¡Bienvenido de nuevo, Aventureros! Este capítulo está lleno de sorpresas, ¡así que prepárense!
(✿◡‿◡) Les dejo una buena dosis de amor tóxico y dañino (┬┬ ﹏┬┬ )
Capítulo 5
Todo lo que quiero,
todo lo que necesito,
es dormir profundamente para dejar de llorar.
"Odio sentirme como un niño cuando te pierdo. Por favor, deja ya de escapar, Ma... me lastimas y enfureces a mamá". Esas fueron las últimas palabras de Henry antes de quedarse dormido.
Entrecierro los ojos acariciando su oscura cabellera mientras lo veo descansar. No hablamos de nada en particular; él solo quería tenerme a su lado para aferrarse a mi cintura, como si necesitara estar seguro de que no iba a volver a escapar. Me duele tanto ver la tristeza y el temor en su mirada. Estaba lleno de miedo por mi culpa, y no me da ningún consuelo admitirlo; Es más, me siento completamente una mala madre por arrastrarlo a esto. Admito que más de una vez necesité aguantarme para no llorar junto a él.
—Lo siento tanto —susurró de arrepentido con voz quebrada.
Me pongo en pie, contemplándolo desde mi altura, con la cabeza llena de ideas. ¿Cómo hago para hacer lo correcto sin lastimarlos? He llegado a pensar que ni siquiera estoy seguro de qué camino seguir. Me aprieto las sienes, frustrada, cansada y confundida.
Es tarde, casi medianoche; todos duermen menos yo. Algunos días soy capaz de hacerlo una o dos horas, y otros es imposible, sobre todo cuando mi cabeza se llena de pensamientos insanos, específicamente de ella y su amante. Un racimo de imágenes carnales me carcomen los sesos hasta la raíz; no hay manera de escapar de ellos. Por más que quiera, no logro desarticular el complot que se estaba fraguando en mi ser. Es imposible; no puedo suprimir la realidad: ellos dos son pareja. Es la verdad que pinta de rojo todos mis sentidos y toca una fibra sensible. Permanezco imperturbable, mirando a la nada mientras asimilo el veneno.
Jamás pensé que un ser humano podría acumular tanta rabia; para colmo de males, no sé si sea capaz de sostener las riendas de mi control. Mantenerme a raya es difícil cuando las ansias de ir por Robin y arrancarle la cabeza es una idea que me nutre. Juro que estoy sacando demasiadas fuerzas para contenerme; Suena fácil, pero no es así porque no tuve en cuenta que si Regina aparece, un virus letal se esparce por mi sistema, desgastando el poco control que me queda. Está mal, lo sé.
No soy capaz de continuar haciéndole compañía a Henry. Me apresuro a darle un beso en la frente. No tiene caso seguir torturándome de aquella manera; en definitiva, ya era suficiente tener que soportar a don bufón estúpido como para estar machacándome los sesos, imaginando lo que estará pasando realmente en la habitación de la reina. Odio el maldito instante en el que el pensamiento de ella y él en la misma cama golpea mis pensamientos como un saco de boxeo.
Nada más llegar al jardín, me siento desnuda ante una ansiedad que me devora. Arde en mi garganta la tentación de gritar hasta que mis cuerdas vocales queden destrozadas. Quizás podría dejar que los instintos se apoderen de mí porque este cuerpo es una funda de acero que me asfixia; Además, la oscuridad me grita constantemente: "Déjame salir... puedes liberarme, y arreglaré todo. Prometo que no sufrirás más".
—La odio... maldita sea, Regina Mills, te odio —susurro pateando una piedra que encuentro en mi camino.
Es fácil decir que la odio, que con solo verla la furia que me genera enloquece; pero en realidad no es así. En mi cabeza las emociones vuelan; Estoy tan cansada y enojada que, por regla general, en estos momentos es cuando más estúpidos se dicen, de la boca para fuera el dolor habla porque, muy internamente, Regina Mills ha conquistado un excesivo territorio dejándome acabada.
—¡Maldita bruja!
Quiero empujar lejos lo que siento y que desaparece. Minutos después, respiro hondo y luego pienso que dejar de sentirla bajo mi piel es algo con lo que no he podido pelear sin salir lesionada. Al fin y al cabo, nada de aquel terrible sentimiento desaparecerá jamás. Tengo la impresión de que no sé cuándo empecé a quererla; Sin embargo, sé que cada vez que ella estaba a punto de caer, quería ser yo quien estuviera allí para sostenerla. No obstante, si llego a saber que correr a salvarla me ataría con cadenas, esposas y grilletes a Regina, definitivamente lo hubiera evitado. Permitan que al menos me estéfe con este último pensamiento, el que a veces quisiera creer. Honestamente, es una maldita mentira, la más grande que puedo decirme. En definitiva, nunca, jamás, la hubiera dejado sola. Todo era tan diferente y confuso entre las dos y, sin embargo, no busqué ningún beneficio. Da miedo pensar que es suficiente verla a salva, aunque tuviera que enfrentarme a medio Storybrooke. Entonces, aquí estoy, envuelta en el frío, buscando cómo escapar de la idea de Regina en otros brazos sin que esto me provoque unas ganas inmensas de arrancarme la piel a mordiscos.
Yo no soy él.
El único sentimiento que he provocado en ella es el odio... Simplemente odio.
Son los pensamientos obsesivos que han venido dentro del empaque de ser el Oscuro. Me digo tantas veces que pude manejar mis sentimientos; Llevo años enamorada en silencio y justo ahora tiene que ser tan caótico. La oscuridad me mantiene en una depresión y rabia constantes, haciendo que mi amor se vuelva tóxico y dañino. Sí, la oscuridad vestida de toda su maldad me lleva de su mano, susurrando en mi oído: "Sigue las migajas que ha ido dejando el dolor y me encontrarás...". Necesito resistirme. Lucho y lucho, soportando sus arremetidas, rehusando sus encantos una vez más. ¿Pero cuánto tiempo tardaré en caer? Mi batalla parece un caso perdido. Un detestable y loco desastre.
A donde iba, los pensamientos e imágenes iban conmigo; Aunque quisiera, no puedo desprenderme de la tortura. La prueba por la que estoy pasando es demasiado difícil; Sin embargo, reflexiono. Me aventuro a pensar limpiamente en ella, en que todo el dolor es porque la amo; el nido de confusión que me rodea se va reduciendo. Pensar en que es por su felicidad me frena. Entonces, el hombre que odio es a quien ella ama, y es la razón, la única y verdadera razón que le permite al imbécil seguir respirando. Así es; sufro a costa de verla feliz.
—¿Tampoco puede dormir?
¿Cuántas veces en mi vida su voz ha agitado mis nervios y desbocado mi pulso? Más de las que quisiera recordar. Regina tiene el poder de provocar la sensación de caer. El golpe al aterrizar es terrible, devastador.
—¡Demonios, me asustó!
Cuando finalmente mi pulso se calma, el espejo. Algo terrible me golpea la boca del estómago. Dios mío, ella me está mirando con una atroz ternura y anhelo. Es ridículo; Regina no puede estar haciendo algo tan horrible, aquello que me desestabiliza, y en lo más profundo de mi ser tengo la leve sospecha de que ella conoce el efecto que tiene en mí.
—Siento haberla asustado —muestra una delicada cortesía que me hace remover inquieta.
Soy consciente de que esta Regina, con su expresión preocupada y compasiva, es un riesgo para mi control. Maldición, maldición… Estoy indefensa ante la marea que me arrastra hacia su cuerpo; ni siquiera la razón ni el juicio me ayudan. La tentación de abrazarla me estremece por dentro.
—Descanse, Regina, no voy a escaparme.
—No estoy aquí para vigilarla, solamente... —parpadea y baja la cabeza—. Me preocupa por usted.
Una persona inteligente no tendría que pensar mucho para descubrir que es otra de sus tretas; su interés por mí lo descarto como algo ridículo. En ocasiones quisiera creer que es verdad; Sin embargo, no puedo sucumbir ante la tentación de fingir que en realidad somos amigas. Pero no lo somos. En aquel momento siento pena al darme cuenta de que ni siquiera puedo serlo. A una amiga no tienes ganas de follarla mientras le devoras la boca.
—Te prometo que estoy bien —trato de que mis palabras suenen calmadas.
—Estupendo —tras unos incómodos segundos, ella vuelve a hablar—. Hace unos días vimos a la señorita Lucas.
—Sí, eso me ha comentado mi madre —evito mirarla.
—Puede que tengamos más compañía, ¿verdad? —susurra lentamente.
Sacrifico un largo suspiro para echar a un lado el malestar que me provocó la misma conversación con Snow.
—Por favor, no me lo recuerdes —Regina deja escapar una sutil risita y, para mi sorpresa, mi cuerpo se relaja poco a poco.
El estómago se me encoge al verla girar sobre sus talones, mis ojos se fijan en su espalda, y desde el instante en que siento que se aleja, mi feroz orgullo va en picada. Suspiro, acomodando en un rincón todas las debilidades que mi reina despierta; las apilo una sobre otra a ver si así demoran en salir. De vez en cuando, en ocasiones como estas, donde mi corazón se ablanda demasiado y siento que enloquezco, me gustaría encontrar el valor para poder gritarle: "Mírame. Por favor, posa tus benditos ojos en mí". De vez en cuando quisiera que su mirada me envolviera con algo más que una simple carga de incomodidad.
— ¿Le gustaría acompañarme una taza de té? —me pregunta por encima del hombro.
—Sabe que no...
—Sé que lo suyo no es el té —reinicia su caminata—. Pero puedo preparar un excelente chocolate.
Ignoro cómo lo hago, pero yo voy tras ella.
La imagen de Regina moviéndose en la cocina me hace dedicarle más de una breve mirada, y no se trata de un deseo carnal, al menos no en ese instante. Mirar a la morena me da la sensación de que un resplandor se esparce en mis entrañas. Simplemente me quedo ahí, atontada, sintiendo como si me hubiera reanimado el corazón. Siento y escucha sus movimientos mientras mi alma tambaleante se recupera.
—He escuchado que le gusta con canela —se voltea y me mira a los ojos.
La sorpresa de que conozca ese detalle se ve empañada cuando un escalofrío me atraviesa la columna al ver su rostro a plena luz. Se gira con prisa para poner a calentar el agua para su té; su rápido movimiento no va a borrar la imagen de su rostro hinchado y sus ojos enrojecidos. Aún no he podido reaccionar cuando el chocolate y el té ya están sobre la mesa.
—Estoy bien, Emma —dice mientras se sienta.
De acuerdo, eso es hacer trampa. Aquella forma tan informal de pronunciar mi nombre me vuelve el corazón de gelatina.
—¿De verdad?
—Sí —su voz surge tan suave, como una especie de caricia.
Quiero hacerme una idea de lo que pasa por su cabeza escrutando cada rincón de sus ojos, aunque sé que no podrá ver más de lo que ella quiera mostrarme. Aguardo, conteniendo el aliento, para que ella me sorprenda con una de sus ofensas. Espero, espero, pero no llega ningún comentario mordaz de sus labios. El contraste de esta Regina con la que acostumbró enfrentar es demasiado.
Tomo un par de sorbos de chocolate en silencio, pero soy incapaz de morderme la lengua y fingir un momento de normalidad. Regina y yo no nos acostumbramos a ser normales.
—Así que dejaremos de jalarnos los cabellos y ahora tomaremos té —sigo guardando a que se coloque su máscara; sin embargo, su expresión no cambia, al contrario, se suaviza.
—¿No está bueno su chocolate? —la felicidad y la luz brillan en sus ojos enrojecidos.
En aquel momento, la confusión me llenó hasta lo más profundo.
—Delicioso —susurro, aterrorizada por esta nueva Regina.
—Gracias —sonrió.
—Sabe que voy a seguir preguntando?
—Es que no quiero que pregunte.
—Cuando yo no quiero que lo haga, igualmente usted hace lo que le plazca.
—Muy lista —dijo, haciendo una pausa para tomar té—. Una reina no acostumbra a seguir órdenes; las da. Aunque tú necesitas un par de azotes para aprender a obedecer.
Un poco de chocolate sale por mi nariz y, durante unos instantes, pierdo la voz por culpa de la tos. Escandalizada, la veo ponerse en pie para venir hasta mí. Noto sus dedos dando pequeños golpecitos en mi espalda. Tomo aire y lo suelto ruidosamente.
—Estás… loca.
— ¿Te encuentras bien? —limpia con un paño los restos de líquido esparcidos por la mesa.
—Lo... hiciste a... propósito —le reclamo, avergonzada, mientras limpio con la mano el desastre en mi boca.
Vuelve a su silla y es imposible ignorar la maldita sonrisa tan hermosa que tiene y que se me antoja morder.
—Lo acepto —dice sin arrogancia, algo que me resulta extraordinario porque Regina suele ser mordaz de una forma asombrosa.
Una sensación cálida me recorre y no creo posible mantener mis manos separadas de ella. El trémulo deseo de tocarla me sumerge en un estado de ansiedad. Recojo nuevamente la taza para mantener las manos ocupadas, pero mi táctica no dura mucho.
—¿A qué juegas? —dejo la taza de chocolate olvidada de un golpe en la mesa.
—¿A qué te refieres? —pregunta con absoluta inocencia.
—Hablo en serio —de arrepentido me siento molesto—. Estás sonriendo, me estás tuteando y me preparas... Espera un momento, ¿Intentas nuevamente envenenarme?
—Quizás puse un sedante en su bebida y la llevaré a rastras a Storybrook. Pero espere, usted es el Oscuro y esas menudencias no tendrían efecto —me mira directamente dejándome contemplar los ecos de su tristeza—. Estoy empezando a cuestionar mi elección de ser menos cruel con usted. Después de tantos años, aún no la he matado y usted tampoco lo hizo conmigo; fácilmente ambas pudimos haberlo hecho. Eso debe significar algo. Al menos eso espero.
—La verdad, es que no podrías vivir con mi muerte —digo burlona, y el rostro de Regina de inmediato adquiere una expresión de aflicción.
—Habrá mucha sangre con la que podrá vivir en mi conciencia, pero la suya jamás —para mi corazón, la dimensión de esas palabras es infinita.
Estoy temblando. Bajo la mesa, mis dedos aprietan la rodilla tratando de asimilar la nueva esperanza que se arulla en mi pecho.
"Quizás sí le importe."
El miro y las fronteras de mis miedos se sacuden. Con preocupación, aparte la mirada, sabiendo que no puedo escapar de la sensación que me ha dejado. Es como cosechar hambrienta los racimos de sentimientos que jamás había probado antes.
—Casi me siento importante, majestad —las misteriosas dimensiones de sus pupilas vuelven a atraparme.
—Debo aceptar que no podría vivir sin sus momentos de poco razonamiento.
—Acabas de llamarme estúpida. Otra vez —me quejo—. Estás rompiendo la tregua.
Regina deja escapar de un suspiro de cansancio.
—Lamento no ser mejor persona —siseó—. Soy yo quien debería estar en su lugar —en aquel momento, sus ojos se vuelven vidriosos.
De ninguna manera iba a dejarla con ese pensamiento absurdo.
—Para mí, eres suficiente —aunque estoy avergonzada, disfruto el asombro que me obsequian sus ojos.
Aquella mirada transmite tantas cosas y una de ellas es que nadie puede abrazarme tan profundamente sin tener que tocarme.
—No tienes que hacerme cumplidos —suena tan abatida que resulta inquietante.
Se levanta y empieza a recoger las tazas impidiendo mirarme.
—Lo sé, pero no puedo guardarme la verdad —no sé si sea una decisión inteligente estar cerca; Regina es territorio de catástrofes, sin embargo, no puedo evitar dar un paso dudoso hacia ella, y luego otro; me quedo allí un rato devorando sus pupilas. Con manos temblorosas, rodeo la diminuta cintura para acercarla, y ella se deja hacer—. Deja la culpa a un lado, Regina. No me arrepentiré de mi decisión jamás. Por favor, no lo olvides.
—Lo siento tanto —deja caer el rostro en mi pecho, abatida.
—Por favor, no lo hagas.
Nos quedamos abrazadas hasta que escuchamos acercarse pasos, y ambas buscamos nerviosas la distancia. Volteo hacia la puerta. Mis sentidos se ponen en alerta máxima al descubrir los ojos oscuros que me contemplan en la distancia. Me quedé rígido con su odio.
Matías.
Oh Dios, ¿Cómo se le ha podido olvidar a Regina mencionar que él también estaba aquí?
—En ocasiones, casi olvido que ustedes son inseparables —suena a acusación.
Regina retrocede abruptamente hacia una esquina de la cocina. Su expresión cambia radicalmente a una más severa.
— ¿Estás aquí? —susurro sin poder ocultar mi sorpresa.
Él asintió con la cabeza.
—No puedo ser tan egoísta y abandonarte cuando me necesitas —parecía y sonaba tan sincero, pero yo sabía que estaba mintiendo—. Estamos juntos, no lo olvides.
Estas palabras tienen tanto significado. Respiro hondo, soltando el aire pesadamente bajo la atenta mirada de Regina. Tengo que forzar una sonrisa para que no vea mi incomodidad. En el instante en que nuestras miradas se cruzan, su cabeza se ladea, estudiando mi comportamiento, pero rápidamente el intercambio se corta cuando Killian rodea mis hombros. Hago una mueca provocada por el enojo que me causa su contacto. Una sensación de mala me encoge el estómago.
—¿Estás bien, Emma? —pregunta ansiosa.
—¿Por qué no iba a estarlo? Estoy aquí —me pongo rígido cuando me besa la mejilla—. ¿Verdad, amor?
—¿Emma? —Regina alza una ceja dudosa.
—Estoy bien —está fuera de lugar respondiendo lo contrario.
Siento que mi corazón no va a sobrevivir a la ola de ira que va creciendo.
— ¿Puede la reina concedernos un momento a solas?
Me inquieto al escuchar la palabra "A solas".
Regina nos desea buenas noches y se dirige a la salida. Mientras se aleja, siento como mi control se va al piso. Súbitamente el agarre sobre mi hombro se hace doloroso, no doble en sacudirme para apartarlo.
—Debiste decirle que su magia no funcionaba y así no me hubiera aceptado en su grupo —como un acto reflejo me alejo del toque de sus dedos—. Mis recuerdos volvieron y ella no lo sabe.
—Pensé que mi advertencia sería suficiente para ti.
—¿Creer que voy a olvidar con tus amenazas? —gruñe con fiereza.
—Prefiero pensar que serías sensato —siento un leve remordimiento al verlo tan rabioso, mis defensas bajan al sentirme culpable por su actual estado—. Eres bueno, Killian —susurro más para mí que para él.
Pierde la sonrisa burlona. Intenta tocarme nuevamente y esta vez no me aparte. El primer roce de sus dedos me da escalofríos.
—Quise serlo, pero no fue suficiente —sus palabras son resentidas—. Mira en lo que me has convertido ahora.
Quería gritarle que yo estaba peleando con la oscuridad. ¿Cómo es que él no estaba haciendo nada y solo se dejaba arrastrar?
—Estás vivo —le suelto entre dientes—. No me culpes de las decisiones que tomaste después.
Siento sus ganas de lanzarse a mi cuello. Retrocedo un paso y él suelta una risita burlona.
—Te imaginas lo sencillo que sería si me amaras a mí —me contempla con una mezcla de rabia y tristeza
—Nos estaba dando una oportunidad; podríamos haber sido felices.
Me asaltan las ganas de acercarme y abrazarlo. Luego recuerdo que este no es el hombre del que quise enamorarme.
Killian desvía sus ojos oscuros hacia la entrada por donde Regina se había marchado.
—Podríamos haber jugado a las casitas; tener nuestros propios hijos. Pero entonces estaría ella; no habríamos sido felices nunca —me mira derrotado—. La salvaste.
—Y lo haría mil veces más, pero seguiría a tu lado.
—Pero no eras mía.
Suelta una risotada amarga. Sombras y más sombras se alzan sobre él. Parece fácil para Killian dejar que el odio lo consuma y ser uno de los cadáveres que la oscuridad deja atrás. Aquello me causa una profunda tristeza.
—Te quería, Killian —confieso con melancolía.
—No solía darle mucha importancia a tus pequeños gestos hacia ella; luego llega la oscuridad y en el instante que saltaste, lo entendí todo —es una imagen horrible ver perder el control—. Le perteneces.
—¿Qué? ¡No! —exclamo de inmediato.
—¡La amo! No lo niegues.
En cuanto lo dice, me dan ganas de golpearme la cabeza contra la pared. Una oleada de conmoción apiña el miedo. Conoce mi mayor secreto.
—Killian…
—No necesito excusas. ¿Estás olvidando la oscuridad? —pregunta con malicia—. Nos une, querida; tus secretos no son tan secretos conmigo —el corazón me da un vuelco atroz. Oh, Dios, Dios — Compartimos el deseo por la bruja. La oscuridad es retorcida, tan obscena. Incluso, me cuesta que no se me ponga dura por todas las cosas que tengo preparadas para ella.
Por supuesto que aquella información me da motivos para irme contra él. Tan despiadada como puedo ser, lo tomo del cuello. No soy consciente de la fuerza antinatural que ejerzo en su carne hasta que veo que su rostro cambia de color. En un breve instante lo suelto y se desploma contra la pared. Me obliga a no ir por la daga y clavársela en el pecho mientras lo veo recuperar las fuerzas.
—Aléjate de todos nosotros o no responde de mí —lo fulmino con la mirada—.
—Querrás decir de ella —farfulla mientras tose para recuperar el aire.
—Una vez más te doy una advertencia. No hagas que me arrepienta.
—Ella tiene que pagar por quitarme todo.
En tres segundos lo levanto del suelo.
—Te volviste loco —lo sacudo por la chaqueta sin ninguna delicadeza—. La próxima vez que intentes amenazar con hacerle daño, te arrancará el puto corazón.
—Tú me estás volviendo loco —grita alterado.
Unos brazos me hacen retroceder, pero no aplaca mi rabia. Cuando logré identificarlo, descubro que es mi madre la que me arrastra lejos del pirata.
—Emma, basta —sus manos se instalan en mis mejillas—. ¿Qué pasa contigo?
—Vamos —vocifera Killian bajo la atenta supervisión de David—. Cuéntanos lo que te pasó.
No respondo de inmediato, un silencio pesado me aturde al ver a Regina en la puerta junto a su amado tomados de la mano. No hay palabras adecuadas para describir el dolor tan intenso que siento. Puedo asegurar que Regina se ha vuelto a mi centro privado de torturas. Como si fuera poco, Killian sigue mi mirada. Aunque hago lo imposible, no logré disfrazar mi dolor. Él lo ve y le causa gracia.
—No eres bienvenido aquí —respondo con rabia.
—Yo sé lo mucho que duele lo que estás sintiendo. Ser rechazados es algo que también compartimos.
—¡Vete a la mierda!
Continuará…
¿Qué les pareció este giro inesperado? ¡Me encantaría saber sus opiniones en los comentarios!
¿Alguna teoría sobre lo que sucederá después? ¡Estoy ansiosa por leer sus ideas!
Nos leemos en el próximo capítulo chau…chau 😘
Pueden encontrarme en Instagram. ^_~
Imágenes y música creadas especialmente para el Fic.
Hevy_lara
