¡Bienvenidos Aventureros a otro capítulo lleno de drama! Si creen que las cosas se calmarán, están muy lejos de la realidad. Las protagonistas siguen enfrentándose a sus peores miedos y deseos, y cada vez la tensión aumenta. ¡Pónganse cómodos, porque esto no para!
Capítulo 17
Pov. Regina
Cada hora que pasa, la frustración dentro de mí crece como una tormenta que quiere arrasar con todo. Emma se ha vuelto una sombra distante, inalcanzable y cada vez que intento acercarme, me encuentro con un muro de frialdad. No es algo físico, sino más bien emocional, un abismo que ella ha erigido entre nosotras y no importa cuánto lo intente, no puedo cruzarlo.
La idiota ni siquiera apareció a dormir. Siempre es la excusa de cuidar la barrera. De vigilar. Casi no hemos cruzado palabras. Y ahora en la reunión. La tensión en el aire es palpable. Todos estamos en el gran salón, alrededor de una mesa llena de mapas, pergaminos y objetos mágicos. Merlín está al frente, su semblante serio mientras explica la gravedad de la situación.
—Nimue probablemente adelantará sus planes. Sin el libro, sus recuerdos se desvanecerán, pero no debemos subestimarla. Tiene a Killian y su oscuridad es un arma poderosa. Debemos prepararnos para lo peor.
Mientras él habla, mis ojos se deslizan hacia Emma, quien está sentada al final de la mesa. Noto cómo parece ausente, su mirada fija en sus manos apretadas en puños. La mención de la batalla, hace que se retraiga más y más. No puedo evitar preguntarme si arriesgarlo todo es nuestra única salvación. Porque sin ella, sin su magia, nuestras posibilidades de victoria disminuyen drásticamente. La necesito a mi lado, no solo como la Salvadora, sino como Emma, la mujer que amo.
Ruby rompe mis pensamientos, su voz llena de preocupación —¿Qué pasa si el enemigo logra atravesar la barrera? No podemos esperar a que estén dentro para actuar.
Snow asiente, apoyando las palabras de Ruby —Necesitamos un plan de defensa más sólido. Si Nimue está tan desesperada por atacar, no sabemos cuántos vendrán con ella.
Intervengo, mi tono calmado, aunque realmente no lo estoy— Podemos reforzar los puntos débiles de la barrera con magia combinada, tal vez una mezcla de la magia de Emma y la mía— busco su mirada pero ella clava los ojos en sus manos. También deberíamos crear un perímetro adicional fuera de la barrera, algo que los ralentice si intentan forzar su entrada.
Merlín respira hondo —Si nos enfrentamos a Killian, no podemos dejar que se acerque a Emma. Los dos tienen un vínculo y Nimue podría intentar usarlo en su contra.
Emma, que hasta ese momento había permanecido en silencio, de repente se levanta. El corazón me salta en el pecho al ver su rostro lleno de dolor. Se que piensa que no lo noto, pero está destrozada y me siento igual al no poder hacer nada para ayudarla. Todos en la sala la miran, esperando que hable, que contribuya con el plan. Pero en lugar de eso, sin decir una palabra, se da la vuelta y sale de la sala, dejando a todos sorprendidos y preocupados.
Quiero ir tras ella, con la esperanza de que esta vez sería diferente, de que finalmente hablaremos. Pero, sé que no será así. Nuevamente, me encontraré con su silencio y su mirada evasiva. No puedo evitar sentirme impotente.
¿Cómo podemos enfrentarnos a Nimue y a Killian si Emma no está completamente con nosotros? ¿Cómo puedo protegerla si ni siquiera puedo alcanzarla?
Me quedo mirando la puerta por donde salió, preguntándome si seré capaz de llegar a ella antes de que sea demasiado tarde. ¿O nos romperemos antes de que siquiera tengamos la oportunidad de enfrentarnos a nuestros enemigos?
Ruby rompe el silencio incómodo que ha caído sobre la sala, su voz llena de preocupación —Entonces, ¿Cuál es el plan? No podemos sólo esperar a que nos ataquen.
Finalmente me obligo a concentrarme en la estrategia —Dividiremos nuestras fuerzas. Snow y David, Ruby, Mulán y Mérida, ustedes se encargarán de la defensa de la barrera en dos grupos. Merlín y yo nos encargaremos de Nimue y Killian. No podemos permitir que lleguen a Emma, no sin todavía estar seguros de cómo reaccionará.
—¿Hay algo más que podamos hacer para fortalecer a Emma? Tengo miedo de que todo esto le esté haciendo mucho daño. Necesito que me aseguren que estará bien, que todo lo que hacen para que sea poderosa no la pone en un riesgo mortal —la voz de Snow está llena de preocupación maternal.
Merlín suspira, su mirada se ensombrece al pensar en la complejidad de la situación —Emma ya posee un poder inmenso, pero su problema no es la falta de él, sino el equilibrio. La oscuridad dentro de ella sigue creciendo y si no logra controlarla, podría ser tan peligrosa como Nimue, si no más.
—Entonces, ¿Cómo la ayudamos? Regina, ¿Cómo pueden ayudar a mi hija a encontrar ese equilibrio si parece que está huyendo?
La miro con dolor —Emma necesita comprender que la oscuridad no es algo que se pueda ignorar o reprimir. Debe integrarla, aceptarla como parte de sí misma sin dejar que la consuma. Es un proceso difícil. Solo puedo guiarla. Pero no puedo obligarla a hacerlo —aprieto los labios, frustrada.
—Pero no tenemos tiempo, Regina. Si Emma no está lista cuando Nimue ataque, podrían perderlo todo —dice el mago con la voz cargada de preocupación.
La habitación se sumerge en un silencio pesado, todos conscientes de la gravedad de la situación. Intento reconducir la conversación para que no nos centremos en Emma —Tenemos que concentrarnos en lo que podemos controlar. La defensa de la barrera y la estrategia de ataque deben ser nuestra prioridad. Merlín y yo nos encargaremos de utilizar nuestro poder para fortalecer la barrera.
La reunión continúa, pero apenas la escucho. Mi mente sigue regresando a Emma, a la manera en que la rubia me evita, a la forma en que la oscuridad parece estar arrastrándola a un lugar del que no puedo sacarla. La sensación de impotencia crece dentro de mí y la frustración se convierte en una sombra que amenaza con consumirme también.
Finalmente, la reunión llega a su fin. Me quedo quieta, mirando el libro que contiene todos los secretos de Excalibur mientras los demás se dispersan para cumplir con sus tareas. Snow se acerca, poniendo una mano suave en mi brazo para llamar mi atención.
—Ella te necesita, Regina. Aunque no lo demuestre, Emma te necesita más que nunca.
Asiento lentamente sin mirarla, sintiéndome culpable por no mantener a su pequeña princesa a salvo. Emma está pasando por toda esta lucha por mi culpa, porque siempre quiere salvarme.
—Lo siento, Snow.
—Estás siendo muy blanda con ella —susurra solemne— La estás dejando huir, pero siento que realmente ella necesita a la Regina de antes, no a la que está llena de culpa porque la salvó —su revelación me sorprende y por un momento, me deja en silencio.
—¿Quieres que vuelva a ser mala con ella? —respiro hondo.
—Creo que deberías ponerla en su lugar, hacerla recapacitar. Gritarle un poco. Ser suave con Emma no funciona. Es una cabeza dura, pero la necesitamos.
Snow aprieta suavemente mi brazo antes de marcharse, dejándome sola pensando en sus últimas palabras. Decido que no puedo quedarme de brazos cruzados. Quizás Blanca tiene razón y estoy siendo demasiado blanda. No importa cuán fuerte sea la barrera, no importa cuán bien preparados estemos, nada de eso servirá si Emma no está bien.
Pov. Emma
Escapo de la reunión. Me niego a escuchar sus planes que pondrán en riesgo sus vidas. Nimue no tiene límites para su maldad y pensar que alguno de ellos puede no volver a casa me causa un profundo dolor.
El aire fresco de la tarde me golpea en el rostro, pero no me alivia. No hay alivio en ningún lugar, ni siquiera en mí misma. Camino hasta los límites de la barrera, donde la densa neblina comienza a formarse. Mis ojos se pierden en el horizonte, los árboles se mezclan y crean sombras indistinguibles, como si el bosque me estuviera retando.
La oscuridad dentro de mí se sacude. Siento sus susurros, como serpientes enredándose en mi mente, suaves al principio, pero cada vez más insistentes.
"Sal, ve por ellos. Aniquílalos. Estás mejor sola. Nadie tiene que sufrir por tu descontrol si actúas ahora."
Los susurros se elevan, se convierten en un murmullo persistente que no puedo ignorar. El bosque parece llamarme, su promesa de caos y destrucción es tentadora, una forma de silenciar el dolor que me carcome por dentro. La oscuridad me muestra imágenes de mis enemigos cayendo a mis pies, uno tras otro, con un enorme agujero en sus pechos donde antes estuvo su corazón. No queda ningún rastro de su existencia. Es tan claro que casi puedo sentir la sangre en mis manos, pegajosa y tibia, pero es solo un pensamiento, un anhelo oscuro que me tienta a salir de la barrera.
"Emma Swan, tienes miedo", susurran los Oscuros. Es un murmullo que sube y baja, jugando con mi mente. Al principio, lo ignoro, pero el ruido se convierte en algo más. Empiezo a oírlo no solo en mi cabeza, sino también a mi alrededor, las sombras parecen vivas, rodeándome, cerrándose sobre mí hasta asfixiarme. El bosque ya no se ve tan lejano; lo siento en cada fibra de mi ser, como si estuviera a solo un paso de distancia. Un paso y podré desatar toda mi furia sin que nadie salga lastimado.
"Cobarde... cobarde, solo sabes llorar", la voz resuena con una fuerza que me hace sensación de que alguien me habla al oído es aterradora su tono goteando veneno, instalándose en las grietas de mi cordura. Me descubro mirando sobre mis hombros, buscando la fuente de ese susurro que se cuela en cada rincón de mi mente. Al principio es solo un zumbido, pero luego se vuelve más grave, más tangible. Es espeluznante, pero a la vez familiar, como un viejo enemigo que siempre ha estado allí, esperando el momento adecuado para atacar.
—¡Me estoy volviendo loca! —respiro profundo un par de veces, buscando liberar la tensión que me carcome, pero solo consigo calmarme un instante antes de que un zumbido de energía me pinche la piel, desatando un trozo de la oscuridad en mí.
—Quizás, amor mío... —la voz de Killian corta el aire y de pronto, se materializa ante mí en un parpadeo. Su tono es suave, casi cariñoso, pero no me dejo engañar— Siento como si hubiera pasado mucho tiempo, Emma, ¿no lo crees? Porque yo te he extrañado demasiado.
—¡Killian! —el nombre se escapa de mis labios como un veneno, cargado de la furia oscura que se agita dentro de mí. Su presencia es un recordatorio de todo lo que he perdido y de todo lo que aún me queda por perder.
Mis ojos se clavan en él, llenos de una ardiente y oscura furia, pero no permito que la oscuridad tome el control. Con una fuerza descomunal, la retengo, sabiendo que cualquier cambio en mi magia podría alertar a Regina, incluso a Merlín. "No puedo estropear mi oportunidad de venganza", recuerdo.
—¿Así de fría me recibes? —Su tono es un látigo que intenta arrancar una reacción de mí, pero no me permito caer en su juego.
Internamente, lucho por mantener la calma, por no dejar que el odio me aísle de mi humanidad. "Calma, Emma", le digo a la parte de mí que es incapaz de escapar de la necesidad profunda que tengo de destruir a Killian.
—¿Cómo demonios has conseguido entrar? —la pregunta se escapa de mis labios con un tono helado, mientras mi interior se consume por un inminente caos. Pero él solo sonríe, rebosante de felicidad, como si ya hubiera ganado.
—Antes de que te enloquezcas, amor, no estoy aquí, bueno, no realmente —enarbola una de sus estúpidas sonrisas, esa que solía ser encantadora pero que ahora solo me da náuseas— Nimue me ha ayudado a cruzar esta barrera, como presencia, un espectro que no puede tocarte, pero puede atormentarte.
No me importan sus palabras, no me importa su presencia fantasmal. Quiero lanzarme sobre él, arrancarle la garganta, pero mi cuerpo lo atraviesa como si fuera una cortina de humo. Caigo de rodillas sobre el suelo, mis puños se hunden en la tierra, frustrada por mi impotencia.
—¡Te estás burlando de mí! — gruño rabiosa, pero él solo se encoge de hombros, indiferente.
—Emma Swan, siempre tan temerosa, tan predecible —suelta un susurro afilado, cada palabra cargada de burla. Se ríe, una risa hueca que se mezcla con los susurros de los Oscuros en mi mente.
El deseo de destruirlo, de hacerlo sufrir tanto como él me ha hecho sufrir, me quema por dentro. Pero no caigo en su trampa. No hoy.
—Deja de esconderte y pelea, cobarde —digo con toda la frialdad que puedo reunir, mientras mi magia se agita, buscando descubrir dónde se encuentra realmente.
—No gastes magia en buscarme; puedo estar en cualquier parte —su voz suena casi aburrida, todo esto es un juego para él— Vine a darte una oportunidad, Swan. Entrégame el libro y la espada y no habrá necesidad de más derramamiento de sangre.
Sus palabras me provocan, me pinchan donde más duele. Sabe lo que siento, lo que llevo dentro y lo usa en mi contra.
—Eres un cobarde que se rindió y tomó la salida más fácil —le respondo finalmente con la voz estrangulada por la rabia contenida.
—Sabes que digo la verdad, aquí no hay cobardes ni valientes. Resistirte es perder el tiempo estúpidamente. ¿Cómo puedes vivir en la espeluznante mentira de que podrás salvarte? —sus ojos me miran con una retadora seguridad que me irrita— Estás retrasando lo inevitable.
—Es un riesgo que decidí tomar.
—Cuando la oscuridad te anule por completo, ¿Qué harás, querida? ¿Me darás la razón? —el veneno de sus palabras que se filtra en mi mente.
—Nunca —lo corrijo, rápida y decidida— Porque aún tendré la fuerte necesidad de aniquilarte.
Su sonrisa se ensancha, pero no me dejo afectar. Mantengo la calma, o al menos lo intento.
—Me subestimas, Hook. Creo que tienes un concepto errado de mí —me acerco un paso, mi voz se torna peligrosa — Soy el creador de todos los monstruos. ¿Crees que necesito de un peón como redentor? Solo eres un títere de Nimue. Ella no va a salvarte. Te aniquilará como a todos nosotros.
Veo el miedo en sus ojos, aunque solo sea un destello fugaz. Pero ese instante es suficiente para saber que he tocado un nervio. Se recompone, pero sé que he mermado su valentía.
—¿Peón? —su risa vuelve, más cruel esta vez— Ella me ha dado un propósito, un poder que jamás habrías imaginado. Vendrás conmigo y como regalo me traerás lo que me pertenece — puedo notar la tensión en su tono.
—Eso no pasará.
—Lo harás por ti sola o yo te llevaré a rastras por el camino y te advierto que habrá mucho dolor.
Aprieto los puños, imaginando cientos de maneras sádicas en las que podría causarle dolor. Confieso que mi imaginación es amplía cuando el tema se trata del sufrimiento, aunque, en otra ocasión, me habría escandalizado. Esta no es una de esas.
—Habrá muchas muertes y no será la mía —su voz se endurece, dirige la mirada al castillo y la sangre se me congela en las venas— ¿Cuánto tiempo crees que los mantendrás a salvo de mí?
Me quedo sin palabras, su amenaza cala hondo en mi pecho. Su rostro me dice que no es una simple advertencia, es una promesa. Me siento atrapada, atada a un destino que no quiero aceptar. La desesperación se apodera de mí, pero no me permito ceder. No puedo dejar que me venza.
—Jamás podrás tocarlos, no tienes poder sobre ellos —murmuro con una certeza que no siento, mi voz quebrada por el miedo.
—¿De verdad, Emma? — un susurro helado se escapa de sus labios y se clava en mi mente — ¿Cuánto tiempo crees que tardarán en romperse bajo mi influencia? Snow, Henry, Regina… uno a uno caerán.
El nombre de Henry estalla en mi mente y el miedo se convierte en una tormenta dentro de mí. Pero no me lo permito. Mantengo mi máscara de frialdad, aunque sé que estoy al borde del colapso.
—Regina es más fuerte de lo que piensas — susurro con rabia—Y mi madre jamás se unirá a ti.
Su sonrisa se ensancha.
—Eso está por verse.
—No vengas a amenazar —digo con una calma absoluta, a pesar del temblor que recorre mi interior.
—Toma mi consejo, Emma, esto va a terminar muy mal. Es una advertencia.
Hace un último intento de provocarme, pero no caigo en su juego. Respiro profundamente, recomponiéndome una vez más. No permitiré que me controle.
—Puede que tengas razón, pero debes saber que no me rindo fácilmente. Voy a rebelarme contra lo que sea que quiera dominarme. Y los mataré a todos. No me voy a contener.
Miro hacia la distancia, donde el sol acaricia el horizonte y el cielo se tiñe de colores naranjas y azules. Necesito fortaleza para mantenerme firme contra este hombre que sabe exactamente dónde golpearme.
Mi respuesta descompone su fachada de tranquilidad; su rostro se desfigura por la furia. Sabe que no puede vencerme y eso lo atormenta.
—Todo por una perra que ni siquiera sabe que existes —escupe con rabia.
Por primera vez, soy yo quien sonríe, una sonrisa enorme que lo toma por sorpresa. Verlo balbucear es una satisfacción que no me esperaba.
—¿Qué carajo? Tú... ¿No te atreviste, verdad? —su mandíbula se aprieta al obtener mi silencio como respuesta— ¡Perra, eres una maldita sucia!
Intenta abalanzarse sobre mí, pero su mano no logra atraparme. Me río, sintiendo una amarga victoria.
—Querido, no olvides que no estás aquí. No realmente.
—¡Te la has follado! ¡Perra! —grita fuera de sí— Eres una maldita puta como todas las demás. Creí que eras distinta.
Alza el puño, pero se detiene a medio camino. Su expresión de rabia y odio es un reflejo de lo que yo misma lucho por contener.
No caigo en su trampa. No me dejo llevar por la furia. Simplemente, me vuelvo hacia él y con una sonrisa torcida, lo miro.
—Sigue escondido en las sombras, Hook. Sé que estás sufriendo, aunque la herida que te causó Regina no fue fatal. Su veneno está diseñado para atacar al Oscuro, para infligir un dolor que no se puede curar ni con magia ni con remedios convencionales. Tu carne se pudre lentamente. Comenzará a oscurecerse, a supurar una sustancia negra y viscosa que ni siquiera la magia más poderosa puede detener. Estás sufriendo y eso me satisface.
—Voy a cortarle la cabeza a tu reina— su respuesta surge con una rabia imponente
—Vete, Killian —le digo, apenas un susurro— Dile a Nimue que no le entregaré la espada, ni ahora ni nunca. Y si vuelve a enviar a su marioneta, que se asegure de que sea algo más que una sombra, porque las sombras no pueden tocarme.
La ira de Killian se siente como una tormenta eléctrica, densa y cargada, lista para desatar su furia en cualquier momento. Lo veo desvanecerse, su espectro diluyéndose en la neblina y por un segundo, creo que ha terminado. Pero entonces, siento un tirón en mi interior, una sacudida oscura que responde a su presencia. Vuelve a aparecer, esta vez al otro lado de la barrera, tangible, real.
Mi magia reacciona como un animal encadenado que de repente huele la libertad. Puedo sentir la oscuridad dentro de mí removiéndose, excitada por la idea de que él esté allí, tan cerca y tan vulnerable. Es un doloroso tirón de guerra dentro de mí, mi voluntad luchando contra la atracción insidiosa de la oscuridad que anhela desatarse.
Killian me observa desde el otro lado de la barrera, su mirada encendida de rabia y odio, pero también hay algo más allí, algo que casi lo hace parecer más humano.
—Ven, Swan —me dice con desafío — Termina esto aquí y ahora, solo nosotros dos. Nadie más tiene que morir por nuestra guerra.
Golpea la barrera mágica con sus puños, un sonido sordo que recorre cada kilómetro de la barrera. Las palabras salen de él como un veneno que se infiltra en mi mente, haciéndome dudar, haciéndome querer cruzar y acabar con todo. Las voces de los Oscuros dentro de mí rugen, clamando por venganza, por sangre.
—¿Es esto lo que temes? ¿Qué no eres lo suficientemente fuerte para detenerme? Cruza la barrera, Emma. Hazlo y demuéstrame que eres tan poderosa como crees.
Me preparo para lanzarme, la oscuridad dentro de mí lista para ser desatada, mis manos ya llenas de energía oscura que chisporrotea, esperando la orden. Pero justo cuando estoy a punto de dar el primer paso, una onda de magia diferente corta el aire, haciéndome detenerme en seco. Es imposible ignorar la energía que se acerca, fuerte y familiar, casi tanto como la mía. Una parte de mí, muy dentro, se estremece. Siento el peso en mi pecho, la presión en mis costillas, como si mi cuerpo supiera algo que mi mente aún no ha procesado.
Contengo la respiración, intentando calmar el intenso hormigueo que recorre mi cuerpo, pero es inútil. Y entonces la veo. Regina, su rostro está lleno de preocupación, como si supiera exactamente lo que estoy a punto de hacer.
—Emma, no lo hagas — su palabras cortando a través de la niebla en mi mente, tirando de mí de vuelta a la realidad— Es una trampa, no caigas en su juego.
Continuará…
¡Eso es todo por hoy! Los he dejado en un punto intenso de la trama, pero tendrán que esperar al próximo capítulo para ver qué sucede. Me encanta jugar con sus emociones, y este drama continuará en el próximo. ¡Gracias por acompañarme!
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Imágenes y música creadas especialmente para el Fic.
Hevy_lara
