¡Hola, aventureros! El momento que todos hemos estado esperando ha llegado. Tómate un respiro antes de seguir leyendo... ¡Esto va a ser intenso!


Capítulo 10

Solo el amor puede herir de esa manera:

te rompe, te destroza, y te vuelve a remendar.

En un abrir y cerrar de ojos estábamos en mi habitación. No quiero que nuestro hijo nos escuche discutir. Me siento insegura de lo que estoy haciendo y menos al verla caminar como una fiera. Se despoja de su abrigo, revelando su atuendo. Solo ella iría a enfrentarse a sus enemigos con una falda tubo gris y una camisa negra entallada en la cintura. Es increíble cómo se mueve; parece como si llevara los jeans más cómodos, pero es Regina Mills, podría jugar fútbol en tacones y no le costaría nada.

Quiero reírme de mis pensamientos, pero me contengo. La conozco lo suficiente como para saber que haberla traído aquí con magia, a la fuerza, la ha irritado.

—Pareces agotada, ¿has descansado estos últimos días? —observo cómo sus puños se abren y cierran. Oh, sí, está muy cabreada— Sé que pasas horas en tu biblioteca.

—Debo encontrar la forma de regresar a casa.

—Y preparando tu boda —no puedo evitar que el resentimiento se filtre en mis palabras.

—Sí, señorita Swan —murmura con enfado— Preparar una boda también.

—¿Has aceptado? —aunque intento disimular, mi voz suena cargada de dolor. Tejo rápidamente más nudos alrededor de mi corazón antes de que el dolor abra más caminos. La verdad es que dudo que esta vez pueda escapar de lo que tanto temo. Miro hacia un lado, parpadeando repetidamente para que las lágrimas vuelvan a su lugar— No pareces una novia muy feliz.

Sus ojos me esquivan, y siento como si me odiara. Ese pensamiento es suficiente para que mi valor se apague, y mi obsesión por saber qué pasa por su mente se active.

—Mi vida privada no te incumbe. Si no estamos aquí para hablar de los avances en salir ilesas de esta situación, tú y yo no tenemos nada más de qué hablar —quién habrá liberado a la maldita bruja que suele ser conmigo. La escucho murmurar una que otra palabra molesta. Me gustaría que me enseñara esa facilidad que tiene para ignorarme.

—Me encargo de mantener la barrera vigilada con las chicas, y tú te escondes entre tus libros.

—¡No me escondo! —me lanza una de sus miradas rabiosas.

—Entonces, hablemos.

Si pudiera ignorarla y olvidarme de su existencia, lo haría; pero es imposible cuando hay un intenso magnetismo que emana de ella, una fuerza implacable que me deja fuera de combate.

Durante unos instantes, me quedo mirando sus movimientos. Es evidente que quiere mantenerse alejada de mí, lo que me hace pensar que debo ser realmente insoportable para ella. Ese pensamiento se intensifica al ver sus ojos fríos. Me siento asfixiada, como si unas cuerdas se enredaran en mi garganta, y Regina tirara lentamente de ellas. Apenas puedo respirar. Tomo aire, intentando que mis pulmones vuelvan a funcionar, pero se me vacían al verla agarrar su chaqueta y dirigirse hacia la puerta. Aprieto los puños, resistiendo el impulso de usar magia para atarla a una silla. Por unos segundos, titubeo, desechando las ideas que se me vienen a la cabeza para retenerla. La única salida que encuentro me llevará a un profundo arrepentimiento, pero no puedo seguir fingiendo. Estar cerca de Regina es vivir constantemente en un círculo vicioso y cruel.

—No puedo —su mano queda suspendida justo en el pomo de la puerta. Y yo no resisto; mis labios tiemblan y la garganta se me aprieta al punto de que mi voz sale como un quejumbroso murmullo— ¿Hasta dónde seré capaz de llegar por ti? ¿Hasta cuándo dejaré que mi voluntad se vaya contigo cada vez que quieras? ¿Lo has sentido alguna vez? No lograr conciliar el sueño porque la ausencia de esa persona pesa demasiado... Si lo has experimentado, entonces sabes que ya no puedo más. Perdóname, pero es imposible olvidar cuando tengo muy presente el sabor de tus besos y lo mucho que te necesito —avanzo decidida hasta ella y, con brusquedad, la hago girar para que me mire.

Abre la boca para protestar, pero me adelanto y la callo con un beso. Le devoro la boca sin delicadeza, empujando mi lengua contra sus labios. Regina gime. Empiezo a notar cómo una de sus manos se desliza por mi espalda. La aprisiono contra la puerta, cubriéndola con mi cuerpo, buscando refugio para el infierno que desata su cercanía.

—Sabes que no voy a permitirlo —susurro contra su boca.

—No hay marcha atrás —rompe el beso, y las ansias que desprendía mi cuerpo quedan suspendidas en un lugar muy lejano.

Veo la decisión en sus ojos y mi mundo se cae a pedazos. Regina no dará marcha atrás, ha tomado su decisión, y lo único que he hecho es tratar de convencerla de algo que no va a cambiar. Es que yo no aprendo.

—¿Es esa tu decisión? Porque si lo es, la respetaré —¿por qué diablos mantenía la esperanza si sus sentimientos hacia mí son como una manzana envenenada?— No iré nunca más detrás de ti.

—Es lo que debo hacer, Emma —el temblor de sus labios no me conmueve.

—¿Lo que debes? —me aparto, molesta, incapaz de soportar el golpe que me ha soltado— Es una respuesta estúpida, y tú no lo eres. ¿Es esto lo que quieres, seguir sus reglas? Tú nunca sigues las órdenes de nadie —hiperventilo. El corazón golpea tan frenéticamente dentro de mi pecho que empiezo a sentirme mareada. Controlar la rabia es una tarea difícil; la peor parte es saber que la pierdo, que cada intento que hago por acercarme es un fracaso. Mis manos se cierran sobre mi cabeza de frustración— Solo te pido que seas sincera, dame una respuesta. ¡Di algo! —grito al borde de las lágrimas— Al menos puedes decir que me odias.

—No me pidas eso —solloza, y mientras sus pasos avanzan, pongo toda mi fuerza de voluntad para retroceder. Por dentro, estoy totalmente destrozada.

—Reconozco que no tienes la culpa; lo que siento es completamente mi responsabilidad. Sin embargo, esto se acaba aquí. Este juego en el que dices que lo amas pero aceptas mis besos, no lo voy a aceptar. Alguien sobra aquí, y quiero que me lo digas a la cara. Necesito que seas sincera conmigo. Contigo —la poderosa exigencia que emana de mi cuerpo por liberar la frustración que llevo aguantando tanto tiempo se transforma en lágrimas, y no hay forma de frenarlas— Vivir constantemente con un suspiro atorado en el pecho no me hace feliz —ni una sola palabra sale de su boca— Te juro que respetaré tu decisión. No volveré a mirarte con amor, dejaré de lanzarme por ti y cerraré los ojos para olvidar tu existencia, porque no puedo pasar la vida corriendo tras de ti mientras me refugio en las esquinas para no sufrir. Es imposible que te ame por siempre cuando tú pareces olvidar que yo sigo aquí. Di que me odias.

—No —su fuerza arrolladora se debilitaba; aquella reina se desmoronaba ante mis ojos. Las lágrimas cuelgan de sus negras pestañas, y mi dolor crece al verlas.

—Dilo... di que no sientes nada, que te casarás con él porque realmente lo amas y te hace feliz —vuelvo a gritar, ahogada por los sollozos—. ¡Maldita sea! ¿Qué te cuesta decir que esa manera en que reaccionas a mis besos es solo una fantasía de mi cabeza? Vamos, di que me odias. Tiene que ser fácil decirlo, así como te ha valido mierda que dijera que te amo —cierro los ojos, conteniendo el dolor de mis palabras— Si lo dices, te doy mi palabra de que de ahora en adelante seremos dos extrañas.

—Tú no sabes nada —grita, y es la primera vez que la veo tan encabronada— Crees que eres la única que sufre —se abraza a sí misma, conteniendo los estremecimientos que le provoca el llanto. La conozco tanto que sé lo difícil que es para ella mostrarse así. Su fragilidad y abatimiento me producen un efecto tan profundo, que es incontrolable resistir la reacción en cadena que tiene mi cuerpo por abrazarla y consolarla— Soy la maldita Reina Malvada, perseguí a tu madre durante años para matarla. Soy la bruja que te condenó a vivir lejos de tus padres.

—Esa no fuiste tú, fueron ellos —dije con voz ronca.

—Pero los empujé a hacerlo —se da un golpe en el pecho— Fue mi culpa que sufrieras tanto y no puedo perdonarme. Jamás lo haré —su llanto se intensifica, hunde los dedos en su cabellera negra, alborotando su perfecto peinado. El control sobre sí misma la ha abandonado— Eres la hija de los Encantadores, la princesa, la salvadora, y yo... yo solo soy el punto oscuro en la historia; la villana. ¿Crees que se me permitiría sentir? Pregúntales a los habitantes de Storybrooke y te dirán que es un sacrilegio —se mueve por la habitación mientras yo estoy petrificada, escuchando cada una de sus palabras. Sus ojos se encuentran con los míos y mi cuerpo tiembla al ver a la verdadera Regina, sin máscaras, sin armaduras, ni muros que la protejan.

—Gina... —susurro, alargando la mano hacia ella, pero me da un fuerte manotazo, apartándome.

—Aceptan mi relación con Robin porque así lo decidió un maldito hechizo, el irrompible amor verdadero. Son las reglas.

—Me valen una mierda sus estúpidas reglas —respondo, malhumorada.

—Tengo lo que merezco —su respuesta me desconcierta, y me quedo allí parada, contemplando su rostro enrojecido por el llanto. Sus labios apretados y la respiración entrecortada la hacen ver tan pequeña y frágil— ¿Quieres escuchar que te odio? Pues sí, lo hago —dice con rabia. Mis músculos se tensan y la saliva se seca en mi boca al escuchar su afirmación— Te odio como a nadie —lleva las manos temblorosas hasta sus labios, conteniendo un par de sollozos— Odio la forma en que apareces de repente, destrozándolo todo. Mis perfectos muros se fueron cayendo; intenté levantarlos tantas veces, pero no tardaste nada en volver a tirarlos. Tenerte cerca me hacía sentir tan pequeña, dominada, y me resultaba inaceptable.

—¿Quieres hacerme sentir culpable? —le reprocho, acercándome, furiosa. Ella me recibe con un fuerte empujón que me hace trastabillar.

—¿Culparte de qué? —pregunta entre dientes, con su voz ronca y dolida— De las lágrimas, la impotencia, la rabia; incluso de los celos que han formado parte de mis días junto a ti. ¿Crees que es fácil? ¿Que esta mierda que llevo encima ha sido para mí más placentera? Pues no, querida. Me toca aguantar y disfrazar el dolor, aceptando lo que me toca.

—¿Ahora me saldrás conformista? —pregunto, enfrentando su mirada asesina.

—Soy realista —grita, fuera de sí—. He desgastado las palabras diciéndome que no podía acostumbrarme a lo que estaba experimentando. Llena de tanto remordimiento porque gané la confianza de todos, y sentía que los traicionaba nuevamente. Juro que mi voluntad flaqueó muchas veces, no sé cómo lo logré, pero me recuperaba y volvía a fingir que no pasaba nada. ¿Qué más podía hacer? Tú estabas feliz con tu pirata. No podía permitirme escudriñar en mis emociones, ¿Para qué? ¿Para que tu madre y todo su séquito se vinieran contra mí? ¿Acaso creen que puedo aguantar más golpes en el corazón porque soy mala y me lo merezco? O quizás porque el pasado pesa más que mi arrepentimiento —me sonríe con una expresión de pena— No hay lugar en mi corazón para una herida más. No lo aguantaría —gime, y casi puedo palpar su dolor, apretándome el pecho. Veo cómo su espalda se recarga contra la puerta, deslizándose hasta quedar sentada en el suelo— Ni siquiera me permitía pensarte; la sola idea era abrumadora… Eres la madre de mi hijo; incluso te siento como mi amiga. Yo... yo no buscaba esto, no ha sido fácil. Te juro que estoy tan cansada de fingir. Sé que nunca podré alcanzar lo que esperan de mí —sus pupilas marrones me miran, empañadas por las lágrimas.

Lentamente me acerco, inclinándome lo justo para pasar uno de mis brazos por debajo de sus piernas y tomarla en vilo. No ofrece resistencia. Doy unos cuantos pasos hasta la cama, sentándome con Regina sobre mis piernas. Se acurruca contra mi pecho, ahogando un par de sollozos. Le acaricio la espalda, como si consolara a una niña pequeña.

—Podemos seguir fingiendo si es lo que deseas. Pídelo y me haré a un lado para que hagas feliz a los demás, o puedes decir lo contrario y te aseguro que ningún tatuaje ni hada te apartará de mi lado —le levanto la barbilla y la miro con todo el anhelo del alma, dejando salir todo lo que soy, poniendo en sus manos todo lo que tengo— Harás lo que debes. Pero, ¿Qué es lo que quieres?

—¿A quién queremos engañar? Sabes bien que es una historia imposible.

—No olvides que los retos son lo mío, Majestad —le sonrío, y ella imita mi gesto.

—Tengo miedo —susurra como una pequeña y frágil criatura. El llanto vuelve a llenar sus ojos. Cada minuto que pasa, los latidos de mi corazón se aceleran. Estoy a solo un paso de perder la razón. Repaso todos sus gestos, desde sus lágrimas hasta sus temblorosos labios, y entonces ella me mira, y siento que mis fuerzas me fallan— Miedo de intentarlo. No lo soportaría, Emma… Cuando todos se opongan a esto, por favor… cuando te des cuenta de que no soy buena para ti… ayúdame a odiarte… porque no soportaría perderte.

El hechizo de sus palabras va deshaciendo todos los nudos en mi corazón.

—¿Qué hago yo, Regina, con lo que siento y busca aferrarse a ti? —le aprieto la cintura, suplicándole en silencio que no se aleje—. ¿Qué hago yo cuando los demás viven su final y el mío se escapa como agua entre los dedos? ¿Quién les da el derecho de hacerte dudar? No lo acepto. Ya deja de pensar en ellos. ¿Qué es lo que quieres? Dímelo, porque está claro que a mí no me importa si fuiste la némesis de mis padres, la Evil Queen, o cuán manchadas lleves las manos de sangre. Te amo con tu pasado, con tus errores, porque todas esas cosas, malas y buenas, te convirtieron en Regina, la mujer por la que saltaría todas las veces que fueran necesarias a cualquier oscuridad.

Mis ojos se cierran en el momento en que su dedo índice delinea el contorno de mis labios. Respiro profundamente, esforzándome por mantenerme lejos de su boca.

—Ay, Emma —lleva una mano hasta mi cabellera blanca, recogida en una cola alta, haciendo que caiga suelta por mis hombros. Continúa acariciándome la cara, y yo me dejo hacer porque lo necesito— Eres preciosa.

—No vas a distraerme con tus halagos. Por favor, dame una respuesta —susurro bruscamente. Puedo sentir sus palpitaciones contra mi pecho. Me pasa la punta de los dedos por la comisura de los labios. Con la punta de mi lengua los rozo, y ella no se molesta en contener un delicioso y gutural sonido que me atraviesa como un relámpago entre las piernas—Dime, ¿Qué es lo que quieres tú?

Se aparta lentamente para quedarse de pie frente a mí.

—Te quiero a ti, a nadie más —sus palabras me llenan por dentro, y me siento como una prisionera a la que le otorgan la libertad, sin saber hacia dónde dirigirse— Pero…

No hay peros que valgan. Salto de mi lugar, tomándola por sorpresa. La levanto en vilo, retrocediendo unos pasos hasta que su trasero semidesnudo descansa sobre el tocador de madera. Antes de que me dé alguna excusa para detener la locura que estamos cometiendo, la beso de forma posesiva. El encuentro de nuestras lenguas provoca una detonación que nos hace gemir a ambas. Regina no parece estar dispuesta a esperar para tocarme; sus manos tiemblan sobre el cierre de la cremallera de mi chaqueta negra. Suelto un ronco gemido sobre sus labios en el momento en que sus manos tocan la piel desnuda de mi torso. No me da tregua. El aire crepita de pura hambre y necesidad. Tengo miedo de que esto sea un sueño, de despertar y volver a encontrarme en el mismo punto muerto, Regina y yo más separadas que nunca. Ahora soy yo quien rompe el beso.

—Te amo —hablo bajito, rozando la cicatriz de su labio con la punta de mis dedos.

No responde, solo siento el recorrido de sus manos por mi vientre. Contengo la respiración, reprimiendo un respingo cuando noto sus dedos desaparecer bajo mi sostén y ahuecar uno de mis senos. Su silencio me incomoda, al igual que la manera en que esconde los ojos para evitar mirarme. La rabia me da el valor que necesito para tocarla. Quiero que se estremezca con mis caricias, que las necesite como yo la necesito a ella.

Mis dedos serpentean por sus rodillas, subiendo lentamente por sus piernas, hasta sus muslos desnudos. Su falda se ha remangado hasta la cintura, y recorro su piel, reclamando cada centímetro. Es delicioso sentirla bajo mis manos. Cuando llego al borde de su tanga y la piel desnuda de su trasero me recibe, aprieto con fuerza. El gemido que emite desde su garganta retumba en mi bajo vientre.

—Emma… —comienza, pero la interrumpo.

—Por favor, no digas nada. Olvidemos a todos los que quieren arrancarte de mí. Déjame tocarte.

Lentamente, separa las piernas, dándome suficiente espacio para acomodarme entre ellas. Verla así, completamente expuesta para mí, me convierte en un saco ardiente de lujuria. No hay caricias lentas ni amorosas, solo una necesidad primitiva. Estoy encendida, y el leve contacto de nuestros ojos me confirma que ella siente lo mismo.

Mis manos vagan por la parte interna de sus muslos, rozando su ropa interior. Voy más allá y, con mi dedo índice, aparto la tela. Su suspiro de placer me embriaga. No sabía que un sonido tan inocente pudiera desatar mis más oscuros deseos. La pasión y la oscuridad dentro de mí se despiertan, llenas de gozo al palpar su sexo humedo, listo para ser tomado. No soy paciente ni delicada; mi cuerpo clama por ella, y esperar sería una tortura.

Sin preámbulos, la exploro, abriendo sus pliegues, deslizando mis ávidos dedos por su carne sensible. Le acaricio el clítoris, y su cuerpo entero se sacude, empujando sus caderas hacia mi toque. Paso dos dedos en su entrada, y gime de placer mientras presiono un poco más, empapándome en ella. Le devoro la boca, y la penetro sin prisa, dándome el tiempo para abarcar todo su coño mojado.

—Ábrete para mí.

Ella obedece, separando aún más las piernas. Con reverencia, mis dedos entran y salen, repitiendo el movimiento una y otra vez. Los sonidos que escapan de su garganta son guturales, sensuales y profundos. Podría estallar de placer solo con verla y escucharla.

—Necesito tocarte, ¡ya! —suelta contra mi boca, y su desesperación me excita aún más.

¡Oh sí, eso me gustaría mucho!

Sin pudor alguno, Regina posa sus dedos sobre la parte delantera de mis pantalones. El contacto es electrizante, y la dureza entre mis piernas se aprieta contra la palma de su mano.

—¡Santo cielo! —murmuro, avergonzada, mientras intento apartarme, pero sus piernas se cierran alrededor de mi culo, empujándome hacia ella. Voy a explotar como una adolescente si no se detiene.

—Tómame más fuerte mientras te toco—sus dedos temblorosos desabotonan mis pantalones. Siento el estómago cerrado, incapaz de alejarme, apenas asimilando el hecho de que mi dura y caliente carnes está atrapada por sus fríos dedos. Gimo, lento y bajo, intentando recuperar el control de mi respiración. El contraste de nuestras temperaturas me afloja las piernas y me provoca vértigo.

—Lo que pasa... es que...

—No te detengas —me advierte mientras sus caderas se mueven ansiosas—Háblame, pero no pares.

En otras circunstancias, me habría reído de su urgencia, pero estoy nerviosa. Solo acato su orden.

—Sabes que mi cuerpo es diferente y yo… —las palabras se me escapan cuando ella comienza una nueva tarea. Solo logro jadear, expulsando el aire de a poco —Es... nuevo... para mí.

Su mano comienza a frotar y, antes de que pueda reaccionar, mis pantalones han bajado más allá de mi culo.

—Shhh —muerde mi labio superior, tirando de él— Más, Swan, quiero más de ti.

Confieso que llevaba días imaginando esta escena, pero la realidad supera por completo mis fantasías. El corazón se me acelera a mil, y la rigidez que sube hasta mi ombligo palpita dentro de su puño, llena de puro deseo y necesidad. Sus ojos, más oscuros que nunca, están fijos en mí, devorándome. Gimo cuando su mano se amolda perfectamente, recorriéndo mi sexo de arriba a bajo.

—¡Cielos! —murmuro, sin fuerzas físicas. Ella me mira con las mejillas encendidas y los labios entreabiertos—Oh, Regina... —mi voz tiembla de emoción y vergüenza al ver cómo mi cuerpo reacciona a su toque— Es demasiado, no voy a soportar.

Sus talones en mi trasero me empujan hacia adelante, y mis caderas arremeten contra su puño que me tortura. Jadeo contra su cuello como una adolescente. Ella empieza a bombear, una y otra vez. La estimulación de sus pequeños y suaves dedos me sobrepasa; es una sensación desconocida que me resulta imposible contener.

Mis dedos la penetran con más vigor, en represalia por lo que me está provocando. En respuesta, hinca los dientes en mi hombro, y me estremezco, batallando con las intensas emociones que amenazan con liberarse.

—Swan —me agarra del cabello sin delicadeza, tirando de mi cabeza hacia atrás hasta que nuestros ojos se encuentran—. Mírame cuando te corras.

Todo mi cuerpo se tensa ante su voz, que impone fuerza y dominio. No puedo soportar más esta tortura, especialmente cuando sus dedos aceleran su ritmo sobre mi carne rígida y resbaladiza. Curvo el dedo que mantengo dentro de ella, tocando el punto exacto que la estremece. Se cierra en torno a mí como un puño caliente y húmedo, y no puedo evitar imaginar que es la ansiosa polla entre mis piernas lo que busca cobijo dentro de ella.

—Estoy a punto —gruñe.

Observo fascinada las expresiones de su rostro, sus vanos intentos por contener el gozo. Pero su sexo palpitante y empapado dice todo lo contrario. Gime, resopla y jadea mientras sigo arremetiendo contra su puño.

" Regina me está masturbando"

" Su coño envuelve mis dedos, y es una delicia", pero quiero más .

—Gina... —gimoteo con la voz entrecortada por el esfuerzo— ¡Oh, Dios!

—Sí, cariño, eso es —me anima.

Comienza a bombear más fuerte, y siento que me partiré entre sus dedos de puro placer.

—¿Te gusta tenerme así? —le pregunto, apretando sus nalgas mientras mis dedos continúan jugando dentro de ella.

—Sí... sí —escucho su respiración entrecortada.

—Entonces, dámela.

El sonido de nuestros cuerpos chocando es abrumador. Jadeo de placer, cerrando los ojos para aguantar un poco más, pero Regina me agarra con fuerza del cabello, exigiendo mi atención. Nuestros ojos se encuentran, y su boca entreabierta casi me suplica que no deje de mirarla.

—Siiii…—logra murmurar

Un par de embestidas más, y ella estalla con fuerza. Clava los dientes en mi hombro, donde sus acalorados gemidos se apaciguan. El orgasmo me sorprende segundos después; un latigazo ardiente y placentero me atraviesa la espalda. Ambas nos estremecemos con violencia, completamente rendidas.

Instantes después, siento cómo su cuerpo se va poniendo rígido. Aún con la respiración entrecortada, me separo lo suficiente para verla. La forma en que evita mirarme en un momento como este me parte el corazón. La felicidad no podía durar para siempre. La mía duró solo lo que tardamos en devorarnos.

Hace unos minutos la tenía completamente entregada entre mis brazos, y ahora todo ha terminado. La rigidez de su cuerpo me grita que me aleje. ¿Qué fue lo que pasó? Me retiro unos pasos, dándole espacio, mientras busco sus ojos, pero Regina evita mi mirada, como si no quisiera recordar que estoy aquí. La veo en silencio mientras se baja de la mesa. Luce avergonzada y molesta, nunca ha sido buena para disimular su arrepentimiento. Sé que no era su intención perder el control de esa manera, y me duele.

Me gustaría decirle que me deje recostar en su pecho y olvidar la agonía que se instala en el mío. Pasan un par de minutos en los que se nos hace tan difícil mirarnos. Tal vez, si yo fuera un poco más valiente o quizás masoquista, le seguiría suplicando que se quede. Fui estúpida al pensar que me elegiría, que sería la persona correcta para amarla. " Qué ilusa fui".

—Lo siento... yo... —susurra, mirando intensamente hacia la pared como si buscara un hueco por donde desaparecer.

Quizás, rogando, conseguiría algo más que puras migajas. Pero estoy cansada y triste porque lo que doy nunca es suficiente. Los numerosos "te amo" quedaron sin ser correspondidos; ni siquiera mi cuerpo derramándose en su mano la mantuvo a mi lado, solo fue una entrega vacía. Hoy deberíamos sentirnos más cerca la una de la otra, pero la distancia entre nosotras es peor que otros días.

—Descuida, no tienes que quedarte —logro articular.

Estoy intentando no romperme mientras doy la vuelta, escondiéndome de su partida. ¿Cuándo seré capaz de ver que es tan natural para Regina despedazarme el alma?

Continuará…


Eso fue... mucho, ¿verdad? Sé que me odian por ser tan dramática, pero a mi me encanta. Las cosas entre ellas nunca volverán a ser las mismas. ¿Qué crees que sucederá ahora? ¡No te vayas sin dejar tu comentario! Me encantaría saber cómo te impactó este capítulo.

Pueden encontrarme en Instagram. _~

Imágenes y música creadas especialmente para el Fic

Hevy_lara