Capitulo XI
El joven Terry yacía en su alcoba hundiendo la cara sobre la almohada tratando de descansar un poco antes de la cena. La luz anaranjada del atardecer comenzaba a invadir la habitación y el aire comenzaba a volverse un poco más gélido.
Lo cierto es que a él no le agradaba quedarse a solas mucho tiempo, ya que en ocasiones sus pensamientos tendían a volverse tristes, pero en esta ocasión apenas cerro los ojos hipnotizados por la decadente luz del sol y en su cabeza apareció la sonrisa de la joven Candy. En ese momento sus ojos se abrieron de par en par, estaba un poco apenado por pensar repentinamente en aquella chica con la cara salpicada de pecas, no obstante tampoco podía negar que el pensar en ella lo ponía de buen humor, estaba muy feliz.
-Mañana es miércoles –Susurro mientras se incorporaba en la cama.
Su cara fue iluminada directamente por los rayos del sol, quien lo viera en ese momento no sospecharía que el rubor de sus mejillas se debían a la felicidad que invadía su cuerpo, era primera vez que experimentaba ese tipo de sensaciones, había conocido a muchas jovencitas, pero ninguna le había generado siquiera atracción, con Candy todo era diferente.
El muchacho se puso de pie para cerrar la puerta de la terraza, de pronto se quedó absorto mirando en dirección hacia el bosque, al otro lado del mismo se encontraba la mansión de lo Lagan y Candy. El día anterior había conversado con Diana acerca de traer a Candy a vivir con ellos, la vida en la mansión de los Lagan no resultaba fácil para Candy, aunque ella tratara de mostrar su mejor ánimo, su cara reflejaba una sombra de tristeza al hablar de ello, temía que la expresión de aquellos brillantes ojos color esmeralda que había visto por primera vez en la estación se apagara.
-Lo recuerdo, Candy, ese día.
Eran las últimas semanas de Febrero, por ese entonces Diana había padecido fuertes ataques de asma debido a un resfriado que la mantuvo postrada en cama durante días, el médico anticipaba lo peor, situación que mantuvo a Terry completamente angustiado, le aterraba que su hermana no se levantara más de la cama. El clima de Escocia no estaba ayudando en absoluto a sus frágiles pulmones.
El joven asumió el pronóstico del médico y decidió informar a su padre cuanto antes, éste respondió a través de un telegrama que iría hasta Escocia en cuanto su trabajo en Gales terminara, lo cual resultó una respuesta demasiado frívola, como si no alcanzara a comprender la delicada situación en que se encontraba su hija. Pese a dicha respuesta, Terry no dejó de insistir y siguió solicitándole a su padre venir cuanto antes, sin recibir respuesta.
Fue entonces que Terry pensó en buscar a su madre, es cierto que Diana la creía muerta, pero en esos momentos necesitaba de sus cuidados; tal vez era muy egoísta seguir pensando que su hermana estaría bien sin conocer la verdad, tal vez el duque estaba equivocado al afirmar que su salud empeoraría ante una impresión así. No, ya no podía guardar ese secreto, iría a buscar a su madre en ese mismo instante.
Con unas cuantas libras en el bolsillo y una pequeña maleta abandonó la villa de los Grandchester para salir rumbo a Londres, su madre trabajaba como actriz en aquella ciudad y durante años le había seguido la pista en secreto yendo a sus presentaciones, observando el escenario con anhelo y sin atreverse a hablarle; no sabía cómo hacerlo, no sabía siquiera lo que podría decirle al tenerla frente a frente y seguramente no lo reconocería, pero esta vez era diferente.
En cuanto el tren arribó en la turbulenta ciudad de Londres, Terry partió en un coche rumbo a Westminster en busca de la compañía de teatro donde su madre trabajaba, ya que no tenía idea de su dirección, quizá con un poco de suerte la encontraría preparándose para alguna función. En ese momento la angustia comenzó a recorrerle las venas hasta hacer que su corazón se sobresaltara, habían pasado 10 años desde la última vez que vio a su mamá, todavía recordaba con claridad la manera en que se aferraba a su mano el día que fue echada de la casa de la familia Grandchester, ¿la razón? No poseer sangre noble, nadie tuvo piedad de aquella mujer, la separaron de sus hijos sin escrúpulos, a veces se preguntaba si ella seguía sufriendo como él al recordar ese día.
Finalmente dio con el sitio de la compañía, durante todo el camino se había aferrado a un viejo libro que su madre solía recitarle cuando era pequeño, estaba convencido de que si lo mostraba ante la mujer ella lo reconocería sin tener que dar mayores explicaciones. Se quedó parado frente al lugar pensando en su discurso, cada vez que intentaba caminar hacía la puerta la ansiedad lo detenía de golpe y le hacía desistir, respiraba profundo para tranquilarse y nuevamente lo intentaba.
Al darse cuenta que llevaba una hora acechando la entrada al teatro que albergaba la compañía echo a un lado sus miedos y con paso firme se dirigió a la puerta trasera con la esperanza de que alguien lo atendiera. Al instante fue recibido por un hombre de mediana edad, quien no pudo evitar levantar una ceja y mirar al chico de arriba abajo.
-Si has venido a hacer una prueba para ingresar, debo decirte que de momento no hay puestos vacantes –le dijo aquel hombre con cierto desdén.
-No, se equivoca, no he venido a solicitar un puesto –replicó Terry –Vengo a ver a la actriz Eleanor Baker.
-¿Eleanor Baker? –El hombre soltó una fuerte carcajada
-¿Puedo saber que le causa tanta gracia? –cuestionó Terry visiblemente enojado ante tal burla.
-Lo siento, niño, pero la señorita Eleanor Baker no puede recibir a sus fans. Así que deja de quitarme mi valioso tiempo.
Antes de que el hombre le cerrara la puerta en la cara, Terry se abalanzó sobre esta para detenerlo.
-¡Escúcheme! –Exigió el chico con mayor furia -¡Yo no soy ningún admirador! ¡Dígale a Eleanor Baker que su hijo Terrence está aquí!
El hombre aflojó el agarre de la puerta y palideció de repente, había escuchado que Eleanor en algún momento había sido madre, pero siempre creyó que se trataba de rumores inventados por alguna actriz rival, mismos que Eleanor nunca se preocupó por desmentir, ¿debía creer en lo que este chico decía? Lo miro de arriba abajo una vez más y esto le ayudó a confirmar el parecido entre ambos: los mismos ojos, la nariz, la boca, incluso el temperamento parecía ser el mismo.
-Veré que puedo hacer por ti, hijo.
-Espere –dijo Terry entregando su libro –muéstrele esto.
El hombre tomó entre sus manos el libro del chico y cerró la puerta detrás de él. Luego de 15 minutos, que parecieron horas para Terry la puerta se abrió nuevamente con el hombre.
-¿Qué pasó? –preguntó Terry impaciente
-Lo lamento, dice que no puede verte.
-¿Eso dijo?
Terry se quedó paralizado ante el hombre que extendía el brazo para devolverle el libro.
-Quizá si vuelves después ella…
-¿Después? Después es demasiado tarde –sentenció Terry arrebatando el libro al hombre
Sin decir más salió del lugar con la cabeza agachada intentado contener las lágrimas, era como si la rabia y la frustración quisieran desbordar a través de sus ojos, sin embargo todo lo que podía hacer era clavar las uñas en el libro que portaba en una de sus manos. No alcanzaba a comprender a su madre en aquel momento, fue una completa tontería recurrir a su búsqueda.
Ni siquiera se molestó en buscar un hotel para pasar la noche, quería abandonar aquella ciudad lo más pronto posible y volver al lado de su hermana.
"¿A qué viniste?", se preguntó a sí mismo, "¿Qué buscabas de ella?, ¿Qué querías?... ¿Verla?"
Terry cayó en cuenta de lo que buscaba, no se trataba más que de un propósito egoísta, no pensaba buscar a su madre para que fuera al lado Diana, en realidad el buscaba al alguien que le ayudara a sobrellevar la desesperación que la enfermedad de su hermana le estaba causando en ese momento, en vez de estar al lado de ella, la había abandonado para buscar a la madre que se había ido hace tantos años, para él eso era algo completamente imperdonable. Esa misma noche partió de regreso a Escocia.
Luego de varias horas de camino en tren, Terry llegó a la estación de Edimburgo, no consiguió dormir en ningún momento, así que se sentó un momento debajo del reloj de la estación, ahí fue cuando se dio cuenta de que aún se aferraba al libro de su madre y lo abrió notando en su interior una fotografía y una carta de la mujer. No dudó en abrir aquel sobre y comenzar a leer:
Querido Terrence,
Me alegra saber que te encuentras bien y que has crecido.
Lamento mucho no poder verte ahora, pero me es imposible, comprende que mi carrera se encuentra en ascenso en estos momentos y no puedo ser víctima de ningún escándalo, así que te pido por favor no volver más.
Cuida mucho de ti y de tu hermana.
Eleanor.
"¿Eso es todo?", pensó Terry decepcionado mientras dejaba fluir las lágrimas en silencio.
Terry dejó el libro en la banca donde descansaba y caminó haciendo pedazos la carta recién leída, miró la fotografía y estuvo a punto de hacer lo mismo, sin embargo recordó la situación de su hermana; si bien era cierto que no podría traer a su madre para que la viera, al menos podría mostrarle una foto de ella para que tuviera la oportunidad de conocer su rostro, después de todo era muy pequeña cuando la separaron como para acordarse de la cara de aquella mujer. Muy a su pesar guardo aquella fotografía en su saco y decidió emprender su regreso a la villa.
-¡Espera! –Gritó una voz a sus espaldas, estaba tan cerca de él que no pudo evitar voltear.
Y así fue como Terry conoció a Candy sin saber que se la volvería topar una y otra vez, la impresión que se llevó de ella fue la de una chica amable, pero lo que no pudo olvidar en sí fue cantidad de pecas que tenía en el rostro, nunca había visto tantas, así mismo sus ojos eran tan brillantes y alegres.
De regreso en la villa de su familia subió directo a la habitación de su hermana menor, iba a pedirle perdón por su imprudencia, por hacer algo tan impulsivo, entonces su carrera fue interrumpida al toparse con la señora Schiffrin, quien lloraba en el pasillo.
-¡No puede ser! –exclamó con desesperación.
Terry abrió la puerta de golpe y se quedó pasmado al ver a su hermana sentada en la cama comiendo un tazón de sopa caliente.
-Bienvenido a casa, querido hermano –Musitó Diana con una enorme sonrisa.
El muchacho corrió a los brazos de su hermana y la estrechó con delicadeza mientras susurraba mil veces "perdón".
Terry volvió al presente, la habitación estaba completamente oscura, sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de su hermana, quien desde la puerta le anunciaba que la cena estaba lista.
