«ERES MI DESTINO» Bankotsu x Kagome

Capitulo 5

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Kikyo bajó la mirada y comenzó a narrar la historia con ese sujeto...

—Mi vida estaba acabada, Inuyasha. Incluso mi cuerpo había abandonado este mundo, pero sin alguna razón...volvió junto con el de Bankotsu, es lo que recuerdo—susurra la mujer pálida mientras contaba lo poco que su memoria podía visualizar. Parecía que era obra de ese hombre y sus poderes extraños —Aquel sujeto tiene habilidades que parece que Naraku quería ocultarnos este tipo de enemigos —dijo concluyendo el resto que recuerda.

—¿Habilidades? ¿Cómo que tipo?—el hanyou queria más información.

—Es otro tipo de demonio, Inuyasha...es lo único que puedo asegurarte ni siquiera yo con mis poderes espirituales, te recomiendo que protejas a Kagome lo más que puedas—dijo preocupada del gran poder desatador de aquel hombre con un aura parecida a la de un demonio. No estaba tan segura pero, de alguna forma quería a su reencarnación para sus objetivos malévolos, tenía que evitarlo de cualquier forma.

—Está bien pero...Tengo que vencer a ese Bankotsu, que parece estar detrás de Kagome!— Inuyasha entendía las intenciones de Kikyo pero, en solo imaginar a Bankotsu junto Kagome lo hace reventar de furiosa con cierto mercenario de trenzas negras porque las intenciones de Bankotsu no eran buenas, en especial si se trata de Kagome. No podía permitir que un hombre como él le haga daño a ella—Mis amigos creen es una buena idea que Kagome sea cercana con el lider de los siete guerreros...—le contaba a la sacerdotisa ya bajando un poco su tono de voz.

—Si lo es.

—Cómo?

—La idea es acertada, hay cosas que le encargan a Bankotsu y no estoy al tanto de eso...No te debes angustiar Inuyasha, es solo cuestión de tiempo hasta saber lo que planea ese hombre —explica la joven sacerdotisa con tono de voz audaz —Kagome no es esa clase de mujer, ella te ama—esas palabras aliviaron un poco al híbrido pero, no puede evitar estar preocupado por la joven pelinegra ...porque Kikyo le ha dicho las mismas palabras que sus amigos sobre que Kagome nunca podría fijarse en alguien como el líder de los 7 guerreros, y además sabían más que el mismo que Kagome nunca lo iría a traicionar. Inuyasha sabía que ella no era esa clase de mujer. —por último...—Kikyo lo mira seria-Inuyasha no bajes la guardia con la hermana de ese sujeto -le advierte antes de marcharse.

Inuyasha solamente da un pequeño suspiro para después volver a la aldea y comentar todo a sus amigos.

—Se que estás ahi—Kikyo tampoco podía dejar de mantenerse alerta de sus enemigos con los que tiene que combatir—Me sorprende que no hayas asesinado a Inuyasha —haciendo una expresión seria.

—Aún no es el momento—lo dice con una sonrisita perversa-dime, Kikyo ¿que se siente volverlo a ver?—la mujer le fulmina con la mirada a cierto sujeto que ni siquiera ella lograba pensar en ello, ya que su vida realmente ha estado acabada desde ya mucho tiempo—Por tu reacción, puedo notar que no te esperabas este reencuentro con el híbrido —el rostro de la miko empieza a tener una tristeza de la gran preocupación que tenía Inuyasha con su reencarnación.

—Cállate —ella se va irritada y no podía seguir escuchando más.

—Por cierto...No debes olvidar tu propósito por el cual yo te reviví, sacerdotisa —una sonrisa malévola expresaba aquel hombre para devolverse a su lugar.

Kikyo se quedaba escasa de aquel tipo y no puede hacer algo contra el, porque ya está siendo amenazada con destruir el pueblo en la que la miko se estaba hospedando, a pesar de todo, lo estaba haciendo por el bienestar de la gente, no podía abandonarlos. Es algo que ella no puede ocultar aquellos sentimientos negativos sobre como Inuyasha estaba obteniendo una felicidad que no es con ella misma, pero la sacerdotisa estaba teniendo pensamientos oscuros que incluso, llegaba a pensar en su interior que nunca debió revivir, porque su misión en el mundo de los vivos ya había concluido o eso era lo que ella había creído.

Sus motivos de permanecer con vida, estaban distinguidos. Lo único que la mantenía de pie era la gente de este pueblo que la ayudaron a que no muriera disecada sin haber probado ningún bocado de comida y también bebida algo de agua, Kikyo tenía que corresponderles de la misma forma; asi que no podía irse de aqui. Aunque, todavía la tiene preocupada esas intenciones del mercenario de obedecer a ese hombre que desea también acabar con Inuyasha, y quiere encontrar las respuestas necesarias para cavar clavos sueltos.

Tendría que dejar por unos días nuevamente, abandonar esta aldea y hallar a Bankotsu o a la hermana de ese hombre que parece de esas mujerzuelas rogándole al chico con trenzas largas y va a sacar ventaja de eso.

Mientras que, por dentro de una aldea muy lejos aquí, el par de jóvenes se encontraban dentro de la casa que pertenece a la anciana Kaede hablando con el híbrido acerca de su encuentro con Kikyo.

—Mmm Entiendo —suspira el monje. La historia de la joven miko no estaba tan descabellada, ya que tenía sentido del porque ella se encontraba viva otra vez, bueno, la chica no era la única.

—Tendremos que esperar que información nos va a traer, Kagome-sama— agregó dando su comentario el monje.

Un pequeño chasquido se escucha por parte del hombre mitad bestia, le sigue pareciendo una terrible idea que su esposa se exponga en gran peligro con un hombre terrible como lo es el líder de los 7 guerreros.

—¿Qué pasa Inuyasha? —el híbrido se voltea molesto a qué su amiga exterminadora lo mira con desdén y ella se percató de inmediato que el peliplata se encontraba bastante preocupado por la joven pelinegra—Kagome va a estar bien. —lo alentaba con una pequeña sonrisa.

—Si...—el chico mitad bestia solo refunfuñaba, por lo que se voltea sin evitar la molestia que sentía.

Por otra parte, Kagome se encontraba buscando al joven que siempre cargaba una alabarda entre sus brazos y no había rastro de él.

Eso no es todo, sino que ella se perdió en el camino de regreso. ¡Lo que le faltaba! ¿Desde cuándo ella tiene un mal sentido de orientación? Nunca le había pasado, y creo que se debe al estrés con respecto a como hablará con el muchacho de trenzas.

—lo odio —protestaba la joven. Bankotsu seguía sin aparecer como si hubiese ocultado su presencia o que mismo—¡Sal de ahí! ¿No viniste a secuestrarme? —no lo soporta más y comienza a gritar con tanta fuerza, sea escuchada por fin y nadie hizo presencia, solo causó que unos demonios intentarán atentar contra su vida otra vez —ayyy no —ella suspiraba en lo que los apuntaba con su flecha que sostenía con el arco entre sus manos para atacarlos sin fallar.

Su entrenamiento estaba tomando frutos de lo que se dedicó hace poco. Había olvidado lo fuerte que eran sus poderes espirituales como sacerdotisa.

Kagome estuvo así por horas luchando contra esos demonios, parecía que el cuento no acabaría pero, al final los exterminó a todos ellos.

Lo encontró a Bankotsu.

—¿Me buscabas miko? —Bankotsu le hace una sonrisa impertinente acercándose a la joven. —No creí que vinieras a entregarte por ti misma.

—Yo no voy a dejar que me secuestres! —responde Kagome en posición de ataque con su arco usando una de sus flechas para apuntarlo.—¡pero, si vine a buscarte!

—¿A mí?—Bankotsu se ríe con malicia.

—Si a ti! No me malinterpretes, tengo otros motivos. —le explica Kagome con firmeza mientras aún lo apuntaba con una de sus flechas.

—Quiero ver que lo intentes, miko.—el pelinegro de trenzas estaba desafiando a Kagome. —Tienes muy mala puntería. —Bankotsu esquivó una de las flechas de la chica azabache que había lanzado hacia su dirección pero Kagome había fallado, y Bankotsu comienza a acercarse lentamente a ella. —No me hagas perder mi tiempo.—Bankotsu se burla de Kagome sujetándola del brazo.

La joven sacerdotisa no iba a permitir que Bankotsu volviera a salir con la suya.

Ella no es más una damisela en peligro, ha fortalecido sus poderes espirituales como miko.

—No dejaré que te burles de mi! —exclama Kagome.

—¿Por qué no? —el mercenario la provocaba. Lo disfrutaba mucho burlándose de la joven sacerdotisa agarrándola fuertemente de la cintura con su otro brazo. —Tu eres muy débil. —Bankotsu mordía su labio inferior con una risa burlona.

—¡Claro que no! ¡Soy fuerte! —ella se defendió mirándolo con desprecio. La joven pelinegro hacia lo posible para alejarse del mercenario.

—Admito que te has vuelto un poco valiente pero... —el chico de trenzas hace un gesto de aprobación. —Aún eres débil. —Bankotsu comenzaba a bajar su mano hacia debajo de su atuendo tocando uno de sus muslos.

Ella sintió unos escalofríos al sentir la mano del mercenario rozando su piel y había jadeado por unos segundos.

Aquella sensación del momento la aterrorizó.

—¡¿Que rayos estás haciendo?! —Kagome exalta.

—Solo experimentando. —Bankotsu se ríe con una sonrisa traviesa —Parece que te gusta. — Èl no quitaba su mano contra los muslos de Kagome, todo lo contrario, seguía tocando la piel de ella. —¿Que sentirá el estúpido híbrido si ve que estoy tocando a su mujer? —Bankotsu disfrutaba todo esto.

—Te mataría! ¡Prefiero que Inuyasha te asesine! —espeta la joven azabache con enfado y asco.

—Ya lo veremos, miko. —el mercenario se aleja con una sonrisa impertinente. —Con esto te queda claro, no puedes desafiarme. —Bankotsu le advierte tomándola de la barbilla usando su fuerza.

—Eres un...! —los ojos de Kagome solo habían odio e ira hacia el hombre de trenzas negras.

Bankotsu se ríe nuevamente antes de soltarla y dejarla así no más. Si venganza contra Inuyasha estaba comenzando y se dió cuenta que Kagome era la clave.

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