La oscuridad de la noche cubría LazyTown, y el dirigible de Sportacus se mantenía en silencio en el cielo. Dentro, Sportacus se sentaba en la penumbra, rodeado de cartas que su padre y su hermano le habían enviado. Las de su padre están llenas de desprecio y decepción, y las de su hermano solo contenían todas las hazañas que había hecho el, solo hablaba de el y el y nunca preguntaba cómo estaba Sportacus. Las cartas ya no eran solo papel; se habían convertido en cicatrices invisibles que llevaban años marcando su alma. Sostenía la carta más reciente que le había llegado hace dos semanas, leyendo una sola línea como si estuviera gravada en su mente.

"¿Porque no eres como Íþróttaálfurinn?"

La pregunta resonaba en su cabeza, como un eco que no se apagaba. Sus pensamientos volvían a aquella noche cuando su hermano decidió irse, dejándolo atrás. Él había suplicado, llorando, que lo llevara con él, pero IpotaFunit se había marchado, dejándolo solo con sus propios miedos y su padre abusador. Desde entonces, cada vez que miraba el cielo nocturno, se sentía como ese niño otra vez, abandonado, no lo suficientemente bueno para que sue hermano se quedase, no lo suficiente para que alguien lo amara.

De entre todos, su hermano Íþróttaálfurinn siempre había sido su figura de apoyo, su ejemplo y alguien con quien podía escapar de su padre. Pero incluso esa relación terminó por desmoronarse. Sportacus nunca olvidaría aquella noche en la que encontró a su hermano empacando, preparándose para marcharse.

—¿Te vas? —le preguntó Sportacus, su voz rota y temblorosa. El miedo y la desesperación llenaban su mirada, no quería quedarse solo con su padre ya que sabía que la iba a pasar mal—. Por favor, no me dejes aquí. No te vayas

Íþróttaálfurinn se detuvo y lo miró, un brillo de tristeza en sus ojos. Se arrodilló a su lado y le dio un abrazo, pero sus palabras fueron implacables.

—Mira, Alex... no puedo quedarme aquí. Quiero ser un héroe de verdad, alguien que haga la diferencia en el mundo, y... necesito hacerlo sin tener que cuidar de nadie, ni que nadie me esté frenando

—Pero... yo te necesito —murmuró Sportacus, con lágrimas en los ojos.

—Lo sé. Y yo también te quiero, pero este es mi momento. —Con un suspiro, Íþróttaálfurinn apartó a Sportacus y se levantó—. Te veré algún día. Quizá— terminó de decir. casi como si no creyera sus propias palabras.

Ese fue el último recuerdo que Sportacus tenía de su hermano, al menos físico. Íþróttaálfurinn y él seguían enviándose cartas de vez en cuando, aunque éstas se volvían cada vez más frías y solo enfocándose en Iprott

Con el pecho apretado, Sportacus intentó respirar profundamente, pero la sensación de vacío lo abrumaba. Se miró las manos, temblorosas. La fachada de héroe, de figura incansable y sonriente, era tan pesada que casi no podía mantenerla en pie.

A la mañana siguiente, cuando el sol salió, Sportacus decidió obligarse a salir. No podía dejar que nadie viera su dolor; después de todo, ¿qué clase de héroe se muestra frágil? Sin embargo, al aterrizar en el suelo de LazyTown, sentía el peso de su propio cansancio, y no tenía la energía para forzar una sonrisa real. Caminaba con pasos pesados, cada vez más débil bajo el peso de las palabras que lo seguían atormentado. ¿Porque es que sentía tan miserable? Normalmente las palabras de su padre no lo afectaban tanto. ¿Era porque las había empezado a creer? No, ya las creía desde antes

Stephanie lo vio lugar un poco más tarde de lo habitual. Había notado que Sportacus no era el mismo de siempre, no hacía tantas volteretas y cometía errores de novatos en los juegos. Además había notado días atrás que estaba más estresado por la seguridad de ella y sus amigos. Así que había hablado con todos para hacerles saber lo que les estaban haciendo a Sportacus.
Ellos se dieron cuenta de como su poca seguridad había estado dañando a su héroe ligeramente superior al promedio
Bueno, habían decidido ser más cuidadosos y darle un día libre a Sportacus, la última vez no había ido tan mal.

—Sportacus! ¿Como estas?- dijo Stephanie saludando

—Hola Stephanie, estoy bien ¿Y tu?

—Sportacus te ves cansado- declaró pixel- ¿porque no te relajas el día de hoy? Trataremos de no meternos en problemas, jugaremos al ajedrez

—¡Y es sano para la mente!- intervino Trixie- Así que tomate el día libre.

—¡Toma, un batido saludable sin azúcar!- Stingi le dio un vaso de batido d frutas

Sportacus no sabía de decir, que considerados estaban siendo, sentía que no se los merecía. Les agradeció y volvió a su nave sintiéndose un poco mejor en varias semanas.

Robbie Rotten está confundido, en varias semanas el pueblo de Lazy Town estaba un poco más tranquilo que de costumbre, no se iba a quejar de eso, pero estaba un poco preocupado (nunca lo iba admitir). Sportacus aunque seguía siendo el saltarín molesto que era, era un poco menos molesto. Todavía hacía volteretas y incitaba a los niños a no ser perezosos pero no estaba haciendo las suficientes volteretas ni juegos como antes.
Sabía cuánto ejercicio hacía Sportacus y como se comportaba. Y no era porque cada vez que lo veía o interactúala con el su corazón se sentía más cálido e iba más rápido, no señor, era obviamente para observar cómo sacarlo de la ciudad.
Bueno volviendo al tema, no estaba siendo tan molesto de costumbre y eso lo molestaba. Cojio su giroscopio y no vio a Sportacus y... esperen..

-¿!Los mocosos están sentados haciendo algo poco productivo!?- dijo impactado en voz alta- ¡Tengo que ver eso de cerca!

Salió de su guarida con facilidad. Tenía que darle las gracias a Sportacus de algo, desde el primer día que llego a Lazy Town, Robbie se había hecho más fuerte por estar haciendo panes, creando y moviendo maquinaria.

—¡Robbie Rotten!—exclamaron los niños con esa vocecita impresionada que molestaba a Robbie, la mayoría de las veces.

—Robbie que haces aquí?

—Estoy aquí para...-se interrumpí Robbie, no podía decir que estaba aquí para ver dónde estaba Sportacus, eso solo haría que pensaran que estaba preocupado por el y el nunca estaría preocupado por ese elfo saltarín...- supervisando que sean perezosos. Si...

-Robbie no tienes que tratar de engañarnos- dijo Stephanie, ella siempre había sido más perspicaz- Le dimos el día libre a Sportacus ya que se veía un poco mal.

Robbie tosió- ¡Yo no venía por Sportacus!

-Si claro- asintió Stephanie

Robbie frunció el ceño y cruzó los brazos con teatralidad.

—¡Por supuesto que no! No sé de dónde sacan esas ideas ridículas —dijo, mirando a los niños como si hubiera sido insultado.

—Está bien, Robbie, lo que tú digas —respondió Stephanie con una sonrisa sarcástica mientras los otros niños contenían las risitas.

Robbie rodó los ojos, irritado, y rápidamente cambió de tema.

—De todas formas, no pueden confiar siempre en ese saltarín. Un día no estará para salvarlos de todo, ¿saben? Así que deberían... descansar más. Sí, eso es lo que necesitan. Más descansos y menos aventuras.

—Pero Sportacus siempre está ahí para ayudarnos —respondió Ziggy con su característico tono alegre.

—¡Eso es justo lo que quiero decir! —exclamó Robbie, señalándolos dramáticamente—. ¡No pueden depender tanto de él! Algún día, se agotará, y luego estarán perdidos.

—¿Te refieres a que estás preocupado por él? —preguntó Stephanie, con una mirada inquisitiva.

—¡No! —respondió Robbie, casi gritando—. Estoy preocupado por... mí. Sí, porque si a Sportacus le pasa algo ustedes serán más molestos que de costumbre entonces LazyTown se convertirá en un caos. ¡Y eso no sería bueno para mí, porque me gusta la paz y la tranquilidad!

Los niños lo miraron con escepticismo, pero no dijeron nada más. Stephanie le lanzó una última mirada, como si pudiera ver a través de su fachada.

Durante los días siguientes, Stephanie y los demás esperaron a que Sportacus bajara, como siempre lo hacía. Al principio, intentaron convencerse de que tal vez estaba ocupado o necesitaba un descanso. Ziggy incluso sugirió que podría estar preparando alguna sorpresa para ellos, pero con cada día que pasaba, la preocupación crecía.

Pixel trató de aburrirse con videojuegos, Trixie empezó a caminar de un lado a otro en la plaza, cada vez más impaciente, mientras Ziggy miraba al cielo cada vez que salía de su casa esperando ver a Sportacus descender con su impresionantes volteretas. Stephanie, sin embargo, no podía sacarse de la cabeza lo mal que había estado Sportacus las últimas semanas. Le había mandado varias cartas junto a su tío pero nunca hubo respuesta.

Finalmente, al quinto día sin señales de Sportacus, todos se reunieron en el parque.

—Esto no está bien, —dijo Stephanie, rompiendo el silencio.

—No puedo creer que lleve tanto tiempo sin bajar, —agregó Trixie, pateando una piedra.

—Quizás... quizás realmente no quiere vernos, —susurró Ziggy, su voz insegura.

—No digas eso, Ziggy, —lo corrigió Stephanie rápidamente—. Esto no es normal. Y si Mahoma no va a la montaña la montaña irá a Mahoma, conozco una persona que podría ayudarnos

Todos intercambiaron miradas, y Trixie fue la primera en captar el mensaje.

—¡Oh, claro! ¿Por qué no llamamos a su mejor amigo? —dijo con una sonrisa burlona—

Stingi la miro raro y confundido

—Robbie, es obvio. Si Robbie no soporta a Sportacus

—Nis cálculos no cuadran, para alguien que no le cae bien, parece que siempre lo está buscando .—dijo Pixel incrédulo tecleando cosas en su tableta.

—Dejen de bromear. Esto es serio. Robbie puede ayudarnos.

—Sí, porque seguro está pensando en él las 24 horas del día, —dijo Trixie, rodando los ojos de forma teatral—.

—¡Chicos! —interrumpió Stephanie con un tono más firme—. Vamos a hablar con él. Si realmente le importa Sportacus, lo hará.

—Si realmente le importa, —repitió Trixie con burla, pero su sonrisa se desvaneció al ver la expresión preocupada de Stephanie—. Está bien, vamos. Aunque apuesto a que Robbie no necesitará mucho convencimiento... después de todo, Sportacus es su tema favorito.

Con eso, los niños se dirigieron al búnker, más preocupados que nunca, pero no sin dejar de soltar algunas risitas.
Cuando tocaron la puerta del búnker, Robbie la abrió con una expresión de "fastidio".

—¿Qué quieren ahora? —preguntó, apoyándose en el borde de la entrada.

Stephanie dio un paso adelante, decidida.

—Queremos que vayas a ver a Sportacus. No lo hemos visto en casi una semana y no podemos subir al dirigible.

Robbie arqueó una ceja, fingiendo desinterés.

—¿Y qué tiene que ver eso conmigo? —respondió, haciendo un gesto vago con la mano.

—¡Vamos,tu eres el único adulto que puede subir esas escaleras! A nosotros no nos dejan y el alcalde jamás podría subir—intervino Trixie, mirando a Robbie con ojos de perrito pateado—. Por favor, él nunca está tanto tiempo sin bajar.

—Tal vez está ocupado, o descansando... o, ya sabes, dejando de ser molesto por una vez, —respondió Robbie, encogiéndose de hombros.

—Eso no suena como Sportacus, —dijo Pixel mientras ajustaba sus gafas—. Además, Stephanie y el Alcalde mandaron carta y no ha respondido. Jamás nos dejaría sin respuesta.

—Sí, Robbie, tienes que ir, —agregó Trixie, cruzándose de brazos—. Es tu oportunidad de hacer algo útil por una vez.

Robbie resopló con burla.

—¿Útil? ¿Y por qué debería hacer algo por "él"?

Stephanie dio un paso más hacia él, mirándolo directamente a los ojos.

—Porque te importa, Robbie, —dijo con firmeza—. Todos sabemos que estás preocupado igual que nosotros, después de todo es tu amigo

Robbie parpadeó, su rostro pasando rápidamente de la incredulidad al enojo y del enojo al bochorno antes de tratar de recomponerse.

—¡¿Qué?! ¡No digas tonterías! —respondió, cruzándose de brazos de manera defensiva—. Claro que no... ni es mi... ¡Eso no importa!

Robbie se quedó en silencio, mirando las caras de los niños, todos expectantes, insistentes.

—Por favor, Robbie, —susurró Ziggy—. Si no vas, ¿quién más podría ayudar?

Robbie bufó, girando los ojos.

—Ugh, qué fastidio... —murmuró, dándose la vuelta. Luego, con un gesto exagerado, levantó una mano—. Está bien, está bien, lo haré. Pero que conste: "solo" para que me dejen en paz.

Aunque intentaba sonar desinteresado, los niños no se perdieron el ligero temblor en su voz

Les juro que mi papa si me quiere