga.
–Yo… –Observó como la luz de la fogata iluminaba sus facciones y sus ojos brillaban. Se veía tan apuesto… Mierda, no se supone que debería pensar en eso. –También te echaré de menos.
–Kanao. –La llamó mientras la observaba a los ojos. –Quiero ofrecerte una disculpa. Sé que dije que lucharía por ti, pero en lugar de hacerlo de la forma correcta, sólo he actuado como un idiota. No he tomado en cuenta tus sentimientos. –Formó una sonrisa triste. –Yo respetaré tus espacio y actuaré como el amigo que siempre he sido para ti. Lo que menos quiero es incomodarte.
Kanao tuvo que obligarse a cerrar la boca por el asombro. Es como si le hubiera leído la mente y así poder comprender cómo se ha sentido ella en los últimos días.
Para su sorpresa no podía decir nada, estaba tan concentrada observando lo apuesto se veía con esa seguridad con la que decía las cosas. Inconscientemente se fue inclinado hacia él, un poco temerosa. Lo vio sorprenderse por lo que estaba a punto de hacer, pero después el respondió de la misma forma acercándose a ella para rozar su labios.
Sin embargo, la imagen de Katsumi y un futuro en el que Tanjiro iría a la universidad conociendo nuevas personas le hicieron retroceder como si quemara.
–Yo… L-lo siento mucho, no sé qué…
–No te preocupes. –Le interrumpió Tanjiro para tranquilizarla –Es mi culpa, dije que no intentaría nada más y he fallado. –Dijo apenado. Dios, iba a ser tan difícil abstenerse se besarla.
–Tengo que ir a dormir, nos iremos pronto y no hemos descansado nada. Deberías hacer lo mismo. –Se puso de pie como resorte y se dirigió a su tienda de campaña sin voltear a verlo. –Hasta mañana.
–Hasta mañana… –Se despidió un poco desanimado.
Kanao entró y se cubrió completamente con su manta. ¿Por qué hizo eso? Se supone que no pondría su atención en ninguno de los dos, entonces… ¿Por qué? Por un momento se sintió segura de estar con él, sin embargo, tenía miedo.
Miedo de que su corazón saliera lastimado.
¿Cuál era el puto problema de Giyuu? ¡No lo escuchaba! Tenía que decirle a alguien de la burla a la que fue sometido. ¡Tenía que gritarle que la bruja de la inspectora se había burlado de él!
¡Mierda! La situación le enfadaba más de lo normal porque Aoi le había llegado a caer bien.
Y él…
Sacudió la cabeza. Ya no importaba, ella sólo se había burlado.
Estúpida Aoi. Estúpida peliazul.
Y el idiota de su mejor amigo no le contestó. Pues genial, iba a recibirlo sea como sea, él tenía que desahogarse con alguien y con el único con el que lo podía hacer era con Giyuu.
Con su hermano.
Él siempre fue el más cuerdo y racional de ambos. Dejando de lado pequeños detalles como largarse a París, Giyuu es justo y ético. Sabrá qué decirle. Sabrá cómo detener las ganas de insultar a Aoi en la cara.
Como el mejor amigo que era, sabe dónde guarda Giyuu su llave de repuesto. No lo pensó dos veces para usarla, adentrándose al departamento.
–¿Se puede saber por qué carajo no me contestas… el… teléfono...?
Jamás en su vida se hubiera imaginado encontrarse con lo que vieron sus ojos.
Giyuu estaba con una mujer. Ambos desnudos, abrazados y en el momento en el que entró se estaban dando un beso muy apasionado.
–¿Qué mierda pasa aquí?
Todo hubiera estado bien y hubiese sido genial… Si al girarse la joven no resultara ser Shinobu Kocho.
Una alumna del instituto.
Próximo capítulo: Viernes 11 de octubre de 2024
