Seis años habían pasado desde el choque de la nave, seis años en los que el recipiente tuvo que valerselas en las crueles Montañas de Fuego.
Bueno, tampoco es que estuviera solo.
— ¡¿A qué no me alcanzas?! —Le retaba un pájaro amarillo.
— ¡No es justo, Craven, tu tienes alas! —Le respondió el niño.
— ¡No pongas excusas! —Exclamo Craven.
El niño tampoco lo hacía mal, pues se movía por los árboles con la gracia de un mono.
Tener una fuerza y agilidad sobrehumana también ayudaba a su rápido mover.
— ¡Será mejor que te muevas más rápido, Brokol, a menos que quieras hacer esperar a Vava! —Dijo Craven.
— ¡Ni pensarlo! —Exclamo el niño.
Por lo que se empezó a mover aún más rápido, superando a Craven y adelantándose a el. No iba a llegar tarde con Mamá Vava, no podría soportar otro zarpazo a la cabeza por su parte.
Por otra lado, en el extremo opuesto del bosque ingresaba un hombre de treinta y siete años acompañado de un Tigre Verde.
— ¿Por qué me habrá pedido la Hechicera que viniera a esta zona? —Se preguntaba el hombre.
— ¡No lo sé, Adam, pero este lugar me da escalofríos, vámonos de aquí! —Le pidió el Tigre Verde.
— No podemos irnos así sin más, Cringer, debemos entrar, incluso si a mí tampoco me gusta la idea —Dijo Adam.
Las Montañas de Fuego eran uno de los sitios más desagradables del planeta, y este bosque en particular emite una sensación desagradable e inquietante incluso a kilómetros de distancia.
Pero como bien había dicho Adam, no tenían opción, por lo que procedieron a entrar, ignorantes de que estaban siendo vigilados por alguien.
— ¡Je je je, todo va según lo planeado! —Afirmo el que los espiaba.
De vuelta con el niño, este por fin había llegado dónde Mamá Vava, la cual era una Gata-Osa gigantesca.
— ¡Por poco y no llegas a tiempo! —Le hizo ver la Gata-Osa.
— ¡Pero llegué, y eso es lo que importa! —Dijo el niño.
— Al menos ya estás aquí. Muy bien, es era de que vayamos de caza, y esta vez tu participaras —Dijo Vava.
El muchacho se emocionó ante la idea, pero también estaba un poco aterrado, las presas de la zona no son precisamente vulnerables a los depredadores.
Pero tampoco iba a desobedecer a Mamá Vava, no quería otro zarpazo en la cabeza.
Tras seguirla un rato se encontraron con un animal con una gran placa osea en su frente, una cola con pinchos, y cuatro patas con filosas garras.
El niño tragó saliva, pues sabía que tenía que cazarlo solo esta vez.
Cuando por fin se armó de valor, salto del arbusto en dónde se escondía, mostrándose frente a su presa.
— ¡Por la ley del más fuerte, solo uno de nosotros saldrá vivo este día! —Exclamo el niño.
— ¿Me estás retando, cachorro? —Pregunto el animal—. ¡Pues que así sea, que gane el más fuerte!
El niño tuvo que esquivar el ataque inicial del animal, el cual golpeó una roca, partiendola en dos.
Al segundo ataque, no solo esquivó, sino que aprovecho para rasgar el cuello del animal con sus uñas, las cuales, si bien no son tan afiladas ni letales como las de Mamá Vava, si eran más afiladas que las de un Humano promedio.
El animal quedó herido, pero no lo suficientemente como para relantizarlo, pues con su cola casi empala la cabeza del niño, y aprovechando su distracción por eso, lo arrojó al suelo de un empujón.
Cuando el niño cayó al suelo tuvo que evitar que las garras del animal lo despedazaran, pero la velocidad de sus ataques lo hacía difícil.
Pero cuando logro esquivar uno de los ataques, termino en una posición que le permitió morder la pierna del animal en represalia.
Los dientes del niño eran demasiado duros, y se hundieron profundamente en su carne. Los gritos del animal se oyeron por el bosque.
Cómo respuesta golpeó al niño con su cola, pero no pudo darle con la zona de los pinchos, pero pudo alejarlo, por lo que volvió a cargar contra el.
Está vez el niño si fue embestido, por lo que empezó a escupir sangre.
— ¡Así que este la famosa fuerza de los Montauros, es justo como he oído! —Afirmo el niño—. ¡Pero tampoco te creas que por tu frente de roca, o esa maza que llamas cola, o esas cuchillas que tienes en las patas saldrás vivo de esta, esta noche me saciaré con tu carne!
— ¡Veamos si puedes conseguirlo! —Le reto el Montauro.
Los minutos pasaron, y ambos contendientes se habían desgastado mutuamente, pero al final, para sorpresa del Montauro, era el niño el que estaba en mejor condición.
Cuando trato de correr para embestirlo, sus piernas, las cuales habían sido mordidas, desgarradas y golpeadas múltiples veces, finalmente cedieron, haciéndolo colapsar en el suelo.
Fue entonces cuando vio al niño acercándose a él con una gran roca.
— Es mi fin, ¿Verdad? —Pregunto el Montauro.
— Si, pero que conste que diste una buena batalla, me aseguraré de que nada de ti se desperdicié —Le prometió el niño.
— Es bueno oírlo, entonces termina de una vez. Has demostrado ser el más fuerte —Y tras haber aceptado su destino se despidió de este mundo con una sonrisa.
El niño aplastó la garganta del Montauro con la roca, matándolo en el acto, luego procedió a comer su carne.
— ¡Felicitaciones, niño, tu primera presa derrotada! —Lo felicitó Mamá Vava
— ¡Bueno, a comer sea dicho! —Exclamo Craven.
Y procedieron a comerse al Montauro junto al niño.
Las horas pasaron, y tal como prometió, del Montauro solo quedaron sus huesos, los cuales fueron dejados debajo de las raíces elevadas de un árbol en señal de respeto.
Viendo que ya iba a anochecer, Mamá Vava agarro al niño de su largo cabello, y lo arrastró hacia una cueva cercana, luego tapo la entrada con una enorme roca, no sin antes dejar que Craven entrara.
— ¡Pudiste haberlo hecho sin jalarme el pelo! —Se quejaba del dolor.
— No te movías, y sabes perfectamente lo peligroso que es este lugar de noche —Le recordó Mamá Vava.
— No tienes que recordarselo, Mamá Vava, solo un suicida estaría afuera ahora mismo —Dijo Craven.
— ¡Igual estoy cansado por la pelea, por lo que iba a venir aquí de todas formas! —Dijo el niño—. En fin, buenas noches.
— Buenas noches, pequeño, y a ti también, pajarraco —Dijo Vava.
— Igualmente —Respondió Craven.
Y procedieron a dormirse, sabiendo que la roca los protegería de las abominables criaturas que infestan las Montañas de Fuego durante la noche.
