La paz no podía durar, muy en el fondo lo sabían, pero aún no estaban preparados cuando las fuerzas Hordeanas atacaron con todo lo que tenían a la aún debilitada Ciudad Grayskull.

— ¡Protegan a los civiles, no permitan que los Hordeanos les pongan un dedo encima! —Ordenaba He-Man tras cortar en dos a un masivo Horde Trooper.

— Procediendo a neutralizar amenaza —Dijo Extendar extendiendo sus extremidades hasta ser más grande que un edificio y procediendo a barrer de una patada todo un pelotón.

— Bueno, eso facilita las cosas —Expreso Adam viendo cómo Extendar barrio con su brazo a los Hordeanos que estaban sobre los techos de los edificios—. Duncan, ¿Cómo va la evacuación de los civiles?

— ¡No muy bien, los Hordeanos no paran de llegar y están bloqueando toda posible ruta de escape, a este ritmo nos matarán a todos aquí! —Exclamo Man-At-Arms a través de su comunicador.

— ¡Mierda! —Exclamo He-Man viendo cómo venían aún más refuerzos Hordeanos en su posición que lograron tumbar a Extendar—. ¡Dare, tienes que ir donde Duncan, no puedes dejar que maten a los civiles!

— ¡Ya estoy en ello! —Respondió He-Ro lanzándose en picada a lomos de Battle-Bird contra los Hordeanos que rodeaban a Man-At-Arms y procedió a bombardearlos con potentes ataques mágicos de oscuridad y rayos de la Espada del Poder.

He-Ro repitió el mismo proceso cinco veces hasta abrir una brecha que Man-At-Arms y los suyos aprovecharon para evacuar a los civiles.

— ¡Ya se encuentran a salvó, papá, ahora me dirijo a ayudar a mamá y a la abuela! —Informo He-Ro cortando la comunicación—. ¡Maldita sea! ¡Con lo que nos costó reconstruir esta ciudad!

— ¡Esos bastardos deben pagar! —Exigía Battle-Bird.

— ¡Y lo harán! ¡Juro por los Antiguos que no quedarán indemnes! —Prometía He-Ro.

En ese momento vio a lo lejos como Grizzlor y Leech dirigían un escuadrón de Horde Troopers de elite directos al Palacio Real.

— ¿Por qué están yendo hacia allá? —Pregunto Battle-Bird.

— ¿Acaso ellos… ¡La bóveda con los artículos mágicos, no podemos permitir que los obtengan! —Exclamo He-Ro al darse cuenta y de inmediato puso rumbo al Palacio Real mientras volvía a encender su comunicador—. ¡Generales Hordeanos están intentando acceder a la bóveda en donde guardamos todos nuestros artículos mágicos, necesito refuerzos que vayan al Palacio Real ahora!

— ¡Yo soy la que está más cerca, ahora mismo iré hacia allá! —Informaba Despara.

— ¡Tengan cuidado, no hay que subestimar a los generales de Hordak! —Advertía He-Man.

— Le temo a Hordak, pero a sus generales ya los he humillado antes, y lo volveré a hacer —Afirmo He-Ro.

— ¡Dare, nos los tomes a la ligera, no debes subestimar a tu enemigo! —Le intentaba hacer ver en vano—. Papá, por favor evita que cometa alguna locura.

— Descuida, me encargaré de evitarlo en lo más posible —Afirmo Randor de camino al Palacio Real.

— Yo te ayudo —Dijo Keltra detrás de el.

— Gracias, a ambos —Dijo He-Man para luego ser interrumpido por un rato láser que casi le da en la cabeza.

No lo habría matado, pero al pasar justo a centímetros de su cara lo puso en alerta de forma instintiva.

— ¡Adam, se que estás preocupado, pero ahora no es el mejor momento para distraerte! —Gritaba Teela a punto de emplear una ametralladora pesada clavada en el suelo luego de que el usuario original recibiera un disparo a la cabeza.

— ¡Mierda, lo siento, es verdad! —Exclamo volviendo a la lucha.

En eso He-Ro finalmente entro en el Palacio Real con Espada del Poder en mano dirigiéndose raudo hacia la bóveda, listo para hacer carne picada a todo Hordeano que se cruzara en su camino. Sin embargo al llegar a su destino no encontró ni rastro de los Hordeanos, ni siquiera algún daño a la puerta de la bóveda que indicara que al menos hubiesen tratado de forzar su entrada.

— ¿Que carajos? ¿Si no están aquí en donde diablos están? —Se pregunto tras ver la escena en cuestión.

En ese mismo instante escucho una explosión varios pisos abajo.

— ¿Estan abajo? ¿Que puede haber allí para que... ¡Oh por los Antiguos, no!

Temiendo lo que podría pasar si se tardaba unos segundos de mas procedió a romper el suelo bajo sus pies para ahorrarse esos segundos y así llegar a tiempo, cosa que repitió varias veces, acercándose cada vez mas a la fuente de aquel sonido.

Finalmente el ultimo piso cedió y He-Ro pudo verse frente a frente a la entrada de las celdas con los generales de Hordak y los Horde Troopers quienes resultaron ser los clones de Horde Prime.

— Me doy una idea de por que están aquí abajo, y no pienso permitirlo —Dijo He-Ro apuntandoles con la Espada del Poder.

El primero en pasar al frente para enfrentarlo fue Grizzlor.

— ¡Te haré pagar por la humillación frente a nuestro jefe! —Aseguró mientras se tronaba los nudillos.

— ¡Intentalo, bola de pelos! —Exclamo He-Ro con una sonrisa petulante de oreja a oreja.

— ¡Ustedes aprovechen y vayan por el objetivo ahora! —Ordeno Grizzlor a los Horde Troopers.

Entonces Grizzlor se lanzo en contra de He-Ro, quien esquivo sin complicaciones la embestida y se preparo para dejarle un corte en su espalda, solo para ser paralizado por Mantenna los segundos suficientes para que Leech colocara sus manos sobre su cabeza y empezara a absorber su fuerza vital. Aprovechando la situación Grizzlor se levanto y empezó a acercarse a un desesperado He-Ro para propinarle un zarpazo en la cara.

— ¡Quitate de encima! —Grito He-Ro reuniendo toda la fuerza que le quedaba para intentar aplastar los brazos de Leech con sus manos antes de que llegara Grizzlor.

El dolor que sintió Leech fue de los mas horrible que experimento en su vida, pero ni así soltó su agarre.

— ¡Mantenna, no se supone que lo tendrías que estar paralizando! —Grito Leech mientras sus brazos empezaban a sangrar y sus huesos a crujir.

— ¡¿Estas ciego o que, que no vez que lo estoy haciendo?! ¡El es demasiado poderoso como para que mi poder tenga efecto en su totalidad! —Exclamo Mantenna llevando su poder al máximo y sintiendo como sus ojos empezaban a arder del esfuerzo—. ¡Maldita sea, Grizzlor, matalo de una vez!

— ¡Con gusto! —Exclamo Grizzlor preparando sus garras mientras He-Ro se retorcía para liberarse.

«¡No puedo terminar así, no puedo dejar que esta maldita sanguijuela con patas me humille como la humilló a ella!», pensaba He-Ro mientras gritaba a todo pulmón en un ultimo esfuerzo por liberarse.

Pero justo cuando estaba a punto de lograrlo casi fue asesinado por Grizzlor, el cual de no haber sido por un disparo en la espalda cortesía de Despara habría cortado el cuello de He-Ro, el cual aprovecho el momento y finalmente logro liberarse del agarre de Leech, llevándose sus brazos en el proceso y silenciando sus gritos de un tajo de su espada directo al cuello.

— ¡Hijo de pu...! —Exclamo Mantenna tras ser manchado de la verdosa sangre de Leech solo para ser interrumpido de una patada en la cara cortesía de Despara.

— ¡Ahora dime, pedazo de mierda de ojos saltones! ¡¿Que están haciendo aquí?! —Demandó saber ella agarrando del cuello a Mantenna.

— ¡Están aquí por las tres brujas que ayudaban a Skeletor, no puede haber otra razón para ingresar a esta zona! —Afirmo He-Ro malamente recuperando sus fuerzas.

— ¿Pero que querrían hacer ellos con esas tipas? —Quería saber Despara.

— Eran de las mas poderosas brujas de nuestros tiempos, solo por debajo de Skeletor, aun en su estado actual les podrían ser útiles a los Hordeanos —Asumía He-Ro.

— Pues mejor no permitir que les pongan un solo dedo encima —Expreso Despara frunciendo el seño y apretando los dientes.

— Entonces no perdamos mas el tiempo y alcancemos a esos Hordeanos antes de que sea tarde —Dijo Despara noqueando de una patada a Mantenna—. Este nos puede servir para sonsacarle información sobre la Horda cuando esto termine.

El asintió y se dirigieron con Mantenna a rastras hasta lo mas profundo del Palacio Real sin percatarse de la presencia de Imp.

— Es tal como dijiste, se está movilizando hacia las celdas, acompañado por la traidora —Informo el Diablillo azul mientras el cuerpo de Grizzlor se disolvió en una nube de sombras y humo.

— ¡Perfecto! Mantenme informado, voy directo hacia allá —Expreso Hordak tras reducir a cenizas a todo un contingente de Guardias Reales—. Mis generales, prepárense.

Al cabo de un rato finalmente llegaron a las celdas que habían sido todas abiertas por los Hordeanos, y nada mas entrar Despara ataco a los Hordeanos con ráfagas de energía que fueron bloqueadas por un escudo de energía lanzado justo a tiempo. Ante el ataque los Hordeanos respondieron abriendo fuego, lo que hizo que He-Ro reaccionara a tiempo y se protegieran de la misma forma al formar un muro de energía frente a ellos.

— Muy bien, ¿Quién de ustedes quiere morir primero —Pregunto Despara tras arrojar a Mantenna a una celda con una puerta de acero reforzado que cerro con candado.

El capitán tan solo se rió mientras se cruzaba de brazos.

— ¿¡Que encuentras tan grasioso, bastardo!? —Demandaba saber He-Ro.

— Que no las hayas notado aun con tus super sentidos —Contesto extendiendo los brazos y con la mirada de sus intensos ojos tan rojos como sus rastas teñidas de carmesí posada sobre los ojos de He-Ro y este dandose cuenta de lo que pasaba al ver el reflejo en estos.

— ¡Oh, mierda! —Exclamo He-Ro segundos antes de que las bombas a su alrededor exploratan.

En un lapso casi instantáneo, He-Ro desactivó su campo de fuerza para reactivarlo en forma de domo, momento aprovechado por el capitán para dispararle en la cabeza a He-Ro.

El disparo no lo mato, pero si le dejo inconsciente gracias a que aun seguía recuperándose de lo de Leech. Afortunadamente el domo duro lo suficiente para que Despara lo agarrada y arrastrada dentro de una celda que procedió a cerrar justo a tiempo, protegiendose de la explosión y los disparos subsecuentes.

— El Hombre mas poderoso del universo mis pelotas, hoy no ha hecho mas que quedar en ridículo —Expreso burlonamente antes de echarse a reír junto a sus hombres.

— ¡Malditos, les haré pagar! —Juraba Despara.

— inténtalo, quiero ver como fallas —Dijo el capitán preparando las armas tras ver como una andanada de proyectiles de energía del rifle de Despara impactaban contra el escudo hasta drenarlo totalmente de energía y forzar su apagado—. Al menos duro lo suficiente. ¡Preparen las armas!

En lo que se desataba el combate, Randor y Keltra habían entrado por fin al Palacio Real y se dirigieron a la bóveda lo mas rápido que pudo solo para no encontrarse con nadie.

— ¿¡En donde están todos!? —Se preguntaba Randor mientras intentaba comunicarse en vano con ellos—. ¿Por que no responden?

Entonces una explosión de abajo le dio la respuesta

— ¿Pero qué están haciendo allá abajo? —Quería saber Keltra.

Aun sin saber el porque, los dos no perdieron mas tiempo y se dirigieron directamente a las celdas usando el ruido de la batalla para guiarse por los pasillos. O al menos eso hacía hasta que se detuvieron de bruces al ver algo que les heló la sangre.

Ese algo fue nada menos que el mismísimo Hordak quien ya estaba dentro y se dirigía al mismo sitio. La mera idea de enfrentar a Hordak tras su traición la hizo congelarse, hiperventilarse y sudar frió mientras sus piernas estaban a nada de ceder.

«¡No, no, mierda, mierda, mierda!», pensaban Randor y Keltra rogando a cualquier deidad que quisiera escucharla que Hordak no la hubiese oído o percatado de su presencia de ningún modo.

Y afortunadamente así fue el caso, con este pasando de largo y aliviando sus temores. Temores que resurgieron al instante que recordaron a donde esta yendo.

«¡Mierda, no van a tener oportunidad!», pensó Randor mientras intentaba comunicarse con ellos. «¡Vamos, respondan de una vez!»

Pero seguían sin contestar, cosa normal, pues le era imposible a Despara escuchar el sonido del comunicador en medio de un tiroteo como el que estaban teniendo que la obligo a usar la puerta de la celda como cobertura mientras He-Ro seguía inconsciente.

— ¡Despierta, carajo! —Exclamó Despara despertandolo exitosamente de una bofetada que la hizo agarrar su muñeca del dolor—. ¡Mierda, olvide lo resistente que eres!

— ¿¡Que mierda ha pasado!? —Quería saber un agitado He-Ro que se despertó mas por el grito que por el golpe y no paraba de ver a todos lados.

— ¡Te noquearon de un disparo, por lo que hemos tenido que atrincherarnos en una de las celdas! —Explico Despara disparando continuamente a los Hordeanos que también se habían protegido dentro de las celdas.

— ¡Por los Antiguos, no! —Exclamo He-Ro procediendo a taparse la cara y desear ser tragado por la tierra—. ¿¡Por que estoy teniendo tanta mala suerte hoy!?

— ¡Luego te lamentas, ahora mismo toma tu espada y deshasté de esos infelices! —Dijo Despara entregandole la Espada del Poder.

— ¡Oh, créeme, lo haré con gusto! —Acepto tomando la espada y saliendo decidido de la celda.

Usando la Espada del Poder para reflejar los disparos enemigos, ademas de sus propios reflejos, He-Ro logro acercarse a los Hordeanos, listo para descargar toda su rabia sobre ellos.

— Quiero verte intentarlo, salvaje —Dijo el capitán preparando sus armas mientras sus hombres se metían aun mas dentro de las celdas para protegerse.

Entonces ambos se lanzaron de frente, pero antes de que la espada de He-Ro cortara el cuello del capitán, este se agachó de rodillas y dejo que la inercia lo hiciera seguir adelante esquivando el ataque y poniéndose detrás de su enemigo, momento en que se dio la vuelta con elegancia y apunto a su nuca. He-Ro reacciono a tiempo y bloqueo el ataque con su espada.

— Okay, eres rápido —Expreso He-Ro levemente sorprendido.

— Décadas de experiencia luchando en los peores campos de batalla del Imperio de la Horda me enseñaron una o dos cosas, incluso si era un zangano sin voluntad en aquellos dias —Explicaba el capitán.

— Pues será mejor que les saques el mayor provecho si quieres sobrevivir —Expreso He-Ro poniéndose en posición.

Y cuando ataco, el capitán dando muestra de su proeza marcial, salto y logro aterrizar sobre la hoja de la Espada del Poder y procedió entonces a darle una patada en la quijada a He-Ro para luego abrir fuego nuevamente al mismo tiempo que se apoyaba sobre una pared para impulsarse en el aire y pasar por encima de He-Ro mientras seguía disparando.

He-Ro bloqueo los ataques y logro devolverle varios disparos que se disiparon al impactar contra su escudo de energía personal.

— Okay, he de reconocerlo, eres bueno, tanto que me daría lastima matarte sin antes saber tu nombre —Admitió He-Ro.

— Mi nombre es Ragal, asegurate de recordarlo antes de que tu ser sea borrado para traer de regreso a Horde Prime, es lo mínimo que puedes hacer —Dijo entre leves risas.

— Me voy a encargar de borrar esa petulante sonrisa de tu rostro, infeliz —Expreso He-Ro sonriendo igualmente y reanudando el ataque.

Esta vez genero un látigo de energía con su espada con el objetivo de limitar al máximo el espacio en el que se pudiera moverse Ragal al moverla erraticamente.

Viendo que seria su muerte si intentaba moverse, Ragal llevo al maximo las capacidades de su escudo de energía y se quedo estático esperando el momento de atacar y que el escudo no colapsara por el constante ataque de su enemigo que solo se intensificaba a cada segundo.

Viendo que no surtía efecto, He-Ro cambio de táctica y en su lugar usando su Umbramancia abrio un portal debajo de. los pies de Ragal, haciendo que este fuera tragado y saliera por otro que se habia formado en el techo, momento que He-Ro aprovecho y lo envolvió con su látigo que se aferró firmemente y procedió a jalar para empezar a arrastrarlo cual muñeco de trapo a través de toda la habitación, teniendo el detalle de estrellarlo contra una pared siempre que pudiera.

— ¡Debiste haberlo pensado mejor! —Se regodeaba He-Ro tras haberlo estampado contra el suelo solo para casi colapsar en el suelo del agotamiento y murmurar—. Maldita sanguijuela.

— ¡Maldito! —Dijo tosiendo sangre con esfuerzo mientras se recuperaba del impacto y tenia que soportar la engreída sonrisa de He-Ro—. Al menos te distraje el tiempo suficiente.

— ¿Distraerme? ¿De que? —Preguntaba intentando recomponerse.

He-Ro no tuvo que voltear, el de inmediato sintió su presencia y se congeló en el acto, momento aprovechado por Ragal para salir de ahí y entrar a la celda en la que estaban sus hombres para evitar ser ejecutado por su señor.

Por puro instinto de supervivencia basico, Despafa abrió fuego y He-Ro desató un haz de energía en forma de corte ascendente en su contra. Hordak detuvo todo con la mano, solo para sentir un leve dolor y que algo empezaba a humedecerla, al verla se dio cuenta de que era sangre.

— Huh, hace tiempo que no la veía, supongo que me confíe de mas —Expreso tranquilamente limpiando su mano con su capa—, aunque tampoco es que importe, no es como si fuesen a salir con vida de esta.

De inmediato fueron paralizados y suspendidos en el aire mientras Sultra emergía de detrás de Hordak.

— Veo que el hechizo funciono perfectamente, por lo que es hora de pasar a la siguiente fase —Expreso Sultra apuntandoles con su arma.

— Todavía no supero que tengas una aspiradora como arma —Expreso Despara.

— No la subestimes, esa cosa puede ser mortal cuando despierta —Avisaba He-Ro.

— Es bueno ver que recuerdas como te doblegué —Dijo Sultra sonriendo picaramente.

— Oh, y también recuerdo como fuiste mandada a volar como muñeca de trapo por un ataque enemigo —Añadía He-Ro devolviendole la sonrisa.

Sultra procedió a arrojarlo contra una pared de la misma forma, momento en el que pudo ver como los Horde Troopers derribaban la pared de su celda y abrían un camino en el cual escapar con las brujas petrificadas.

— Suerte lidiando con mi señor —Le dijo Ragal sacándole el dedo de en medio antes de irse con el resto.

— Hijo de puta —Murmuró He-Ro.

— Tienes suerte de que mi señor te necesita con vida, de lo contrario ya no estarías respirando —Le hacía ver Sultra—. Esta por otro lado.

— ¡Ni se te ocurra ponerle un dedo encima, vieja bruja! —Exclamo He-Ro tratando de salir del agujero que formo al impactar la pared solo para ser devuelto al fondo por Sultra.

— ¡Callate! —Le ordeno Sultra sometiendolo a un intenso dolor al hacer presión sobre sus órganos internos.

— Lo mismo te podría decir yo a ti, me fastidias —Expreso Hordak haciendo que Sultra retrocediera temblando—. Y en cuanto a ti, Despara, me decepcionas, aunque tampoco es que me importe, siempre puedo mandar a crear mas.

«Entonces es cierto», pensó Despara desconsolada.

— Sin embargo, todavía me puedes ser util —Afirmaba Hordak transformando su brazo en una cuchilla dentada.

— ¡Lastimala y te juro por los Antiguos que te mataré! —Exclamaba He-Ro.

— Te creo que lo intentes, pero buena suerte tratando de cumplirlo —Decía Hordak haciendo una desagradable sonrisa en lo que acercaba la cuchilla al cuello de Despara.

— ¡Maldito! —Grito He-Ro tratando en vano con todas sus fuerzas de librarse del agarre de Sultra y acercarse a Hordak.

— Patético —Expreso Sultra viendo el inútil intento de He-Ro de liberarse.

Pero justo cuando la cuchilla estaba a pinto de cercenar el cuello de Despara, un disparo directo en el hombro de Hordak detuvo el acto.

— ¡¿Quién se atrevío?! —Demandó saber Hordak con sus ojos ardiendo de furia.

El disparo había sido cosa de Randor, quien siguió disparando tanto a Sultra y Hordak mientras este ni terminaba de decir su oración aprovechándose de que Keltra levanto una barrera protectora alrededor suyo.

— ¡Alejate de mi nieto, maldito bastardo! —Exclamó apuntando a la cabeza de Hordak.

Por supuesto, ahora que se había perdido el factor sorpresa el disparo no lo hizo nada al ser bloqueado por una barrera levantada por Sultra, momento aprovechado por Hordak, quien transformo su brazo en un cañón que empezó a cargar su disparo. Aunque gracias a su distracción He-Ro pudo liberarse y usar sus poderes de Umbramancia para sacarlos a todos de ahí y llevarlos a un lugar seguro.

— Voy a disfrutar hacerlos sufrir —Afirmo Hordak con un tono serio y rasposo y con una vena que resaltaba en su frente cuando recibió una comunicación.

— Mi señor, hemos logrado asegurar a las brujas, ahora mismo se encuentran en un transporte rumbo a la Zona del Terror —Informaba Ragal.

— Al menos alguien aquí es competente con todo y tropiezos, a diferencia tuya —Decía Hordak con una mirada que de poder matar con ella abría reducido a Sultra a una mancha roja en el piso—. Les dejare en paz por el momento, pues de todos ellos vendrán directamente para intentar recuperarlas. Y en cuanto a ti, agradece que aun te necesite.

Sultra tragó saliva duro sabiendo lo que se vendría.

En cuanto a nuestros heroes, He-Ro los termino dejando justo a la entrada del Palacio Real, momento en el que tuvo que parar para recuperar energías.

— ¡Maldita sea! ¡Lo que me hizo esa sanguijuela aun me esta afectando! —Exclamaba He-Ro tomando aire profundamente mientras volvía a ser Dare.

— ¡No podemos quedarnos aquí, el podría alcanzarnos en cualquier momento! —Exclamaba Despara.

Haciendole caso empezaron a correr como alma que lleva el diablo, con Randor ayudando a su nieto a mantenerse de pie en lo que iban a un lugar seguro, momento en el que notaron como las fuerzas Hordeanas se retiraban.

— ¿Pero... por que? —Se pregunto Randor.

— Obtuvieron lo que vinieron a buscar, ya no tiene caso seguir aquí, lo siento, no pide evitar que se llevaran a tu madre —Respondía Dare mirando a Keltra.

— Al menos lo intentaste, no puedo culparte por fallar viendo que el mismísimo Hordak intervino —Trataba de reconfortarlo—. Ahora mismo debemos preocuparnos de otras cosas, como ver como esta la población.

— Adam, ¿Como se encuentra nuestra gente? —Quería saber Randor abriendo comunicación.

— ¡Muy mal! no solo ha habido una cantidad horrible de bajas, también han capturado a un montón de gente y solo hemos sido capaces de rescatar a la mitad, temo lo peor, padre —Informaba Adam.

— ¡No podemos perder tiempo, tenemos que rescatarlos! —Exclamaba Dare.

— Primero descanza, solo entonces iremos por ellos, necesitaremos todas nuestras fuerzas al máximo —Le ordenaba Randor—, ¡Debemos asegurarnos de que esos bastardos paguen!