02

ERES MI OMEGA

Las cacerías en temporada de invierno podían alargarse debido a las fuertes nevadas, lo cual solamente provocaba que la situación fuera más peligrosa. Izuku le había dicho a Katsuki que no saliera por la inminente tormenta que se avecinaba, pero tan necio como solo él podía serlo, se había negado alegando que si no salía se iban a quedar sin suministros si la tormenta se alargaba demasiado y no podrían resistir hasta que el temporal terminara. Izuku sabía que Katsuki era fuerte, pero no podía evitar preocuparse por su seguridad. Aunque quizás se estaba engañando a sí mismo, aún no entendía que era lo que le pasaba, pero deseaba con todas sus fuerzas que Katsuki se hubiera quedado con él porque comenzaba a sentirse mal. No quería estar solo sintiéndose de esa manera tan vulnerable.

El dolor que comenzaba a sentir por todo su cuerpo estaba resultando insoportable. Las articulaciones le dolían demasiado y la necesidad de estar acurrucado entre los brazos de su pareja solo aumentaban, volviéndolo loco por ratos. Siguiendo sus instintos y arrastrando los pies por la habitación se dirigió al armario en donde comenzó a sacar la ropa del rubio para después lanzarla a la cama que compartían. Sintiéndose agotado y guiándose por lo que su omega quería comenzó a formar lo que podría considerarse como su primer nido. Al terminarlo, se tumbó directamente al centro y se cubrió con las prendas para poder fundirse en el aroma a canela que siempre desprendía el rubio. El aroma conseguía calmarlo, pero no del todo. El dolor de su cuerpo era tan insoportable a causa del calor que comenzaba a sentir que comenzó a llorar. Cuando el calor de su cuerpo comenzó a ser intolerable tuvo que quitarse su ropa y aun así no conseguía calmar ninguno de sus síntomas. Ojalá Katsuki no tardara mucho en regresar.


Lo primero que recibió a Katsuki al entrar a la cabaña fue el aroma de Izuku intensificado como nunca lo había sentido. El sándalo estaba inundando cada parte de la cabaña. Bajo sus propios criterios aquel era el mejor aroma de todos, pero que se percibiera tan fuerte solo podía significar una sola cosa: Izuku había entrado en celo y sus feromonas se estaban saliendo de control. Su boca comenzaba a salivar sabiendo que su pareja lo necesitaba y agradeció enormemente que no viviera nadie a kilómetros de distancia, de esa manera Izuku no corría peligro, y al mismo tiempo, no tendría que verse en la necesidad de marcar territorio. Se dio un tiempo para hacer a un lado sus propias necesidades que como alpha tenía al sentir las provocadoras feromonas de su pareja, porque no quería lastimar a Izuku. No sabía demasiado del tema, pero sabía que un celo en un omega recesivo era muy diferente, casi rayando a un sufrimiento y lo que menos quería era herir a Izuku aún más de lo que seguramente estaba padeciendo.

Dejó los conejos almacenados en hielo para poder prepararlos más adelante, después sirvió en una bandeja algunas frutas y finalmente sirvió bastante agua en un jarrón. Cuando tuvo todo preparado se acercó a la habitación y tocó con suavidad. — ¿Zuzu? ¿Puedo entrar? — Preguntó con cautela, lo que menos quería era que Izuku sintiera que invadía su privacidad y se volviera territorial. Aunque decir que estaba preocupado era poco. Sobre todo, al escuchar sus gimoteos que más que placer, parecían ser del más puro de los dolores.

— K-Kacchan… — Murmuró a penas audible. Su garganta se sentía demasiado seca, casi como si estuviera siendo lijada con filosos clavos.

Katsuki no necesitó escuchar más para poder abrir la puerta y ver a su pareja con sus propios ojos. A pesar de la situación, su alpha no pudo evitar sentirse orgulloso al descubrir que su lindo omega había utilizado sus ropas para poder crear un nido. Ver su cuerpo desnudo era un espectáculo que hasta el momento no había sido capaz de presenciar, pero que agradecía a los dioses el poder hacerlo justo ahora. Si Izuku no estuviera llorando de dolor, sería la escena perfecta que culminaría con él haciéndole el amor a su predestinado por primera vez. Se acercó con pasos tranquilos, mentalizándose para no dejar salir su lado animal y mantenerse sereno ante la situación. Colocó la bandeja con todas las cosas en una pequeña cómoda que se encontraba a un lado de la cama y luego se inclinó sobre el cuerpo del peliverde para acariciar sus mejillas. De inmediato, Katsuki se preocupó demasiado, estaban tan calientes que no le sorprendería si Izuku comenzaba a sacar humo por los poros de su piel de un momento a otro.

— Mi lindo omega… ¿hiciste este lindo nido para los dos? —Susurró dejando un beso suave sobre la pecosa frente, alagando los esfuerzos del omega con todo el amor que era capaz de sentir por él. — ¿Me dejarás entrar? — Fijó su atención en los ojos cristalizados de su pareja deseando poder borrar ese dolor que se reflejaba en ellos de inmediato.

— Por favor… —Respondió Izuku luego de dar un ligero asentimiento, sintiendo como los dedos de Bakugo intentaban frenar sus lágrimas. — Me duelo mucho…

— Lo sé…— Bakugo sonrió con ligereza para después proceder a quitarse la ropa. Una vez desnudo se metió con cuidado en el nido que había hecho el omega y le abrazó con gentileza. El calor que emanaba del cuerpo de Izuku era casi insoportable. — Dime como puedo ayudarte, Zuzu… — Susurró directamente en el oído del pecoso mientras intentaba calmar los temblores incesantes de su cuerpo. — Relájate… solo escucha mi voz. — Continuó mimando al pecoso mientras liberaba sus feromonas, aunque las de Izuku continuaban sobrepasando las suyas por mucho.

— Sed. — Respondió el peliverde, viendo un tanto apenado a su pareja, pero como toda respuesta fue recompensado una vez más con otro beso sobre su frente.

Katsuki dudaba mucho que Izuku pudiera mantener un vaso en equilibrio con aquellos temblores así que se acercó una vez más al oído del peliverde para volver a hablar. — Abre tu boca, corazón. — Susurró, apartándose un poco para poder ser el quien sirviera agua en un vaso y así poder tomar un trago que no bebió, sino que mantuvo en su garganta. Cuando observó a su novio con la boca entreabierta se acercó para unir sus labios con los ajenos, permitiendo el paso lento del agua por entre sus bocas. Izuku gimió de forma ahogada no esperando aquel gesto tan dulce por parte de Katsuki, pero no desperdició ninguna gota. — Buen chico. — Katsuki sonrió un tanto entretenido.

Izuku se rindió entre los brazos ajenos, sintiendo que el sonrojo de su rostro se extendía por todo su cuerpo. Las feromonas del rubio servían un poco para calmar sus dolores, pero no podían remediar todo por completo. — Alpha… duele… has que pare.

— Confía en mí… — El rubio bajó su rostro un poco más para volver a besar a Izuku mientras que con su mano comenzó a acariciar al omega en busca de poder calmar el calor que no parecía querer disminuir con nada.

Cuando conoció a Izuku hace muchos años atrás, sabía que no iba a existir manera alguna que pudiera separarse de ese peliverde y sus ojos esmeralda que siempre le provocaban un cosquilleo inexplicable, pero que le gustaba. Al crecer, se dio cuenta que iba a ser imposible vivir sin él. Izuku nunca se daba cuenta de lo hermoso que era y cómo llamaba la atención de todos. Siempre procuraba alejar a todos de él, en especial a los Alphas. No podía evitar morirse de celos cada vez que algún idiota de la aldea intentaba apegarse más de la cuenta a Izuku, como el imbécil de Todoroki. Ser conocedor de la sentencia del pueblo ante la revelación de la casta del peliverde, lo había envuelto en una furia indescriptible y no lo pensó dos veces en ir en su búsqueda para protegerlo de todo mal.

Tener a Izuku entre sus brazos, atendiendo sus necesidades como Omega, disfrutando de su cuerpo y, sobre todo, ser correspondido lo había vuelto eufórico. Anhelaba convertirse por completo en el Alpha que se encargara de proveer a su Omega en todos los sentidos, en mimarlo, en cuidar de él y regresarle la felicidad que perdió ante el rechazo de todos, hasta de su propia madre, en la aldea. Sabía que Izuku tenía demasiadas dudas respecto a convertirse en su compañero de vida por completo al ser un Omega recesivo, incluso se sentía defectuoso. Que sus feromonas estuvieran tan descontroladas en su primer celo era prueba fiable de la derivación de su casta. Pero aquello no podía importarle menos a Katsuki, estaba enamorado de Izuku porque era un ser maravilloso y deseaba estar a su lado para toda la vida. Y si tenía que recordarle a Izuku eso mismo cada día de sus existencias, que así fuera.

— Izuku… — Llamó el alpha con un tono sedoso de voz, intentando llamar la atención del peliverde del mundo de placer en el que se encontraba. — Mi Izuku. — El rubio enterró su nariz en el cuello del peliverde para besarle y embriagarse de su aroma. — Mi Omega.

El cuerpo del peliverde se estremeció de nueva cuenta al sentir la forma en la que el rubio hablaba y cómo era que su cuerpo se había adaptado tan maravillosamente para poder recibir al alpha. Aún le parecía sorprendente que Katsuki lo considerara de esa manera a pesar de las limitaciones tan evidentes que su casta tenía. Con brazos temblorosos, rodeó el cuello del alpha para poder buscar los labios del rubio y así poder besarle con creciente necesidad. — K-Kacchan… — Susurró sobre los labios ajenos, sonriendo apenas. — Mi Alpha.

Aquellas palabras consiguieron que Katsuki por fin se descontrolara y se dejara llevar por sus instintos. Sus feromonas se desataron, combinándose al fin con el del Omega en una perfecta mezcla canela y sándalo, provocando que sus movimientos se volvieran más erráticos hasta que ya no pudo controlarlo más, llevando a ambos por primera vez al júbilo de no retorno de convertirse en un solo ser. Katsuki nunca había esperado que unirse de esa manera con la persona que amaba fuera tan perfecta, pero aún así, sabía que no era el momento de marcar a Izuku por más que sus colmillos cosquilleaban ansiando enterrarse en la piel del omega para impregnar su esencia y marcarlo definitivamente como suyo. No mientras Izuku aún tuviera ese temor de ser "imperfecto". A cambio, y cumpliendo su promesa de no marcarlo hasta que ambos decidieran el mejor momento, se dedicó a besar y lamer la glándula del cuello de su pareja mientras Izuku regresaba de su nube de placer.

— Te amo… — Susurro el alpha mientras le abrazaba un poco más contra su pecho. Al cabo de un minuto, Katsuki comenzó a sentir la forma en la que el cuerpo del peliverde comenzaba a estremecerse un poco a causa de un llanto originado por esas simples dos palabras. Una pequeña sonrisa apareció en los labios del rubio que comenzó a besar las mejillas pecosas, eliminando así cualquier rastro de esos ríos salados. — Eres perfecto para mí, Izuku. Solo tú puedes ser mi omega.

Izuku no respondió nada, pero le abrazó con fuerza como si de esa manera pudiera fundirse aún más en su pareja. Al cabo de unos minutos, agotado tanto lo que acababa de pasar como del calor extremo que lo había atacado, terminó por quedarse dormido entre los brazos del alpha que no dejaba de verle y cuidarle en todo momento. Katsuki volvió a sonreír un poco más para finalmente ocultar el rostro en el cuello del chico, sintiendo una paz interior enorme. Ahora más que nunca se aseguraría de que Izuku se sintiera protegido a su lado porque quizás aún no se encontraban enlazados, pero no permitiría que nadie más le hiciera daño, porque era suyo, su compañero predestinado en esa vida y en todas las demás.


¡Capítulo retrasado! Este capítulo debió subirse ayer, pero no me he estado sintiendo muy bien de salud que digamos x.x ... espero que se entienda y les guste

Recuerden que sus comentarios me ayudan a mejorar mucho :D