Capítulo 8: Confesiones con Sorpresas
Richard era un tipo serio, de maneras cordiales y buen vestir, con una cabellera espesa y mucho encanto. Sin embargo, en ese momento no tenía ningún aire de elegancia. Sus movimientos eran ásperos y agotados. La expresión de su rostro era de disgusto, como casi siempre ocurría cada vez que tenía que verse con su exesposa. Esta vez la situación lo había descolocado por completo. Encontrarla a ella y a su hija en una casa ajena, a altas horas y con la música a tope, fue demasiado. Aquí estaban ahora, en la casa de ella, con un incómodo y a la vez dominante silencio. El chow-chow de traje caminaba de un lado a otro, mientras su exesposa permanecía inmóvil, apoyada contra la mesa, esperando cualquier tipo de regaño salir de su boca; por otra parte, la hija de ambos estaba en su cuarto empacando unas cosas. Le preocupaba que sus padres llegaran a discutir, y solo tuvo que pasar un buen rato para que su desazón se hiciera realidad.
—"¡Esto es increíble!", dijo Richard, con un tono peligroso en su voz. "Me voy solo por unos días y ¿Qué me encuentro? ¡A mi hija en una fiesta de desconocidos!"
Él es un maestro en el debate, siendo la encarnación real de la ansiedad. Parecía ser la misma situación a la que se enfrentaba siempre que tenía la oportunidad, pero con una diferencia notable.
—"No son desconocidos", espetó ella.
—"¡Lo son para mí!", replicó, acercándose rápidamente a ella, quedando frente a frente. "Judo no debe de estar rodeada de gente grande"
—"¿Cómo en tu trabajo?", le cuestionó, cruzándose de brazos.
Richard frunció el ceño. "Eso es diferente", se alejó para ajustarse la corbata. "Ellos son gente más civilizada, culta y educada. Algo bueno puede sacar de ellos,", intentó justificar. "En cambio ¿Qué puede aprender de esa gente? ¿A alocarse? ¿Eh? ¿A pasarse toda la noche de parranda hasta quien sabe qué hora? ¿Eh? ¿Ese es el futuro que quieres para tu hija?"
—"¿No te parece que estás exagerando un poco las cosas?"
—"¡Oh, por favor!", se rió entre dientes. "¿Ahora pretendes hacerme creer que yo estoy equivocado?"
—"Bueno…", intentó explicarse, pero él la interrumpió.
—"No sé por qué no me sorprende. Estoy acostumbrado a la ingratitud"
Se quedaron mirándose el uno al otro por unos momentos, Richard enojado y Wendy irritada. Finalmente, el chow-chow de traje desvió la mirada para ver brevemente las fotos que ella tenía en la casa, él no estaba en ninguna, eso de alguna forma le disgustó aún más.
—"Judo solo se la estaba pasando bien", dijo Wendy después de un rato.
—"Oh, qué lindo…", respondió burlonamente. "¿Crees saber lo que realmente le gusta a tu hija?"
—"Y ¿Tú sí?", cuestionó.
Otra vez se miraron en silencio. A Richard le exasperaba bastante el hecho de que su ex últimamente ha estado actuando como ella misma, teniendo en cuenta que en el pasado Wendy a menudo ocultaba cómo se sentía realmente. Sin embargo, Wendy nunca le dijo nada, realmente no quería una confrontación como la primera vez que tuvieron esta conversación, pero suponía que era ahora o nunca.
—"¿Desde cuándo te volviste tan contestataria?", manifestó con indignación.
—"Desde que me harté que faltaras el respeto", respondió sin perder los estribos.
Richard entrecerró los ojos y la miró juzgadoramente.
—"¿Sabes una cosa? Estoy harto de tu actitud y de tu falta de voluntad para avanzar, ya hasta he olvidado quien eras", dijo con firmeza mientras se alejaba un poco. "Te has enterrado en estos miedos y te has convertido en una rata de alcantarilla. Y ya no puedo verte de otro modo", señaló, muy convencido de sus palabras.
Wendy estaba perpleja. Sabía que estaba mintiendo, pero no sabía por qué. Estaba tan absorta en tratar de averiguar qué intentaba que se olvidó por completo de lo ocurrido momentos atrás. Hubo una fracción de segundos de pensamiento antes de que ella respondiera, sincerándose.
—"Cuando me casé contigo... pensé que la familia significaba vivir juntos, que no teníamos que probar ni explicarnos nada porque todo era muy claro", le recordó ella, con la voz un poco temblorosa. "He vivido contigo mucho tiempo. Te he dado todo lo que has querido, y al parecer… no fue suficiente".
Wendy se preguntó si eso era algo bueno o malo. Sin embargo, no tenía derecho a estar disgustada. La verdad es que no.
—"Debiste decirme que no alguna vez, para no perder mi respeto", su voz se volvió un poco más natural y con menos severidad casual en su tono más profundo.
—"¡Lo hice!", replicó ella, tratando de acercarse. "Pero tú nunca me escuchabas, solo te la pasabas viajando y teniendo aventuras"
—"Al menos yo no organicé un burdel frente a mi hija como hiciste tú", murmuró con ira.
Wendy frunció el ceño. "Eso no es cierto y tú lo sabes", contestó con una molestia en su voz. "Pusiste a Judo en mi contra e hiciste que me viera como una enemiga. Tú actuaste como si fueras un santo. ¿Crees que acaso no me mortifiqué? Me sentí avergonzada..."
—"Y ¿Por qué no?", interrumpió. "¿Acaso crees lo inventé todo, eh? ¿Acaso no es cierto que te citaste con otros hombres aquí en tu casa?".
—"¡Claro que sí!", exclamó. "Pero yo tuve que aguantar humillaciones mientras tú te divertías de otra manera", cuestionó, haciendo énfasis en esas últimas dos palabras. "¿Pensaste que siempre sería una estúpida?"
—"Sí, sí, claro...", respondió con sarcasmo. "Es que ser esposa y madre no es para ti, así como tampoco darme una buena vida"
Wendy resopló. "¿Recuerdas cuando fue la última vez que tú y yo salimos? o ¿Cuándo me ayudaste a cargar las bolsas de las compras?"
—"Oh, por favor...", se frotó un poco la cara.
—"¡Ni siquiera lo consideré nunca! Incluso hasta olvidé como es", alegó. "Siempre llegabas tarde y cansado, y mírate ahora. Sigues igual de distante y gruñón..."
—"¡Sí!", interrumpió, molesto. "Siempre fue distante y gruñón, ¿Sabes por qué? Porque trabajo, porque yo siempre procuré la casa. Solo que tú nunca entendiste ninguna de mis palabras", arguyó. "Acaso crees que el dinero crece en macetas o en los árboles?"
Wendy se mostró indiferente. "Yo nunca necesité de tu dinero..."
—"¡Oh, genial! ¡Hasta que por fin!", parloteó con burla.
—"No entiendo por qué, con tu eterno trabajo, mi vida tenía que ser una moneda de cambio", espetó, "¡No soy una máquina! Soy una mujer que vive, y a la que por cierto, debiste haber amado y procurado como tu esposa"
Richard se rió entre dientes. "Con que esas tenemos, ¿Eh?, Así que querías amor..."
—"¡Sí! ¡Lo quería!", clamó.
—"Entonces, ¿Por qué nunca me pediste amor cuando ibas a las tiendas a comprar con mi dinero, eh?", protestó.
—"Dinero-dinero-dinero...", repitió ella. "¡Todo lo que te importa es el dinero!", espetó. "Ni siquiera le dedicas lo suficiente a tu hija"
Richard no respondió. Hizo puños con sus manos. No sabía que le molestaba más, que su exesposa le contestara o el hecho de que no sabía cómo responderle.
—"Judo me lo contó todo…", empezó diciendo Wendy, con calma. "¿Por qué no fuiste capaz de pasar más tiempo con ella?"
—"Estaba trabajando en un caso…", responde por lo bajo.
—"Siempre estás trabajando en un caso", manifestó.
—"Bueno, justamente a eso me dedico", alegó, tratando de no alterarse.
—"Siempre es lo mismo", espetó mientras gesticulaba sus manos. "El supuesto padre presente para el que la responsabilidad le es altisonante".
Richard resopló incrédulo. "Te diré algo, durante un intento de manipulación, como el que está en proceso, prefiero que me halaguen"
—"¿Por qué actúas como si yo fuera una niña y tú maduro?", preguntó, irritada.
—"Porque cuando al comenzar esta relación, a la hora de escoger bandos, tú escogiste la niñatez primero", protestó, acercándose cada vez más a ella. "¡Tú lo quisiste así!"
Wendy se irritó aún más. "No sé con qué derecho muestras esa actitud. Es tu culpa que…"
—"¡Mi actitud es consecuencia de tu actitud!", interrumpió, respondiendo tajantemente.
—"¿Consecuencia?"
Fue corto, un latigazo de frase. Algo tan casual que la chow-chow casi se sintió ofendida. Algo se rompió en Wendy y a Richard le pareció que ahora estaba aún más enajenada que antes.
—"¿Qué quieres que te diga? ¿Qué tienes la razón? Sí, sí, sí. ¡Claro que la tienes!", dijo con sarcasmo. "¿Feliz ahora?". Sin permitirle responder, Wendy continuó: "Pero quiero que sepas algo: Hago cosas por mi hija porque yo la amo y realmente me preocupo por ella".
Las palabras 'eres un idiota' estaban en la punta de la lengua de Wendy, pero se abstuvo de pronunciarlas en voz alta. Consideraba que Richard era bastante estúpido con las mujeres y particularmente imbécil con ella, pero... Le resultaba difícil defenestrarlo en un lugar donde su hija estaba presente y podía oírlos.
—"Y algo más…", empezó a decir, pero su ex rápidamente le puso la mano en la quijada, haciéndola callar.
—"Silencio…", le dijo por lo bajo, pero con severidad, esperando a que ella le hiciera caso.
Ese movimiento hizo que la mente de Wendy atraviese un millón de pensamientos en un lapso de cinco segundos.
—"Aún no he olvidado como me levantaste la voz la última vez…", dice fríamente mientras le apretaba la mandíbula con tanta fuerza que sus garras casi se clavan en sus mejillas.
Al mirar a los ojos de su esposa, vio un destello de algo que siempre notaba cuando ponía orden: Miedo. Sabiendo que ya la tenía dominada, rápidamente aflojó en la intensidad y la soltó.
—"¡Judo! ¡Vámonos!", vociferó y su hija fue corriendo hasta la sala.
Antes de que pudiera decir algo, Richard agarró a su hija del brazo y se la llevó directamente hasta la entrada.
—"No… No la presiones tanto, por favor…", trató de decir, pero él se volvió contra ella.
—"¡Oye! ¿Te digo algo? Cuando ella esté en tu custodia, ustedes hagan lo que quieran. Pueden plantar flores, tejer cosas, no me interesa ¡Si está conmigo hará lo que yo diga!", aseveró. "Dale espacio. Asfixias a la niña".
Richard abandona la casa con Judo. Wendy suspiró derrotada mientras se llevaba las manos a la cara, conteniéndose a duras penas para no rechinar contra su ex.
Mientras tanto.
La fiesta en la casa de la familia Heeler había terminado abruptamente luego de aquella repentina intromisión. Después de la salida de la chow-chow, Bandit estuvo todo el rato parado en el portal de la entrada, bastante preocupado por su vecina. Vio salir a alguien de la casa. No era ella, pero sí su hija y el aparente padre de ésta. Los vio subirse al auto junto con una hembra que los estaba esperando fuera de este. Cuando el auto abandonó el barrio, Bandit miró a la casa de Wendy y suspiró.
—"Bandit…", decía una voz detrás de él.
—"¿¡Qué!?", se sobresaltó y volteó para ver a su hermano.
—"Frisky y yo ya nos vamos, y también me encargaré de llevar a mamá a casa", avisó.
—"Oh… genial…", dijo con un tono apagado.
Rad notó la expresión en el rostro de su hermano. "¿Quieres que lleve también a las niñas?"
—"¡No-no!", respondió rápidamente, haciendo un gesto con las manos. "Acordé con mamá que ya habían pasado suficiente tiempo con ella y que lo mejor es que se queden aquí por ahora".
—"¿Estás seguro?"
Bandit asintió.
—"De acuerdo, pero avisa si necesitas algo".
Bandit sonrió. "Lo haré"
—"Gracias de nuevo por esta reunión", sonrió.
—"De nada", se frotó la nuca con nerviosismo. "Espero que aquello no te…"
—"Descuida", interrumpió. "La pasé muy bien, a pesar de todo", dijo con convicción. "Deberíamos planificar otra parrillada", sugirió luego con entusiasmo. "Podríamos hacerlo en unas semanas. Creo que estaré libre para entonces, y Chilli y Stripe ya estarán con nosotros"
Bandit asintió lentamente, aunque con una indiferencia en su rostro.
—"¡Oh! Y puedes invitar a tu amiga", declaró, con goce. "Me cayó bien. Tengo que admitir que es bastante simpática".
Bandit sonrió. "Tal vez la invite… Pero dudo que te ayude a hacer ejercicio". Se rió mientras su hermano puso los ojos en blanco.
Ambos se dieron un cálido abrazo de despedida. Frisky se había acercado con Nana, listos para irse. La Heeler mayor se despidió de su hijo, recordándole que podía contar con ella si necesitaba ayuda con las niñas. Bandit le agradeció.
Aprovechando que Rad ayudaba a su madre a salir de la casa, la Cocker Spaniel se acercó a su cuñado y le dio un abrazo supuestamente como despedida, pero en realidad usó eso para decirle algo al oído.
—"Ten cuidado con lo que haces…", susurró.
Bandit se mostró confundido. "¿Qué?"
—"Ten cuidado…", repitió, alejándose lo suficiente como para quedar cara a cara. "No quiero que hagas algo de lo que puedas arrepentirte…", advirtió y sin decir nada más, abandonó la casa.
Luego de que se marcharan, Bandit llevó a las niñas a su habitación y trató de contarles un cuento para que se durmieran. Sin embargo, ellas estaban más interesadas en otro tema.
—"Papá…"
—"¿Sí, Bluey?"
—"¿Dónde está Judo?"
El Heeler azul se quedó algo pasmado. Parecía que la agudizada curiosidad natural de su hija mayor, así como su hábito de hacer preguntas un tanto difíciles, siempre encontraba la manera de dejarlo fuera de sí.
—"¿Papá?", preguntó Bluey cuando él no respondió después de unos segundos.
—"Bueno, hija, verás…", empezó, tratando de buscar las palabras exactas. "Ella… tuvo que irse con su padre"
—"Pero, ¿Por qué?", preguntó, más curiosa.
—"Porque… ella ya pasó mucho tiempo con Wendy"
—"Y ¿No puede pasar tiempo con los dos al mismo tiempo?", cuestionó.
Bandit negó con la cabeza.
—"¿Por qué no?"
—"Porque sus padres no están juntos"
—"¿Por qué no están juntos?"
—"Bueno…", desvió su mirada un momento, pensativo. "¿Recuerdas a tu compañero, Winton?"
—"Sí"
—"¿Recuerdas cuando te dijo que sus padres no viven juntos?"
—"Sí", asintió. "También me dijo que vive con su madre, pero visita mucho a su padre y pasa mucho tiempo con él".
—"Bueno, lo que sucede con los padres de Judo es lo mismo que sucede con los padres de Winton"
—"Pero… No lo entiendo"
—"¿Qué cosa?"
—"¿Los padres no deben estar juntos para siempre?"
Bandit negó con la cabeza. "No todos"
—"¿Por qué no?"
—"Bueno… por muchas cosas"
—"¿Cómo que cosas?"
—"Bueno… es complicado saberlo, pero… digamos que no se aman"
—"¿El amor no es para siempre?", preguntó Bingo, metiéndose en la conversación.
Bandit volteó para ver a su hija menor. "Claro que sí"
—"Pero si ellos no están juntos porque no se aman, significa que el amor no es para siempre", manifestó Bluey.
Bandit dio un largo suspiro. Sabía que sería complicado dar una buena explicación a sus hijas que estaban en una edad donde no paraban de hacer preguntas y cuyas respuestas fueran lo más convincente posible. Aun así, no se desanimó. Trató de ser sincero y buscar que ellas entendieran su punto.
—"Escuchen…", comenzó, con calma. "No se puede vivir mintiendo. No es correcto ni para los adultos ni para los niños", expuso con confianza. "Debemos vivir con quien amamos o de lo contrario eso no sería una buena vida y se vuelve molesto para todos"
Bluey pensó por un momento. "Pero, aunque no se amen, ¿No pueden vivir juntos como familia?"
—"Podrían, pero… no sería algo positivo", respondió, agachándose para verla más de cerca. "Los adultos buscan lo mejor para sus hijos, pero a veces tienen que entender que ellos no pueden fingir algo que no les gusta".
—"Entonces… ¿Las familias nunca están unidas?", preguntó Bingo.
—"Claro que sí", respondió, mirando a su otra hija con una sonrisa. "A pesar de que no vivan juntos, las familias siempre estarán unidas, pase lo que pase".
—"Oh…", exclamó Bingo, comprendiendo.
—"Entonces… ¿No se puede vivir con alguien que no amas?", preguntó Bluey aún con dudas.
—"Puedes vivir sin amor cuando no sabes que existe, pero después de amar eso es imposible", respondió Bandit mientras le acariciaba la cabeza. "Nada importa si no se hace con amor"
—"Que suerte que tú amas a mamá", declaró Bluey con una sonrisa.
Bandit asintió lentamente. "Sí… Qué suerte".
—"¡Pero nos amas más a nosotras!", gritó Bingo con emoción.
Bandit sonrió. "Eso es cierto".
—"¿Podemos conocer al padre de Judo?", preguntó Bingo con interés.
—"Bueno… eso depende de lo que diga él", respondió, frunciendo los hombros.
—"No sé por qué Judo nunca nos lo presenta", manifestó Bluey. "Siempre nos cuenta muchas cosas buenas sobre él, pero nunca nos invita a conocerlo", se quejó.
Bandit hizo una mueca. "Por lo que pude hablar con ella, sé que es un hombre que trabaja mucho y siempre está ocupado"
—"¿Tú lo conociste?", preguntó Buey, algo sorprendida.
Bandit negó con la cabeza. "Al igual que ustedes, lo vi por primera vez hoy"
—"Y ¿Qué te pareció?", preguntó Bingo.
—"Bueno… No lo sé", frunció los hombros y levantó las manos. "Apenas he podido verlo"
—"¡Llevaba un traje!", indicó Bluey.
—"¡Es cierto!", Bingo le dio la razón. "Debe ser un hombre muy importante para usar traje".
—"¡Sí!", Bluey asintió. "Incluso Judo también lo dijo"
—"Papá, ¿Puedes hacerte amigo del papá de Judo?", pidió Bingo.
—"¿Qué?", Bandit enarcó las cejas.
—"¡Sí! Es buena idea", declaró Bluey. "Así tal vez podamos conocerlo"
Bandit no se mostró convencido. "Bueno…"
—"Por favoooooooor", insistió Bingo.
El Heeler azul vio los rostros casi suplicantes de sus hijas, luego suspiró antes de decir "Lo intentaré", mientras ellas celebraban.
Luego de que las niñas se durmieran, Bandit se disponía a irse a la cama. Sin embargo, no podía dejar de pensar en su vecina. Le había enviado varios mensajes para preguntarle cómo estaba. Nunca respondió. Estaba pendiente todo el tiempo de su teléfono. Cualquier mensaje, cualquier llamada, cualquier señal que le dijera que se encontraba bien le era suficiente para tranquilizarse.
Paralelamente, Wendy estaba sentada en el suelo de la cocina, abrazando sus rodillas, con la cabeza hacia abajo. Su teléfono no había dejado de sonar. Ella poco y nada le importaba. Estaba totalmente compungida que llegó al punto de plantearse su propio comportamiento. Creía que si no hubiera actuado de la manera en que actuó quizás las cosas hubieran sido diferentes. ¿Realmente estaba dispuesta a dejar que su ex le dijera lo que quisiera sin que ella se defendiera? Quizás fue agradable al principio decirle lo que pensaba, pero esas reacciones… Había recuerdos que invadían su mente: uno agradable en una feria con alguien que la hacía reír, otro jovial en una boda con ese mismo alguien, el último… era horrible; ella no paraba de recibir dolores por parte de ese alguien. Su línea de pensamiento terminó cuando oyó el timbre. Se sorprendió un poco. Rápidamente se puso de pie e intentó disimular la tristeza en su rostro. Caminó hasta la entrada y abrió la puerta.
—"Hola…", la saludó el Heeler azul con bastante preocupación.
—"Hola…", le devolvió el saludo sin muchos ánimos.
—"¿Podemos… hablar?", pidió Bandit, algo nervioso.
Wendy aceptó la propuesta de su vecino, pero prefirió ir a su casa. Él no tuvo problema. La única condición que puso es que no hicieran mucho ruido para no despertar a las niñas. Ella estuvo de acuerdo.
Ambos adultos fueron hasta la sala. Bandit le ofreció a Wendy un vaso de agua. Ella le pidió algo más fuerte. Él fue hasta la cocina y volvió con una lata de cerveza. Antes de que pudiera terminar de preguntarle si prefería eso, la chow-chow le arrebató la lata de la mano y, para su sorpresa, la abrió y se la bebió casi por completo.
—"Lo siento…", se disculpó mientras tomaba asiento en el sofá. "No suelo beber, pero… ayuda a calmar mis nervios".
—"Oh…", se sentó a su lado en el sofá. "Espero… no ser el causante", dijo con preocupación.
—"¡NO! ¡Nada de eso!", negó con las manos. "Tú… tú me calmas", aseguró.
Hubo una fracción de quince segundos de silencio antes de que Bandit se animara a hacerle una pregunta.
—"Esa mujer que estaba afuera… Era… ¿La pareja de tu ex?"
Wendy negó con la cabeza. "Es su secretaria", respondió, tomando un trago de cerveza. "Ha tenido varias que siempre acababan siendo despedidas o renunciando por voluntad propia ¡Ninguna le duraba más de una semana!", aseguró. "Sé que se llama Samantha", dijo luego, tomando otro trago. "Es hasta ahora la única que le ha durado mucho tiempo. Creo que… tres años… más o menos", tomó otro trago. "No sé cómo pudo aguantarlo tanto tiempo…"
—"Oh, vaya…"
Cuando a Wendy se le acabó la cerveza, Bandit fue a buscarle otra. Repitió el mismo proceso, solo que ahora la tomaba a intervalos cada vez menos seguidos. Se la veía notablemente cohibida, tanto que no hizo ningún comentario. El silencio incómodo estaba empezando a asomarse. Había muchas cosas que el Heeler azul quería preguntarle, pero no estaba seguro de cómo lo tomaría. Inhaló y exhaló antes de finalmente poder hablar.
—"Sé que no es mi asunto, pero ¿Cómo es que ustedes...?"
—"¿Qué me impulsó a casarme con él?", interrumpió, como si supiera la pregunta. "Imagina esto: Tercer año, él era un tipo popular y encantador que había venido a verme a una exhibición", comenzó explicando. "Yo creía estar enamorada, luego me embaracé, se me declaró y acepté", dijo con una sonrisa temblorosa. "Solo que… él no entendió que yo esperaba ser la única".
—"Oh…", fue lo único que salió de su boca. No fue la respuesta más inteligente, pero tampoco sabía que decir exactamente.
Wendy notó su reacción. "No tienes por qué escucharme", dijo, cabizbaja. "Esto no es problema tuyo. No debería involucrarte"
—"No-no-no", le hizo un gesto con las manos "Está bien. Yo… Realmente quiero escucharte".
Ella levantó la cabeza y vio su mirada que denotaba cierta preocupación y confianza. Eso la instó a abrirse un poco.
—"La verdad es que… Al principio pensaba que él era un buen hombre, pero…", suspiró, "Luego me di cuenta de que él siempre tuvo mal carácter y… creía que se debía a su trabajo", declaró con melancolía. "Da miedo cuando se enoja... Pero no sucede seguido, y pensé que cuando nos casáramos... estaría más feliz", resopló. "Fue él quien insistió en la idea de casarnos. Él quería tener hijos"
—"Y… ¿Qué hay de ti?"
—"También quería casarme y tener hijos", aseguró, con una sonrisa. "Era algo muy bonito, pero... comienzo a preguntarme si... fue una buena idea"
—"¿Quieres decir con él?"
Wendy asintió levemente. "Yo no estaba segura de casarme… Claro que acepté cuando me enteré de mi embarazo, pero… No lo amaba", admitió, con la mirada perdida. "Cuando amas, no hay ninguna duda".
Bandit no hizo más que quedarse allí sentado, escuchándola y viendo como su rostro se decaía poco a poco.
—"Luego de casarme y ser testigo de su temperamento… Creí que las cosas mejorarían cuando naciera nuestra hija…", suspiró. "Pero todo empeoró".
Una duda invadió a Bandit. Un pensamiento espeluznante. Tuvo que armarse de valor para preguntarle.
—"Te… ¿Te golpeaba?"
Ella no respondió. Desvió su mirada y permaneció en silencio.
—"Wendy…", se inclinó un poco hacia ella. "¿Te golpeaba?", repitió con una mirada preocupante.
La mirada de la chow-chow aterrizó en todos lados menos en él. Estaba conteniéndose, y vaya que lo estaba logrando.
-... Eso ya no importa", respondió con calma, desestimando la pregunta. "Lo importante es que tarde o temprano tenía que elegir el camino que me hiciera realmente feliz. Así que tomé la decisión de dejarlo", dijo con una casi sonrisa. "Fue difícil, créeme. Cuando nos separamos, él no quería dejarme nada. A mí no me importó. Acepté que él que se quedara con todo con tal de irme y no volver a verlo", aseveró. "Para ese entonces ya estaba sola y tenía que criar a mi hija de alguna manera. Así que trabajé mucho. Trabajé, trabajé y trabajé para que nunca le faltara nada. Y a pesar de que pasé años cuidando a Judo o quedándome en casa, nunca perdí mis habilidades y mis gustos, ¿Sabes? Nunca dejé de leer, de bailar o cocinar", se expresó con orgullo.
Bandit sonrió un poco. "Eso es bueno"
—"Sí, pero…", suspiró, borrando su intento de sonrisa. "Nunca pude rehacer mi vida por completo"
—"¿A qué te refieres?"
Wendy tomó un trago antes de hablar. "Intenté conocer gente nueva para… tú sabes…", hizo gestos con sus manos temblorosas. "Quería tener a alguien a mi lado".
Aquel comentario sonó algo estridente para Bandit.
—"Tuve algunos encuentros, pero… jamás algo serio", dijo con decepción. "A Judo le molestó mucho eso porque no podía aceptar que estuviera con alguien que no fuera con su padre. Así que dejé de hacerlo".
—"Pero… Wendy, tú… Tú tienes que decidir por ti, así como tomaste la decisión de dejar a tu ex", alegó.
Wendy negó lentamente con la cabeza. "Eso es diferente…", tomó otro trago. "Judo apenas había nacido. Cuando creció fue difícil explicarle por qué nosotros no estábamos juntos y eso…", hizo una pausa mientras se cubría la boca y parpadeaba rápidamente, "Eso fue muy duro para ella".
Ahora fue el turno de Bandit de desviar la mirada, rompiendo el contacto visual. Su mirada se movió torpemente alrededor. Wendy había hecho una pausa pensativa antes de proseguir.
—"¿Quieres saber que es lo peor?", lanzó al aire antes de beber de nuevo. "Llegué a creer que Richard realmente cambiaría y volveríamos a ser una familia"
Bandit volvió a mirarla, bastante sorprendido.
—"Pero…", resopló. "Eso nunca pasó. Me culpaba de ser la causante de arruinar lo que pudimos haber sido, de la crianza de Judo e Incluso se dedicó a arruinar algunos de los encuentros que tuve", espetó. "Se ha esmerado en que yo no fuera feliz…", murmuró con ira. "A pesar de que separarme y criar a mi hija por mi cuenta me ha hecho más fuerte… Más tenaz, probablemente…", suspiró, "A veces… me canso de intentar ser fuerte", inhaló y exhaló, "Me canso mucho…", confesó, cabizbaja. Acto seguido, se estremeció y sintió lágrimas en el rostro. De repente se le hizo difícil respirar. Cerró los ojos y apretó sus manos temblorosas.
Wendy no era un libro abierto, nunca lo había sido. Debido a que normalmente no se la veía mostrando sus emociones de esta manera, es bastante hermética cuando se trata de hablar de sentimientos. Ni siquiera con gente de confianza. Bandit había visto cómo su indignación se convertía en defensa y luego en ira, tanto interna como externa, grabada en sus rasgos: la línea dura de sus suaves labios, la sonrisa muerta que no llegaba a sus ojos, el momento en que había dejado de hablar por completo, por lo que tomó un buen rato para que decidiera si quería continuar.
El Heeler azul jamás la había visto llorar antes de esa noche. Escuchó su voz quebrarse y no se había sorprendido del todo, pero había quedado paralizado por la vista, el dolor tan crudo en sus ojos profundos.
Lo que él quería hacer en ese momento era encontrar al exesposo de su vecina y gritarle. ¿Cómo se atrevía? ¿Cómo se atrevía a hacerle cosas tan terribles a alguien como Wendy? ¿Qué clase de ser era para decirle eso, culpándola de todo como si sus acciones no fueran perjudiciales? Fue un error actuar como si aquel individuo cambiaría para bien o pudiera hacerlo por cuenta propia, uniendo sus cabezas para que su comportamiento coincidiera con sus corazones. Pero Bandit no había visto pruebas de esa posibilidad.
Peor aún era la posibilidad de que ese individuo la hubiera agredido. Eso lo había atravesado más profundamente que cualquiera de las otras cosas cortantes que ella le había contado. Pero fue su reacción lo que hizo que Bandit supiera que Richard había herido a Wendy, sin que ella se lo dijera siquiera.
La chow-chow ahora se encontraba completamente aturdida mientras intentaba organizar sus emociones confusas. Bandit la miró muy angustiante. No sabía qué hacer para solucionar esta conversación o hacerla más llevadera.
—"Eres… hermosa", soltó y ella levantó la cabeza rápidamente. A todos les gusta que les digan que son hermosos, así que por eso pensó que era buena idea decirlo.
—"Gracias, pero… Eso no es suficiente", resopló. "Yo... ya no soy tan joven. Estoy divorciada y con una hija", se expresó con pesimismo.
—"Para mí suena fantástico".
La mirada de Bandit se convirtió en una sonrisa azucarada.
—"No tienes por qué criticar y dudar de tu vida al sufrir un evento desafortunado. Eres una mujer increíble, con una gran mentalidad y una buena personalidad. Eres suficiente" dijo, pero las palabras no eran críticas. Fueron bastante agradables de escuchar e inesperadas.
Wendy ahora le estaba mirando, pero mucho más suave y normal, incluso.
—"Tú... como bien dijiste, no eres joven, pero creo que es una palabra equivocada. Yo más bien diría 'madura', y eso es una gran ventaja, es decir que sabemos distinguir la verdad de lo falso".
Su voz transmitía tanta bondad y sus ojos reflejaban tanta compasión cuando pronunciaba aquellas palabras.
—"Te diré una cosa: en mi vida me he enfrentado a situaciones desesperantes... o al menos así parecían en su momento. Y ¿Sabes a lo que llegué? No importa lo que te suceda, sino quién esté a tu lado en ese momento"
Wendy ahora estaba sonriendo y la tensión había desaparecido. La voz de su vecino atravesó sus pensamientos y, por un segundo, tuvo la certeza de que su corazón se detuvo. Y así, sintió que una repentina calma la inundaba. Ella sentía que podía confiar en él.
—"Entonces… ¿Quieres otro trago o te traigo ya el postre?", soltó a modo de broma.
Wendy dejó escapar una risita, que se convirtió en un murmullo anhelante. Bandit suspiró de deseo. Sin necesidad de más insistencia.
—"Me gusta tu risa", sonrió. "Ojalá pueda escucharla más seguido…"
—"Entonces, ¿Por qué no me cuentas un chiste?", preguntó, dócilmente.
—"Porque tendrías que invitarme una cerveza", le pasó las manos por el pelo con dulzura.
Estuvo a punto de ir a buscar más cervezas, pero rechazó la idea. Lo último que quería esta noche era más alcohol. Creyó que tanto él como ella ya habían bebido demasiado y necesitaba mantenerse lúcido con ella cerca… sin mencionar otras razones.
Ambos estuvieron un buen rato mirándose el uno al otro, sin decirse absolutamente nada. La diferencia es que ahora no era un silencio incómodo, sino todo lo contrario.
—"Si necesitas ayuda con algo, lo que sea, solo avísame", le hizo saber Bandit.
—"Gracias, pero…", suspiró mientras miraba a otro lado. "Me las arreglaré sola, como lo he estado haciendo".
—"Oye…", se le acercó un poco. "A veces es bueno recibir ayuda… aunque sea un poco".
Cuando ella no volvió a mirarlo, él extendió la mano para acariciarle la mejilla de forma reconfortante. Ella giró poco a poco su cabeza y se derritió por un momento ante esos ojos que la taladraron mientras las palabras que le había dicho daban vueltas en su mente. Ella tomó su mano y la acarició. Contempló esto por un momento antes de que su mirada se desplazara lentamente hacia él.
Bandit estaba tan distraído que no se dio cuenta lo muy cerca que estaba de su vecina. Solo bastaba un pequeño empujón para que sus bocas chocaran.
—"¡Escucha!", exclamó, reaccionando y alejándose lo más que pudo de ella y el sofá. "Tengo una idea. "¿Por qué no duermes aquí?", sugirió.
—"¿Aquí?", preguntó confusa, queriendo saber si se refería a la casa.
Bandit asintió. "¿Te parece bien?"
—"No lo sé…", murmuró, desviando su mirada.
—"Aunque sea por esta noche", sugirió.
Wendy negó con la cabeza al instante. Hizo una pausa por un momento, contemplando la mejor manera de expresarse antes de cerrar los ojos: "Bandit, yo… No puedo"
—"¿No puedes o no quieres?", inquirió, acercándose lentamente para sentarse a su lado nuevamente.
La chow-chow simplemente lo miró y parpadeó. ¿Cuál era el punto de preguntar esto?
—"Tú… ¿Quieres que me quede?", preguntó, dócilmente.
El Heeler azul se encogió de hombros. "Bueno… sí. Es que… No creo que debas estar sola luego de… luego de lo que pasó", respondió, arrastrando un poco sus palabras.
—"Oh…", soltó y luego se quedó callada por unos segundos hasta que murmuró: "Pero… y ¿Las niñas?"
—"No tienes de que preocuparte por ellas…", negó levemente con la cabeza. "Yo me levanto temprano para prepararles el desayuno y luego las despierto", indicó. "Puedo despertarte antes y luego decirles que viniste a desayunar"
La chow-chow estaba demasiado atrapada en su propia cabeza para razonar que empezó a marearse.
—"Lo siento. Yo debería…", pronunció mientras se ponía de pie, pero al intentar caminar, no pudo hacerlo.
El Heeler azul rápidamente atrapó a su vecina en el aire. "¿Te encuentras bien?", preguntó asustado y con su corazón al borde del colapso.
Ella siente que sus brazos la rodean con fuerza. No hay palabras que pueda decir ahora, entonces hay demasiadas. Así que ella también opta por reírse un poco.
—"¿Estás bien?", preguntó, confuso por su reacción.
—"Buena atrapada… Bandido", se volvió a reír.
Bandit se mostró el doble de confundido. "¿Qué?"
—"¿Qué? Joder, Bandido, vamos...", movió sus brazos al aire, sin ninguna acción en particular.
Wendy no podía ver el rostro de su vecino desde el ángulo en el que había aterrizado y, en todo caso, se sentía algo extraña. Ahora contiene la respiración, como si intentara ahogarse bajo el silencio en el que la luz apenas se filtra a través de la sala. Se siente mareada y delirante, pero con el alivio de saber que su vecino esté nuevamente a su lado, en sus brazos.
—"Wendy… No estás en condiciones de volver a casa", dijo Bandit, luego de examinarla un buen rato y llegar a la conclusión de que las cervezas le habían empezado a hacer efecto.
—"¡Claro que sí!", aseguró, soltándose de su vecino. "Te mostraré…"
La chow-chow intentó volver a caminar, pero de nuevo falló. El Heeler azul nuevamente la atrapó rápidamente, evitando su caída.
—"Wendy, te quedarás aquí por esta noche…", dijo con firmeza mientras la miraba a los ojos. "No hay discusión", sentenció.
Estando cara a cara, ella no puede evitar pensar que Bandit se ve guapo. Puede ver a través de la lámpara fluorescente y jurar que es inusualmente guapo. Su mente confusa creaba una gran imagen con sus músculos cincelados sobre su suave pelaje, los ojos que parecían querer devorarla, y cada centímetro de su rostro parece haber sido cuidadosamente tallado por un artista. No puede describir su apariencia con palabras.
Él simplemente la miró, tal vez porque estaba demasiado cansado y ya no tenía la energía para hacer una expresión casual. Notó un ligero cambio en sus ojos. La mirada era diferente a la de hace un momento.
Wendy se inclina más cerca. De repente se siente tan acalorada, casi como si pudiera derretirse en este punto. De repente, sus extremidades se relajaron como si fuera a quedarse dormida. Tal como Bandit pensó que haría. Pronto, la sensación se volvió física y se desplomó en sus brazos.
La arrogancia pareció desvanecerse instantáneamente después de la chow-chow empezaba a ceder. Él apenas tuvo que arrastrarla hacia el sofá. Ella se recostó dramáticamente, mirando al techo, con sus finas pestañas caídas.
—"¿Seguro que es… una buena idea?", preguntó mientras se movía incómodamente, como si no estuviera acostumbrada a la sensación.
Bandit asintió mientras le ponía una almohada debajo de la nuca. "Confía en mí"
—"Lo haré… Bandido", soltó en un tono zumbón para luego reírse.
Luego de cubrirla con una manta, Bandit verificó su condición y comprobó que ahora estaba durmiendo. Suspiró aliviado y luego bostezó. Estaba realmente cansado, pero feliz de que su vecina estuviera aquí, aunque fuera por circunstancias agridulces.
El Heeler azul se encontraba en una vasta sabana con altos prados rosados que se extendían hasta un pino alto de color caramelo, cuya apariencia se asemejaba a una acacia, y que se encuentra en la cima de una colina cubierta de hierba. Caminó hasta encontrarse con una hembra de su misma especie, solo que de color rojo.
La mujer parecía un sueño. Era difícil de describir, y él descubrió que cuanto más pensaba en ella, más lejos estaba de una respuesta. Ella avanzó hacia él, su apariencia cambiaba dependiendo del ángulo que la miraba. Ella sonrió, o al menos eso pensó él.
El momento era demasiado interesante para ser interrumpido. Ambos estaban solos y parecían ser los únicos seres con forma de vida en aquel lugar. Ella era perfecta de la cabeza a los pies. Agradable y esplendorosa. Él se veía bastante desaseado, pero eso a ella la traía sin cuidado, al menos en aquel entonces, porque en la cabeza de él bullía un sinfín de sueños, y eso era lo que a ella le importaba. Su fe en esos sueños era aún mayor que la de él, y se trataba de una fe justificada. Ella se rió y levantó su mano a la altura de la cara. Él hizo lo mismo y pronto ambos las juntaron, entrelazando los dedos lentamente. Seguidamente se fundieron en un gran abrazo, y se recostaron en el suelo.
La sensación de los fuertes y musculosos brazos de aquella hembra abrazándolo con fuerza era realmente cómoda. Lo hizo sentir muy seguro. Sentía que aquí era donde se suponía que debía estar por el resto de su larga vida. Parecía que nada en el mundo podía hacerle daño y que ella siempre estaría ahí para él.
La sensación de las piernas de esa hembra enredadas con las suyas era igual de buena. Parecía como si estuvieran hechos para estar juntos. Como si ambos fueran dos piezas de un rompecabezas finalmente unidas.
La sensación del pelaje realmente suave de aquella hembra contra el suyo era realmente íntima. Era como si su pelaje fuera suave sólo para él. Que la suavidad era suya y podía apreciarla abrazándola a ella tan a menudo como pudiera.
La sensación de sus ojos era, con diferencia, su cosa favorita. Eran tan grandes, tan profundos y tan hipnotizantes que el único deseo de aquel macho era despertar todos los días para encontrarse con aquella mirada.
Pero de pronto un movimiento de la mano de ella le sacudió el brazo, y el sueño reventó como una pompa de jabón.
Bandit abrió un ojo atontado y sacudió la cabeza para aclararla al darse cuenta de que había dormido profundamente y que su cerebro aún estaba nublado por los recuerdos confusos del sueño que había estado teniendo. Con cansancio enfrentó la visión borrosa y, una vez que todo se esclareció, notó que había alguien durmiendo a su lado. Estaba desconcertado, y la situación se puso aún más truculenta al descubrir que se trataba de Wendy.
El Heeler azul farfulló y se cayó de la cama. Despertando a su vecina.
—"¡Eh!", dijo ella sobresaltada, pero con los ojos entrecerrados. "¿Qué hora es?"
La chow-chow estaba algo confusa. Su cabeza daba vueltas. Se sentía algo mareada y su cuerpo en general tenía algunas dificultades para responder. Cuando pudo aclarar un poco su visión, se sorprendió al ver a su vecino frente a ella, cubriendo su cuerpo con una almohada.
—"¿Bandit?", pronunció al reconocerlo. "¿Qué haces…?", no alcanzó a terminar la oración, ya que se percató que estaba en un cuarto que no era el suyo, y peor aún, sobre una cama. Sus ojos se abrieron como platos y se cubrió con las sábanas. No tuvo que pensar mucho para llegar a la conclusión menos esperada.
Ambos miraban a otro lado, ocultando el gran sonrojo de sus caras. Tenían muchas preguntas, pero no se animaban a dirigirse la palabra.
—"Qué… ¿Qué hago aquí?", preguntó Wendy, tartamudeando con vergüenza.
—"Lo… lo mismo te… te iba a preguntar", fue la respuesta de Bandit, con un claro nerviosismo. "Solo recuerdo que… que… te… te dejé en el sofá y…", intentó explicar, haciendo memoria, pero había varias cosas jugándole en contra.
—"¿En el sofá?", frunció un poco el ceño.
Bandit asintió salvajemente mientras apretaba más la almohada.
—"¿Y… y luego?"
—"¡No lo sé!", espetó. "Es lo que trato de recordar"
Wendy pensó por un momento y su mirada se volvió de piedra.
—"Lo… ¿Lo hicimos?"
La pregunta los dejó completamente helados. Ahora estaban más rojos que un tomate. Querían creer que nada de eso era cierto, pero debido al momento bochornoso, y la poca memoria de ambos, nada estaba claro. Por si no tuvieran suficiente, algo los interrumpió. Alguien golpeaba la puerta de la habitación.
"¿Papá?", se escuchaba del otro lado. Era Bluey. Decir que ambos adultos estaban aterrados sería quedarse corto. "Papá, ¿Estás ahí?", preguntó la pequeña, sin recibir respuesta. "Papá, mamá está al teléfono", avisó.
Continuará...
