Capítulo 4: Leveleo, ¡aquí vamos!
Con un sonido de madera crujiendo, acompañado de un fugaz tintineo, Erhard para con sus asuntos para girar la vista hacia la puerta de su local, en donde Bowser intentaba, sin éxito alguno, entrar por la puerta, acabando por aplicar más fuerza y dejar un agujero tamaño "rey koopa" en la entrada otra vez.
—¡Oh, vamos! ¡Apenas la arreglaron! —se queja el herrero.
—¿Tienes lo que encargué? —pregunta Bowser sin rodeos.
—Directo al grano, ¿eh? Pero sí, tus brazaletes y collar ya están listos.
El herrero se retira hacia su bodega, regresando luego de un rato con un set de cinco anillos negros con púas blancas, una prominentemente más grande que el resto.
Bowser arrebata los accesorios de las manos del herrero, quien luego se desprende de sus brazaletes y collar viejo y procede a ponerse los nuevos: Dos en las muñecas, dos más en la zona de los hombros en donde está la unión con su caparazón, y otro más en el cuello.
Una vez su nuevo equipamiento estaba encima suyo, la interfaz de las armas se abrió de repente, mostrando las estadísticas del koopa junto con su nueva adquisición:
Equipamiento
Brazaletes de hierro – Raro:
Ataque +16.
Defensa +9.
Collar de hierro – Raro:
Ataque Mágico +5.
Defensa Mágica +11.
Después de cerrar su ventana, Bowser le dedica un asentimiento de cabeza al herrero como agradecimiento, pasando luego a retirarse de la herrería.
—¡Vuelva pronto! —exclama Erhard antes de que Bowser abandone la herrería.
El rey de los koopas camina tranquilamente por las calles del reino, hasta dar con Mario, Eclair, y el huevo de Yoshi descansando tranquilamente en las manos del fontanero.
—¿Y? ¿Qué tal tu nuevo equipo? —pregunta Mario al ver al koopa acercarse.
—Adecuado —responde sin más, preguntando después—. ¿Cuánto tiempo más estaremos en este nido de ratas?
—Bueno, esperamos dos días específicamente para que puedas recoger tu encargo, supongo entonces que ya podemos irnos —expresa Mario.
—Concuerdo contigo, estar aquí es un tanto arriesgado —dice Eclair, mientras se ocultaba de unos soldados que pasaban por ahí.
Con los tres de acuerdo, el grupo se pone en marcha hacia la salida del pueblo, caminando luego hasta unos arbustos en donde estaba camuflado el carruaje en el que vinieron, y los dos dragones terrestres descansaban a un lado.
—¡Arriba, holgazanes! —le ordena Bowser a los dragones, quienes de inmediato se ponen de pie y se forman frente al carruaje.
Mario ata las riendas a las bestias, mientras Eclair despeja el carruaje de hojas y ramas, para que luego todos partan en dirección a la aldea Lurolona
…
Medio día de viaje después, el grupo llega por fin hasta la aldea costera, quienes luego se bajan del carruaje y son recibidos cálidamente por un par de pueblerinos.
—¡Bowser-sama! ¡Qué gusto que haya regresado! —exclama uno de ellos.
—¡Seaetto-sama! También es un gusto tenerla de vuelta, al igual que el Héroe del Martillo-sama —expresa el otro, cuyo saludo es devuelto por Mario y la caballero.
—Como sea, ¿qué avances ha habido? —pregunta Bowser.
—La aldea sigue prosperando —comenta el aldeano—. Ya casi hemos reconstruido un par de las casas que fueron destruidas; todo gracias a usted, Bowser-sama.
—¡Hmph, bien! —resopla Bowser—. Lleven a estas dos lagartijas al establo, junto con todas las demás. Luego, vuelvan al trabajo.
—¡Por supuesto, Bowser-sama! —exclaman ambos aldeanos, haciendo una reverencia y comenzando con lo que se les pidió.
—Debo admitirlo: Realmente sabe cómo imponer autoridad —comenta Eclair.
Bowser la ignora y comienza a caminar hacia la aldea y luego por los caminos de esta, siendo los tres saludados por cada aldeano que se encontraban en su camino.
La aldea ya tenía un mejor tono: Había casa más grandes y mucho mejor construidas, algunos aldeanos estaban comenzando a crear sembríos y ganado de filolias, y los niños comenzaban a correr y jugar por doquier. Claro, aún no era ni de lejos la aldea que fue una vez, pero al menos los semihumanos ya tenían un hogar con mejor forma y apariencia.
—Vaya, sin el reino para proveer de recursos, la reconstrucción de la aldea irá a paso tortuga —opina Eclair.
—Bueno, hemos estado usando materiales reciclados y recolectados, además del dinero que traían los caballeros que atacaron, pero pronto todo eso se acabará. ¿Qué planeas hacer entonces, Bowser? —dice Mario.
—Hmph, bueno, todos los habitantes de esta aldea son unos escuincles, por lo tanto, saquear y conquistar pueblos vecinos está fuera de discusión.
—No hablarás en serio, ¿o sí? —reclama Eclair severamente.
—¡Silencio, mujer de pelo rosa! Que estoy pensando —ordena Bowser con los brazos cruzados—. Pero es cierto que necesitamos más recursos y dinero si queremos mejorar esta aldea.
—Tal vez podamos ir a recolectar algunas cuantas monedas por ahí —sugiere Mario.
—Claro, porque muy seguramente también habrá monedas de oro flotantes por ahí, así como en el reino champiñón —expresa Bowser sarcásticamente, recibiendo como respuesta un encogimiento de hombros por parte del fontanero.
—¿Monedas de oro flotantes? Ustedes me están tomando el pelo, ¿verdad? —expresa Eclair—. Pero bueno, dejando eso a un lado: Si lo que necesitamos es dinero, entonces nuestra mejor apuesta es convertirnos en aventureros.
—"¿Aventureros?" —cita Mario en confusión.
—Sí: Se trata de una profesión que consiste en realizar encargos personalizados a cambio de una paga. Pueden ser luchar contra monstruos, llevar un paquete, conseguir "x" cosa, etc —explica la caballero.
—Hmm~, suena bien. ¿Y dónde hacemos eso? —pregunta Mario.
—Bueno, el gremio está de vuelta en la capital. Pero sugiero que esperemos un poco antes de volver allí, ya que será mejor esperar a que se aligeren las cosas luego de todo este asunto de los héroes y la acusación del Héroe del Escudo —expresa Eclair.
—¡Bah, no cuenten conmigo! ¡Bowser no es recadero de nadie! —opina el rey koopa, disgustado con la idea de hacer encargos por dinero.
Mario y Eclair se miran, compartiendo el sentimiento de intriga a que el koopa no acceda a trabajar como aventurero.
—También es una buena forma de subir de nivel. En la mayoría de trabajos se lucha contra monstruos, por lo que ser aventurero no es solamente una buena forma de ganar dinero, sino también para volverse más fuerte —expresa Eclair.
La última declaración de la caballero captó de inmediato el interés del rey de los koopas, puesto que funcionó como un interruptor para que la imagen del Héroe del Escudo resistiendo su llamarada pase como flashback en su cabeza, sintiendo el duro golpe a su orgullo de que un simple niño pueda resistir sus llamas como si nada.
—¡Hmph! Bueno, si es con la excusa de subir de nivel, entonces tal vez pueda acceder —declara el koopa, cruzándose de brazos.
—Vaya, vaya~. Así que el pequeño Bowser, pequeño Mario y pequeña Eclair están de vuelta —expresa Sadina, llegando de la nada.
Los tres pasaron a ver a la mujer cetáceo y sintieron curiosidad cuando vieron, junto a ella, a una Raphtalia con aspecto sucio y cansado, portando una pequeña Katana en sus pequeñas manos.
—Okay, ¿cuál es la manía que tienen todos aquí de darle armas a los niños? —comenta Mario al aire, angustiado de una situación que se repite más de una vez.
—Oh, ¿esto? —expresa Sadina, mirando a Raphtalia—. Pues decidí comenzar con el entrenamiento de la pequeña Raphtalia; sus padres ya no están, y aunque estoy yo para ver por ella, tiene que aprender a cuidarse sola.
—Estoy de acuerdo —opina Bowser—. Si fuera por mí, pondría a cada uno de estos debiluchos a un intenso régimen militar de entrenamiento.
—Y hablando de eso: ¿Qué haremos para la segunda Ola? Los aldeanos no están en condiciones de defenderla, y sin gente capaz, habrá muertes y destrucción de nuevo; ya que les aseguro que el reino no pondrá ni una sola pizca de interés en defenderla —advierte Eclair, ocurriéndosele después—. Tal vez yo pueda ayudar con ello, pero es que necesito subir de nivel también, y no podría hacerlo mientras entreno a los aldeanos.
—Hmm~. En ese caso, ¿qué tal si me dejan a mí el entrenamiento de los aldeanos, mientras ustedes se llevan a la pequeña Raphtalia para que suba de nivel? Me parece que esa forma es más efectiva para que mejore y se haga más fuerte.
—¡¿Qué?! —reaccionan Mario, Eclair y Raphtalia.
—No creo que sea una buena idea poner a una pequeña a luchar contra monstruos —dice Mario, pensativo.
—¡Deja tu rollo, enano! —escupe Bowser—. Si la enana quiere volverse fuerte, entonces me parece bien, pero de ninguna manera haré de niñero, así que será mejor que nos sea de utilidad.
Mario suspira, derrotado, teniendo que aceptar que, en este nuevo mundo, los niños tienen que verse obligados a realizar cosas que realmente no deberían, como aprender a manejar armas y lanzarse a la batalla contra criaturas peligrosas.
—Está bien. Entonces, regresaremos a la capital y haremos eso de los aventureros y-
Mario fue interrumpido por el sonido como de algo duro rompiéndose, y adivinando instantáneamente lo que estaba pasando, baja la mirada hasta el huevo que reposaba en sus manos, encontrando una gran grieta en el objeto.
—¡Mamamía~, llegó la hora! —exclama el fontanero, posando el huevo en el césped y agachándose para tenerlo más cerca, captando también el interés de todos los presentes —menos Bowser— por el pequeño huevo que estaba a punto de eclosionar.
Y con un sonido curioso, el cascarón del huevo sale volando, dejando ver a una criatura con pinta de dinosaurio, de piel azul marino brillante con partes blancas en su mandíbula, mejillas, así como todo su tórax, abdomen y trasero. Sus ojos eran caricaturescos y saltones; con iris negros y ubicados en la parte superior de su cabeza, así como una desproporcionalmente grande nariz.
También constaba de una fila de escamas rojas bajando por su cuello, hasta dar con una especie de caparazón pequeño del mismo color, ocupando todo su lomo y, a sus lados un par de blancas alas que revoloteaban frenéticamente.
Tenía cuatro extremidades: dos brazos terminados en manos con cuatro dedos ventosos, y dos piernas con… ¿un par de botas moradas?
—Espera, ¿esa criatura acaba de nacer con zapatos? —cuestiona Eclair, ante el descardo desafío de la lógica por parte del pequeño ser.
Mario sólo se encoge de hombros, tomando este hecho como si no fuera nada y respondiendo:
—Dejé de hacer preguntas hace mucho tiempo, Eclair.
—¡Yoshi~! —exclama el pequeño dinosaurio, para luego saltar a los brazos de Mario como si fuera su madre.
—¡Awww, qué lindooo~! —suspira Raphtalia, acercándose hasta la cría de yoshi y acariciándolo en la nuca.
Pero de repente, el dinosaurio abre la boca, de donde sale disparada una larga lengua de rana, que golpea bruscamente la frente de la niña y la retraer, haciéndola tropezarse hacia atrás y caer de trasero.
—¡Ack! —se queja la niña en dolor y asco.
El Yoshi luego pasa a ver a Bowser, quienes comparten una mirada amarga durante unos segundos, hasta que el dinosaurio saca su lengua de nuevo y azota la frente del koopa, que tuvo que soportar las ganas que tenía de freír a esa pequeña plaga hasta las cenizas.
—Debería ponerle un nombre. Hmmm~ —expresa Mario, poniendo cara pensativa y llegando después a una resolución—. Ese esclavista dijo que lo encontró mientras paseaba por el bosque, ¿no? Entonces, ¿qué tal "Forest"? Significa "bosque" en inglés, además de que me recuerda a una película que vi hace tiempo.
—Bueno, no sé qué es una "película" ni "inglés", pero "Forest" suena como un buen nombre —opina Eclair.
—Yo también opino que ese nombre le queda bien —agrega Sadina.
—¡Bien! ¡Está decidido entonces! —expresa Mario, antes de que su interfaz de arma se abra, mostrando una leyenda de notificación.
«Nuevo compañero monstruo, agregado:
Nombre: Forest.
Especie: Yoshi alado.
Nivel: 1.
Estadísticas:
Vitalidad: 25.
Maná: 10.
Ataque: 20.
Defensa: 12.
Ataque Mágico: 8.
Defensa Mágica: 3.
Agilidad: 28.
Equipamiento:
Botas Yoshi – básico.
Habilidades:
Ninguna.
Hechizos:
Ninguno.
Inventario:
Vacío».
Mario también pudo notar que, bajo su barra de vida y maná, había aparecido el dibujo de un huevo, junto sus propias barras de vida y maná, y el nombre de Forest y nivel adjunto.
—¡Bienvenido al equipo, Forest! —expresa Mario.
—Yoshi~ —responde el mencionado.
El fontanero deja ir a la pequeña cría, avistando luego el cascarón del huevo de su nuevo compañero y decidiendo, por pura curiosidad, recoger dichos residuos y colocarlos en su Arma Vasalla, obteniendo como resultado que se muestre otra notificación:
«Martillo Yoshi, condiciones cumplidas.
Ataque +4.
Agilidad +4.
Martillo de Crecimiento Acelerado de Monstruo, condiciones cumplidas.
Sin aumento de estadísticas.
Efecto:
Impulsa el crecimiento de los monstruos agregados al equipo, otorgando una bonificación significativa a sus estadísticas y nivel.
Martillo de Crecimiento Acelerado de Compañero, condiciones cumplidas.
Sin aumento de estadísticas.
Efecto:
Impulsa el crecimiento de los compañeros agregados al equipo, otorgando una bonificación significativa a sus estadísticas y nivel.
—Hmm. Así que, según esto, todos los monstruos y compañeros agregados a mi "equipo", recibirán bonificación en sus estadísticas. ¡Suena Bien! ¡Oye Bowser! Deberías poner esto en tu arma —sugiere Mario, tendiéndole trozos de cascarón al koopa, quien las toma y repita la acción de Mario, obteniendo sus variantes de todas las armas que obtuvo el fontanero.
Pasando página de todos estos sucesos, nuestro grupo esperó dos días para poder regresar a la capital, y así poder ejecutar trabajos de aventureros. En ese lapso, Mario recibió muchas quejas por parte de los aldeanos, puesto que el pequeño yoshi devoraba cantidades garrafales de comida, y cosas que no eran comida también. Mario siempre recordará el día en el que tuvo que disculparse con una joven semihumana, ya que el yoshi se había comido el cordel en donde tendía sus ropajes enteros, así como pagarle a un granjero por todas sus herramientas que Forest había engullido. El fontanero se defendía diciendo que es natural que los Yoshis bebés demanden grandes cantidades de comida pero, aun así, las quejas sobre la cría no dejaban de venir.
...
Nuestro grupo, confirmado por Mario, Bowser, Eclair, Raphtalia y el bebé yoshi, se encontraban de nuevo en la capital, frente a un distintivo edificio que tenía la bandera del Reino y varios letreros con símbolos inentendibles para nuestro dúo protagónico, atribuyéndolo a que se trataba de la escritura de este mundo.
—Aquí es: El Gremio de Aventureros —señala Eclair, apuntando al gran edificio y explicando después—. Para realizar cualquier trabajo, primero deberemos de inscribirnos como aventureros, se nos asignará un rango y con él, ya podremos tomar las misiones respectivas.
—Okay, entonces, ¿hay alguna cuota de inscripción o algo así? —pregunta Mario, anticipándose.
—Uh, de hecho, sí. Lo había olvidado. Son diez monedas de plata por cada uno —expresa la caballero.
—¿El bebé yoshi cuenta? —pregunta.
—Si es parte de nuestro equipo, sí —responde.
—Hmm… Bueno, me queda una última moneda de oro, y haciendo las cuentas, nos alcanza muy bien para cada uno —expresa alegre el fontanero.
—¿Y cómo es que funciona eso de las monedas? —pregunta Bowser.
—Cien monedas de bronce hacen una de plata, y cien de plata hacen una de oro —explica Raphtalia—. Se podría decir que las de oro son la de mayor valor y las de bronce, las de menor.
—Sí, ya sabía —expresa Bowser, obviamente mintiendo—. Entremos de una vez...
—Esperen, creo que es necesario decir algo que no había tomado en cuenta —interrumpe Eclair.
—¿Y qué sería eso? —expresa Mario, curioso.
—Pues verán: Según las leyendas, las Armas Cardenales y Vasallas se repelen entre sí, provocando la imposibilidad de obtener experiencia y obstaculizando el crecimiento cuando están cerca una de otra.
—Oh… ya veo —murmura Mario, con un semblante pensativo y un dedo en la barbilla—. En ese caso, ¡dividámonos y tomemos trabajos diferentes!
—Me parece bien, ya me preocupaba tener que ver tu fea cara todo el tiempo. Ustedes vayan a jugar mientras yo hago el trabajo —dice Bowser.
—Alto ahí, tortuga sobrealimentada. Creo que sería mejor si nos dividimos en equipos: ¿Qué tal si yo voy con Eclair y Forest, y tú con Raphtalia? —sugiere Mario.
—¿Huh? ¡¿Y yo por qué tengo que llevarme a la mocosa?! ¡Dejé muy en claro que no quería hacer de niñero! —grita el koopa, provocando que la mencionada se encoja por el rechazo, y que miles de miradas de ciudadanos se fijen ahora en ellos.
—Simple: De todos aquí, tú eres el único que ha criado y entrenado a un niño, ¿recuerdas? Por lo que a ti se te hará más fácil hacerte cargo de ella—argumenta el fontanero, provocando que Bowser rechine los dientes y luego resople al no poder derrumbar el argumento del bigotón.
—¡Bah, como sea!
Y justo después de ese berrinche, una pantalla apareció en la vista del koopa con la leyenda:
«¿Quieres agregar a Raphtalia a tu equipo?»
Y aceptando a regañadientes, se muestra otra pantalla con toda la información relevante para la semihumana:
«Raphtalia de Lurolona.
Nivel: 1.
Estadísticas:
Vitalidad: 30.
Maná: 10.
Ataque: 5.
Defensa: 2.
Ataque Mágico: 1.
Defensa Mágica: 1.
Agilidad: 8.
Equipamiento:
Vestido común – Básico.
Zapatos comunes – Básico.
Katana pequeña – Común.
Inventario:
Vacío.
Bowser refunfuñó de nuevo al ver las bajas estadísticas de la mapache, atribuyéndolo a que no será nada más que una carga durante todo el proceso de lucha contra monstruos, pero luego siente que palmean su pierna, y cuando baja la vista, encuentra a una Raphtalia con ojos decididos.
—B-Bowser-sama, ¡m-me esforzaré! —expresa la niña, apretando en los puños y con voz temblorosa, pero decida.
—¡Hmph, más te vale! —dice Bowser, entrando junto con el resto al gremio de aventureros.
La misma leyenda apareció en la vista de Mario, pero ahora también mostrando las estadísticas, nivel y equipamiento de Eclair, convirtiéndola en una integrante más del grupo del fontanero.
El interior del monumento estaba lleno de personas con diferentes tipos de ropas, equipamiento y armas. Algunos de forma tan estereotípica que fácilmente podrías señalarlos y etiquetarlos como "caballero" o "hechicero".
También había mesas con sillas de madera, mujeres uniformadas llevado platos de comida y bebida de aquí para allá, y una gran fila de mostradores al fondo, acompañado de un gran letrero con papeles colgados por todo el mismo.
Todo el ajetreo del lugar es interrumpido cuando nuestro grupo entra a la sala, especialmente gracias a la presencia de tanto Bowser como el Yoshi, pues, aparte de Bowser por parecer semihumano, el pequeño Forest era ciertamente un espécimen que nunca nadie había visto, por lo que las miradas curiosas fueron atraídas hacia ellos como una polilla a la luz.
La pequeña Raphtalia hacía todo lo posible para ignorar toda la atención que calló sobre ella y su grupo; quiso imitar a los demás al ignorar todas las miradas que les cayeron encima, pero la verdad es que no pudo evitar sentirse intimidada y angustiada por sentirse vigilada desde cada rincón de este lugar.
—Buenos días, señorita —saluda Mario, a una mujer que atendía uno de los mostradores.
La menciona era alguien de entre los veinticinco y treinta y cinco años, piel blanca, cabello castaño claro peinado hacia atrás en un moño, y ojos color avellana que vestía un uniforme diferente al de las sirvientas, recordando más a una especie de ejecutivo.
—¡Hola! ¿Cómo puedo ayudarlos? —expresa cordialmente la mujer, devolviendo el saludo.
—Venimos a registrarnos como aventureros —declara Eclair sin más.
—Oh, ya veo. Entonces, ¿son todos un sólo grupo?
—Oh, no, no, no. Ella, este amiguito y yo somos un grupo, mientras que el grandulón y la pequeña son otro —explica Mario.
La encargada alza un poco la vista desde su mostrador, apenas notando a Raphtalia que se escondía tímidamente tras la pierda de Bowser.
—Oh, ya veo. Haré dos registros entonces. Serán diez monedas de plata por cada uno.
—(Vaya, ni siquiera se inmutó al ver que traíamos a una niña, ¿será que este escenario es algo común por aquí?) —piensa Mario para sus adentros.
Luego de pagar con una moneda de oro y de que la encargada pidiera los datos personales de cada uno de los integrantes del equipo, esta le entrega a cada uno una especie de placa, explicándoles que estas sirven como identificador, conteniendo en sí tus datos personales y tu rango de aventurero.
—¿Y qué cuernos es eso de "rango"? —pregunta Bowser.
—Es por cómo se clasifican los aventureros. Entre mayor rango, de mayor dificultad son las misiones, así como la paga también es mayor. Los rangos son: Bronce, Plata, Oro, Diamantina y Obsidiana. Ustedes, así como todos los novatos, son rango Bronce.
—Hmm. Une pregunta, señorita: ¿Está prohibido para los de rango bajo tomar una misión de rango superior? —cuestiona Eclair, ganándose una mirada confusa.
—Uh, no. Solamente las misiones de tipo Diamantina y Obsidiana son exclusivas para esos rangos, y se encuentran en el piso superior. Pero fuera de estas, son libres de elegir la misión que quieran. Pero les aconsejo encarecidamente que no se arriesguen a tomar una misión superior; muchos aventureros mueren por creer que pueden manejar misiones de mayor dificultad siendo ellos novatos —advierte la encargada—. Pueden encontrar las misiones en ese cartel de allá, buena suerte.
Todos pudieron notar que, a pesar de que sus palabras mostraban preocupación, su tono era indiferente, como si realmente no le importara lo que les pase a los aventureros, y dicha advertencia no era más que un protocolo.
Dejando esos pensamientos a un lado, el grupo sale del mostrador y se para en frente del cartel que les indicó la encargada.
Había un montón de papeles acoplados, todos escritos con la letra del reino que, como ya se había mencionado antes, ni Mario ni Bowser eran capaces de leer.
—Mamamía~, no entiendo nada —suspira Mario.
—¿Quieres que lo lea por ti? —expresa Eclair.
—Si no es mucha molestia, sí —responde Mario entre risas.
—Hmm… deberíamos pasar de los encargos y enfocarnos en aquellos trabajos de combate —expresa la caballero, hojeando todos los anuncios, hasta encontrar uno de su interés—. ¡Oh, mira! Esta dice que necesitan que exterminemos a una plaga de geckos que están acabando con el ganado de una granja local. ¿Qué te parece?
—Bueno, no sé qué tanto daño puedan hacer unos geckos, ¡pero seguro! —expresa Mario alegremente.
Por su parte, Bowser estaba forzosamente tratando de leer lo que decía con los anuncios con los ojos entrecerrados, sin éxito.
—Esto... Bowser-sama, ¿no quiere que le ayude a leer-?
—¡No necesito tu ayuda, mocosa! —interrumpe Bowser la sugerencia de Raphtalia, hartándose de intentar leer y tomando una misión al azar—. ¡Esta!
Se trataba de una misión para erradicar a unos duendes que se habían asentado en un pequeño poblado, y estaban causando muchos problemas al matar ganado, quemar sembríos, robar comida y secuestrar jovencitas.
Pero de repente, alguien literalmente arrebata el papel de las manos del koopa, quien furioso, gira la vista para ver al culpable y se encuentra a un hombre totalmente cubierto por una armadura, con un escudo redondo y una espada corta recargada en su espalda; acompañado de una chica rubia de baja estatura, vestida de blanco y que portaba una especie de bastón.
—¡Oye idiota, yo lo vi primero! —reclama Bowser.
—¡Duendes! —es todo lo que dice el tipo de la armadura antes de largarse del lugar, ignorando olímpicamente al rey de los koopas.
—¡M-Mil disculpas! —expresa tímidamente la chica con una reverencia, para luego seguirle la pista al otro sujeto.
—¡Bah, raritos! —se queja el Koopa, tomando otra misión al azar y llevándola consigo.
Se trataba de una misión para erradicar unas arañas que habían formado un nido en una mina en las cercanías. Los mineros no eran capaces de hacer su trabajo por la presencia de estas criaturas y el dueño de la mina puso una recompensa por su aniquilación.
Tanto Bowser como Eclair le llevan los panfletos a la encargada, quien luego de pegarles una mirada inquisitiva por escoger misiones de nivel oro, marca los papeles con un sello y se los devuelve al equipo, quienes no pierden ni un segundo y se ponen en marcha para realizar sus respectivos trabajos.
...
—Es aquí —indica Raphtalia, quien había hecho esfuerzos titánicos para que Bowser acepte que ella sea su guía al este no poder leer la dirección que marcaba el panfleto.
La semihumana y el rey koopa estaban parados sobre una cueva de una montaña, alrededor de un terreno rocoso y de poca vegetación.
—Ya veo. Pude haberla encontrado por mi cuenta, pero admito que de esta forma fue mucho más rápida —escupe el koopa.
—¡Ah, por fin vienen alguien! —expresa con tono de alivio una nueva voz que se hace presente.
Girando sus miradas a la derecha, Bowser y Raphtalia ven a un hombre de mediana edad, de piel morena claro, pelo negro corto con entradas prominentes; ojos cafés oscuro y un pequeño bigote en su rostro.
—Un gusto, soy el dueño de estas minas, Marcos —se presenta el hombre con una reverencia, continuando—. Esas arañas llegaron hace poco e hicieron un nido en la mina; es mi única fuente de ingresos y mis trabajadores no pueden laborar sin poner sus vidas en riesgo, ya que las arañas son enteramente hostiles.
—Nos pagarás, ¿verdad? —pregunta Bowser.
—Uh, sí. El Gremio de Aventureros les pagará una vez firme el anuncio para verificar que completaron la misión.
—Bien, ¡vamos, mocosa! —ordena Bowser, con Raphtalia siguiéndole la pista temblorosamente.
El dúo entra en la mina, y mientras más profundo se mentían, menor era la luz que les permitía ver por donde andaban. Así que Bowser toma una antorcha cercana colgada a la pared y usa su aliento de llamas para encenderla, teniendo así una fuente de luz.
En un punto, el dúo comienza a escuchar un extraño chillido, por lo que Bowser se pone alerta y Raphtalia se congela, y en lo que el koopa apunta con su antorcha en dirección al sonido, este encuentra, abalanzándose hacia ellos a gran velocidad, a una gran araña negra del tamaño de un perro con ocho resplandecientes ojos carmesí.
«Araña de cueva. Nivel 10».
Se lee en el HUD de Bowser.
Bowser no pierde tiempo e inhala profundamente, dejando salir luego una potente llamarada que iluminó todo el lugar y cubrió por completo a la bestia, para después disiparse cuando Bowser pierde el aliento y descubrir que no había nada más que araña rostizada en el piso.
Pero no tuvieron tiempo de descansar, pues de entre la oscuridad de la mina, muchos grupos de ojos rojos se hicieron presentes, teniendo como resultado que muchas arañas se lancen como avalancha hacia los dos.
Bowser usa su llamarada de nuevo, quemando con éxito a una fila de artrópodos frente a él, pero muchos otros que trepaban por las paredes y techo lograron evadir con éxito las brasas, pasando a cargar en contra del rey de los koopas por ser el objetivo más grande e imponente.
Pero no el título de rey no lo tenía por ninguna razón, y lo demostró cortando con sus garras a cada araña que se le acercaba, así como usando bolas de fuego y pisando a cualquiera que tenía cerca, sacándoles el relleno.
En un punto, una araña saltó sobre Bowser con intención de atacarlo en la cara, y este se defendió propinándole un puñetazo entre sus ocho ojos. ¿La sorpresa? Que parecía ser que dicho golpe sólo sirvió para alejar y aturdir un poco al arácnido, lo que intrigó al rey de los koopas ya que, sus puñetazos suelen ser suficientes para convertir en puré a quienes lo reciben. Incluso recordó que, cuando peleó con esos soldados humanos, los mismos sólo acabaron noqueados, lo que lo llevó a preguntarse por qué ahora sus puñetazos parecían ser más débiles de lo usual.
Mientras Bowser luchaba, Raphtalia se quedó atrás, mirando nerviosamente a Bowser manejar toda la horda de arañas mientras sostenía su pequeña katana frente a ella.
De pronto, algo se adhiere al tobillo de la semihumana, quien luego siente que es jalada y provoca que caiga al suelo, dándose cuenta que a una araña le salía una especie de tela desde sus colmillos que estaba conectado con la pierna de la semihumana, arrastrándola peligrosamente hacia ella.
—¡KYAAAAA! —grita Raphtalia, temiendo por su vida.
Aquel grito hizo que el rey de los koopas voltee en dirección del mismo, encontrando a Raphtalia siendo jalada por una araña con una especie de tela, por lo que rápidamente usa sus llamas para marcar espacio entre las otras arañas y él, para luego sacar uno de sus martillos arrojadizos, listo para lanzarlo cuando de pronto...
—(¡Espera un momento!) —piensa Bowser—. (¿No se supone que no puedo usar otra arma que no sean brazales con garras? Entonces, ¿por qué aún puedo seguir usando estos martillos?)
Al escuchar otro grito de Raphtalia, Bowser decide que ya pensará en eso después y lanza su proyectil, que gira velozmente en el aire hasta chocarse contra la cabeza del artrópodo, matándola al instante y provocando que suelte la red con la que tenía a la semihumana.
Boswser camina hasta Raphtalia y usa sus garrar para cortar la red y liberarla, para después pegarle una mirada amarga que hace la hace encogerse aún más.
—Quédate atrás —ordena Bowser, dándose la vuelta y comenzando a luchar contra las arañas de nuevo.
Raphtalia vio al rey koopa luchar ferozmente contra el enjambre de arañas, sintiéndose inútil y decepcionada de sí misma por no poder contribuir a esta misión, y provocar que el salvador de su aldea sienta decepción de ella.
Pero en eso, Raphtalia ve que una araña se acercaba a Bowser sigilosamente desde una pared, quien parecía no haberla notado gracias a estar luchando contra más bestias.
El artrópodo se veía listo para atacar a Bowser, abriendo sus fauces para mostrar dos grandes y puntiagudos colmillos de los que goteaba un líquido color verdoso, apuntando a su cuello. Raphtalia de pronto sintió un atisbo de valor y coraje gracias a recordar todo lo que Bowser hizo por su aldea y su gente: Los salvó de la esclavitud, les dio protección, seguridad, y ahora estaba luchando para conseguir fondos para poder reconstruirla. No podía dejar que las cosas acaben así para él, no después de todo lo que hizo.
—¡Bowser-sama, cuidado! —grita Raphtalia, cargando con katana en mano hacia la araña que justo había saltado hacia Bowser, quien logró notarla y estuvo a punto de defenderse, pero no tuvo que hacerlo ya que Raphtalia logró rebanarla en el aire—. ¡B-Bowser-sama! ¿Está bien?
Bowser entrecerró los ojos, viendo a la pequeña niña que, a pesar de que no lo necesitaba, se lanzó para cubrirle las espaldas a pesar del miedo en sus ojos.
—Cúbreme —es todo lo que Bowser dijo, y Raphtalia procedió a tomar la postura que Sadina le había enseñado y comenzó a cortar y apuñalar toda araña que escapaba de las garras de Bowser y se acercaba lo suficiente.
Luego de una hora de puro tasajear arañas, Raphtalia apuñala en la cabeza a la última araña que quedaba, viendo a su alrededor el mar de cuerpos de arácnidos presentes en toda la mina, pasando luego a ver a Bowser quien, curioso, recoge varios de los restos de las arañas y, recordando lo que Mario hacía con su arma, los acercó al núcleo, permitiendo que sean absorbidas por la misma, y verificando lo que obtuvo.
«Garra de piel de araña, garra de colmillo de araña, garra de tela de araña; condiciones cumplidas.
Efectos:
Resistencia al veneno – baja.
Daño hacia artrópodos aumentado en un 15%».
Bowser también se dio cuenta que sus niveles, tanto el de él como el de Raphtalia, habían incrementado, llegando él hasta el nivel diez y la chica hasta nivel seis.
—(Hmm, subí mucho de nivel, y mis estadísticas han incrementado. Además, cada vez que esa mocosa mataba a una araña, yo también recibía experiencia; debió pasar lo mismo con ella. Esto sí que es raro) —piensa el koopa.
El koopa pasa a ver a Raphtalia, quien estaba terminando de limpiar restos de araña de su katana y ropa y, tal vez eran sólo cosas suyas, pero por un segundo notó que la semihumana parecía unos cuantos centímetros más alta.
Pero al igual que el sujeto de las creepypastas: No le dio importancia y procedió a continuar su camino por las minas.
—¡Oye, mocosa! Vamos, tenemos que destruir el nido o sino, nacerán más —ordena Bowser.
—¡S-Sí! —responde Raphtalia, tomando carrera tras Bowser.
El dúo se adentra más en la mina a paso cauteloso, pendientes por si alguna araña rezagada intenta emboscarlos y sorprenderlos con la guardia baja.
El koopa y la semihumana llegan hasta una zona aún más oscura, tanto que ni la luz de la antorcha era suficiente para iluminar el entorno.
—Hmm… aquí huele raro —expresa Bowser mientras olfateaba.
Las pequeñas orejas de mapache de la semihumana comienzan a moverse, señal de que estaba captando un sonido, hecho que no tarda en avisar:
—Um… Bowser-sama, yo… escucho algo.
—¿Hm?
Bowser voltea hacia la semihumana, y sus ojos se abren como platos cuando, sin que ella lo sepa, de entre la oscuridad y justo detrás de ella, ocho ojos carmesíes del tamaño de su cabeza emergen de la nada, junto con dos enormes mandíbulas de araña que se ciernen a cada lado de la niña, con la intención de rebanar a la infante en dos.
Bowser no pierde tiempo y desprende una llamarada para alejar a tal cosa de Raphtalia. Él no era muy ágil, por lo que siempre necesitó ingeniárselas para compensarlo.
Con un chillido repugnante, la cosa gigante se aleja de Raphtalia, sacudiendo su cabeza para atenuar el dolor de las quemaduras, además de tratar de extinguir el fuego que se había formado en partes de su cabeza, lo que a su vez ayudó a iluminar más el área para ver qué era lo que había atacado, y tanto Bowser como Raphtalia dan un paso atrás cuando una araña de la altura de un camión se presenta ante ellos.
«Araña Madre. Nivel 15»
—¡B-B-B-Bowser-s-sama! —tartamudea la mapache, caminando torpemente hacia atrás hasta posarse detrás del koopa, temblando de miedo.
—Esta debe ser la madre —intuye la tortuga, levantando la guardia.
"¡Missss hijossssss!"
Se escucha una siseante y tenebrosa voz.
—¿Uh? ¿Esa cosa habló? ¿Lo escuchaste, mocosa?
—N-No, n-no escuché nada.
"¡Matarooooon a todossss misss hijosssss! ¡Ahora pagaráááááán"
Sin tiempo a preguntarse por qué sólo él podía entender a la gigantesca araña, Bowser usó su puño para desviar un golpe de una de las patas del artrópodo, viendo luego cómo la araña lanzó sus fauces hacia él, listo para pegarle un buen bocado.
Avispado, Bowser se esconde en su coraza para que la araña la muerda, quien se estremeció al sentir como su hubiera mordido un bloque de acero sólido, quedando aturdida en el acto por unos segundos, que fueron suficientes para que Bowser pegara un salto y le diera un zarpazo en la cara al artrópodo, llevándose con él un par de sus ojos y provocando que chille de dolor.
Pero la araña no se rinde y lanza una línea de red de sus colmillos que se pegan a Bowser y lo atan por completo, convirtiéndolo en un capullo blanco.
—¡Bowser-sama! —grita Raphtalia.
La semihumana intenta desesperadamente cortar las telas que cubrían a Bowser con su espada, pero esta era muy gruesa y pegajosa, lo que dificultaba el trabajo.
La araña no tenía intenciones de desaprovechar la oportunidad y ataca ferozmente con sus patas. Pero de pronto el capullo que retenía a Bowser comienza a humear y a tornarse de color rojizo, para que luego un torrente de llamas salga disparado de este, quemando toda la red y haciendo que la araña retroceda.
—¡Bowser-sama! —expresa Raphtalia, aliviada de que el koopa esté bien.
—¡Bah, un simple truco como ese no me va a hacer nada! —expresa soberbiamente, quitándose la red restante de su cuerpo.
La araña ataca de nuevo con sus patas, pero Bowser repelía exitosamente cada taque y Raphtalia los esquivaba con relativa facilidad, puesto que su aumento de nivel y estadísticas ya se estaban comenzando a mostrar, incluso logró cortar una parte de una de las patas de la araña con su katana, provocando que esta retroceda con un chillido.
Al ver que sus enemigos eran implacables, la araña madre decide cambiar de estrategia que trepar por la pared hasta el techo de la mina, desde donde comienza a escupir ese mismo líquido verdoso que Bowser esquiva, notando que, al contacto con el piso, comenzaba a humear y disolver un poco del mismo.
—¡Cuernos! —expresa Bowser al ver el efecto del ácido.
La araña continuó escupiendo ácido al dúo, que Raphtalia no tuvo mucha dificultad al esquivar; pero Bowser, al ser más lento, tuvo más problemas al tratar de evadir los escupitajos de ácido. Un poco del mismo es salpicado en su brazo, y el koopa deja salir un quejido de dolor al sentir que sus escamas se queman un poco. Aunque todo lo que recibió es una quemadura de primer grado, aún dolía, y si seguían así, perderían inminentemente.
Trató de lanzar sus martillos, pero estos no llegaban tan alto, y los constantes escupitajos del artrópodo no dejaban que se pueda responder con una llamarada ni con bolas de fuego; así que Bowser tuvo que pensar en otra forma de hacer que la araña baje y así poder acabar con ella.
La mente del koopa hizo sinapsis cuando una idea le vino a la cabeza, haciendo que este se guarde en su coraza y tome algo parecido a la posición fetal, convirtiéndose en algo parecido a una bola de pinchos que comienza a rodar por todo el lugar, esquivando el ácido fácilmente para luego, por influencia de los pinchos, clavarse en la pared, comenzando a rodar por la misma y luego por el techo a gran velocidad, y chocando con la araña que no vio venir el ataque. Para que al final, la araña caiga al suelo boca arriba y Raphtalia, aprovechando la oportunidad, cargue contra ella y la apuñale en la cara.
Bowser deshace su bola de pinchos y se deja caer sobre el abdomen de la bestia, aplastándolo por completo y esparciendo sus entrañas por los lados. La Araña Madre había sido derrotada.
Muerta la bestia, el dúo llega hasta una especie de cama hecha de telarañas que Bowser quema con sus llamas, dada por finalizada la misión.
Bowser también nota que, luego de matar a la araña, él ahora era nivel once y Raphtalia de nivel ocho. Se preguntó por qué subieron de nivel tan rápido, pensando después que era porque se enfrentaron a monstruos de mayor nivel que ellos. Mientras salían de la mina, Bowser le pega otro vistazo a Raphtalia y nota de nuevo ese extraño fenómeno: Parecía más alta.
Antes lo atribuyó a su imaginación, pero que pasara de nuevo, y justo después de que suba de nivel, así como la otra vez, no era una coincidencia.
—Oye, mocosa… —llama Bowser, para ver si la chica sabía algo al respecto.
—¡Oh, ya están de vuelta! —expresa el dueño de la mina, interrumpiendo a Bowser—. Díganme, han terminado.
—Ugh, sí. Esas plagas fueron exterminadas —resopla Bowser, enojado de haber sido interrumpido.
—¡Excelente! Permítame el panfleto de su misión para firmarla y darla por concluida— solicita el dueño de la mina.
Bowser saca el anuncio de la misión desde su espalda y se lo tiende hombre, quien lo firma y se lo devuelve.
—¡Muchas, gracias! —expresa con una reverencia, terminando con que Raphtalia y Bowser se retiren del lugar.
...
—¡Ya~! —expresa Mario, pateando a un gecko en la cara para marcar distancia.
No había mucho que contar: Mario y Eclair pudieron ver a los geckos acechando apenas llegaron a la granja, y Mario pudo ver por qué estos eran tan problemáticos, pues eran del tamaño de un puma más o menos. Y apenas atacaron a uno de ellos, todo el grupo se abalanzó sobre ellos como una manda de leones persiguiendo a una cebra.
«Gecko de Prado. Nivel 8»
Mario también pudo notar que, tanto sus puños, patadas y saltos no tenían mucho efecto en sus enemigos ya que, si no era con su martillo, Mario no podía hacerles nada más que hacerlos retroceder. Pero dejó esa interrogante para después cuando los geckos se lanzaron contra él de nuevo, quien dio un gran backflip para alejarse y posarse junto a Eclair, respondiendo después con un par de bolas de fuego que golpearon a uno de ellos, provocándole quemaduras graves y dejándolo desmayado.
Los dos reptiles restantes atentaron contra ellos de nuevo, y Eclair casi salta de la impresión cuando el pequeño yoshi que reposaba sobre la gorra de Mario, salta de esta e intercepta a un gecko en el aire, procediendo después a engullirlo como si de una golosina se tratase.
—Está bien, ¿qué sucede con esa criatura? —expresa Eclair, aturdida.
—Es normal: Los bebés de yoshi tienen un apetito voraz, ya que se desarrollan al instante cuando comen lo suficiente —explica Mario, mientras esquivaba un ataque de lengua de un gecko y pasa a darle un martillazo en la cara.
El descubrió que él también recibía experiencia cuando Forest o Eclair acababan con un gecko, concluyendo que la experiencia obtenida era grupal y alegrándose porque así, subirían de nivel más rápido.
Eclair tampoco se queda atrás y usa su espada para apuñalar y cortar a los reptiles. Pero cada vez se iban haciendo más y más en número, dificultando gradualmente la tarea y abrumando a nuestros tres héroes.
Mario congela a uno en un bloque de hielo, pasando a patearlo para derrumbar a un grupo de geckos que atacaban, y después a activar su transformación de tanuki, usando su cola para barrer a algunos y usar su planeo para escapar y tomar distancia.
—Entre los grupos de monstruos, suele haber un jefe. Si acabamos con él, los demás perderán el espíritu de batalla y serán más fácil de manejar —informa Eclair mientras corta a otro gecko.
—¡Copiado! —expresa Mario, procediendo a congelar a otro gecko para subirse en el bloque y tener una visión más amplia del grupo, encontrando entre ellos a un reptil con pigmentación más colorida, escamas de aspecto más duro y tamaño un poco más grande.
Mario no pierde tiempo y saltan hacia él, pero uno de los geckos logra agarrarlo de su cola de tanuki con su lengua, azotándolo contra el piso.
El fontanero de pronto pierde su habilidad de tanuki, viéndose liberado en consecuencia del agarre del gecko, pero nada pudo hacer debido a que ya se encontraba rodeado. Y pensando desesperadamente un plan para no convertirse en comida de lagartija, al fontanero se le prende el foco y sostiene su mazo de forma vertical, comenzando a girar sobre su eje a una velocidad vertiginosa, convirtiéndose en un ciclón de destrucción y mandando a volar a cada pobre reptil que se le acerque.
Eclair mira la hazaña de Mario, preguntándose cómo es que alguien puede girar tan rápido y por tanto tiempo sin marearse, pero luego tuvo que dejar de distraerse para poder esquivar otro lengüetazo de un lagarto, cortando después su lengua y rematándolo con tajo a su cuello.
Lastimosamente, la caballero bajó la guardia por un momento y otro gecko logró taclearla, cayendo al suelo y viendo al reptil abrir la boca para engullirla. Pero "el estafador resultó estafado", como dirían por allí; ya que Forest se tragó primero a la bestia, salvando a Eclair en el acto, quien fue testigo de cómo el pequeño dinosaurio bebé pasaba a transformarse en un adulto de golpe, con su cuello creciendo, así como sus alas y su estatura aumentando hasta medir aproximadamente metro y medio.
—¡Yoshi~! —expresa Forest, tendiéndole la "mano" a Eclair y ayudándola a levantarse.
—Uuh, gracias —dice aceptando el gesto.
Pero Forest agravó su mirada cuando vio a otro gecko acercarse tras Eclair, pasando a usar su lengua para llevarlo a su boca, tragándoselo y luego expulsar desde detrás un pequeño huevo que era muy parecido del cual él salió, procediendo a lanzarlo a gran velocidad contra otro reptil, que sintió como si una bala de cañón lo golpeara y lo mandó a dormir con los peces. Eclair decidió no preguntar.
Forest le hace un gesto a la caballero, como indicando que se suba a su espalda quien, dudosa, acepta la invitación y se posa sobre la pequeña coraza que el dinosaurio tiene en su lomo.
Forest toma carrera a gran velocidad hacia el jefe, dejando una estela de polvo a su paso y provocando que Eclair deje salir un grito de sorpresa. Pero luego se recompuso y con un swing de su espada cortó a cada gecko que se cruzaba en su camino, siendo asistida por Forest que pateaba y aplastaba algunos de ellos.
Pero cuando llegó la hora de enfrentar al jefe, este pudo fácilmente esquivar la tacleada de Forest, así como el tajo de Eclair.
La caballero se baja del yoshi y atenta contra el gecko, en lo que Forest se encargaba de los que se acercaban. Pero el jefe era muy rápido, además de que contraatacaba con azotes de su cola y su lengua, lo que le dificultó mucho el trabajo a la caballero.
Para su suerte, un martillo cae aparentemente del cielo, dándole en la mera torre al gecko y aturdiéndolo por un segundo, lo que le da paso a Eclair para que apuñale el cuello del mismo y termine por acabarlo.
El responsable de dicho ataque fue Mario, quien al terminar con los geckos sobre él, arrojó el martillo sobre el jefe, haciéndolo aparecer en su mano unos segundos después. Y al ver que su jefe estaba muerto, la mayoría comenzaron a huir quedando algunos rezagados que no eran rivales para el trío, siendo rematados por ellos.
—Bueno, ¡misión cumplida! —celebra Mario, recargando su martillo en su espalda—. Veo que ya has crecido, Forest. ¡Enhorabuena! Ese apoyo extra que nos diste nos vino de maravilla.
—¡Fue divertido! —exclama Forest alegre.
—Vaya que lo fu… ¿Eh?
Mario giró la mirada tan rápido que su cuello amenazaba con romperse, pues el yoshi ante él había hablado, lo que lo dejó atónito. No es como si no pudiera entender a los yoshis, pues durante un tiempo fue "criado" por ellos, y eso le dio la capacidad de entender su idioma, pero este no era el caso: Forest había hablado.
—Uuuh, ¿puedes hablar? —pregunta Mario.
—¿Por qué no podría? —responde Forest.
—Mario-san, tu… ¿entiendes a esta bestia? —pregunta Eclair.
—¿Qué? ¿Tú no? —expresa Mario, sorprendido.
Eclair niega con la cabeza y responde:
—Todo lo que le escucho decir es "yoshi", en diferentes tonos.
Ahora Mario estaba más confundido que antes, ¿cómo era posible que él era capaz de entender al yoshi, pero ella no?
El fontanero miró su martillo, preguntándose si tal vez ésta peculiar arma de la que tanto se habla tenía algo que ver.
Pero Mario no pudo continuar con su pensamiento, pues que una anciana de baja estatura con pelo canoso, piel blanca y ojos achinados se acercó hasta ellos con una sonrisa en su rostro.
—¡Oh, lograron ahuyentar a esos monstruos! Mil gracias —expresa con una reverencia—. ¿Son acaso aventureros?
—¡Así es, madame! —responde Mario, acomodando su gorra.
—Oh, en ese caso, ¿me permiten el afiche de la misión?
Ante la solicitud de la mujer mayor, Eclair saca el anuncio de la misión de entre su equipamiento y se lo tiende a ella, quien procede a firmarlo y entregárselo de nuevo, para finalmente agradecer con una reverencia y volver a su granja, dejando sólo al trío.
—Bueno, misión exitosa. Y tal parece que hemos subido mucho de nivel: Ya que yo estoy en el nivel doce, Eclair en el nueve y Forest en el diez —expresa Mario, mientras analizaba su interfaz del arma, opinando después—. Subimos mucho de nivel sólo con una misión.
—Naturalmente: Eran muchos monstruos y de mayor nivel que nosotros. Así que la experiencia que obtuvimos fue abundante.
—¡Vamos a luchar otra vez! —exclama Forest, emocionado.
—Wow, tranquilo, amigo. Primero tenemos que ir a la capital para reclamar la recompensa —explica Mario.
—Sí, y deberíamos ponernos en marcha —sugiere Eclair.
El trío asiente y se dirigen de nuevo a la capital, llegando después de un tiempo de viaje y entrando en el gremio; encontrándose, de casualidad, con Bowser y Raphtalia, quienes también acababan de llegar de su respectiva misión.
—¡Oh! Ustedes también están de vuelta —expresa Mario, acercándose a los dos junto al resto.
—¡Mario-niisan! ¡Seaetto-sama! —celebra Raphtalia la llegada del equipo, pero luego se congeló en su lugar cuando vio que, el lagarto que no hace mucho era un pequeño bebé, ahora se transformó en un tipo dragón terrestre que sobrepasaba su altura; y Forest, al reconocer a la pequeña Raphtalia, usa su cabeza para empujar a chica hasta su espala, quien luego de sorprenderse por este hecho, deja salir una risa divertida al disfrutar montar al dinosaurio azulado.
Pero Forest no era el único que había crecido, y Mario lo notó.
—Oye, Eclair. ¿Es cosa mía, o Raphtalia parece un poco más alta? —le pregunta Mario discretamente a la caballero.
—¿Uh? Oh, claro, no lo sabes. Verás, Mario-san, los semihumanos…
—¡Vaya, están de vuelta! —expresa la encargada, genuinamente sorprendida al ver al grupo—. No creí que lo lograrían, qué bueno que me equivoqué.
—Uuuh, ¿gracias? —dice Mario, aturdido por la mucha —tal vez demasiada—, sinceridad de la encargada.
—¿Me permiten sus misiones firmadas, por favor? —solicita la encargada.
Bowser y Eclair sacan los anuncios de sus respectivas misiones y se los pasan a la encargada, quien luego de unos minutos de comprobación, le pone otro sello a cada papel y se retira por un momento, viniendo después con dos bandejas con algunas monedas de plata y bronce apiladas.
—Cuatrocientas setenta y dos platas por la misión de los geckos, y quinientas veintidós por las misión de las arañas de la mina —informa la encargada.
Bowser toma sus monedas y las guarda en alguna zona de su caparazón, así como Mario las suyas en su bolsa.
—Espero volver a contar con ustedes, nos alegra que sean parte de este gremio —expresa la encargada.
—¿De verdad? —cuestiona Mario.
—No, son sólo uno más del montón. Ahora, si van a tomar otra misión, apresúrense. Si no, largo, que tengo trabajo que hacer.
Y con unas gotas de sudor cayendo por sus nucas, nuestro grupo sale del gremio, decidiendo en sincronía que ya fue mucha acción por hoy.
—Oye, Bowser —llama Mario en lo que caminaban fuera del edificio.
—¿Qué quieres? —responde el koopa.
—Verás, durante mi misión, mientras peleaba contra los geckos, llegué a notar algo extraño: Mis golpes convencionales, así como mis saltos, ya no tenían la misma potencia de antes. Es como si, si no es con el martillo, todo golpe que daba fuera inútil. Dime, ¿no te ha pasado algo similar?
Bowser abrió los ojos con sorpresa por lo que dijo su rival, pues lo experimentó de primera mano y no podía ser coincidencia que también él estuviera pasando por lo mismo. Aquí había un patrón y ambos creían saber cuál era.
—Sí, a mí también me pasa. Mis puños ya no tienen la misma fuerza de antes, y mi llamarada ya no quema tanto —declara Bowser.
—Bueno, creo que eso me lo confirma: Estas armas nos ha debilitado de una forma u otra.
—No creo que sea del todo cierto. Si bien mi llamarada era débil al inicio, me di cuenta que, mientras subía de nivel, se hacía más fuerte —relata el koopa.
—Hmm. Entonces, no es sólo por las armas, sino también por el hecho de que somos de nivel bajo. Rayos, esto será un problema —se queja el fontanero.
—Deja de lloriquear y sólo enfócate en subir de nivel, enano.
—Vaya, gracias por las palabras de aliento —comenta sarcásticamente.
Terminado el día, nuestros héroes deciden campar fuera de la ciudad, puesto que establecerse en una posada y quedarse mucho tiempo en la capital en general era peligroso para ellos. Pues Bowser era un "semihumano" que llamaba mucho la atención y Eclair era un prófugo de la ley. De hecho, era un milagro que no la hayan reconocido tanto en el gremio ni en las calles de la ciudad, pero tal vez se deba a que el grupo era tan peculiar en sí con Bowser y Forest, que desviaban totalmente la atención de ella.
El grupo optó por quedarse unos cuantos días más, intentando pasar desapercibidos mientras realizaban más misiones y subían de nivel, pero llegaron a ocurrir dos sucesos que les hizo a nuestros héroes parar con las aventuras por ahora: El primero era que, naturalmente, a medida que más subían de nivel, mayor era la cantidad de experiencia que necesitaban para seguir subiendo, y las misiones que habían por los alrededores no proporcionan la cantidad necesaria de experiencia para que el grupo pueda subir adecuadamente. La encargada del gremio informó que, para encontrar misiones que dieran más experiencia, necesitarían emprender viajes por todo el reino, lo que el grupo no se podía permitir eso gracias a que no tenían un medio de transporte, ni constaban de suficiente tiempo con la Ola acercándose más y más. Así, el grupo paró de levelear por un tiempo, con la formación de niveles de esta forma: Mario, nivel 22. Bowser, nivel 22. Eclair, nivel 21. Forest, nivel 19. Raphtalia, nivel 18.
Y el otro suceso, que va en parte de la mano con este, fue el inesperado desarrollo acelerado de Raphtalia, el cual ya no se pudo ignorar cuando ya casi sobrepasó a Mario en altura, además otro tipo de cambio como que sus caderas comenzaron a pronunciarse y su pecho, a hincharse, siendo que a Mario casi le da un ataque cuando Raphtalia se había convertido de repente, en una mujer joven.
Claro, este cambio fue gradual, pero nuestro dúo de héroes foráneos no llegó a notarlo de verdad hasta cuando se hizo muy evidente, teniendo Eclair que explicar que, los semihumanos, aceleran su desarrollo a medida que su nivel va subiendo, lo que le cayó a Mario como balde de agua fría, ya que no esperaba que la pequeña Raphtalia sea ahora una adulta en menos de una semana.
Esto también hizo que se le tenga que conseguir ropa y equipamiento adecuado para ella, cosa con lo que Erhard ayudó, a pesar de tener que conseguir una puerta nueva otra vez, gracias a Bowser.
Luego de ello, regresaron a Lurolona con muchos más recursos para seguir con la reconstrucción del pueblo. Y no era un misterio el adivinar que los aldeanos estaban más que felices de poder continuar con la restauración de su hogar, aumentando mucho más así la estima que le tenían al rey de los koopas.
También se pudo observar que ahora la aldea contaba con una división de aldeanos entrenados a manos de Sanida, quienes usaban algunas armas y armaduras de solados; y algunos niños como Kiel también habían solicitado que se los entrenara, pues querían defender su hogar y Sadina podía estar de acuerdo con ello, accediendo. Esta última casi salta de emoción al ver el crecimiento de Raphtalia, pero bueno, no es una sorpresa el decir que ya se lo esperaba.
Y pasaron unas semanas más, hasta cuando nuestro grupo tuvo que irse de Lurolona, pues la Ola estaba a la vuelta de la esquina, y Mario y Bowser, como Héroes Vasallos que son, fueron notificados por sus propias armas que debían de dirigirse a la capital, quedando la aldea en manos de Sadina y los aldeanos y niños entrenados.
Una vez usaron el viaje rápido para llegar a la capital en un parpadeo, el grupo notó el ajetreo que se presentaba por las calles: Soldados patrullando y ciudadanos de aquí para allá; ya sea evacuando o transportando mercancía. Pero lo que más abundaba, era los sentimientos de incertidumbre, preocupación y miedo; pues nadie de aquí sabía lo que les deparaba en esta nueva Ola de Calamidad, por lo que lo único que podían hacer era rezar por sus vidas y esperar lo mejor.
El grupo caminó entra la multitud, también a expectativa de lo que pueda pasar en la segunda Ola, cuando de pronto, una voz femenina les habló:
—¡Mario-niisan! ¡Bowser-sama! ¡Qué alegría verlos!
Cuando los mencionados voltean, ven a una joven de pelo rubio opaco, con orejas y cola de algún animal y ojos con iris amarillos, que usaba un vestido de combate rosa y blanco, con botas y guantes de piel gris y dos hachas duales recargadas en su espalda.
De buenas a primeras, Mario no logró reconocer a la joven que extrañamente sabía su nombre, pero su mente hizo sinapsis luego de un momento y, gritando lo suficientemente alto como para provocar que todos alrededor giren en su dirección, exclama:
—¡¿RIFANA?!
—¡Holi~! —saluda la niña ahora convertida en adulta con una risita—. Ha pasado un tiempo.
Mario quedó con la boca abierta y los ojos en blanco, quien luego sacudió ferozmente su cabeza para evitar caer al suelo como piedra, hecho que casi sucede cuando descubrió el crecimiento de Raphtalia.
El grito del fontanero también hizo que el resto del grupo también voltee en dirección a este, encontrándose con la nueva Rifana, y Raphatalia sintió cómo su corazón pegó un brinco de emoción al ver a su amiga desaparecida. Eclair y Mario le habían contado qué había sido de ella, pero lejos de aliviarse por saber que estaba con el Héroe del Escudo, sintió la máxima de las preocupaciones al saber que, además de haberse esclavizado, tendría que enfrentarse a peligros que muy probablemente terminen por lastimarla, o algo peor.
Y llena de esos sentimientos, las comisuras de sus ojos se humedecen y su barbilla tiembla, terminando por abalanzarse sobre la chica en un gran abrazo, mientras dejaba salir sollozos y lágrimas de felicidad.
Rifana tampoco pudo resistir y también sucumbió al llanto, haciendo que todo aquel que pasaba por ahí mirara un tanto desconcertados la peculiar escena.
—¿D-Donde estaba? *Sniff*. Te extrañe tanto —expresa Raphtalia en lo que aspiraba los mocos.
—¡L-Lo siento! Sé que debí haberte avisado. Pero, cuando supe que el Héroe del Escudo estaba aquí, no pude evitarlo.
Cuando ambas se calmaron y separaron, Rifana también pudo notar el cambio drástico de Raphtalia, intuyendo que ella también estaba entrenando y, por lo tanto, subiendo de nivel.
—Wow, ¡te ves muy linda, Raphtalia! Imagino que has estado subiendo de nivel —opina Rifana.
—Y-Yo, esto… s-sí. He estado haciendo misiones de aventureros con Bowser-sama —expresa tímida ante los elogios de su amiga.
—Ooh, ya veo. Pues te cayó de maravilla. Con esa apariencia, conseguirás esposo muy fácilmente —declara Rifana con una sonrisa, haciendo que Raphtalia se sonroje agresivamente.
—¡R-Rifana-chan! —se queja Raphtalia, provocando que su amiga suelte unas risas que intentaba cubrir con su boca.
—Vaya, así que estás bien, ¿eh? Es un alivio —expresa Mario, metiéndose a la conversación.
—Sí, Mario-niisan. Lamento haberte preocupado; lo mismo va para usted, Seaetto-sama —dice Rifana, inclinándose ligeramente.
—Está bien, Rifana-san. Lo importante es que estás bien —responde Eclair.
—Por cierto, Rifana-chan: Él es Forest: Él nació de un huevo que Mario-niisan trajo, y también va de aventuras con nosotros —dice Raphtalia introduciendo al yoshi a la otra semihumana.
—¡Oh! Así que él salió de ese huevo. ¡Un gusto, amiguito! Nunca he visto un monstruo como tú, pero eres muy lindo~ —expresa Rifana, acercándose hasta Forest y acariciándolo en la nuca.
—¡Yoshi~! —exclama Forest alegremente, haciendo que Rifana se deleite más por la ternura del dinosaurio.
—Oi, Rifana. ¿Qué estás haciendo por aquí? —se pregunta una voz conocida.
Naofumi, el Héroe del Escudo, había dado con el grupo, ya que se preguntaba por qué su compañera de repente se separó de él sin avisar, encontrándola después con un grupo de personas que reconoció al instante.
—Ugh, son ustedes —expresa sin ganas.
—Vaya, pero si es el llorón del escudo —dice Bowser.
—Oh, pero si es la tortuga con la llamarada que no quema ni a una mosca —escupe Naofumi.
—Puedo intentar calcinarte de nuevo, a ver si ocurre lo mismo.
—Ya, ya. Basta. No es momento de andar peleando de nuevo —interviene Mario, dispersando el humo entre los dos.
—¡No te metas en lo que no te importa, enano! —expresa Bowser.
—¡Hmp! Como sea. Vamos, Rifana. La Ola está por empezar —ordena Naofumi.
—Oh, Naofumi-sama, ¿podemos hacer equipo con ellos? Nos irá mejor si trabajamos juntos —solicita Rifana, con ojos suplicantes.
—No necesito más estorbos, sólo serán una carga —expresa Naofumi cínicamente.
—¡Pero Bowser-sama y Mario-niisan son muy fuertes! ¡De seguro ayudarán mucho!
Naofumi deja salir un gruñido debido a la insistencia de su compañera, tomándose luego un minuto para pensar: Él confiaba al menos un poco en Rifana, y si ella decía que estos sujetos podrían ser de gran ayuda en la Ola, entonces debe de ser verdad.
—¡Tks! Está bien. Pero será mejor que no estorben.
—¡Viva! —celebra Rifana, abrazando de nuevo a Raphtalia, para luego soltarla y expresar—. Naofumi-sama…
—¿Qué? —responde sin más.
—Cuando acabe la Ola… ¿nos casamos?
El grupo casi se cae para atrás luego de esa pregunta, y Raphtalia no pudo evitar sonrojarse por la descarada pregunta de su amiga.
—¡R-Rifana-chan! —exclama Raphtalia
—¡Tks! ¿Otra vez con eso? ¡Déjate de tonterías y concéntrate! —demanda Naofumi, enojado.
Y luego de este reencuentro, el grupo procede a prepararse, pues el contador en las interfaces de Mario, Bowser y Naofumi estaba llegando a cero, dando marca para el devenir del suceso que tanto los ha estado atormentando desde el inicio. La Ola está por empezar.
Fin del Capítulo.
N/A: Bueno, otro cap más. No sé si estaban enterados pero, Fanfiction tiene una especie de bug que impide ver las estadísticas de las historias, por lo que no sé cómo le estará yendo a esta; espero que bien.
Ahora, a explicar algunas cosas: Primeramente, sí, Mario y Bowser están "nerfeados", pero bajo la lógica del mismo mundo de TNY, pues ambos llegaron hasta este mundo en nivel 1, por lo que, al menos para mí, tiene más sentido que sean más débiles. Además de que si no fuera el caso, llegarían y vencerían a todo lo que se mueva, lo que la verdad no tiene mucho sentido. Pero aun así intenté conservar algunas cosas para que los personajes no pierdan su esencia a pesar de que desafíe la lógica del mundo, como la llamarada y los martillos de Bowser, y los power-ups de Mario.
También he de decir que, originalmente este capítulo iba a abarcar la segunda ola, pero no me pareció adecuado resumir el incremento de nivel de Mario y Bowser en tres líneas de párrafo, así que opté mejor por dejar la Ola para el siguiente capítulo, junto con el duelo de Naofumi contra el Motoyasu y toda esa vaina, y poner un poco de aventuras individuales de nuestros héroes para demostrar su crecimiento.
Comentarios
Viruz pirata: Jeje, no me considero ambicioso, sólo intento hacer lo mejor que puedo. Y todo eso ya lo viste en este cap, amgio. Gracias por comentar.
Dicho, ¡gracias por leer y nos vemos en el siguiente capítulo!
