SideStory: El Primer Corazón Roto
LEER ANTES DE COMENZAR
Hola chicos, en esta ocasión no les traigo continuación del capítulo anterior (no me odien, pls) sino más bien un SideStory que narra la historia de Giyuu y Alice, además de algunos detallitos del pasado. Les prometo que la próxima semana continuaremos con la transmisión habitual.
Muchos abrazos para todos y gracias por sus comentarios, siempre estoy al pendiente de lo que escriben aunque no lo parezca c:
El tintineo de la campana se escuchó con fuerza, pero no tanto como el grito que se escuchó de los cientos de estudiantes que asisten a la preparatoria pública de Tokio. El típico grito de júbilo que indicaba el inicio del tan esperado fin de semana.
–Después de la práctica vamos por unas cervezas y a buscar chicas a la plaza.
Giyuu Tomioka se encontró de frente con el siempre sonriente y despreocupado rostro de su mejor amigo Inosuke Hashibira tras cerrar la puerta de su casillero.
–Creí que esta vez ibas en serio con esa chica… ¿cómo se llama? ¿Meguko? –Preguntó Tomioka con indiferencia, mientras caminaban por el corredor en dirección a la salida del colegio.
–Megumi. –Corrigió el peliazul.
–¡Adiós, capitán Hashibira, superior Tomioka!
–Adiós bellezas.
Giyuu solo alzó su ceja y eso bastó para que las dos chicas de primero se fueran dando brincos tras haberse despedido de ellos.
–¿Y esas eran…?
–Chicas guapas de primer año. –Con esa respuesta estaba implícito que no tenía ni idea de quienes eran. –Y con respecto a Megumi, las cosas no funcionaron, no somos tan compatibles como creía.
–Eso quiere decir que no quiso acostarse contigo. –Contestó como quien no quiere la cosa.
Su mejor amigo bufó cansado.
–No entiendo a las mujeres. –Se quejó dramáticamente. –¿Por qué todas quieren que casi les pongamos un anillo en el dedo para poder intimar? ¿Por qué no solo divertirnos?
–No todas son así. –Contestó Tomioka sin cuidado.
–No, pero las que se saben los nombres de los siete continentes sí.
–Los continentes son cinco. –Corrigió burlón. –Los océanos son siete. Y a todo esto, ¿para qué quieres una chica que no sepa cosas que tú sí sabes, Inosuke?
–Para no sentirme estúpido. Recuerda cuando salía con Yuriko, una vez le preguntaron cuanto era seis por cero y dijo seis. Hasta yo sé que todo lo que se multiplica por cero es cero, aunque crea que es una soberana tontería.
–Ninguna chica que sepa la tabla periódica te verá como posible candidato.
–¿Por qué? Soy el capitán del equipo de baloncesto, soy guapo y popular. Se sacaría la lotería conmigo.
–Te faltó humilde en tu lista de virtudes. –Se burló de su mejor amigo. –Quizá tuvieras más suerte si dejaras de buscar una relación en función al sexo.
–¡Tengo diecisiete años y mis hormonas son una revolución! –Se defendió dramáticamente el peliazul. –¡¿En qué más quieres que piense?! ¿En qué piensas tú?
Giyuu regresó a ver a Inosuke con su característica sonrisa ladeada de superioridad.
–Yo no pienso en buscar novia, solo pienso divertirme.
El capitán del equipo de baloncesto correspondió esa sonrisa con otra igual.
–Entonces, ¿hoy?
–¿No le prometiste a tu madre que llevarías a los enanos al cine a cambio de que no te castigara para el campeonato?
Inosuke juró por lo bajo. Había olvidado ese pequeño detalle. Tanjiro, Zenitsu y Nezuko, los tres niños vecinos de su edificio que ambos adoptaron le habían pedido que los llevara a ver una película sobre un pájaro azul.
–Rayos.
–Te vas de niñera. –Se burló el pelinegro.
En ese momento a Inosuke se le cruzó una idea por la cabeza.
–Qué tal si tú…
–No. –Lo atajó el pelinegro rápidamente. Giyuu observó a su amigo que lo miraba con ojos suplicantes. –He dicho que no. –Inosuke empezaba a hacer pucheros. –Deja de ser una niña. –Le espetó. –No te acompañaré, tengo mejores cosas que hacer que acompañarte en tus labores de niñero.
–No sabe cómo lamento escuchar eso, señor Tomioka.
Una tercera voz se unió a la plática de los dos amigos y cuando se giraron se encontraron con el profesor de matemáticas mirándolos con muy mala cara.
–Olvidó que tenía que reunirse conmigo al final de la clase, señor Tomioka.
–¿Era hoy? –Preguntó con fingida inocencia. –Lo lamento, lo olvidé. –Más, su tono de voz implicaba que no lo sentía en lo absoluto.
–A mi oficina, ahora.
Los mejores amigos compartieron una mirada elocuente y tras encogerse de hombros, Giyuu siguió al profesor de matemáticas a su despacho.
–No entiendo para qué necesita hablar conmigo, profesor. –Increpó Giyuu tras cerrar la puerta del lugar. –No creo que sea nada importante.
–¿Reprobar segundo año no es importante?
El catedrático vio con deleite como el rostro del pelinegro pasaba de la sorpresa al enfado. Fue muy placentero.
–¿Suspender? Está bromeando.
–No me estoy riendo Giyuu. –Revisó sus hojas. –Actualmente tienes reprobada la materia por faltas.
–¿Cómo puede decir eso si tengo nota máxima en la asignatura?
–No tiene el sesenta por ciento de asistencias en mi materia. Con respecto a sus notas, las lecciones y los exámenes son intachables, pero no hace las tareas. Con ese desinterés a la materia, a ningún profesor le place ayudar a un alumno, en el caso que piense pedirlo.
Le costó unos segundos asimilar lo que escuchaba. ¡Era la mayor estupidez que había escuchado en su vida! Perder matemáticas implicaba perder segundo año, no podría graduarse el año entrante. ¡Por faltas! Era lo que más le indignaba. ¿Para qué asistía a clase si con revisar el material él ya sabía qué hacer?
–Tengo una oferta que hacerte, Giyuu. Una oferta que te conviene tanto a ti como a mí.
Sin perder un ápice de orgullo, Giyuu se cruzó de brazos para escuchar a su molesto profesor.
–Mi sobrina se gradúa este año y la familia está expectante en su ingreso a la Universidad. –Empezó a relatar. –El problema es que es pésima para las matemáticas.
A Tomioka no le costó plantearse la propuesta.
–Y quiere que le dé tutorías. –Se adelantó. –¿O me equivoco?
–Eso es exactamente lo que quiero. –Dijo con una sonrisa. –Si mi sobrina aprueba el ingreso a la Universidad yo fingiré que has asistido a todas mis clases.
–¿Y si no?
–Nos volveremos a ver el próximo año, señor Tomioka.
Era un disparate, un completo disparate. Enseñar matemáticas a una aspirante a la Universidad. ¡Qué tontería! Él iba en segundo año, no sabía matemáticas de tercero y mucho menos las que exigían en la Universidad.
–¿Por qué no le da clases usted? Después de todo, es un profesor y ¿cómo espera que pueda manejar a una alumna de último año con matemáticas para la Universidad?
El maestro le dedicó una siniestra sonrisa.
–Ese, señor Tomioka, es su problema. Empiezan hoy, a las tres de la tarde en la biblioteca.
Giyuu miraba con odio profundo a todo aquel que se acercara. Más de una chica había intentado sentarse a su lado en la biblioteca y todas ellas habían salido corriendo por el aura oscura que emanaba de él.
Había llegado desde antes para revisar lo que planeaba practicar ese día con la dichosa sobrina del profesor y no era la gran cosa, la unidad de sistema de ecuaciones y números imaginarios se miraba extremadamente sencilla y dado que en teoría la chica ya debía saber eso, no podría ser tan difícil.
¿O sí?
Un estruendo lo sacó de sus cavilaciones. Fijó su vista en el frente encontrándose con una chica con uniforme tirada en el suelo alrededor de varios libros que se le habían caído al asistente de la biblioteca que empezaba a regañar a la menor por su imprudencia.
La chica se disculpaba con ímpetu y aguantaba la reprimenda con los ojos cerrados tras sus gafas. Se levantó tras haber ayudado a recoger el desastre que causó.
Luego, empezó a buscar entre las mesas de la biblioteca hasta que sus miradas se encontraron. Los ojos de ella, que podían distinguirse violetas, se encontraron con su mirada azul.
Y la muy tonta no le quitaba la mirada de encima. Finalmente le alzó las cejas con elocuencia y eso pareció hacerla reaccionar. Se ruborizó y se acercó con torpeza.
–Soy Alice Kobayashi. –Dijo atropelladamente. –Tú eres… ¿mi profesor?
–Soy Giyuu Tomioka. –Se presentó. –Y debería darte vergüenza que un alumno de segundo año sea tu profesor.
La joven bajó la vista apenada. Sin embargo, luego volvió a alzarla y le dedicó una gran sonrisa.
–Eres muy tierno. –Dijo con sinceridad. –Pues, quedo a su cuidado, profesor Tomioka.
–Sería muy amable de tu parte dejar de reírte, mejor amigo.
Giyuu le bufó molesto a Inosuke, enfatizando las dos últimas palabras, que parecía encantado con lo que le había contado.
–Es que ya ni yo estoy en peligro de reprobar matemáticas. Tengo cinco puntos menos del promedio y tú con nota máxima puedes perderla por faltas. Es para morirse de la risa y en tu caso, pegarse un tiro.
–Muy gracioso.
–De acuerdo, eso no es gracioso. –Se podía escuchar cómo trataba de reprimir la risa. –Pero que te haya dicho tierno sí que lo es.
Tuvo que esperar nuevamente a que Inosuke dejase de reírse.
–Oh, cállate. Tanjiro me contó que lloraste en la película.
–¡Es que Blue al final consiguió volar!
Eso bastó para que Inosuke terminara por contarle toda la película en la que un pájaro azul que no sabe volar es llevado a Brasil para aparearse con otra de su espacie para evitar su extinción y terminan siendo secuestrados por traficantes.
–Le compararé a los niños el DVD de la película, les diré que te inviten a verla.
–Al menos yo tendré tiempo para hacer tonterías mientras tú estás dando clases particulares a la sobrina del maestro.
–Sobrina estúpida del maestro. –Corrigió. –Entre ella y tú, no hacen ni una.
–¿Por lo menos es de buen ver?
La imagen de la chica torpe con trenzas y lentes se coló en su memoria y… no pudo decir nada.
–De acuerdo, tu silencio lo dice todo. Ahora sí que te compadezco, hermano.
–Lo sé, espera un momento. –Tomó su teléfono y lo guardó nuevamente. –Listo. Tsutako llamaba.
El silencio reinó por unos cuantos segundos antes de que Inosuke lo rompiera.
–¿Cómo lo estás llevando?
–No me importa.
–Sabes que puedes hablar conmigo cuando quieras.
–Sabes que pareces una niña cuando sales con esas cosas. –Se burló Giyuu.
–En serio, Giyuu, no creo que lo estás manejando de la mejor manera. Tu hermana…
–Cuando quiera hablarlo con alguien serás el primero en saberlo, ¿De acuerdo? Por lo pronto estoy bien y no me importa.
–Lo que tú digas, hermano. Lo que tú digas.
–¡Hermano! ¡Hermano!
Giyuu abrió los brazos para recibir a Tanjiro y Zenitsu en ellos. Ambos pequeños saltaron y se dejaron consentir por el mayor.
–Niños, están gordos. –Los molestó Giyuu. Ambos fruncieron el ceño al joven. –Les compré la película del pájaro que hizo llorar a Inosuke.
–¡Súper! ¿Escuchaste, tía Tsutako? –La llamó Zenitsu. –Mis hermanos y yo nos desvelaremos viendo "Rio".
Tsutako sonrió al niño con una comodidad que no sentía al estar en presencia de la inquisidora mirada de su hermano menor.
–Tanjiro ¿por qué no trajiste a Nezuko? –Preguntó al no verla.
–Nezuko está con la abuela. –Informó el pelirrojo.
–Está bien, despídanse de su tía que hoy es noche de hombres.
Ambos niños fueron a abrazar a Tsutako y tras prometer portarse bien, entraron al departamento dejando a los hermanos solos.
Tsutako miró a su hermano menor, quizá en otro momento se hubiese reído al ver lo parecidos que eran. Ambos cruzados de brazos y mirándose de manera desafiante. Ninguno de decía nada, solo sus ojos azules se miraban entre ellos sin saber cómo actuar.
–Los niños insistieron en venir a verte y Stella no pudo venir a dejarlos, así que vine yo. Espero que no te haya molestado.
–No importa.
–Y, ¿papá?
–Trabajando.
–¿A qué hora llega?
–No lo sé. –Contestó Giyuu.
–¿Qué tal la escuela?
Tsutako vio a su hermano suspirar y acomodarse para entrar al departamento.
–Dile a la señora Kei y a Stella que llevaré a los niños mañana después del almuerzo. –Dijo con sencillez. –No se preocupe señora, ambos quedan en buenas manos.
–¿Señora? –Aquella palabra descuadró a la aparentemente fuerte mujer. –Giyuu, soy…
–La señora Tsutako Tomioka. –Terminó como quien no quiere la cosa. –Adiós, señora.
Giyuu cerró la puerta con ganas de estrellar los muebles. ¿Con qué valor se atrevía a buscarlo? Después de tanto tiempo pretende involucrarse en su vida.
–¡Maldición!
–¿Hermano?
La mirada confusa en los ojos carmesí del pequeño lo obligaron a serenarse. No podía perder los estribos con Tanjiro delante suyo.
–¿Qué pasa pequeño?, vamos a ver esa película.
Vio como el niño se alegraba y corría por el video.
Sí, Tanjiro y Zenitsu eran lo único bueno que le quedaba en la vida
–Entonces… Las coordenadas para hallar la solución de la ecuación son…
–Sólo recuerda que buscas maximizar, entonces ubica el punto de intersección de las rectas que esté más arriba. –Insistió el pelinegro.
La unidad de los métodos para resolver sistemas de ecuaciones pasó muy rápido, sin embargo, el método gráfico parecía ser una nueva traba en el proceso de aprendizaje de la joven.
–Es cierto, el jueves rendí una prueba y me la entregaron. ¿Adivina cuánto saqué?
Sinceramente con ella todo podía esperarse, así que no se arriesgó.
–Sorpréndeme.
–¡Diez! –Chilló feliz. –No recuerdo cuándo fue la última vez que saqué un 10 en matemáticas. Y como muestra de agradecimiento, te preparé un bento.
Giyuu miró el rectángulo con extrañeza. Nunca había aceptado uno porque estaba seguro de que, si lo hacía, todos los días tendría mínimo diez de ellos. Sin embargo, en ese momento nadie más los veía y estaban en la parte de afuera de la biblioteca, dónde se puede comer tranquilamente. Además, no había almorzado bien y de cierta forma no recibía nada explícito por sus tutorías, no le veía nada de malo aceptar.
Lo tomó y destapó. Todo tenía muy buena pinta y el olor era agradable. Su estómago gruño demandando alimento.
–Gracias por la comida. –Tomó los palillos y se llevó una salchicha a la boca.
Inmediatamente tuvo que devolverla. Se sintió enfermo. ¡Era la peor salchicha que había comido! En esa instancia no dijo nada y procuró darle una oportunidad al resto de la comida.
No pudo más, todo estaba horrible. Muy salado, crudo o duro.
Empezó a pensar que eso era un atentado directo contra su vida. Sin embargo, cuando vio el rostro ilusionado de la pelimorada frente a él; simplemente no pudo hacerlo.
–Mejor, sigamos con las ecuaciones.
–¿No me vas a decir cómo estuvo? –Preguntó Alice preocupada y confundida, puesto que podía jurar haber escuchado su estómago rugir. –¿Por qué no terminas de comer?
–Porque no tenía tanta hambre.
–Vamos, el profesor que no se contiene para decirme lo estúpida que soy por no saber…
–Nunca te he dicho estúpida.
–Me cambio el nombre a que siempre lo piensas. –Le desafió. Giyuu no pudo alegar nada. –Lo imaginé. El punto es que tú siempre me has dicho las cosas a la cara, ¿crees que no puedo aguantar que me digas qué tal mi comida?
Vaya cambio. Se veía graciosa con el ceño fruncido y el enojo en sus ojos tras sus lentes.
–De acuerdo, pruébalo tú misma. –Contestó con socarronería y le pasó el bento.
Alice lo tomó y muy confiada lo probó.
Giyuu pudo admirar como su cara cambiaba de verde a morado y azul. Todo esto antes de salir corriendo al basurero más cercano.
El pelinegro no pudo evitar reírse a carcajadas.
–Esa pobre chica nunca se casará.
Giyuu escuchó a Inosuke sentenciarlo mientras caminaban durante el descanso.
–Mírala. –La señaló mientras almorzaba sola en un rincón. –Ni siquiera tiene amigos, es tonta y mala cocinera. Yo en su lugar, voy escogiendo iglesia a la cual meterme.
–¿Por qué no tendrá amigos?
–¿Bromeas? ¿Qué tipo se le acercaría?
–Ok, amigas entonces.
–No sé. –Contestó el peliazul restándole importancia. –Oye, ¿cuándo acaban esas tutorías? Te echo de menos.
–Eso sonó muy gay de tu parte. –Se burló Giyuu, burla por la que recibió un golpe. –Oye, eso duele. –Se quejó. –Bueno, no sé, unas dos semanas más. Es lo que queda para que el curso termine, ¿no?
–Genial, procuraré tener unos bombones para ese entonces, Tomioka. Si pasas tanto tiempo con ese esperpento, seguro que acabas mal.
Giyuu se rio con su amigo. Sí, ya deseaba volver a su rutina normal.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando alguien pasó a su lado empujándolo con el hombro.
–¿Cuál es su problema? Ni siquiera se volteó para insultarme como siempre. –Se quejó Giyuu al darse cuenta de que fue Sanemi quien lo empujó.
–¿No te enteraste?
–¿Hay algo de lo que debería enterarme?
–Pues es de lo que todo mundo habla ahora. –Al no escuchar respuesta por parte de su amigo, agregó. –De verdad que esa chica te tiene muy ocupado.
–Lo que sea que esté pasando, dilo ya. –Meditó por unos segundos. –Aunque tratándose de Sanemi no creo que me importe mucho.
–¿Recuerdas a su novia? La chica más popular de segundo año, alta, cabello largo y muy bonita.
–Ah, Kocho. –Recordó a una joven con broches de mariposas. Era muy bonita, pero era demasiado dulce para él.
–Esa. –Afirmó Inosuke. –Hace un par de meses le diagnosticaron cáncer. Lamentablemente se lo detectaron muy tarde, por lo que ya no hay mucho que hacer.
–Eso explica la actitud de Sanemi. –Emitió un suspiro. –Nunca me he enamorado, pero es algo que no le desearía a nadie. Perder a quien consideras el amor de tu vida debe de ser muy doloroso.
–Es increíble lo mucho que puedes cambiar cuando te enamoras. Recuerdo que Sanemi era como tú y yo, saliendo con todas las chicas posibles. –Recordó el peliazul. –Hasta que empezó a salir con Kanae. Dejó de meterse en problemas y se concentró más en los estudios. Hasta dejó de molestarte a ti… Bueno, un poco.
–Prefiero seguir peleando con él a que tenga que pasar por algo tan doloroso.
–Por eso nosotros nunca nos vamos a enamorar. Siempre seremos almas libres que disfruten de su soltería. –Dijo Inosuke con entusiasmo.
Giyuu simplemente negó con la cabeza. Realmente él no se veía perdidamente enamorado de alguien.
–Eres el mejor profesor de matemáticas que he tenido.
Alice halagó al pelinegro que solo se limitó a reír. Esa niña era muy ocurrente. No parecía un año mayor que él.
–Aunque me digas eso no saldremos temprano, aún quedan muchos temas por abarcar.
–Como usted diga, profesor Tomioka. –Y se llevó la mano a la frente como saludo militar.
Tuvo que girarse para no reír de nuevo. Alice podía ser un dolor en el trasero al momento de aprender, pero lo hacía reír. Algo que no muchos conseguían.
La joven se giró para tomar un libro de su bolsa y cuando lo hizo una hoja cayó de su cuaderno sin querer. Giyuu la tomó dispuesto a devolvérsela. Sin embargo, no esperaba encontrarse con un dibujo tan bien hecho.
Y mucho menos que el dibujo fuera sobre él.
–Vaya.
La pelimorada se giró a ver de qué hablaba Giyuu y se apresuró a quitarle el papel, estaba roja como una grana de la vergüenza. Él se rehusó a dárselo.
–Devuélvemelo por favor. –Pidió desesperada. –No lo mires.
–¿Por qué? –Preguntó él confundido. –Es un trabajo admirable.
La sorpresa llenó sus ojos púrpura.
–¿En verdad lo crees así?
–Claro. –Y volvió a ver el dibujo. –Me hace ver bien.
En el dibujo él sostenía un cuaderno. Era la pose en la que revisaba lo que ella escribía en las pruebas que le tomaba.
–Como si no supieras que eres atractivo.
–¿Te parezco atractivo? –Inquirió con falsa coquetería. Pero se arrepintió cuando la joven se sonrojó aún más; sus labios se entreabrieron y sus ojos se abrieron más ante la sorpresa. Él también empezó a sentir calor en su rostro. –Quiero decir, dibujas muy bien y… tienes buena memoria, no dibujas cuando trabajamos, así que asumo que retienes todo hasta cuando puedes hacerlo.
–Sí…
Desvió la mirada de Alice, avergonzado por su propio rubor. Pero eso pasó a segundo plano cuando cayó en cuenta de algo importante.
–Alice, ¿qué estudiarás?
–Ingeniería industrial. –Explicó ella también avergonzada por su reacción y mirando a otro lado.
El tono de voz derrotado y el suspiro que siguió a lo que dijo Alice, lo hizo deducir rápidamente:
–Pero tú quieres estudiar algo relacionado con el arte, ¿verdad?
Alice abrió los ojos con sorpresa y encaró a su profesor. Por un instante, Giyuu pudo apreciar como por un instante ella quiso decir algo más. Sin embargo, calló y se limitó a decir:
–No se trata de lo que yo quiera.
–Es tu carrera, tu futuro, claro que debería tratarse de lo que tú quieras.
–La pintura no me llevará a ninguna parte. O al menos no lo hará como un título de ingeniería.
–No lo sabrás si no lo intentas.
–En lo que lo intento tendré con qué comer y no podré hacerlo dibujando. Nadie pagaría por mis dibujos.
–Yo no estaría tan seguro. –Tomioka sacó su billetera y de ella un billete. –Por lo pronto yo quiero este dibujo.
Giyuu pudo apreciar genuina sorpresa en los ojos de ella.
–¿En serio?
–Sí, es de lejos uno de los mejores dibujos que he visto.
La joven vio el billete extendido y negó con la cabeza.
–Es tuyo. –Le aseguró.
–Tengo que pagártelo.
–Créeme que ya lo has hecho.
Los ojos azules de Giyuu se abrieron desmesuradamente cuando la vio quitarse los lentes para limpiarse las lagrimillas que empezaban a acumularse en sus ojos.
Y sin darse cuenta, su corazón empezó a latir con más fuerza.
Alice se veía muy bonita cuando sonreía.
–Pero, es tu cumpleaños. –Le espetó Inosuke a su mejor amigo mientras hablaba por el celular.
–Lo sé, pero, en cosa de nada Alice aplicará su examen de admisión, tenemos que culminar esto pronto. –Justificó Giyuu.
–Dile a Alice-la-tonta que no le diga nada a su tío, que es tu cumpleaños y ya.
–Inosuke, ya termina.
Escuchó al peliazul suspirar resignado. Ni siquiera tenía ánimos de celebrar su cumpleaños, con todas las cosas que habían ocurrido desde el regreso de su hermana lo había olvidado, de no ser porque Inosuke entró al colegio gritándolo a los cuatro vientos.
Lo… ¿triste? Era que al parecer él no había sido el único al que se le había pasado. Su padre le mandó un mensaje de texto a medio día y se disculpó por no poder hablar. Tampoco recibió ni un jodido mensaje de Tsutako. De acuerdo, él se ha encargado de alejarla, pero si de verdad quiere arreglar las cosas, le hubiera mandado, aunque sea un mensaje.
De igual forma no podía enojarse con los niños, después de todo aún eran muy pequeños para recordar su cumpleaños.
–Últimamente siento que ya no te molesta tanto estar con esa superior que no sabe nada.
–A estas alturas ya sabe más que tú. –La defendió por inercia al ser sacado de sus cavilaciones.
–¡¿Ves a lo que me refiero?! Ahora hasta la defiendes de mí.
–¿Seguro que no estás enamorado de mí? –Lo molestó Tomioka.
–Ahora quién es el que habla homosexualidades.
–Pasa la tarde con la nueva, ¿Fuyuko? –Propuso, tratando de recordar el nombre de la última conquista de su mejor amigo.
–Aiko. –Corrigió.
Sabía que tenía que ver con las estaciones.
–Aiko tiene una hermana, Haruko, te la puedo presentar. –Propuso Inosuke.
–No sé si quiera salir con chicas nombradas por las estaciones del año.
–Eso no tiene nada que ver cuando están buenas.
–¿Qué pasó con tu búsqueda de una chica con dos neuronas?
–Me rendí. –Contestó Inosuke con simpleza. –Entonces para hoy…
–Nos veremos por la noche. –Sentenció Tomioka llegando al lugar donde habían quedado para estudiar y extrañándose por no encontrar a Alice como de costumbre, esperándolo. –Nos vemos Inosuke.
¿Dónde se habrá metido?
–¡Profesor Tomioka!
Se giró para encontrarse con la joven que venía corriendo hacia él y traía un paquete en las manos.
–¡Feliz Cumpleaños!
Entonces extendió el paquete de una conocida pastelería en el sector y se lo extendió.
Giyuu no esperaba ese gesto. No esperaba que ella supiera que era su cumpleaños y aunque lo supiera, jamás esperó que le comprara algo.
–¿Cómo… cómo lo supiste?
–El chico que siempre está contigo, el capitán del equipo de baloncesto lo gritó a los cuatro vientos. –Se justificó. –No lo sabía, por eso tardé, tenía que comprar el pastel.
–No debiste molestarte.
–Para nada. –Aseguró. –Puedes llevártelo y comerlo en tu casa, con tu familia.
Con su padre que no estaba y la hermana a quien no le importaba, no gracias.
–Tengo una mejor idea.
Fueron a comer unas hamburguesas y como Giyuu era conocido ahí, le pudieron cantar una canción de cumpleaños y comer pastel. A Giyuu le hacía falta Inosuke, pero, la compañía de Alice no fue tan mala. Era torpe y eso era gracioso. Parecía que necesitaba de alguien a su lado constantemente, si no, se tropezaba o se cortaba o se resbalaba y caía.
Fue un cumpleaños fuera de lo normal pero divertido.
–Escoge cual quieres. –Le dijo señalando unos colgantes para el celular. –Es tu regalo de cumpleaños.
–Me compraste un pastel, es suficiente. –Aseveró el pelinegro
–Tú pagaste por la comida.
–Técnicamente no lo hice, me las dieron gratis por mi cumpleaños.
–Vamos, déjame darte algo. Es un simple colgante para el celular y si te compro ese, el que me quiero comprar para mí me sale a mitad de precio.
Finalmente, Giyuu cedió y tras señalar uno en colores azules, la joven contenta tomó uno en color lavanda y fueron a pagarlo.
–¡Feliz Cumpleaños, profesor Tomioka! –Canturreó contenta extendiendo la pequeña bolsa.
–Gracias.
–¿Giyuu?
Los estudiantes se giraron a ver a la mujer que miraba estupefacta la entrega del presente. Ataviada con traje formal, Tsutako Tomioka no daba crédito a lo que sus ojos veían.
–Señora Tomioka…
La señora no despegaba sus ojos azules de la bolsa que su hermano sostenía entre sus manos.
–¡Giyuu, lo siento tanto!
Se acercó a Giyuu quién no la apartó, pero cuando Tsutako lo abrazó él no hizo absolutamente nada.
–He tenido mucho trabajo, es difícil, ahora que he subido de puesto he estado más ocupada…
–Señora, no me importa. –Dijo con seguridad y alejándola para mirarla fijamente a los ojos. –No me interesaban sus palabras. Ya no.
–Hermanito…
–Yo dejé de ser su hermano cuando escogió desaparecer y dejarme solo.
–Pero papá…
–Él trabaja mucho desde que mamá murió. –Una socarrona sonrisa se coló en su rostro. –Pero eso tú ya lo sabías y, es más, por eso te alejaste de él, más no te importó dejarme a mí con él. –Se giró a la pelimorada que no se había movido desde que los hermanos empezaron a hablar. –Vámonos.
Sin darse cuenta, Giyuu arrastró a la joven por un largo rato hasta llegar a la misma entrada de su departamento. Solo ahí la soltó.
–Lo siento, te arrastré hasta aquí y ni siquiera sé dónde vives. –Se disculpó avergonzado de que la Alice lo haya visto sacar esa parte de su vida. –Dejo mis cosas y te acompaño a la estación o a tu ca…
No pudo terminar porque Alice lo había abrazado por la espalda. Lo tomó por sorpresa y no solamente por el gesto, sino también por la calidez que le transmitió dicho abrazo.
–Oye… ya, estoy bien. No me importa.
–¡Mentiroso!
Alice se giró para quedar frente a él.
–Sí que te importa, pero no quieres admitirlo porque eso significaría aceptar que eres vulnerable y como todo el mundo no quieres que nadie te dañe. Así que prefieres afrontarlo a tu manera, en tú caso: pretendiendo indiferencia.
La joven idiota a la que le daba clases y veía un par de horas al día por obligación, había desnudado su alma de tal manera que lo dejó sin palabras por un par de segundos.
–No sabes de lo que estás hablando… –Finalmente pudo responder.
–Claro que lo sé y por eso puedo asegurar que te sientes solo. –Con precaución y delicadeza acarició su cabello y detuvo su mano en la mejilla. –Pero no lo estás, me tienes a mí, profesor Tomioka.
Cuando menos lo esperó ya se estaban besando, y de ahí fue cuestión de tiempo para que desahogara en sus brazos toda la frustración que sentía, para que la calidez que desprendía de esa tímida chica llegara a su corazón y calara muy hondo. No sabía a qué se refería con que ella entendía la situación por la que él estaba pasando. Pero, una de las cosas que ella dijo sí fue cierta:
No se sentía solo cuando estaba con ella.
Alice dejó escapar un suspiro, Giyuu aprovechó para profundizar el beso. Los lentes de la chica le estorbaban por lo que procedió a sacárselos. Sentía calidez en las pequeñas manos que se colocaban en su pecho; además de la inexperiencia claramente marcada en el beso que ella le daba. Sin embargo, trataba de seguirle el ritmo.
Cuando menos se dio cuenta, ya estaban sobre su cama y no solo se besaban, él había empezado a acariciar por debajo del uniforme de ella, delineando los contornos del sencillo sostén. Empezó a besar su cuello mientras con una mano desabrochaba la blusa blanca de la joven que ya le empezaba a estorbar.
–Profesor Tomioka…
Aquel gemido que salió del par de labios hinchados por sus besos lo hizo volver a la realidad. Se incorporó sobre sus rodillas y se encontró sobre una joven ruborizada, con la respiración agitada y sus ojos, que ahora se apreciaban enormes y hermosos, brillaban de manera peculiar.
Era inocente, lo sabía por su falta de respuesta. Para estas alturas sus otras conquistas ya estuvieran exigiéndole atención y lo hubiesen desnudado desde el principio. Ella no sabe ni dónde poner las manos adecuadamente.
–Lo siento.
Él no podía aprovecharse de ella. No así, motivado por el coraje y la frustración que sentía en esos momentos. Se paró y sacó del bolsillo de su pantalón su cajetilla de cigarrillos y un encendedor. Necesitaba relajarse, necesitaba nicotina.
–¿Profesor…?
El aludido fijó sus ojos azules en la joven que se esmeraba por acomodarse la ropa rápidamente y buscaba sus lentes con torpeza. Giyuu se los alcanzó apreciando por última vez los ojos de Alice sin esos lentes.
–Ese beso, se nos fue de las manos. –Empezó a hablar pausadamente y percibió la vergüenza en el rostro de ella. –Oye, ya viste como es mi vida, no quiero complicaciones, no quiero una relación. Tú eres…
–Lo entiendo. –Lo atajó. –No tienes que decir nada más, sé que no cumplo tus expectativas. –Forzó una sonrisa. –Es algo normal en mí, nunca lo hago.
–No es eso… –Él quería decir que ella no se merecía algo así. Un momento pasajero.
Sin decir otra palabra o dejarlo a él concluir, tomó su bolso atropelladamente y salió de su casa. Ni siquiera se dio cuenta de que una fotografía se caía de su bolso en su huida rápida.
Cuando Giyuu la tuvo entre sus manos, pudo reconocer a Alice siendo una niña de no más de diez años que yacía sonriente a lado de un hombre mayor que ella que la tomaba en brazos con afecto. Al reverso de la imagen se podían leer tres palabras:
"Papá y yo."
–Vaya, eso estuvo… genial.
Una chica, cuyo nombre no recordaba en ese momento se acostó del otro lado de la cama. Luego de una larga actividad nocturna.
Inosuke había cumplido, y luego de sacarlo de su casa a rastras y regresar hasta altas horas de la madrugada, había sido acompañado por una de las chicas con nombres de estaciones y ahora yacían en la misma cama en la que horas atrás había besado a Alice-la tonta-Kobayashi.
Volvió a buscar su cigarrillos en su pantalón y sin pensar en nadie más prendió uno.
–¿Podrías apagar eso, por favor?
–No. –Fue la simple respuesta.
–Me molesta
–… Conoces la salida, ¿verdad?
La joven, cuyo cabello no podía distinguir el color, tomó sus cosas y se dispuso a salir, no sin antes besar su mejilla y decirle que la llamara cuando quisiera pasar el rato.
Se supone que eso era lo que él quería, sexo sin compromiso ni obligaciones, poder hablarle a la chica como le dé la gana y que ella siga con su vida así. Apagó el cigarro con fastidio, dio media vuelta y abrazó su almohada para poder dormir.
Odiaba el hecho de que ni después del sexo que acababa de tener, podía olvidarse de los besos de Alice.
Le costaba mantener los ojos abiertos luego de tremenda noche, pero, Alice aplicaba el examen el lunes y no podían descuidarse. Vio a la joven a su lado bostezar sonoramente. Con que ella tampoco pudo dormir. Su gran autoestima e inflado ego lo llevo a concluir que fue debido a sus besos, a pesar de no poder verificarlo.
Lo que sí sabía era que ella no había perdido el sueño por los mismos motivos que él.
Alice volvió a bostezar y esta vez lo regresó a ver a él al hacerlo. Se ruborizó y Giyuu no pudo evitar sonreír con arrogancia.
–¿Mala noche?
–Horrible. –Concordó ella. –Estudiar matemáticas molesta a cualquiera.
–Entiendo…
No le creía y ella lo sabía, por lo que avergonzadamente bajó la mirada y volvió a concentrarse en sus ejercicios. La mente del pelinegro trabajó para imaginarla sin lentes y con el cabello suelto, vaya que era bonita. Por la foto que vio, ella era así de niña, ¿Por qué había cambiado tanto?
–Ayer…
–¿Podemos olvidar lo que pasó ayer? –Pidió con tono angustioso.
–Olvidaste esto. –Completó con fastidio e hizo deslizar la foto por la mesa hasta las manos de la joven.
Alice tomó la foto en sus manos y su rostro cambió de la sorpresa a la nostalgia y al genuino cariño.
–Gracias. –Añadió sinceramente. –Esto es muy importante para mí.
–Lo supuse. –Contestó Tomioka. –Disculpa que te lo diga, pero ni tu padre ni tú se parecen al pesado profesor Kobayashi. De hecho, ni siquiera parece japonés.
–Es porque el pesado de Kobayashi no es nada mío. –Añadió con pesadez. –Al menos no biológicamente.
Giyuu permaneció en silencio y procuró concentrarse en otras cosas, para que Alice no se diera cuenta que en realidad quería saber más del asunto. Finalmente, la pelimorada suspiró.
–Kobayashi es el apellido del esposo de mi madre. –Dijo finalmente. –Mi padrastro. El hombre de la foto era mi padre: Mathias Bonnet, era francés renegado. –Recordó con una sonrisa.
Con que la chica tenía ascendencia francesa. Eso explicaba por qué sus ojos eran más grandes y sus facciones poco comunes. Lo mismo pasaba con él, por eso el azul intenso de sus ojos. Su abuela por lado de su madre es francesa, ella y su abuelo vivían en Lille.
–¿Francés renegado?
–Mis abuelos no querían que se casara con mi madre. Advirtieron que si lo hacía se olvidara de ellos y lo hizo. Nos amaba demasiado. –Añadió recordando con nostalgia.
–Entonces, ¿qué pasó?
Tanto él como Alice se sorprendieron por la pregunta. Giyuu sólo la pensó, más no pretendía hacerla. Ese tipo de cosas no se preguntaban.
–Murió cuando tenía diez años, en un accidente de coche. –Contestó la pelimorada. –Mamá conoció a mi padrastro un año después. Se casaron y ahora esperan a su segundo hijo.
–Tercero, dado que tú eres la primera. –Corrigió.
–Para ellos es el segundo y esperan que sea varón porque ya tienen a la pequeña Nabiki. –Recordó con amargura. –El profesor Kobayashi es el hermano de mi padrastro. Están empecinados con que entre a una buena Universidad, dicen que es lo menos que puedo hacer. Pero a nadie le interesa ayudar en eso.
Con que por eso Kobayashi no la había preparado él mismo.
–Y tú has dejado que decidan tu vida por ti.
–Mi mamá y mi hermana están bien.
–¿Y tú? –Inquirió en tono acusador. –Quieres ser artista. –Declaró. –No tiene nada de malo, te aseguro que aprobarás con honores esa carrera y, ¿sabes por qué? –La joven negó. –Porque es lo que te gusta.
–No lo creo…
–Si tú no crees en ti, nadie lo hará.
En ese momento, Alice le regaló una sonrisa que hizo saltar su corazón.
Nunca se había estresado tanto por buscar un apellido, un mugroso apellido con "K". Empezaba a perder las esperanzas cuando llegó a los cincuenta y no encontraba el nombre de Alice ahí.
Había empezado desde abajo, desde el último aprobado y el nombre de Alice no figuraba aún, llegó a los treinta y nada. Ya se veía a sí mismo repitiendo segundo de preparatoria.
–Aquí estoy, profesor Tomioka. –La joven usaba una voz que no daba crédito a lo que leía. –¡Fui la número veinticinco! ¡Entre los mejores! ¡Lo hicimos! ¡Lo hicimos!
Y sin pensárselo dos veces se echó en sus brazos y lo abrazó con fuerza.
–¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!
Se quedaron viendo frente a frente por unos segundos, Giyuu aún la sostenía y no despegaba la mirada de los labios de la joven a la que su cerebro visualizaba con el cabello suelto y sin lentes.
Alice carraspeó y él la soltó nervioso.
¿Nervioso? ¿Cuál era su problema? Él no se ponía nervioso con las chicas, ni con las más experimentadas y ahora se ponía así por… ¡Alice!
–Felicitaciones. –Añadió después de una pausa.
–Gracias, no lo habría logrado sin ti. –Exclamó con sinceridad la pelimorada. –Lamento haberte causado problemas hasta ahora.
–No fue nada. –¿Y ahora qué?, ¿se despedían? –Mucha suerte en la Universidad.
–Igual tú en tercer año.
Nuevamente se quedaron en silencio.
–Entonces, ¿adiós? –Alice extendió la mano y él la aceptó con fuerza.
–Adiós.
Ella se giró primero y emprendió su marcha, él la imitó un par de segundos después. Cuando estaba a punto de doblar una esquina y perderse de la vista de todos giró, por instintos, por ansias o necesidad, pero lo hizo y se encontró con Alice que también había girado y lo miraba con una sonrisa triste y se despedía con la mano.
Cuando la figura de la joven se desvaneció entre la multitud, volvió a sentir algo que no había sentido en mucho tiempo:
Soledad.
Giyuu observó de lejos a Alice graduarse, recibir su diploma y ser felicitada por los profesores. También pudo apreciar lo difícil que era su relación con su familia. Como su madre, embarazadísima, la abrazaba con afecto al igual que la hermana menor, pero su padrastro, notoriamente diferente a ella, ni siquiera la miraba. También estaba Kobayashi, que parecía más fastidiado que contento por haberlo aprobado en su materia.
Bien hecho, por bastardo.
Esa fue la última vez que vio a Alice vestida de uniforme.
Las vacaciones empezaron. Cuando su papá estaba en casa, se hacían compañía, ambos eran muy reservados, pero se sentían en confort el uno con el otro, además de que se dividían las labores domésticas.
Pero su padre era un trabajólico y las veces que pudieron compartir fueron esporádicas. Él desde tiempo atrás tuvo que aprender a llevar una casa, al menos básicamente, no podían vivir en la inmundicia hasta que la señora de la limpieza fuera una vez a la semana.
A veces pensaba que comprendía a Tsutako, debió ser pesado para ella ser la única que se encargaba de los deberes de la casa después de la muerte de su madre. Sin embargo, cuando recordaba su total abandono, se olvidaba de esos pensamientos.
La relación con su hermana empeoró. Ella había dejado de acercarse luego de escuchar varios de sus desplantes, y aunque sabía que no estaba siendo del todo justo, Tsutako tampoco lo fue. Nunca, ni siquiera en temporada de vacaciones fue a buscarlo. Aun se recuerda cuando era niño esperando a que se abriera la puerta deseando que fuera su hermana. Pero jamás volvió, hasta ahora que terminó la universidad.
Hablando de universidad, este año terminaría la preparatoria y debía ir a estudiar a una. Le era indiferente el lugar, prácticamente vivía solo así que no tenía necesidad de libertad o algo por el estilo.
Decidió darles una oportunidad a las carreras administrativas, se le daban bien los números. Ingeniería comercial lucía prometedor.
En todo ese tiempo no vio ni supo nada de Alice. Ni siquiera se toparon por accidente y detestaba el hecho de que aquello no le fuese indiferente. Salía con Inosuke a diario, y aunque nunca lo admitiría, esperaba verla por la calle, al menos para saber cómo le iba. Esa extraña necesidad de saber de ella lo irritaba.
Así llegaron las clases y la presión por entrar a la universidad, o así se podía percibir en sus compañeros. Inosuke y él estaban tranquilos. El peliazul había recibido la oferta de una beca por jugar baloncesto y él no les tenía miedo a los exámenes. No aspiraba grandezas, aplicaría a la misma universidad de su mejor amigo por cercanía y comodidad; seguiría divirtiéndose los fines de semana y ya.
Ese era su plan para el futuro.
Ni siquiera se había percatado de que había llegado a la biblioteca, sino hasta que estuvo ahí, exactamente sentado donde hasta hace unos meses compartía las tardes con Alice, estudiando, riendo.
A pesar de pensar en muchas otras cosas y de compartir su cama con otras chicas, el recuerdo de la pelimorada con trenzas y lentes no se alejaba de su cabeza.
Quizás ahora que tiene otras cosas que llenen sus pensamientos, los recuerdos de ella desaparezcan.
–Disculpa, ¿está ocupado?
Giyuu terminaba de acomodarse sus lentes de lectura cuando escucho a la silla moverse y reparó en la persona que tenía enfrente.
No le costó reconocerla, a pesar de lo diferente que iba. Su cabello lacio y morado caía hasta su cintura y un flequillo llegaba a sus ojos que ya no estaban cubiertos por unos lentes, no, ahora mostraban sus ojos púrpuras en todo su esplendor.
–No, para nada. –Contestó Giyuu con la misma sonrisa.
–¿Cómo está, profesor Tomioka?
–Ya corta eso. –La atajó. –Ya no soy tú profesor y tú no eres mi alumna.
–De acuerdo, Giyuu. –Respondió con entusiasmo mientras se acomodaba en su asiento.
Alice estaba dispuesta a pasar un momento con Giyuu para platicar.
–Últimamente estás raro.
El comentario de Inosuke le llamó la atención mientras almorzaban.
–Tú también, ¿haces dieta?
–¿Lo notaste? –Suspiró triunfal el joven. –No sé cómo lo hacen las mujeres, yo sufro.
Giyuu alzó una de sus cejas. Inosuke no conocía la ironía. Tenía como cinco tipos de panes diferentes, un ramen y taoyaki, todo eso para él solo. Comparado con su almuerzo, que consistía en un sándwich con una Coca-Cola, el que parecía en dieta era él.
–Pero tú, –Señaló Inosuke. –estás raro, no sé, más feliz. Últimamente estabas más huraño y eso es bastante hasta para ti. Pero, de la nada, estás normal, otra vez. No serás una perita en dulce, pero ya no eres tan repelente.
¿Tan extraño había estado que hasta Inosuke se percató? ¡Si su amigo no se enteraba de nada!
–Ya, dime qué te pasó.
–Nada.
–¡Ay ajá! –Bufó molesto. –Y yo soy gay.
–Si te soy sincero, siempre lo intuí.
–Ja…ja… ja… –Ironizó el peliazul. –Pero ya en serio, soy tu mejor amigo. Me siento excluido si no sé qué te pasa.
Giyuu posó sus ojos azules en su amigo que parecía desesperado. Tras meditarlo un momento, concluyó que no había nada de malo en que Inosuke supiera.
Le dijo que había empezado a ver a una chica, alguien que no había visto en mucho tiempo y que no se había dado cuenta de que era importante hasta que ya no estuvo con él y ahora que volvió se sentía… bien. Tras aquella confesión, siguieron otras. Finalmente pudo hablar de lo que había sentido con el regreso de Tsutako y la forma como la había excluido de su vida.
Para cuando terminó de contarle todo, Inosuke ya tenía los ojos llenos de lágrimas.
–¿Seguro que no eres gay?
Eso bastó para que al peliazul se enfureciera y luego de una larga lista de insultos y golpes amigables a Giyuu, terminaron riéndose los dos.
–Y, ¿quién es esa chica que sin darte cuenta llegó a significar tanto?
–Alice.
–¡¿Alice-la-tonta?!
Giyuu revisó su reloj por tercera vez. Alice no era de las que se atrasaba en sus "citas". No es que ya hubieran nombrado su relación. No se enviaban mensajes todas las noches o hablaban por horas en sus teléfonos. No.
Ellos se veían todos los días en la biblioteca, donde procedían a platicar en la intimidad del silencio. Luego cuando se iban, él cargaba sus cosas, tomaban algo en el camino. El primer roce de manos fue mientras esperaban el metro, el roce se convirtió en agarre y este solo se interrumpió cuando el tren llegó por la joven.
Ese mismo día le robó un beso.
Se puso igual de nerviosa que la primera vez y se avergonzó de la misma manera, especialmente porque ahora fue un beso en público. Esa era su forma de demostrarle que iba en serio.
No sabía cómo, pero de alguna forma Alice se había convertido en una parte muy importante de sí mismo.
Ella con su sencillez e ingenuidad, su infinita paciencia y su ternura, lo había cautivado a él, el despreocupado estudiante de último año.
Aunque tenía complicaciones respecto a su "relación". El hecho de que él llevara uniforme cuando se veían lo incomodaba, ya que ella era mayor que él. Pero eso terminaría pronto, cuando él se graduara de la preparatoria. Aun así, no dejaba que eso fuera un impedimento, se besaban cuando les apetecía y caminaban de la mano siempre.
–Ya se le hizo tarde. –Masculló revisando de nuevo su reloj de pulsera.
Entonces la vio.
Desaliñada y abrazando cientos de papeles con la cabeza gacha. Su corazón se angustió y se apresuró a su encuentro.
–Alice, ¿qué tienes?
La joven alzó la vista y Tomioka sintió la furia recorrer su cuerpo cuando se fijó en la marca roja en la mejilla de ella.
–¿Quién te hizo esto? –Preguntó mordiéndose los labios para no empezar a soltar una sarta de improperios. –¡Dímelo!
–Los quemó todos, Giyuu, todos.
Alice se abrazó a él para dar rienda suelta al llanto, en medio del cual logró relatarle cómo su padrastro había encontrado sus dibujos, había empezado a acusarla de desperdiciar el tiempo, que debía concentrarse en sus estudios. La abofeteó y sacó su pequeño estudio al jardín donde le prendió fuego a todo.
La escena fue presenciada en su totalidad por su madre y su hermana menor que no hicieron nada por detenerlo.
Giyuu tuvo que hacer acopio de una fuerza de voluntad que desconocía para no llamar a Inosuke e ir a partirle la cara al padrastro de la chica. Alice lo necesitaba a él ahí en ese momento, sosteniéndola, confortándola. Demostrándole su apoyo.
–No estás sola, estoy contigo.
Esa noche Alice la pasó con él. No hicieron absolutamente nada indebido, solo se hicieron compañía mutuamente. Cuando despertó estaba más tranquila, y en contra de sus deseos pensaba volver a casa.
–Puedes quedarte aquí, no tienes que volver.
–Sí tengo que hacerlo, Giyuu. –Explicó la joven mientras desayunaban. –Tengo asuntos pendientes allá y no quiero seguirte molestado.
–No me molestas y puedes quedarte el tiempo que quieras.
Alice se levantó y besó su mejilla.
–Eres un sol, Giyuu. Pero, no tienes por qué hacerlo.
No, no tenía, pero quería hacerlo. Por ella. Ellos… eran…
¿Qué eran?
Nunca habían definido su "relación". Los dos estaban cómodos con lo que compartían y no ha habido necesidad de nombrarlo, de dar regalos cada fin de mes.
–Nos vemos mañana, Giyuu. Gracias por todo.
–Estás insoportable.
Inosuke se quejó con su amigo, quien lo fulminó con la mirada.
–A mí no me da miedo tu mirada de: "Yo fui quien mató a la mamá de Bambie", así que ahórratela. Y ya suelta el celular que se va a dañar.
–No jodas, Inosuke.
–En verdad no te entiendo.
Por supuesto que no podía entenderlo, él no había pasado dos días preocupadísimo sin saber nada de cierta chica. Más de una vez quiso ir a su casa, pero no lo hizo. Incluso cayó en la tentación de preguntar por ella al idiota del profesor, pero tampoco lo convenció.
–¿Me vas a decir qué te pasa? –Demandó saber el peliazul.
–Alice no me ha escrito.
Lo siguiente que escuchó fueron las estruendosas risas de su mejor amigo que había perdido el equilibrio y ahora se burlaba de él con ganas.
–Nunca me hubiese imagina que tú… ¡tú!
–¿Qué yo qué? –Exigió saber Tomioka extrañado.
–Que te pondrías así cuando te enamoraras. –Siguió riéndose. –No me malinterpretes, incluso enamorado te imaginaba más frío y despreocupado que el hielo. Jamás hubiera pensado que te vería ansioso y preocupado por un mensaje.
¿Enamorado él? Qué clase de estupidez había soltado su amigo. Él no estaba…
Su celular vibró. Era un texto muy corto de Alice y eso bastó para que su corazón encontrara calma.
–Me apuesto mi dignidad a que ella te escribió, por eso acabas de poner esa cara de estúpido y ahora te irás corriendo tras ella. –Señaló Inosuke. –Vamos, estás feliz a su lado, te pones ansioso cuando no sabes de ella, quieres ser su protector. Estás enamorado y hasta la médula, Tomioka.
Giyuu empezó a caminar por el pasillo, pensando en lo que su amigo le acababa de soltar. Su mente evocó la imagen de Alice y el tiempo que compartían, lo tranquilo que se encontraba a su lado, lo completo que se sentía cuando la sentía entre sus brazos.
–¡Díselo! –Chilló Inosuke a lo lejos.
–¡Jódete! –Le respondió.
Odiaba cuando Inosuke tenía razón.
La encontró recargada sobre la fuente donde dijo que lo esperaría. Tal vez era su imaginación, pero la veía diferente.
Su cabello parecía tener más brillo y empezaba a caer en cuenta del brillo en sus ojos. Lo mismo su cuerpo, estaba bien dotado y formado. Le resultaba apetecible. ¿Por qué antes no la había visto así?
Fácil, antes no sabía que estaba enamorado de ella.
–Alice. –Llamó su atención y la joven lo regresó a ver. –Recibí tu mensaje.
–Tenía que verte, tenías que ser el primero en saberlo.
–Yo también tengo algo que decirte. Pero, tú primero. –Le cedió.
–¡Oh, Giyuu! ¡Me voy a Francia! –Exclamó eufórica, abrazándose de él.
"Me voy a Francia", "Me voy a Francia"
Las palabras de Alice resonaban en su cabeza con insistencia. Se iba, Alice se iba.
–¿Cómo? –Fue lo único que alcanzó a interrogar.
–Mi madre me puso en contacto con mi familia paterna. Creo que en el fondo ella tampoco quiere que las cosas sigan así en su casa. Mi abuela paterna rompió en llanto cuando escuchó quien era y están dispuestos a recibirme con los brazos abiertos. –Terminó de narrar contenta. –¡Estudiaré artes, Giyuu! ¡Cumpliré mi sueño!
Giyuu estaba mudo. No sabía qué decir. No podía decir que estaba feliz cuando no lo estaba, cuando la iba a perder justo en ese momento en el que cayó en cuenta de que es lo más importante de su vida.
Pero no podía decirle eso. No ahora.
–Me alegro mucho por ti. –Acarició sus cabellos, conteniéndose las ganas de exclamar lo contrario. –Tus esfuerzos por fin serán recompensados.
–No lo hubiera hecho de no ser por ti. –Aseguró. –Tú me obligaste a quererme a mí misma y me hiciste sentir querida. Muchas gracias, Giyuu.
Que irónico que sean sus propios consejos los que ahora la alejasen de él.
–No hay de qué.
–¿Qué querías decirme tú?
Que su presencia disminuía la soledad de su vida, que la inocencia que transmitía era un bálsamo en su descuadrada vida, que había sido su salvavidas en un momento difícil de su vida.
Que la quería y que estaba enamorado de ella.
–Nada. –Alice lo miró interrogante. –Nada tan importante. –Concedió finalmente.
Sus ojos azules percibieron decepción en los de ella
–Yo sí… –Tomó aire. –Quiero decirte algo. Giyuu, yo…
No pudo soportarlo, no quería escuchar nada más, no quería escuchar que ella sentía lo mismo que él y que se iba a ir o peor que pensara en quedarse por sus sentimientos. No podía.
Así que la besó, selló sus labios con los suyos en el beso más entregado que había dado en toda su vida y eso que había besado bastante. Se dedicó, por segundos a besar y deleitarse con los labios de Alice por entero, embriagándose de ella, procurando conservar su sabor por el resto de su vida.
Alice se fue cuando faltaban tres meses para que se acabara el año escolar. Giyuu no fue a despedirla. Más que eso, se propuso olvidarla. Seguir su vida como era antes de que esa niña se entrometiera en ella.
Vivía con su padre, generalmente ausente, pasaba los fines de semana con Inosuke, cumplía con sus obligaciones y seguía una vida normal.
Había sido aceptado en la universidad y sin darse cuenta ya se estaba graduando de preparatoria. En medio del fulgor que lo rodeaba y a pesar de que su padre y su hermana habían asistido, algo le faltaba.
Algo le faltaba desde hace mucho tiempo.
–Bien, ya quita esa cara de mierda.
Inosuke lo abrazó por los hombros mientras se sentaba a su lado y pedía una cerveza.
–Cállate.
–Trata mejor a tu mejor amigo. –Le advirtió. –El mejor amigo de todo el mundo y por el cual todos te envidian. –Lo miró con suspicacia. –No jovencito, no te envidian el pelo y los ojos, mucho menos las bellezas con las que sales, aunque no has salido con nadie en mucho tiempo. –Añadió. –En fin, no te envidian nada de eso, te envían porque soy tu mejor amigo.
–Si tú lo dices…
–¿Qué otro mejor amigo te hubiera preparado un viaje a Francia que sale esta misma noche?
¿Qué, qué?
–¿Que tú hiciste qué?
La sonrisa de Inosuke se ensanchó aún más.
–Giyuu, somos hermanos de diferentes padres. –Empezó a explicar. –Te conozco quizás más que a nadie y sé que desde que Alice-la-tonta se fue, estás mal.
–Eso no es…
–Los dos sabemos que es verdad, así que no es necesario que lo digas. –Interrumpió el peliazul. –El punto es que tu vuelo sale en cuatro horas, así que apenas tenemos tiempo para llegar al aeropuerto.
–¡Espera! –Lo atajó Giyuu cuando Inosuke lo sacó del bar. –No puedo irme así nada más. ¿A dónde llegaré?, necesito que mi padre firme mi salida, soy menor de edad, aún no tengo veinte.
–Nimiedades.
–Ni siquiera sabes qué significa esa palabra. Inosuke, déjalo así.
–¡No voy a dejarlo! –Se quejó el muchacho. –No voy a dejarte consumir por la autocompasión, das pena Tomioka. –Exclamó molesto. –Eres mi mejor amigo y quiero que seas feliz. LO MERECES. –Puso el boleto de avión en sus manos junto con otros papeles. –Conseguir que tu padre firme fue un juego de niños. Avisarle a tu hermana ya es otro caso.
–Eso quiere decir…
–No sabe que te vas hoy. –Terminó de explicar Inosuke. Giyuu aún lo miraba extrañado. –Llegarás con tus abuelos, de nuevo tu padre ayudó muchísimo. Están encantados de recibirte. ¿Verdad que soy un genio? –De repente su semblante cambió ante su amigo. –Lo único que no pude conseguir fue información de Alice-la-tonta. Ni presionando a Kobayashi la conseguí, así que eso correrá por tu cuenta.
Giyuu estaba abrumado, Inosuke lucía más serio que nunca y le dio explicaciones coherentes de todo. El plan estaba fríamente calculado.
–¿Cuánto tiempo llevas planeando esto?
–Desde que empezaste a parecer Bambie huérfano. –Contestó con descuido. –No pude haberlo hecho solo, tu padre ayudó. Creo que se siente mal por cómo manejó las cosas contigo desde que falleció tu madre.
–Eso significa que… ¿me voy a Francia?
–Así es. Aunque si seguimos platicando como mujercitas probablemente no alcanzarás el vuelo.
Cuando llegaron al apartamento todo estaba listo, mientras su padre fumaba un cigarro en el umbral de la puerta esperándolos. Sin decir nada, los llevó a su camioneta y los trasladó al aeropuerto. Cuando llegaron, Inosuke se adelantó a dejar el equipaje, dejando a padre e hijo solos en el carro.
–Gracias. –Dijo finalmente Giyuu luego de un largo y tenso silencio. No sabía qué más decirle a su ocupado padre. –Lo que hiciste por mí, para poder viajar fue… hablar con los abuelos después de tanto tiempo debió haber sido…
–Oh, cállate Giyuu. –El señor Tomioka arrojó su cigarro a un lado y alargó su brazo para atraer a su hijo a sí y darle un tosco abrazo. –Las palabras se te dan tan mal como a mí. Solo… prométeme que te vas a cuidar, que obedecerás a tus abuelos y serás una persona de provecho. ¿De acuerdo?
Giyuu se dejó consentir por su padre que no lo soltó inmediatamente y solo lo hizo tras entregarle un sobre con dinero en efectivo.
–No es…
–¡Shhh! –Lo calló su padre. –Sé que no lo compensa, pero míralo como las veces que debí pasar contigo. Déjame pensar que contribuyo a tu bien, al menos de esta forma.
–Está bien. –Giyuu asintió y se preparó para salir del coche. –¿No vienes? –Cuestionó girándose a su padre.
–No, no quiero que llores y te pegues a mi pierna porque no te quieres ir. –Se burló.
–Siempre pensé que te era indiferente y que amabas más a tu trabajo que a mí. –Se atrevió a confesar dadas las circunstancias.
–Eres un tonto. ¿Cómo podría serme indiferente mi único hijo varón? –Soltó como si fuera obvio. –Se necesita mucho coraje para decidir dejar todo lo seguro y aventurarte por tu felicidad. Estoy orgulloso de ti, y estoy seguro de que tu madre también lo estaría.
Esas palabras bastaban para llenar en algo el vacío que había dejado la ausencia de su padre.
–Entonces, cuídate.
–Tú también… Y Giyuu, –Lo detuvo cuando iba a salir. –te quiero. Prométeme que serás muy feliz.
–Te lo prometo.
Ambos compartieron una sonrisa y Giyuu cerró la puerta tras de sí.
–¡Hijo!
–¿Ahora qué? –Se giró.
–Saca unos minutos y llama a tu hermana, dile que te vas hoy.
–¿Por qué yo?
–¿Bromeas? Tú te vas del país, no tendrás que soportarla después.
Se le hizo eterno escuchar el sonido de la línea mientras esperaba a que alguien conteste en la casa de su hermana. Era la primera vez que lo intentaba, pero, aún así se le hizo la llamada más larga de su vida.
–¿Aló?
La voz infantil al otro lado de la línea lo tomó por sorpresa. No esperaba que Tanjiro le contestara, eso quería decir que todos estaban en casa de Tsutako.
–Hola pequeño, ¿está Tsutako?
–Hola hermano, sí, ya te la paso. –Dijo atropelladamente. –Tíaaaaaaaaaaaaaa.
–¡Espera Tanjiro! –El niño se detuvo y lo escuchó. –Sé un buen chico, ¿eh? Cuida de Tsutako.
–Entendido. –Contestó. –¿Mañana nos recoges a Zenitsu y a mí para ir a jugar al parque?
–Pórtense bien, Tanjiro. –Pidió evadiendo la pregunta. –Te quiero enano, ahora pásame a Tsutako.
Otra vez la espera a que Tsutako atienda le pareció eterna.
–¿Bueno?
–Me voy a Francia en el vuelo de la seis, cuida a los niños y… cuídate tú también.
Lo dijo tan rápido que le quedó la duda si es que su hermana lo había escuchado bien. Sin embargo, no se quedó a confirmarlo, colgó y se despidió así de su familia.
–¿Listo? –Preguntó su mejor amigo. –Creo que ya deberías de entrar.
–Nunca podré agradecerte lo suficiente, hermano. –Expresó con sinceridad Giyuu
–Agradécemelo siendo feliz. Aunque lo tienes difícil sin tenerme a tu lado.
Giyuu golpeó a Inosuke con cariño por última vez para luego alzar su mano en el aire. Inosuke entendió y extendió la suya para chocarlas con fuerza antes de darse un gran abrazo.
–Termina tu carrera por favor, no embaraces a nadie antes de eso. –Pidió el pelinegro.
–Maldito idiota. –Contestó Inosuke. –Sé feliz.
–Lo prometo.
Y desapareció por la puerta de abordaje.
Mentiría si dijera que encontrar a Alice fue fácil. Todo lo contrario, fue como encontrar una aguja en un pajar.
Sus abuelos lo recibieron con los brazos abiertos, incluso ya le tenían preparada la universidad. Su hermana llamó mucho el primer mes, pero, él se negó a responderle. No quería reproches de su parte.
Le costó acostumbrarse. Aprender el idioma era mucho más difícil de lo que pensaba, pero lo hizo. Y para mantenerse en la universidad y ayudar un poco a sus abuelos, tuvo que meterse al club de natación y aplicar una beca por ese deporte. Le ayudaba mucho a liberar su frustración también.
Había buscado en todos los colegios de arte del lugar. Sin éxito.
No había rastro de ella o de sus familiares. Ni Alice Kobayashi o Bonnet. ¡Nada!
Finalmente llegó a la escuela de bellas artes de París: École nationale supérieure des beaux-arts. Tampoco le dieron razón de ella ahí. Estaba a punto de rendirse y mandar todo al diablo. Era desesperante no saber nada de ella.
–¡Maldición! –Gritó en japonés y a todo pulmón, captando la atención de más de un presente.
Entre ellos…
–¿Giyuu?
Escuchar su nombre de aquella voz tan conocida hizo que se le erizara la piel. Se giró lentamente para encontrarse frente a frente a la joven que hacía que toda la travesía tuviera sentido.
Alice.
Sintió como una descarga de vida llenó su cuerpo. Su corazón volvió a latir. En un momento estaba solo y al siguiente… estaba con ella. Sin perder tiempo, corrió hasta Alice para estrecharla en sus brazos.
–Tardaste mucho. –Susurró la joven en su oído.
–Te amo y no quiero estar lejos de ti.
–Yo también te amo Giyuu, y nunca nos volveremos a separar.
–Nunca.
–Nunca.
Unieron sus labios como sello de dicha promesa.
Vivieron el amor en París. Ambos terminaron sus carreras y se casaron. Giyuu le avisó a su hermana un par de horas antes de la ceremonia. No los quería ahí, a nadie que le recordara su triste vida en Japón. Ahora sólo miraría hacia delante, hacia su futuro. Solo miraría a Alice.
Su esposa.
Ella quería que se reconciliara con su familia, nunca perdía la oportunidad de recalcarlo. Entonces, con los años llegó el entendimiento y la madurez. Ahora sabía que podía haber manejado mejor la situación, pero le daba miedo dar el primer paso. Su joven esposa, aseguraba que cuando fuera el momento lo sabría y que ella estaría con él para apoyarlo.
Ambos hicieron sus carreras y empezaron a trabajar. Alice le vendía sus pinturas a un pequeño museo y Giyuu había conseguido un cargo importante en un banco local.
Todo era perfecto y feliz. Cada día que pasaban juntos era así. Y a hasta habían hablado de integrar un miembro y formar una familia. Ambos estaban muy ilusionados con la idea.
Nada ni nadie podría interponerse en la felicidad del par de jóvenes que estaban decididos a alcanzar sus sueños.
–No es necesario, iré yo más tarde. –Dijo un Giyuu de veinticuatro años con la cara roja y hablando raro, producto de la congestión nasal.
–No digas tonterías. –Lo riñó con cariño la pelimorada. –Ya voy yo, tengo que ir al mercado y me queda de paso. Ayer te escuché decir que estos papeles son importantes.
–Prefiero que te quedes cuidándome. –Dijo abrazándola por la espalda y besándole el cuello.
–Cuando vuelva me aseguraré de que no salgas de la cama. –Aseguró coqueta. –Recuerda que quedamos en escribirle a la cigüeña y para eso debes estar en óptimas condiciones. –Añadió picándole una mejilla. –Así que déjame ir, volveré pronto a prepararte un delicioso caldo de pollo.
–Dios me libre, creí que me necesitabas bueno para escribir esa carta. –Le siguió el juego Giyuu.
La joven esposa le sacó la lengua y se dispuso a marcharse fingiendo indignación. El amoroso marido la detuvo y la interrumpió con un beso.
Un largo y embriagante beso. Saboreó cada rincón de su boca y se embriagó de ella lo más que pudo.
–Vaya. –Fue lo único que dijo Alice tras el beso que la hizo ruborizar.
–Espera que regreses. –La tentó el muchacho.
–Me voy corriendo. –Jugó ella. –Giyuu. –Lo llamó desde la puerta. –Nunca olvides que te amo y que eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
–Tú también, pero ¿por qué me dices eso?
–No sé. –Contestó Alice. –Simplemente quiero que siempre lo tengas presente. Te amo.
Y tras decir esas palabras se marchó.
Sin imaginarse que algo se interpondría en su felicidad.
El teléfono sonaba con insistencia y hacía que le doliese aún más la cabeza.
Giyuu lo alcanzó somnoliento y sorbiéndose la nariz. No tenía idea de que esa llamada estaba a punto de cambiar su vida para siempre.
–¿Bueno?
–¿Señor Tomioka? –Una voz desconocida preguntó al otro lado de la línea. –¿Hablo con Giyuu Tomioka, esposo de Alice Tomioka?
–Sí, ¿qué ocurre? –Apenas empezaba a despertarse. ¿Quién le estaba hablando?
–Señor, lamento informarle que hubo un atentado en el banco, un par de antisociales entraron armados y dispararon para intimidar a los clientes.
La sangre se le fue a los pies.
–Su esposa... –Siguió la persona del otro lado de la línea. –Fue interceptada por una bala perdida.
–¿Cómo está? –Preguntó sintiendo un dolor intenso en el pecho y un miedo que jamás había sentido en la vida.
–Se encuentra muy delicada. En estos momentos se dirige al Hospital Central.
La persona siguió hablándole sin saber que él ya había dejado colgado el teléfono y había salido corriendo de su piso.
Tomó un taxi y cuando ingresó al hospital su abuelo ya estaba ahí.
–¿Cómo…?
–Al parecer Alice les dijo cómo contactarme. No quería que salieras así. –Se excusó el señor refiriéndose a su gripa. –Tranquilo hijo, saldrá de esta.
Giyuu sintió como su abuelo trataba de transmitirle su fuerza y asintió.
Ambos se fueron a preguntar por la joven y una enfermera les dijo que se encontraba en el quirófano.
Después de dos horas que se sintieron eternas, un doctor salió para informar la situación.
–Hemos extraído la bala con éxito. –Explicó el doctor viendo como los hombres frente a él se alegraban, por lo que se apresuró a decir. –Aun así, la paciente está en estado crítico.
–¿Puedo verla? –Preguntó el desesperado marido.
–Giyuu, por tu gripe no creo que sea lo más…
–Ve donde las enfermeras y que te preparen para entrar. –Interrumpió el médico y le indicó a Giyuu dónde debía de ir.
Una vez que se encontraron solos el doctor y el abuelo de Giyuu, el último finalmente se atrevió a preguntar:
–¿Cuánto tiempo? –Era ilógico que le permitieran la entrada a algún portador de virus donde se encontraba un enfermo tan delicado como Alice. Eso sólo podía significar una cosa: que ya no había nada que hacer.
–Vivirá hasta que el tiempo lo disponga. –Indicó el médico. –Pero le calculo veinticuatro horas como máximo, la bala atravesó una zona muy delicada del pecho. Lo lamento.
–Yo más.
Nunca en su vida podrá quitarse la imagen de Alice postrada en esa cama de hospital, rodeada de un sinfín de máquinas que emitían sonidos molestos que indicaban que la joven aún estaba con vida.
Se acercó con sutileza y tomó su pequeña mano entre las suyas y las besó con desesperación.
–Por favor, por lo que más quieras, resiste…
–¿Gi…Giyuu?
La voz raposa que pronunció su nombre jamás hubiera sido asociada con la de Alice hasta ese entonces. Alzó sus ojos para encontrarse con los ojos púrpura de ella que lo miraban con preocupación.
–No… debiste salir… de la cama. –Hablaba con dificultad.
–Shh, no hables, te hará mal. –Rogó conteniendo un gemido de frustración al verla ahí y así, cuando él… –Debí haber sido yo... –Susurró bajo, lo suficientemente bajo como para que ella no lo escuchase.
–Oh, no digas eso... –Pidió con voz apenas audible. –Yo no hubiera sabido… qué hacer sin ti. Me alegro de que puedas seguir viviendo…
–¿Y supones que yo sí puedo seguir sin ti? –Se rio con amargura. –No, no puedo.
Pero Alice no lo oía, se había dormido.
Staring at the bottom of your glass
Hoping one day you'll make a dream last
But dreams come slow, and they go so fast
Alice recuperaba la consciencia y la perdía inmediatamente por el esfuerzo y los medicamentos. Giyuu no se alejó de su lado y en ninguna circunstancia le soltó la mano. La maldita gripe que tan abatido lo tenía por la mañana, para la noche parecía completamente curada.
–Deberías descansar… –Recomendó la pelimorada desde su cama. –Tu gripe…
–Tú preocúpate en mejorar.
–Giyuu… seamos sinceros... –Pidió con una sonrisa en los labios y los ojos cerrados. –Los dos escuchamos muy bien y sabemos que el sonido de mi vida es cada vez más débil.
Giyuu se mordió los labios para contener sus sentimientos y apretó la mano de su esposa con fuerza.
–Sabemos que voy a…
–No lo digas. –Rogó con voz angustiada. –Eso no va a pasar, vamos a salir de esta. Iremos a casa y empezaremos una familia, como siempre quisiste.
–Oh, Giyuu... –Ahora la voz de ella empezaba a quebrarse. –Me hubiese encantado… poder dejarte un hijo… para que no estuvieras solo…
–Vamos a tenerlos. –Aseguró. –Tantos como quieras. No me vas a dejar Alice, no puedes hacerlo.
–Mi vida… no quisiera hacerlo… –Lo miró con ternura. –Pero, las cosas no salen siempre como queremos…
You see her when you close your eyes
Maybe one day, you'll understand why
Everything you touch surely dies
–Hace un rato… mi abuela vino a verme en mis sueños… –Relató Alice. –No quiere que me pierda… recuerda mi torpeza… Giyuu… –Llamó a su esposo. –Te amo, pero… estoy muy cansada, debes dejarme ir…
Los ojos de Giyuu, que no habían derramado ni una sola lágrima desde que se enteró del accidente de su esposa, se llenaron de lágrimas que no tardaron en empezar a caer por su rostro.
–No. No. –Aseveró con firmeza apretando sus manos. –No me pidas eso.
–Ven…
Con la escasa fuerza que tenía, alzó sus manos y atrajo el rostro de su esposo al suyo para darle un último tierno y delicado beso.
Un beso con sabor a despedida.
But you only need the light when it's burning low
Only miss the sun when it starts to snow
Only know you love her when you let her go
–Prométeme… que serás feliz… –Pidió susurrando en su oído mientras acariciaba sus negros cabellos con ternura.
–No podré serlo sin ti. –Aseguró aterrado. Sentía como la vida de Alice se le iba de las manos y él no podía hacer absolutamente nada para remediarlo.
–Sí lo serás... –Aseveró. –Ya lo he visto… alguien más te hará feliz… No pudiera irme sabiendo que no lo serías…
–No volveré a amar a nadie más. Eso sí puedo prometértelo.
–Amarás… –Sentenció la pelimorada. –Y te sentirás muy mal por hacerlo, pero… nunca olvides que desde donde quiera que yo esté… estaré tranquila de saberte feliz... Giyuu... –Alzó su rostro y secó las lágrimas que caían por sus pálidas mejillas. –Muchas gracias por haberme hecho la mujer más feliz del mundo…
Only know you've been high when you're feeling low
Only hate the road when you're missing home
Only know you love her when you let her go
El agarre de la joven empezaba a debilitarse y él empezaba a desesperarse.
–Te amo, Alice, por favor no te vayas. –Apretaba con insistencia el botón de las enfermeras. –Resiste, cariño, resiste.
–Prométemelo Giyuu, por favor…
–Te prometo lo que quieras, pero por favor, por favor…
–Prométeme que serás feliz… sonríeme, por favor... –Dijo acariciando con delicadeza el rostro de su esposo y secando las lágrimas que caían sin misericordia por sus mejillas. –Mira que feo estás… te pones más guapo cuando ríes y así quiero recordarte…
Lo sabía, ella se le iba de las manos. No la volvería a ver, no volvería a sentirla, a besarla…
Alice se moría y él no podía hacer nada, salvo cumplir su último deseo.
–Lo prometo.
Su cuerpo se relajó ante la tranquila sonrisa que Alice le regaló por última vez.
–Gracias… Yo te prometo que estaré bien…
Fue entonces cuando su cabeza cayó por inercia a un lado de su almohada, aún con su hermosa sonrisa en los labios.
La vida de Alice se le fue de las manos y él no pudo hacer nada.
Los doctores llegaron con las enfermeras a constatar lo que él ya sabía. Lo sacaron a rastras y su abuelo lo recibió, también con el rostro bañado en lágrimas. Le hablaba, pero él ya no le escuchaba, no escuchaba nada además de sus sueños, ilusiones, esperanzas, su corazón y su vida romperse en mil pedazos.
Alice se había ido, llevándose con ella, lo mejor de sí mismo.
And you let her go…
Próximo capítulo: Viernes 25 de octubre de 2024
