Ya habían pasado varias horas desde que ambos se habían establecido en el bosque. Alrededor de ellos, la noche avanzaba, cubriéndolo todo con un manto oscuro apenas roto por el brillo de la fogata que ardía de manera incierta, con las últimas ramas secas consumiéndose lentamente. En su improvisado campamento, el refugio que habían construido de ramas, lianas y hojas apenas los protegía del frío, y sabían que aún les faltaba suficiente madera para mantener el fuego encendido durante la larga noche que se avecinaba.

En ese momento, Beat regresó de las profundidades del bosque, con varios troncos y ramas bajo el brazo. Note, sentada frente a la fogata, observaba el fuego con una expresión de inquietud, su mente claramente sumergida en pensamientos lejanos. Beat, al notar su silencio, dejó la madera a un lado y se acercó, arqueando una ceja preocupado.

—¿Qué sucede, Note? ¿Estás bien? —preguntó suavemente, mientras se acomodaba cerca de ella, esperando que sus palabras la sacaran de su ensimismamiento.

Note apenas giró su cabeza para mirarlo y luego volvió su vista al fuego, con una mirada que dejaba entrever sus dudas. —No estoy segura… Todo esto… ¿No te parece extraño? —murmuró, con el ceño ligeramente fruncido.

Beat suspiró y se encogió de hombros. —Bueno, admito que estoy preocupado también, pero… no creo que podamos hacer mucho por ahora. —Hizo una pausa y le dedicó una sonrisa amable—. Además, ¿qué sentido tiene preocuparse tanto? Sabes que suelo tomar las cosas con calma.

Note lo miró con escepticismo y resopló. —Sí, ya sé, siempre eres tan despreocupado... Tal vez te vendría bien tomarte algo en serio, de vez en cuando—

—¿Y tú? Quizás tú deberías relajarte un poco. —Beat cruzó los brazos y trató de darle un toque ligero a su tono—. Vamos, Note, estamos en un juego. Y no cualquier juego… ¡Es Dragon Ball Heroes! Admítelo, es algo genial, ¿no?

Pero Note simplemente frunció más el ceño, y con un suspiro miró de nuevo al fuego. —No me parece genial… No sé cómo explicarlo, pero tengo un mal presentimiento de todo esto—

—Bien, bien, entiendo… — Beat hizo una pausa, observándola de reojo. Verla tan sombría le incomodaba, y sintió el impulso de hacer algo para aligerar el ambiente. Un destello travieso cruzó por sus ojos al voltearse a ver el refugio de hojas y ramas que su compañera había improvisado para pasar la noche. Se acercó un poco más y, con una sonrisa, dijo en tono burlón —¿Sabes? No quiero ser quien lo diga pero… si esto fuera una competencia de crear refugios, el tuyo seria el primero en ser eliminado… sin duda alguna—

Note lo miró, desconcertada al principio, exasperada por el ridiculo comentario —¿Ah si? ¿Entonces quieres hacer uno mejor? —

—No es eso, quiero decir… esto se ve como un verdadero "look rustico" pero sin duda si viniera una ventica, esto saldra volando sin problemas—

Note lo miró en silencio por un segundo, como si decidiera si debía responder o no. Al final, la exasperación le ganó, y se levantó con una ligera sonrisa que mostraba su irritación. Sin decir palabra, se acerco silenciosamente hacia su amigo y le dio un golpe amistoso. O al menos eso era lo que pretendia. En un movimiento rápido, antes de que Beat pudiera reaccionar, le lanzó un golpe en el hombro. La fuerza del golpe fue tal que Beat salió volando hacia atrás, estrellándose violentamente contra el refugio, siguiendo su camino contra un árbol con un crujido seco. El impacto fue tan fuerte que el tronco tembló, y antes de que pudiera estabilizarse, el árbol se inclinó y cayó hacia un lado con un estrépito sonido, dejando una nube de hojas y polvo en el aire. Beat quedó tendido en el suelo, con una mezcla de sorpresa y dolor pintada en su rostro.

—¡Ay…! —gimió, sacudiéndose las hojas que le caían encima mientras se levantaba como podía. No esperaba que el golpe fuera tan fuerte, y mucho menos que Note pudiera moverlo como si fuera de papel.

Note respiraba agitada, y sus ojos brillaban con asombro mientras miraba sus propias manos, como si estuviera dándose cuenta por primera vez de la fuerza que ahora poseía. —¡Tú…! —exclamó, señalándolo con una expresión mitad de enojo, mitad de incredulidad— ¡Eres un idiota! —

Beat, aún adolorido, la miró con una mezcla de diversión y asombro. —¿Y… qué fue eso? —dijo, riendo a pesar del golpe—¿Era necesario que me golpearas? Solo era una broma…—

Note asombrada se quedo mirando el tramo que realizo su amigo al recibir su golpe, sintiendo la sensación del impacto en su mano, arqueando una pequeña sonrisa en sus labios.


Mientras tanto, en un lugar remoto y desconocido, una sala repleta de máquinas y computadoras generaba un ruido ensordecedor. La penumbra se iluminaba intermitentemente con el parpadeo de innumerables luces y señales que cruzaban la inmensidad del cuarto. En un sector algo apartado, destacaba una cápsula misteriosa de forma vertical. Aunque se asemejaba a las demás máquinas de la sala, esta cápsula se distinguía por un cristal semicilíndrico que cubría la mayor parte de su estructura, sin permitir ver lo que yacía en su interior. A los lados, varias luces parpadeaban y las pantallas mostraban signos vitales y complejos datos.

De pronto, el cristal de la cápsula se deslizó hacia arriba, emitiendo un sonido sofocante mientras una densa nube de vapor escapaba del compartimento. Al disiparse el vapor, una figura femenina comenzó a emerger lentamente. Sus ojos azules brillaban con determinación a pesar del agotamiento visible en su rostro. Cables se enredaban alrededor de sus brazos y cuello, reteniéndola, mientras intentaba quitarse un casco que cubría gran parte de su cabeza. Con algo de esfuerzo, logró liberarse del casco, y una cabellera larga y castaña cayó sobre sus hombros, húmeda por el sudor que recorría su piel.

Respirando entrecortadamente y sintiendo un hambre voraz, Putine dejó el casco a un lado y tomó sus anteojos de una mesa cercana antes de salir de la habitación y dirigirse a un largo pasillo iluminado. A través de las ventanas que bordeaban el corredor, se podían ver cápsulas similares, con científicos y técnicos monitoreando los signos vitales de sus ocupantes. Ignorando a todos ellos, Putine siguió avanzando hasta llegar a una esquina, donde la esperaba un hombre de cabello rubio corto y ojos verdes. Al verla, el joven se adelantó y, con una teatralidad evidente, tomó su mano y la besó mientras se arrodillaba ante ella.

Putine frunció el ceño, conteniendo con dificultad las ganas de abofetearlo en el acto.

—¿Qué demonios quieres, Salsa? —espetó, apartando su mano bruscamente. Sabía que este despliegue no era más que uno de los juegos de Salsa, una forma de fastidiarla.

—Oh, Putine~. ¿Acaso tu misión no fue tan gloriosa como esperabas? —replicó, fingiendo sorpresa mientras se incorporaba. Sin embargo, antes de que pudiera decir algo más, Putine ya había reanudado su camino, dejándolo atrás.

—¡Espera! —dijo, acelerando el paso para ponerse a su lado. —Como estaba planeado, todos los transferidos cruzaron la puerta al otro lado.

—Si todo va según lo planeado, ¿por qué molestarte en decírmelo? —murmuró Putine, lanzándole una mirada fulminante, pero sin reducir la velocidad de sus pasos. Estaba reconsiderando si realmente debía darle esa bofetada.

—Mientras hablamos, los científicos están intentando descubrir por qué un porcentaje de los transferidos no coincide con nuestra base de datos. — Putine se detuvo en seco, girándose hacia él con expresión de desconcierto.

—Eso es imposible…—

—No me digas. Según el hechizo de transferencia y cambio universal de nuestra Diosa Towa, todos deberían haber perdido sus recuerdos y ganado unos nuevos según nuestras especificaciones, además de adaptarse al entorno creado. Pero… algo salió mal en el momento en que cruzaron la puerta. Dime, ¿cuántas personas eran? —

—Ochenta… —respondió con tono impaciente, irritada por la distracción de Salsa. Entonces procesó lo que él insinuaba y frunció el ceño aún más. —¡Oye! ¿Estás insinuando que Towa cometió un error? —

Con un estallido de furia, Putine lo agarró por el cuello de la camisa y lo acercó a ella, sus ojos centelleando de enojo. Salsa levantó las manos con calma, tratando de apaciguarla.

—Tranquilízate, querida. Con esa actitud, jamás encontrarás pareja —respondió con su usual sonrisa burlona, aunque en sus ojos brillaba una chispa de prudencia. Putine soltó un gruñido de exasperación antes de dejarlo ir.

—Tch. ¿Entonces tiene arreglo?

—A simple vista, el hechizo de la puerta no debería tener fallas, pero los científicos dicen que les tomará tres o cuatro días identificar la causa. Quizás debas hablar con Pesto para obtener más detalles— Salsa se arregló las mangas con un aire despreocupado, pero Putine no bajaba la guardia, manteniéndose atenta a cualquier signo de burla.

—¿Ya terminaste? —cortó con frialdad. —Quiero comer algo antes de reunirme con Towa. —Salsa la observó por unos momentos en silencio, notando la expresión de irritación en el rostro de Putine, que, según él, solo acentuaba su belleza.

—Por supuesto. Veré si Gravy necesita ayuda. No podemos permitir que nuestras "ovejas" mueran en vano en ese universo tan… caótico —concluyó antes de dirigirse en dirección opuesta.

—Oye, Salsa… —dijo ella de repente, haciendo que él se detuviera y se girara hacia ella, visiblemente intrigado. —Ni una palabra de esto a la diosa Towa…

—¿No crees que deberíamos reportarlo? ¿O acaso…?

—Primero averiguaré qué está ocurriendo. No tiene sentido molestar a Towa con algo insignificante hasta que tengamos certeza de qué ha sucedido. Ella tiene asuntos más importantes de los que ocuparse. — Satisfecha con su decisión, Putine se alejó, dejando a Salsa sonriendo para sí mismo mientras susurraba en voz baja:

—Como digas, General de la Legión del Nuevo Mundo…


—Auch… auch…— Los jóvenes estaban sentados frente a una fogata, cuyas llamas temblorosas iluminaban sus rostros cansados y los alrededores del bosque. Note trataba de atender las heridas de Beat, improvisando un vendaje con unas hojas y tiras de tela desgarradas de su propia camiseta. Beat tenía la cara llena de rasguños y moretones; era algo lógico, después de recibir aquel golpe de Note que lo había lanzado como un muñeco hacia el refugio, que ahora se veía aún más destartalado. Sin duda, iba a necesitar reparaciones serias después de eso.

—Lo siento, Beat, solo deja de moverte un poco…— dijo Note, su voz mostrando una mezcla de culpa y concentración mientras ajustaba el vendaje.

—¿Quién hubiera pensado que tenías la mano pesada?— Beat intentó bromear, aunque su sonrisa era forzada debido al dolor que sentía cada vez que Note tiraba un poco más de la improvisada venda.

Note suspiró, mirando el vendaje a medio terminar y a su amigo, cuyos moretones parecían extenderse en cada ángulo visible de su rostro. —Bueno, supongo que tiene algo de sentido, pero… no pensé que realmente te haría daño—respondió, su tono de voz cargado de pesar.

Beat sonrió un poco más, tratando de aliviar la tensión en el aire. —Aunque es bueno saber esto… eso significa que no estamos tan indefensos como pensábamos al principio— comentó, su mirada desviándose hacia las llamas como si analizara cada palabra, dándole vueltas a la idea.

—¿Crees que podamos usar el Ki? —preguntó Note, intrigada y con una chispa de esperanza en su voz.

—Probablemente— Beat asintió, aunque dudoso —pero no estoy seguro de cómo podríamos hacer eso, al menos no sin un poco de práctica. Humm… ¿qué crees que debamos hacer mañana? —

Note suspiró, un tanto frustrada. —Aún sigues pensando en este lugar como si nos fuéramos a quedar—replicó, apartando la mirada de la fogata hacia el cielo estrellado, casi como esperando encontrar una salida entre las constelaciones.

—Pues, yo no veo que estemos afuera todavía— dijo Beat con un encogimiento de hombros. —Además, como ya viste, aparte de tener hambre… tenemos otras necesidades básicas—

Note dejó escapar una pequeña sonrisa, divertida ante el comentario. —Solo espero que si nos quedamos aquí por mucho tiempo, encontremos un inodoro como dios manda—

Beat rio suavemente. —Podríamos… intentar cazar algo mañana— propuso, observando el bosque en sombras que los rodeaba como si buscara ya algún signo de presa.

—¿Eh? ¿Sabes cazar?— Note lo miró con incredulidad, arqueando una ceja.

—Probablemente no— Beat admitió, rascándose la nuca —pero, con estos cuerpos, quizás sea algo relativamente sencillo. Quiero decir, no creo que tengamos solo superfuerza. También debemos tener velocidad y reflejos natos; algo que podríamos usar para pelear podría servirnos también para cosas más cotidianas—

—Humm… creo que tienes razón—murmuró Note, considerando la idea mientras miraba de reojo a su compañero. —Lo mejor será que lo pensemos mejor mañana… ya es bastante tarde—

Beat asintió, estirando los brazos y recostándose contra el suelo de tierra suave y cálida cerca de la fogata. —Tenemos suerte de que el clima es bastante agradable— murmuró, observando las estrellas —además, el cielo está despejado… no necesitaremos ese refugio tan…—

—Bonito que hiciste, Note. Es una pena que se rompiera…— terminó con una sonrisa traviesa, sabiendo que la "broma" suavizaría el ambiente un poco.

—Beat…— dijo Note, rodando los ojos con una mezcla de cansancio y diversión en su mirada.

—¿Sí? —

Note le dedicó una mirada suave, aunque agotada. —Buenas noches…—

—Buenas noches, Note…—


La mañana avanzaba con lentitud mientras Beat y Note se escondían entre la maleza, manteniendo una quietud casi absoluta. La naturaleza a su alrededor parecía burlarse de ellos: llevaba casi una hora sin ofrecerles ni un solo rastro de presa. Beat, agazapado junto a Note, no podía evitar moverse inquieto, haciendo crujir ocasionalmente las hojas bajo sus pies.

—¿No dijiste que con estos cuerpos sería más fácil?— murmuró Note, en voz baja y con una nota de irritación. —Hasta ahora, no hemos visto ni una pluma de nada comestible.

—Tal vez es cuestión de paciencia…— Beat replicó, aunque su tono inseguro no ayudaba a calmar la situación. Sus estómagos rugían en un recordatorio constante de su fracaso como cazadores, y el hambre empezaba a pesar más con cada minuto que pasaba.

—Y quizás también de habilidad para hacer armas— comentó Note, levantando con ironía la "lanza" improvisada que Beat le había dado. —Dijiste que era una lanza, pero solo me diste un palo.

—No me juzgues, es la primera lanza que hago en mi vida— se defendió Beat, rascándose la cabeza con vergüenza. —Piensa en ello como… una versión prototipo.

—Genial, entonces ya sé en qué lo probaré si no encontramos el almuerzo— murmuró Note, apretando el "palo-lanza" con una mirada amenazante hacia Beat.

—¿Qué dijis…?— Beat comenzó a responder, pero un crujido fuerte rompió el silencio, dejando a ambos tensos. Note levantó una mano, indicándole que se quedara quieto mientras sus ojos escrutaban la espesura. Entre los árboles emergió lentamente la figura corpulenta de un jabalí, sus colmillos largos y afilados reflejando destellos de luz entre las sombras del bosque.

—¡Es… es un jabalí!— susurró Beat, sus ojos iluminándose entre la sorpresa y el entusiasmo.

—Bueno, es algo…— comenzó Note, pero sus palabras se cortaron cuando el jabalí levantó la cabeza y clavó sus ojos furiosos en ellos, soltando un bufido amenazante que les hizo tragar saliva al unísono.

¿Crees que nos haya visto?— preguntó Beat, en un murmullo cargado de esperanza.

—No lo sé, pero por su expresión, diría que está tan hambriento como nosotros— respondió Note, observando con aprensión el comportamiento del animal. Sin más advertencia, el jabalí bajó la cabeza y cargó hacia ellos, resquebrajando ramas y troncos en su camino.

—¡Corre!— gritó Note, dándole un empujón a Beat mientras ambos se lanzaban a correr entre los árboles. El sonido de las patas del jabalí destrozando la vegetación detrás de ellos les hacía sentir la piel de gallina. Saltaban sobre raíces y esquivaban lianas, mientras el jabalí se abría paso con una fuerza implacable que dejaba una estela de destrucción.

—¿Qué demonios sucede con este animal?— exclamó Beat, entre el pánico y la incredulidad.

—¡En este mundo existen dragones! ¿Por qué no un jabalí salvaje gigante capaz de destruirlo todo a su paso?— respondió Note, jadeando mientras despejaba el camino frente a ella con su "lanza".

Antes de que pudieran reorganizarse, el jabalí, con una agilidad sorprendente, pasó entre ambos, cortándoles el camino y obligándolos a separarse. Sin pensarlo, cada uno tomó una dirección diferente, confiando en que el animal finalmente los perdería de vista. Beat miró hacia atrás un par de veces sin dejar de correr, suspirando aliviado al notar que ya no parecía seguirlo.

—¡Ah! Parece que lo perdí— susurró, con una sonrisa victoriosa, pero antes de que pudiera relajarse, el jabalí reapareció a su lado con los ojos encendidos de furia. —¡No puede ser!

Sin más opciones, Beat aceleró en dirección a un paredón de rocas que surgía entre la maleza. Cuando finalmente llegó, se giró rápidamente, enfrentándose al animal que no parecía dispuesto a detenerse.

—Maldición…— masculló Beat, sintiendo cómo su corazón martilleaba en su pecho. Apenas tuvo tiempo de tomar una posición defensiva antes de que el jabalí arremetiera contra él a toda velocidad. En un acto reflejo, Beat posó sus manos sobre los colmillos del animal, luchando por detener su avance. La fuerza del jabalí era asombrosa, y Beat, aunque comenzaba a tomar ventaja, sentía cómo su propio poder estaba al límite.

—¡Ya te tengo!— exclamó Beat, levantando al jabalí de los colmillos con un esfuerzo monumental y, con un grito de esfuerzo, lanzó una patada a las costillas del animal, mandándolo a volar contra un árbol. El jabalí chilló de dolor, su cuerpo temblando mientras trataba de levantarse. Beat pensó que eso sería suficiente para espantarlo, pero el animal solo parecía más enfurecido, listo para un nuevo ataque.

De repente, un sonido fuerte desde arriba captó su atención, y al instante siguiente, Note cayó desde la copa de un árbol, golpeando al jabalí en la cabeza con su "lanza". La fuerza del impacto fue tal que un estruendo sacudió el suelo, enviando a las aves cercanas a volar despavoridas. El animal se desplomó, inconsciente, con un bulto cómicamente grande creciendo en su cabeza.

—¡Genial!— Grito Beat, sorprendido y aliviado mientras miraba a Note con una mezcla de agradecimiento y asombro.

Note, todavía sobre el jabalí inconsciente, le lanzó una sonrisa triunfante. —Eso salió mejor de lo que esperaba.

Beat rió, respirando entrecortadamente, mientras se acercaba y tomaba los restos de la "lanza" hecha pedazos en las manos de Note. —Parece que el prototipo no aguantó— bromeó, pasándole los trozos de madera.

Ambos se miraron, agotados pero felices de haber salido ilesos, y se dieron una palmada en la espalda mientras el eco de sus risas se perdía entre los árboles.


El sol brillaba con fuerza sobre el mar, y la brisa fresca del océano hacía ondear las palmeras alrededor de Kame House. La pequeña casa en la isla parecía tranquila a simple vista, pero el ambiente en su interior era tenso y pesado. Reunidos en el salón, Yamcha, Ten-Shin Han, Krilin, el Maestro Roshi, Bulma y Chaos intercambiaban miradas llenas de preocupación. Todos ellos sabían que algo se acercaba; el Ki abrumador que sintieron días antes aún resonaba en sus mentes.

Piccolo y Gohan acababan de llegar, y aunque el joven saiyajin saludaba tímidamente, los Guerreros Z no podían dejar de notar cuánto había crecido. Yamcha, intentando suavizar la tensión, sonrió mientras miraba al chico.

—Ah… Gohan, sin duda has crecido mucho desde la última vez que te vi— comentó con amabilidad. Gohan respondió con una leve sonrisa, pero sus ojos denotaban timidez y un dejo de desconfianza. Se quedó en silencio, refugiándose detrás de Piccolo, el único al que parecía realmente entender y confiar.

—¡Te ves igualito a tu padre! —dijo Krilin, acercándose al chico con un intento de cercanía, solo para que Gohan retrocediera un poco más detrás de Piccolo, como si el contacto lo intimidara.

—No te preocupes, pequeño... Todos aquí somos amigos— intentó calmarlo Roshi con una sonrisa comprensiva, aunque su propio rostro también reflejaba inquietud.

—¿Qué le has hecho al pobre Gohan, Piccolo? —reprochó Bulma, dirigiéndole al namekiano una mirada de reproche. —Seguro lo has estado aterrorizando con tu entrenamiento despiadado, ¿verdad?

Piccolo, impasible, no apartó su fría mirada de ella. —Qué tonterías dices— respondió con un tono seco. —Lo único que hemos hecho es entrenar, mientras ustedes desperdician el tiempo hasta que los saiyajines lleguen.

La tensión aumentó de golpe. Ten-Shin Han, ya cansado de los comentarios del namekiano, se puso de pie y lo miró con un aire desafiante.

—¿Qué estás insinuando? —espetó, con una chispa de ira en los ojos.

Piccolo dio un paso hacia adelante, cruzando los brazos. —Es evidente que su nivel de pelea no ha cambiado desde la última vez que los vi. Si siguen así, no serán más que peso muerto cuando lleguen los saiyajines—.

Krilin también se levantó, con el ceño fruncido. —Maldito… No tienes derecho a hablar así—. Estaba a punto de dar otro paso hacia él, pero fue detenido por una mano firme en su hombro. El Maestro Roshi observaba a Piccolo con una mirada que desbordaba autoridad y desaprobación.

—Entendemos que no vienes por razones sociales, Piccolo— comenzó el anciano calmadamente, aunque su voz era severa. —Pero tampoco tienes derecho a menospreciar el esfuerzo que todos hemos hecho. Cada uno de los aquí presentes está dando lo mejor de sí para enfrentar esta amenaza—

Por un instante, Piccolo sintió un destello de respeto hacia el anciano. La fuerza espiritual del Maestro Roshi era imponente, como una sombra que envolvía la sala. No era el más fuerte, pero algo en su presencia hacía que hasta Piccolo contuviera sus palabras.

—Entonces también saben que los saiyajines ya están aquí— declaró Piccolo, su tono gélido disipando cualquier intención de reconciliación. Todos quedaron en shock; las miradas se cruzaron en un silencio que pesaba como una losa.

—¿Cómo puedes estar tan seguro? —preguntó Yamcha, cruzándose de brazos, mientras intentaba disimular el nerviosismo en su voz.

—Esos malditos pueden rastrear nuestro nivel de pelea en cualquier momento— murmuró Krilin, con un deje de resignación. —Nos van a encontrar sin importar lo que hagamos.

—Eso significa que no hay manera de sorprenderlos— añadió Ten-Shin Han, su voz grave y apesadumbrada.

—Pero también nosotros podemos sentir su Ki cuando estén cerca… Al menos estaremos listos para pelear cuando llegue el momento— respondió Chaos, tratando de infundir algo de esperanza en sus amigos.

Bulma, que había estado en silencio, intervino con una idea inesperada. —¿Por qué no mejor se quedan aquí un tiempo? —propuso. —Aquí podrían estar más seguros mientras analizamos sus movimientos.

Krilin dejó escapar una carcajada nerviosa. —¿Bromeas? — pero ante la mirada decidida de Bulma, agregó en voz baja—. Bueno, supongo que en un lugar tan pequeño podrían tardar más en encontrarnos…

Ten-Shin Han asintió despacio. —Quizá, después de todo, no sea una mala idea. A este punto, estamos prácticamente en un punto muerto.

Roshi asintió en silencio, contemplando la idea. —Podrían saber cómo esconder su Ki o, peor aún, estarnos observando desde algún lugar. Mañana, con la mente despejada, veremos qué podemos hacer.

Asintieron en conjunto, aceptando la idea de descansar y analizar la situación al día siguiente. Con un ligero asentimiento, Piccolo dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta.

—¡Gohan, nos vamos! —ordenó con voz firme. Sin perder tiempo, Gohan se despidió con una rápida reverencia antes de apresurarse a seguirlo.

—¿Qué planeas hacer? —preguntó Roshi mientras veía al dúo volar hacia el cielo estrellado.

Voy a investigar el área donde apareció ese Ki— respondió Piccolo en un tono que no permitía réplica, sin siquiera voltear a verlos. —Prefiero eso a perder el tiempo como ustedes

Antes de que alguien pudiera responder, desapareció en un destello blanco. Gohan, tras una última mirada al grupo, lo siguió con torpeza, dejando a los guerreros Z en la quietud de la noche.

—Solo espero que no se metan en problemas— murmuró Krilin, observando las estelas de ambos disiparse en la distancia.


Las llamas crepitaban alegremente en el campamento improvisado junto al río. La luz del fuego proyectaba sombras danzantes sobre los rostros de Beat y Note, quienes estaban ocupados asando el jabalí que habían cazado hace unas horas. El aire se llenaba del aroma ahumado de la carne, mezclado con el frescor del agua corriente y el suave susurro de las hojas meciéndose en los árboles. Beat, con una sonrisa despreocupada, giraba el trozo de carne sobre el fuego, observando el chisporroteo de la grasa al contacto con las brasas.

—¿Quién iba a decir que terminaríamos cazando un jabalí en el bosque? —bromeó Beat, rompiendo el silencio con una risa ligera.

Note, aún con una pizca de preocupación en sus ojos, dejó escapar una sonrisa que se suavizó en una pequeña risa, negando con la cabeza mientras suspiraba y se cruzaba de brazos.

—Pensándolo bien, es bastante ridículo, ¿no crees? —respondió ella, esbozando una sonrisa algo más relajada. A pesar de las dudas que le rondaban, el ánimo despreocupado de Beat tenía un efecto contagioso.

Beat le pasó una rama improvisada con un trozo de carne asada, y ambos probaron el primer bocado al mismo tiempo. El sabor ahumado y jugoso les arrancó una sonrisa, y por un momento, el peso de sus inquietudes pareció disiparse entre risas y bocados compartidos.

—Esto está… buenísimo —dijo Beat con los ojos cerrados, saboreando el jugo de la carne en su boca—. Valió la pena el esfuerzo… —A pesar de lo sencillo que era el asado, probar algo diferente a las manzanas y bayas del bosque era una mejora inesperada.

Note, sin embargo, parecía algo pensativa mientras observaba el trozo de carne que sostenía en la mano.

—¿Qué sucede, Note? —preguntó Beat al notar su expresión.

—¿Uh? Ah, nada… —respondió ella, girando la cabeza hacia él—. Es solo que… aún no me acostumbro a la fuerza de mis… ataques.

—Sí… algo similar me pasó. Además, ¿ves? Mis heridas están completamente curadas. —Beat se tocó el rostro, sin señales de moretones ni rasguños de antes.

—Es verdad, ya no tienes ni un solo rasguño —comentó Note, inclinándose un poco para observarlo mejor, sin darse cuenta de que sus ojos se detenían en los detalles de su rostro. Beat, algo incómodo, se alejó ligeramente.

—Uhmm… sí, es verdad… —dijo, desviando la mirada.

Confundida por su reacción, Note se quedó mirándolo en silencio por un instante, antes de sacudir la cabeza.

—Oye, Beat, ¿qué crees que deberíamos hacer ahora?

—¿A qué te refieres? —preguntó él, levantando la vista mientras tomaba otro bocado.

Bueno, se supone que debemos "completar la demo" para poder salir de aquí, pero… no entiendo por qué terminamos en este lugar. Quizá estamos en un sitio que no debíamos ver… y estamos perdiendo el tiempo aquí.

—¿Insinúas que deberíamos irnos del bosque?

—Es… una posibilidad, sí.

Beat se quedó pensativo, mirando el río que brillaba bajo la luz del fuego.

—No estoy en contra de la idea, pero quizás lo mejor sea esperar un poco. Todavía no estamos del todo acostumbrados a estos cuerpos…

Note alzó una ceja, divertida.

Vaya, pensé que tu espíritu aventurero diría que debemos ir ahora mismo.

—Jaja, buen intento… pero realmente quiero disfrutar un poco más de esto… —se interrumpió y tosió, buscando las palabras—. Quiero decir, prepararnos bien, estar listos para cualquier problema. No sabemos cuánto tiempo estaremos aquí, después de todo… tú misma lo dijiste.

—Sí, claro… eso mismo —respondió Note, mientras una sonrisa sutil asomaba en sus labios.

Así, continuaron comiendo bajo la caída de la noche, ambos sumidos en sus pensamientos mientras las brasas perdían su intensidad.

—Ahh, eso estuvo realmente delicioso… —exclamó Beat, dejándose caer de espaldas en el suelo, satisfecho y con el estómago lleno—. Si sigo comiendo, va a ser por pura gula…

—Sorprende que casi hayamos terminado con todo el jabalí… —dijo Note, observando los restos, solo quedaban un par de trozos y la cabeza—. Mañana tendremos que buscar algo más.

Al mirar a su lado, notó que Beat ya estaba profundamente dormido, respirando con tranquilidad, como si toda la preocupación del mundo hubiera desaparecido de sus hombros. Con un suspiro, se levantó con pereza y avivó las brasas con otra rama, para que el calor durara un poco más.

Luego, con un impulso casi involuntario, se acostó cerca de él, a unos pocos centímetros, contemplando en silencio su rostro bajo la tenue luz del fuego. Una palabra cruzó su mente, "lindo…". Ladeó la cabeza, estudiándolo un poco más, tratando de convencerse de que no era cierto. Ese tonto no tenía nada de "lindo"; era torpe y molesto. Sin embargo, una calidez se asomaba en su pecho, algo que no lograba explicarse.

Haciendo un puchero, finalmente se dio la vuelta, dándole la espalda a Beat, y cerró los ojos mientras el suave parpadeo de las estrellas los arropaba en su improvisado refugio bajo el cielo nocturno.