— Y actualmente estamos en el año 1021 Después de la Gran Separación, evento apocalíptico que se produjo cuando el planeta hermano de Eternia fue arrancado de nuestro universo y engullido por la Dimensión Oscura de Despondos, cosa que provocó la creación del Hemisferio Oscuro y de mutar en Abominaciones a gran parte de la población de dicha zona —Leía Dare del libro de historia que le había dado Kay-La para sus clases personales—, también propicio el breve pero brutal ascenso del Rey Helltor y sus huestes de Abominaciones, y…

— Creo que ya es suficiente por hoy —Expreso Kay-La tomando el libro—. Si que hemos avanzado mucho en este año.

— Sigo sintiendo que es trampa, ya que el Señor Tarrak me lanzo un hechizo para poder leer y escribir. Estoy bastante seguro que aún sería analfabeta si no me lo hubiera arrojado —Aseguraba Dare.

— Eso no importa, lo que importa es que puedes leer y escribir, y eso te abre un sin fin de posibilidades —Afirmo Kay-La.

— Supongo que puedo verlo de ese modo. Pero hay algo que quisiera saber, ese planeta hermano de Eternia, ¿Cuál es su nombre? —Preguntaba Dare.

— Ojalá lo supiéramos, su nombre se perdió en los anales de la historia, igual que casi todo lo anterior al Día del Millón de Soles —Revelo Kay-La—. Muchos incluso piensan que el origen del Hemisferio Oscuro puede haber sido otro, o que incluso el Rey Helltor no es más que un invento para asustar a los niños.

— ¿Día del Millón de Soles, que es eso? —Pregunto Dare.

— El tema de nuestra próxima clase. Por ahora descansa, que mañana te espera tu primera celebración de cumpleaños —Le recordó Kay-La.

Cómo nadie sabía en qué día había nacido Dare, decidieron tomar el día en que fue adoptado por Adam y Teela para celebrar su cumpleaños. Dare aún no sabía como sentirse con la idea.

— Ya es bastante tarde. Me alegro de estar adentro y no bajo esa lluvia —Decía Kay-La mirando desde la ventana del cuarto de Dare.

En Eternia nueve de cada diez lluvias son ácidas, hasta el punto que la flora evolucionó para ser impermeable al ácido de la misma, lastima que la gente aún no haya desarrollado defensa alguna, por lo que las quemaduras y enfermedades por la lluvia ácida siguen siendo muy comunes.

— Bueno, me tengo que ir, tengo que ir a cenar con mi padre, nos vemos luego —Se despidió Kay-La dándole un beso en la frente a Dare.

— Hace un año estarías rojo como un tomate y balbuceando como idiota por lo que acaba de hacer Kay-La —Le hizo ver Craven.

— La gente cambia —Respondió Dare—. ¡Quiero decir, aún me gusta, y mucho! es solo que he aprendido a controlarme en su presencia.

Y eso no era lo único en lo que había cambiado. Desde que fue encontrado por Adam en las Montañas de Fuego, Dare había pasado a poder hablar Pelita Moderno, ser adoptado, convertirse en el nuevo Campeón de Grayskull, hacer amigos, enamorarse, ponerse ropa de verdad y no un taparrabos, aprender a leer y escribir, aprender magia, e incluso de a poco ha estado dejando de usar el casco en público.

— Me alegra ver qué el cachorro está madurando —Expreso Craven su orgullo por su amigo— «Y el que no haya hablado en meses de su madre es un extra más que bienvenido».

Dare se quedó mirando por la ventana al oscuro y nublado cielo de Eternia, lo que Craven interpretó (De forma increíble y desafortunadamente precisa) que estaba pensando en su madre.

Pero antes de que pudiera criticarlo, Dare cambio su mirada hacia abajo, mirando a la Guardias Reales que tenían que estar obligatoriamente en en guardia aún bajo la lluvia ácida. Por suerte para ellos, portaban un bastón que desplegaba un escudo de energía en forma de paraguas para protegerlos de la lluvia, cortesía de Andras.

— Craven, se honesto, ¿Crees que realmente podré llegar a ser un buen rey para ellos? —Esta pregunta realmente sorprendió a Craven quien recordó que Dare nunca había considerado la idea de heredar el trono de Adam.

— Bueno, yo, creo que sí te esfuerzas podrías llegar a ser el mejor rey de Eternia —Fue lo mejor que pudo responder.

— Supongo que tienes razón —Dijo volteandose para mirarlo.

Ahí fue que Craven vio la mirada de Dare, y ahí logro entender el porque estaba empezando a considerar el heredar el trono de Adam, el se estaba resignando a nunca encontrar a su madre, y a pesar de ser lo que Craven quería, no podía evitar sentirse mal por Dare.

— Dare, yo…

— No hace falta que lo digas, ya se lo que estás pensando. Creo que es hora de finalmente escuchar a Mamá Vava —Dijo Dare con una mirada melancólica en su rostro.

— Si crees que es lo mejor —Le dijo Craven.

— Yo creo que es… ¡Que ese ruido! —Reacciono Dare a algo que oía abajo.

Esos eran gritos, los gritos de los Amos, algo no andaba bien y Dare fue corriendo a ver qué era.

— ¡Dare, olvidaste tu espada! —Le avisaba en vano Craven—. ¡Maldita sea, voy a tener que llevársela!

Mientras bajaba notaba como todo estaba oscuro de repente, y como había decenas de personas tiradas en el suelo gritando del horror.

— ¡¿Pero que está pasando aquí?! —Se pregunto Dare.

— ¡Saquenme de aquí, no soporto la oscuridad! —Grito Ram-Man a pesar de estar en dónde aún había un poco de luz.

— ¡Marmotas, marmotas! —Grito un Repton, la misma raza de Kobra Khan mientras corría por los pasillos.

— ¡Hermano, lo siento, lo siento, por favor, vuelve! —Exclamo una Hawke en posición fetal.

— ¡No, por favor, ten piedad de nosotros, Skeletor, por favor, hagas que yo sea el último! —Suplicaba Air-Bag.

— ¡Dragones, no me coman, estoy asqueroso! —Afirmaba un Orko que no paraba de volar por la habitación.

— ¡Sueltenme! —Exigia Teela aún cuando nadie la estaba tocando.

— ¡No puede dañarme, no puede dañarme, no puede dañarme! —Repetía sin cesar Kay-La.

— ¡Mi reino, mi familia, mis amigos, no, por qué les falle! —Gritaba Adam.

— ¡Adam, ¿Que está pasando aquí, por qué todos están gritando?! —Le pregunto Dare.

— ¡Dare, lamento no haberte podido proteger! —Exclamo entre lágrimas Adam.

— ¡¿Pero que dices?, si yo estoy aquí! —Trataba de hacerle ver—. ¡Teela, ayúdame!

— ¡Siento sus jugos gástricos, papá, por favor, ayúdame! —Suplicaba Teela.

— ¡Mi hija!, ¡¿Por qué me quitaste a mi hija?! —Grito Man-At-Arms.

— ¡No me gusta nada esto! —Afirmo Dare viendo cómo no había nadie que no estuviera en este estado.

De pronto sintió un horrible escalofrío recorriendo su espalda, y cuando se volteo para ver qué lo generaba vio a un esqueleto con una capa púrpura desgarrada y una guadaña en mano.

El esqueleto sonrió, cosa que no debería poder hacer, e hizo brillar sus huesos.

— Dulces pesadillas, pequeño príncipe —Le dijo Scareglow mientras Dare se sumergía en sus miedo más profundos.