El aire de LazyTown parecía más frío que de costumbre esa mañana. El sol se asomaba entre las nubes, pero su brillo no lograba disipar la opaca sensación que envolvía a Sportacus. Sentado en su dirigible, se encontraba con el corazón en el pecho con una carta en la mano. Era de su padre. De vez en cuando las recibía pero no era algo para celebrar ni alegrarse.
Con manos temblorosas, rompió el sobre, esperando lo mismo de siempre: elogios hacia su hermano, Íþróttaálfurinn, el héroe perfecto, y críticas hacia él, el peor hijo de la tierra. La tinta negra parecía más espesa. casi como si las palabras se clavaran en su piel.
"Alex,
Nos ha llegado la noticia de que sigues estando en ese lugar pequeño, LazyTown. No deja de sorprendernos que prefieras perder el tiempo ayudando a un puñado de niños sin importancia en lugar de cumplir con el verdadero propósito de ser un héroe. Parece que aún no entiendes lo que significa ser uno. Es frustrante ver cómo cada vez te alejas más del prestigio y la excelencia que representa nuestra familia.
Íþróttaálfurinn, ha logrado tanto en tan poco tiempo. ¿Sabías que lo han invitado a otra misión internacional y que ha derrotado a Amenaza roja y a Hierro atómico?
Su nombre es respetado y conocido en todas partes, mientras tú... bueno, estás atrapado en ese pueblito insignificante, corriendo detrás de problemas pequeños, y ademas dejas que es villano de cuarta siga en la ciudad ¡No lo has echado como debiste haber hecho hace 3 años! Nosotros esperábamos mucho más de ti.
Eres una decepción Alex, eres la decepción más grande que he tenido, me das asco que haber tenido un hijo como tu.
Eres un fracaso y nunca vas hacer como tu hermano. Mientras él recibe reconocimientos y agradecimientos en todo el mundo, tú eres apenas una sombra de lo que podrías haber sido. Parece que el concepto de ser alguien que importa son demasiado grandes para ti.
Sería un alivio por fin recibir una noticia tuya que importe pero, viendo tus decisiones, parece que eso nunca sucederá. Lamentamos decirlo, pero me resulta cada vez más difícil sentir orgullo por alguien que simplemente se ha conformado con tan poco.
Tal vez algún día veas en ti mismo lo que yo veo : alguien que no ha hecho nada memorable ni digno de su nombre. Vivir a la sombra de Íþróttaálfurinn es lo máximo que podrás alcanzar.
Yo se que no vas a responder como el
Cobarde que eres, pero espero que hayas leído todo lo que te dije y te cale que eres una decepción para la generación de Héroes."
Las palabras se desdibujaron ante sus ojos, mientras una presión indescriptible se apoderaba de su pecho. Lágrimas corrían por sus mejillas. No podía respirar, no podía pensar. Todo lo que había hecho, todo lo que había sacrificado, nunca parecía valer nada en los ojos de su padre. El no lo entendían, no lo veía por lo que realmente era. En su lugar, veían a un fracaso. A un hermano menor que siempre estaba a la sombra de su hermano perfecto.
Con un suspiro tembloroso, Sportacus dobló la carta y la guardo en un cajón secreto de la nave. Ahí tenia todas las cartas que su padre le había enviado, eran bastantes y casi se estaba quedando sin espacio. Todas las había leído pero nunca le había devuelto ninguna respuesta a su padre. A veces se sentaba con papel y pluma pero las palabras se quedaban estancadas y le temblaban tanto las manos que nunca podía escribir una respuesta digna.
Y a veces, los días que se sentía deprimido releía las cartas para así tener una excusa para sentirse miserable.
Respiro hondo, tratando de obligarse a continuar con su día, pero algo dentro de él se rompió. Un sentimiento de vacío lo invadió, uno tan profundo que ni siquiera el ejercicio más riguroso podía eliminarlo.
Bajo de su nave. En LazyTown, todo seguía igual: los niños jugaban, el Alcalde paseaba, y el aire estaba lleno de risas y sonidos. Pero para Sportacus, el mundo parecía desmoronarse. Cada paso que daba le recordaba lo solo que se sentía, lo invisible que estaba. Nadie lo entendía. Nadie veía lo que él llevaba dentro.
Stephanie, que estaba cerca, notó algo en su comportamiento. Aunque Sportacus siempre había sido un pilar de energía, hoy parecía diferente. Había algo en su postura y en sus ojos que les daba escalofríos.
"Sportacus ¿Te encuentras bien?", preguntó Stephanie con cautela, acercándose un poco. Pero él solo levantó la vista brevemente y sonrió levemente
"Estoy bien, aún que un poco cansado" dijo, su voz sonaba débil.
Stephanie lo miró fijamente . Había algo profundamente mal en él, algo que no podía poner en palabras, pero lo sentía..
Los niños salieron de sus casa y comenzaron a correr y hacer travesuras, sin preocuparse por nada. No parecían no tener miedo, pues sabían que Sportacus estaba cerca para rescatarlos si algo salía mal. Al final los niños decidieron construir un fuerte con dos torres.
—¡Niños tengan cuidado con lo que hacen! —les dijo Sportacus, pero el tono de su voz era más una advertencia cansada que una orden firme. De todos modos, los niños seguían jugando, seguros de que él los salvaría.
Sportacus miró a su alrededor, viendo cómo todos confiaban tanto en él que ya no pensaban en ser cuidadosos. Sabían que él siempre estaba ahí, dispuesto a arreglarlo todo. La sensación de ser necesario lo golpea con fuerza, pero no como solía hacerlo. Ya no le llenaba de orgullo, lo llenaba de ansiedad. Hoy no era su día.
Su cristal se activó y vio a Ziggy a punto de caer de una de las estructuras, corrió hacia él, pero al intentar salvarlo, la presión del cristal lo invadió nuevamente, casi paralizándolo. Tuvo que hacer un esfuerzo monumental para mantener su compostura y sacar a Ziggy de una mala caída.
Ziggy lo miró con una sonrisa agradecida, sin entender lo que realmente ocurría en la mente de Sportacus.
—¡Gracias, Sportacus! ¡Eres el mejor!
—Ten más cuidado Ziggi, es tan importante no correr peligros como comer saludable- réglalo Sportacus alterado.
—Claro Sportacus— dijo Ziggi tranquilamente y se fue
Sportacus sonrió de vuelta, pero su sonrisa era vacía. El dolor persistía en su pecho, pero lo ocultaba, como siempre lo hacía. No podía permitirse ceder, no podía mostrar debilidad. Los niños lo necesitaban.
Sin embargo, una parte de él comenzaba a cuestionarse si alguna vez lo habían necesitado por quien era, o solo por lo que hacía por ellos. Ese pensamiento lo desgarraba por dentro.
El cristal seguía vibrando con intensidad cada vez que los niños se acercaban a una situación de peligro, y el efecto sobre él ya no era el mismo que antes. En lugar de un impulso de energía, el cristal le enviaba una especie de advertencia que lo llenaba de ansiedad y agotamiento, como si le recordara el peso de las vidas que tenía en sus manos.
¿Sería por la tristeza que había estado sintiendo?¿era para que no se olvidara que tenía responsabilidades que cumplir y que no podía tomarse el día para deprimirse en su cama?
Poco después, Trixie decidió hacer una broma a Pixel haciendo que se tropezara en el borde de una de la torres que habían hecho en el parque. Pixel gritó asustado cuando perdió el equilibrio, pero antes de que pudiera caer, Sportacus lo atrapó en el aire.
—Trixie, ¡eso fue peligroso! —le regañó, sin poder ocultar la frustración en su voz—. ¿Qué hubiera pasado si no llegaba a tiempo?
Trixie se encogió de hombros.
—Vamos, Sportacus. Estabas ahí, ¿verdad? Sabía que lo salvarías. No hay problema.
Las palabras de Trixie golpearon a Sportacus más de lo que ella imaginaba. Esa indiferencia ante el peligro, esa confianza ciega en que él siempre estaría ahí, comenzaba a agotarlo de una manera que nunca antes había sentido. El cristal vibraba una y otra vez, y cada vez que lo hacía, sentía una opresión en el pecho que lo hacía querer gritar. Estaba llegando al límite.
Horas más tarde, los niños decidieron aventurarse cerca del río, donde el terreno era resbaladizo y empinado. Uno por uno, comenzaron a balancearse en el borde, desafiando la gravedad, riéndose mientras hacían malabares con el peligro.
—¡Chicos tengan cuidado! —gritó Sportacus, su voz casi quebrándose por el cansancio y la desesperación—. ¡Eso es muy peligroso!
Pero los niños simplemente se miraron entre sí, sin darle demasiada importancia a sus palabras. En su mente, Sportacus siempre había sido invencible, incansable, y para ellos, sus advertencias no eran más que parte de su rol de héroe. Sabían que, al final, él siempre estaba ahí para evitar que algo malo sucediera.
Ziggy fue el primero en reírse.
—Vamos, Sportacus. Sabes que nos cuidamos... más o menos..
Sportacus bajó la mirada, incapaz de responder. Ni siquiera podía enseñarles bien a los niños sobre la seguridad, tal vez su padre tenía razón, tal vez era un fracaso.
Stephanie vio a Sportacus y preocupó. Tal vez si se estaban pasando un poco con sus travesuras.
Sportacus los vigilo cansado el resto del día.
