La mañana había llegado, y mientras los primeros rayos de luz bañaban a las Montañas de Fuego alejando a los monstruos que la pululan por la noche, Adam y Cringer descansaban en un tronco caído, agotados de tener que lidiar con dichas criaturas aberrantes.

— ¡Guau, que anoche fue intenso! —Exclamo Adam—, ¿Pero cuántas aberraciones nos atacaron, veinte?

— ¡Quiero irme a casa! —Grito Cringer—. ¿¡Que acaso no viste a esa criatura con la boca en vertical que le llegaba hasta la pelvis y tenía los ojos al final de horribles tentáculos!?

— Que puedo decir, después de presenciar a la criatura anterior que parecía todos los animales de Eternia volteados de adentro hacía afuera como calcetines y luego cosidos todos juntos por sus anos, ehhh, las otras quince criaturas no me parecieron tan horribles —Se sincero Adam.

— ¿¡Pero porque nos han mandado aquí!? —Quería saber Cringer.

— Yo también quisiera saber, amigo, si la Hechicera hubiera sido un poco más específica sobre lo que quería que encontrará aquí ya estaríamos en Ciudad Grayskull —Expreso Adam.

En eso escucho un extraño ruido que provenía de lo más profundo del bosque, el ruido no se parecía al de ninguna bestia de la zona, de hecho parecía Humano, de un niño Humano.

— ¡No puede ser! —Exclamo Adam—, ¿¡Que hace un niño aquí!?

— ¡Adam, no te lo creas, podría ser un engaño! —Advertía Cringer.

Pero sus advertencias cayeron en oídos sordos, pues Adam ya estaba sacando su espada.

— ¿Diosa, por qué? —Se pregunto Cringer sabiendo lo que estaba a punto de pasar.

En cuanto a que había provocado el ruido, era tan solo el niño gritándole a la mañana, cosa que hacía cada vez que se despertaba.

— ¡Dormí tan a gusto anoche! —Afirmo el niño.

— Y es bueno que lo hayas hecho, pues hoy también iremos de casa —Aviso Mamá Vava.

— ¿Tan pronto?, ¡Pero si acabamos de levantarnos, que lata! —Se empezó a quejar el niño.

Mamá Vava le pegó un zarpazo para que se callara.

— Tenemos que, pronto llegará el día en las que tengas que valerte por ti mismo y así ganar tu nombre, y tienes que estar listo para cuando llegue ese día —Le recordó Mamá Vava.

— Ya, pero no tenías que golpearme —Dijo el niño—. Además, aún no quiero separarme de ti, tu y Craven son todo lo que me queda hasta que mi mamá me encuentre.

«Pobre niño, ¿Cuando se dará cuenta?», Pensaba Craven.

En cuanto a Mamá Vava, lo último que dijo el niño sobre ella la alegro, incluso si se negó a mostrarlo.

— Bueno, es hora de… ¡¿Qué es ese ruido?! —Exclamo Mamá Vava.

El niño y Craven también lo oyeron, algo se acercaba a ellos, algo que nunca habían oído.

El niño tuvo que agarrar a Craven de la cola para que no se lanzará a atacar a lo que venía, y en cambio, el, junto a Mamá Vava salieron corriendo de ahí.

— ¡Suéltame, yo puedo encargarme de lo que sea eso! —Exclamaba Craven.

— ¡¿Pero que demonios es eso que nos sigue?! —Queria saber el niño.

— ¡Ni idea, solo corre! —Grito Mamá Vava.

El hecho de que ella también estuviera asustada era señal de lo peligroso que era lo que los estaba persiguiendo.

Pero mientras corría, el niño también noto algo extraño, todos los animales los estaban mirando con ojos en blanco y miradas perdidas.

— ¿Pero que…

Pero ni pudo terminar la frase cuando oyó un grito monstruoso viniendo de otra dirección, y de repente todos los animales se abalanzaron sobre ellos.

Mamá Vava golpeó a uno que casi toca al niño tan fuerte que le rompió el cuello, el niño, por otro lado, esquivo un aguijón venenoso de un insecto gigante por muy poco.

Craven se safo del niño, y atacó sin dudar a un animal cuadrúpedo, arrancándole los ojos con sus garras.

— ¿¡Y ahora que está pasando!? —Exigia saber el niño.

— ¡Solo corre, yo los contendre! —le ordenó Mamá Vava.

— ¡Ni en sueños, yo me quedo a tu lado! —Expreso el niño.

— ¡Lo mismo digo! —Secundo Craven.

— ¡No sé hagan los héroes, huyan par de idiotas antes de que los maten! —Grito Mamá Vava.

Entonces fueron atacados otra vez por los animales, quienes, por alguna razón, estaban determinados a separar al niño de Mamá Vava, pues entre tanto ataque, lo estaban alejando de ella.

— ¡Ya verán, malditos! —Exclamo el niño esquivando por centímetros los ataques de los animales.

— ¡Solo corre, ya te alcanzaré luego! —Ordeno Mamá Vava tras matar a varios animales.

Por mucho que lo odiará, el niño le hizo caso, pues los animales se estaban amontonando y ya no podía hacerles frente.

Por lo que agarro a Craven de la cola y se lo llevó con el.

— ¡Suéltame, puedo con todos ellos! —Exclamo Craven.

Con el niño ya lejos, Mamá Vava estuvo más tranquila, pero los animales aún trataban de matarla, y el ruido que hoyo primero volvía a acercarse a toda velocidad.

El niño volvió a oír un rugido horrible, un profundo miedo lo invadió, por lo que se metió debajo de unas raíces de elevadas con lo cubrían a la perfección, también le cerró el pico a Craven para que no delatará su ubicación.

Y fue una decisión sabía, pues la fuente de ese rugido había aparecido. El niño no pudo verlo bien debido a las raíces, pero logro distinguir un pelaje rojizo.

La criatura paso un buen rato ahí, escudriñando el lugar en su busca, incluso llegando a acercarse peligrosamente a las raíces que lo cubrían.

Con el corazón en la boca, el niño solo podía quedarse lo más quieto posible, incluso dejo de respirar para que ningún ruido delatará su presencia.

Al cabo de un rato, la criatura por fin se fue, permitiéndole por fin salir.

— ¡¿Que demonios fue eso?! —Queria saber Craven.

— ¡No sé, ni quiero saber! —Respondió el niño—. ¡Mamá Vava!

Mientras volvía por sus pasos para reencontrarse con Mamá Vava, pudo ver lo mucho que se encarnecio la batalla, pues el número de animales muertos había aumentado.

Cuando llegó a dónde había visto a Mamá Vava por última vez, no la encontró por ningún lado. Desesperado, empezó a buscarla por todo el bosque, cuando volvió a oír el sonido que había escuchado antes de que todo se descontrolada, y logro ver la silueta de que lo provocaba, y tenía una forma similar a la suya.

La figura se acercó más hasta que fue perfectamente reconocible. Era de la misma especie, pero era enorme, musculoso en extremo,. rubió, y vestía un pantalón rojo y una coraza de metal roja con un símbolo conforma de cruz de acero con dos curvas que la entrecruzan a cada lado de arriba a abajo sin tocarse.

Pero lo que lo horrorizó más fue ver lo que había detrás de el, Mamá Vava, muerta, tirada a sus pies.

El tipo, en un acto cruel de maldad, arrojo el cadáver de Mamá Vava a los pies del niño, y luego se volvió a adentrar en el bosque mientras reía como un maníaco.

— ¡Oh, No! —Exclamo horrorizado Craven.

El niño quedó en estado de shock, las palabras no podían salirle de la boca mientras las lágrimas no paraban de salir de sus ojos.

Sus piernas no pudieron seguir manteniendolo en pie, por lo que cayó de rodillas frente al cuerpo de Mamá Vava. Entro en negación, y empezó a mover el cuerpo de Mamá Vava esperando cualquier reacción.

Cuando no hubo ninguna reacción fue consolado por Craven.

— ¡Amigo, yo… —Trataba de decir algo que le ayudará.

Pero no había nada que pudiera decir para calmar la furia que empezaba a crecer dentro del niño, y de repente Craven solo pudo quedar mirando horrorizado como el largo y rubio cabello del niño empezaba a flotar por si solo, como la parte superior de su rostro se oscureció, el como el iris de sus azules ojos se contrajo tanto que quedaron reducidos a simples puntos sin color, como los tatuajes con forma de olas que cubrían como un brazalete la parte superior de sus brazos cercano a los hombros empezaban a crecer, cubriendo la totalidad de los mismos, y como la piedra roja que el niño llevaba colgando de un collar en su cuello empezó a brillar al mismo tiempo que algo salía del cuerpo de Mamá Vava, directo al niño.

— ¡¿Que te está pasando?! —Preguntaba Craven.

El niño solo lo miro con una sonrisa digna de un psicópata, para luego dirigirse a toda velocidad a dónde se había ido el asesino.

— ¡Que el cielo nos ampare! —Exclamo Craven.