Capítulo XIX:

Los hermanos Grandchester tomaban el desayuno en el solitario comedor, como siempre, era Diana quien iniciaba y continuaba la conversación, mientras que su hermano la escuchaba sin interrumpir el discurso de la muchacha. A él le gustaba conversar con su hermana, ya que Diana siempre tenía una voz cantarina y los ojos brillaban con estrellas por toda la alegría que derrochaba.

Al poco rato, entró en escena la señora Schiffrin con dos sobres, los cuales repartió cada uno de los hermanos, era bastante peculiar que cada uno recibiera una carta aquel día. Diana no sentía curiosidad por la carta de su hermano, después de todo sospechaba que se trataba de la misiva de alguna familia de la región, la invitación a una reunión o similar, así que solo se limitó a revisar el remitente escrito en el sobre que le acaban de entregar y se emocionó al ver que era una carta de su padre, el duque de Grandchester, quizá había aprobado su petición de tomar a Candy como acompañante.

- ¡Hermano! ¡Por fin he recibido la respuesta de nuestro padre! –exclamó ilusionada, pero su sonrisa se cayó de golpe al levantar la mirada y toparse con que el rostro de Terry había perdido el color - ¿Qué sucede? ¿No me digas que se trata de otra invitación de Eliza?

Terry tragó saliva despacio y se retiró a su habitación a toda prisa sin dar explicaciones a Diana, quien lo siguió con una mirada llena de angustia, seguro más tarde lo buscaría para preguntar lo que sucedió. En tanto solo se limitó a leer su carta y al igual que su hermano mayor, terminó por palidecer ante la respuesta de su padre, pues éste se negó a permitirle tener una dama de compañía que no perteneciera a la aristocracia.

Diana pegó en la mesa frustrada, pues además le pedía que considerara ir a vivir a Gales, pues dentro de unas semanas se trasladaría a vivir ahí y quería que todos sus hijos estuvieran juntos. Para Diana aquellas palabras no tenían sentido, porque luego de tanto rechazo, ahora quería que vivieran todos bajo el mismo techo, justamente algo que ella agradecía era que su precaria salud la alejara de la residencia de Londres, en especial de su madrastra y medios hermanos, tres chiquillos malcriados que le recordaban la prepotencia de la nobleza. Inmediatamente subió a su recamara para escribir su respuesta y negarse a la propuesta de su padre, ella no estaba dispuesta a irse de Escocia, todo ese remolino de emociones le hacía sentirse tan enferma; de pronto aparecieron síntomas de náuseas y dolor de cabeza al recordar sus días siendo la hija del duque de Grandchester.

Terry, por su parte subió a su habitación con las piernas temblorosas, en el camino volvió a releer el nombre del remitente de aquella carta, sus ojos no se equivocaban, claramente decía que era una carta de Eleanor Baker, su madre. Ya en su recamara dudó un en abrir la carta, por un momento pensó en romper aquel sobre porque le parecía despreciable que ahora aquella mujer decidiera escribirle como si nada hubiera pasado hace unos meses o incluso hace unos años cuando los abandonó. De pronto, al intentar abrir aquel sobre su cuerpo fue recorrido por el resentimiento, incapaz de leer las palabras que yacían plasmadas en el papel o incluso de hacer añicos el mismo optó por guardarla en un cajón y no pensar más en el asunto.

Sus pensamientos se vieron atiborrados de ideas que le lastimaban como una daga en lo más profundo de su corazón, cuando las lágrimas estaban a punto de brotarle se contuvo, ya que ahí apareció la sonrisa de cierta muchacha ya que pudo percibir el aroma de los narcisos silvestres que crecían alrededor del lugar. Se preguntaba qué estaría haciendo en aquel momento y sus pies sintieron el impulso de correr hasta donde se encontraba, así que sin decir más se dejó llevar por sus impulsos para salir en busca de Candy.

Sabía que en la casa de los Lagan se estaba celebrando una reunión, pero consideraba que aquello no sería un obstáculo si entraba por la parte de atrás, cerca de los establos no habría nadie que interfiriera para su encuentro con Candy. Pidió que le prepararán a su querida yegua, Teodora, así fue como partió rumbo a su destino con el fin de cumplir su deseo de ver y hablar con Candy.

En esos momentos, Candy se encontraba llevando a César y Cleopatra ante los invitados de los hermanos Lagan, por un instante notó que Cleopatra no se veía muy bien, se preguntaba si tenía algún malestar, pero Eliza no le permitió revisarla, ya que le exigió que se presentara de inmediato en el jardín porque una de sus amigas deseaba ser la primera en montar a su noble yegua.

- ¡Apresúrate, Candy! –Gritó Eliza mientras Candy luchaba para hacer que la pobre yegua caminara hasta el lugar.

-Perdone señorita, pero creo que Cleopatra no se encuentra en condiciones de ser montada –dijo Candy intentando hacerle ver a los hermanos la resistencia que tenía Cleopatra a seguir caminado –Quizá deberíamos pedir a Sebastián que la revise…

- ¡Guarda silencio y remítete a obedecer mis órdenes!

-No cabe duda que tu sirvienta sigue siendo una impertinente –Agregó Louise –Creo que deberías castigar ese comportamiento tan inaudito, en mi casa semejante cosa se ha permitido jamás.

La muchacha estaba a punto de replicar las palabras dichas por Louise, pero en ese instante su atención se vio acaparada por la llegada de cierta joven, apenas cruzaron mirada y fueron invadidas por un cumulo de emociones indescriptibles, quizá una se inclinaba más por el miedo y la vergüenza, mientras que la otra sentía alegría y sorpresa, el nivel de esta sensación fue tan alto que casi comienza a llorar, no obstante, pudo contenerse al ver como la otra joven casi cae al suelo por un leve mareo, sin duda provocado por sus propios pensamientos.

- ¿Qué sucede, Annie? –Le preguntó Louise mientras la sostenía de un brazo –¡Te has puesto toda fría! ¿Tanto te ha impactado ver a los caballos?

-Estoy bien –Musitó al tiempo que observaba a Candy como si intentara corroborar lo que sus ojos procesaban, en verdad era la misma chica con la que se había criado en el hogar de Pony, tantos años sin saber de ella, "¿por qué tenía qué aparecer justo ahora?", pensaba Annie tratando de recuperar el equilibrio, "¿qué voy a hacer si habla?¡Lo perderé todo!"

Candy pudo entender la situación, bastó con ver el pálido rostro de su antigua amiga para dar cuenta que su presencia no era grata. Sin decir más llevó a los caballos hasta donde estaban Annie y Louise, estaba tan absorta en sus pensamientos que olvidó el malestar de Cleopatra por completo. En un primer momento intentó montar a Annie en el lomo de Cesar, pero Neal la detuvo, cuando le cuestionó el motivo éste alegó que ese era su caballo y que él sería quien lo montaría, la forma en la que impidió que Annie montara a su Cesar no levantó sospechas en ninguno de los presentes, sin embargo, Eliza si le dio un pequeño golpe con el codo como señal de que estaba siendo muy obvio con su actitud. Así sin más, Candy ayudó a que la joven Annie subiera al caballo y con una sonrisa le dijo:

-No debe tener miedo señorita, Brighton, aquí estoy para cuidarla – Esas palabras enternecieron a Annie mientras que Louise se quedó extrañada por el hecho de que Candy conociera el apellido de Annie.

Al poco rato de entregarle las riendas, Cleopatra no dejó de moverse de un lado al otro, Candy intentó calmarla mientras Annie empezaba a gritar desesperada el nombre de su amiga, quien intentaba jalar las riendas de la yegua para que se calamara, pero todo intento fue en vano, ya que Cleopatra salió desbocada sin que nadie de los presentes, excepto Candy corriera alarmada a montar al otro caballo y salió detrás de Annie ante la mirada atónita de Eliza y Neal, quienes se preguntaban cómo era posible que esa huérfana supiera montar a caballo.

Al poco rato Candy logro estar muy cerca de Cleopatra mientras le suplicaba a Annie que se agarrara con fuerza a la riendas, lo que le resultaba cada vez más difícil a esta última, las manos de le dolían demasiado por el esfuerzo que realizaba para sobrevivir, el miedo la estaba haciendo fuerte, en su cabeza resonaba la voz de Candy, más no podía detener aquella caótica marcha, ya no le quedaban casi fuerzas y cleopatra intentaba levantarse para proyectarla contra el suelo, sabía que si eso llegaba a suceder iba a morir, era lo único presente en su mente "voy a morir aquí".

De pronto, pudo escuchar el sonido de un caballo emparejarse al lado suyo y una mano alcanzó la rienda tirando con todas sus fuerzas, al poco rato Annie reaccionó a una voz que le pedía que se bajara pronto y está lo hizo lo más rápido que pudo, al poco rato Candy llegó hasta el lugar y se bajó de su caballo para correr a abrazar a Annie, quien se lanzó a los brazos sin pensarlo 2 veces. El otro jinete se detuvo a revisar qué era lo que había pasado con la yegua y su sorpresa fue tal al descubrir un cardo debajo de la silla montar, era eso lo que lastimaba a la pobre criatura. Candy levantó la mirada para ver quien había intervenido para ayudar a su amiga y no fue otro que Terry, al verlo las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos por la gratitud, por haber salvado a su querida amiga, el joven no dijo nada, entendía el mensaje y decidió no mencionar lo que había encontrado, después de todo no era el momento porque ambas necesitaban calmarse, en especial Annie, quien había estado de cara a la muerte antes aquel desastroso percance.

Al poco rato vio aproximarse al grupo de invitados de la familia Lagan, entre ellos los hermanos Eliza y Neal, hubiera preferido alejarse y dejar la escena, pero era importante contar lo que había sucedido. Entre las personas que venían bajando una pequeña colina estaba la señora Lagan, quien alarmada vio a como Annie lloraba en los brazos de Candy, esperaba que no se hubiera hecho ningún daño, de lo contrario la familia Brighton arremetería contra ella. Cuando Annie escuchó las voces de Eliza y Neal se apartó de los brazos de su amiga y volvió a actuar como si fuera una extraña.

- ¡Terry! –Gritó Eliza con voz chillona - ¿qué haces aquí? ¿Qué ha pasado?

-Eliza, no hagas escandalo –Le indicó la señora Lagan -Querida Annie, ¿te encuentras bien?

-Estoy bien… -Murmuró Annie con voz entrecortada

La señora Lagan Caminó directo a Candy y sin decir una palabra dejó caer una fuerte bofetada en el rostro de la muchacha que terminó tirándola al suelo, ante la mirada atónita de Terry y Annie, Candy empezó a reincorporase mientras algunos reían y otros murmuraban por la situación; Terry no lo pensó 2 veces y socorrió a Candy diciendo:

- ¿Puedo saber por qué ha hecho algo como esto? ¿Con qué derecho golpea a una muchacha?

La gente quedó impactada ante la osadía de Terry, cómo podía hablar así a una dama tan distinguida como la señora Lagan, esta solo tragó saliva, estaba realmente furiosa por la impertinencia del joven, pero se trataba del hijo del duque de Grandchester, así que solo se limitó a decir lo siguiente:

-Terry, entiendo que sientas compasión por una muchacha de esta clase, pero debes dar cuenta que ella es quien ha ocasionado lo que pudo haberse transformado en una tragedia.

- ¿Y qué pruebas hay sobre eso? –Cuestionó Terry mientras sostenía a Candy ante la mirada fulminante de Eliza, quien inmediatamente dijo:

-Terry, ella puso un cardo debajo de la silla del Cleopatra, Neal lo vio todo.

- ¿Un cardo? –preguntó Candy con extrañeza –Yo jamás podría hacer semejante cosa a nadie, además la señorita Annie, quiero decir, intenté que la señorita Brighton montara a César porque Cleopatra…

- ¡No quiero oír tus excusas! ¡Debería llamar a la policía por lo que has hecho!

-Tiene razón –Murmuró uno de los invitados –Yo vi como insistió en que montara al caballo en lugar de la yegua, pero Neal se rehusó.

-Vuelvo a preguntar, ¿tiene pruebas de que la señorita Candy puso un cardo debajo de la silla de montar? –Replanteó Terry

-Es verdad, además del testimonio de Neal, ¿qué otras pruebas habrá? –agregó otro de los jóvenes –Por otra parte, me parece sospechosa la forma en la que Neal se negó en que montara al caballo.

-Además, ¿por qué le jugaría una broma a alguien que ni siquiera conoce? –Mencionó una de las muchachas.

Neal empezó a morderse los labios mientras sentía que las manos le empezaban a sudar sus propias amistades estaban dudando de él, es entonces que Louise se acercó a él y le dijo al oído:

-Parece que tu método no fue el indicado amigo mío, estás en problemas.

- ¡El cardo! –Replicó Neal –Está debajo de la silla mamá, yo la vi mientras lo colocaba ahí.

- ¡No es verdad! –Exclamó Candy apartándose de Terry y trataba de encarar a Annie, quien en ningún momento quiso voltear el rostro hacía ella, estaba consumida por la angustia y no era capaz de defender a la rubia, pese a que sabía perfectamente que nunca le haría algo así, temía que al defenderla se revelara su pasado.

Al poco rato llegaron Sebatian y Natasha para revisar a la yegua, el hombre quitó la silla del caballo, pero por más buscó el supuesto cardo, no había ni señales de él, el rostro de Neal palideció por completo, ¿acaso el cardo se había caído en la descontrolada carrera de la yegua?

-Justo como pensé, estaba mintiendo –Rio uno de los chicos –Solo trataba de incriminar a la sirvienta.

-Pero entonces, ¿por qué salió desbocado el caballo? Y más aún, ¿por qué esa chica corrió detrás de este al instante?

Terry no dijo nada, apretó el cardo entre su mano, mientras tanto la señora Lagan no quedó satisfecha con la búsqueda de los criados, su hijo intentó volver a dar testimonio de lo que había visto en el establo, pero Candy replicó a este diciendo:

-Fuiste tú quien entró al establo y se acercó a Cleopatra…

-Buen punto, Neal –Dijo Louise - ¿A qué fuiste al establo?

- ¡Madre! –Le miró Neal a su madre suplicando su ayuda, entonces la señora Lagan comprendió todo, Neal lo hizo, sin embargo, no iba a dejarlo en vergüenza frente a sus invitados.

- ¡Suficiente! –Exclamó la mujer –¡Candy! ¡Arrodíllate y pídele perdón a Annie!

Todos quedaron pasmados ante semejante petición, ni siquiera se había podido demostrar que esa muchacha era la responsable. Por fin Annie se volteó a ver a Candy, parecía que con la mirada de rogaba porque no hiciese algo tan aberrante, Terry intentó detener a Candy, pero está fue más rápida y se arrodillo ante Annie y con la expresión más melancólica que esta había visto le pidió disculpas mientras Annie rompió en llanto desesperada.

Luego de esta penosa escena, la señora Lagan ordenó a Sebatian y a Natasha que se llevara a Candy a los establos y la encerrarán ahí, mientras Terry intentaba interponerse, pero Candy lo detuvo con una mano mientras negaba con la cabeza su intervención y le decía con una sonrisa "es mejor así". El drama que los invitados acaban de ver desató una serie especulaciones y fue entonces que recordaron el rumor que Louise había divulgado, Terry Grandchester estaba interesado en una sirvienta.

Continuara…