El aire estaba cargado de una incomodidad que Sportacus no podía sacudirse desde que había discutido con Robbie. Todo en LazyTown parecía más gris, más silencioso. Incluso los niños, normalmente llenos de energía y travesuras, habían notado que algo estaba mal. Sportacus seguía con su rutina heroica, pero sus pensamientos estaban muy lejos. Por las noches, cuando intentaba dormir, las palabras de Robbie volvían a su mente.
"¿Tal vez soy débil? ¿Tiene razón en todo lo que dijo?¿Porque termine defendiendo a mi padre? No es que haya hecho mucho por mi"
El recuerdo de sus discusiones lo atormentaba. Robbie había tocado una fibra que nadie más había alcanzado, y aunque Sportacus sabía que Robbie también había dicho cosas impulsivamente, no podía evitar sentirse responsable. Si tan solo hubiera manejado las cosas de otra manera...
Por su parte, Robbie también estaba inquieto. Se había aislado más de lo usual, evitando cualquier contacto con Sportacus o los niños. No podía dejar de pensar en las palabras que le había lanzado al héroe. Aunque no lo admitiría en voz alta, lo lastimaba saber que había herido a Sportacus, especialmente porque... porque le importaba. Más de lo que estaba dispuesto a aceptar.
Los niños se reunieron en la plaza, preocupados. Stephanie, siempre la más sensible al ánimo de los demás, propuso un plan.
El sol de la tarde bañaba LazyTown con una luz cálida mientras los niños se reunían en la plaza para ultimar detalles de su plan. Stephanie había trazado el esquema con precisión, y aunque Stingy y Ziggy tenían algunas reservas, Trixie estaba emocionada.
—¡Es perfecto! —exclamó Trixie, con una sonrisa de autosuficiencia—. Si algo va a hacer que Sportacus y Robbie se hablen, es una buena dosis de peligro.
—Pero... ¿y si Robbie se enoja? —preguntó Ziggy, con los ojos bien abiertos—. ¿Qué pasa si no funciona y terminamos empeorando las cosas?
—Ziggy, relájate —dijo Stephanie, palmeándole el hombro—. Sportacus nunca deja a nadie en peligro. Esto va a salir bien.
El plan era sencillo, al menos en teoría: usarían la vieja casita del árbol que estaba en las afueras del parque. Esa estructura estaba en un lugar elevado y era conocida por ser un sitio perfecto para quedarse atrapado. Con algunas modificaciones, podrían asegurarse de que Robbie, siempre curioso, quedara atrapado lo suficientemente alto como para necesitar ayuda, pero no tan alto como para ser peligroso.
Stephanie y Trixie se encargaron de asegurar las tablas más frágiles y de colocar un par de señuelos para atraer la atención de Robbie. Una escalera de cuerda suelta y algunas herramientas abandonadas completarían la trampa.
—¿Crees que suba? —preguntó Ziggy, aún nervioso.
—Por supuesto que sí —dijo Trixie, cruzando los brazos con confianza—. Es Robbie Rotten. No puede resistirse a husmear en cosas que parecen fuera de lugar.
El momento llegó más rápido de lo esperado. Trixie, disfrazada con un sombrero y unas gafas oscuras para no levantar sospechas, se acercó a la guarida de Robbie.
—¡Oye, Robbie! —gritó, fingiendo una voz diferente—. Escuché que hay un montón de cosas viejas tiradas cerca de la casita del árbol. Seguro que a alguien se le olvidó algo valioso ahí. Además, estoy segura que oli pastel.
Robbie, quien estaba ocupado quejándose del ruido de los niños, alzó una ceja.
—¿Pastel, dices? —preguntó, intrigado.
—¡Sí! Pero no le digas a nadie, ¿eh? Sería terrible si alguien más se lo llevara antes que tú.
Antes de que pudiera hacer más preguntas, Trixie se escabulló rápidamente, dejando a Robbie pensativo. No podía resistirse a la idea de encontrar algo que pudiera usar para fastidiar a los niños o, mejor aún, conseguir ese tesoro dulce. Ya estaba saboreando una buena rebanada de pastel. Bueno... además tal vez asi podía distraerse.
Con su típica mezcla de curiosidad y arrogancia, Robbie salió de su guarida y se dirigió hacia la casita del árbol.
—¿Qué estarán tramando esos mocosos ahora? —murmuró mientras inspeccionaba la zona.
Los niños, escondidos entre los arbustos, observaban expectantes. Robbie se acercó a la casita, examinando las herramientas abandonadas y la escalera de cuerda.
—Esto es demasiado fácil... —dijo para sí mismo, mientras comenzaba a subir la escalera.
Todo iba según lo planeado. Robbie subió hasta la casa y y no vio nada adentro. Grito algo sobre mocosos que no pueden quedarse sin molestarlo y quiso bajar , pero justo en ese momento, la cuerda se soltó
—¡¿Qué demonios?! ¡Esto es ridículo!
En ese momento, el cristal en el pecho de Sportacus comenzó a parpadear con intensidad.
—¡Alguien está en peligro! —exclamó, dejando lo que estaba haciendo y corrió por el pueblo.
Cuando llegó a la base de la casita del árbol, lo primero que vio fue a Robbie, atrapado como un gato molesto.
—¡Robbie! —Sportacus alzó la vista, su preocupación evidente—. ¿Qué pasó?
—¡Qué parece que pasó! ¡Estoy atrapado aquí! —respondió Robbie, moviéndose torpemente—. ¡Y no te atrevas a hacer ningún comentario heroico, Sportakook!
Sportacus no pudo evitar una pequeña sonrisa ante la actitud de Robbie, pero rápidamente se concentró en la situación.
—Tranquilo, Robbie. Te sacaré de ahí.
—¡No necesito tu ayuda! —dijo Robbie, aunque la desesperación en su voz lo contradecía—. ¡Puedo hacerlo yo mismo!
—Claro que puedes —respondió Sportacus con calma—, pero mientras tanto, déjame ayudarte.
Sportacus buscó cerca alguna cosa que le sirviera a Robbie para bajar. No sabía si Robbie seguía molesto con el y no se iba a arriesgar a pedirle que saltara para que pudiera atraparlo. Cerca de la vieja casita del árbol encontró una escalera así que se le llevó y la puso contra la entrada de la casita
Una vez que estuvo a salvo en el suelo, Robbie se arregló en chaleco y cruzó los brazos, aún enfurruñado.
—Esto fue un desastre.
Sportacus lo miró con exasperación.
—Lo importante es que estás bien.
—¡Claro que estoy bien! —replicó Robbie, aunque su tono no tenía tanta convicción como de costumbre.
El silencio que siguió fue denso, cargado de emociones no dichas. Robbie fue el primero en romperlo.
—Gracias por salvarme... —dijo, mirando hacia abajo, como si las palabras le pesaran.
Sportacus lo miró de reojo, con una mezcla de alivio y preocupación.
—Siempre lo haré, Robbie. No importa lo que pase entre nosotros.
Robbie apretó los labios, sintiendo un nudo en la garganta. Quería decir algo más, pero no sabía cómo. Al final, fue Sportacus quien tomó la iniciativa.
—Sobre lo que paso... Quiero pedirle una disculpa. Se que exageré y cometí un error al reaccionar así...
Robbie lo miró, sorprendido. Se acercó a Sportacus, dejando de lado su orgullo.
—Escúchame. Yo era el que estaba equivocado. Eres todo menos débil. Eres fuerte de maneras que ni siquiera puedo entender. Lo que has pasado... y cómo sigues siendo tú... Eso no lo hace alguien débil.
Sportacus apartó la mirada, sus ojos brillando con lágrimas contenidas.
—A veces me siento así... A veces siento que, por mucho que haga, nunca será suficiente. Nunca seré suficiente.
Las palabras de Sportacus se quedaron suspendidas en el aire. Robbie extendió una mano y la colocó sobre el hombro del héroe.
—Tú eres más que suficiente, Sportacus. Para todos aquí... y para mí.
Sportacus alzó la mirada, sorprendido por la intensidad en la voz de Robbie.
—Lo siento, Sportacus. Por todo. Por lo que dije. —Robbie hizo una pausa, nervioso—. A veces... me cuesta saber cómo lidiar con mis propios sentimientos, y eso me lleva a alejar a las personas que más me importan.
Sportacus sintió su corazón latir más rápido. Las palabras de Robbie eran sinceras, cargadas de una vulnerabilidad que rara vez mostraba.
—Robbie... tú también me importas. Más de lo que puedo explicar.
El silencio volvió a caer, pero esta vez estaba lleno de algo diferente. Sin pensar demasiado, Robbie dio un paso hacia adelante, posó su mano sobre la mejilla de Sportacus y le plantó un beso en los labios. Sportacus abrió bien los ojos y Roobie se apartó rápidamente.
—L-lo siento, no se que...
Pero Sportacus lo interrumpió cogiendo el chaleco de Robbie y jalándolo para esta vez besarlo el. Robbie se sorprendió al principio pero pronto abrazado a Sportacus por la cintura para profundizar el beso. Los labios de Sportacus eran muy suaves y perfectos.
—¿Eso significa que ahora estamos saliendo?—pregunto Robbie sonriendo en el beso
Sportacus no respondió verbalmente si no que le dio otro beso apasionado.
Desde su escondite, Stephanie, Stingy, Trixie y Ziggy miraban la escena con asombro.
—¡Sabía que funcionaría! —susurró Stephanie, emocionada.
—¿Crees que ya se reconciliaron? —preguntó Stingy
—Oh, definitivamente. —respondió Trixie, dándoles un codazo a ambos.
Cuando Sportacus y Robbie finalmente regresaron a la ciudad y los niños no dijeron nada sobre lo que habían visto.
Bueno, gracias a los niños, Sportacus volvió hacer costumbre de visitar el búnker de Robbie por las tardes, después de pasar el día con los niños en LazyTown. A Robbie le gustaba más que Sportacus llegara a su guarida ya que no creía que pudiera pasar toda la tarde afuera y no se iba a subir de nuevo en el dirigible de Sportacus. Le decía "trampa mortal", algo que Sportacus encontraba extrañamente adorable. Después de todo, la preocupación de Robbie era una muestra de su afecto, aunque no siempre lo admitiera.
Sportacus se acercó al búnker una tarde, como de costumbre, y Robbie, desde su asiento, lo recibió con una sonrisa y una mirada juguetona.
—No puedo creer que todavía te metas en esa cosa. —dijo Robbie, abrazándose a sí mismo, como si ya estuviera temblando por la sola idea del dirigible.
Sportacus sonrió, encontrando la actitud de Robbie curiosamente entrañable. Se acercó a él, casi sin pensar, y lo besó suavemente en los labios, un beso rápido, pero lleno de cariño.
—Te he dicho que soy un experto en seguridad. —Sportacus se rió suavemente, tomando asiento a la par de Robbie. —Pero entiendo, no es para todos.
—Tienes razón, no es para mí. —respondió Robbie, dejando escapar una pequeña sonrisa,
Se volvieron a besar pero esta vez más ansiosos, más apasionados. Robbie mordió suavemente el labio interior de Sportacus hasta que esté abrió sus labios. En ese momento Robbie metió su lengua y empezó a explorar los rincones desconocidos. Sportacus trato de seguirle el paso, eso hizo que Robbie se volviera mucho más agresivo.
Tuvieron que separarse para respirar, aunque Robbie no lo dejó mucho. Paso sus labios por el cuello de Sportacus , haciendo que soltara un pequeño gemido que encendió más al villano. Y del cuello paso a la oreja. Se había dando cuenta desde aquel día en el dirigible que Sportacus era muy sensible ahí. Termino por quitarle el sombrero al Sportacus y mientras le mordía la oreja una mano acariciaba su pelo y otra bajaba por su pecho hasta sus brazos.
Sportacus se tensó al sentir que sus brazos eran tocados.
Robbie se separó de Sportacus y lo miro fijamente —Nunca me voy a avergonzar de ellas, ¿sabes? Lo que has pasado, lo que has hecho... todo eso me demuestra que eres más fuerte de lo que muchos podrían llegar a ser. —Robbie le acarició suavemente un brazo y besó las marcas. —Pero... si alguna vez te sientes triste, o si sientes que vas a herirte, quiero que sepas que siempre puedes venir a mí. No tienes que enfrentar todo esto solo.
No lo dejo responder ya que lo volvió a besar en los labios, solo que esta vez más tranquilo
Unos momentos después, ambos se acurrucaron más cerca, buscando el calor del otro. a Sportacus se le salió una lágrima, nunca antes nadie lo había tratado así... como si fuera especial.
—¿Siempre duermes con tu uniforme? —preguntó Robbie, curioso, mientras acariciaba suavemente la espalda de Sportacus.
Sportacus sonrió débilmente, sin abrir los ojos.
—Bueno si... en realidad no tengo una pijamada ni nada, pero ya me acostumbre . —respondió con suavidad, como si ya fuera parte de él. — Así si hay un problema puedo salir más rápido.
—Entiendo. —dijo Robbie, dándole un cariñoso beso en la cabeza y luego acariciando de nuevo su espalda.
Ambos se acurrucaron más cerca, como si eso fuera posible. No querían que ese momento pasara.
Esa noche, antes de quedarse dormidos, Robbie sonrió, pensando en algo. Días después se lo podía ver sosteniendo un paquete cuidadosamente envuelto en papel azul brillante. El sonido de alguien bajando indicó que Sportacus había vuelto. Desde que estén a juntos Sportacus fue más insistente en que Robbie comiera saludable, así que de vez en cuando le traía algún batido de frutas o algo dulce pero bajo en calorías. No se podía quejar tanto ya que al menos los batidos estaban buenos y no le traía verdura.
—¡Buenos tardes! —saludó Sportacus al verlo, su energía como siempre a niveles imposibles.
—Buenos tardes —respondió Robbie, con un tono casual, pero la calidez en su mirada lo delató—. Tengo algo para ti.
Sportacus ladeó la cabeza, curioso.
—¿Para mí?
Robbie extendió el paquete, evitando mirarlo directamente mientras lo hacía.
—Sí, sí. Solo abre esto antes de que cambie de opinión.
Sportacus tomó el paquete con cuidado y lo abrió. Sus ojos se iluminaron al ver el pijama.
—¿Lo hiciste tú?
—Claro que sí. ¿Quién más podría hacerlo con este nivel de perfección? —bromeó Robbie, aunque había un toque de inseguridad en su voz.
Sportacus examinó cada detalle: las costuras, los colores azul marino y plateado, y finalmente, un pequeño 10 bordado en la parte del pecho. Pasó los dedos sobre el pequeño diseño y luego levantó la mirada hacia Robbie, sus ojos brillando con emoción.
—Esto es increíble, Robbie. Es... precioso.
Robbie sonrió, esta vez sin intentar ocultarlo.
—Bueno, pensé que alguien como tú también merece descansar bien de vez en cuando. Aunque seas un héroe, no puedes dormir con ese uniforme todo el tiempo.
Sportacus dejó el pijama a un lado y, sin decir nada, se acercó rápidamente a Robbie, rodeándolo con un abrazo cálido.
—Gracias —susurró, su voz llena de gratitud.
—Está bien, está bien, no hagas un escándalo —respondió Robbie, abrazándolo de vuelta.
Sportacus, emocionado, lo levantó del suelo en el abrazo. Robbie soltó una pequeña risa nerviosa, pero no se resistió.
—¡Oye! No soy tan ligero como para andar levantándome así.
—Eres perfecto tal como eres —respondió Sportacus sin soltarlo.
Antes de que Robbie pudiera responder, Sportacus, sin poder contener la alegría, le plantó un beso rápido en los labios. Pero el movimiento fue tan entusiasta que ambos perdieron el equilibrio y terminaron en el suelo, con Sportacus encima de Robbie.
—¡Sportacus! —exclamó Robbie, aunque no había verdadero enfado en su tono—. ¡¿Qué estás haciendo?!
Sportacus se rió, apoyando las manos a cada lado de Robbie para no aplastarlo.
—Solo estoy muy feliz, Robbie. Esto significa mucho para mí, más de lo que puedo decir.
Robbie lo miró fijamente, su rostro completamente rojo. No podía creer que Sportacus, con su sonrisa radiante y mirada sincera, lo desarmara tan fácilmente.
—Bien, pero podrías mostrar tu gratitud sin tirarme al suelo como un saco de patatas —bromeó, aunque su voz sonaba más suave de lo habitual.
Sportacus se levantó y ayudó a Robbie a ponerse de pie, sin dejar de mirarlo con ternura.
—Bueno, ¿qué esperas? ¿Vas a probártelo o piensas dejarlo como decoración?
Sportacus fue rápido a cambiarse y cuando salio Robbie se quedó mirando. El pijama le quedaba perfecto, ajustándose a su figura de manera cómoda pero favorecedora. El azul profundo realzaba el color de sus ojos, y los detalles plateados parecían brillar con la luz tenue de la guarida. Robbie lo observó por un momento, tratando de no parecer demasiado impresionado. No es que dudara de sus habilidades de costura, si no que a Sportacus hacia que le quedara mejor.
—Hmpf. Bueno, no está tan mal —murmuró finalmente, aunque su sonrisa lo traicionó—. Supongo que es pasable.
—Gracias, Robbie. Realmente significa mucho para mí. Aunque... no quiero soñar desagradecido ni exigente ni nada pero no encontré ningún gorro—dijo Sportacus tímidamente bajando la mirada
—Bueno... Mmm e-esperaba que no usarás para dormir. Digo, solo me preocupa que eses sombrero todo el día y no le des para respirar a esa cabecita tuya... si.
—¿Estas seguro que es por eso?¿no será porque te gusta tocarme el pelo?
—¡Claro que no!
Ya acostados juntos Robbie, pasando su mano por el hermoso pelo sedoso de su novio, se felicito mentalmente de que hiciera que Sportacus se quedara a dormir cada vez mas.
