Hola, Aventureros! Hoy decidí ser buena y darles una pausa del drama para algo... candente. Prepárense
Capítulo 28
Dos horas antes del desastre
Pov. Regina
Después de la partida de Henry volvemos a nuestro plan. El agotamiento se arrastra por cada fibra de mi ser. Mi magia, tan poderosa como es, tiene límites y siento que estoy llegando al borde. He pasado horas fortaleciendo la barrera junto a Merlín, turnándonos para mantener a raya los embates mágicos de esos hechiceros que rodean el castillo como buitres hambrientos. Sabemos que no resistirá mucho más.
Miró a Merlín; su rostro parece tan cansado como me siento yo. En un rincón apartado, finalmente encontramos un momento a solas.
—Regina, necesitamos pensar en una forma de ocultar la daga —dice Merlín con voz baja, mirándome fijamente. Sus ojos reflejan la gravedad de la situación— No podemos dejarla expuesta y es demasiado arriesgado simplemente esconderla. Debemos mantenerla cerca.
—Llevarla como un collar —respondo, casi sin pensar. La idea ha estado rondando en mi cabeza desde hace un rato. La daga podría pasar desapercibida, camuflada con algún hechizo de protección que la haga pasar desapercibida al enemigo— Si está conmigo, sabré protegerla mejor. Nadie esperará que esté tan a la vista.
Por un instante el rostro del mago adquiere una expresión seria, luego asiente lentamente, aceptando mi propuesta.
—Es un riesgo— por primera vez suena preocupado, lo peor es que me mira con una sonrisa y se que esconde algo y no puedo evitar preguntar—Todavía no hemos pasado por lo pero ¿verdad?
—Regina yo no…
—Si, lo se no puedes decirme nada…
—Usted será el blanco de Nimue.
Lo que dice confirma mis pensamientos, pero no alivian la tensión que me oprime el pecho.
—Entonces la daga…
—Llévela con usted y no hay más que decir—me interrumpe con rapidez—Un error por lo que salga de mi boca, y todo estará perdido.
Volvemos con los demás, alrededor de la mesa de madera. Todos intentan aparentar calma, pero sus rostros reflejan la tensión de lo que está por venir. El enemigo ha reunido a cincuenta hechiceros y sabemos que no todos saldremos de esta sin sacrificios. La fatiga me quema en cada músculo, pero sé que debo concentrarme. Merlín está a mi lado, sus ojos atentos, llenos de esa calma imperturbable que tanto envidio. Respiro hondo antes de comenzar a explicar nuestro plan a todos los que me observan con expectación y miedo.
—Necesitamos más que resistencia —empiezo sonando firme, aunque siento que mi corazón late con fuerza— Esta no será una simple defensa. Debemos ser estratégicos. Dividir al enemigo y aprovechar cada oportunidad para atacar. Tenemos que acabar con Nimue y Killian, de una vez por todas.
Merlín asiente y toma la palabra, haciendo un gesto hacia el mapa que hemos desplegado en la mesa del centro.
—Merlín y yo defenderemos la entrada principal del castillo —dice señalando en el mapa— Necesitamos dividir al ejército de hechiceros. Intentar atraer la atención de la primera oleada de ellos. A través de un hechizo, enviare una ilusión de Emma hacia el patio, atrayendo a Nimue a esa dirección.
David frunce el ceño, interrumpiendo con su usual tono directo.
—¿Y si Nimue no cae en la trampa? —pregunta con preocupación.
—Debe caer —respondo rápidamente— Nimue buscará a Emma, sabe que ella es la clave para unir la espada y la daga. Será imposible ignorar una oportunidad tan grande.
Snow se adelanta, mirando entre Merlín y yo.
—¿Y qué pasa con Killian? No podemos subestimarlo. Es peligroso, y si está con Nimue…
Merlín asiente, dando un paso al frente.
—Precisamente por eso debemos separarlos —explica— Regina y tú están en el salón del trono. Es el espacio más amplio, ideal para confundir a Killian y mantenerlo contenido. Su conexión con Nimue le dará fuerza, pero también es su debilidad. Si están separados, ambos serán vulnerables.
Emma, que ha estado en silencio junto a mí, finalmente interviene. Puedo sentir su preocupación incluso antes de que hable.
—¿Y yo? —pregunta, sus ojos fijos en los míos—. ¿Qué debo hacer mientras esto sucede?
Le dedico una mirada breve, mi tono más suave cuando le respondo.
—Ruby y tu estarán en la entrada secundaria, más estrecha y menos expuesta, pero con más corredores y escaleras que podrían servir de emboscadas. Ruby, con su sentido agudo de loba, podrá detectar enemigos antes de que se acerquen. Con Excalibur, mantendrás la línea y reducirás el número de atacantes.
Emma me miró con seriedad, se que no quiere que nos separemos pero los grupos deben tener a alguien que pueda luchar contra el enemigo con magia.
—Mérida cubrirá el punto más alto, una posición estratégica perfecta—añadí—Le he dado unas flechas mágicas que pueden atravesar las defensas de los hechiceros y permitirnos ganar tiempo. Desde ahí podrá vigilar todo el campo de batalla. Eliminar a los enemigos desde la distancia. Necesitamos que mantengas a raya a cualquier hechicero que intente acercarse al castillo.
Mérida asiente, sus ojos brillando con determinación.
—Debemos sincronizarnos —continúa Merlín— Cada uno debe cubrir su área y resistir tanto como pueda. Necesitamos que Regina llegue al patio interior con la daga. Emma debe estar lista para el momento crucial. Tú tienes la espada; tu tarea será fusionarla con la daga cuando Nimue esté lo suficientemente debilitada.
—Exactamente —confirmo, asintiendo con firmeza— El que estemos todos allí será crucial. Si las cosas se complican, necesitaremos eliminar a cualquier enemigo que intente interrumpir a Emma.
Merlín añade con un tono grave —Emma necesitará toda su concentración para la fusión. No puede haber distracciones. Si Nimue y Killian se unen antes de que Emma lo haga, no tendremos otra oportunidad.
Nuestras miradas se encuentran por un momento. No tengo miedo; tengo determinación. No hay espacio para el error, pero siento la certeza de que podemos hacerlo.
—Recuerden, no estamos solos —añado, mirando a cada uno de ellos. Emma me devuelve la mirada, sus ojos llenos de de fuerza y… algo más, algo que me hace sentir una punzada de esperanza— Lo haremos juntos.
Un murmullo de asentimiento se extiende por la sala. Sé que no hay garantías, que cada uno de nosotros podría estar enfrentándose a la muerte en las próximas horas, pero también sé que estamos listos.
Hemos repasado el plan una y otra, cada paso, cada detalle. Pero todos nosotros, cada uno en esta habitación, necesitamos un momento de silencio, un respiro para procesar el dolor, la marcha de Henry, para aceptar que aún no hemos tenido tiempo ni de llorar la pérdida de Mulán.
David empieza a hablar, su voz temblorosa, llena de una culpa que lo rompe por dentro. Su disculpa desmorona la fachada de los héroes. Su quebranto resuena en el cuarto y al romperse él, nuestras propias máscaras también se fragmentan, dejando al descubierto el miedo y la tristeza que todos tratamos de esconder.
—Necesitamos un momento para descansar —digo, sintiendo cómo se me encoje el pecho. No puedo soportar verlos desmoronarse. Todos necesitamos un momento para enfrentar nuestras emociones, para encontrar la fuerza que nos queda.
El pasillo está en penumbras mientras camino, mis pasos resonando en el silencio. Emma me sigue de cerca, su presencia parece una sombra cálida. Hace apenas una hora me despedí de mi hijo. Me duele el pecho, como si me hubieran arrancado algo vital. La posibilidad de que esa haya sido la última vez que pude abrazarlo me lleva al borde del colapso.
Llego a mi habitación. El peso de todo lo que llevo dentro se derrama en un profundo sollozo que se escapa de mis labios antes de que pueda evitarlo. Me dejó caer sobre la cama, escondiendo el rostro entre las manos, mis dedos clavándose en mis mejillas mientras intentan retener las lágrimas. Necesito ser fuerte, pero en este instante, me siento más frágil que nunca.
Una brisa cálida, suave como una caricia, envuelve mi cuerpo y me arropa en medio de mis miedos. Sé de inmediato de dónde viene esa magia. La siento entrar en mi piel, calmar mis temores. Me permite respirar un poco más fácil. Pero cuando alzo la mirada, buscando a Emma, la encuentro de pie junto a la puerta, su expresión impasible, sus ojos fijos en mí, midiendo cada uno de mis movimientos.
La puerta está apenas entreabierta y parece que ella dudara de si debe cruzar el umbral. Mi cuerpo se rebela, cada músculo grita por el contacto de Emma, pero la mujer frente a mí parece más fría y distante que nunca. Aun así, su magia persiste, se arremolina a mi alrededor de manera intermitente, rozándome como una caricia invisible que me reconforta más de lo que quiero admitir.
—No necesito tu magia. Te quiero a ti —susurro, tratando de mantener la voz firme, pero me sale un tembloroso suspiro, demasiado sincero.
Ella resopla con fuerza, un sonido que llena la habitación de una frustración que casi puedo palpar.
—Si entro, es para ayudarte a recuperar tu energía. Y para eso, debo usar magia… algo de mí que parece no gustarte demasiado.
Al decirlo, da un paso hacia adelante, con el ceño fruncido, al parecer esperará una respuesta. Su magia se intensifica vibrar en el aire.
Ruedo los ojos, cruzando los brazos con impaciencia.
—Tienes razón. Sigues siendo la misma, lo sé por las idioteces que dices —arqueo una ceja, tratando de ocultar el dolor en mis palabras con un tono más mordaz.
Frunce el ceño ofendida, mientras aprieta los labios en una línea tensa.
—¿Temes que mi magia te haga daño por lo que te conté? —pregunta con severidad
—¡Eso no es cierto! —replico, levantando la voz, mi mano se cierra en un puño involuntario— ¿De dónde sacas tantas estupideces?
La forma en que su magia me envuelve, es insistente y mi cuerpo reacciona con un temblor incontrolable. ¿Por qué ahora? ¿Por qué no puedo mantener la distancia que sé que necesito?
—¿Y cómo explicas que me hayas estado evitando? —murmura, con una dureza que jamás había escuchado. Sus ojos se clavan en los míos, buscando algo, cualquier cosa— Si eso es lo que quieres, puedo mantenerme alejada.
La forma en que lo dice, tan segura, tan resignada… Me duele más de lo que quiero admitir. Porque tiene razón. La he estado evitando, no porque no la quiera cerca, sino porque mi cuerpo no deja de traicionarme. Hay una extraña atracción hacia ella desde que despertó. Algo dentro de mí suplica por su contacto. Y no puedo permitírmelo, no con todo lo que está en juego.
—No es eso… —mis palabras salen en un murmullo apenas audible. No puedo decírselo, no puedo admitir lo que me pasa, ni siquiera a mí misma. Porque mi cuerpo, cada fibra de mi ser, está respondiendo a su cercanía como un imán, llamándome hacia ella. Y no es el momento para esto, no cuando el peligro acecha tan cerca. Pero el deseo… es incontrolable.
—Por favor, solo abrázame, ¿sí? — me escucho más débil de lo que quiero, cargada con un anhelo que me hace sentir vulnerable.
Apenas he terminado la frase cuando Emma se sienta a mi lado. En un movimiento pausado, me rodea la cintura con un brazo, tirando de mí hasta colocarme en su regazo. La calidez de su cuerpo y el amor que irradia me asaltan por todos los ángulos, derribando la última de mis defensas. Apoyo la cabeza en su hombro y mi respiración se vuelve más lenta, más tranquila, cada inspiración de su aroma me llena de la paz que tanto necesito.
—Deberías haberme dejado ayudarte con la barrera —murmura, junto a mi oído mientras su mano traza círculos lentos en mi espalda. Cada caricia busca disolver el cansancio que llevo encima.
Me enderezo un poco, mis manos aferradas a su chaqueta, con una necesidad urgente de anclarme a ella.
—Merlín y tú son nuestra mayor fortaleza, no podemos arriesgarnos a que agoten sus fuerzas —le digo mientras sus ojos se fijan en los míos, desafiantes, casi exigentes.
La observo por un instante, notando las sombras bajo sus ojos, las líneas de preocupación marcando su frente. Colocó una mano en su mejilla, mis dedos rozando su piel con suavidad, tratando de transmitirle algo de la calma que ella me ofrece.
—Tú también eres importante, Regina—me dice, mientras mis dedos se deslizan por su frente en una caricia lenta— Déjame ayudarte con tu magia.
—No hay tiempo para… —trato de protestar, aunque incluso yo siento lo vacío de mis palabras. Emma me interrumpe antes de que pueda terminar.
—Si crees que vas a salir a esta batalla sin tus poderes, estás muy equivocada. —sus ojos se oscurecen, llenos de una determinación feroz— Necesito saber que podrás defenderte, que podrás… —su voz tiembla ligeramente, traicionándola.
La ansiedad en sus ojos me atraviesa. Acerco mi rostro al suyo, sosteniéndolo entre mis manos, buscando calmar la tormenta que veo en ella.
—Supongo que no me darás opciones, ¿verdad? — trato de sonreír, aunque siento que mi corazón late con fuerza, acelerado por algo más que el miedo.
Emma no responde, pero su mirada se suaviza y de inmediato. Entonces llega ese cosquilleo en mi piel, una corriente cálida que empieza a fluir desde sus dedos hacia mi cuerpo. Es su magia, moviéndose entre nosotras con una facilidad que me sorprende y la mía, lejos de resistirse, parece responder con demasiado entusiasmo. A medida que los minutos pasan, noto cómo mi fortaleza regresa poco a poco, llenándome de energía… pero hay algo más, que se aviva en mi interior con una intensidad que casi me hace jadear.
Un deseo latente, feroz, que me hace apretar los labios y cerrar los ojos, tratando de no sucumbir a lo que mi cuerpo me está pidiendo. La calidez de su magia se siente como un abrazo, envolviéndome, despertando cada rincón de mi ser, como si Emma estuviera tocando algo profundo y olvidado dentro de mí.
—Creo que ya es suficiente —anuncia con la respiración irregular, pero su voz carece de la firmeza que debería tener.
Cierra los ojos un instante, su pecho subiendo y bajando rápidamente. Sus manos, todavía sobre mi espalda, se tensan, y se que se encuentra luchando contra algo dentro de sí misma.
—¡Espera! —la desesperación en mi voz me sorprende, rompiendo el silencio entre nosotras con un tono agudo.
Otra corriente de su magia me acaricia, deslizando calor por mi piel y aunque trato de resistir, un gemido se escapa de mis labios. Mi cuerpo deja de pertenecerme, cada fibra de mi ser se alinea con esa energía que me envuelve, que me sacude hasta los cimientos. No hay manera de escapar de las deliciosas garras, de este lazo invisible que tira de nosotras.
El cuerpo de Emma tiembla bajo el mío, un espasmo involuntario que me dice que también la está afectando. Antes de que pueda pensarlo, me deslizo más cerca de ella, mis piernas se cruzan a cada lado de sus caderas. La fricción es tan intensa, tan perfecta, que suelta un gemido bajo, vulnerable mientras sus manos se aprietan contra mi cintura.
Mis pensamientos se disuelven en un torbellino de sensaciones. La magia gira entre nosotras como docenas de manos invisibles que nos tocan, acariciando cada rincón de nuestra anatomía, encendiendo sensaciones brutales y aplastantes. Es demasiado. Necesito que me toque, que me alivie la urgencia que palpita en mi interior. Mis caderas se mueven por sí solas, un impulso desesperado de sentirla aún más cerca y noto cómo Emma aprieta los dientes, luchando por controlar sus propios instintos.
—¿Qué estás…? —empieza a decir con quebrada, pero no puede terminar. Se tensa bajo mis manos y su respiración es casi un jadeo.
El roce de mi cuerpo contra el suyo desata un deseo tan feroz que apenas puedo contenerlo. Mi mente grita que esto no es el momento, pero mi cuerpo clama lo contrario. La fricción entre nosotras es una chispa que prende fuego a algo mucho más profundo. Emma parece estar igual de perdida; su mirada se oscurece, apenas puedo respirar sin que el olor de su piel me empuje más allá de mis límites.
—Mierda… —su miembro se endurece bajo el peso de mi trasero y es satisfactoria escucharla gruñir llena de anhelo.
Sus manos se mueven con un propósito repentino, aferrándose a mis caderas, tratando de controlar mis movimientos, pero también de buscar más contacto. Por un momento, nos quedamos en ese limbo, atrapadas entre el deseo de detenernos y el impulso de rendirnos a lo que ambas sentimos.
—Emma… —murmuro, casi en un ruego. Mis manos se deslizan por su cuello, buscando anclarme a ella mientras su magia sigue su curso dentro de mí, despertando cada rincón, encendiendo mi piel como si fuera la primera vez que me tocan.
Ella me mira, sus pupilas dilatadas, sus labios entreabiertos, una energía crece entre nosotras, algo que ambas sabíamos que estaba ahí pero que nunca nos atrevimos a nombrar.
—Por favor, más… —mi voz suena extraña, ahogada, sale de lo más profundo de mi ser y enmudezco cuando otra oleada de magia atraviesa mi cuerpo, impactándome como un ave contra un ventanal. El golpe es inesperado, una sacudida visceral que me deja sin aliento.
Emma jadea, con su respiración entrecortada, y me coge de las caderas, apretándome contra ella, intentando contenerse, pero su control es frágil, una cuerda tensa a punto de romperse.
—Si continúas… haciendo eso… no voy… a poder… parar —advierte, mientras sus manos tiemblan en mi piel.
La pasión nubla nuestros sentidos y mi cuerpo responde a cada uno de sus movimientos, su toque es la única cosa capaz de anclarme a este mundo. Otra embestida de magia nos golpea, más fuerte, arrastrándonos en una corriente que se siente a la vez dulce y lasciva. Nuestras magias se encuentran y se reconocen con una fascinación que solo acrecienta la intensidad del momento y cada fricción entre ellas se siente como un orgasmo que recorre todo mi ser, obligándome a pedir más.
Cada vez que Emma traspasa mis barreras, un estremecimiento me sacude de adentro hacia afuera, tan violento y embriagador que apenas puedo respirar.
—Te necesito dentro de mí… ya —susurro, consumida por el deseo, tan ardiente y desesperado como nunca antes lo había sentido. Me aprieto más contra ella, moviéndome lasciva para tentarla, para llevarla al borde.
No puede disimular el gemido que se escapa de su garganta, un sonido ronco y arrollador que me hace temblar.
—Cariño… espera… —susurra, negando con la cabeza, pero sus manos permanecen firmes en mis caderas y no puede evitar un nuevo jadeo cuando me muevo de nuevo, sintiendo cómo su cuerpo cede ante mi presión— Lo que sientes es la conexión de nuestra magia… que…
La explicación queda interrumpida por el aire que se atora en su garganta, justo cuando mis dedos encuentran su entrepierna para abrir el zipper de su pantalón y presionando con urgencia la piel suave de su falo. Sus pezones se endurecen contra mi pecho, y todo su cuerpo se estremece bajo el peso de mi toque. Es demasiado, incluso para ella y lo sé. Puedo ver en la forma en que su respiración se acelera, en el sonido roto de su gemido, ahogado y profundo.
No le doy tiempo a reaccionar; con un poco de magia hago que mi ropa interior desaparezca. Me levanto ligeramente , sin dudarlo, sujeto la base con una mano firme y me deslizo lentamente. Un jadeo de pura necesidad escapa de sus labios mientras ambas nos quedamos quietas un segundo, sintiendo cómo la conexión se intensifica, cómo nuestras magias se enredan aún más, fusionándose de una forma tan íntima que parece que somos una sola.
—Mills… —gime, tan alto y desesperado que su voz se quiebra al final, convirtiendo mi apellido en un ruego primitivo.
Nos sentimos lanzadas al vacío como una bala disparada al cielo, y no sabemos dónde vamos a caer. Pero cada vez que nuestras caderas se encuentran, el mundo se alinea de nuevo y el roce, el choque de mis caderas contra sus muslos, es como un impulso eléctrico que se enciende entre nosotras. Nuestros cuerpos se buscan, se encuentran con una intensidad feroz, una necesidad de morder, arañar, y besar, estamos poseídas por una fuerza ancestral.
—Follame como nunca lo has hecho… — susurro contra su boca, cada palabra entrecortada por el ritmo frenético con el que la cabalgo.
Emma se levanta de repente, el deseo brillando en sus ojos con una intensidad tan oscura y voraz que me deja sin aliento. Sin previo aviso, me da la vuelta y me coloca a cuatro patas al borde de la cama. Mi falda sube de un tirón, dejando mis nalgas expuestas al aire frío de la habitación, lo que provoca una descarga de lujuria que me quema desde dentro. Una parte de mí, la que siempre necesita el control, se resiste, intentando no rendirse a esta obediencia repentina. Pero mi cuerpo, traidor, ignora esas órdenes; me dejo guiar por ella. Que me posea y me domine como le plazca.
—Mírame —ordenó, en un tono bajo y ronco, vibrando como un trueno en el aire, haciendo eco en mi piel— Mírame mientras te lleno toda.
Obediente, mis ojos buscan los suyos, encontrando en ellos una mezcla de deseo y posesión que me incendia aún más. En un solo movimiento, se adentra por completo y el impacto de su empuje me deja sin aliento, vaciando mis pulmones. Pierdo el equilibrio y mi rostro se hunde en las almohadas, sofocando los gemidos que luchan por salir de mi garganta.
Cada embestida es una explosión, un choque de placer tan intenso que siento que estoy rompiéndome en pedazos con cada movimiento. Pero después de cada rotura, algo dentro de mí se arma de nuevo, más fuerte y eufórico. La sensación es tan abrumadora que mis dedos se aferran a las sábanas, arrugándolas con fuerza mientras mi cuerpo se curva hacia atrás, buscando más, exigiendo que me llene toda.
Emma sigue moviéndose con un ritmo salvaje y preciso. Sus jadeos se mezclan con los míos. Con cada golpe, ambas somos empujadas más allá del límite, perdiéndonos en el abismo de nuestro deseo, donde la lujuria, el amor y el éxtasis se funden en una sola cosa, una conexión tan profunda que parece que nuestros cuerpos no son suficientes para contenerla.
Estamos allí, en el borde del precipicio, y ni siquiera queremos detenernos.
—Oh, Dios… —jadeo, sintiendo cada embestida como una descarga de pura electricidad recorriendo mi cuerpo. No hay ni un rastro de duda o sumisión en mi mente, solo una entrega completa a este amor que me devora. No me siento dominada, sino adorada, amada de una forma tan total que me corta la respiración— Más fuerte…
Y Emma, sin pensarlo, obedece. Me toma con más intensidad, con más fuerza, y un grito desgarrado se escapa de mi garganta.
—¿Notas cómo nuestras almas se unen? —su voz es un susurro ronco en mi oído— Soy tuya, Regina Mills.
Cada palabra retumba dentro de mí, sacudiendo todo mi ser. No sé cuántas veces me he desmoronado como piezas de lego lanzadas contra una pared, y no me importa. Lo único que quiero es esta unión que parece borrar los límites entre nuestros cuerpos, que me hace olvidar quién soy y qué es el tiempo. Me sorprendo a mí misma buscando más, mis caderas moviéndose al ritmo de sus arremetidas, mis gemidos llenando el aire.
Los dedos de Emma se deslizan hábilmente hasta encontrar mi clítoris. Empieza a dibujar círculos pequeños pero insistentes, que me arrancan un gemido profundo y en ese momento, doy gracias a todos los santos por estar en la cama. Sin ella sujetándome firmemente de las caderas, me desmoronaría por completo.
—Tú y yo somos una, para siempre… —digo, apenas reconociendo mi propia voz, mientras giro la cabeza y nuestros labios se encuentran en un beso desesperado, hambriento, como si buscáramos devorarnos el alma.
—Te amo… —murmuramos al unísono, nuestras palabras sincronizadas por el éxtasis que compartimos.
Una chispa de magia, como una ráfaga de relámpagos, se dispara entre nosotras. La intensidad nos hace estremecernos, sintiendo cada célula de nuestros cuerpos siendo electrocutada por una corriente ardiente. Emma jadea contra mi boca, y sé que ella también lo siente, esta conexión que va más allá de lo físico, más allá de la carne y el deseo.
La magia se arremolina a nuestro alrededor, haciendo cosas extrañas, restaurando partes de nosotras que ni siquiera sabíamos que estaban rotas. Es como si, en ese momento, nuestras almas se hubieran encontrado finalmente y se hubieran fundido en una sola.
Continuará…
¿Cómo quedaron después de este capítulo? Los dejé con calor, lo sé… y no puedo evitar reírme un poquito por ello. Soy mala, pero es parte de la diversión, ¿verdad? Gracias por leer y disfrutar, ¡nos vemos en el próximo!
