Capitulo IV
La fiesta dio inicio, los invitados fueron arribando a la mansión uno tras otro, en su mayoría los protagonistas de la noche eran los jóvenes burgueses y aristócratas de la región, todos ellos parecían rondar la misma edad de Candy y Eliza. Las muchachas lucían primorosas con hermosos vestidos de seda y colores pastel, al ver esas mejillas sonrosadas, Candy pensó en lo maravilloso que sería portar uno de esos vestidos y bailar un vals, pero ese fantaseo se esfumó al recordar que ella estaba ahí para trabajar y no para divertirse, de repente era como ser un decorado más en el salón de baile, hasta que la llamaban para servirles.
Algo que alegró un poco a Candy fue el uniforme que le dieron para trabajar esa noche, para ella ese traje era muy bonito y cómodo, estaba estrenando el vestido que Eliza le había prometido después de todo. Respecto a esta última se sentía soñada con su vestido de baile color verde y hecho de seda, mismo que fue alabado instantáneamente por sus invitadas, principalmente Louise, su mejor amiga.
-Querida Eliza, luces tan maravillosa como siempre. Todos los muchachos piensan sacarte a bailar esta noche.
-Lo sé –asintió Eliza –Pero a mí solo me interesa que uno de ellos me saque a bailar
-¿Te refieres al hijo del Duque? –Preguntó Louise – ¿Vendrá?
-Tiene que venir, sería muy descortés de su parte negarse a nuestra invitación.
Definitivamente tenía que aparecer en cualquier momento, Eliza ya había visto al aristócrata en una fiesta hacía hace un mes, ella juraba que se enamoró a primera vista de él por su gallardía, su hermosura y tal vez su título nobiliario. En fin, aquella noche no le fue posible tener una conversación con él, ya que la hermana no se apartó de él ni un solo instante, incluso terminó bailando solo con ella toda la noche sin acercarse a ninguna otra señorita. Eliza ya intuía que la hermana menor de Terrence se aparecería en la fiesta, sin embargo ya tenía un plan para evadirla, su hermano Neil se encargaría de distraerla, quizá si todo salía bien hasta un romance entre esos dos surgiría.
El sol ya se estaba poniendo en la mansión y de los Grandchester ni rastro había, la tía abuela de Eliza comenzaba a impacientarse, la impuntualidad le molestaba mucho. La señora Lagan por su parte tenía todo bien vigilado para que todo saliera perfecto, si Eliza conseguía hacer las cosas bien impresionaría al hijo del duque y probablemente existiría un compromiso para acceder a la nobleza de gran Bretaña.
Más tarde aparecieron los hermanos Grandchester en la fiesta y se convirtieron en el centro de atención de los más jóvenes, principalmente Terry, después de todo Eliza no era la única que soñaba con que la sacara a bailar esa noche. Sin embargo, Eliza consideraba que al tratarse de fiesta ella era la única con derecho a semejante honor, las demás solo debían limitarse a observar. Inmediatamente la pelirroja se levantó de su asiento y caminó directo a los recién llegado para darle la bienvenida a su recepción.
-Qué bueno que han venido, sabía que no podrían faltar.
-Me disculpo, pero tuvimos una visita inesperada –se excusó Terry, naturalmente se refería a Candy, quien lo observaba a la distancia mientras cargaba una bandeja con las bebidas.
-No tienes que disculparte, debió haber sido alguien importante, pasen y tomen asiento –pidió Eliza tratando de disimular su molestia, ¿cómo era posible que se tomarán el tiempo de atender a alguien más cuando ya tenían un compromiso con ella?
La incomodidad invadía a Terry, ahí estaba rodeado por Eliza y sus amigos quienes le preguntaban una y otra vez de sus pasatiempos, de la vida en Londres, preguntas que Diana terminaba por atender sin mayor problema, quien era evidentemente más extrovertida que su hermano mayor.
-Pronto empezará el baile –dijo Eliza con la esperanza de que Terry se ofreciera a sacarla a bailar, pero el chico solo la miró con frivolidad.
-Lo siento, pero no soy un buen bailarín –atinó a decir Terry –Terminaría pisándote
-Tiene razón –se rio Diana con discreción –La última me vez me pisaste tanto que no me quedaron intensiones de bailar de nuevo.
Eliza frunció el ceño por lo que los hermanos dijeron, evidentemente se estaban burlando de ella y también alcanzó a entender que Terry la estaba rechazando, no tenía entenderes en ella, eso sí que hirió su orgullo. No podía desquitarse directamente con ellos, pero sí con Candy, su víctima frecuente cuando algo no salía como esperaba.
-Candy –le llamó la pellirroja
La muchacha caminó tímidamente hasta donde estaba Eliza, sabía que los hermanos Grandchester estaban ahí con ella, estos dos se quedaron sorprendidos al volver a ver a la pecosa.
-¿Es esta tu dama de compañía? –Preguntó Louise con Desdén
-¿Dama de compañía una sucia huérfana? –Exclamó Neil –Ella solo es una sirvienta más en esta casa.
Eliza y Neil voltearon a ver a Terry, como si esperaran que el también riera a la par que el resto de los que ahí les acompañaban, pero ocurrió lo contrario, el joven puso una expresión de evidente fastidio y dijo:
-Ustedes los burgueses son patéticos. ¿No les parece injusto burlarse de ella por algo que no eligió? Las personas como ustedes me repugnan.
Dicho lo anterior, Terry se levantó de su asiento y pasó de largo a todos los invitados, al ver esa esa escena Eliza le siguió intentando evitar que su invitado abandonara el salón tan precipitadamente.
-¿Cuál es su problema? –Agregó Neal enojado –solo nos estábamos divirtiendo un poco.
-Tú humor es patético –dijo Diana dejando a todos pasmados con su osadía y la chica se puso de pie tomando a Candy del brazo para llevarla con ella.
Lejos de aquella muchedumbre, Diana y Candy se quedaron a conversar en el jardín con mayor comodidad.
-Escucha –empezó Diana –No entiendo porque dejas que te hablen así. Deberías defenderte.
-Lo sé, pero la última vez que lo intenté casi me echan y no quiero perder este empleo –replicó Candy –Como ya escuchaste, soy huérfana y no tengo a donde ir, incluso si vuelvo al hogar de Pony solo sería una carga, los gastos de una chica de 13 años son demasiado para el orfanato.
Diana miró a Candy por largo rato, un silencio incómodo invadió el espacio entre ambas chicas, ciertamente más allá de esto para Candy no habría otra alternativa que trabajar toda su vida para ese tipo de familias. Ella lamentablemente no podría hacer nada al respecto.
-Solo deja de ser tan buena y sumisa, por eso Eliza y Neal no dejan de fastidiarte.
-Entendido –le sonrió Candy –Debo volver a trabajar. Por cierto, dale las gracias a Terry por defenderme.
-Mejor dáselas tú misma, ahí viene –dijo Diana Señalando al joven que venía caminado hacía ella.
Candy se quedó observando al muchacho que caminaba directo hacía ella, fue entonces que un intenso aroma a narcisos invadió el aire y cada vez que su aroma rosaba su nariz su corazón se aceleraba. No podía evitarlo, se sentía muy atraída hacía él. De pronto vio a todas las chicas que lo miraban y alagaban en voz baja, pensó incluso en la propia Eliza, todas ellas tenían más oportunidades de ser vistas por Terry antes que ella, por primera vez Candy se sintió poco bella.
-Hermano –le llamó Diana –Candy quiere decirte algo.
-¿Qué sucede? –preguntó Terry con voz seria
La muchacha sintió como los colores se le subían a la cara, estaba mirándolo demasiado y éste seguramente lo había notado. Candy tragó saliva con fuerza y con velocidad dijo:
-Muchas gracias por haberme defendido.
-Ah, eso –se rio Terry –No mal interpretes las cosas, no lo hice por ti. Solo no me gustan las personas como ellos… Vámonos Diana.
Ambos hermanos salieron de escena dejando a la rubia pasmada, de cierto modo ella consideró que no la estaba defendiendo, quiso creer que así era, ahora se sentía un poco decepcionada por lo que el muchacho le dijo. En fin, por la mañana sentiría el enojo de Eliza ya que su fiesta no salió como esperaba.
Por la noche, Candy entró a su dormitorio completamente exhausta, sin embargo se dio la libertad de repasar en su cabeza una y otra vez los pasos de baile de las piezas que las parejas bailaron en el salón de baile, fue algo maravilloso para ella, su primer baile fue lindo, aunque no haya bailado ni una sola vez en la noche. Moría por contarles esa anécdota a sus queridas maestras, así que inmediatamente se dispuso a sacar papel de su mesa de noche para redactar la carta, entonces se topó con el libro que había rescatado de la estación de tren, el día que conoció a Terry Grandchester.
-¡Un momento! –Exclamó Candy abriendo las primeras páginas del libro donde yacían aquellas iniciales –T.G…. ¡Es Terry Grandchester! ¡Es su libro! –dedujo la chica un poco desconcertada, ¿por qué se negó a recibir el libro?
