Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a fanficsR4nerds, yo solo la traduzco.
ALONG THE WAY
Capítulo cinco
18 de diciembre – Segundo día en la carretera
Memphis, Tennessee
El hotel que Bella había encontrado estaba un poco al sur de Memphis y supe en cuanto estuvimos a solo unos kilómetros que era un sitio temático de Elvis. Elvis estaba por todas partes y le eché una mirada a Bella mientras nos acercábamos. Tenía los ojos abiertos como platos y el cuerpo girado para mirar por la ventana a la ciudad. Me sorprendí. Bella no me parecía una de esas personas horteras, pero también era cierto que en realidad no la conocía.
Aparqué frente al hotel y Bella soltó un largo suspiro.
―Guau ―dijo, mirándolo. Yo asentí en silencio. La fachada era de color rosa chillón y había una gigantesca estatua de Elvis frente a la entrada. Bella se bajó del coche, temblando mientras abría la puerta de atrás. Cogió su abrigo y se lo puso mientras yo cogía el mío. Bella cogió su bolsa del asiento trasero y me miró―. Tenemos que conseguirte algo de ropa ―dijo, sacudiendo la cabeza. Yo asentí. Había estado pensando lo mismo.
Bella se dio la vuelta y entró en el hotel. Yo cerré el coche y fui a su lado.
El interior resultó ser peor que el exterior. Todo era de color rosa brillante y Elvis estaba en todas las putas partes. Era como un altar a él, con pósteres, estatuas y fotos. Hasta el papel de pared tenía la cara de Elvis. Miré a Bella, que examinaba el lugar con una amplia sonrisa en la cara. Yo sacudí la cabeza, sorprendido por su expresión, y me dirigí al mostrador de recepción, dónde una mujer regordeta con el pelo oscuro recogido llevaba un uniforme rosa brillante. Hasta la placa del nombre tenía una pequeña cara de Elvis.
―Vaya, hola. ¿En qué puedo ayudaros esta noche? ―su voz tenía un ligero tono nasal, o a lo mejor era que arrastraba las palabras. Nunca era capaz de recordar qué era qué.
Bella le sonrió.
―Queríamos registrarnos. He llamado hace una hora.
La mujer, cuya placa decía que se llamaba Shelly, se alegró.
―Claro, debes de ser... ―Hizo una pausa, mirando el cuaderno que tenía delante―. Bella ¿cierto, cariño? ―Bella asintió y Shelly sonrió ampliamente―. Bueno, ya podéis consideraros afortunados. Estábamos completos hasta Año Nuevo, pero hemos tenido una pareja, que cosa más mona era, que ha tenido que terminar sus vacaciones un día antes. El pobre esposo ha tenido una intoxicación alimentaria o algo así. ―Dejó de hablar un momento mientras tecleaba, levantando la mirada hacia nosotros con los ojos como platos―. No os preocupéis, no ha sido en nuestro restaurante y hemos limpiado la habitación a fondo.
Bella le sonrió.
―Estoy segura de que todo estará bien ―dijo con calma. Shelly le sonrió ampliamente y yo fruncí el ceño. Quería saber más sobre esa intoxicación alimentaria.
―Desafortunadamente, solo tenemos las dos camas, pero tienen ruedas, por si tú y tu marido queréis juntarlas ―dijo Shelly, guiñándole el ojo a Bella. Bella abrió la boca, seguramente para contradecirla, pero Shelly siguió hablando sin detenerse para escucharla―. Tenemos un restaurante en el piso de abajo si tenéis hambre. Todavía está abierto otra hora, pero les diré que tengan la parrilla encendida por si decidís ir. Os va a encantar la comida. Tenemos un maravilloso filete con la forma de Elvis. Con toda la forma. ―Volvió a guiñarle un ojo a Bella, quien se atragantó con la risa―. El desayuno se sirve en el restaurante desde las 6, pero, como habéis llegado tan tarde, no os culparé por dormir hasta tarde. ―Me echó una mirada y luego volvió a guiñarle un ojo a Bella. ¿Cuántas veces podía una persona guiñar el ojo en una puta conversación?― Bueno, ¿vais a quedaros más tiempo en la zona? Porque tengo una larga lista de atracciones que visitar. Sé que a veces puede ser un poco difícil asegurarse de que ves todo lo importante cuando viajas.
Jesús, ¿esa mujer respiraba alguna vez? No dejaba de hablar. Bella asentía, como si todo lo que salía de la puta boca de aquella mujer tuviera sentido.
―La verdad es que nos vamos por la mañana ―dijo Bella sin mirarme. Shelly perdió las fuerzas.
―Oh, qué pena. ¿De dónde sois?
Bella volvió a sonreírle.
―Venimos de New York.
Shelly se echó hacia atrás y se abanicó.
―Menudo viaje. Espero que casi hayáis llegado, no me gustaría que condujerais con este tiempo. ―Sacudió la cabeza. El tiempo había estado bien cuando llegamos. El hielo y la nieve habían remitido hacía rato y, aunque hacía frío, era tolerable. Bella se limitó a sonreír y, por fin, Shelly nos pasó dos pequeñas llaves de plástico―. Muy bien, cariño, aquí están las llaves. ¿Vais a bajar a cenar? Le diré a Ray que deje la parrilla encendida. ―Ya se estaba levantando para gritarle al cocinero. Bella cogió las llaves y asintió.
―Sí, gracias. No tardaremos en bajar, así que no molestes mucho a Ray.
Shelly rio.
―Oh, cariño, vivo para molestar a ese hombre. Vosotros tomaos vuestro tiempo. Ray estará listo cuando vosotros lo estéis.
Bella asintió y sonrió, volviéndose a mí. Yo debía de parecer tan fastidiado como me sentía, porque Bella sonrió satisfecha mientras señalaba con la cabeza los ascensores. Presionó el botón y, por suerte, las puertas se abrieron de inmediato. Nos subimos y Bella pulsó el botón del sexto piso. Cuando las puertas se cerraron, solté un largo suspiro.
―Jesús ―gruñí. Bella mantuvo su sonrisita―. No sería capaz de vivir en el sur. La gente no se calla.
Bella se encogió de hombros.
―A mí no me importa.
La miré escéptico.
―¿Todo eso no te ha dejado agotada? ―pregunté. Bella soltó una risita.
―Bueno, sí, era un poco excesiva. Pero ¿honestamente? Hay demasiada gente en este mundo que prefiere no reconocer que comparte el planeta con otros 7 billones de personas. ¿Qué hay de malo en pararse a hablar con alguien y hacer una conexión humana?
Me removí incómodo mientras ella hablaba. No estaba seguro de si me estaba lanzando una pulla o si lo decía en serio.
Las puertas del ascensor se abrieron y salimos al pasillo. Ahí arriba había más Elvis. Me estremecí al pensar qué aspecto tendría la habitación.
Bella dirigió la marcha por el pasillo y se detuvo frente a la puerta. Pasó la llave y abrió cuando la luz del cerrojo se puso verde. La habitación no estaba tan mal como me había esperado. El papel de pared estaba amarillento y parecía que era originalmente de los años cincuenta, pero el suelo estaba limpio. Las camas estaban hechas con sábanas blancas y, aunque había un póster de Elvis en la pared, la decoración no era tan terrible como en el vestíbulo. Bella dejó su mochila en una cama y yo me quité el abrigo, colgándolo en el pequeño armario. Bella se volvió hacia mí.
―¿Bajamos y comemos algo? Todavía me apetece algo de barbacoa.
Asentí.
―Sí, dame un minuto ―dije, yendo hacia el baño.
Bella asintió mientras yo entraba para hacer pis. Cuando terminé de lavarme las manos, salí del baño y entró Bella. Saqué mi móvil del bolsillo de mi abrigo y me senté al borde de la cama de Bella para revisar mi correo electrónico. Tenía un par del trabajo y uno de Emmett. Miré el correo furioso. Quise borrarlo de inmediato, pero estaba relacionado con el trabajo según el asunto. Joder.
Salí del correo sin abrir el de Emmett. Lo leería más tarde, cuando estuviera solo. No quería que ese cabrón recibiera una confirmación de lectura hasta que pudiera contestarle tras leerlo. No le dejaría saber que había vacilado.
La puerta del baño se abrió y Bella me miró.
―¿Listo? ―preguntó.
Yo asentí, guardándome el teléfono.
―Sí.
Dejamos la habitación y volvimos abajo. Para estar completo, el hotel estaba sorprendentemente silencioso. Eran casi las diez y había esperado que hubiera un poco más de jaleo.
Bajamos y pareció que Shelly nos había estado esperando. Nos sonrió ampliamente cuando salimos del ascensor.
―Ray está listo para vosotros. Tomaos vuestro tiempo ¿me oís? ―dijo con otro puto guiño.
Bella le sonrió mientras entrábamos en el comedor. Parecía un café de los años cincuenta, también temático de Elvis. Su música sonaba por los altavoces del techo y cada uno de los putos Elvis de la habitación llevaba un pequeño gorro de Santa. Bella se echó a reír por mi expresión mientras nos sentábamos en uno de los bancos.
―¿Tanto te gusta Elvis? ―pregunté, viéndola darle un toque al pequeño Elvis con la cabeza balanceante que había en nuestra mesa. Ella soltó una risita.
―No. A mi padre le encanta Elvis. Siempre ha querido venir aquí, pero creo que esto sería demasiado hasta para él ―contestó, riendo. Yo sacudí la cabeza, sonriendo un poco.
―Es demasiado para cualquiera que esté en sus cabales ―susurré. Bella sonrió satisfecha, mirándome―. A lo mejor puedes traer a tu padre alguna vez y enseñarle toda la diversión que se está perdiendo.
Bella se recostó contra el asiento y su expresión se suavizó un poco.
―Puede que lo haga.
Bajé la mirada a mi menú y suspiré. Todos los platos llevaban el nombre de una canción de Elvis.
―Joder ―susurré. Bella rio.
―No parece que haya mucha barbacoa en el menú ―dijo, frunciendo el ceño.
Le señalé la segunda página.
―Puedes pedir el Fever Pulled Pork. ―Hice una pausa―. Aunque, pensándolo bien, a lo mejor eso es lo que comió ese tío. Será mejor pasar.
Bella soltó una risita.
―Buen consejo, señor. ¿Qué más debería evitar?
Sabía que se estaba metiendo conmigo, pero sacudí la cabeza.
―Cualquier cosa que lleve la palabra "fiebre" ―dije, echando un vistazo al menú―. Joder, tal vez habría que evitar también palabras como "angustia" y "ardor de estómago".
Bella rio, sacudiendo la cabeza.
―Puede que pida la falda Big Hunk.
Sonreí, leyendo la descripción. La verdad es que sonaba muy bien.
―Yo creo que las costillas Love me Tender ―murmuré. Bella resopló al tiempo que reía y la miré, sonriendo. ¿Cuándo había sido la última vez que alguien se había reído conmigo? Joder ¿cuándo había sido la última vez que yo me había reído de verdad?
Shelly se acercó a nuestra mesa y soltó un gran suspiro.
―Lo siento, no me había dado cuenta de que la camarera estaba en su descanso para cenar. Os tomaré pedido y se lo pasaré a Ray. ―Pedimos nuestra carne y Shelly asintió―. Tenéis suerte de que todo esté tranquilo esta noche. La comida no debería tardar.
―¿Dónde está todo el mundo? ―preguntó Bella.
Shelly pulsó su bolígrafo.
―Oh, están en el festival. Al final de la calle. Hacemos las doce noches de Blue Christmas. Casi ha terminado por hoy, pero deberíais verlo por la mañana. ―Le sonrió ampliamente a Bella antes de marcharse para entregar nuestros pedidos. La tranquilidad ya tenía sentido.
Bella devolvió su atención a las pequeñas figuras de Elvis que había en la mesa, sonriendo.
―Y ¿eres fan del Rey? ―preguntó Bella, mirándome. Contesté con un zumbido.
―Conozco algunas canciones de cuando era niño, pero creo que no tengo ninguno de sus discos.
Bella asintió.
―Mi padre solía poner a Elvis en su camioneta. Los domingos íbamos al café a desayunar y cuando me subía había un viejo cassette de Elvis puesto. ―Sonrió ausentemente, mirando de nuevo los muñecos―. Él solía cantar Hound Dog mientras conducía. Es la única canción que le he escuchado cantar y yo me deshacía en risas cuando empezaba a aullar.
Sonreí, imaginando a Bella como una niña pequeña que reía con su padre. Se le puso una expresión un poco triste y suspiró, recostándose en el asiento.
―¿Qué te trajo a la Costa Este? ―le pregunté, dándome cuenta de que, aunque habíamos hablado antes de porqué me había mudado yo, no habíamos hablado de porqué lo había hecho ella. Me miró.
―La universidad, como a ti.
Asentí.
―¿Qué estudiaste? ―Fruncí el ceño, echándole un vistazo. Me costaba discernir qué edad tendría, pero parecía muy joven―. ¿Todavía estudias?
Bella rio, sacudiendo la cabeza.
―Sí y no. Me licencié en filología inglesa y ahora mismo estoy trabajando en mi doctorado ―dijo, mirándome. Yo levanté las cejas, sorprendido.
―¿De filología inglesa? ―pregunté. Ella sacudió la cabeza.
―Sociología. Va bien con mi Juris Doctor.
La miré fijamente.
―¿Tienes un título de derecho? ―¿Se estaba quedando conmigo? Bella asintió―. ¿De dónde? ―pregunté.
―Hice la licenciatura en Harvard ―dijo, echándome una mirada―. Luego entré en la facultad de derecho de Yale. Allí pude empezar al mismo tiempo el Juris Doctor y el doctorado, el cual estoy a punto de terminar. ―Jo. Der. Era un imbécil. Era tan imbécil que merecía que Bella me abriera en canal y luego me pisoteara mientras salía de mi vida para siempre. Creía que yo había hecho grandes logros en mi vida, pero... Joder. Bella sobrepasaba de tal manera todos mis logros que era risible.
―Lo siento mucho ―dije, sacudiendo la cabeza. Bella soltó un largo suspiro.
―Sé que no parezco una de las resplandecientes personas de tu mundo ―dijo lentamente. Me encogí como si me hubiera pegado―. Pero, personalmente, creo que eso es bueno.
La miré fijamente.
―¿Ejerces?
Ella asintió.
―Me saqué el Juris Doctor hace un par de años y pasé justo después el examen del colegio de abogados. Principalmente hago trabajo gratuito para organizaciones sin ánimo de lucro en New Haven mediante un despacho para el que trabajo a media jornada.
Mi mirada siguió fija en ella. Estaba asombrado.
―¿Qué hacías en New York?
Ella encogió un solo hombro.
―Tenía una entrevista de trabajo en Columbia. Pretendía volver a casa desde allí.
Joder. Era una chica de la Ivy League por completo.
―¿Cuántos años tienes? ―pregunté.
Ella sonrió satisfecha y a mi me importó una mierda que fuera una pregunta que no se le debía hacer a una mujer.
―Veintiocho.
Intenté calcular mentalmente cómo había conseguido tanto en tan poco tiempo.
―Espera, ¿estuvimos en Harvard al mismo tiempo?
Bella sacudió la cabeza.
―Al salir del instituto tenía suficientes créditos de clases avanzadas y universitarias como para terminar la licenciatura en dos años. Yo ya estaba en New Haven cuando tu empezaste en Harvard.
Joder, seguramente habría terminado el maldito Juris Doctor cuando a mí me aceptaron. ¿Dos años para una licenciatura?
―Me siento como un imbécil ―gemí, pasándome las manos por el pelo. Bella murmuró, pero no me contradijo. Yo le sonreí satisfecho y ella soltó una risita―. Ahora siento especialmente todo lo que te he dicho antes. ―Sacudí la cabeza.
―Estar cerca de ser socio es bastante impresionante ―dijo, encogiéndose de hombros. Yo suspiré, completamente avergonzado.
Shelly volvió y dejó las bebidas en la mesa. Me guiñó un ojo antes de volver a marcharse en busca de nuestra comida. Bella cogió su bebida y yo fruncí el ceño.
―¿Eso es un batido? ―pregunté. Ella asintió, lamiéndose los labios―. Hay como tres grados fuera.
Ella sonrió.
―Lo sé, es el clima perfecto para un batido.
Sacudí la cabeza, exasperado. Bella bebió feliz.
―¿Qué te hizo estudiar derecho? ―pregunté con curiosidad. Bella se recostó, lamiéndose el chocolate de los labios.
―Supongo que siempre me ha importado la justicia. Mi padre es el sheriff de nuestro pueblo y me inculcó desde muy pequeña un sentido de la moralidad. Cuando estaba en la licenciatura, me hice amiga de una chica que me contó que habían violado a una de sus amigas en el campus y la universidad no había hecho nada. La chica dejó los estudios y yo me sentí furiosa. Soy lo suficientemente insistente como para saber que tengo una voz que destaca y que será escuchada, y decidí que quería usar esa voz para defender a las personas cuyas voces no se escuchan.
Pude sentir cómo me encogía. Cada palabra que salía de su boca me hacía sentir menos humano. Joder ¿cómo me había hecho tan egoísta?
Su cabeza se inclinó y sus ojos se entrecerraron un poco. Me preparé para lo que fuera que iba a lanzarme. Fuera lo que fuese, me lo merecía, pero iba a ser duro igualmente.
―Para que lo sepas, trabajar por dinero no te convierte en mala persona ―dijo un minuto después. Yo fruncí el ceño y pestañeé.
―¿Qué?
Bella cambió de posición y se encogió de hombros.
―Yo tuve suerte de crecer sin que me faltara de nada. Mi familia no era rica, pero teníamos lo suficiente como para darme la seguridad y confianza para perseguir lo que quería y luchar por la gente que no tenía la misma suerte que yo. Si tu motivación para trabajar es el dinero, eso no te hace menos mejor persona. Todos tenemos nuestros motivos y todos tenemos que hacer frente a las consecuencias de esos motivos, buenas y malas.
La miré, inseguro de cómo responder. Tal vez tuviera tres años menos que yo, pero esa mujer me sacaba décadas en sabiduría.
Suspiré, apoyando un codo en la mesa y la frente en la palma de mi mano.
―Sí ―susurré.
Entonces Shelly nos interrumpió, dejando platos frente a nosotros.
―¿Necesitáis algo más? ―preguntó. Los dos sacudimos la cabeza―. Muy bien, entonces volveré a la recepción. Venid a buscarme si necesitáis algo. O, mejor aun, molestad a Ray. ―Nos guiñó un ojo y se marchó. Yo sacudí la cabeza, mirando a Bella.
―¿Cuántas veces puede alguien guiñar el ojo antes de que podamos preguntarnos si en realidad es un tic?
Bella soltó una carcajada y yo le sonreí sorprendido. Hacía mucho tiempo, yo había sido bastante divertido, pero en algún momento había dejado de contar chistes y la gente había dejado de reírse conmigo. Dios ¿de verdad mi vida era tan aburrida?
Vi a Bella relamerse mientras miraba la carne que tenía en el plato.
―Huele muy bien ―comentó, cogiendo su tenedor. Yo miré mis costillas y asentí.
Bella tomó un bocado y gimió, asintiendo con entusiasmo. Yo sonreí satisfecho y corté una costilla, dándole un gran mordisco. Joder, estaba muy bueno. Definitivamente, no podía recordar la última vez que había comido con las manos. A Rose le daría un infarto si pudiera verme así.
―Ni te he preguntado. ¿Celebras la Navidad?
La miré. Sus mejillas estaban un poco llenas por la comida, pero me miraba expectante. Le di un mordisco a la costilla, mastiqué y luego tragué antes de responder.
―Sí.
Bella sonrió satisfecha.
―Intenta que no se te note mucho el entusiasmo ―dijo con una risita. Suspiré.
―Mi uh... ―Me detuve, frunciendo el ceño―. Normalmente damos una gran fiesta de Navidad que, para mí, le quita toda la felicidad ―dije, sin querer mencionar a Rose. Bella asintió―. ¿Tú?
―Navidad ―dijo, asintiendo. Le di otro mordisco a la costilla―. ¿A qué se dedica tu mujer?
A follarse a otros.
Mastiqué, removiéndome en mi asiento y bajando la mirada a mi plato, enfadado con mis pensamientos.
Bella debió de sentir mi reticencia a hablar de ella, porque cambió rápidamente de tema.
―Creo que mi tradición favorita de Navidad es caminar por el bosque.
La miré con el ceño fruncido.
―¿Qué?
Ella asintió, soltando su tenedor con la mirada iluminada.
―Cuando era pequeña solía ponerme triste que hubiera que cortar los árboles para meterlos en casa. Me rompía el corazón. Así que mi padre solía llevarme al bosque la mañana de Navidad para que pudiera darles las gracias al resto de árboles por dejar que nos lleváramos a su amigo para que Santa dejara regalos debajo de él. Solía llevarles cosas, cachivaches. Mi padre y yo lo hacemos todos los años. La mañana de Navidad nos levantamos, salimos de casa y recorremos el bosque, hablando con los árboles.
No supe qué pensar de eso. Bella era rara, pero de una forma enternecedora que me calentaba el corazón. Eso de andar por ahí hablándoles a los árboles era extraño, pero también era muy tierno.
Bella me miraba expectante y yo estiré el brazo, cogiendo mi bebida para darle un trago antes de responder.
―Supongo que, cuando era pequeño, mis padres solían hacer un espectáculo con marionetas. Era horrible, pero a Alice y a mí nos volvía locos. Lo hacían cada Nochebuena. Nos daban chocolate caliente y galletas, y mis padres hacían un decorado muy elaborado que sacaban del garaje y montaban en la sala de estar. Dejaron de hacerlo cuando yo empecé el instituto, pero solía ser mi tradición favorita.
Bella sonreía ampliamente.
―Que mono ―dijo, sacudiendo la cabeza―. Me encanta la idea de tener algo así con toda la familia.
Asentí.
―Sí. Aunque me daba un poco de vergüenza ajena cuando me hice mayor, parte de mí se daba cuenta de que era genial que mis padres hicieran aquello. Siempre he planeado hacer algo así cuando tuviera mis propios hijos. ―Me callé, encogiéndome de hombros y bajando la mirada a mi comida. Joder, no quería hablar de hijos en ese momento. No era demasiado mayor para tenerlos, ni de lejos, pero en algún momento del futuro empezaría una relación con otra persona. Estaba claro que Rose y yo no podríamos resolver nuestros problemas maritales, lo que significaba que todavía pasarían años antes de que tener hijos fuera una posibilidad.
Aunque tampoco había estado listo para tener hijos en el futuro reciente, pensarlo me ponía triste.
Bella hizo un sonido de asentimiento al otro lado de la mesa.
―Creo que es una gran tradición que seguir ―dijo, asintiendo. Yo tragué con dificultad, incapaz de mirarla. Volví a coger mi comida y la devoré. Bella se movió en el banco, pero al final volvió a su comida también.
No hablamos mucho tras eso. Nos centramos en la comida y me pareció que ella pudo sentir que yo no quería seguir hablando.
Cuando terminamos de comer, Bella se excusó para ir al baño y yo me ofrecí a pagar. Con la cena pagada, salí al vestíbulo y encontré a Bella, que me sonreía satisfecha. La miré con una ceja arqueada, pero ella sacudió la cabeza y señaló el ascensor. Subimos a nuestra habitación y no fue hasta que estuvimos dentro que Bella volvió a mirarme.
―¿Qué? ―le pregunté. Ella levantó una bolsa de plástico, mostrándomela.
―Te he encontrado algo de ropa ―dijo, pasándome la bolsa―. No es nada de diseño ni remotamente elegante, pero... bueno, no huele y siempre podré encontrarte en una multitud ―terminó con una risita. Yo fruncí el ceño y cogí la bolsa con cautela. Me estremecí al abrirla.
Efectivamente, había ropa. Saqué una camiseta gris oscuro, sintiendo un escalofrío al ver el enorme Elvis que había en la espalda. También había un pantalón de chándal, una sudadera con capucha, unos bóxer, calcetines y hasta un set de aseo de Elvis. Incluso me había encontrado un cargador para el móvil. La miré escéptico y ella se encogió de hombros.
―Creo que al menos te servirá para esta noche ―explicó.
Volví a mirar la bolsa, asintiendo al final.
―Gracias. ―Levanté la mirada hacia ella y vi que parecía un poco sorprendida. No podía culparla. Era típico de mí no aceptar nada que no alcanzara mis estándares, incluyendo ropa como esa, pero me sentía un poco tocado porque intentara ayudarme. Rose me haría ir desnudo antes de verme con nada de aquello y, aunque yo habría estado de acuerdo con ella, la realidad era que necesitaba ropa.
Volví a mirar a Bella, sonriendo suavemente. Ella sonrió ampliamente y se volvió hacia su mochila, subiéndola en la cama para poder abrirla.
―¿Te importa que me dé una ducha? ―le pregunté.
Bella me miró y sacudió la cabeza.
―No, no. Para nada. Adelante.
Asentí y me llevé al baño la bolsa que me había dado. La dejé en la encimera y cerré la puerta.
Abrí el grifo del agua caliente y me quité la ropa. Le hacía falta una visita a la tintorería. Eché la ropa a un lado y miré la bolsa. Nunca en toda mi vida había conocido a alguien como Bella. Era cariñosa, considerada y daba sin esperar nada a cambio. Era un puto genio y podría haber conseguido que la hicieran socia en cualquier parte, pero, en su lugar, ayudaba gratis a la gente mientras seguía estudiando. Era fácil sentirse menos humano cuando estabas a su lado, aunque no parecía tener un estándar imposiblemente alto con la gente. A mí me había aceptado como era. ¿Quién había hecho eso antes?
El baño empezó a llenarse de vapor y salí de mis pensamientos. Me metí en la ducha, bajo el chorro de agua caliente, y solté un largo suspiro. Estaba muy confundido y esa era una puta sensación que odiaba.
De nuevo, muchas gracias por vuestra paciencia. Espero que os haya gustado.
La próxima actualización será el domingo y el sábado pondré un adelanto en Facebook. Mientras, contadme qué os ha parecido este capítulo.
Gracias por leer y comentar!
-Bells
