Cuando Robbie regresó a su búnker aquella noche, el peso del silencio lo envolvió. Sabía que tenía que meterse en los suyo , pero algo le pesaba en el pecho, una sensación que no podía ignorar. El recuerdo de Sportacus dormido, tan vulnerable, aún estaba fresco en su mente. Le dio otra mirada a las cartas que tenía en la mano, las cartas que Sportacus había dejado por todas partes en el dirigible, dispersas.

Al sentarse en su silla, Robbie vio que habían tres tipos de papel, había unas cartas de un tipo de papel que se veía más normal pero un poco desgastado, así que comienzo por esas primero. Comenzó a leerlas, casi con la esperanza de que el contenido de esas palabras le ofreciera alguna respuesta o alivio. Sin embargo, lo que encontró fue mucho peor de lo que había imaginado

"Alex, no sé ni por dónde empezar, porque todo lo que digas o hagas en este punto ya no importa. Cada vez que te miro, cada vez que trato de ver algo en ti que valga la pena, me doy cuenta de lo inútil que es. Y no, no es que me dé lástima, es simplemente que tu existencia ha sido un completo desperdicio. Desde el primer día, tu madre estuvo demasiado débil para seguir adelante después de traerte al mundo, pero ni siquiera eso aprendiste a valorar. Creí que tal vez te esforzarías, que algo en ti cambiaría, que de alguna manera crecerías y serías algo mejor. Pero no. No lo hiciste, ¿verdad? No lo hiciste porque no tienes ni la capacidad de hacerlo. Qué patético. Ni siquiera haces algo útil, ni siquiera sabes cómo hacer algo bien. Solo te concentras en tu maldito 'héroe' que nadie entiende. Pero es más que eso, Alex. Es el hecho de que nunca serás suficiente. Nunca serás lo que yo esperaba. Deja de intentar ser alguien que no eres. Eres débil, y el mundo te verá como tal, y yo también."

Robbie tuvo que dejar la carta por un momento. "Tu madre estuvo demasiado débil para seguir adelante después de traerte al mundo" Pensó, mientras una sensación de tristeza y coraje invadía su pecho. Eran las cartas de su padre.

Se detuvo al procesar cierta información: Alex. Un nombre que nunca había asociado con Sportacus, quien siempre había sido simplemente "Sportacus" en su mente. Algo acerca de ese nombre le sorprendió, pues no se lo imaginaba para él. "Alex... Es un nombre tan simple, pero tiene algo. Suena... suena... le queda muy bien.

Robbie con el corazón en la mano prosigio con la siguiente carta:

"¿Sabes qué es lo que más me repugna de ti, Alex? Tu obstinación, esa patética incapacidad de aceptar la verdad: que no hay redención para alguien como tú. Insistes en aferrarte a ese sueño absurdo de ser un héroe, como si el mundo realmente necesitara algo de ti. Pero la realidad es que no eres más que una burla, un lastre. Nadie te ve como algo valioso. Ni como un hijo. Ni como un hombre.
Me consume la vergüenza cada vez que pienso en ti, cada vez que alguien pronuncia tu nombre como si tuvieras algún mérito. Sigues intentando, con esa testarudez que no es más que una máscara de tu fracaso. Cada vez que te lanzas a esos ridículos intentos de 'ayudar' a los demás, no haces más que demostrar lo inútil que eres. No eres un héroe, Alex. Nunca lo serás. Eres una sombra, una vergüenza que no mereció nacer.
Y lo peor es que, a pesar de todo, sigo deseando que abandones de una vez esa farsa. Que dejes de desperdiciar el tiempo en algo tan estúpido como el heroísmo. Porque tú, Alex, no naciste para eso. No naciste para nada que importe. Solo eres el error"

Robbie apretó los dientes. Cada palabra de esta carta era un golpe más al alma de Alex. No era solo un rechazo; era un ataque directo, cruel y sin piedad

A veces me pregunto, ¿por qué no simplemente te detienes y aceptas que eres lo que eres? No eres nada más que una carga para mí, Alex. Nadie te quiere, nadie te respeta. ¿Y sabes qué? Nadie te necesita. No has logrado ni un solo avance en nada de lo que has intentado. Es como si todo lo que tocas se convirtiera en polvo. Nunca has sido capaz de mantener nada, ni siquiera el cariño de tu madre. Y no me hables de heroísmo, porque lo único que haces es malgastar tu tiempo. En el fondo sabes que nunca serás un verdadero héroe. Los héroes no nacen del fracaso, Alex, y tú eres la viva imagen de un fracaso."

Robbie leyó unas cuantas más, todas con palabras crueles hacia Sportacus. Unas criticándolo a el, otras comparándolo con su aparente hermano y otras una mezcla de los dos.
No habia terminado todas las cartas pero una en especial le llamo la atención, estaba más arrugada y rota que las otras así que la cogio, temeroso de lo que podía encontrar. Se le hundió más el corazón al ver los pequeños círculos arrugados que desdibujaban la letra negra peor escrita que las otras.

"Quizás lo peor, lo más doloroso de todo esto, es saber que tu madre murió por culpa tuya. Ya lo sé, te lo han dicho antes, pero nunca lo aceptaste. Cuando ella te tuvo, su vida terminó. Ya no tuvo más oportunidad. El dolor que le causaste fue más grande de lo que crees. Tú la mataste, Alex. Lo que no entiendes es que si no hubieras nacido, ella estaría viva. Y yo también podría haber sido feliz. En lugar de eso, me quedé atrapado en esta vida miserable con un hijo que nunca me dio nada más que problemas. Por eso te odio, te desprecio y te odio tanto, me quitaste a la persona que la amaba en este mundo. Ojalá hubieras muerto y ella no ¡Ojalá nunca hubieses nacido!"

Robbie cerró los ojos, no pudiendo contener las lágrimas. La acusación directa hacia Sportacus, la culpa absurda de su nacimiento, todo eso estaba más allá de la crueldad humana. Era la última condena que un padre podía dar a su hijo, y Alex debía haber vivido con eso toda su vida. No le extrañaba que Sportacus estuviese deprimido. No se imaginaba lo que debió haber vivido con esa patética excusa de padre.

Robbie dejó las cartas del padre a un lado y, por un momento, se dedicó a examinar otro tipo de cartas.
Al principio, no entendía lo que veía. Había montones de hojas arrugadas, otras maltratadas como si alguien las hubiera intentado borrar o destruir a medias. Algunas estaban garabateadas con frases incompletas, tachones y líneas que terminaban abruptamente. Eran de Sportacus, como si hubiera tratado de responder, pero las palabras se le hubieran atascado en la garganta. Entre las primeras hojas apenas se distinguían frases sueltas: "L siento si te fallé", "No sé qué más hacer", o simplemente "Perdón".

En una, solo había una palabra escrita en letras pequeñas en el centro de la página: "¿Por qué?"La tinta estaba corrida en algunas zonas, como si hubiera estado demasiado tiempo pensando en qué escribir, o como si algo más húmedo hubiese caído sobre el papel. Robbie apretó los labios, conteniendo un suspiro de rabia.

Pasó a los borradores más largos. Uno de ellos estaba escrito con una letra más decidida al inicio:

"Papá, sé que no soy lo que esperabas. Sé que nunca fui suficiente para ti y nunca voy a ser como tú o como mi hermano. Siempre he intentado ser alguien digno de ti. No lo hago por reconocimiento, no lo hago para que me perdones. Lo hago porque es lo único que sé hacer, porque si no me esfuerzo, siento que no valgo nada. Tal vez tienes razón, tal vez no soy un héroe, tal vez soy un fracaso, pero..."

El resto estaba tachado violentamente, como si escribir hubiera sido demasiado doloroso. Robbie no podía dejar de mirar el papel, como si las palabras grabadas ahí pudieran explicarle cómo alguien tan fuerte, tan lleno de vida como Sportacus, había llegado a creer esas cosas sobre sí mismo.

Encontró otro borrador más reciente, una carta más completa y menos maltratada.

"Papá, no sé qué más hacer para que me aceptes. Todo lo que hago es tratar de ser alguien mejor. No entiendo por qué no puedo ser suficiente para ti. Quiero que estés orgulloso de mí,siempre he quería eso, pero no que que estoy haciendo mal. Tal vez tienes razón, tal vez nací para fracasar... Lo siento por no ser lo que necesitas, siento ser un error..."

Robbie sintió un nudo en el pecho cuando vio la última línea tachada, pero todavía legible bajo el borrón: "Te quiero, aunque tú no me quieras a mí."

Dejó caer la carta sobre la mesa y pasó una mano temblorosa por su rostro. Le costaba procesar lo que acababa de leer. Las respuestas de Sportacus calaba más profundo que las cartas del padre. Eran la prueba de años de sufrimiento, de una lucha para aferrarse a una pizca de esperanza donde no la había. Robbie sintió una furia hirviente, pero más que eso, sintió un dolor desgarrador.

Pensar que Sportacus, alguien que siempre parecía tan invulnerable, había pasado noches enteras peleando con sus propios demonios, tratando de encontrar las palabras para hablar con un hombre que nunca le daría una respuesta amable, era casi insoportable.

Robbie continuó hojeando los papeles, y pasó a las últimas cartas del un papel más bonito que el de todos

La primera carta era algo larga. Al principio, la carta parecía animada, como si el desconocido intentara ser positivo, pero a medida que avanzaba, la falta de empatía se volvía más evidente.

"Querido Alex,
Espero que te encuentres bien. Ya sabes que siempre estoy ocupado con mi propio trabajo, pero no quiero que pienses que me he olvidado de ti. No es fácil ser el hermano mayor, ya sabes. Hay tantas cosas que tengo que hacer, pero aún así, trato de pensar en ti, aunque no siempre sepa cómo.
He estado muy ocupado en mi carrera de héroe. Las cosas están yendo bien, tengo muchas historias que contarte sobre mis éxitos. Seguro que te gustaría saber todo lo que he logrado, aunque no sé si alguna vez comprenderás lo que es estar a la altura de las expectativas. Pero bueno, estoy seguro de que lo entiendes, porque todos estamos en una especie de lucha, ¿verdad?
Por ahora, cuídate. No olvides que siempre tienes un hermano que te apoya... o al menos trato de hacerlo a mi manera."

Otro familiar para echar al saco. Robbie soltó un suspiro, dándose cuenta de que el hermano de Sportacus, aunque aparentemente bien intencionado, había escrito una barbaridad Había algo frío en sus palabras, como si hubiera intentado cubrir su indiferencia con frases

Luego, cojio otra. El hermano parecía seguir buscando la admiración propia, restregándole sus éxitos a Sportacus, sin siquiera darse cuenta de que sus palabras solo podían hacerle más daño a su hermano.

"Hola Alex,
Bueno, ya sabes cómo son las cosas. La vida sigue, ¿no? Me siento un poco extraño escribiendo esto, pero... en fin. No puedo dejar de pensar en todo lo que he logrado últimamente. Es una locura cómo las cosas pueden cambiar tan rápido. He estado consiguiendo cosas que nunca imaginé. De hecho, mi último encarcelamiento tuvo muchísimo éxito, y me siento bastante bien al respecto.
No sé si alguna vez llegaste a hacer algo parecido. No lo digo de forma cruel, pero sé que te has quedado atrapado en tu rutina. Yo soy diferente. He tomado decisiones que me han colocado donde estoy ahora. Si alguna vez necesitas consejos, estaré feliz de dártelos, pero recuerda que no es tan fácil como parece. Hay que saber a qué arriesgarse.
Te escribo esto porque supongo que te preocupa cómo estoy. Pero no te preocupes por mí. Estoy bien. Como siempre.
Tu hermano."

Robbie dejó escapar un leve gruñido al leer la carta. Era como si el hermano nunca hubiera querido ver a Sportacus por quien realmente era. Solo veía la vida a través de su propio prisma, en donde el éxito y la competencia eran lo único que importaba. Robbie no pudo evitar preguntarse si Sportacus alguna vez le había pedido a su hermano ayuda, consuelo o apoyo. Sin embargo, por las cartas que había leído, estaba claro que nunca lo había recibido.

La fría indiferencia del hermano de Sportacus quedaba completamente expuesta en cada palabra escrita, y Robbie no pudo evitar pensar en cómo alguien podía tan fácilmente ignorar el dolor de un ser querido sin siquiera ser consciente de ello. Sin duda, estas cartas solo servían para recordarle a Sportacus lo solo que se sentía, incluso en medio de su propia familia.