¡Hola a todos! Primero, quiero pedir disculpas por la espera con las actualizaciones. Sé que ha sido un poco más largo de lo usual, pero prometo que valdrá la pena. Como agradecimiento por su paciencia, he preparado una maratón de capítulos cargados de emociones, acción y romance. ¡No puedo esperar a que los lean y me cuenten qué les parecen!
Capítulo 11
Pov Regina
Terrores y miedos tengo puñados.
Miro hacia donde Emma permanece de espaldas, acomodando su camisa. La cobardía me impulsa a querer escapar. Desvío la mirada de su cuerpo, tratando de mantenerme fuerte, pero por dentro, mi corazón late a medias. "¡No hagas esto!" –una vocecilla en mi cabeza intenta tomar el control, "Di que no te vas. Te lo advierto, la lastimarás". De inmediato, la mando a callar.
Es inaceptable reconocer que quiero quedarme.
Estoy escapando. Cobarde. No hay duda de que huyo, llevándome el alma más acongojada y rota que nunca. El sentimiento por Emma vence todas mis reglas y aceptarlo es imposible. "Esto es un error", mis propias palabras llenan mi mente y corazón, tapando cualquier sentimiento que me haga dar marcha atrás. "Quédate", pero no lo hago. Me cuesta demasiado esfuerzo escurrirme del cuarto y fingir que puedo ignorarla.
Otra mentira. Soy una cobarde.
Me río de mi pena, en silencio y me recompongo, varada bajo las sombras de su recuerdo. La tuve entre mis manos y la estoy soltando, inventando excusas para alejarme. ¿Qué sé yo de la alegría? Tampoco sé si la merezco. Lo que sí tengo claro es que nadie puede imaginar el miedo que se siente al estar cara a cara con lo que has soñado durante años. Es como un fantasma que aterra. Correr es inevitable. Y lo hago, huyendo hasta la biblioteca, buscando refugio entre mis libros para olvidar mi pecado.
"Me equivoqué, me equivoqué", llevo toda la tarde gritándomelo. Mi imprudencia pesa toneladas sobre mis hombros. Mis dominios se tambalean y aquí, en la cumbre donde siempre me sentí segura, me alcanza la inevitable realidad. Todo mi cuerpo crepita por Emma. Una gran parte de mí ya no es la misma. El corazón me late erráticamente, y la razón se pasea por las calles de incertidumbre que han ido cerrando todas las salidas. La ausencia de Emma me está matando y para colmo, no quiero lastimarla. Sin embargo, lo hago.
Estoy perdida, como un barco de papel luchando contra una tormenta de la que no hay escapatoria.
No me rindo. No me doy por vencida. Busco desesperada la salida, una señal que me saque del laberinto que levanté tan alto y fuerte contra ella, creyendo que así podría detenerla. Mentira. Mis muros han sido moldeados entre sus manos como arcilla, dejándolos como suaves paredes que traspasa cada vez que le apetece.
"La odio", ¿es eso cierto? Es una mentira desconcertante. La verdad es que llevo una batalla interna que desentraña infinitas emociones. "Acepta ya tu más oscuro secreto", mi propia voz resuena en mi cabeza, resultando absurda y ofensiva. "Tú la am… ¡No, no!", al instante arrojo piedras a los pensamientos que habitan en mi mente.
Esquivo mis pupilas del reflejo en el polvoriento espejo que permanece en un rincón. No es oportuno buscar refugio en mis ojos; es mejor no hacerlo, porque ellos me muestran la parte de mí que quiero ignorar. Oscilo entre el diálogo del corazón y la razón, esforzándome por ser indiferente. Hago todo lo que puedo para que las conversaciones internas no me afecten. Estoy quieta en un remolino de altibajos. No sé hasta cuándo podré soportarlo. Es difícil hacerlo cuando Emma se cuela sin permiso, para tocarme por dentro y sacudirme el alma. Tal vez no sirva de nada luchar.
Cierro los ojos y trago saliva.
Durante unos largos minutos, mis pensamientos permanecen en silencio. Aliso mi falda como si, al borrar sus arrugas, también pudiera corregir lo sucedido. Me quedo pasmada, averiguando dónde se ha ido a pasear mi control. "Dios, ¿Qué hice?"
Tan solo ayer tenía muy claro mi camino, y hoy, en este instante, mi paisaje está lleno de bruma. La incertidumbre se enreda conmigo en una maraña de dolor y nostalgia. Gasto todas las frases posibles para excusar mi locura. Vuelvo a levantar mis enormes murallas, dejando un pequeño rincón para hacerme un ovillo y refugiarme. Pero mi corazón insiste, con su incordio, palpitando su nombre y yo me repliego como un animal atemorizado.
Dejo caer la cabeza sobre las hojas amarillentas, conteniendo las ganas de llorar.
La luz del sol ha desaparecido, sumiendo la biblioteca en una penumbra. Las sombras parecen alargarse, como si quisieran alcanzarme, mientras mi mente se pierde en pensamientos oscuros sobre lo que está por venir.
Vuelvo mi atención a los libros. El sonido de las páginas al pasar llena la biblioteca vacía. Mis dedos se mueven mecánicamente, buscando respuestas en viejos textos de magia que he revisado cientos de veces, pero mi mente está lejos de aquí. Todo se siente como un ciclo interminable. El poder, la redención, el miedo de perderlo todo otra vez. No es la primera vez que estoy aquí, en la oscuridad, intentando encontrar una salida.
Levanto la mirada cuando una presencia mágica invade el espacio. No hay advertencia, solo un cambio en el aire que hace que mi piel se erice. Mis dedos se cierran sobre el borde de la mesa con fuerza. Algo me dice que no estoy sola.
—¡Majestad!
La voz resuena en el silencio, profunda y tranquila. Me giro rápidamente, mi corazón saltando en el pecho. Allí, entre las sombras, está Merlín. Su presencia es imponente, pero no hay amenaza en su mirada. Eso no me tranquiliza. Él no debería estar aquí.
—¿Cómo entraste? –mascullo entre dientes, intentando recuperar la compostura.
Merlín se limita a observarme con esa calma inquietante que tanto me enfurece.
—Solo esperaba que estuvieras dispuesta a hablar, aunque quizás no elegí el mejor momento –dice con una tranquilidad que me enerva aún más.
Elevo mis manos, mi instinto de defensa activado. No me fío de su repentina aparición.
—Nos cazabas. Querías matarnos junto a tu rey frustrado – las puntas de mis dedos arden por el deseo de poder prenderle fuego– ¿Qué te hace pensar que estaré dispuesta a escuchar tus mentiras ahora?
Él sacude la cabeza, su expresión imperturbable.
—No estoy aquí para hacerte daño –dice, sus palabras suaves– Vine a ofrecerte la verdad... y la oportunidad de salvar a Emma y a todos los que amas.
Levanta una mano, en un gesto de paz y un destello de magia ilumina el aire. Sobre la mesa, junto a mis libros, aparece una funda larga y negra. Mi estómago se hunde al sentir la energía oscura que emana de ella. La reconocería en cualquier lugar. Este tipo de magia es inconfundible, como un frío que te cala hasta los huesos.
Mis ojos se posan en la funda, pero mis pensamientos están con Emma. Él sabe. De alguna manera, sabe que estoy buscando desesperadamente una manera de salvarla. Mis dedos, aunque temblorosos, se mueven hacia la funda. No sé por qué, pero necesito verlo con mis propios ojos. La tela suave se desliza hacia abajo, revelando una hoja reluciente y antigua.
Es una espada… pero no cualquier espada. Mi respiración se detiene al reconocerla.
—La espada maldita...—susurro, mis palabras apenas audibles. Recuerdos de historias de mi infancia me inundan. Cuentos que mi madre me contaba para asustarme. Historias sobre un arma maldita que traía muerte a quien la portaba, que devoraba almas sin piedad. De niña, esas leyendas me mantenían despierta por las noches. Ahora, frente a mí, esas leyendas toman forma.
—No es solo una leyenda —murmura Merlín, como si leyera mis pensamientos—Es Excalibur. Y lo que quizás no sabes es que está incompleta. La hoja quebrada… ahí es donde debe encajar la daga.
Excalibur. El nombre resuena en mi mente como una sentencia. Mi respiración se acelera mientras observo la fractura en la hoja.
—La daga del Oscuro... ¿Qué tiene que ver con esto? ¿Cuál es la verdadera historia que estás ocultándome? Si no me dices la verdad, será mejor que desaparezcas de esta habitación y no vuelvas.
Él me mira con una mezcla de tristeza y sabiduría, como si las respuestas que lleva dentro fueran demasiado pesadas para compartir.
—Hace mucho tiempo, en una civilización muy antigua, existía un pueblo que comprendía la magia en su forma más pura. En ese tiempo, la luz y la oscuridad coexistían en equilibrio. Fue entonces que Excalibur fue forjada, no como un arma, sino como un símbolo de ese equilibrio
Frunzo el ceño, intentando visualizar lo que Merlín describe. Magia pura, un tiempo en el que luz y oscuridad no eran enemigas, sino partes de un todo.
—¿Y qué pasó con ellos? ¿Por qué la espada terminó en manos equivocadas? —pregunto, sintiendo un nudo de preocupación formarse en mi estómago.
Merlín suspira, la nostalgia tiñendo su voz.
—El secreto de Excalibur se filtró más allá de ese pueblo y los reyes de otras tierras codiciaron su poder. La guerra se desató. El pueblo que solo deseaba la paz fue masacrado. Lo más trágico es que, incluso mientras morían, decidieron no usar la espada para defenderse. Sabían que su poder no estaba destinado a manos humanas y su profanación a la magia más pura les traería un gran costo. Tanto poder corrompería el alma de quien la empuñara sin estar preparado.
Un escalofrío recorre mi espalda al escuchar sus palabras.
—¿Sabían lo que iba a suceder?
—La humanidad eligió su propio castigo. Antes de morir, los creadores de la espada le dieron la inmortalidad a un joven, para que fuera su vigilante. Alguien que se aseguraría de que Excalibur nunca cayera en manos equivocadas.
Una pieza del rompecabezas comienza a encajar en mi mente, pero aún quedan demasiadas preguntas. Fijo mi mirada en Merlín.
—¿Tú eras ese joven?
Merlín sonríe con tristeza, sin confirmar ni negar. Luego continúa.
—Pero incluso con un vigilante, la espada se convirtió en una maldición. Cada portador que la empuñaba terminaba corrompido por su poder. Fue en un momento crítico, cuando vi que ninguna persona podría soportar semejante poder, que decidí partirla. Separar la luz de la oscuridad.
—Y la daga... es la parte que contiene la oscuridad —digo, sintiendo un peso en el pecho.
—Exacto. Al separarlas, la oscuridad no desapareció; quedó vinculada a la daga, y quien la posea tiene el poder sobre el Oscuro. Esa fue la única manera de evitar que una sola persona pudiera manejar todo el poder de Excalibur.
Reflexiono sobre lo que Merlín acaba de decirme. Entonces, levanto la cabeza con una expresión decidida.
—Si es tan peligrosa, ¿por qué quieres unirla de nuevo? ¿Por qué arriesgarnos a desatar todo ese poder?
Merlín me mira con gravedad.
—Porque algo peor se aproxima. Killian es solo una marioneta. Hay fuerzas que desean la completa oscuridad, no solo en el Bosque Encantado, sino en todos los mundos. Hay enemigos muy poderosos tras la espada y unirla es la única manera de enfrentarse a ese mal, aunque el riesgo sea alto.
—¿Qué es lo que quieres de mí, Merlín? —mi voz es apenas un hilo de sonido, lleno de temor e incredulidad.
—Quiero que entiendas que Excalibur no es solo una herramienta de destrucción. Durante milenios, ha sido utilizada para contener el poder de la oscuridad, para evitar que el mal consuma todo a su paso. Pero su poder no discrimina. Si no se usa con equilibrio, devora todo lo que toca.
Mis pensamientos vuelven a esos textos antiguos que encontré en los días de mi juventud. Textos que advertían del poder oscuro de una daga capaz de controlar la oscuridad, pero también de una espada que podía desatarla. La espada y la daga... todo se conecta. Todo lo que he leído sobre estas armas está teñido de destrucción y muerte. Y yo he visto de primera mano lo que la magia puede hacer cuando se descontrola.
Un recuerdo me golpea como un puñetazo en el estómago. Mi tiempo como la Reina Malvada, un pueblo entero arrasado por un hechizo que salió mal. Quería venganza, pero lo único que conseguí fue devastación. El sonido de los gritos aún me persigue en mis sueños, las llamas consumiendo todo a su paso mientras observaba impotente. No era la magia lo que fallaba, era yo. Y ahora, esa misma impotencia se cierne sobre mí una vez más.
—No puedo confiar en esto —digo, apretando los dientes— He visto lo que la magia sin un equilibrio puede hacer. La he sentido. No puedes pedirme que confíe en un poder que podría destruirnos a todos. No... No lo haré —mi voz se alza, tratando de apartar las ideas que empiezan a tomar forma en mi mente. Merlín quiere que Emma empuñe la espada, pero sé lo que eso significa. Significa perderla.
El mago no retrocede ante mi negativa.
—Es la única solución. La única manera de destruir la oscuridad por completo. Pero necesitamos a Emma.
—Jamás —no tengo porque confiar en un extraño y en ninguna de sus palabras cuando me plantea un suicidio. Incluso pensarlo me oprime los intestinos —Solo quiero la forma de volver a casa sin poner a más personas en peligro.
—Puedo enviarlos a Storybook ahora mismo si es lo que usted desea ¿Y que pasara con Killian? Su venganza lo alimentará para buscar la manera de ir tras ustedes, será un problema mayor,
—No hables más —mi tono es cortante. No puedo soportar pensar en lo que me está pidiendo. Sacrificar a Emma por una espada maldita— ¿Cómo puedes siquiera sugerir algo así?
Merlín sigue observándome, sus ojos reflejando una comprensión que me hace sentir vulnerable.
—Regina, entiendo tu miedo. La espada tiene un poder terrible, lo sé. Pero también sé que tú y Emma juntas pueden controlarlo. Son las únicas que pueden hacerlo.
—¿Y crees que Emma está en equilibrio? ¡Todos estamos en riesgo, Merlín! ¡Tú no entiendes lo que está en juego aquí!
—Regina, lo entiendo mejor de lo que crees. He visto cómo tus decisiones han moldeado la magia a tu alrededor, cómo tus emociones han influido en cada hechizo que has lanzado.
Me mira con esa calma que es tan frustrante como desconcertante. Como si entendiera exactamente lo que estoy pensando. Y eso me molesta. Me molesta que parezca saber tanto sobre mí, sobre mis miedos.
—He seguido tu viaje desde el principio. He visto tus luchas, tus triunfos y tus fracasos. Sé que llevas mucho tiempo lamentándote, curando heridas que solo sanan en la superficie, mientras por dentro continúan sangrando.
Sus palabras se clavan. Siento la ira burbujeando en mi interior. ¿Quién es él para decirme esto? No sabe nada sobre mí. No sabe lo que he pasado.
—¿Y qué? ¿Vienes aquí a sermonearme sobre cómo debería sanar? ¡No sabes lo que es llevar este peso! —la rabia tiñe mis palabras, pero debajo de esa rabia hay algo más. Miedo. Miedo de que tenga razón.
Se acerca, su expresión llena de comprensión y eso solo alimenta más mi ira.
—Te has autoimpuesto una sentencia de soledad y castigo, Regina. Has construido muros a tu alrededor, convencida de que mereces estar sola, alejada de lo que realmente deseas. Pero eso no es más que una mentira que te has dicho a ti misma para justificar tus errores.
Mis labios se aprietan en una fina línea, mi mente corriendo en círculos. Todo lo que dice… todo lo que me acusa de sentir… es cierto. Y odio que lo sepa.
—Eres una mujer que necesita ser amada, Regina. Y ese miedo que sientes, ese temor a perder a Emma, es completamente razonable. Pero no puedes permitir que te consuma. Has pasado tanto tiempo lamentando tus decisiones. Y he visto cómo el amor que has encontrado en Emma ha comenzado a sanar las heridas que la oscuridad dejó en tu alma.
—Pero cómo... —me quedo en silencio. El conocimiento que el mago parece tener de mí, me desarma. ¿Cómo es posible que él sepa tanto, incluso sobre lo que yo misma me niego a reconocer?
Merlín sonríe, una sonrisa triste y llena de sabiduría.
—Porque puedo sentirlo, Regina. Puedo ver las conexiones emocionales, los lazos invisibles que atan los corazones de las personas. Tu amor por Emma brilla más fuerte que cualquier magia que hayas lanzado. Es lo que te da fuerza, lo que te mantiene en pie.
No sé qué decir. No sé cómo procesar todo lo que está ocurriendo. Lo único que sé es que tengo que salvar a Emma, pero el miedo de fallar me paraliza. ¿Y si no somos lo suficientemente fuertes? ¿Y si, en lugar de salvarla, la pierdo para siempre?
Merlín coloca una mano suave sobre la mía, sin presión, solo un gesto de apoyo.
—Este amor que sientes por Emma, esa conexión entre luz y oscuridad, es lo único que puede salvarlos. Excalibur no es solo una espada. En las manos correctas, es la única forma de derrotar la oscuridad sin destruirlo todo. Pero necesita ser manejada con equilibrio... y tú y Emma juntas son la clave.
El peso de sus palabras me aplasta. El miedo me consume. ¿Qué pasará si Emma no puede controlar el poder de la espada? ¿Y si, en lugar de salvar a todos, los destruye?
—¿Y si no somos lo suficientemente fuertes? —mi voz es baja, llena de duda— ¿Y si fallamos, Merlín? No puedo perderla… No después de todo lo que hemos pasado.
—No puedes huir del destino, Regina. Pero juntos, podemos hacer que este final valga la pena. No estás sola en esto. Emma no está sola. Si eligen luchar, pueden triunfar. Pero tienen que estar dispuestas a confiar en mí y en lo que está preparado para ustedes.
—¿Entonces al unir la daga y la espada...? —dejo la pregunta colgada en el aire, esperando que él complete el pensamiento.
Merlín asiente lentamente, su expresión ahora más sombría.
—Al unirlas, se restauraría el poder original de Excalibur, pero también se desataría la oscuridad que fue contenida en la daga durante siglos. La espada completa sería un arma de poder absoluto, capaz de destruir o salvar... pero solo si quien la empuña tiene el control total de sí mismo. De lo contrario, la oscuridad tomaría el mando, y lo que Emma teme podría volverse realidad.
Siento un nudo formarse en mi estómago. El riesgo de unir la espada y la daga es mucho mayor de lo que imaginé. Y lo peor es que Merlín sabe más de lo que está dispuesto a decirme.
—¿Qué estás ocultando, Merlín? —lo desafío, incapaz de contenerme— No necesitamos la espada para detener solo a Killian ¿Verdad?... pero ¿qué más? ¿Qué es lo que estás viendo y no nos dices?
Merlín me observa en silencio durante un largo momento. Luego, se levanta de su silla y se acerca a una de las estanterías de libros antiguos, pasando los dedos por los lomos de los volúmenes como si buscara las palabras correctas.
—Si te contara todos los detalles, podrías intentar cambiar lo que está por suceder y eso podría alterar el curso de la historia de una manera que no podemos prever. Lo único que puedo decirte es que lo que enfrentan es mucho más grande que la batalla contra la oscuridad. Su triunfo... —hace una pausa, su voz se suaviza— Su triunfo les traerá sufrimiento, pero será la única manera de detener algo mucho peor.
—¿Qué es "algo peor"? —le pregunto, mi voz apenas un susurro.
Se gira lentamente hacia mí, sus ojos brillando con una sabiduría profunda, y su respuesta es tan simple como devastadora.
—El fin de todo.
Aturdida por las sus palabras me encamino de vuelta a la sala principal con el siguiéndome los pasos.
He visto morir a tanta gente. Por supuesto que sí, la mayoría de las veces fui la culpable de que perecieran. Un atisbo de culpabilidad se desliza bajo mi piel, mientras llego a la estancia y miró a las personas sentadas a la mesa. Snow en compañía de Rubi va y viene de la cocina.
Pienso en todas las veces que hemos peleado, hombro a hombro contra poderosos enemigos y salimos triunfantes. Sin embargo, el temor que siento es real. "Podemos morir." No toleraré más muertes. No, cuando estas personas son tan importantes para Emma.
—Te unes a nosotros Regina— Snow me mira y rápidamente su reacción es correr para apartarme del mago. Su preocupación llama la atención de los demás y el movimiento en el comedor se detiene. Todos quedan congelados al ver al nuevo visitante —¿Estás bien?
Hurga en mis ropas, supongo que buscando alguna señal de pelea.
—Tranquilos estoy bien— un atisbo de culpa se desliza bajo mi piel, al toparme con los ojos de Snow.
— ¿Estás bien, segura? Dios Regina me ha dado un susto de muerte— no aguanto su tono de preocupación. Me sentía mejor cuando nos odiábamos.
— ¿Dónde está Emma?— la voz masculina me eriza los vellos de la nuca —¿Y que hace él aquí?—me giro hacia el lugar de donde ha venido la voz, los ojos de David se topan con los míos y el estómago se me aprieta —responde bruja—añade con mayor severidad.
—¡David!— interviene Blanca en con voz alta— No empieces
—Hazme un favor encantador y no me dirijas la palabra, tampoco me recuerdes que existes porque no respondo de mi— Blanca me mira con esos ojos suplicantes y yo solo resoplo.
—¿Dónde está Emma?—tira de mí para que aparte los ojos de su príncipe.
—Querida ella está bien— tocó sutilmente su antebrazo para calmarla pero su estado alterado no cambia.
— Dime que la presencia del mago no es algo peligroso que involucre a mi hija— pregunta bajito.
La calidez que desprende los ojos de mi ex enemiga es una especie de abrazo que me conforta. Entonces me doy cuenta que también formó parte de este grupo. Por supuesto que no me terminaba de agradar la idea. Sentirme preocupada por otras personas a parte de Henry tiene que ver con Emma. Haría lo que fuera para que nunca más sufriera. Para que las personas que ama estén a salvo. Suena como una maldición, que años atrás me hubiera resultado intolerable y repugnante. Pero hoy, soy capaz de sufrirla con dignidad por ella. "Que hipócrita eres" ahí está de vuelta esa vocecilla "La lastimas"
—Lo siento querida, pero, sí— respondo con brusquedad.
—Buscamos la forma de enviarlos a casa sin que nadie salga lastimado— informa Merlín con calma.
—Me gustaría escuchar sobre eso— la voz aterriza como una caricia violenta en mi vientre desestabilizando todos mis sentidos.
Cierro los ojos al escuchar sus fuertes pasos a mi espalda. Mi cuerpo comienza a temblar repentinamente. Confieso que nunca había estado tan ansiosa por verla, sin embargo Emma pasa a mi lado sin mirarme y me resulta insoportablemente doloroso, tanto que me hace arder los ojos." Me lo busqué, su indiferencia me la merezco". Me viene a la mente el recuerdo punzante de su sonrisa brillante mientras me decía que me amaba "¿Cuándo voy a parar de lastimarla?"
Está justo delante de mí, podría estirarme y tocar la suave y cálida piel de su nuca. Me concentro tanto en eso que casi puedo sentir su calor entre mis dedos.
Mis sueños se desvanecen al ver a Merlín dar un paso adelante. Con tranquilidad extiende la espada hacia Emma y ella inclina la cabeza presa de la curiosidad. Es devastador el miedo que siento; como las fauces de un monstruo que me desgarra desde adentro. Miro a los demás quienes igualmente han quedado paralizados.
—¿Qué estás haciendo ¿Cómo te atreves?
Enganchó el brazo en la cintura de Emma para alejarla pero ella salta y se aleja con mi contacto. Busco sus ojos dolida luchando con la sensación de su rechazo.
—¿Sabe lo que es?— le pregunta directamente a ella como si yo no existiera.
—Regina que está pasando— pide Snow asustada.
Mi odio hacia Merlín quema. Justo cuando estoy por intervenir, Emma responde con tranquilidad.
—Podemos hablar usted y yo a solas.
—¡Emma… no!— tanto Snow como yo nos oponemos a esa petición.
Mis ojos son como astillas de hielo que quieren atravesar la carne del mago, avanzo unos pazos y el brazo de Emma se extiende como una barrera que me impide pasar.
—Quieta ahí— me quedo estupefacta por la forma tan altanera con la que me habla y tiemblo sabiendo que merezco cada uno de sus tonos duros y fríos.
—Me niego a que lo hagas— le digo apretando la mandíbula.
Baja la cabeza y es la primera vez que me mira desde que llego. Sus ojos están afilados y mi propia respiración se me atora.
—Todavía crees que tienes algún derecho de decirme que hacer— su comentario me hace encogerme por dentro. Se inclina hacia adelante mirando a través de su furia contenida—somos dos extrañas no lo olvides.
Continuará…
¡Wow! ¿Qué les pareció la aparición de Merlín? ¿Creen que se puede confiar en él? Y Emma… trató a Regina como una extraña. ¿Cómo creen que se resolverá este conflicto? ¡Sus comentarios siempre enriquecen la historia!
