¡Hola…Hola! Continuamos justo donde lo dejamos en el capítulo anterior, con la tensión al máximo. ¿Qué pasará con Emma? No los entretengo más, disfruten el capítulo y prepárense para las emociones que están por venir. ¡No se lo pierdan!
Capítulo 18
Pov. Regina
El aire a mi alrededor está tenso, cargado de una energía tan oscura y caótica que siento como si estuviera en medio de un huracán. Mis sentidos están en alerta máxima y en cuanto veo a Killian al otro lado de la barrera, percibo las intenciones de Emma como un libro abierto. La magia oscura que se arremolina en su interior es palpable, un poder descontrolado que amenaza con arrasar con todo a su paso.
—Emma, no lo hagas — mi voz intenta atravesar el vendaval de poder que la rodea— Es una trampa, no caigas en su juego.
Cada palabra que pronuncio parece perderse en la marea oscura que la envuelve, pero no puedo dejarla sola en esto. Siento su poder creciendo, una fuerza tan intensa que casi puedo verla vibrando en el aire. Mi propio poder, la oscuridad que he aprendido a controlar durante años, reacciona ante la presencia de Emma. Es como si dos fuerzas magnéticas estuvieran a punto de chocar y cada fibra de mi ser está en alerta, preparada para lo que pueda venir.
—Maldita bruta… perra maldita —grita el pirata desde el otro lado— No serás mi único objetivo cuando cruce la barrera, Regina. Iré por tu hijo y pondré su cabeza en una pica. Vas a llorar, maldita.
No puedo perder el control ni distraerme con sus amenazas; debo centrarme en traer a Emma de vuelta.
—Emma, escúchame —continúo, avanzando un paso, pero ella me mira, su mirada ya no es la que conozco. Hay algo diferente en su voz cuando me habla, algo oscuro y peligroso.
—No te acerques, Regina. Mantente alejada —su tono es casi irreconocible, cargado de una amenaza que nunca antes había escuchado en sus labios.
El poder que emana de ella me impacta de lleno, es un torrente desbocado que amenaza con arrastrarme. Siento la oscuridad dentro de mí agitarse en respuesta, como si reconociera un desafío, pero quiere protegerme de algo más. Hay un caos en su magia que me preocupa profundamente, una furia que no se puede controlar. La oscuridad en Emma busca una salida, algo con lo que fusionarse, y mi propia magia responde a ese llamado como si fuera una amenaza que me pone los pelos de punta.
De repente, siento la presencia de alguien más y giro la cabeza lo suficiente para ver a Merlín acercarse a la barrera. Sus ojos están fijos en Emma, pero cuando me habla, su tono es urgente, casi suplicante.
—Regina, detenla antes de que cometa una locura. No puede cruzar esa barrera. Es importante que no lo haga. Todo depende de este momento
Las palabras de Snow resuenan en mi mente: "No puedes ser blanda con ella, Regina. Tienes que ser dura." Y sé que tiene razón. No puedo permitir que Emma se hunda más en la oscuridad. Debo hacer lo que sea necesario para traerla de vuelta.
Mi postura cambia, me enderezo mientras, dejo que mi propia oscuridad emerja, esa parte de mí que durante tanto tiempo fue una segunda piel, la Reina Malvada. Siento cómo mi poder crece, una oscuridad familiar que siempre he mantenido bajo control y lo canalizo, dirigiéndolo hacia Emma.
—¡Swan! —mi voz se vuelve más fría, más firme y dejo que la oscuridad fluya de mí hacia ella, buscando esa pequeña chispa de luz que sé que aún está en su interior. Es un delicado equilibrio, dejar que mi oscuridad toque la suya sin permitir que me consuma, pero es la única manera. Mi magia busca la suya, tratando de conectarse con esa parte de Emma que tantas veces me salvó, que me sostuvo cuando estaba a punto de caer.
—Ven aquí ahora —ordeno, mi tono firme y autoritario, como si estuviera llamando a una soldado a la línea del frente. Mi oscuridad extendiéndose como una sombra, alcanzando la suya.
Siento la resistencia de su poder, un choque de energías que sacude mi interior, pero también una respuesta. Mi oscuridad toca algo más profundo, más esencial en Emma, buscando esa luz que siempre ha estado allí. La mezcla de nuestras magias es casi tangible, un remolino de poder que lucha por encontrar un equilibrio.
—Emma, vuelve a mí —digo, con el toque suficiente de la Reina Malvada y la amiga que siempre ha estado a su lado— No permitas que la oscuridad te consuma. No esta vez.
El contacto de nuestras magias es un tira y afloja, pero poco a poco, siento que algo cede en Emma. Su poder, tan caótico y descontrolado, comienza a calmarse, mi oscuridad ha encontrado la luz en su interior y se aferrara a ella, negándose a soltarla. Es un momento crítico, donde cualquier desequilibrio podría significar el fracaso, pero no retrocedo.
La tensión en el aire es palpable mientras me esfuerzo por mantener mi concentración en Emma, resistiendo la fuerza de su oscuridad. Pero la voz de Killian al otro lado de la barrera es un estruendo que amenaza con romper ese delicado equilibrio que estoy construyendo. Su grito atraviesa el espacio como garras, tratando de arrancar a Emma de mi influencia.
—Ven por mí, Emma, si no lo haces, lo lamentarás —su tono es implacable, cargado de rabia y desesperación, sé que está intentando arrastrarla de nuevo hacia él, hacia la oscuridad— Ya verás lo que tengo preparado para ti en un par de días; conocerás el verdadero dolor. Puedo asegurarte que serás muy fácil de lastimar. Me encargaré de que pases la eternidad recluida en la fría oscuridad; estropeada, vacía y sin nadie que pueda salvarte.
La oscuridad en Emma se sacude nuevamente, intentando alejarse de mí. No puedo permitir que eso suceda. No ahora que estoy tan cerca de traerla de vuelta.
—¡No voy a repetirlo, Swan! —digo con firmeza, sin apartar la vista de ella. Mis palabras son una orden, mi voz imbuida con la autoridad que solo la Reina Malvada puede invocar. La energía oscura que me rodea se mezcla con la suya, formando un vínculo que la atrae hacia mí. Mi magia se extiende hacia ella, susurrando promesas de seguridad, apaciguando sus miedos más profundos.
"Eso es, cariño, ven a mí", pienso, mientras veo cómo su mirada se suaviza y sus pasos vacilantes se dirigen hacia mí como si estuviera hipnotizada. Mis palabras no son más que un eco en su mente, pero mi magia la envuelve, la llama, ofreciéndole un refugio en medio del caos que la consume.
Cuando finalmente está lo suficientemente cerca, extiendo mi mano hacia ella y al primer contacto de nuestros dedos, mi magia se arremolina a su alrededor, envolviéndonos a ambas en un cálido abrazo de poder. La oscuridad que compartimos busca un equilibrio, encontrando una manera de coexistir sin destruirnos.
El mundo a nuestro alrededor se desvanece y con un suave empujón de mi magia, nos transporto lejos del peligro, lejos de la barrera y de la influencia de Killian. Cuando abrimos los ojos, estamos de pie en el jardín, un lugar que está lejos de las sombras que nos acechan.
Siento el momento en que Emma comienza a despertar del trance; la confusión en sus ojos es evidente cuando se da cuenta de dónde está y sobre todo, de que nuestras manos están unidas. Una chispa de reconocimiento atraviesa su mente y de repente, se aparta de mí, saltando hacia atrás como si hubiera sido quemada.
—¿Qué… qué pasó? —pregunta, su voz temblorosa y veo cómo el miedo y la incertidumbre comienzan a nublar sus ojos nuevamente. Su respiración es rápida, casi descontrolada y sé que está luchando por entender lo que acaba de ocurrir.
—No te preocupes —digo suavemente, dando un paso hacia ella, pero siendo cuidadosa de no acercarme demasiado— Estás a salvo ahora. Lejos de la barrera, lejos de él.
Pero veo la duda en su mirada, la confusión de haber pasado del caos absoluto a una paz repentina que no puede comprender del todo. Y entiendo lo que está sintiendo, porque he estado allí antes. Conozco la sensación de ser arrancada del borde del abismo solo para encontrarte en un lugar que se siente demasiado seguro, demasiado tranquilo. Ella lo hizo muchas veces conmigo. Fue mi lugar seguro aunque, sólo ahora logro admitirlo.
—Es normal que te sientas así — mi voz es un susurro tranquilizador— Pero no estás sola en esto. Estoy aquí, Emma. Y no voy a dejar que la oscuridad te consuma.
Ella asiente lentamente, pero puedo ver que todavía está luchando, su mente dividida entre la necesidad de confiar en mí y el miedo que la empuja a alejarse. Doy un paso atrás, dándole el espacio que necesita, sabiendo que no puedo forzarla a aceptar mi ayuda, pero al menos puedo estar aquí, esperando a que decida que está lista.
Pov. Emma
El silencio entre nosotras se alarga, pesado, mientras mantengo la mirada clavada en el suelo. Ni siquiera la huida de Hook ha mitigado el vértigo que siento. Las palabras de Killian resuenan en mi mente como un eco insistente, un recordatorio de lo inevitable: "Ellos vendrán." Y sé que no son simples amenazas vacías. La certeza de que la barrera no resistirá muchos golpes de magia me carcome. Hook tiene razón; los Almas Negras llegarán y el escudo que nos protege caerá. Las consecuencias serán devastadoras y eso me aterra.
Debería poder contarle a Regina, compartir con ella estos miedos que me están consumiendo. Pero la voz se me ahoga en la garganta cada vez que intento articular las palabras. ¿Cómo puedo poner en palabras el caos que me sacude por dentro? ¿Cómo puedo exponerme de esa manera, mostrarle la magnitud de mi desesperación? La idea de hacerlo me paraliza. Crecí aguantando el dolor para mi sola, hablar es tan difícil.
"Creer que todos saldrán con vida es una mentira," quiero decirle, pero las palabras nunca llegan a mis labios.
De repente, la voz de Regina rompe el silencio, la siento como un latigazo que me deja el cuerpo ardiendo.
—Emma, ¿Puedes decirme lo que realmente está pasando dentro de ti? No tienes que seguir cargando esto sola. Necesito que me hables.
El peso de su mirada se siente como una carga que no puedo soportar, pero aun así, me esfuerzo por mantenerme firme. La tentación de desahogarme es fuerte, pero el miedo a lo que eso podría significar es aún más grande. Mi respuesta es fría, casi mecánica.
—No hay nada que contar, Regina.
El aire cambia. Siento cómo ella se ofusca, algo dentro de ella finalmente ha alcanzado su límite.
—¡Ya basta! —su voz tiembla de furia y el control en ella se desmorona, dejando ver la preocupación que ha estado conteniendo— ¿Quieres matarme de preocupación? —su grito resuena en el espacio, lleno de una rabia tan intensa que me estremece.
Su enojo es palpable, pero también lo es la desesperación que la impulsa. Y es entonces cuando veo lo mucho que le duele verme así, la impotencia que siente al no poder ayudarme. Pero en lugar de calmarme, sus palabras me hacen sentir aún más atrapada, aún más acorralada. Quiero decirle que lo siento, que no es mi intención causarle este dolor, pero las palabras se atascan, pesan en mi garganta como nunca antes.
—No es tan sencillo, Regina. Hay cosas… cosas que ni siquiera yo sé cómo manejar.
—¡Entonces deja de intentar hacerlo sola! — da un paso hacia mí, sus ojos llenos de furia y miedo— Emma, te estás alejando. Y si sigues así, no solo te vas a perder a ti misma, vas a perder a todos los que te importan. No soy la única preocupada por ti. Todos lo estamos.
Su voz se quiebra ligeramente al final, y por un momento, la Reina Malvada desaparece, dejando al descubierto a la mujer que he llegado a conocer, la que se preocupa profundamente, la que daría cualquier cosa por protegerme, incluso si eso significa enfrentarse a mi oscuridad.
Mi corazón late con fuerza, pero me esfuerzo por mantener la calma.
—No es lo que piensas —digo, sabiendo que cualquier palabra o movimiento podría empeorar las cosas. Me mantengo quieta, como si mi inmovilidad pudiera aplacar la tormenta que veo formándose en los ojos de Regina.
—¿Qué sabes tú de lo que puedo estar pensando? ¿Acaso estás en mi cabeza? —otro latigazo que me golpea con fuerza. La frialdad de sus palabras me atraviesa y me doy cuenta de lo poco que he logrado calmarla.
—Estoy intentando buscar una solución.
—Hablas como si estuvieras sola. Pero no es así; hay personas que se preocupan por ti. Tienes delante a una de ellas y no parece que lo notes — inclina la cabeza, sus ojos encendidos de rabia. La miro, intentando encontrar una manera de explicar lo que siento, pero las palabras no llegan… no se como expresar lo que llevo dentro, nunca aprendí a hacerlo.
—Estás molesta, Regina. Y si también me pongo a gritar, no llegaremos a nada.
—¿¡Molesta!? —su risa es amarga y la furia en su mirada se intensifica— Estoy tan jodidamente cabreada que me gustaría apretarte el cuello —no se molesta en contenerse y su confesión me deja sin aliento.
—Regina…
—Dime, ¿Tienes ganas de que te maten? —la pregunta me impacta y busco su mirada, pero Regina se aleja, sus botas hundiéndose en el césped mientras se mueve de un lado a otro, amenazante—¿A qué estás jugando, Emma?
—No estoy jugando.
—¿Entonces qué está pasando? —grita con una voz que exige respuestas— Ni siquiera puedo tocarte. Te acabo de demostrar que tu magia no me hará daño y que podemos funcionar juntas.
—Pero lo hice.
—Por una vez en tu vida, ¿Puedes escucharme? —su voz es un ruego desesperado— ¿O quieres que empiece a darte órdenes? Quizás así pueda asegurarme de que te quedes justo donde te lo pido.
Por un momento, me quedo sin capacidad para hablar. Boqueo un par de veces mientras mis oídos zumban y probablemente me esté sintiendo mareada. La tensión en el aire es tan densa que parece cortarme la respiración.
—¿Esto es por lo que pasó en el bosque? —pregunto dolida.
—No es solo por el bosque… —su voz se suaviza apenas, pero el frío en ella sigue presente. Se detiene a unos pasos de distancia, inmóvil y parece contener la respiración. Intenta calmarse, pero puedo ver que está luchando por no explotar de nuevo—¿Acaso te das cuenta de las cosas que haces? No hablo solo del bosque, Emma. Es sobre todo. Me mantienes en una preocupación constante; temo que de un momento a otro vengan y me digan que te has hecho daño porque el poder que tienes no se puede usar sin control —su voz suena más dolida de lo que hubiera querido y eso me duele más que sus gritos— ¿Por qué tienes que actuar siempre sin pensar en las consecuencias?
Cada cosa que dice me golpea demasiado fuerte. La culpa y el miedo se entrelazan dentro de mí. Quiero decirle que lo entiendo, que lo siento, pero la verdad es que ni yo misma sé cómo manejar todo esto. Mis poderes, mi miedo a herir a los que amo, la presión constante… todo se mezcla en un caos que no sé cómo desenredar.
—No quiero que nadie salga herido por mi culpa —finalmente logro decir, mi voz baja y quebrada.
—Entonces deja de cerrarte, Swan. Estoy aquí para ayudarte, pero no puedo hacerlo si sigues levantando murallas entre nosotras —su tono es firme, pero hay un matiz de súplica en sus palabras y eso me desarma más que cualquier otra cosa.
—No sé cómo, Regina… no sé cómo. No soy perfecta.
Las palabras se quedan atrapadas en mi garganta cuando Regina da un paso hacia mí, invadiendo mi espacio personal con una intensidad que casi me asfixia. Puedo sentir su aliento; caliente, entrecortado y cada resoplido salvaje de su parte me atraviesa como una descarga eléctrica.
—Qué ridiculez… —apenas deja escapar la palabra antes de soltar un resoplido exasperado— Me vale mierda que seas perfecta; lo único que me interesa es que que la mujer que amo estés a salvo — suena cansada, como si el peso de todas nuestras discusiones estuviera finalmente aplastándola— Extraño los momentos en los que yo era tu primera opción para calmar tus miedos cuando un enemigo nuevo amenazaba el pueblo. Confiabas en mí… eso creía yo; pero veo que en realidad no es así.
El dolor se enreda dentro de mí, estrangulando cualquier respuesta que intento articular.
—Sabes que lo hago… confío en ti.
—¡Mentiras! —ella se tensa y la rabia se apodera de su rostro, endureciendo sus facciones— ¿Confías en mí? ¿Cómo dices eso cuando ni siquiera me puedes contar lo que ese maldito pirata vino a hacer? Ni lo que la oscuridad te está haciendo. ¿Confías como para saber que puedo controlar una situación sin necesidad de que enloquezcas? —cada palabra es un golpe doloroso — Sabes que sé cuidarme sola y que no necesito un guardaespaldas. No soy una niña débil, Emma. Soy una jodida reina, una maldita bruja y me estás volviendo loca.
Las últimas palabras salen de su boca entre dientes apretados y su desesperación me golpea con fuerza. Hay un silencio tenso que se extiende entre nosotras. Ambas respiramos con dificultad, atrapadas en un enfrentamiento que no tiene ganador.
—¿Crees que es fácil para mí hablar con cualquiera sobre lo que me pasa? —mi voz se quiebra, incapaz de ocultar el dolor que siento.
Veo cómo mis palabras golpean a Regina, cómo su rostro se transforma y por un momento, me doy cuenta del peso de lo que acabo de decir y del daño que le estoy causando.
—Pero yo... yo pensé que... no era cualquier persona —susurra con la voz temblorosa como nunca la había oído antes. La angustia en su expresión es tan profunda que, antes de que me deje reaccionar, desaparece en una nube de humo púrpura.
La media hora transcurre lentamente, como si cada minuto se arrastrara bajo el peso de las palabras que nos dijimos. Me siento atrapada en un laberinto emocional, donde cada vez que creo estar acercándome a Regina, algo se interpone, empujándonos de nuevo a la distancia. Es frustrante, parece que estamos destinadas a correr en círculos, siempre a ciegas, sin encontrarnos realmente.
Estoy en medio del jardín, los pies clavados en el suelo mientras mis pensamientos giran en torno a ella. Mi cuerpo anhela la presencia de Regina, su calidez, su fuerza, pero sé que debo mantener la oscuridad bajo control. No puedo permitirme el lujo de perder el foco ahora, no cuando tanto está en juego.
Desde aquí, puedo ver la ventana de su habitación. Las cortinas están cerradas, una barrera que parece tan impenetrable como la que se ha levantado entre nosotras. Probablemente sigue ahí, intentando calmar la furia que nuestras palabras han despertado en ella. Quiero ir y pedirle perdón, pero sé que no me escuchará en este estado. Regina no es alguien que cede fácilmente, y menos cuando está herida. "Soy una estúpida," murmuro para mí misma, sintiendo la amarga verdad en mis palabras. "Siempre tengo que joderlo todo."
El susurro de la magia de Merlín se siente antes de que su presencia se manifieste. No necesito girarme para saber qué está aquí. Su presencia es inconfundible, calmada y poderosa.
—Debes tener cuidado con lo que le exiges a tu cuerpo y a tu mente —dice con su voz suave, como si de alguna manera eso pudiera calmar la tormenta que ruge dentro de mí.
Arrugo el ceño, molesta, casi despreciando sus palabras.
—Qué idiotez—susurro para mi.
Merlín me mira con esa paciencia infinita que me saca de quicio. Como si fuera una niña estúpida que no entiende las consecuencias de sus actos.
—Emma, te ves cansada y debe ser agotador no poder dormir en paz. Pero dejar de hacerlo no ahuyentará la oscuridad — su sonrisa amable no logra ocultar la gravedad de sus palabras.
—Sí lo hago —respondo, apartando la mirada. No puedo soportar la compasión que veo en sus ojos.
—Fases ligeras que no pueden llamarse descanso. Mi querida princesa, acepta que tienes miedo de cerrar los ojos y que la maldad te haga sucumbir a sus encantos. Sé de tus luchas constantes para mantener viva la luz en tu interior.
Sus palabras me golpean más fuerte de lo que deberían, pero me niego a dejar que lo vea.
—Eres tan amable —susurro, forzando las palabras— pero no necesito el consuelo de nadie y mucho menos el tuyo. Enfrentaré a la oscuridad y usaré la espada contra Nimue. Es por eso por lo que viniste, ¿no? Para que termine con ella.
Él ni se inmuta al escuchar su nombre. Debe dolerle que a quien queramos derrotar sea a la mujer que un día amó. Pero su gesto no cambia; la calma exasperante sigue envolviéndolo como un manto protector.
—Soy un peón del destino. Mi deber es mostrarte las opciones. Tú debes elegir cuál tomar —explica, como si el destino fuera algo que pudiera simplemente aceptar.
—Mi camino a la oscuridad —digo en voz baja, casi para mí misma.
—Eso es muy derrotista para la Salvadora —responde y su tono ligeramente irónico solo me irrita más.
—Oh, perdón. ¿Hay otro destino en esta historia para mí? —lo miro, buscando alguna señal de que hay algo más, alguna esperanza que no he visto. Pero todo lo que encuentro en su rostro es paciencia, una calma que no puedo compartir.
—Vamos, Emma, si antes de pelear ya estás vencida, ¿Entonces para qué haces esto? Mejor siéntate a esperar que crucen la barrera, terminas con todos y al final pierdas el control ¿Es lo que realmente deseas Emma?
Respiro hondo, intentando calmar el fuego que arde en mi interior.
—Sabes lo que quiero —le respondo, aunque ni siquiera estoy segura de ello.
—La rabia y el descontrol siempre latentes en ti —niega con la cabeza— ambos, una combinación que te llevará a la derrota. Acepta quién eres.
Siento que mi rabia hierve; mis puños se cierran con tanta fuerza que mis uñas se clavan en las palmas.
—Emma —su voz suave me trae de vuelta a la realidad, pero la tormenta dentro de mí no se calma.
—¿Qué esperas de mí? —murmuro, bajando la vista, consciente de que mi arrebato podría llevarlo a sacar conclusiones incorrectas— Estoy lista, pero nadie parece ver más allá de mi lucha constante.
—Mantener el control es la clave y no lo tienes. Ayer tú misma admitiste no poder usar la espada.
—Y tampoco hay tiempo — la desesperación se apodera de mí— No tienes idea de los esfuerzos que hago para equilibrar la magia.
—Incluso eso no es suficiente para tu mayor pelea. Entiende, princesa, no estás preparada para enfrentar a tu peor enemigo.
—Estoy lista para matar a ese pirata.
Merlín me observa con firmeza, arqueando una ceja mientras niega con la cabeza.
—¿Y quién dijo que él es tu mayor enemigo? —se planta a unos centímetros de mí, su presencia es abrumadora— De quien debes cuidarte es de la propia Emma Swan. Tu peor enemiga hasta ahora, por culpa de tus miedos —su dedo me señala y siento que esa acusación se clava en mi corazón como una punta afilada y dolorosa— Duele escuchar la cruda verdad, ¿verdad?
Siento la tensión acumulada en mi cuerpo, la desesperación, la frustración. Estoy a punto de decir lo que no me atrevo a pronunciar en voz alta, lo que no he podido contar ni siquiera a Regina.
—Nadie entiende lo que sucede en cada uno de mis amaneceres —respondo, mi voz temblorosa, rota por la emoción— Despertar y sentirme alguien diferente. Es un asalto constante, intentando saber quién gana. Conozco muy bien contra quién peleo. Veo su cara cada día en el espejo; se ríe de mí, me llama débil y llorona —me llevo las manos temblorosas al cabello, desesperada— No hables de lo que desconoces, porque si supieras por lo que estoy pasando, entenderías que mi pelea no es solo conmigo. Es con cientos de voces gritando en mi cabeza.
—Emma… —su tono se suaviza y siento su mano en mi hombro, ofreciéndome un consuelo que no estoy segura de merecer— Debes hablar con Regina sobre esto.
—No puedo… no puedo. Todos esos seres que sucumbieron bajo las garras de la oscuridad conspiran para verme caer. Todos los momentos del día estoy luchando conmigo, con ellos y con ustedes. Estoy cansada, frustrada y… tengo miedo —mi voz se quiebra al admitirlo, como si decirlo en voz alta lo hiciera más real— Miedo de no estar lista, porque si no lo estoy, ellos morirán.
Odio este presentimiento que se ha instalado en mi pecho, dejándome aturdida y vulnerable.
Merlín me observa en silencio por un momento, su mirada llena de una compasión que solo parece hacerme sentir más pequeña.
—Habla con Regina —me dice finalmente, su tono suave — Cuéntale lo que la oscuridad te está haciendo. Todas esas voces que te susurran, que te arrastran hacia el abismo.
Mi cuerpo se tensa ante la sugerencia y niego con la cabeza antes de que él termine de hablar.
—No puedo —respondo, casi en un susurro, mirando al suelo— ¿Cómo podría? ¿Cómo le digo que la oscuridad… la desea constantemente?
Merlín permanece en silencio, permitiéndome continuar.
—Hay deseos tan perversos… cosas que la oscuridad tiene preparadas para Regina… mi Regina. Ni siquiera puedo pronunciarlos en voz alta —las palabras salen temblorosas, casi ahogadas por el peso del horror que siento— Cómo puedo hablarle de la oscuridad, cuando esa misma oscuridad me susurra constantemente que Regina es suya… por siempre
Mis manos se cierran en puños a mis costados mientras lucho por mantener el control.
—Cada vez que la toco… cada vez que la beso… siento que la oscuridad nos empuja, nos arrastra hacia algo que no puedo permitir. Está tan cerca de ella, de nosotras —la desesperación se cuela en mi voz y siento que todo lo que he estado conteniendo está a punto de desbordarse— Todo es tan perverso. Ni siquiera puedo entregarme por completo a nuestros momentos íntimos porque estoy siempre conteniéndome… para que la oscuridad no aflore y la reclame.
No puede entender, nadie puede. Regina es el mayor deseo de la oscuridad. Y yo… yo no sé cuánto tiempo más podré mantenerla a salvo.
Siento el peso de la oscuridad en mi pecho, una presencia constante que me recuerda cuán cerca estoy de perderme a mí misma. Miro a Merlín, esperando, suplicándole una respuesta que me libere de esta pesadilla.
—Por favor, dime cómo usar la espada —mi voz sale quebrada, vulnerable. No soy la Salvadora en este momento, solo una mujer desesperada. Estoy cansada, exhausta por el peso de las decisiones que he tomado.
Merlín me observa y por primera vez, la calma imperturbable que siempre ha mostrado se quiebra. Se ríe, pero no es una risa alegre; es amarga, como si supiera algo que yo no.
—La verdad —dice, entrecerrando los ojos con una expresión casi triste— es que no tengo que enseñarte nada. El conocimiento ya está en tu cabeza. Únicamente debes aceptar lo que eres. Entrar en la oscuridad, dominarla... y la espada solo seguirá tus órdenes.
Su tono es simple, pero cada palabra cae sobre mí como una piedra. No hay respuestas fáciles. Nunca las hay. Lo sé, pero en este momento... lo odio. Siento cómo la frustración crece en mi pecho, el impulso de gritarle que desaparezca y me deje sola quema dentro de mi boca, pero me obligo a mantenerme en control, aunque sea por un segundo más. Respiro hondo.
—Entonces, ¿Cuál es el propósito de tu presencia? —pregunto, con una calma que no siento. Mi mandíbula está tensa, mis puños apretados. Solo quiero que me diga la verdad, que deje de darme acertijos y respuestas crípticas.
Merlín cruza los brazos, su expresión serena, aunque su mirada revela un cansancio que no había visto antes.
—Soy un observador, Emma —responde, su tono más suave, pero no menos enigmático— Mi tarea era traerte la espada, mantener el libro de las Tinieblas fuera de las manos de tus enemigos. Pero no puedo decidir por ti. Aunque la decisión que tomes esté movida por la rabia, solo me queda decirte que no es la correcta pero no puedo obligarte a cambiarla.
Mi rabia. Eso es lo que todos ven en mí ahora, ¿no? Una mezcla furiosa de ira, frustración y miedo. Merlín me conoce mejor de lo que me gustaría admitir.
—Únicamente te mueve el rencor hacia Killian —añade, y su voz se endurece ligeramente— Pero él fue consecuencia de tus propias decisiones. Al final, cada una de ellas te salvará o te condenará. Tú eres quien tiene que elegir.
Mi respiración se acelera. Sus palabras son una bofetada. Mi culpa por Killian es un veneno que me corroe desde adentro y lo peor es que sé que tiene razón. Pero no puedo quedarme callada.
—¿Un observador? —mi tono se vuelve sarcástico, casi desafiante— O eres quien al final dictará mi sentencia. Pude haberlo visto antes, ¡mentiroso! No eres un simple espectador, eres un juez esperando mi última decisión.
Me muevo hacia él, sintiendo el impulso de confrontarlo físicamente, pero me detengo a tiempo. Mi rabia es palpable, como una corriente eléctrica recorriendo mi piel. Aun así, mantengo mi mirada fija en él, desafiante.
—Si es asi como quieres verlo, entonces si— un peso enorme cae sobre mis hombros con su respuesta.
—El magnánimo Merlín —escupo con desprecio— solo está aquí para ver si sobrevivo a la oscuridad o no. ¡Hipócrita!
El no parece alterarse por mis palabras. En su lugar, esboza una sonrisa triste, casi compasiva, como si ya supiera el final de la historia y lo lamentara.
—Ambas magias están en ti, Emma. Ahora eres el ser más poderoso. ¿Qué podría enseñarte yo? —dice, sin arrogancia en su voz, solo resignación— Tengo fe en ti y prometo que cuando tu destino sea cumplido, estaré allí para protegerte.
Esa maldita palabra, "poderosa". Como si ser poderosa fuera la solución a todo. La presión en mi pecho aumenta por el peso de todo lo que podría perder. No quiero ser fuerte, no quiero ser la más poderosa. Solo quiero paz.
—Solo quiero regresar a casa con todos a salvo. Quiero olvidar la oscuridad... y todos los demonios que trajo consigo— mi voz se eleva, temblorosa
La desesperación se cuela en mis palabras. ¿Es tan difícil de entender? Todo lo que quiero es volver a lo que solía ser, pero la oscuridad está dentro de mí, enredada en cada fibra de mi ser. No puedo sacarla, no puedo huir de ella.
Merlín da un paso hacia mí, con su mirada penetrante.
—No puedo alejar tus miedos, Emma. Solo tú puedes enfrentarte a la oscuridad, decidir si te quedas en ella... o la dominas —hace una pausa, dejando que sus palabras se hundan en mí— Ni Regina ni yo podemos hacerlo por ti. Debes encontrar algo dentro de ti más importante que el odio y el miedo.
Lo miro, con un nudo en mi garganta. "Algo más importante que el odio y el miedo". Mis pensamientos van a Regina, a Henry... a todos por los que he luchado por proteger. Pero también está el miedo sobre todos ellos, el miedo de perderlos, de que me pierda a mí misma.
—¿Y si no lo encuentro? —pregunto en voz baja, casi susurrando, sin poder evitar que mis emociones se filtren.
Merlín me observa por un largo momento antes de responder— Lo harás, Emma. Porque siempre has sido capaz de encontrar la luz, incluso en la oscuridad más profunda. Pero es una decisión que solo tú puedes tomar.
El silencio que sigue es pesado, lleno de posibilidades y consecuencias. Mis pensamientos corren en todas direcciones, pero sé que tiene razón. Al final, la decisión es mía. Nadie puede salvarme, ni siquiera Regina. Tendré que hacerlo yo misma.
Continuará…
¡Espero que estén disfrutando tanto esta historia como yo al escribirla! Gracias por todo su apoyo y sus comentarios. Y prepárense, porque el próximo capítulo es uno de mis favoritos. ¡No puedo esperar a compartirlo con ustedes!"
Pueden encontrarme en Instagram.
Imágenes y música creadas especialmente para el Fic.
Hevy_lara
