Prepárense aventureros. Lo que están a punto de leer podría cambiarlo todo. Este capítulo está cargado de emociones, y no puedo esperar a ver cómo reaccionan. ¡No se olviden de comentarlo!


Capítulo 9

Lleva dos días evitándome, y su ausencia me sirve para convencerme de que el beso no significó nada. Trato de manejarlo, lo juro. Cuando no la veo, sobrellevar todo lo que tengo guardado se hace más fácil. Luego salgo de mi habitación, y lo único de lo que hablan mi madre y las demás es de la futura y hermosa boda. He llegado a susurrar internamente que no me importa.

Si Regina pudiera darme una ojeada interna, se daría cuenta de que estoy llena únicamente de dolor y soledad, que hay ocasiones en las que me siento como un miserable objeto en el abandono. Si ella pudiera verme, se daría cuenta de que su beso mortal sirvió para bajar mi guardia y dejarla entrar más profundamente en mí.

Maldita arpía. Culpa a la gente por lastimarla. Por esa razón protege tanto su corazón, pero al mío lo magulla y rasga a su antojo. ¿Acaso supone que merezco ser empujada constantemente hacia el precipicio? Mi cabeza está repleta de palabras que me gustaría gritarle.

Mi mayor deseo es escabullirme a mi refugio y olvidarme de la maldita reunión que se han inventado. Sentados alrededor de la mesa están Snow, Henry y Mulán; es con ellos con quienes permanezco enfocada, no quiero saber dónde están los demás porque eso significaría mirar en la dirección en la que se encuentra Regina, y me niego a verla.

Continúan hablando del bendito Merlín y la posibilidad de que pueda ayudarnos a volver. Permanezco separada del grupo, sin prestar mucha atención a los intentos de Ruby por convencer a mi madre de que salir es seguro; no me interesa nada de lo que digan. Me vuelvo una sombra refugiada en un rincón que urgentemente necesita desvanecerse. Callada, perdida, con los brazos cruzados sobre mi pecho, temiendo que alguien pueda escuchar los latidos desaforados de mi corazón.

Una máscara de frialdad adorna mi rostro, pero la indiferencia es solo una fachada. Por dentro, lucho contra las angustiosas ganas de llorar; son como dolorosas zarzas que llevo amarradas tras los párpados. Penosamente resisto; nadie tiene por qué enterarse de que, con cada herida, he ido tejiendo nudos alrededor del corazón. Soy buena ocultándome; lo estoy haciendo bien. Muy bien.

Hasta que su voz me golpea como un tren, y me olvido completamente de respirar.

¡Boom!... Es una bomba atómica que aniquila mi fuerza, mis barreras, y rompe todas mis máscaras sin contemplación. La verdad es que nunca estoy preparada para luchar contra Regina. La mayoría de las veces es como un veneno que me carcome por dentro, pero no me mata.

—¿Quién nos asegura que no sea una trampa? —la vibración de su voz me causa un intenso hormigueo en el vientre—. ¿O que Merlín no las esté utilizando para atraer a Swan?

—Sin su ayuda no hubiéramos llegado sanas hasta aquí —refuta Mulán.

—¿Primero nos cazaba con Arturo y ahora quiere ayudarnos? Disculpa si dudo —vuelve a atacar Regina con su típico tono de ironía.

—El ladrón juzga por su condición —Ruby le regala una de sus sonrisas socarronas.

El desafío en la mirada de la loba hace que mis ojos busquen a su contrincante. Grave error. Descubrí que mi aversión hacia Robin podía crecer de manera incalculable. Con él podía conjugar el verbo matar de muchas maneras.

Mis ojos se encuentran con la escena: la mano de Robin rodeando la cintura de su amada reina, mientras el muy cabrón me devuelve una sonrisa burlona. Por un leve instante flaqueo, sintiéndome traicionada. Mis celos se desbordan y reedificar mis defensas es necesario.

Llevo horas preguntándome cuánto dolor puede soportar una persona mientras la despellejas. Robin sería un buen candidato para mi experimento. ¡Por Dios, no soy de piedra!

—¡Ma! —la voz es un susurro, acompañado de un toque en mi antebrazo que me arranca de la locura en la que estoy sumergida— ¡Ma!

—¿Qué pasa, chico? —no tengo ni idea de cuándo llegó hasta mí.

—Mamá te hizo una pregunta —me mira con el ceño arrugado; sus ojos bajan hasta mis manos, que se han vuelto dos puños emblanquecidos. Los relajo inmediatamente— ¿Te encuentras bien?

—Claro que sí —sonrío; sin embargo, mi gesto no lo convence.

—Señorita Swan, si ya vuelve a estar entre los vivos —mis ojos se rehúsan a mirarla— puede darnos su opinión sobre este absurdo plan que tienen sus amigas de ir por el mago.

Todas las miradas están sobre mí, y eso me pone más cabreada e incómoda que nunca.

—Estás hechizada, Ruby.

La carcajada que estalla por toda la habitación me eriza los vellos de la nuca.

—Alabemos la inteligencia de nuestra salvadora —alcanzo a escuchar las burlas del caballeroso y justo hombre del bosque. Respiro profundamente, ignorando sus bravuconadas. Para mí, es un honorable saco de huesos que puedo romper cuando se me plazca— Van a poner nuestras vidas en manos de una mujer trastornada.

—Robin, deja de...

—¿Estarían mejor en tus manos? —corto las palabras de Regina, girando sobre mis talones para encararlo— Cuéntame tu plan, honorable ladrón —me cruzo de brazos, sin mostrar lo alterada que me encuentro— Aparte de ir con tu arco y flecha asaltando caravanas, ¿Cuál es tu experiencia con villanos, magia y muerte? Ya que eres una celebridad en el bosque, puedo quedarme aquí a tomar una siesta.

—Eres una estúpida.

Su ataque verbal me causa gracia, pero me mantengo seria. Al final, no sé por qué rayos continúa enfrentándose a mí. Tiene lo que quiere, ¿Por qué simplemente no deja de joderme? Hago amago de irme contra él; mis botas golpean el suelo ruidosamente. Un paso basta para verlo retroceder acobardado. Sonrío con burla.

—Supuse que la valentía solo estaba en tu lengua viperina.

—Este espectáculo es bochornoso —brama su majestad, apoyada por mi madre.

—A mí no me culpe, Majestad. Creo que debe ajustar la correa a su falso macho alfa —veo cómo él aprieta su arco. Leo en sus pupilas la intención que oculta— Piensa bien lo que intentas hacer, hombrecillo, porque si golpeas, habrá una poderosa respuesta.

—Ya lo hice—dijo burlonamente, acariciando la cintura de su amada.

Los dientes se aprietan dentro de mi boca. Dejo escapar una risa modesta, tomando una gran bocanada de aire para que mi voz no salga estrangulada por la rabia.

—Sinceramente, tengo cosas más importantes que hacer que continuar escuchándote jugar al valiente —musito con sutileza; entre tanto, me giro hacia Ruby— Hablemos afuera. Henry, prefiero que permanezcas dentro del castillo.

—¡Pero Ma!

—Nada de peros. Y madre, dile a tu querido Charming que permanezca alejado de mi campo de visión —lo miro con dureza, haciéndole saber que no es mi intención perdonarlo nunca— Vamos, Ruby, veamos si realmente Merlín te ha enviado por mí —toco su hombro para que me siga, pero antes de retirarme me giro para cruzar miradas con mi adorado tormento.

Me retiro hacia la salida, escuchando las reprimendas que le da Regina a su amorcito y la orden de no seguirla mientras viene tras de mí.

—¡Emma, espera! —mi cuerpo se tensa, incapaz de ignorar el efecto que causa su voz.

Apresuro el paso; hoy no es un buen día para hablar con Regina Mills, no cuando lo único que deseo es verla sobre sus rodillas mientras tomo sus caderas para entrar muy fuerte y profundo en ella. El mejor castigo para la cabrona es un par de nalgadas y una buena follada.

—¡Swan, que te detengas! —sentencia, y yo me vuelvo para desafiarla.

—Quiero que tengas algo muy claro, Mills —recorro su cuerpo con descaro hasta llegar a sus apetecibles labios. Me le quedo mirando golosa—. Uno. No soy una inofensiva salvadora, deja de darme órdenes. Dos. Cuida a tu perro, porque su lengua lo llevará a un gran sufrimiento. Le puedo hacer un sitio en mi lista, incluso por encima de Killian.

—No puedes ir por ahí amenazando a la gente, Swan —levanta la mirada desafiante.

—Espera; no he terminado. Este es el punto más importante, Majestad. Tres. Si vuelves a llamarme Swan, voy a fo...

—Emma, las chicas te esperan —interrumpe mi madre. Ella, tan inoportuna como siempre.


Afuera, el aire húmedo del bosque llena mis pulmones, pesado y denso, como si el propio bosque estuviera conteniendo el aliento en anticipación. Me separo de Snow unos cuantos pasos, cada uno de ellos calculado, y me detengo justo frente a un enorme rosal, el único elemento colorido en la penumbra. Me preparo para enfrentar a las cinco mujeres que nos observan con atención.

Los intensos ojos de mi morena se clavan en los míos, llenos de una mezcla de curiosidad y alerta. Ella está pendiente de cada uno de mis movimientos, estudiándome, como si supiera que estoy a punto de hacer algo que no le va a gustar para nada.

—Confío en estas tres mujeres —digo, midiendo cada palabra, sabiendo que los oídos alrededor están ansiosos por captar cualquier matiz— Sin embargo, para calmar los ánimos caldeados... —muevo mis dedos, apenas rozando el aire, y el cuerpo de la loba se suspende unos centímetros en el aire, un gesto suave que la atrae hacia mí— ¿Confías en mí?

Mi mano derecha se posa delicadamente a la altura de su pecho, un contacto cargado de intenciones. Quiero que sienta mi magia, que se acostumbre a ella, que la acepte. La escucho respirar profundamente, como si el simple hecho de estar tan cerca la sobrecargara de sensaciones. Sus rápidas palpitaciones cosquillean en la palma de mi mano, una evidencia de la tensión que compartimos.

—Sabes que sí —susurra, descansando su mano sobre la mía, su sonrisa tranquila contrastando con el fuego que arde en sus ojos—. Quieres cabrearla, ¿verdad? —agacha la cabeza, con un gesto tímido que apenas oculta el destello travieso en su mirada. Cierro los ojos, dejando que el calor de su tacto y las emociones que emanan de su ser mágico me envuelvan.

—Por favor, disimula tus celos —continúa, su tono suave pero cargado de provocación—. Aunque... no estaría mal joder un poco a la reina.

Maldigo en silencio. Ella lo sabe.

La sonrisa de Ruby se ensancha, llena de satisfacción, y antes de que pueda prepararme, reduce el espacio entre nuestros cuerpos, desafiando la tensión que ya vibra en el aire.

—Ru, por favor, no es lo que piensas —trato de apartar la voz que amenaza con quebrarse, intentando mantener el control.

—¿Confías en mí, Emma? —su voz es un susurro cargado de una promesa oscura, y siento cómo mi vientre se contrae, manipulado por la lujuria que despierta la oscuridad en mí. Ruby sabe cómo jugar este juego peligroso, uno en el que cada movimiento podría hacerme caer más bajo— Soy capaz de hacer todo por ti, y lo sabes —eleva el tono de voz, lo suficiente para que las demás puedan escuchar nuestra conversación.

A mis espaldas, el taconeo insistente de la reina resuena como un eco de su impaciencia. La misma reina que está a punto de atar su vida al amor verdadero. " ¿Qué será de la pobre salvadora?" Me burlo en mi mente. A pesar de todo lo bueno que intento ser, de dar finales felices a todos, no recibo nada a cambio. ¿Qué puede ofrecerme un circo de héroes? ¿Un par de migajas de sonrisas y agradecimientos que no me sirven para nada?

La tentación es palpable. Sería tan fácil dejarme llevar por mis oscuros deseos, por esos escabrosos apetitos que luchan por salir a la superficie. Sería tan fácil...

—Te confiaría mi vida con los ojos cerrados —le hablo con una voz suave y tersa, muy distinta a cualquier otro momento—. Pero esto no es un juego.

—Haz lo que debas —obtengo su respuesta con una coqueta sonrisa.

Cierro los ojos y, una vez más, dejo que las tinieblas tomen un poco más de terreno. Hay una parte de mí que se deja dominar y seducir. Busco contacto; lentamente, el delicioso calor que desprende la fiera interna de Ruby me envuelve. Mi mano se apodera de su nuca. Estamos tan cerca que su aliento, agitado, golpea mi boca.

—¿Emma? —jadea mi lobuna amiga, dominada por la lujuria.

—Muéstrate ante mí—ordeno, dejando que mi voz suene firme y decidida. Mis ojos están fijos en Ruby, mientras dejo que mi magia se deslice suavemente hacia ella, buscando cualquier indicio de manipulación. Necesito probar un punto, y lo haré sin importar las consecuencias.

—¡Emma! ¿Qué disparate es este?— exclama mi madre con horror en la voz. Pero estoy demasiado concentrada para escucharla. Necesito que Regina y los demás entiendan que Ruby no está bajo ningún hechizo. Que no es un simple peón que puede ser manipulado por la magia de Merlín.

—¡Apártate, Emma!— Regina me advierte, su tono cargado de desesperación. Pero no puedo detenerme ahora. Debo demostrar que Ruby es más que la criatura en la que se convierte. Necesito que todos vean que, incluso en su forma más salvaje, sigue siendo ella. No es un animal que pueda ser controlado a voluntad por alguien más.

Siento la magia de Ruby reaccionar a la mía, una fuerza salvaje y feroz que comienza a liberarse. Estoy embriagada por la energía que emana de ella, sintiendo cómo su magia fluye a través de mí, una corriente cálida que intensifica cada uno de mis sentidos. Ella empieza a temblar, su cuerpo convulsionándose mientras su naturaleza de lobo trata de emerger.

"Esto es lo que quiero que veas, Regina," pienso, mientras mantengo a Ruby firmemente sujeta. Ella intenta retroceder, el miedo y la confusión palpables en su mirada, pero no la dejo escapar. Quiero que todos vean cómo se transforma, cómo lucha contra su naturaleza salvaje. Si Ruby estuviera bajo el control de algún hechizo, su transformación sería diferente. Sería una bestia incontrolable, incapaz de luchar contra la magia que la corrompe. Pero en cambio, la veo luchando por mantener el control, por no dejarse llevar por su instinto.

—Puedes hacerlo, Ru— susurro, con la voz teñida de soberbia y desafío.

—Es... peligroso— gruñe, sus colmillos afilados brillando, pero no me detengo. Sé que tengo que seguir adelante.

—Lo sé— murmuro, acercándome a su oído —Pero confío en ti. Sé que nunca me harías daño— poco a poco, siento cómo su cuerpo empieza a relajarse, su magia equilibrándose con la mía. Sus ojos, antes llenos de terror, ahora brillan con una fuerza interna que me confirma lo que ya sabía: Ruby no está bajo el control de Merlín. Su transformación es parte de ella, algo que puede manejar.

La delgada figura de Ruby comienza a cambiar, sus músculos tensándose, su cuerpo fortaleciéndose. Sé que esto no sería posible si estuviera bajo un hechizo. No estaría preocupada por mí, sino buscando cómo hacerme daño. Aun así, es difícil para mí contenerla, pero tengo que hacerlo. No para mostrar mi poder, sino para demostrar que Ruby sigue siendo ella misma, sin importar la forma que tome.

—No te resistas— susurro de nuevo, mi mano bajando por sus cabellos hasta su espalda, donde dejo un par de caricias suaves. Sus gruñidos comienzan a transformarse en gemidos sutiles, y es en ese momento que veo la verdadera belleza de la criatura— No había reparado en lo hermosa que eres—digo, casi sin pensar, mientras la abrazo con fuerza y dejo un beso en su mejilla peluda.

—¡Te has vuelto loca! ¿Cómo te pones así en peligro?— Snow me golpea la espalda, furiosa, su preocupación palpable —Ya verás lo que te espera, Ru. Tendremos una seria conversación.

Me aparto un poco de Ruby, pero mantengo mi mirada fija en Regina, esperando su reacción —Si Ruby hubiera estado bajo la manipulación de alguien, no habría podido controlarse. Ahí está la prueba que necesitaban. ¿Quieren que haga lo mismo con las demás?

Estrictamente, busco su respuesta; es ella quien más ha sospechado de mis amigas. Permanece apartada, sin decir nada. Levanta la barbilla, tan soberbia como es ella con esa fachada de inalcanzable. El brillo de sus ojos es como dos navajas listas para matar. Ansiaba que fuera por mí, que una pizca de celos fuera la causante de su enojo. Por desgracia, conozco el lado competitivo de Regina; ella odiaba perder y yo, en cierta manera, la había herido su orgullo con mi demostración.

La tensión entre nosotras es palpable, pero no me arrepiento. Tenía que demostrar que mis amigas están libres de la magia de Merlín, y lo he hecho, incluso si eso significa desafiar a Regina y enfrentarme a su ira.

—¿Piensa ponerse en riesgo con cada una de sus amigas para demostrar su punto?— Regina pregunta, su voz gélida, llena de la arrogancia que la caracteriza.

Levanto la barbilla, decidida —Si es lo que necesita, Su Majestad.

Mis pálidos dedos se pierden en el pelaje de la loba, bajo la atenta contemplación de Regina. Ruby no pierde la oportunidad y se roza contra mi cintura.

—Estamos en sus manos, señorita Swan; usted decide —su voz se escucha escabrosa.

La ignoro, haciendo un gesto hacia Mérida y Mulán, quienes se han mantenido retiradas.

—Iremos al bosque —anuncio, desviando la mirada hacia el grito que ha venido después de mi orden.

—¡No! —es la negación por parte de mi madre y Regina.

—¿Acaso creen que me interesa lo que piensen ustedes dos? Soy lo bastante grande para tomar mis decisiones; nunca he necesitado niñera, menos ahora.

Regina me mira con furia al soltar esa respuesta. Su lejana contemplación me inquieta.

—Me niego a que vayas sola —chilla mi madre.

—Nadie se moverá solo de aquí; o vamos todos, o nadie sale —dispone Su Majestad.

Tengo un instante para volverme y ver cómo se aleja, retornando hacia el castillo.

Suspiro abatida, cerrando los ojos, pensando en el modo más rápido de enmudecer mis pensamientos. De alguna forma, mi mente retorcida busca la manera de hacerle pagar a Regina por limpiarse el trasero con mis peticiones. Lo de las nalgadas y el follarla continuaban en pie.

Mi propósito es llevarle siempre la contraria, y continuamente termino haciendo lo que le plazca. Ando irritada y agotada de batallar contra su presencia; simplemente me da órdenes para luego pasar de mí, dejando claro su dominio.

Para ella, soy una paria. Cabrona y maldita, la muy bruja me tiene a su merced y lo sabe.


Frente a mí, una taza de chocolate que ya se ha quedado fría y la mirada acusadora de Henry.

—Estás muy callada —me mira con insistencia— ¿Algo ha pasado con mamá, verdad?

Si supiera todo lo que pienso sobre su madre y las ganas que tengo de apretarle el cuello a la muy canalla...

—¡Claro que no! —lo miro con fingida indignación—. ¿Me has separado del grupo para preguntarme por tu madre?

—Bueno, y también por mi chocolate, lo extrañaba —lleva la taza a sus labios y yo sonrío, recordando sus ruegos para hacerle aparecer su chocolate con canela.

—Vamos, termina rápido para volver con los demás; ya deben estar por llegar al lago —la orden de Merlín era que Regina nos transportara hasta cierto punto del bosque para luego continuar a pie. Y yo no podría usar mi magia porque podría llamar la atención del asqueroso pirata.

—No lo encontrarán —responde encogiéndose de hombros— Además, sabes que Merlín no se presentará con todos allí; el buscará la manera de llegar a ti o a mamá.

De verdad que mi chico es sorprendente.

—He pensado lo mismo— le digo.

—Quizás su único propósito es comprobar si están dispuestas a hablar con él —lleva el dedo índice hasta su labio, pensativo.

—Y no correr el riesgo de una dolorosa pelea — él me mira de forma acusadora—¿Qué?

—Si lo sabes, ¿Por qué los dejaste ir al bosque?

—Necesitaban hacer algo; ya sabes que es cuestión de héroes estar siempre en alguna misión. Y ya tienen una.

—Les mentiste —arruga el ceño como lo hace su madre.

—Eso no lo saben —juego con la cuchara entre mis dedos— Pero es hora de volver con ellos; no quiero una discusión con tu madre. Ya la escucho diciendo que te he puesto en riesgo.

—Regresamos al castillo, aquí no hay riesgos; además, le dije que necesitaba unos minutos contigo.

—Así que esto no es por una simple taza de chocolate, ¿No es cierto? —pregunto por pura curiosidad.

—Ya te lo pregunté, pero no eres sincera —la taza de chocolate se queda a medio camino de mis labios.

—Chico, no —de algún modo presentía que esta conversación no terminaría nada bien.

—¿No, qué? Tu y mamá han discutido. Lo sé —sus hermosos ojos me desafían al igual que lo hace Regina— Ma; dejen de pensar que soy un niño, tengo catorce años. Quiero darte la oportunidad de que seas tú quien me lo diga.

—¿De qué estás hablando? —lo miro, perdida.

—Crees que soy tonto, no me subestimes —responde con naturalidad— Descubrí que mi madre es la Evil Queen, hice un largo viaje para dar con mi madre biológica y la traje conmigo para salvarnos. El verdadero creyente, el escritor... ¿De verdad piensas que no me he dado cuenta? Soy un buen observador.

Las pulsaciones se me disparan. Él no puede estar hablando de lo que creo, no puede... ¿Oh sí?

—He... Hen... —balbuceo, sin encontrar ninguna frase coherente.

—Te gusta mamá —la intensidad de su mirada me reduce a un manojo de nervios.

—¡Dios! —quiero saltar de mi puesto, pero estoy paralizada. Que la tierra me engulla para desaparecer para siempre.

—Yo sé que sí. Es más que solo gustar; tú la quieres, y algo ha pasado para que las cosas entre ustedes estén más tensas de lo normal —murmura molesto— No te atrevas a mentirme.

Me mira abatido, y el dolor en sus ojos me conmueve, borrando todos mis temores. Extiendo mi brazo sobre la mesa de madera y tomo sus dedos entre los míos. Hablar de mis sentimientos no es fácil, pero hago un gran esfuerzo.

—Es complicado, y tengo claro que no hay futuro para nosotras —murmuro con tono escueto.

—Si no se estuvieran evitando, te habrías dado cuenta de que mamá está triste; no se encuentra bien. La boda es un error. Ni siquiera ha dado el "sí", y Robin ya lo está comentando con todos —suelta mi mano y cruza los brazos sobre su pecho en esa actitud infantil que nunca lo abandona.

Así no puedo superarla; es difícil cuando mi hijo alimenta mis esperanzas.

—Henry, estás exagerando —trato de calmarlo, pero solo logro que se ofusque más.

—Ella no es feliz, Emma. Si lo fuera, no lloraría. Tú deberías detener todo esto —gimotea, conteniendo las lágrimas— No puedes dejar que cometa un error tan grande; si realmente te importa, no la dejes hacerlo.

—¿No te molesta que sienta algo por tu madre? —su confesión me descoloca.

—Lo único que me molesta es que te comportes como una idiota —no tiene reparos en decirme lo que piensa.

—Cuidado con tus palabras, jovencito —bramo molesta. Mi pequeño baja la mirada, abatido, y eso me pesa— Henry, lo que yo sienta no tiene importancia; ella elige con quién estar, cariño.

—No… tú no entiendes. Ella está asustada, lo sé. El miedo a perder una nueva oportunidad de amar la está llevando a tomar malas decisiones. ¿Y si el tiempo de Robin ya pasó? Era su alma gemela en el Bosque Encantado, pero de eso hace ya muchos años. Por favor, Emma —me suplica con los ojos humedecidos— no es justo para ella; ni siquiera la dejan elegir a quién amar. Le han impuesto estar con él mucho antes de conocerlo.

—Así es su mundo, Henry —hago el amago de tocarlo, pero se aparta.

—Pero no vivimos en el Bosque Encantado; nuestro hogar es en Storybrooke. Por favor, mamá, solo quiero un verdadero final feliz para ella. Dile lo que sientes, quizás...

—No hay un "quizás", Henry; ella ama a alguien más.

—¡No me estás escuchando! —da un golpe seco sobre la mesa, provocando que parte de su chocolate se derrame.

Se pone de pie; ya no es mi niño pequeño y frágil, ahora es un joven fuerte y bueno, capaz de devorar el mundo solo para ver a su madre feliz.

—Chico, hablemos —me mira dolido.

— ¿Alguna vez la has querido realmente o todo lo que sentías se fue con la antigua salvadora?

—El que me lastimes no cambiará nada, Henry —mi voz tiembla.

—¡Estás destruyendo nuestra familia! —grita molesto.

—¡Henry Mills! —contengo el aliento al escuchar la voz y el sonido de sus botas marcando el fuerte ritmo de mis latidos. ¿Cuánto tiempo lleva escuchando nuestra discusión? Este día no puede empeorar más— ¿Qué está pasando aquí? Esa no es la manera de hablarle a tu madre.

Siento su mirada taladrando mi nuca.

Henry toma su chaqueta, y Regina intenta detenerlo, pidiendo razones por el reciente espectáculo, pero él se va sin decir una palabra.

—No deberías dejar que te hable así —sigue hablando a mis espaldas.

—Si usted puede hacerlo, ¿Por qué él no? —me encojo de hombros, restándole importancia— Digno hijo de su madre.

—Se trata de respeto.

Reúno todas las fuerzas para levantarme y enfrentarla. Allí está ella, enfundada en un abrigo beige con botonaduras.

—Simplemente no congeniamos en un par de cosas —sus ardientes ojos me escrutan.

—Él no parecía muy contento —avanza un par de pasos, luego parece pensarlo y retrocede bajo mi atenta mirada.

—Su mal carácter no viene de mí —mis palabras provocan que una media sonrisa curve sus carnosos labios.

Mira hacia la puerta, nerviosa, y yo me tomo la libertad de contemplarla. Parece pálida; las sombras oscuras bajo sus ojos están disimuladas por leves toques de maquillaje. "No me importa… No me importa", me digo a mí misma, pero es más fácil mentirme cuando no está, porque cuando aparece, simplemente me derrumbo.

Muero por saber lo que tiene en esa cabecita, por averiguar qué le afecta.

—¿Qué es eso de que destruye a su familia?

—¿Una reina escuchando por los rincones? —mi burla la molesta.

—No ando husmeando nada —informa serenamente—Al parecer, llegué en el momento menos oportuno.

—Eso parece —la intensidad de su mirada me quema.

—¿Más secretos, Emma? —el ligero cambio en su tono me da la impresión de que está dolida— Puedes decirme qué está pasando contigo —ahí estaba, volvemos a lo mismo, dejando las formalidades para ser Emma— ¿Qué fue ese espectáculo con la señorita Lucas?

—¿Ahora quieres saber lo que pasa conmigo? Después de que llevas dos días ignorándome —me joden demasiado sus cambios—. Eres bipolar, mujer.

—Se está volviendo normal que hagas de todo un problema.

Guardo silencio, dejándolo extender demasiado tiempo. Ninguna de las dos parece querer romperlo. Todo lo que llevo guardado en estas largas horas me va castigando la paciencia. Aguanto las palabras que quiero gritarle, quisiera rendirme a la rabia que quiere explotar. Bajo la cabeza, mirando la punta de mis botas.

—No soy tan perfecta como la gente esperaba —digo antes de tomar mi chaqueta— Me he convertido en lo que nunca imaginé y tengo que aprender a vivir con ello. Lo reconozco, es complicado a veces. Momentos en los que siento que hay demasiadas personas habitando en mí, pero trato de sobrellevarlo, y nadie parece notar mis esfuerzos.

Lucho por levantar la mirada y que no vea mi dolor. Me digo bajito que volver a enfrentarnos me dejaría demasiadas marcas internas.

—Oh, Emma, no fue mi intención —esta vez sus pasos se mueven seguros hacia mí, y retrocedo.

Ahí está nuevamente esa forma tan distinta de mirarme. La rabia se va desinflando, dejándome justo en la puerta de la derrota. El guion que había recitado durante estos dos días se va disipando de mi memoria.

Quiero que me abrace hasta no dejar que el aire circule entre nosotras. Que el calor de su cuerpo se instale en mí y no exista más frío ni soledad. Pero solo encuentro la distancia que se dilata constantemente entre las dos.

—Estoy bien —es tarde para calmar el temblor en mis labios— Y estaré mejor.

Fuerzo una sonrisa mientras me atraganto con las palabras que se van convirtiendo en enredaderas dentro de mi boca.

—Iré a hablar con Henry antes de volver al lago por los demás —murmura sin decir nada más.

Huye de mí. Tomo aire sabiendo que es lo mejor que puede pasar. Tengo que dejarla ir. ¿Cuántas veces me lo he repetido? Y qué difícil es llevarlo a cabo.

Gira sobre sus tacones para alejarse. "No me importa si lo hace", aunque mi voz interna le grita que se quede. Se marcha, y yo simplemente no puedo aceptarlo, porque cuando Regina se aleja, se vuelve un fantasma. Me niego a tener una simple ilusión suya quemando mis recuerdos.

Las palabras de Henry tiran abajo la última línea de mis fuerzas. En un par de zancadas, atrapo su mano para detener su huida.

—Por favor, no te cases —ella espera, quieta, mirando nuestras manos unidas— Date la oportunidad de elegir, que nadie te imponga a quién amar. Que un hechizo no compre tu felicidad.

Continuará…


Este capítulo estuvo intenso. ¿Qué te pareció? ¿Te dejó en shock? ¡Necesito saberlo en los comentarios!"

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Imágenes y música creadas especialmente para el Fic

Hevy_lara