¡Feliz Halloween a todos! (Debo mencionar que es mi día favorito del año). Los dejo con nuestra historia de terror favorita :)
Capítulo XVII: El Infierno en sus Ojos
El director Ubuyashiki caminó hacia el centro del atónito salón y con una de sus afables sonrisas empezó a hablar:
–Creo que el joven no necesita presentación para ustedes, mis preciados estudiantes –Por lo que se giró a un estupefacto Giyuu que aún no salía de su asombro. –Pero a usted sí debo presentárselo, profesor Tomioka. Él es Douma Somi, se fue a un programa de intercambio a Londres y se reintegra con nosotros para el proceso de graduación.
–Quedo a su cuidado, profesor Tomioka. –El rubio se inclinó respetuosamente al profesor y se giró a saludar con la mano a sus compañeros.
Finalmente, sus extravagantes ojos encontraron a la joven sentada en primera fila, y su despreocupado semblante cambio a una sonrisa afable y un poco tímida.
–Hola, Shinobu.
–Hola.
Todos los estudiantes miraban expectantes ese encuentro inesperado. Claro estaba que los había confundido el educado pero impersonal saludo por parte de Shinobu.
Nadie sabía exactamente qué había pasado, todos suponían. Muchos decían que ella lo terminó a él, otros que fue él quien dio por terminada la relación. Lo único que sabían era lo que Instagram les había mostrado: ellos no habían terminado en buenos términos precisamente.
Por lo que no sabían qué esperar de ese peculiar encuentro. La aparente amabilidad de Douma y la fría cortesía de Shinobu tras una semana de ausencia. Pero estaban deseosos de averiguarlo.
El director mandó al rubio a sentarse en el puesto de un alumno que se había ausentado aquel día, prometiendo resolver el asunto de su lugar hasta el final del curso después de los festivales escolares y de deportes.
Giyuu procuró dar su clase de la forma más fácil posible. De vez en cuando se giraba para encarar con los estudiantes. Antes, siempre encontraba a Shinobu mirándolo en estado de ensoñación; ahora, ella yacía con la cabeza abajo y apuntaba descuidadamente en su cuaderno.
–Entonces…. –Habló el profesor, decidido a atraer la atención de Shinobu. –¿Qué método de diferenciación utilizaríamos en este ejercicio, señorita Kocho?
Shinobu alzó la mirada y la posó directamente en el pizarrón, observaba el problema con la misma mirada inquisidora que él usaba en ella. La pudo notar más delgada y quizá un poco más pálida, no podría decirlo con seguridad porque, aunque no era un experto en maquillaje podía apreciar que el rostro de la joven estaba perfectamente camuflado de cosméticos.
Lo único que no pasó desapercibido para él, fueron sus opacos ojos color violeta.
–¿Método exacto?
La pregunta sacó al profesor de sus pensamientos y rápidamente disimuló su estado pensativo dándole su atención al problema escrito en la pizarra.
–¿Por qué dice que es exacto?
–Por the fault. –Contestó con desinterés. –Hay x's y y's por todos lados, mezcladas. No lo relaciono como ningún otro método.
–Lamentablemente, no está en lo correcto.
–¿Por qué no?
Una voz poco conocida llamó la atención del alumnado e incluso del profesor. Una sonrisa amable estaba en los labios del rubio que miraba divertido la escena.
–Si le multiplicamos un factor integrante a toda la ecuación se resolverá por el método exacto, como lo dijo Shinobu.
La mención tan fresca y familiar con la que Douma dijo el nombre de Shinobu, hizo que se removieran todas las fibras de su cuerpo. Un escalofrío molesto e incómodo subió por toda su espina dorsal hasta llegar a su médula. ¿Con qué descaro la llamaba por su primer nombre tan a la ligera?
–A ese caso se le llama: Ecuación no exacta con factor integrante, el caso que aprendimos hoy y reforzaremos la próxima clase. Es el último caso de diferenciación y lo último del programa. Estúdienlo y lo terminaremos la próxima clase.
"Se les informa a todos los estudiantes que a partir de este momento se suspende toda actividad académica con motivo de las preparaciones previas al festival escolar; hasta el jueves, los alumnos deberán tener todo listo dado que el viernes está programado a ser el día del evento."
Los gritos de júbilo por parte de los jóvenes no se hicieron esperar. Los delegados del salón se apresuraron a organizarlos e indicarles qué debían hacer antes de que salieran corriendo como pollos sin cabeza.
Giyuu recogía sus cosas en silencio mirando disimuladamente a Shinobu, esperando a que sus ojos se encontraran, que la intensidad de su mirada fuera tan fuerte que ella se viera obligada a unir sus ojos con los de él. Quería asegurarse de que lo que había visto no era verdad.
Sin embargo, cuando sus miradas por fin se encontraron, lo confirmó. Fueron sólo cuestión de segundos los que Shinobu le dirigió una mirada. Dos segundos y el rostro de la joven se concentraba en Douma quien posaba su mano sobre el hombro de ella.
El profesor la vio ponerse de pie y acompañar al rubio que se adelantó para abrirle la puerta en un derroche de caballerosidad.
Shinobu se fue sin dedicarle una segunda mirada, dejándolo atónito.
Ni siquiera cuando Alice había acudido a él luego del último incidente con su padrastro se veía tan desvalida y con la mirada tan perdida.
Nunca había visto un par de ojos tan desolados como los de Shinobu Kocho.
La clase había sido un infierno de principio a fin. Contra toda esperanza, rogaba que Giyuu no hubiese notado su nerviosismo y trataba de no mirarlo porque no se fiaba de sí misma. Si lo veía, probablemente rompería en llanto y eso era lo que menos quería.
No quería volver a inspirarle lástima nunca más y no estaba segura de que algún día podría mirarlo sin sentir esas ganas arrolladoras de lanzarse a sus brazos. Por ahora, era demasiado pronto para eso y no sabía cuándo dejaría de sentirse así.
–No importa por dónde te mire, no eres la Shinobu que recuerdo.
Shinobu hizo un gesto de fastidio y se giró a encarar a su exnovio.
Ese había sido un golpe muy bajo de la vida. Es decir, ¿no podía Douma quedarse en Londres por el resto de sus días?
No era como si él aún significara algo en su vida. Sin embargo, una parte de ella no podía dejar de culparlo. Si él no se hubiese ido y terminado con ella de esa forma tan humillante, probablemente ella no hubiese buscado una forma de hacérselo pagar saliendo con Giyuu.
No. Tenía que dejar de hacer eso, tenía que parar de echarle la culpa de todos sus problemas a terceros. Ella tenía la culpa de todo lo que le pasaba porque al estar maquinando sus planes jamás consideró la posibilidad de que se enamoraría y perdería.
–Las personas cambian. –Contestó Shinobu sin sentimientos en su voz; pero, recorrió rápidamente al rubio con la mirada y tuvo que coincidir con él. –Lo mismo podría decir de ti.
El recién llegado sonrió y negó con la cabeza al mismo tiempo.
–Lo notaste. –Asintió con tristeza.
–¿Qué quieres Douma? –Preguntó hastiada. No quería estar con él más tiempo del necesario. –Como escuchaste, tenemos cosas que hacer para el festival y dudo que me hayas llamado solo para comentar acerca del cambio que notas en mí, así que dímelo ya. ¿Qué quieres?
El rubio alzó sus ojos y miró fijamente los ojos apagados de Shinobu. No podía reconocer en ella a su enérgica novia de antaño. Suponía que él lucía de manera similar solo que, a diferencia de ella, él procuraba disfrazar sus sentimientos lo más que podía.
Su parte vanidosa le decía que la pelimorada estaba así por él, después de la forma como su relación terminó, es lógico que guardara resentimientos hacia él.
Él mismo resentía aquello, ya que fue el inicio de sus problemas.
De todas las cosas que Shinobu hubiese esperado escuchar salir de la boca de Douma, jamás se le cruzó por la mente lo que escucharía:
–Quiero que me perdones.
–¿Qué?
Seguramente había escuchado mal o ese no era Douma. El atractivo, popular y creído de su exnovio jamás le ofrecería una disculpa. Achicó los ojos con suspicacia.
–¿Qué sacas ofreciéndome disculpas? ¿Por qué a estas alturas?
–La forma en la que terminé nuestra relación no fue la correcta. –Se excusó. –Tú fuiste mi primer error.
Zenitsu escuchaba a lo lejos como los representantes de ambas clases organizaban a los miembros de su curso y se repartían los deberes.
–¿No te parece que Shinobu y Douma están tardando mucho?
El rubio giró a su derecha para encontrar a Nezuko en su uniforme de deportes y lista para colaborar con sus compañeros. Los de segundo año ya se encontraban con ellos para colaborar con los preparativos del festival.
Y por supuesto que en cuanto llegó su amiga se encargó de contarle todo lo sucedido con la llegada de Douma.
–¿Aún piensas pegarle? –Inquirió preocupada.
–Si tuviera mi mano buena, le hubiese partido la cara al idiota. –Soltó Zenitsu. –Pero, no merece que me pierda la final por él.
Nezuko asintió más tranquila. Le preocupaba la amenaza de Zenitsu sobre golpear al ex de Shinobu si este volvía.
–Y, ¿ya sabes qué harás en esta payasada?
–Seré una Host. –Contestó con una sonrisa. –Como tú.
Zenitsu se tensó tanto que podría jurar que escuchó su cuello tronar cuando se giró a su mejor amiga. ¿Nezuko?, ¿una Host?
–¡¿Qué?! –Exclamó tan alto que un grupo de compañeros giraron a verlo. –¡No! Tú no puedes hacer eso… ni siquiera hiciste de maid el año pasado, y cuando hicimos la obra el año anterior ayudaste con la costura. ¿Por qué ahora quieres ser una Host?
–¿Y por qué no? –Preguntó un tanto indignada. –Tal vez no vuelva a tener esta oportunidad. Nos pidieron que seamos Host y las cuatro aceptamos. –Acotó refiriéndose a Shinobu, Kanao y Mitsuri. –Aunque la verdad me costó mucho convencer a Kanao.
La imagen de las cuatro entrando a la fiesta a inicios de año hizo que aquella petición tuviera sentido.
La sangre le empezó a hervir sólo de imaginar a Nezuko siendo igual de deseada como en aquella fiesta en la que no la reconoció y se la llevó a la cama.
–Eso no es para ti, Nezuko. –Trató de decirlo lo más suave posible. –Ser una Host significa ser coqueta, atrevida y…
–¿Yo no soy así?
–¡Exacto! –Estaba muy complacido de ver que la castaña entendía.
–¡Puedo ser igual de coqueta y atrevida que tú! –Exclamó ofendida. –Es más, apuesto lo que quieras a que tendré más clientes que tú.
¿De qué estaba hablando Nezuko? Solo imaginarla en ese plano bastaba para causarle escalofríos. Pero, si la juzgaba por su mirada, no habría poder humano que hiciera que Nezuko desistiese de su posición.
Y a él le encantaría demostrarle lo equivocada que estaba.
–De acuerdo, cómo tú quieras. –Habló Zenitsu con tranquilidad. –Pero, estaremos en la misma zona. –De esa forma podría cuidarla. –Y el que gane tendrá que hacer lo que el otro diga, sin oponerse, hasta el festival de deportes.
El festival de deportes se realizaría la semana siguiente. Si perdía, tendría que hacer lo que Zenitsu diga por una semana, pero… si ella ganaba, el rubio tendría que obedecerla.
–Hecho.
Ninguno de los dos pensaba perder esa apuesta.
Tanjiro llevaba un buen tiempo buscando a su amiga. Desde que la vio salir de salón de clases se dispuso a alcanzarla para poder hablar con ella, pero para su mala suerte, Murata lo intercepto para consultarle algunas decisiones del dichoso Host en el que no le interesaba participar, pero ya se había comprometido.
Maldición. ¿Dónde se había metido Kanao?
Como última opción se dirigió a su taller, y como si sus plegarias hubieran sido escuchadas, la encontró en el pasillo caminando tranquilamente.
–¡Kanao! –La llamó mientras corría detrás de ella para alcanzarla.
Sin embargo, lo que recibió fue una mirada fría por parte de ella.
No esperaba menos.
–¿Qué quieres? –Cuestionó sin tener intenciones de girarse a mirarlo nuevamente.
–Desde que te conté el problema con Shinobu no hemos podido hablar, y bueno… –Tragó saliva antes de continuar. –La verdad quería decirte que yo tomo toda la responsabilidad, no quiero que te molestes con Zenitsu y mucho menos con Nezuko, yo les pedí que no te dijeran nada y…
–No es necesario que me digas lo obvio. –Se giró para encararlo con un semblante serio. –Ya no estoy molesta con ellos. Pero contigo… –Frunció el ceño. –Más que molesta, me has decepcionado por completo. ¿Cómo pudiste ocultarme algo tan grave?
Tanjiro por un momento sudó frio. Kanao siempre le dedicaba miradas cálidas y dulces sonrisas, pero en esta ocasión no había rastro de ello. Y eso le frustraba de sobremanera porque todo el avance que había tenido para recuperar a su amiga se fue al diablo.
–Cuando me enteré no sabía qué hacer. Traté de hacer entrar en razón a Shinobu, pero tú sabes lo terca que es. Después te vi tan estresada por el festival que no quería agobiarte con más problemas.
–Aún así tuviste que decírmelo. No se trata de cualquier persona, ¡es mi hermana! –Espetó. –Tal vez yo hubiera podido evitarle todo el sufrimiento por el que está pasando ahora… Quizás…
–Kanao. –La interrumpió su amigo. –Hay que ser realistas, ¿realmente crees haber evitado todo esto? Shinobu se aferró por completo a Giyuu, ya no había nada que hacer. Creo que era necesario que esto pasara para que Shinobu tuviera un golpe de realidad.
–¿Cómo te atreves…?
–Y te ofrezco una disculpa. –Volvió a interrumpirla. –Pero no me parece justo que me trates así cuando en realidad quise ocultarte la verdad por tu bienestar y no por hacerte daño.
Kanao apretó sus puños con frustración. No podía alegar ante esa lógica.
–Ya no seguiré atormentándote más con este tema, solo nos queda demostrarle nuestro total apoyo a Shinobu. –Se giró dispuesto a regresar a su salón.
–Me dijo Makomo que participarás de Host. –Dijo con un leve tono de reproche sorprendiéndose a ella misma por expresar sus sentimientos.
–Así es, y sé que tú también. –Volteó a verla por un instante y después se giró para retomar su caminar. –Pero ten por seguro que le romperé el brazo a cualquiera que intente hacer algo contigo. –Concluyó antes de desaparecer por una esquina.
Kanao tuvo que parpadear un par de veces por el comentario final. Tomó un largo suspiro y simplemente siguió con su andar. Lo peor de todo es que sí lo creía capaz de hacer eso.
Shinobu ahora le prestaba total atención a su ex. Douma la miraba igual que siempre, con una sonrisa en el rostro. No… no era igual que siempre. Había algo más en él, a la vista imperceptible, tenue, sutil y perfectamente camuflado.
Sin necesidad de preguntarle, le contó acerca de la chica que conoció en Londres, la misma que salió en las fotos que vio en Instagram. Cómo sin pretenderlo se enamoró de ella y por una estupidez la perdió.
–Es estúpido, ¿sabes? –Habló el rubio. –La negación en la que entras cuando te empiezas a dar cuenta de que estás enamorado. Es aterrador ver como tus prioridades cambian en función a otra persona y como esta se va volviendo cada vez más importante para ti. Tratas de convencerte a ti mismo de que eso no está pasando y cuando menos te das cuenta lastimas y alejas a esa persona de tu lado. Es solo cuando la pierdes que te das cuenta de lo mucho que significaba para ti.
–Hablamos de la chica de las fotos, ¿verdad?
–Emma. –Asintió. –Empezamos una relación con derechos y sin deberes, solo diversión o eso creía. Cuando ella me preguntó si sentía algo por ella, lo tomé a la ligera. Creí que era otra de nuestras tantas bromas al respecto, siempre hablábamos de lo cómodos que estábamos con nuestra relación. Así que le dije que no. En cosa de nada terminamos y ella empezó a salir con otro chico. Fue ahí que me di cuenta de lo mucho que la quería.
–¿Y me estás contando todo esto por…?
–Ella empezó a salir con alguien una semana después de cortar y me enteré porque los encontré besándose. –Explicó.
Shinobu empezaba a entender por dónde iba la cosa.
–Hay que ver como gira el mundo. –Soltó Shinobu con gusto. Lo que le había pasado a Douma era muy parecido a lo que él le había hecho a ella. Solo que entre ellos no había sentimientos tan fuertes.
–Así es. Por eso te ofrezco una disculpa, no me imagino cómo te sentiste…
–Humillada. –Explicó Shinobu. –A diferencia de ti, yo no guardaba mayores sentimientos hacia tu persona. Heriste mi orgullo, sí. Pero no me rompiste nada.
Douma se quedó viendo a la joven fijamente y ésta le devolvió la mirada.
Ambos podían verse reflejados en el otro. Los dos habían sido heridos luego de haber terminado su relación. Bastaba con verse, la mirada llena de brillo que una vez tuvieron se había ido.
–Ya veo. –Douma había entendido el mensaje de Shinobu. Se acercó a la joven y colocó su mano en su cálida mejilla. –Tu piel sigue tan suave como la recuerdo. Pero, tu mirada, ya no es la misma de antes.
–Lo mismo digo.
–Perdóname. –Pidió. –Antes de que todo esto pasara, incluso antes de tener una relación, éramos buenos amigos. Quisiera poder recuperar eso.
–Yo…
–Kocho.
Una voz masculina interrumpió la conversación. Douma y Shinobu se giraron para encontrarse con unos ojos azules tan oscuros que apenas se distinguían de la pupila.
–Profesor Tomioka. –Douma habló con sorpresa sin notar la tensión en el cuerpo de la joven a su lado.
–Deberían estar ayudando a sus compañeros con lo del festival. –Indicó el maestro con voz neutra.
El rubio rio incómodo.
–Sí, a eso vamos, ¿verdad Shinobu?
Su compañera asintió y procuró caminar a la par que su ex para así evitar encontrarse con Giyuu frente a frente.
–Kocho. –Volvió a llamar la estudiante que detuvo su caminar quedando espalda con espalda. –Si es tan amable de acompañarme, tiene que justificar sus faltas.
–Mi doctor de cabecera quedó en ponerse en contacto con la escuela. –Contestó cortante.
–No he sido notificado al respecto. Así que, por favor, acompáñeme.
Shinobu inhaló profundamente antes de seguir a Giyuu por el largo pasillo.
Tarde o temprano tendrían que encontrarse. Se dijo a sí misma. No podía evitarlo para siempre, al menos no mientras aún estudiara en el colegio. Así que tendría que aprender a ser fuerte.
Aunque con cada paso que daba, su corazón latiera más rápido.
El camino a la sala de profesores se le hizo eterno. Giyuu miraba de soslayo cada tantos segundos para asegurarse de que la joven aún estaba atrás de él.
Afortunadamente sí lo estaba.
Tenía que pensar en qué le diría una vez que lleguen a su oficina. Él ya había recibido la llamada del doctor de la familia Kocho justificando la ausencia de Shinobu con un cuadro de bronquitis aguda. Pero, algo le decía que eso no era verdad.
Había pensado en hablar con ella esa tarde en la práctica de natación. Sin embargo, su voz salió pronunciando el apellido de Kocho, sin siquiera proponérselo, cuando al pasar por el pasillo vio la mano de su exnovio acariciarla con tanta soltura. Simplemente tuvo que intervenir.
Y no solo eso, tenía que separarla de él.
Finalmente llegaron a su destino y Giyuu se resignó a que tendría que sacarle únicamente la información necesaria.
–Entonces, ¿a qué se debe su ausencia de la semana pasada, señorita Kocho?
Se giró para ver a la joven que parecía concentrada en el escritorio de madera.
–Estuve enferma de bronquitis. –Informó tajante. –Si no ha recibido una llamada de mi médico de cabecera, le aseguro que la recibirá a más tardar mañana mismo.
–De acuerdo.
–Entonces me retiro.
La joven se dispuso a marcharse lo antes posible y nuevamente Giyuu, guiado por sus reflejos, alargó su mano y detuvo a Shinobu por la muñeca.
Shinobu se soltó como si quemara y por primera alzó sus ojos a los azules del profesor que la miraban sorprendido.
–¿Ya terminó de verme, profesor Tomioka? ¿Ya volvió a darse cuenta de que yo no soy Alice?
Sin esperar una respuesta de su parte, Shinobu se giró y salió rápidamente del despacho de profesores dejando solo al profesor.
El puño de Giyuu golpeó fuertemente su escritorio y juró por lo bajo.
¿Dónde se habían ido el brillo pícaro y vivaz de la joven? ¿Por qué aquellos ojos que lo miraron con tanto amor ahora lo miraban con… temor?
No le gustaba, pero ¿qué podía esperar?
No, esa no era la pegunta correcta.
¿Por qué habría de esperar otra cosa?
El manga de One Piece se estaba poniendo mejor cada semana. Ahora la batalla de Luffy contra Kaido se estaba llevando a cabo marcando así el inicio del fin del arco de Wano.
Y él no tenía con quien hablarlo.
Tenía tantas hipótesis y tantas ganas de compartirlas con alguien que lo entendiera.
Inosuke sospesó candidatos. Giyuu era la mejor opción… por no decir la única. Sin embargo, Giyuu fingiría que lo estaba escuchando, pero no lo haría.
Echaba de menos a Aoi…
¡¿Qué?! ¡No! ¡Claro que no! ¡Él no podía echar de menos a la mentirosa!
Pero era la única persona con la que podía tener una charla decente respecto a One Piece.
Y hablando de la mentirosa, ¿dónde estaba? Normalmente tomaba su almuerzo a esa hora sola en la sala de profesores. No es que él estuviera al pendiente de eso, para nada. Pero, la sala de profesores era el lugar con la mejor cobertura de red Wifi en el colegio.
Unos toquidos en la puerta llamaron la atención del profesor de gimnasia. Qué raro, ningún profesor tocaba para entrar a la sala de profesores.
Inosuke se puso de pie y se encaminó a abrir la puerta con la curiosidad de saber de quién se trataba.
Su sorpresa fue grande cuando lo que encontró tras la puerta fue un gran arreglo floral y a un hombrecito sacando la cabeza para poder ser visto; mientras a su espalda los estudiantes que pasaban por ahí miraban la escena extrañados.
–¿Se encuentra la profesora Kanzaki o es aquí su despacho?
El peliazul estaba mudo. Giró hacia un lado dejando pasar al repartidor y mecánicamente indicó el escritorio de la peliazul.
–¡Qué alivio! –Exclamó el empleado con júbilo. –¿Puede firmarme aquí para que quede la constancia del recibido?
Los ojos verdes de Inosuke miraron al pequeño hombrecito como si le hubieran salido tres cabezas. Mecánicamente tomó el bolígrafo que le tendían y garabateó la hoja.
Ni siquiera escuchó al hombre despedirse amablemente, se dirigió directamente al glorioso ramo que reposaba en el escritorio de su compañera.
"Muchas gracias por ser una gran amiga.
Goto."
El sonido de una exclamación llamó la atención de Inosuke. Giró su cabeza para encontrarse con Aoi, quien cubría su boca en un gesto de sorpresa. Ignorándolo monumentalmente, se dirigió a las flores y las acarició con mucha delicadeza.
–Son hermosas… –Musitó más para ella misma que para cualquier otro. Tomó la tarjeta y no pudo evitar sonrojarse. Después de todo, era la primera vez que alguien le mandaba flores.
–¿Ahora te acuestas con tu cuñado?
La respiración se le cortó inmediatamente. Aoi clavó sus ojos azules en los de su colega y se lo quedó mirando con perplejidad.
–¿Disculpa?
–Te acuestas con él, ¿verdad? Por eso te manda esto. –Indicó las flores. –¿Qué sigue? ¿Un collar de diamantes?
Aoi inhaló con fuerza dispuesta a no dejarse amedrentar por el cabezota de Hashibira.
–Me pareció ver que estabas leyendo esta tarjeta. –Le mostró el pequeño cartón. –No sabía que eras tan listo como para leer ocho simples palabras.
–¿Gran amiga? –Repitió con ironía. –¿Así le dicen ahora?
–No sé, ¿cómo le dices tú a la ramera que llevas a tu piso? –Aoi guardó la tarjeta y maldijo no poder largarse en ese preciso momento para esconder sus flores.
Decidió que lo mejor era irse y mantenerse alejada lo más posible de Inosuke. Estar cerca de él y tener que aguantar sus desplantes no solo la enfadaba, la lastimaba. Pero estaba decidida a ocultar ese sentimientos a como diese lugar.
–¿Te acuestas con él? –Insistió Inosuke en preguntar; viendo a la peliazul detener su andar, pero aún sin voltearse.
Aoi no iba a darle la satisfacción de mostrarle cuánto le lastimaban sus palabras.
–Dijiste que una prostituta era más mujer que yo, quizá me estoy poniendo a nivel. Total, no es de tu incumbencia con quien comparto mi cama.
Inosuke maldijo una vez que la puerta se cerró delante de él y pateó la silla que estaba más cerca de él.
Recuerdos de Aoi plenamente dormida junto a él lo asaltaron, y la imagen mental de ella durmiendo con su cuñado lo enfermaba.
–¡Maldición!
Le hacía hervir la sangre.
Mitsuri salía del despacho del director con el corazón latiéndole a mil por hora. Si eso pasaba solo por entregar el proyecto, no quería ni imaginarse cómo sería de pasar a la final.
–Deja de temblar.
La joven se giró a su compañero que la miraba con el mismo semblante imperturbable de siempre. Claro, él no la entendía y esa cara de confusión a sus acciones era una de las tantas cosas que le gustaban de él.
–Ya no hay marcha atrás. Si es que algo hicimos mal…
–Hiciste…
–Hicimos. –Corrigió Mitsuri. –Porque si fue mi error, tú, ser omnipotente, no te diste cuenta de ello. –Se llevó las manos a la cabeza. –¿Y si no lo probamos lo suficiente?, ¿y si hay alguna falla en la interfaz?, ¿y sí piensan que usar verde limón es demasiado llamativo?
–Te he repetido como veintiocho veces que está bien y que las estadísticas están de nuestro lado. –Expuso cansado. –Estar contigo es agotador.
Ella podría decir lo mismo, pero se mordió la lengua. No se supone que le digas eso al chico que te gusta.
–Anuncian a los finalistas hasta el viernes. –Suspiró la joven. –Serán los cuatro días más largos de mi vida. Pero, ni modo, al menos tendré el festival escolar para distraerme. Por cierto, ¿qué harás tú?
–Hanako dijo que sería un Host. –Explicó con fastidio. –Pero me ha dicho que no es necesario que sea amable con nadie, solo que no haga llorar a ninguna clienta.
–Considerando la cantidad de chicas que han llorado por tu rechazo en los últimos tres años, me parece excelente.
–No voy a hablar contigo sobre eso.
–Yo también seré Host. –Soltó Mitsuri de improviso. –Siempre trabajo en la cocina porque nunca me ha gustado ser parte activa de esto, pero es mi último año.
Obanai reprimió un "¿Quién te preguntó?" y miró al frente pensando en cómo le diría a la joven lo que se supone que debía decirle. Había prometido a su madre que le preguntaría, pero jamás pensó que sería tan difícil.
–¿Qué pasa? –Preguntó Mitsuri sacando a su compañero de sus propias cavilaciones. –¿Planeas matar a alguien?
–¿Qué rayos…?
–Nadie planea un asesinato en voz alta. –Le recordó. –Y tenías esa cara desde antes de ir a dejar el USB con el director. Así que, dime, ¿qué te ocurre?
Kanroji no podía imaginarse cuánto odiaba que pudiese ver a través de él con tanta facilidad, tampoco podía imaginar cuánto detestaba decir lo que tenía que decirle. Pero finalmente, tenía que hacerlo.
–Mi madre quiere que vayas a cenar a la casa.
Las palabras del joven la tomaron por sorpresa. De todas las cosas que pensó Iguro podría decirle, jamás esperó una propuesta de ese calibre.
–Quiere agradecerte por… no sé, ¿alojarme en tu casa el día que me creyó perdido? –Siguió hablando y al ver que ella aún no salía de su estupor, se apresuró a agregar: –No es necesario que vayas, te excusaré con ellos y…
–¡Si quiero ir! –Interrumpió rápidamente. –¡Claro que quiero!
Ahora Obanai la miraba como si estuviera loca. No solo por su afirmativa respuesta, sino también por la vehemencia que le puso.
–Digo, encantada. –Se apresuró a corregir.
–Estamos hablando de mi familia, de mi casa.
Y él jamás se imaginaría lo contenta de estaba de saberse invitada a la casa del joven.
–Supongo que esta vez tu mamá no se me quedará viendo raro. –Contestó como quien no quiere. Mitsuri se acomodó sus trenzas antes de continuar. –Además, mi madre se sentiría muy avergonzada si sabe que he rechazado una invitación. No queremos molestar a mi mamá, ¿verdad?
Obanai agachó el rostro para ocultar una media sonrisa y poder volver a mantener el estoico semblante de siempre.
–Supongo que no.
–Entonces, nos vemos a la salida. –Informó Mitsuri en un tono que no admitía discusiones.
Su compañero se adelantó lo suficiente hasta desaparecer por una esquina. Solo en ese momento Mitsuri se permitió hacer su baile de la victoria que consistía en una serie de movimientos extraños que nadie podía entender.
A la mierda la mirada de miedo que se ganaba por sus compañeros que pasaban a su alrededor. Especialmente por las chicas, muéranse de envidia, simples mortales.
Ella había sido invitada a la casa de Obanai Iguro.
La única actividad extraescolar que se realizaba era la práctica de los equipos deportivos que participarían representando al colegio en la final del intercolegial. De manera que eran los únicos que podían ausentarse del trabajo del festival y practicar para sus respectivas disciplinas.
Shinobu agradecía que sus compañeras del equipo impidiesen cualquier contacto con su profesor. No podía evitar verlo de soslayo de vez en cuando y le sorprendía que más de una vez se encontró con ese par de zafiros devolviéndole la mirada.
La piel se le erizaba, por suerte el agua era una excusa perfecta para la situación.
Cuando la práctica terminó no perdió el tiempo y se cambió al mismo tiempo que sus compañeras. Esperó para salir todas iguales; afortunadamente Giyuu no estaba observándola, no a ella. Su mirada se mantenía fija en la puerta de salida, lugar desde donde Douma la saludaba con la mano.
Como era de esperarse, las chicas a su alrededor se alborotaron ante la presencia del rubio. Douma las saludó con carisma y se encaminó directamente hacia ella.
–¿Nos vamos?
El gritillo por parte de sus compañeras de equipo no se hizo esperar.
–¿Por qué no?
A lo lejos, un par de ojos azules miraban a Shinobu alejarse en compañía del estudiante recién llegado.
Giyuu se cambió rápidamente y cuando salió ya no había ninguna de las nadadoras. Se había malacostumbrado a la presencia de Shinobu rondando por ahí después de las prácticas y se tuvo que recordar que probablemente esos encuentros no volverían a darse. También que ese mismo día Shinobu se había ido en compañía de su exnovio.
Eso estaba bien, ambos eran estudiantes. El tipo era un idiota, pero ¿quién no es un idiota en la pubertad?
Sinceramente él no tenía ninguna clase de moral para juzgar a Douma. Él también había sido un idiota que se metió con una menor por el recuerdo de su esposa; razón por la cual no le debería importar lo que la joven haga con su vida desde que terminaron su relación.
Lo que ella haga y con quien lo haga no era su problema. Ella podría acostarse con Douma Somi en ese momento y a él le debería dar igual.
–Seiscientos yenes.
La voz del vendedor de cigarros lo devolvió a la realidad. Tomioka sacó las manos de sus bolsillos al darse cuenta de que tenía algo dentro de ellas.
–Vaya amigo, debe estar muy enojado por algo.
El vendedor tomó el billete de su mano y con mucho cuidado de no romperlo lo abrió y procedió a cobrar la compra devolviéndole el cambio.
Giyuu lo tomó y lo guardó. Sacó uno de los cigarrillos recién comprados y se dispuso a fumarlo.
Fumar era la manera en la que había decidido canalizar su coraje y frustración en la adolescencia. Dejó de hacerlo cuando conoció a Alice, y a pesar del dolor tan desgarrador que había sido perderla, no había recaído. No había tenido la necesidad ni había vuelto a sentir esas ansias de consumir nicotina.
Hasta ese momento.
–Gracias.
Shinobu aceptó de buena gana la crepa que Douma le ofreció y le reconoció, mentalmente, que recordara su sabor favorito.
–No me lo agradezcas, esa crepa es para que me devuelvas el favor después. –Contestó en broma. Se rio solo, esperando que su campaña se le uniera, pero eso nunca pasó. –A eso me refiero cuando digo que has cambiado. Pareces una mujer en sus treinta y tantos en vez de la jovial adolescente de diecisiete que conocí. ¿Problemas con tus padres?
Shinobu odiaba recordar que en el tiempo en el que salió con Douma lo había puesto al tanto de su relación con sus padres. Claro eso fue antes de ser un idiota que la terminó por Instagram.
–Vamos bonita, sabes que puedes decirme lo que quieras.
El apelativo cariñoso hizo click en ella y no pudo evitar recordar el noviazgo con el rubio: lo bueno y lo malo. Más cosas buenas que malas, es más, lo peor que hizo el chico fue terminarla como la terminó.
–No hay nada que decir. –Contestó tajante.
–Sí que lo hay. –Contestó con tranquilidad. –Pero si necesitas un amigo…
–Tengo cuatro buenos amigos y una hermana, gracias. –Lo interrumpió con altanería.
–Lo sé, tú tienes a Tanjiro, Zenitsu, Nezuko y a Mitsuri. Incluso una buena hermana como lo es Kanao. Pero aun así trato de aferrarme a ti a pesar de tu claro desdén.
–¿Qué esperabas? ¿Qué salté a tus brazos? O ¿ahora que tu novia te hizo lo mismo que tú me hiciste a mí quieres vengarte y salir conmigo en revancha?
–Eso es tonto. –Contestó. –Quiero una amiga con la que pueda sentarme a almorzar y hablar de cualquier cosa.
–Douma, escúchate. –Le pidió. –¿Pretendes que haga como si nada ha pasado porque ahora vienes a decirme que fuiste un idiota? Eso ya lo sabía, no necesitaba que me lo recordaras. Fuimos novios, si bien no te amé, te quise mucho. Tanto, que te di mi primera vez. –Le recordó un tanto avergonzada. –Me ofreces disculpas, de acuerdo, te perdono. Pero, no puedo ser tu amiga y pretender que no pisoteaste mis sentimientos, que si bien no fueron de amor si fueron una bonita ilusión.
–Pero…
–Ya te dije que te perdono, Douma. Pero, no esperes que confíe en ti de la misma forma que antes.
–¿Y si me propongo a recuperar esa confianza? –Contestó con seriedad, sorprendiéndola.
Shinobu fijó sus ojos violetas en los de su compañero y pudo apreciar que tras el velo de tristeza que los empañaba, había una determinación que no creía que existía en el rubio. ¿De qué le servía culpar a Douma de sus errores?
Quizás si su relación con Douma hubiera seguido, no se hubiese obsesionado con Giyuu o quizás igual se hubiera prendado de esos ojos azules y hubiera caído rendida ante él.
De ser diferente, quizás Douma hubiese terminado siendo tan victima como ella.
¡Dios! Ni siquiera podía llamarse víctima. Ella sabía muy bien en lo que se metía cuando su corazón se enamoró de Giyuu Tomioka. Ahí no había víctimas, había culpables que deben saber acarrear las consecuencias de sus acciones.
¿Quién era ella para impedirle a Douma resarcir sus errores?
–Haz lo que quieras.
Zenitsu jugueteaba con el folleto que tenía en sus manos. La Universidad de su distrito era muy prometedora, aunque claro, él ya tenía la invitación y la beca de la Todai. Y para obtenerla tenía que ganar el campeonato. pero, en realidad él no quería irse, le gustaba la comodidad. Sí, era un conformista, ¿y qué? Era su vida y podía ser conformista si quería.
Envidiaba ese aspecto de Nezuko, ella sabía qué hacer con su vida desde niña. Él no, jamás se preocupaba de eso o de nada. Siempre tenía a Nezuko para preocuparse por él.
Ahora, a días de terminar la preparatoria y entrar al preludio de lo que es la vida real, no sabía qué hacer con su vida.
"Piensa Zenitsu, piensa". Se animaba él mismo. No sabe qué quiere hacer, así que empecemos por lo que NO quiere hacer.
Nada que tenga que ver con los números o las computadoras. Nada de arte, sus dibujos de humanos aún consisten en un palito sosteniendo un círculo con cara y otros cuatro palitos más pequeños por extremidades. La sangre le resulta desagradable y odia el olor de los hospitales, así que también descartaba la medicina y todos sus derivados.
En resumidas cuentas, no sabía qué hacer con su vida.
Eso lo frustraba. Su madre estaba haciendo cada vez más constantes las pláticas en la mesa acerca del: "¿Ya decidiste qué estudiarás?". No podía contestarle: "aún no", para siempre. En algún momento su madre ya no le preguntaría, le exigiría una respuesta, y con justa razón, y temía el día que eso llegara.
Marcó el número de Nezuko rápidamente. En momentos como esos de indecisión y desesperación, él nunca había sido su mejor consejero. Confiaba más en el juicio de su amiga que en el suyo cuando se encontraba en ese estado.
–¿Hola?
–No sé qué hacer con mi vida. En cosa de nada nos tocará elegir y al paso que voy acabaré vendiendo chicles en una esquina.
La risa de Nezuko al otro lado de la línea logró calmarlo, como siempre.
–Aún tienes tiempo. –Trató de consolarlo.
–Es fácil para ti decirlo. –Le reprochó.
–Piensa en algo que te haga feliz, algo que quieras hacer por el resto de tu vida.
–Entendido.
–Ahora te dejo. Tengo que tomarme las medidas para el traje de Host.
Eso despertó la curiosidad en el rubio.
–¿Cómo es?
–SOR-PRE-SA. –Se burló la castaña al otro lado del teléfono. –Pero te diré que te prepares para perder.
Zenitsu miró el teléfono como si a este le hubieran salido un par de cabezas.
Eso le preocupaba mucho más que su propio futuro.
–¡Muchas gracias por la invitación y disculpen la intrusión!
Mitsuri hizo una educada reverencia a sus anfitriones. Ellos le sonrieron con timidez asegurándole que no fue ninguna molestia haberla recibido, es más, estarían encantados de volver a tenerla con ellos pronto.
Como era lo correcto, Obanai acompañó a Mitsuri hasta la estación a tomar su tren.
–Creo que asusté a tus padres. –Comentó la joven un tanto preocupada.
–No están acostumbrados a que se hable tanto en la mesa… ni en ninguna otra parte de la casa.
–¡Una familia tiene que comunicarse! –Exclamó Mitsuri.
–Tú fuiste la que dijo que hay que darles tiempo.
–Tienes razón. –Mitsuri suspiró. –Invitarme fue un gran paso. –Sus ojos verdes vieron como su compañero la miraba interrogante. –Quieren conocerte y conocer a lo que te rodea, se interesan por ti. Aunque no sería nada raro que al volver te dijeran que debes mantenerte alejado de mí.
–¿Por qué? –Preguntó. –¿En tu casa te dijeron eso de mí?
–Oh por Dios, claro que no. En mi casa han desarrollado una especie de Obanai Complex. –Explicó. –Te adoran. Cada que llego me preguntan si vienes conmigo y un par de veces mi mamá colocó tu plato en la mesa por error. –Vio como las cejas de Iguro se juntaban con preocupación. –Ellos entienden que tienes casa, tranquilo. Pero, quieren que sepas que puedes llegar cuando quieras. –No se lo habían dicho, pero ella sabía que era así.
Entonces volvió a pasar. Volvió a ver otro rostro de Iguro que no debería ser apto para todo público. Es decir, ¿quién no se derretiría al ver ese rostro iluminarse como el de un niño chiquito?
–Gracias.
Es reacción en el joven duraba un par de segundos, luego volvía a ser el frío patán de siempre; el patán del que se había enamorado.
No quería que nadie viera esos pequeños segundos en los que él bajaba la guardia. Quería que él la viera de la misma forma que ella lo miraba a él.
Y empezaría con el festival escolar.
Si su proyecto pasaba a la final, se le declararía.
Se suponía que había hecho lo mejor. Se había convertido en la peor de las basuras para alejarla de su lado.
Porque era lo mejor.
Porque ella era una niña y él un adulto, era su profesor y lo más importante…
Él aún amaba a Alice, su esposa.
Pero, entonces, ¿por qué no podía quitar sus ojos de ella?
La miraba cuando no estaba prestando atención como un auténtico acosador, no, peor que eso, como un mocoso de dieciocho que necesita controlar cada movimiento de su ex.
Sea como sea, lo que veía no le gustaba.
Suficiente sorpresa fue ver que el brillo en sus ojos se había apagado. Pero, creía que eso era una etapa más, todas las adolescentes creen que se les cae el mundo cuando terminan una relación.
Sin embargo, los días pasaban y podía ver a Shinobu colaborar con sus compañeros e incluso reír con sus amigos. Pero, su mirada seguía siendo tan opaca que apenas la reconocía.
La Shinobu jovial y extrovertida, pícara y apasionada había desaparecido y había sido reemplazada por la sombra de lo que Shinobu Kocho era.
Ya no estaba encima de él, no había vuelto a recibir ningún mensaje cargado de emojis y stickers, ya ni siquiera lo miraba y evitaba estar en su presencia el mayor tiempo posible.
Y por alguna razón eso lo molestaba mucho.
¿Era por el parecido de Shinobu con Alice?
–¡Bonita! Toma tu cappuccino.
Un tic en su ojo aparecía cada que escuchaba ese diminutivo. Ese era otro inconveniente que atormentaba sus pensamientos.
Douma Somi.
Desde su regreso no se despegaba de Shinobu, ni siquiera cuando los amigos de ella lo fulminaban con la mirada. No había visto ningún movimiento extraño o exceso de familiaridad. Pero siempre, SIEMPRE, estaba donde la pelimorada se encontrase. Incluso en las prácticas de natación.
No entendía los sentimientos que lo agobiaban y que giraban en torno a la joven. El rubio de ojos extravagantes fue el famoso exnovio, una cosa era saber de su existencia y otra muy diferente era ponerle cara a la figura borrosa que era el pasado amoroso de Shinobu. Aquel que la besó primero, que la tocó primero, que la hizo suya primero y que había vuelto.
¿Habría vuelto por ella? ¿Se habría dado cuenta del soberano error que cometió al dejarla ir?
El mismo vértigo que sintió en el pueblo cuando creyó olvidar el aroma de Alice embargó su pecho, y la mano donde había vuelto a colocar su anillo matrimonial le pesaba como nunca lo había hecho.
Tenía que dejar de pensar en tonterías, a él no le debería importar eso.
Y sin embargo lo hace, le importa y mucho.
Especialmente porque muy dentro de él, en el fondo de su cabeza y opacado por tantos otros sentimientos contradictorios, estaba uno con el que no contaba:
Arrepentimiento.
Todo marchaba en perfecto orden. Los stands de los cursos parecían ir estupendamente o al menos no había recibido ninguna queja aún. Todo se estaba realizando en los horarios requeridos y al paso que iban terminaría efectivamente con la fogata al final del día.
Aoi sonrió complacida. El festival marchaba a la perfección.
Desearía que su vida funcionara igual de bien.
Porque, aunque su madre ya no estaba para atormentarla y el dinero no sería un problema por mucho tiempo, aún no se sentía del todo bien.
¡Y lo odiaba! Detestaba que le afecten las palabras de Inosuke, detestaba pensar que su pequeña venganza había servido para alejarlo de ella, que lo había perdido.
¡¿Desde cuándo había empezado a considerar a Inosuke Hashibira suyo como para perderlo?!
–¡Aoi!
Y esa era otra fuente de preocupaciones. Su futuro excuñado, Goto.
Empezó a darse cuenta de sus intenciones con las rosas y las cenas que le invitaba. Era claro que estaba pasando por un mal momento en su separación con Ayame y ella podía entender el infierno de vivir con su hermana, así que lo apoyaba.
Pero había algo en Goto que no había cambiado desde que lo conocía hacía tantos años.
Su inseguridad
Goto era muy dependiente, así cayó en dependencia de Ayame y empezaba a aferrarse a ella de la misma forma. Suponía que era natural, por el proceso de divorcio, quizás si hubiesen tenido hijos Goto se habría refugiado en ellos.
Se santiguó inmediatamente ante la idea. Dios sabe porque hace las cosas y su hermana no tiene hijos.
–¿Cómo estás, Goto? –Lo saludó educadamente.
–Bien. No me dijiste que hoy tenían el festival, hubiese venido antes.
Y ella lo sabía y por eso no se lo dijo.
–Se me pasó por alto, seguramente. –Contestó la peliazul. –He tenido muchas cosas en la cabeza, ya sabes que coordinar todo esto no es fácil.
–Déjame decirte que hiciste un excelente trabajo. –La halagó. –Espero que me quieras dar un recorrido. –Pidió, ofreciendo su brazo.
Iba a decir que no. Tenía una excusa en la punta de la lengua. Pero, entonces Inosuke apareció frente a ella dedicándole una mirada de desdén y no lo pensó más para colgarse del brazo de su excuñado y asentir. Ella sabía lo que él pensaba, él ya se lo había dicho; ya la había acusado y condenado. Si en ese momento se alejaba de Goto, solo le daría la razón.
–Claro, ¿por dónde empezamos?
–Por donde tú quieras. –Señaló entusiasmado. –Esto… déjame decirte que estás muy guapa hoy.
Aoi lo miró sorprendida, el rostro de Goto estaba muy rojo y miraba hacia otro lado. Por instinto, regresó a ver su atuendo.
Había optado por ponerse un vestido azul marino que acentuaba su cintura y su busto, a pesar de que el escote era mínimo. El largo llegaba a las rodillas y formaba muy bien sus piernas. Era muy recatado y elegante. Se veía muy bien y eso que no había usado las extensiones, solo se había ondulado las puntas de su corto cabello hacia adentro.
Se lo había puesto con toda intención. Más de un estudiante se había quedado viéndola como si no la reconocieran. En sus caras. Pensaba al pasar junto a ellos. Nunca más, nadie la vería de menos.
–Muchas gracias, Goto. –Sonrió, pero la vista la tenía clavada en cierto colega que no le quitaba la mirada de encima.
Inosuke no se había movido de su lugar y le mantuvo la mirada fija hasta que pasó por su lado. Ella tampoco la apartó, la mantuvo muy estoica y sin avergonzarse.
Ojos verdes contra azules se mantuvieron firmes desafiándose mutuamente.
Acusándose con la mirada mutuamente.
–Mi señor, estoy tan contenta de que la esté pasando bien.
Quizás debería considerar la actuación como una alternativa viable para su futuro. Sus clientes parecían felices y complacidos con su manera de atenderlos. No parecían notar que un infierno de tristeza se alojaba en su interior.
Es más, nadie parecía notarlo.
Había sido muy cuidadosa al momento de ocultarlo, tanto así que sus propios amigos ahora están más tranquilos. Había evitado abiertamente a Giyuu toda la semana y aunque le pesara, eso se lo debía en gran parte a Douma. El dolor volvía y golpeaba su pecho cada vez que lo veía, pero lo disimulaba muy bien.
–Disculpe señor, pero no creo que tenga el dinero suficiente para pagar por tocar a nuestras queridas anfitrionas.
Shinobu se giró a los ojos que le sonrieron con suficiencia. Una tira de su vestido se había resbalado y claro que su cliente muy contento iba a alzársela. Pero la mano de Douma se lo impidió.
El timbre que anunciaba el cambio de turno sonó y aunque el cliente quiso comprar más tiempo en compañía de Shinobu, ella ya estaba ocupada en todos sus turnos.
–Es increíble lo rápido que vendiste tus turnos.
–Los tuyos no se quedaron atrás. –Conversó Shinobu mirando la pizarra con sus fotos y sus horarios llenos.
–¿Me vas a decir qué te pasó?
–¿Por qué insistes en que me pasa algo? –Quiso saber.
–Porque tienes la misma cara de desdichada que yo, tus ojos no mienten Shinobu. –La tomó por el rostro y lo acarició con cariño.
–No me pasa nada.
–No te pongas a la defensiva. –Le dijo el rubio. –Solo alguien que te conociera bien o que en su defecto estuviera pasando por el mismo infierno podría verlo, yo lo sé por las razones que tú conoces. Es injusto que yo no sepa las tuyas.
¿Y qué pretendía que le dijera? ¿Qué quiso desquitar su orgullo herido saliendo con un profesor que terminó metiéndose en su sangre y que sólo la usó por el parecido irreal que ella mantiene con su esposa muerta?
–Yo no te obligué a decirme nada. –Contestó con toda la dignidad posible y alzando la cabeza.
La fresca risa del joven se hizo contagiosa y ambos perdidos en su propia conversación reían suavemente ajenos a la atención que captaban. Douma tomó la mano de Shinobu con delicadeza y acarició el delgado anillo que aún reposaba en su mano izquierda.
–Algún día me dirás quién te regaló este anillo. –Douma obtuvo el efecto esperado. Los ojos de Shinobu se oscurecieron y su semblante se volvió sombrío. Quiso retirar la mano rápidamente, pero el rubio se lo impidió. –El causante de tu dolor.
O de los murmullos que empezaban a envolverlos.
Ni mucho menos de los ojos azules que miraban a lo lejos.
–Por aquí madame, estamos complacidos de tenerla aquí con nosotros. –Guiando caballerosamente a una joven castaña a que tomara asiento en su mesa.
La castaña lo siguió complacida mientras un ligero sonrojo se asomaba en sus mejillas.
Tanjiro sentía que en cualquier momento le explotaría la cabeza. Y es que no era para menos, después de todo tener que atender a sus clientas mientras cuidaba que nadie se propase con ninguna de sus amigas y mucho menos con Kanao, era agotador. Odiaba admitirlo, pero agradecía que Zenitsu y el idiota de Douma estuvieran cuidando de Nezuko y Shinobu respectivamente.
Pero no podía decir lo mismo de Kanao. Más de una vez le ha tocado lanzarles miradas asesinas a tipos que con descaro parecen desnudarla con la mirada, o en el peor de los casos, tocarla.
A pesar de tratar con normalidad a sus clientas, le costaba concentrarse. Kanao lucia radiante y era difícil no mirarla, por eso no le extrañaba que fuera igual de cotizada que Shinobu.
La campana que anunciaba el cambio de turno sonó. Aprovechó los breves dos minutos que tenían libres y se dirigió a la mesa de Kanao, la cual estaba muy concentrada reorganizando su mesa para recibir a su próximo cliente. La observó por un instante y se deleitó recorriendo su cuerpo.
Las medias que llegaban hasta sus muslos dejaban ver lo bien torneadas que eran, su estrecha cintura se ajustaba al vestido haciendo resaltar su figura y el cabello suelto hacía lucir mejor su rostro.
Rápidamente sacudió su cabeza para despejar sus pensamientos. No quería ser igual que los babosos con los que Kanao ha estado el día de hoy. Él siempre la iba a respetar.
–Kanao. –La llamó provocando que diera un respingo por el susto.
La joven se giró y trago saliva al verlo frente a ella.
Al Igual que Tanjiro, Kanao había estado observando discretamente a su amigo durante todo el día. Y ahora que lo tenía más cerca confirmaba lo apuesto que era. Debe decir que el traje marcaba su buena figura, a pesar de no practicar algún deporte como Zenitsu. Además, su colonia olía exquisita.
–¿Qué se te ofrece?
Pero claro que no le demostraría lo mucho aún que le gusta.
–¿Sigues molesta? –Preguntó sin más.
–Eh… –Tuvo que hacer memoria. –Ya no tanto. Por lo menos Shinobu se ve mejor que antes.
–Y aunque nos pese admitirlo, eso se lo debemos a Douma. –La vio fruncir el ceño. –A mí tampoco me agrada, pero si Shinobu está de acuerdo con pasar tiempo con él, no podemos hacer nada. Además, no la veo con intenciones de regresar con él.
–Eso espero, a pesar de apoyarla no quita el hecho de que haya sido un idiota. –Cruzando los brazos indignada.
Tanjiro sabía perfectamente que Shinobu no estaba bien, solo alguien tan poco observador o tan ocupado como Kanao no lo notaría. Pero definitivamente no se lo diría, Kanao parecía convencida de que Shinobu ya estaba mejor.
–Cambiando de tema y sabiendo que ya no estás tan molesta… –Sonrió entusiasmado llamando la atención de Kanao. –¿Te parece bien pasar tiempo juntos más tarde? Después del festival se enciende la fogata y…
–Por si no lo has notado tengo muchos clientes que atender hoy. –Pudo ver la decepción en su rostro. –Pero lo pensaré.
Una sonrisa traviesa se formó en el rostro de Tanjiro y la jaló del brazo con delicadeza para atraerla hacia él.
–Si no hubiera participado en este host, definitivamente hubiera comprado todos tus turnos para pasar toda la tarde contigo. Sólo así serías más amable conmigo. –La soltó al darse cuenta de que estaban llamando la atención de los presentes y se encaminó de regreso a su mesa.
Kanao quedó estática y con el rostro totalmente sonrojado. Siempre era lo mismo, Tanjiro siempre hallaba la manera de ponerla nerviosa y hacerla sonrojar sin ningún esfuerzo.
Pero esta vez no sería la única.
–Yo podría decir lo mismo. –El pelirrojo se giró sorprendido al no esperar respuesta alguna. –Ese traje te sienta muy bien. –Y acto seguido le guiñó un ojo de forma coqueta haciéndolo sonrojar hasta la raíz.
Ahora podría considerarse como un empate.
Era muy difícil concentrarse en ser encantador cuando se la pasaba mirando a la mesa de Nezuko cada dos minutos y medio. Había usado sus encantos para colocar sus mesas estratégicamente juntas, de manera que había derramado tres tazas de café sobre algunas manos demasiado largas que intentaban tocar a su amiga.
Es que, ¿quién autorizó esos trajes? ¡Eran endiabladamente ligeros! ¡Casi transparentes! Por no hablar del escote. De acuerdo, era cierto que a todas les sentaba de maravilla, eso no lo podía negar.
–Si hay chicas tan bonitas en esta preparatoria, no dudaré en venir a estudiar acá.
–Agradezco su cumplido, mi señor.
Zenitsu sintió nauseas al escuchar la conversación que sostenía Nezuko con un niño de otra escuela. Y pensar que esa no había sido de las peores, había idiotas que tartamudeaban para dirigirse a Nezuko.
Era como esa visita que hicieron a la Todai. Cuando la perdió de vista un momento, ya la tenían rodeada y eso que él estaba ahí con ella. ¿Cómo sería en su primer día en la universidad?
Oh no, seguramente la secuestrarían.
–¿Me puedes contar cómo te hiciste esa herida, superior Agatsuma?
–Pues verás linda, yo iba solo, faltando ocho segundos para que se acabara el partido y perdíamos por un punto, no me importó nada y entré en la zona del equipo contrario a encestar y lo hice, salvando el encuentro. ¿Quieres más ponche? –La chica asintió. –Traeré un poco.
Mentía acerca de su herida en el brazo, pero tenía que llamar aún más la atención si no quería perder contra Nezuko. Había resultado más popular de lo que esperaba y él no podía permitirse perder esa apuesta.
–¿Cómo va esa mano?
Zenitsu se giró a la voz masculina que le hablaba, encontrándose con Giyuu recostado en la puerta del salón.
–Bien, supongo.
El silencio se formó entre ambos y Zenitsu aprovechó para inspeccionar a Giyuu. Apenas y lo había visto con todo el alboroto del festival. A simple vista parecía igual que siempre, el mismo Giyuu. Pero, si se fijaba bien, algo había cambiado en él.
–¿Cómo está Shinobu?
Zenitsu posó sus ojos en donde su profesor había clavado la mirada. Shinobu atendía de manera entusiasta a uno de sus clientes.
–Bien, dentro de lo que cabe. –Zenitsu sintió la mirada inquisidora de su acompañante. –¿Qué quieres que te diga? ¿Qué ya se le pasó? No puedo hacer eso. –Tampoco podía decirle que hace poco había dejado de llorar, Shinobu jamás se lo perdonaría.
–Si no es así, ¿entonces qué hace el payaso ese siempre tan cerca de ella?
Los ojos dorados de Zenitsu se abrieron con sorpresa. Nunca, en sus diecisiete años de vida, había escuchado a Giyuu hablar con tanta amargura en su voz. Así como tampoco le había visto esa expresión de rabia, frustración y turbación juntas, oscureciendo sus ojos azules.
–Eso es algo que no debería importarle a alguien que aún sigue casado con su esposa muerta.
Dijo lo que tenía que decirle desde hace mucho tiempo, por fin pudo sacárselo y le importaba un comino como Giyuu se tomaría su comentario.
Jamás esperó que lo mirara de la forma en que lo hizo, mucho menos ver ese azul oscuro en sus ojos que le heló la sangre.
Giyuu dio media vuelta y se fue del salón rápidamente dejando a Zenitsu literalmente frío.
Seguramente si las llamas del infierno fueran azules, ese sería su color exacto.
La imagen de Aoi tomada del brazo del idiota ese no desaparecía por nada del mundo. ¡Había intentado todo! Incluso ver páginas para adultos para olvidarse de la imagen mental de Aoi yéndose del brazo con su cuñado. Pero hasta esas imágenes se distorsionaban por culpa de la peliazul envuelta en ese bonito vestido azul que atormentaba sus pensamientos.
Creía que el hecho de que pensara siempre en ella radicaba en el misterio que la envolvía, el no saber quién era ella. Pero, ahora que lo sabía, se había convertido en casi una obsesión.
Estaba muy bonita en ese vestido. Muy, muy bonita, su cabello se veía mejor incluso que cuando llevaba esos mechones que lo hacían ver más largo.
No podía dejar de pensar en Aoi Kanzaki, y que se lo lleve el diablo si estaba mintiendo.
–¡Maldita sea!
Hablando de diablos.
Inosuke alzó la cabeza para mirar a Giyuu entrar a la sala de maestro cerrando la puerta de un portazo. Se detuvo un poco cuando lo vio allí, pero nada más y eso no quitó el fiero semblante en su rostro.
–Estoy que me lleva el diablo.
Bienvenido al club, quiso decirle Inosuke. Pero no pudo, Giyuu lucía demasiado alterado para eso.
–Es que no entiendo nada, Inosuke. –Se quejó Giyuu frustrado a su mejor amigo. –No entiendo NADA.
No había que ser un genio para saber de qué hablaba Giyuu. Bastaba con verlo caminar como zombi por más de dos semanas. La razón de su malestar tenía nombre y apellido.
–¿Shinobu Kocho?
–No puedo sacarla de mi cabeza. –Confesó finalmente y dejándose caer en el sofá de la sala de profesores. –No puedo dejar de verla y seguirla con la mirada, me molesta ver cómo está riendo como si nada con un montón de desconocidos en el maldito puesto de su curso.
–¿No te lo dije yo? –Inosuke trataba de sonar despreocupado y restarle importancia a Giyuu. –Ya se olvidó de ti, fuiste solo uno más en su lista. Déjala ser feliz y ya.
–Lo haría, si lo fuera. –Contestó Giyuu abrumado. –Pero no lo es, Inosuke, ¿la has visto? Sus ojos están muertos. Detesto mirarla y ver una sombra de lo que era. Si ella fuera feliz yo podría soportarlo porque es lo correcto… pero… ya no sé lo que siento.
Inosuke pudo ver como el horror se apoderaba de su mejor amigo. Odiaba verlo así, tan vulnerable. El estoico Giyuu Tomioka de antes no se dejaba ver en lo absoluto en ese estado.
El que tenía frente a él era un hombre abatido que estaba sufriendo y que no sabía cómo manejar ese dolor.
–Aún amo a Alice, pero detesto ver a otros hombres rodear a Shinobu.
–Es irónico. –Habló Inosuke desplomándose en el sofá con su mejor amigo. –Yo odio a Aoi, pero me enfurece verla cerca de otros hombres. ¿La has visto hoy? Está muy guapa.
–Seguro que no vio los vestidos que usan las chicas de la clase de Shinobu ¡No hubiese permitido que los usen!
Giyuu tampoco podía ver más allá del torbellino morado, igual que él con la peliazul.
–Eso es estúpido. –Contradijo Giyuu sacando una caja de cigarrillos y ofreciéndole uno a su amigo el cual aceptó gustoso.
–Creí que habías dejado estas porquerías. –Le reprochó Inosuke llevándose el suyo a la boca.
–Los dejaré mañana
Lo que ninguno de los dos sabía era que lo que sentían no era irónico o estúpido. Ese sentimiento tenía otro nombre que ninguno estaba dispuesto a aceptar.
No era lógico. Por mucho que llevara pensando y analizando, no entendía cómo es que, a pesar de la frialdad de Obanai Iguro, este tuviera tantas clientas a su alrededor. Definitivamente él podía hacer bien todo lo que se propusiera con el mínimo de esfuerzo posible.
Una clara muestra era ver como más de quince chicas estaban a su alrededor solo para verlo leyendo un libro y bebiendo té.
A ella no le estaba yendo tan mal tomando en cuenta que siempre pensó que no les gustaba a los chicos de su escuela. O tal vez era muy despistada como decían sus padres. Pero aun así no podía igualar la cantidad de clientes que tenía Iguro.
–¡Superior Kanroji, por favor acepte mis sentimientos por usted!
–Ah, sí, está bien.
Qué manía esa de hablarle… un momento.
–¡¿QUÉ?!
Frente a ella estaba un estudiante de… ¿segundo año? Lucía tembloroso, ruborizado y nervioso frente a ella. Se le hacía vagamente familiar, probablemente era compañero de Kanao y Nezuko. Y él… ¿Se le acababa de declarar?, ¿no se supone que la fogata del final estaba destinada para eso?
–Me ha gustado siempre. –Continuó. –Usted es tan inteligente… me ayudó con mi proyecto de informática el año pasado. Además, de que es muy guapa…
Mitsuri batió sus manos frente al joven para indicarle que parara. Miró a su alrededor y pudo ver como de un momento a otro se había convertido en el centro de atención del salón. Hasta Obanai y su harem la miraban con intriga.
–¡Por favor! ¡Acepte mis sentimientos!
¿Qué hacía? ¿Qué hacía? ¿Cómo rechazar a la pobre criatura delante de todas esas personas? Rechazarlo bajo esas circunstancias sería condenar su último año escolar, y él sería recordado como el niño que fue rechazado en pleno festival escolar por el resto de su vida.
Además, tampoco podía soltarle tan fresca y ante tanta audiencia que ella estaba interesada en alguien más y que ese alguien estaba sentado atrás de ella.
–Yo… eh… este…
–Tengo entendido que el momento de las declaraciones está programado para el final de la jornada.
Ahora todos giraron la atención a un tranquilo Obanai que tomaba un poco de té.
–Yo lo sé… claro…
–Entonces no habrá problema con que la señorita te dé una respuesta al final de la jornada.
–No, supongo que…
–Excelente. –Afirmó Iguro. –Porque tu declaración está entorpeciendo la dinámica del trabajo de este salón y me atrevería a decir que no quieres eso, a menos que sea una forma de sabotear el proyecto de los alumnos de último grado.
–¡Yo jamás…!
–Perfecto. –Volvió a interrumpir. –En todo caso, conoces la salida.
El timbre que anunciaba el cambio de pareja sonó tan fuerte que todos los clientes empezaron a circular. Cuando menos se lo esperaba, la figura del muchacho se perdió entre la multitud.
Mitsuri se giró a ver a Obanai que aún permanecía imperturbable con su libro al frente.
Se armó de valor tras confirmar que los rizos que se había hecho en el pelo seguían intactos y se encaminó al joven que apenas y le dedicó una mirada.
–No tienes que agradecerme.
Mitsuri tuvo que parpadear un par de veces antes de entender.
–¿Perdón?
–Estabas a punto de entrar en pánico hace unos momentos.
–¡Me tomó por sorpresa, nada más! Además, ese chico…
–Estabas a punto de arruinar su vida social con un rechazo público. –Adivinó.
–¡Claro que no!
–¿Entonces lo hubieses aceptado?
–Bueno, no…
–Entonces sólo agradece y cállate. –Le repitió las mismas palabras que ella usó con él días atrás.
Sería acaso… tal vez… ¿celos lo que motivó a Iguro a hablar por ella?
–Emm… Disculpa, es mi turno con el superior Iguro.
Mitsuri dio espacio a la niña de primero que se sentaba junto a Obanai y empezaba a contemplarlo de cerca. La muy ofrecida… ¿Acaso no había escuchado la fama de Obanai al momento de rechazar a alguien? Tomaría su frágil corazón y autoestima y los haría añicos sin detenerse a considerarlo siquiera.
Entonces lo entendió todo.
La actitud de él no tenía nada que ver con los celos. Él evitó que hiciera algo de lo que se reprocharía después.
Obanai la salvó de hacer algo que lamentaría después porque, ¿le importaba?
No, porque sabía que hubiese sido importante para ella. Iguro ya la conocía lo suficiente como para saber que rechazar de forma pública a ese chico la hubiera atormentado por semanas.
Una sonrisa tonta se coló en sus labios y de pronto ya no tenía tantas ganas de estrangular a la mocosa que rondaba a Obanai. Sorpresivamente, el repelente joven se había convertido en alguien adorable y se sentía feliz de que eso era algo que solo ella podía ver en él.
Después de todo ella era una de las idiotas que a sabiendas de cómo era Iguro, iba a declarársele esa noche.
Zenitsu no entendía el porqué de su ansiedad. Era la misma que sentía antes de iniciar un partido de campeonato o de hacer un tiro libre que podría poner la diferencia entre la victoria y la derrota. Normalmente cuando ocurrían estas situaciones, Nezuko iba a animarlo y le decía que todo estaría bien y así pasaba.
Ahora no podía contar con eso. No cuando era a Nezuko a quien tenía que ganar.
En pocos minutos sabrían cuál de los dos ganó la apuesta que hicieron. Tragó duro. Por alguna razón que desconocía no quería que Nezuko ganase esa apuesta y no era por temor a lo que ella haría con él. Lo peor que podría hacerle sería sacar la basura de su casa todos los días.
No le molestaba las consecuencias de la apuesta, le preocupaba sus implicaciones. Porque si Nezuko ganaba implicaba que muchos mortales empezaban a darse cuenta de lo guapa que era la castaña.
Algo que sólo él lo consideraba un privilegio personal y privado.
Finalmente, Hanako y Makomo salieron con los resultados y los colgaron en la pizarra del curso. Los alumnos no perdieron tiempo y rodearon la pizarra para ver quienes habían sido los mejores Host.
No era sorpresa encontrar a Shinobu encabezando la lista de las mujeres. Lo que relajó un poco a Zenitsu fue que él encabezaba la de hombres, estando por encima de Tanjiro y Obanai los cuales empataron el segundo lugar.
Inmediatamente se percató de que Nezuko ocupaba el segundo lugar junto con Mitsuri, dejando a Kanao en tercer lugar. Contuvo la respiración mientras se fijaba en los números.
–¡Sí! –No pudo evitar gritar eufórico. –¡Gané!
Nunca había sentido tanta alegría de haber ganado algo. Ni siquiera cuando quedaron bicampeones invictos en el baloncesto se había emocionado tanto como ahora.
A su alrededor, sus compañeros se aplaudían entre sí porque en general habían hecho un excelente trabajo con el Host Club.
Zenitsu se giró para encontrar a Nezuko, pero se quedó helado de ver como la castaña se iba del salón seguida del gringo ese.
Con dificultad, se abrió paso entre la multitud de compañeros. Justo cuando estaba dispuesto a salir, una mano detuvo su andar.
–¿Por qué la prisa?
Zenitsu miró a su profesor con incredulidad. ¿De dónde había salido Giyuu?
El mayor miró por sus lados buscando entre las personas dentro del salón. No había que ser un genio para saber a quién buscaba.
–Shinobu no está, y ¿sabes una cosa? deberías dejar de buscarla. –Se detuvo. –¿Para qué la buscas?, ¿ya no hiciste suficiente?
–Siento que tengo la obligación moral de asegurarme que está bien.
–Vamos, la conoces, sabes que no se mataría o algo así. –Le reprochó con firmeza. –Déjala ser y hazles un favor a ambos: Aléjate de ella.
Por alguna razón el tono que usó Zenitsu irritó a Tomioka.
–Afortunadamente Shinobu no se ha dado cuenta de esto. –Siguió el menor recordando el estado de su amiga los últimos días. Estaba tan deprimida que ninguno de ellos había comentado nada al respecto con el afán de no molestarla. –Como su amigo y posible hermano que me llegaste a considerar, te pido que la dejes tranquila.
Un tenso silencio se formó entre ellos y finalmente el mayor contestó:
–Eso trato, pero ¿la has visto?, ¿has visto sus ojos? –Le preguntó con angustia. –¿Cómo esperas que la deje tranquila cuando veo lo infeliz que es?
–¿Y de quién crees que es la culpa? –Le contestó con otra pregunta. –¿Quién le rompió el corazón? Y yendo más allá, ¿te has detenido a verte en un espejo? ¡Tú estás igual o peor que ella, aunque nunca lo reconozcas!
Giyuu soltó el brazo de su alumno que con el ceño fruncido se marchó recordando que había salido a buscar a Nezuko. Tenía cosas más importantes que hacer.
Tenía que encontrar a Nezuko.
–A todos los alumnos, se les pide acercarse al patio para iniciar la fogata que marcará el final del festival escolar.
Aoi suspiró tranquila una vez que vio como los alumnos empezaban a aglomerarse en el patio central a colaborar con el proceso de encender la fogata. Era increíble el cambio de los alumnos cuando compartían ese tipo de actividades.
–Esto me trae buenos recuerdos.
La peliazul miró a Goto que estaba parado junto a ella y miraba igual de complacido la escena.
–Quién hubiese dicho que la pequeña Aoi iba a convertirse en tan eficaz inspectora.
La aludida respondió al halago con una sonrisa y volvió a mirar por la ventana el trabajo en equipo de sus estudiantes.
–¿Recuerdas lo que pasó en el festival escolar cuando yo fui pasante y tú eras una estudiante?
¿Cómo iba a olvidarlo? Fue el año en el que descubrió a su único novio en la cama con su hermana mayor, el mismo año en el que se había enamorado del joven profesor pasante que en un futuro demasiado cercano se convertiría en su cuñado.
–Tú te me declaraste en la fogata. –Siguió hablando el médico con una voz que acompañaba su semblante nostálgico.
–Y tú te habías prendado con la belleza de Ayame. –Le recordó Aoi. –Por cierto, creo que ahora puedo decirte que ella solo fue ese día para restregarme la relación que mantenía con mi exnovio.
Los ojos de Goto se agrandaron.
–¿Por qué no me lo dijiste antes? –Preguntó.
–Porque hubiese sonado como una tipa celosa. Y sí que lo estaba, pero no lo iba a demostrar. –Enfatizó orgullosa.
–Las cosas hubiesen sido tan diferentes si hubiera visto a la verdadera Ayame en ese tiempo y a la verdadera tú.
–La verdadera yo es la misma que ves ante ti. No he cambiado. La única diferencia es que ahora tengo menos cosas de qué preocuparme. –Explicó como quien no quiere la cosa.
–Mi vida hubiese sido diferente si lo hubiera visto a tiempo.
–Pero el "hubiera" no existe. –Aoi encaró a su acompañante y sin palabras, solo con una sonrisa amable y un encogimiento de hombros, le contestó: –Nunca lo sabremos.
La respuesta de la profesora bastó para darle a entender al joven médico que a pesar de lo amena que fue su compañía, lo que un día ella sintió por él se había marchitado. Cerró los ojos con resignación y suspiró cansinamente.
–Supongo lo supe desde ese día en Odaiba.
–¿A qué te refieres? –Preguntó Aoi confundida.
–Que ya tienes a alguien en tu corazón. –Explicó con simpleza. –Se te veía en los ojos. –Añadió. –Brillaban y lo miraban como una vez me miraste a mí. Luego, en los momentos más difíciles buscaste su ayuda y su consuelo, no el mío.
Las palabras de Goto la golpearon tan fuerte que casi pierde el equilibrio. Él estaba suponiendo… no, estaba asegurando que ella sentía cosas. No, decía que estaba enamorada de Inosuke Hashibira.
–Y no sé qué habrá pasado entre ustedes, pero algo va mal, se te nota. –Se acercó a ella y depositó un beso de despedida en su frente. –Pero, vamos Aoi, mereces ser feliz, busca tu felicidad. Si él es inteligente sabrá ver lo que yo perdí.
Goto le hizo un gesto de despedida con la mano y la dejó sola con sus pensamientos.
El corazón empezó a latirle con mucha más fuerza cuando recordó cómo la hacía sentir Inosuke, su tacto, su compañía, sus besos. La piel se le estremeció al recordar ese último beso en Odaiba. También pensaba en lo ameno que era hablar con él de One Piece, aquella vez que la salvó de ser asaltada, cuando le compró su camiseta del Alvark, el confort que encontró en sus brazos el día de la muerte de su madre.
De la misma forma pensó en todo el dolor que le ha causado con sus palabras. Lo mucho que le dolía recordar las cosas horribles que le había dicho. ¡Dios! Eso no era solo orgullo herido, no, era algo más.
Algo que al saberse reconocido empezaba a avivarse como las llamas de la fogata en el patio del colegio.
Zenitsu no paraba de maldecir a Giyuu por haberlo fastidiado con sus crisis existenciales justo cuando él debía salir a buscar a Nezuko. ¿Dónde se habrá metido? ¡¿Dónde?!
Su vista se detuvo cuando encontró una cabellera rubia cruzar en la siguiente intersección de los pasillos. Echó a correr aún más rápido y detuvo al idiota de Jacob con una mano.
–¿Dónde está Nezuko?
El extranjero miró su mano con desdén y se la sacudió antes de mirar a Zenitsu con menosprecio.
–No tengo porque contestarte eso.
Zenitsu nunca había agradecido tanto tener sus piernas y brazos en forma gracias al baloncesto. Con una economía de movimientos asombrosa arrinconó al otro estudiante y lo hizo golpear con contra los casilleros del colegio. Ni siquiera le importó que se comprometiera la salud de su brazo herido.
–Y yo no tengo intenciones de repetir la pregunta.
Sus ojos dorados chocaron con los verdes y conforme Jacob procuraba zafarse de su agarre, Zenitsu lo apretaba aún más.
–¿Dónde está? –Arrastró la pregunta entre dientes. –¿Por qué se fue así?
–Porque no quiere verte en este momento. –Contestó Jacob y aprovechó que el agarre disminuyó para liberarse de él. –Ya te lo he dicho más de una vez, aléjate de Nezuko.
–Escúchame bien idiota. –Bramó Zenitsu molesto. –Tú no eres nadie para decirme que me aleje de Nezuko, el que debería dejar de mosquear a su alrededor eres tú.
–¿Y quién eres tú para decirme eso? –Le preguntó. –¿Qué es Nezuko para ti?
–¡Nezuko es mía maldita sea! –Explotó, sacando finalmente algo que quería decirle al imbécil ese desde el día que empezó a cruzarse en su camino.
–¿Entonces por qué no haces algo al respecto? –Espetó Jacob. –En vez de perder el tiempo haciendo reclamos estúpidos y celándola hasta de su sombra, deberías de aprovecharlo para aclarar tus propios sentimientos sobre ella y enfrentarlos. ¿No crees que has esperado demasiado tiempo?
–Yo no estoy celoso de ella.
Jacob tuvo que parpadear un par de veces antes de carcajearse por las palabras del rubio.
–Dices eso y tus ojos asesinan a todo el que se le acerque, me odias porque estoy más cerca de ella que tú. –Negó con la cabeza mientras una sonrisa insolente adornaba su apuesto rostro. –Estás jodidamente celoso y ni siquiera así lo ves.
Jacob miraba a Zenitsu que no dejaba de asesinarlo con la mirada y apretaba el puño bueno de tal manera que ya se veía blanco por la fuerza ejercida sobre él. Sonrió con suficiencia y se marchó del lugar; caminó unos pasos y se detuvo para girarse a él.
–Estás tan ciego que lejos de molestarme, me das lástima Zenitsu Agatsuma.
–¡Maldito bastardo!
Zenitsu pateó con fuerza los casilleros y miró rápidamente el lugar por donde el entrometido extranjero había llegado. Ignorando el dolor en la punta de su pie y el lío que era su cabeza en esos momentos, pudo razonar lo suficiente para saber de dónde venía el otro muchacho. Ahí seguramente encontraría a Nezuko:
Su salón de clases.
Obanai resopló irritado cuando vio a Kanroji nerviosa a su lado. ¿Ella debería sufrir de los nervios? Siempre estaba nerviosa, él ya no iba a perder su tiempo diciéndole que se tranquilice. Allá ella.
El director Ubuyashiki apareció llamando la atención de los estudiantes con el rostro tan serio que era difícil de reconocerlo.
El pelinegro jamás admitiría que tragó duro cuando lo vio tan serio y callado. Claro que fue sólo una milésima de segundo, porque el director no pudo aguantarse más la sonrisa, tranquilizando a ambos jóvenes.
–Felicitaciones, van a la final la semana entrante.
El grito de Mitsuri se hubiese escuchado por toda la escuela de no ser por lo ocupados que estaban todos para tratar de encender completamente la fogata en el patio.
Tras un par de felicitaciones más del director que Kanroji no escuchó por estar chillando, el adulto se retiró dejándolos solos.
–¡Lo hicimos! ¡Lo hicimos! ¡Lo hicimos!
Él ya lo sabía, pero había algo en la alegría de la Kanroji que resultaba contagiosa, por lo que no le arruinó el momento.
–Así es.
–¡Tenemos que decírselo a todo el mundo! ¡Mis padres se pondrán tan felices! –Mitsuri sola se golpeó en las mejillas. –Debo de tranquilizarme. Aún no está ganada la guerra, pero si ganamos la batalla más importante.
Obanai sabía con toda seguridad que el resultado sería parecido, pero se limitó a observar por la ventana los esfuerzos de sus compañeros por avivar el fuego. Hasta que reconoció una figura familiar.
–La fogata estará lista pronto, ¿no deberías ir a esperar tu confesión?
Obanai jamás hubiera esperado lo que ocurrió después. Volteó a ver a su compañera al notarla muy callada y se encontró con un semblante que jamás había visto en ella. Lo miraba decidida y con los ojos más brillantes que nunca.
–¡Te quiero! –Soltó Kanroji con decisión. –De nada me serviría escuchar esa confesión porque te quiero a ti y no me preguntes por qué, porque no lo sé. –Siguió hablando. –Eres un antisocial engreído y cabezota, también tienes un serio complejo de superioridad. –Enumeró sus defectos. –No sé por qué me gustas, pero lo haces. Te quiero, Obanai Iguro.
Desde su adolescencia había recibido incontables confesiones, todas habían sido tan vanas y predecibles que lo único que lograban era irritarlo por la ligereza con la que aseguraban sentir algo por él cuando ni siquiera lo conocían. Ni las chicas o sus palabras habían significado nada para él, ninguna había despertado absolutamente nada.
Hasta esa.
Por primera vez, su corazón latió más rápido de lo normal.
Agotada.
Era la única palabra que podía asociar con su estado actual. Nezuko no terminaba de entender cómo es que Zenitsu podía hacer eso con tanta facilidad, es decir, pasar sonriéndole a todo el mundo, fingiendo que todo lo que dicen o hacen es un elogio para ti.
Se masajeó la quijada, le dolía de tanto sonreír como idiota. Y al final, ¿para qué? Había perdido, por muy poco, pero perdió. Ahora tendría que hacer todo lo que su mejor amigo quisiera por el resto de la semana. Bueno, no sería tan malo.
Si no lo sería, entonces ¿por qué carajo le ardieron los ojos como si fuese a llorar cuando vio que perdió? Quizás fue porque se dio cuenta de que no pudo ganarle nada a Zenitsu.
Sacudió la cabeza y tomó su maleta para ir a cambiarse de ropa. Había quedado con Jacob de ver la fogata que, a juzgar por cómo se veía en la ventana, no tardaría mucho en prenderse. Como buen extranjero, su amigo quería ver todas las costumbres locales. Jacob era otra complicación, él y sus ánimos para que aplicara para la beca en el extranjero.
Que, por cierto, había recibido una notificación de la escuela por correo ese día.
Iba a salir por la puerta cuando esta se abrió abruptamente. Estuvo a punto de caer al suelo de no ser porque una mano la ayudó a conservar el equilibrio evitando que se estampara contra el suelo. Grande fue su sorpresa cuando se encontró con los tormentosos ojos dorados de un agitado Zenitsu.
–¿Zenitsu?
–Sabía que estabas aquí. –Jadeó recorriéndola con la mirada.
Nezuko se sintió enrojecer rápidamente. Era como si cada mirada fuera una brazada de fuego ardiente que le recorría su piel, expuesta por el bonito vestido de sirvienta.
–¿Cómo lo supiste?
–El extranjero…
–Jacob. –Corrigió. Decidió que no iba a dejarse ver débil o abatida, tomaría su derrota de la mejor forma posible. –Bueno, ganaste, enhorabuena. –Lo felicitó. –Francamente no entiendo cómo puedes hacer eso todo el día, supongo que la recompensa debe ser buena. –Quiso bromear un poco. Pero Zenitsu seguía tan serio que asustaba. –Supongo que tengo que hacer lo que tú me digas por una semana, puedes empezar desde ahora porque el próximo viernes estaré un poco ocupada.
Eso pareció sacar a Zenitsu de su estupor.
–¿Ocupada? –Preguntó. –¿Por la final de baloncesto?
Nezuko se mordió el labio nerviosa. Eso había sido lo primero que había notado cuando recibió ese e-mail.
–Quizás no lo vea todo. –Empezó a explicar sin ver a su mejor amigo a la cara. –Tengo un concurso, ¿recuerdas la beca para estudiar en América? Bien, hay dos finalistas y yo soy una de ellas. Tengo que ir a vencer a una niña de quince que habla inglés como si fuera su lengua materna.
La palabra "América" hizo click en el sistema nervioso del rubio, profundizando así todas sus dudas y sus confusiones. Las palabras de Jacob lo mareaban en su mente.
–Pero… es la final. Eres mi amuleto de la buena suerte. –Fue lo primero que se le ocurrió.
–Sí, pero esto es importante, Zenitsu. Y sé que me apoyarás porque eres mi mejor amigo. –Le regaló una pequeña sonrisa, esperando confortarlo. –Además, puedes asegurar el partido en los primeros dos cuartos, así yo me voy tranquila. Hablando de irse, tengo que verme con Jacob para la fogata.
Si lo anterior martilló en el sistema nervioso de Zenitsu, esa última oración causó una colisión masiva. Con su brazo bueno, el rubio tomó a su mejor amiga y la puso frente a frente. Tenía que averiguarlo, tenía que saberlo en ese momento.
–Un beso… –Susurró con la cabeza gacha.
–¿Qué? –Nezuko escuchó lo que había dicho.
–Que me des un beso.
–Es una broma, ¿verdad? –La risa de Nezuko se tornaba nerviosa conforme el agarre de Zenitsu no cedía. –No puedes estar hablando en serio.
Pero lo estaba. Y lo supo cuando Zenitsu alzó la mirada para verla y pudo verse reflejada en sus ojos dorados, los cuales nunca habían lucido tan confusos, pero a la vez, tan decididos.
La mirada de Zenitsu la dejó helada, apenas fue consciente de que él se había inclinado a tomar sus labios. Ella gimió por la sorpresa, pero su mejor amigo aprovechó el momento para profundizar el beso. En ese momento, Nezuko supo que había vuelto a perder.
No había besado a Zenitsu desde aquella vez en su departamento, y era inevitable que ese beso apasionado le trajera a la mente todo lo vivido con su amigo, especialmente lo cruelmente dulce que había sido la noche que se había entregado él por amor. No podía evitarlo, ella lo amaba y correspondió ese beso con la misma intensidad que lo había hecho ese día, con el mismo amor que llevaba sintiendo por él desde niños.
Se separaron por la falta de aire y esta vez ninguno de los dos podía mirarse a la cara.
Nezuko estaba molesta consigo misma por haber cedido tan fácilmente al roce de Zenitsu. Enfadada con Zenitsu por haberla besado y con ella misma por seguirlo amando.
–No es justo… –Murmuró conteniendo las ganas de llorar que tenía. –No puedo creer que me hayas besado aun sabiendo lo que siento por ti. Eres horrible, Zenitsu. –No volvió a verlo y salió corriendo por el pasillo, sin mirar atrás.
Los ojos de Zenitsu se abrieron con sorpresa cuando vio el dolor en los ojos rosados de su mejor amiga. Pero, no era eso lo que más le sorprendía. No. Era esa respiración irregular y el enjambre de abejas que se alojaban en su estómago. Se llevó la mano a los labios, los cuales aún le cosquilleaban.
Y su corazón…
Su corazón latía tan rápido que parecía que la vida se le iba en cualquier momento.
Zenitsu se dejó caer contra la puerta, ahora con la mano en su latente corazón, apenas iluminado por el fuego naciente de la fogata.
–Yo tampoco puedo creerlo, Nezuko.
Su miraba se encontraba fija hacia la fogata notando los intentos que hacían sus compañeros por avivar más el fuego. Regresó su vista hacia dentro del edificio observando como más alumnos salían hacia el punto de reunión.
Tanjiro simplemente se recargó en el umbral de la puerta como si esperara a alguien. Y era verdad, había decidido esperar a Kanao para ver la fogata juntos. No le había dicho que sí, pero al menos dijo que lo pensaría.
Ya era un avance.
Sin embargo, lo que lo tenía aun desconcertado es la sorpresiva coquetería con la que lo trató en la tarde. ¿Entonces eso quería decir que todavía tenía oportunidad con ella?
Negó ligeramente con la cabeza. No podía hacerse falsas ilusiones, después de todo ella fue quien le pidió espacio para aclarar sus sentimientos y él respetaría eso. Pero Dios, era difícil mantener su distancia, en especial hoy por lo hermosa que se veía. Siempre lucía así, pero hoy más.
–¿Tanjiro?
Una voz chillona lo hizo salir de sus pensamientos, sabiendo perfectamente de quien se trataba. Miró con desdén a su compañera, lo que menos necesitaba ahora era un encuentro con Katsumi.
–Hola Katsumi.
–Estoy muy molesta contigo. –Le reprochó haciendo un puchero.
–¿Disculpa?
–¡Me has tenido abandonada desde que te fuiste al viaje escolar! –Chilló. –Y desde que regresaste no me has buscado.
–Ah… Eso. –Rascó su mejilla un poco avergonzado. –Lo que pasa es que ha quedado todo listo para la exposición del taller de Historia, solo sería ajustar algunos detalles la próxima semana. –Tampoco podía decirle que decidió mantener su distancia con ella porque sospechaba que eso le traía problemas con Kanao.
–¡Eres muy malo! –Empezó a sollozar cubriendo su rostro con sus manos. –Creí que éramos amigos, pero solo me ves como una compañera de trabajo más. –Empezó a sollozar más fuerte llamando la atención de las personas que pasaban a un lado de ellos.
Tanjiro comenzaba a ponerse nervioso. No le gustaba ver a las personas llorar, y mucho menos que las personas que pasaban le dedicaran una mirada de desaprobación. Lo más probable es que piensen que la había rechazado.
–Por favor, Katsumi, no llores. –Le suplicó. –He estado ocupado con mis clases y con el festival escolar. –Ni así parecía calmarla. –Pero si hay algo que pudiera hacer…
Una pequeña sonrisa se formó en el rostro de Katsumi aun sin descubrir su rostro. Poco a poco retiró sus manos de la cara y limpió sus lágrimas de cocodrilo, fingiendo estar triste.
–Pues si lo pones así… ¡Quiero que veamos juntos la fogata! –Sin darle tiempo de responder tomó a Tanjiro del brazo y lo jaló hacia fuera donde estaba la fogata.
A pesar de que este estuviera alegando, no consiguió que lo soltara. Cuando Katsumi quería algo lo conseguía a toda costa, no había quien la hiciera cambiar de opinión.
Y para desgracia de Tanjiro, hubo alguien que fue testigo de todo.
Kanao lo pensó por mucho tiempo y por fin tomó una decisión. Si Tanjiro la había invitado a ver la fogata, lo más seguro es que estaría esperándola en la salida.
Caminó con decisión hacia el patio y ahí lo vio, recargado en el umbral de la puerta con una pose de despreocupación que lo hacía ver endemoniadamente apuesto. No sabía si eran las hormonas, pero últimamente le parecía más atractivo de lo habitual.
Sacudió su cabeza para dispersar esos pensamientos y se dispuso a ir con Tanjiro.
Sin embargo, sintió como alguien pasó a su lado golpeándola "accidentalmente" en el brazo. Volteó a ver de quien se trataba y no se molestó en disimular su molestia al ver que se trataba de Katsumi. Estuvo a punto de reprocharle, pero la rubia siguió derecho sabiendo perfectamente a dónde iba.
O con quien iba.
Observó su platica y el fingido llanto que Katsumi protagonizaba. Dios, como le enfermaba. Sin embargo, una gran decepción la invadió después de ver como Tanjiro se dejaba arrastrar con ella hacia la fogata. Esperaba que la rechazara, pero como siempre no fue así.
Ahora recordaba porque quiso tomar su distancia. Mientras aun exista el obstáculo llamado Katsumi, es imposible intentar algo con él. Aunque tampoco iba a permitir pisotearse por alguien como ella.
–Kanao.
La joven se giró para ver quien la llamaba y se encontró con unos ojos verdes muy conocidos.
–Hola Hideki. –Lo saludó dedicándole una amable sonrisa. –No te había visto en todo el día.
–Estuve ocupado con mi clase, pero me enteré de que tu host fue un éxito y a pesar de entrar a trabajar a mitad del día agotaste todos tus turnos. Estoy seguro de que si hubieras estado todo el día habrías empatado con Shinobu.
–Tal vez. –No pudo evitar sonrojarse. Ni ella sabía de dónde salieron tantos clientes durante su trabajo.
–Es una lástima no haber podido ir, definitivamente hubiera sido agradable verte en tu papel de host. –Diciéndolo en modo de coqueteo.
Kanao solo se limitó a sonreír.
También había tomado su distancia con Hideki, y eso solo le ayudó a confirmar que lo que sentía por el moreno fue algo pasajero. Tal vez su corazón quería refugiarse en alguien que la quisiera de verdad, pero lamentablemente parecía que este solo le pertenecía a Tanjiro.
Hideki era alguien apuesto y muy caballeroso, sin embargo, solo podía verlo como un buen amigo.
–Por cierto, ¿no irás a la fogata? –Decidió preguntar Hideki al no recibir respuesta alguna a su intento de conquista.
–Aun lo estoy pensando. –Supo disimular su decepción.
–Bueno, si no es mucha molestia me gustaría que la viéramos juntos. –Le propuso dedicándole una amable sonrisa. –Sería injusto que te quedes aquí sola.
Kanao lo meditó por unos instantes y aceptó. No tenía nada de malo ir con Hideki, después de todo él era su amigo.
Así podría demostrarle a Tanjiro que no depende de su compañía.
La brisa ondeaba su cabello y poco a poco el calor del aire que salía de la fogata abrigaba su cuerpo apenas cubierto por el delicado vestido de sirvienta que aún no se quitaba.
Necesitaba aire después del agotador festival, además de unos minutos a solas. El comportamiento de Douma ha sido intachable y no ha vuelto a tratar de saber qué es lo que le pasa. Mejor dicho, eso ya lo sabía, pero no había insistido en saber quién le rompió el corazón.
Hablando de corazones rotos, el suyo no mostraba indicios de mejoría. Había pasado toda la semana evitándolo lo más posible, escudándose en Douma y, aun así, dolía como el infierno cada vez que lo veía pasar. Especialmente mirarlo tan fresco e indiferente cuando ella se derrumbaba por dentro.
Todo sería más fácil si pudiera culpar a otra persona. Pero, al final, la única culpable que podía encontrar era a ella misma. Se encaprichó con él sin contar con que se enamoraría en el camino, y cuando lo hizo, la teoría infantil de creer que porque uno ama con todo el corazón será igual de correspondido se le fueron abajo cuando Giyuu le restregó en la cara que sólo había salido con ella por el parecido con su difunta esposa.
Pero ella sabía que él estaba roto, y aun así insistió en demostrarle que lo que sentía por él era más que un capricho infantil.
Fue en esa precisa azotea que todo empezó, al menos de manera oficial. Allí le dio su primer beso, allí se habían dicho "te quiero" ambos, y se besaron y todo pareció real. Una excelente actuación.
Apretó con fuerza el barandal de la azotea, lo que más le molestaba era tener que agachar la cabeza y resignarse a la derrota. Ella no podía ganar contra un idealizado recuerdo.
El anillo que reposaba en su mano izquierda le punzó y volvió a verlo.
No se lo había quitado. No había podido. No era tan fuerte.
Una amarga risa borbotó de su garganta. Ella tenía de fuerte lo que Zenitsu de casto. Pretendía una fortaleza de la cual carecía, maquillando su inmadurez con pretensiones.
Una clara muestra de ello era el hecho de que no podía quitarse ese anillo sin sentir un dolor tal como si le cortaran la mano entera. Cualquier otra persona después de saberse utilizada de la manera que la utilizaron a ella hubiese, por instinto de supervivencia y bienestar, deshacerse de todo lo que implicó aquel mal amor.
Pero ella no podía hacerlo. Era débil, malcriada e inmadura, pero lo amaba.
Y por eso deshacerse de aquel anillo costaba tanto.
Porque amar a Giyuu había sido toda una montaña rusa de emociones y sentimientos que nunca había sentido, pero, había sido un efímero momento tan feliz. Perderlo y extrañarlo fue una agonía.
Y como dijo Taylor Swift: Desearía poder olvidar como casi lo tuvimos todo.
Pero olvidarlo… eso sería imposible.
Sería matar la parte de ella que él se llevó.
–¿Shinobu?
Giyuu vio a Shinobu tensarse cuando la llamó por su nombre y sus opacos ojos violeta lo miraron sorprendidos.
Tomioka se dirigió por inercia a la azotea del colegio. Al lugar donde, por primera vez, Shinobu le habló de sus sentimientos y él los aceptó reconociendo que la quería.
Abrió la puerta de la azotea y se encontró con Shinobu admirando la fogata que cada vez lucía más viva. El reflejo de la fogata, los destellos lunares y el hermoso vestido que portaba la hacían parecer una figura etérea. Se veía dolorosamente hermosa.
El verla ahí fue una sorpresa, una sincronía inesperada. Ella no podía saber que él pensaba ir allá porque ni él mismo lo sabía. Giyuu posó sus ojos en los de ella y, como si fuese una epifanía, pudo ver sin necesidad de palabras lo que los ojos de Shinobu le decían.
Le estaba gritando que volviera, que no le importaba el dolor, quería que volviera.
Y él, por alguna razón quería aferrarse a esa súplica implícita de la que él se había adueñado.
Shinobu no perdió tiempo. De manera elegante, pero rápida, se dispuso a salir de la azotea, pero el cuerpo de Giyuu le bloqueaba el camino.
–Permiso. –Pidió con voz monótona y sin alzar la mirada a su rostro.
–No.
La negación salió sin permiso de los labios del profesor. Sin embargo, funcionó. Shinobu había alzado los ojos para verlo y ahí estaban de nuevo, ese par de violetas opacos que le hacían sentirse despreciable.
–La fogata está a punto de prenderse, quisiera verla, profesor Tomioka.
Las últimas dos palabras le cayeron como agua helada.
–Podemos verla desde aquí, señorita Kocho.
Los ojos de Shinobu se oscurecieron aún más, de ser posible. Tomó la mano de su estudiante y se encaminaron lo más cerca posible para ver el espectáculo sin ser notados por los alumnos en el patio.
–¡No!
Shinobu reaccionó primero y se zafó del agarre quedando en media azotea y obligando a Giyuu a detenerse y voltearse hacia ella.
–Ya había quedado en ver la fogata con otra persona. Si no llego pronto, se preocupará. –Mintió lo más rápido que pudo, esperando convencerlo. Con recelo alzó la mirada a los ojos azules de Giyuu.
Y tuvo que abrir los suyos para ver lo oscuros que estaban, apenas y se distinguía el tono azul zafiro que tanto le gustaba.
–¿Vas a verlo a él? –Giyuu no pudo evitar soltar con desprecio la última palabra. Todo el estrés que cargaba de la semana estaba a punto de colapsar. Recordar a Shinobu rodeada por Douma era… insoportable.
–Eso dejó de ser asunto suyo, profesor Tomioka.
La forma en que lo dijo y la imagen mental de ella en brazos de su exnovio bastaron para que Giyuu, dominado por un sentimiento ajeno a él, tomara a Shinobu por los brazos con fuerza.
–No te imaginas como quisiera ser indiferente y que eso no me importara, pero lo hace. Me preocupo por ti.
–Eso no tiene sentido, no después de ese día en tu departamento. Dejaste las cosas muy claras esa vez. –Shinobu sintió el agarre de Giyuu aumentar en sus delicados brazos. Tanto que se giró a verlos, sin esperar encontrarse con ese pequeño aro dorado en el dedo anular de la mano izquierda. –¡Mírate! –Lo interrumpió. –¡Llevas tu alianza! –Señaló el dedo de su profesor. –No puedes decir que te preocupas por mí de esa forma cuando llevas la alianza de matrimonio puesta.
–¡Es que ese es el maldito problema! –Estalló Tomioka. –Si me puse mi alianza fue para recordarme siempre que aún amo a Alice. ¡Antes no tenía que recordarlo! ¡Antes simplemente lo sabía! ¡Ahora hasta me olvido de eso porque estoy muy ocupado muriéndome de los celos de un mocoso y de todo aquel que te rodee!
Ahí estaba, celos, lo que le sabía a bilis cada vez que miraba a Shinobu con Douma o atendiendo como Host ese día. Estaba celoso, jodidamente celoso.
Pero… los celos solo los tenían las personas que estaban enamoradas.
Al igual que las ganas de besarla que tenía en ese momento.
Mecánicamente aflojó su agarre y llevó sus manos al rostro de la pelimorada para empezar a atraerlo al suyo. Estaba siendo irracional y lo sabía, pero, tenía que besarla, debía hacerlo, una vez más…
Entonces unas lágrimas cayeron sobre sus manos y tuvo que obligarse a ver a los ojos a Shinobu.
Sus ojos habían vuelto a brillar, tanto así que podía ver los suyos reflejados en ellos, igual de brillantes. Pero, los de Shinobu lloraban, dolidos.
Por su mente pasaban las imágenes de aquel día en su piso. Sus duras palabras, la cruel afirmación de que no sentía nada por ella, el crujir de su corazón partiéndose en mil pedazos.
–No… –Susurró la joven. Aprovechó el momento de dubitación de Giyuu y se alejó de él. –No más. Ya no quiero que me lastimes. Dices que estás celoso, ¿de mí? No lo creo. ¡Estás celoso de tu esposa! Porque para ti Alice no está muerta, aún la tienes viva en tu corazón y… mientras sea así, no tienes derecho a reclamar nada de mí.
Ya no quería seguir sufriendo. Le aterraba tanto un nuevo rechazo que el miedo pudo más y junto fuerzas de dónde no sabía que tenía y rechazó el contacto de Giyuu, aunque por dentro se moría por tenerlo cerca.
Pero no podía dejar que volviera a lastimarla.
–Ya no puedo pelear por ti. Lo siento, pero, no puedo ganar un corazón que yace enterrado bajo tierra.
Y ahora sí, salió corriendo de la azotea llevándose el dolor de su encuentro y dejando a Giyuu solo con su propio infierno de confusión; con las llamas tan vivas como la fogata a sus espaldas.
Sin saberlo, ambos se habían condenado al mismo infierno y no veían la manera de salir de él.
Próximo capítulo: Viernes 8 de noviembre, 2024
