Capítulo 5: Una Ola estresante y un macabro visitante.
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El contador en los distintos paneles virtuales de todos los presentes portadores de Armas Legendarias llegó a cero, dando comienzo al famoso evento denominado Ola de Calamidad, que en seguida mostró su devenir cuando el cielo comenzó a oscurecerse; cambiando de un despejado cian bañado por los rayos del sol, a un lúgubre carmesí, haciendo parecer que el firmamento entero estaba bañado en sangre.
Todos sentían cómo el miedo trepaba por sus columnas, y una semilla de nerviosismo y desesperación se plantaba en sus pechos, mientras en el cielo carmesí comenzaban a arremolinarse zonas cíclicas de pigmentación colorida, por donde pronto empezaron a salir, como abejas enojadas de un enjambre, cientos y cientos de criaturas monstruosas, como si el infierno estuviera escupiendo toda su esencia directamente desde el cielo.
Nuestros dos protagonistas de otro mundo, aunque ciertamente intrigados por el fenómeno ante sus ojos, no flaquearon ni un segundo. Sus experiencias en eventos catastróficos como éste hacían que no se les hiciera nada raro. Aun así, mantuvieron caras serias y determinadas, dispuestos a superar este desafío con todo lo que tienen. Pero algo que sí los hizo intrigarse, fue cuando un halo amarillento de repente los envolvió a todos, identificando este suceso como el mismo efecto que tiene el usar el Viaje Rápido del Reloj de Arena de los Dragones, extrañándose en el acto ya que, ninguno de ellos activó esa habilidad para variar.
De un momento a otro, Mario, Bowser, Naofumi y su respectivo grupo ya no se encontraban en la capital, sino en un amplio prado a unos cuantos kilómetros de la misma, concluyendo que habían sido teletransportados por alguna razón.
—Bueno, la famosa Ola ya está aquí, ¿y ahora qué? —pregunta Bowser al aire. Y en ese instante, una leyenda parece en su campo de visión.
«Ayuda:
Derrota al jefe o espera a que el temporizador llegue a cero para superar la Ola de Calamidad».
—Creo que la mejor opción es derrotar a ese "jefe", ya que así la ola acabará más rápido y evitaremos destrucción y pérdida —sugiere Mario, su capa amarilla ondeando con el viento.
—Concuerdo, esa es la mejor vía de acción —agrega Eclair.
—¿Y? ¿Dónde está ese jefe? —pregunta Naofumi con tono molesto.
La pregunta del joven malhumorado es respondida de forma casi inmediata cuando ven, a lo lejos, a tres distintivos individuos cargar contra una especie de bestia con cuerpo y cabeza de león, alas de murciélago y una cola de serpiente; pero no dicho de forma convencional, su cola literalmente era una serpiente.
El grupo no pudo identificar muy bien las identidades ni los rasgos de esas personas a tal distancia, aunque parecía que el Héroe del Escudo sí los conocía, ya que hizo una leve mueca y chistó la lengua en el momento en que los reconoció.
—¡Tks! El jefe está por allá. Es esa quimera —avisa Naofumi.
—¿Qué cuernos es una "quimera"? —pregunta Bowser.
—Una bestia mitológica... Bueno, al menos es mitológica de donde vengo, aquí parece que no tanto. Se refiere a ese monstruo con alas —explica Mario, apuntando al susodicho.
La explicación del fontanero hizo que Naofumi viera de reojo a Mario con intriga, curiosidad y una pizca de sorpresa. Pues cosas como "de donde vengo" y el hecho de saber qué es una quimera hizo que el héroe se pregunte si es que el pequeño hombre también es una persona invocada tal y como él lo es.
—Oye, tú... —expresa Naofumi dirigiéndose a Mario, quien voltea en su dirección para atender lo que sea que el joven tenga que decir, lo cual no se pudo concretar ya que un repentino aviso de parte de la semihumana Rifana capta la atención de todos.
—¡Naofumi-sama, es el pueblo Riyute! —exclama, apuntando con su dedo.
Todos siguen la dirección en donde la chica apuntaba y logran avistar a una aldea en la cercanías, en donde los monstruos se dirigían hasta ella como un grupo de hormigas marchando hacia un picnic.
—No hay de que preocuparse, los soldados debieron haber evacuado-.
Eclair tuvo que tragarse sus palabras cuando una bengala fue disparada desde la misma aldea, signo de que aún estaba siendo habitada y pero aún, estaban pidiendo ayuda.
—Uy, sí, qué bien la evacuaron —comenta Bowser sardónicamente.
—¡Tenemos que ir a ayudarlos! —exclama Raphtalia.
—¡Rifana, vamos! —ordena Naofumi, no dudando ni un segundo en salir corriendo en dirección al pueblo junto a su compañera.
Al ver al héroe salir corriendo, el grupo restante se pone a discutir el plan de acción a seguir, pues ahora tenían un jefe qué derrotar y un pueblo qué salvar.
—Okay, esto es lo que haremos —indica Mario—. Forest y yo iremos con Naofumi a ayudar a ese pueblo. El resto puede encargarse del jefe.
—¡M-Mario-nissan, yo...! ¡Quiero ir a ayudar también! —declara Raphtalia decidida.
Mario esboza una sonrisa ante las ganas fervientes de ayudar de la mapache y asiente con la cabeza, expresando en el acto:
—Está bien. Entonces, Bowser y Eclair irán a por el jefe…
—¡Entendido!
—¡No me des órdenes! —exclaman los mencionados respectivamente.
—... El resto, síganme. ¡Aquí vamos! —exclama Mario, tomando carrera hacia Riyute junto con el equipo.
—Okay, Bowser-san. Entonces nosotros debemos...
Eclair girón en dirección a Bowser y parpadeó un par de veces cuando vio que el koopa ya se encontraba corriendo en dirección al jefe sin siquiera esperarla, lo que la lleva de dejar sacar un suspiro de angustian antes de también tomar carrera a su respectiva batalla.
Mientras Naofumi corría presurosamente hacia el pueblo, siente unas presencias a su alrededor y nota al hombre bigotudo, a la amiga de Rifana y al extraño animal azul corriendo al lado suyo.
—¿Qué creen que están haciendo? —pregunta Naofumi en la carrera.
—¿Qué te parece, amigo? Ayudando a la gente. Es lo que un héroe hace, ¿no? Salvar a esas personas en peligro es más importante que derrotar a un gran monstruo —responde Mario con actitud positiva y una sonrisa.
Naofumi dejó salir un quejido de sorpresa: Hasta ahora, la mayoría de personas que se ha encontrado desde que llegó a este mundo era pobres infelices que siempre trataban de estafarlo, discriminarlo y engañarlo por el simple hecho de ser el héroe del escudo, pero a este sujeto no parecía importarle quién era él, sólo teniendo en mente en ayudar a la gente. Eso le hizo a Mario ganarse un asentimiento de cabeza por parte del joven malhumorado y junto a su grupo, avanzaban presurosos hacia el pueblo en peligro.
…
De entre todo el panorama de destrucción y desesperación en el pueblo Riyute, un anciano corría por su vida de entre las incendiadas casas, huyendo de un monstruo calavérico que portaba una armadura deteriorada, y alzaba su espada oxidada amenazadoramente mientras perseguía al hombre mayor, quien luego de un paso en falso tropieza sobre sus pies, y cae el piso con un pequeño derrape.
Luego soltar un quejido de dolor, el anciano se da la vuelta y toda su vida empieza a pasar frente a sus ojos cuando ve al esqueleto viviente acercarse hasta él a paso lento. Lágrimas comenzaron a salir de las comisuras de sus ojos cuando se sintió ahogado por la desesperación que le provocaba ver a la muerte caminando hacia él, paso por paso. Y una vez el esqueleto estaba a su alcance, abanicó su arma hacia abajo y el anciano pegó un grito, esperando sentir el duro acero que penetraría en su piel y lo llevarían hasta su fin... que nunca llegó. En lugar de eso, se escuchó un ruido metálico, y luego un sonido de algo siendo cortado. Para cuando el anciano abrió los ojos, se encontró con un joven de pelo negro que usaba una capa verde, junto con una muchacha semihumana de pelo tipo beige que sostenía un par de hachas en sus manos.
La muchacha estaba en una especie de pose de combate, flexionada y con los brazos hacia afuera, dando a entender que acabada de ejecutar un ataque.
—Bien hecho, Rifana —felicita el joven.
La muchacha por su parte pegó una sonrisa, aparentemente complacida por el cumplido del joven.
—D-Disculpe, ¿quién es usted? —le pregunta el anciano a su aparente salvador mientras se levantaba. Luego nota el escudo que reposaba sobre el brazo del chico, y su pregunta fue inmediatamente respondida —T-Tú eres...
—¡Vente, ponte a salvo! —ordena Naofumi de repente.
—¡S-Sí! ¡Muchas gracias por salvar mi vida, Héroe del Escudo! —expresa el viejo con una reverencia antes de salir corriendo.
Así mismo en otro lugar, una mujer estaba encogida junto a una pared, sosteniendo en sus brazos a dos niños que lloraban intensamente de miedo, pues tres gigantescas avispas estaban frente a ellos, moviendo sus alas a gran velocidad y dejando salir en el acto un desagradable zumbido.
—¡Wuuaaaaah! ¡Mami, tengo miedo! ¡¿Por qué los héroes no vienen a salvarnos?! —exclama ente lágrimas uno de los niños en lo que se aferraba ferozmente a su madre.
La mujer no dijo nada, sólo abrazó más fuerte a sus hijos con la esperanza de que al menos tengan una muerte rápida, y que luego estén todos juntos en el más allá.
Las avispas apuntaron sus aguijones del tamaño de un pie a los tres indefensos individuos frente a ellos, listos para asesinarlos y darse un buen festín. Grande fue su sorpresa cuando una lengua salió de la nada y atrapó a una de ellas, siendo jalada a quién sabe dónde, para que luego un proyectil saliera disparado de la aparente nada, chocando contra otra de las avispas y llevándosela con él, dejando nada más que las alas en el lugar. Y finalmente, la última avispa fue mandada a volar como una pelota de baseball golpeada por un bate; pero en lugar de bate, un martillo.
—¿Alguien llamó a un exterminador? —expresa en broma una voz que sonaba alegre y amigable.
Cuando la mujer alza la vista, ve que en lugar de los endemoniados insectos que hace poco amenazaban con sus vidas, estaba un hombre bajo extrañamente vestido, con bigote y nariz desproporcionada; una especie de dragón terrestre color azul con nariz aún más desproporcionada y con alas; y una joven semihumana de cabello castaño que portaba una espada.
Mario se acerca hasta la temblorosa mujer, que por un momento se cohíbe aún más al no saber las intenciones del recién llegado. Pero luego se relaja un poco cuando el susodicho le tiende la mano y le muestra una sonrisa simpática.
—¿Está bien, madame? —expresa el fontanero.
La mujer pone suavemente a sus dos hijos en el suelo y acepta el gesto de Mario, incorporándose.
—Yo… s-sí. Gracias —responde la mujer.
—Bien, ponte a ti a y tus hijos a salvo, nosotros nos encargamos del resto —ordena Mario, quien luego nota a los dos infantes que se escondían tras las piernas de su madre, mirándolo con curiosidad e impresión—. Cuiden a su mamá, ¿okay? Se los dejo de tarea.
—¡S-Sí! —responde ambos niños.
La mujer no pierde tiempo y agarra a sus dos hijos de la mano, tomando carrera hacia un lugar seguro y dejando solos a nuestros héroes.
—¡Separémonos! ¡Busquemos más rezagados y pongámoslos a salvo! —le ordena Mario a su equipo.
—¡Sí!/¡Yoshi! (¡De acuerdo!) —expresan ambos respectivamente.
Los tres guerreros tomaron caminos separados, buscando aldeanos y combatiendo a cada monstruo que se les cruza en su camino:
Un monstruo esqueleto atienta contra Raphtalia, pero ella desenvaina su katana rápidamente como un samurái, cortándolo en dos. Luego es embestida por otra monstruo avispa que revolotea rápidamente hacia ella; Raphtalia lo esquiva y contraataca con otro tajo diagonal de su arma, terminando por patear a un último esqueleto que se acercaba y rematarlo con una puñalada en el pecho.
Forest lanzó su larga lengua a varios monstruos avispa que se encontraban en el campo, convirtiéndolos en huevos bala que no duda en usar para abatir a varios esqueletos a la distancia. Cuando se quedó sin municiones, tomó carrera nuevamente y extendió sus alas, volando hasta estar a suficiente altura para dar un giro vertical de 160° e impulsarse de trasero hacia el piso, logrando aplastar con éxito a un esqueleto para después acabar con los demás a punta de patadas.
Mario abalanza su arma hacia arria, golpeando a un esqueleto justo en la mandíbula y mandándolo a volar. Luego usa dos bolas de fuego para incendiar a un par de avispas que se acercaban con intenciones hostiles, golpeándolas luego con su martillo para usarlas como proyectiles para más monstruos que se agrupaban a su alrededor.
El fontanero no podía darse el lujo de permitir que lo rodearan por lo que, con una idea en mente, sale corriendo para que todos los monstruos lo sigan, convenientemente formando una fila que Mario decide aprovechar, congelando al primero de ellos en un bloque de hielo y pateándolo hacia el resto, que fueron tumbados por el bloque en una alineación perfecta.
—Sip, el clásico nunca falla —se burla el fontanero.
De pronto, una gran sombra cubre al fontanero, quien se da la vuelta y avista a una especie de golem calavérico hecho de hierro, quien levantó su gran brazo para atacar. Mario actúa rápido y esquiva el ataque con una rodada lateral, para luego pegar un brinco lo suficientemente alto como para alcanzar la cabeza del golem, finalizando con un swing hacia abajo del mazo que terminó por literalmente hundir la cabeza del monstruo en su cuerpo.
Mario sonrió, orgulloso de su hazaña; Sonrisa que rápidamente fue borrada de su cara, ya que el cielo de pronto se iluminó y antes de que se diera cuenta, cientos de bolas de fuego se estaban dirigiendo hacia él a gran velocidad.
El fontanero frunce el ceño y usa su martillo para desviar todos los proyectiles a su alcance. Cuando la lluvia de fuego cesó, Mario pareció escuchar voces como de alguien discutiendo y se puso en camino hacia las mismas, encontrando a Naofumi y Rifana discutiendo con lo que parecía ser un grupo de soldados.
—¡Ustedes, sabían que Naofumi-sama y yo estábamos aquí, ¿y aún así se dignaron en acatar?! —regaña la semihumana con enojo en sus palabras.
—Mejor cuida tu lengua, semihumana. Deberían agradecernos por salvar este pueblo —escupe cínicamente el caballero mientras detenía las hachas de Rifana con su espada.
—¿Salvarlo? Ni siquiera se molestaron en verificar si el pueblo estaba deshabitado, o de evacuarlo en primer lugar. Sólo lanzaron ese ataque ciegamente como un grupo de ineptos —dice Naofumi.
—¿Huh? ¿Y tú qué, Héroe del Escudo? Vete, no necesitamos que criminales nos recriminen.
—... ¿Sabes qué? Tienes razón. Vamos, Rifana; que ellos se encarguen —expresa Naofumi, volteándose y comenzando a caminar.
El grupo de soldados se extrañó un poco de que el Héroe des Escudo haya desistido tan fácilmente, pero luego una sombra los cubrió y al darse vuelta, se encontraron con otro de esos golems gigantes que no dudó en atacarlos.
Los soldados pegaron un grito de terror por el inminente ataque y Mario estaba a punto de intervenir, pero no tuvo que hacerlo cuando un gran y fosforescente escudo color verde se presentó frente a ellos, deteniendo el ataque del monstruo.
—¡Rifana! —ordena Naofumi.
—¡Sí! —responde.
Y en un rápido movimiento, Rifana corre y usa el escudo de energía como apoyo, llegando con un brinco hasta la cabeza del monstruo y rebanándola con sus hachas.
Los soldados quedaron boquiabiertos, no sólo del hecho de que esa semihumana acabó con ese monstruo de un solo ataque, sino también de que el Héroe del Escudo, el supuesto criminal que todo el reino despreciaba, acababa de salvarles la vida, aun cuando hace un momento lo trataron como basura.
Todo el grupo sintió un pequeño hoyo en el pecho, pues su orgullo como caballeros había sido herido al tener que ser protegidos por un "delincuente" que, para algunos de ellos, esa descripción comenzara a ser replanteada debido a los acontecimientos recientes.
—Vamos, Rifana —habla Naofumi de pronto—. Debemos cubrir más terreno y salvar a todos los que podamos. Ustedes, si todo lo que van a hacer es estorbar, mejor váyanse.
Aunque ofendidos por lo que dijo el héroe, el grupo de caballeros sintió una extraña especie de motivación al ver la convicción y el coraje que tiene el Héroe del Escudo por salvar a la gente, a pesar de que todo el reino le haya escupido en la cara.
—¡Síganme, muchachos, apoyaremos al Héroe del Escudo! —grita el líder de los soldados.
—¡SÍ! —Exclama el resto en coro.
Naofumi no dice nada, pero tampoco deniega esa afirmación y sale presuroso junto a Rifana para seguir con su labor de héroe mientras Mario, testigo de todo este asunto, esboza una sonrisa al ver que Naofumi era, después de todo, alguien que intentaba hacer lo correcto a pesar de las circunstancias.
Luego de aquello, Mario y el resto se la pasaron batiendo a todos los monstruos que se encontraron, salvado aldeanos y finalizando con Naofumi utilizando una torre para incendiar a una gran cantidad de monstruos; Un plan poco ortodoxo a la opinión de Mario, pero efectivo al parecer
…
La quimera ruge con ferocidad, aleteando sus alas de murciélago y haciendo que un pequeño vendaval sea provocando; arrastrando polvo, pasto y pequeñas piedras en su camino, en donde tres individuos se protegen del viento, poniendo toda fuerza que pueden en sus pies para evitar salir volando.
Uno de ellos era un joven de corto cabello rubio un poco rizado, piel blanca y ojos amarillos que portaba un set de vestiduras de colores blancas y verde lima, junto con un gran arco con una gema color amarilla en la zona del visor. El otro es un tipo de pelo azul marino cortado en un flequillo y dos mechones a los lados, ojos a juego, armadura negra con pequeñas gemas azules acopladas y una espada sostenida en su mano, con una gema azul en la unión de la hoja y el mango. Y finalmente, un muchacho de pelo rubio atado en una cola de caballo, ojos rojo fuego, armadura blanca con diseños rojos, además de una gran lanza con una gema roja en la base de la hoja.
El trío había pasado un rato luchando contra esta feroz bestia, llegando a la conclusión de que el combate ya había sido prolongado por mucho tiempo y decidiendo acabarlo de una vez.
—¡Vamos, ataquemos los tres juntos! —sugiere el de la lanza.
—¡De cuerdo! —concuerda el de la espada y el del arco.
Los tres guerreros se preparan, listos para lanzar sus respectivos ataques hacia la bestia, cuando de pronto un torrente de llamas apareció de la nada junto con un rugido, cubriendo por completo a la quimera que pegó un grito de dolor al sentir cómo cada pizca de su ser era calcinada.
El monstruo logra escapar de la llamarada pegando vuelo, lejos del alcance de tanto el lancero como del espadachín. El del arco intentaba darle al disparar aparentes flechas de energía al monstruo, pero este los esquivaba con maniobras evasivas.
Los dos guerreros restantes giran en dirección de dónde provino la llamarada, encontrándose con una especie de tortuga gigante que caminada en dos patas, con púas en su caparazón, garras en sus manos y pies, cuernos en su cabeza y una gran melena roja. Pero el rasgo más distintivo de la recién llegada criatura, eran sus brazales con garras que tenían una gema característica color naranja, que recordaba a las de sus propias armas.
Dejando atrás su impresión por la fisionomía del koopa, el lancero y el espadachín deciden confrontarlo por haber interrumpido en atacar a la quimera mientras ellos preparaban sus ataques, atribuyendo a que él era el responsable de esa llamarada.
—¡Oye, tú! —expresa el de la lanza, llamando la atención de Bowser—. ¿Quién te crees que eres al intervenir así en nuestra pelea? Ya lo teníamos y estábamos a punto de darle el golpe de gracia. Pero gracias a tu ataque, ahora pudo alejarse de nosotros.
—Sí, es cierto. No debiste intervenir. ¿Qué no sabes que esto es un asunto de héroes? —agrega el otro, con cara estoica pero ligeramente soberbia.
—¿Hm? ¿Y ustedes qué? ¿Esa cosa tiene sus nombres marcados o qué? A mí no me van a estar diciendo si puedo luchar o no. Yo estoy matando a esa cosa para terminar con esta estúpida Ola —expresa Bowser.
—Vaya que tienes descaro, ¿eh? Ya vete de aquí y déjale este asunto a los héroes —ordena el de la lanza con tono burlón.
Bowser estaba a punto de responder, pero en eso nota que, mientras esquivaba los ataques del tipo del arco, la quimera estaba cargando una especie de ataque eléctrico, pues las chispas azules de electricidad bailaron peligrosamente por todo su cuerpo, amenazando con salir expulsadas en cualquier momento.
El koopa actuó rápido y se guardó en su caparazón de forma casi instantánea, hecho que extrañó a los dos guerreros presentes al no entender el por qué ese tipo se había guardado su coraza de repente. Luego, el sujeto del arco llama su atención con un tono medio desesperado, signo de que algo problemático estaba ocurriendo y requería la asistencia de los dos.
—¡Oigan, Motoyasu, Ren; tenemos que-AAAAAAAAARGH!
Pero fue demasiado tarde, ya que la quimera lanzó su ataque eléctrico de manera similar a cierto ratón amarillo proveniente de una franquicia de sobreexplotación animal, golpeando a las cuatro personas presentes con un potente electroshock, provocando que el ambiente se llenara de luces parpadeantes y gritos distorsionados de aquellos desafortunados que habían sido afectados por el ataque.
El relámpago cesó, y los tres guerreros terminaron echando humo por todo su cuerpo y con partes del mismo ennegrecidas con las quemaduras, incluso el cabello liso azul del chico de la espada había sido reemplazado con un afro.
Los tres caen al piso, aparentemente desmayados, y la quimera aterriza en lo que pega un rugido de victoria al creer que había acabado con sus adversarios. Alegría que le duró poco, pues de pronto Bowser sale de su caparazón, ileso del ataque de la quimera.
—¿Qué? ¿Eso es todo? ¡Pff, apenas sentí cosquillas! —expresa Bowser en tono desafiante.
—¡Oiga! —se escucha una voz femenina en el acto. Era Eclair, que por fin se había puesto al día con Bowser luego de seguirle el paso lo mejor que podía —. ¡Vaya! *uff*. Corre muy rápido para ser alguien tan grande. ¿No cree que debió esperarme al menos?
—No es mi culpa que seas una tortuga, y es irónico que yo lo diga —responde Bowser.
La caballero dejó que el comentario del koopa le pasara por encima, notando luego a los tres chamuscados sujetos que estaban tirados en el piso, inconscientes.
—¿Y ellos quiénes son? —pregunta Elciar.
—No sé, un trío de tontos que se creían la gran cosa. Pero al final, no pudieron ni aguantar una simple chispa—responde el koopa encogiéndose de hombros.
Eclair analizó a los tres individuos desmayados por un minuto, notando en el acto el tipo de armas que tenían equipadas, y sus ojos se abrieron con sorpresa al apenas identificarlas.
—Esas son... Armas Cardenales. ¡Ellos son los Tres Héroes Cardenales! —exclama con sorpresa.
—¿Qué? ¿Ellos? —expresa Bowser, mirando y analizando al grupo de tres tumbado en el piso, pegándoles una mirada de disgusto—. No me digas que esos tres enclenques son esos héroes legendarios de los que tanto se habla.
Pero el par tuvo que parar de conversar, pues la quimera había esperado lo suficiente, y decidió entrar de nuevo al combate con una embestida y un zarpazo que tanto Bowser como Eclair logran esquivar.
—¡Hablaremos más tarde! ¡Por ahora, enfoquémonos en esto! —expresa Eclair.
La bestia carga de nuevo su ataque eléctrico y lo lanza contra el dúo, siendo Bowser quien responde con una llamarada que choca contra la corriente de voltaje, provocando un choque entre ambos poderes al estilo Dragon Ball.
Tanto la llamarada como el rayo eléctrico colapsan en una explosión que produjo mucho humo y levantó un montón de polvo, hecho que la quimera decidió aprovechar y atacar con otro zarpazo al creer que sus enemigos estaban cegados, sólo para encontrarse cara a cara con la hoja de la caballero que se enterró en uno de sus hombros.
La criatura pegó un rugido de dolor, y Eclair retiró la espada del hombro de la quimera para pegar un giro y apuntar un tajo hacia su cuello, pero esta se alejó con un aleteo, y la serpiente de su cola respondió con un ataque que Eclair esquiva ladeando su cuerpo y flexionándolo hacia atrás.
Eclair lanza otro tajo rápido y logra rebanar la cabeza de la serpiente de la cola de quimera, que se retorcía repugnantemente mientras su dueño pegaba otro gruñido de dolor, el cual se intensificó más cuando Bowser llegó de la nada y le conectó un zarpazo a la bestia en un lado de la cara, esparciendo sangre y pelo.
La quimera, adolorida y furiosa por las heridas provocadas por sus enemigos, intenta ejecutar nuevamente el su ataque eléctrico, pero Bowser actúa rápido y se guarda en su coraza, comenzando a girar rápidamente mientras se deslizaba hacia la quimera, dando como resultado que todas las púas es su caparazón provocaran miles de cortes por todo su cuerpo.
Ahora la bestia ya no estaba enojada, sino asustada, por lo que intenta una retirada táctica alzando vuelo, siendo que Bowser actúa rápido y dispara dos bolas de fuego que dan justo en las alas de la quimera, quemando por completo la membrana de las mismas e imposibilitando que pueda volar más. Y cuando cayó al piso con un ruido sordo, Eclair se encargó del resto cuando corrió velozmente hacia la quimera y conectó un tajo en su cuello, provocando que un chorro de sangre salga disparado y la bestia expulse otro quejido antes de callarse por completo. El jefe había sido derrotado.
—¡BWAJAJAJAJA! ¡Oh, sí, bebé! ¡Ningún monstruo feo es rival para el gran Bowser y su secuaz! —celebra el koopa.
—"¿Secuaz?" No querrá decir "compañera" —corrige Eclair.
—No, un compañero es un igual, y absolutamente nadie está a la par de mí —declara Bowser con suficiencia.
—Ugh, como diga...
Con la derrota de la quimera con el título de Jefe de la Ola, nuestro dúo levantó la vista al cielo para ver cómo éste cambiaba de pigmentación de rojo a celeste, así como los remolinos multicolores se desvanecían y el sol volvía a brillar.
—Hmph, así que era cierto eso de que, si derrotabas al jefe, la Ola terminaba —opina Bowser.
El koopa pasa su atención al cadáver de la gran quimera, optando por acercarse hasta ella y cortar unas cuantas piezas con sus garras, echándolas luego al núcleo de sus armas para ver si obtenía algo bueno:
«Garra de Piel de Quimera, Garra de Colmillo de Quimera, Garra de Cola de Quimera, Garra de Zarpa de Quimera: Condiciones Cumplidas.
¡Serie Quimera, completada!
Ataque +20
Defensa +15
Agilidad +8
Habilidad, Zarpa del Rey, obtenida:
Zarpazo de energía que se puede usar tanto en cuerpo a cuerpo, como a distancia.
Consejo:
Las habilidades se activan de forma oral».
—Así que, una nueva "habilidad", uh. ¿Y qué será?
Decidido a probar su nueva adquisición, el koopa camina hasta un árbol cercano, recordando lo que tenía que hacer para activar esa habilidad y haciendo eso mismo:
—¡Zarpa del Rey! —recita Bowser, para que de pronto ambos brazales en las extremidades del koopa comiencen a rebosar de una especie de energía rojiza de aspecto relampagueante.
Bowser mira sus manos con cierto toque de asombro, luego pasa a ver al árbol y, sin ni siquiera dudarlo, le dedica un zarpazo y ve cómo de su mano sale una estela de energía en forma de garra que deja cuatro marcas de cortes profundos en el tronco del mismo.
Bowser lanza el ataque de su otra mano, pero esta vez, al aire, viendo cómo ahora salió disparado un ataque de energía como de garra que viajó por el campo por cierta distancia hasta luego desaparecer.
—¡BWAJAJAJAJA! ¡Increíble, esto sí me gusta! ¡Al fin esta cosa demuestra ser útil para variar! —celebra Bowser, impresionado de sus nuevos poderes.
Mientras Bowser se mofaba, Eclair se volvió a ver a los héroes desmayados en el piso, analizando a lo que se supone que son a los héroes de las leyendas.
—Será mejor que nos retiremos por ahora —sugiere Eclair—. Intuyo que estos héroes tienen un grupo de aventureros. Si llegan y nos encuentran aquí con los héroes en ese estado, se podrían generar confusiones, y es mejor evitar conflictos innecesarios.
—¡Bah! Yo no le tengo miedo a nadie, mujer. Pero es verdad que ya no tengo nada que hacer aquí. ¡Andando! Quiero volver a mi aldea para ver cómo se encuentra —ordena Bowser.
En su camino, Bowser y Eclair dan convenientemente con el pueblo Riyute que, a pesar de todo, parecía haber sobrevivido a toda la Ola de Calamidad: limitándose en cuestión de daños materiales a unas pocas casas rotas. Lo que sí vale la pena destacar, fueron las lamentables bajas que hubo a pesar del esfuerzo de nuestros héroes, pues varias personas se encontraban arrodilladas y llorándoles a lo que parecían ser cuerpos con mantas. El tiempo que el grupo tardó en llegar a la aldea fue clave para hacer la diferencia entre la vida y la muerte de estas personas, hecho que sin duda será una espina clavada en el corazón, tanto de Mario como de los demás.
—Es una verdadera lástima —expresa Eclair, empática con las personas del pueblo.
—No se puede hacer nada —dice Bowser de repente, con una cara seria—. Las personas de este mundo están viviendo una guerra contra fuerzas desconocidas, y en una guerra siempre habrá bajas. Lo importante es que quedó gente viva para recordarlos y vivir por ellos.
Eclair se quedó mirando al koopa por un momento con una cara impresionada. No tenía ni idea de que él tuviera un lado como ese, capaz de empatizar con la gente de ese modo. Luego asintió y miró al frente, tratando de seguir el ejemplo de madurez de la gran tortuga que caminaba junto a ella.
De un momento a otro, ambos grupos, el de Bowser y el de Mario, se encuentran, iniciando una conversación:
—Vaya, así que ya están aquí. Díganme, ¿cómo les fue con el jefe? —pregunta Mario.
—¿Qué te importa? —responde Bowser.
—Vale, es mi culpa por preguntar —suspira Mario.
—La derrota del jefe fue exitosa. Y por lo que veo, la protección del pueblo también lo fue —agrega Eclair.
—Sí, evitamos que mucha gente salga lastimada —expresa Raphtalia, cambiando en el acto su expresión tranquila por una de tristeza—. Pero... lamentablemente no pudimos salvar a todos.
Raphtalia siente que toman suavemente tu hombro. Cuando gira la cabeza, la mapache ve a Rifana dedicándole una sonrisa compasiva.
—Es verdad que no pudimos salvar a todos, pero hicimos nuestro mayor esfuerzo en ayudar a la gente. Estoy segura que la próxima vez, salvaremos a todos. Para eso estamos entrenando, ¿no es así?
Raphtalia pensó por un segundo las palabras de su amiga y luego devolvió la sonrisa, feliz de tener a su amiga apoyándola en esta situación.
Todos se fijan en el cielo y se dan cuenta de que el sol estaba comenzando a ponerse, y el cielo se estaba tiñendo de un intenso naranja, indicando que la noche estaba a punto de llegar, por lo que todos tenían en mente retirarse hasta qué:
—¡Héroe de Escudo! —llama una voz.
El mencionado, así como los demás por curiosidad, se giran en dirección a la voz y se encuentran con un soldado que apenas llegaba al lugar.
—El rey los ha invitado a ti y tu... grupo, a una celebración en el castillo para conmemorar la exitosa abolición de la segunda Ola.
Lo primero que pasó por la mente de Mario al escuchar eso, era qué tan insensible podía ser el tann famoso rey al preocuparse más por hacer una fiesta que por darle auxilio a los damnificados por las Olas. Eso lo hizo enojar un poco, pero se tragó esos sentimientos amargos al ya saber que no sacará nada bueno de ellos.
—¡¿Qué?! En tus sueños seré yo parte del grupo de éste llorón —señala Bowser.
—¡Tks! ¡Cállate, idiota! Y tú, dile a tu rey que puede irse directo a-
—¡Héroe del Escudo! Por favor cuide su lenguaje. Estoy consciente de lo que le ha hecho, pero sigue siendo el rey —regaña Eclair, provocando que Naofumi la mire por un momento y luego vuelva a prestarle atención al soldado.
—Bien, entonces supongo que no está interesado reclamar su respectiva recompensa —expresa el soldado, antes de darse la vuelta e irse del lugar.
—¡Tsk! —chista Naofumi, pues acaba de ser puesto en una situación difícil. No quería volver a pisar ese castillo, puesto que era el lugar en donde pasó la peor experiencia de su vida; el siquiera pensar en estar ahí de nuevo le traía recuerdos amargos y provocaban que se revolviera su estómago. Pero por otro lado, él en verdad necesitaba el dinero que le ofrecían por combatir en la Ola. Sobrevivir con lo justo es lo que ha estado haciendo prácticamente desde que llegó a este mundo, y una módica cantidad de dinero era algo que no le caería para nada mal.
—¿Iremos, Naofumi-sama? —le pregunta Rifana con ojos expectantes.
—Si queremos la recompensa, no nos queda de otra —dice con disgusto, pasando a mirar al grupo protagónico—. ¿Qué piensan hacer ustedes?
—¿Hmm~? —expresa Mario, sosteniendo su redonda barbilla—. Creo que sería imprudente para nosotros el presentarnos ahí, ya que Eclair es una prófuga y Bowser... bueno, es Bowser.
—¿A qué te refieres con eso, enano de bigote ridículo?
—¿Ves?
—Mario-san tiene razón. Ir al castillo para nosotros sería como entrar a la boca del lobo —agrega Eclair.
—Yoshi~ (Yo quiero ir a la fiesta. En las fiestas hay comida, y yo tengo hambre) —se mete Forest de la nada.
—No creo que la comida valga pena, Forest. Ve tú, Naofumi. Nosotros nos quedaremos aquí en el pueblo para terminar de ayudar a la gente —dice Mario.
Naofumi asiente, concordando con el bigotón. Luego se le vino a la mente la duda que tenía antes de que inicie todo lo de la Ola, por lo que vuelve a preguntar:
—Oye, quería preguntártelo antes: ¿Acaso tú también eres un invocado de otro mundo?
—Sip, lo soy. ¿Qué te llevó a esa conclusión? —responde Mario sin más.
—Tu nombre y tus vestiduras te delataron; Y con un hombre como "Mario", intuyo que vienes de Italia.
—Buena deducción, paisano. Pero no: Aunque sí soy de ascendencia italiana, en realidad soy de Brooklyn – New York.
Naofumi asiente en comprensión. Luego se gira hacia Riafana y le dice para irse, tomando rumbo hacia el castillo donde se los solicitaron.
—Vaya, no puedo evitar pensar que perdí la oportunidad de tener una buena charla con ese rey, pero en otro momento será —dice Mario.
El grupo pasó el resto de la noche reconstruyendo las casas deterioradas y atendiendo a los heridos, razón por la cual todos los habitantes del pueblo Riyute estaban más que agradecidos con el grupo de héroes, y Bowser no desaprovechó la oportunidad y también trató de conquistar el pueblo, pero Mario y Eclair lo detuvieron de cometer una locura, pues conquistar un pueblo tan cerca de la capital del reino sería una declaración directa de guerra.
Pasaron un par de días, y el grupo tuvo que quedarse en Riyute en ese transcurso de tiempo al no tener un medio de transporte adecuado para regresar a Lurolona, ya que habían usado el Viaje Rápido de sus armas para llegar hasta la capital, por lo que el carruaje con los dragones se había quedado allí, hecho de que nuestros héroes se arrepintieron al no poder volver y verificar si la aldea estaba bien. Pero algo les decía que Sadina era perfectamente capaz en su labor de entrenar a los aldeanos y proteger el pueblo.
Luego se dio el suceso de que Naofumi se presentó de nuevo en el pueblo, ésta vez con una especie de huevo con una marca reposando sobre sus manos, relatando luego todo lo que había pasado cuando asistió a la fiesta del castillo: Resulta que, mientras estaban en la fiesta, el Héroe de la Lanza lo acusó de esclavizar a Rifana, hecho que, aunque fuera cierto, no tenía sentido de ser señalado ya que la semihumana estaba voluntariamente con él, sólo era una estratagema del mañoso héroe para quedarse con la chica.
Todo este asunto dio como resultado que Naofumi fuera retado a un duelo por el héroe de la lanza; duelo que fue dominando por Naofumi en un principio, pero gracias a que una de las compañeras del héroe hizo trampa, termino por perder. Al final los otros héroes intervinieron y se pudo hacer justicia. Y cuando Mario preguntó por el huevo que el Héroe traía, éste explicó que era porque lo compró cuando fue a restaurar la marca de esclavo de la semihumana.
Por más que el grupo quiso quedarse en Riyute para convivir que los aldeanos, tenían que volver lo más pronto posible para datar el estado de Lurolona. Y para su suerte, un comerciante proveniente de ese pueblo se ofreció a llevarlos como agradecimiento en su carruaje, por lo que el grupo se despide de Naofumi, en especial Raphtalia de Rifana, y luego de una queja por parte de Bowser por tener que ir atrás de nuevo, todos toman rumbo de vuelta hacia la aldea Lurolona.
…
Grades chimeneas se alzaban en un grisáceo cielo, escupiendo humaredas a cántaros en lo que el ruido de maquinaria y trabajos de procesamiento hacían parecer que la revolución industrial acababa de llegar de nuevo. Y sobre todas estas chimeneas de fábricas industriales, se destacaba un imponente castillo que generaba discordia entre todo el paisaje medio-moderno, y una construcción tan anticuada como lo puede ser un castillo europeo de la edad media. Pero lo más importante, era lo que acontecía en una de las paredes del mismo, puesto que una mujer de capucha azul marino y máscara blanca estaba acuclillada sobre un borde junto a una ventana, hablándole a lo que parecía ser una figura al otro lado del cristal.
—Háblame del Héroe del Escudo, ¿cómo se encuentra? —pregunta la figura al otro lado con voz femenina, la cual estaba inundada de firmeza y clase.
—Adquirió una semihumana como esclava, su majestad —responde la encapuchada con voz respetuosa, continuando—. Y, si me lo permite, creo que hay otro asunto del que debe de estar enterada.
—¿Y cuál sería ese?
—Informo que el Héroe del Martillo y el Héroe de la Garra también se encuentran en Melromarc, su majestad.
—¡Oh! ¿Es así? —expresa la figura, genuinamente intrigada—. ¿Y qué asuntos los trae a Melromarc? Sin mencionar que es extraño que esas dos armas hayan escogido portadores después de estar inactivas por tanto tiempo.
—Ese es el asunto, mi señora. Los héroes del Martillo y la Garra son invocados.
—...
Un tajante silencio se hizo presente entre la figura encapuchada y la otra entidad detrás del cristal, tal parece que la noticia no le cayó nada bien a la mujer del otro lado.
—Así que, Aultcray hizo de la suyas de nuevo e invocó a más héroes en el reino —dice la mujer con un severo tono sombrío.
—No, mi señora. Por favor, no me malentienda: Los héroes mencionados son invocados, sí, pero no fue el rey Aultcray —declara la encapuchada.
—¿Ah, no?
—No, no sabemos a ciencia cierta lo que pasó, todo lo que sabemos es que el Héroe del Martillo y la Garra están en Melromarc, y son invocados de otro mundo.
—Hmm. Ahora eso es extraño. ¿Será que fueron invocados en otro lugar y vinieron a Melromarc por algún asunto en específico? Porque ahora que lo pienso, se necesitan contar con las Armas Vasallas para el ritual de invocación, y dichas armas no estaban en Melromarc —analiza la mujer en tono pensativo, ordenando después—. Quiero que llegues al fondo de esto.
—Sí, mi señora.
—¿Y qué me dices de ellos? Hablo de los Héroes del Martillo y la Garra.
—EL Héroe del Martillo parece un hombre interesante, puesto que, a pesar de su actitud optimista y alegre, pelea como nunca he visto. Y el Héroe de la Garra... bueno, podemos decir que es un tanto peculiar.
—¿Y a qué se debe eso?
—Para empezar, he de admitir que el Héroe de la Garra es una especie de hombre-bestia...
La mujer del otro lado dejó salir un pequeño quejido de sorpresa, para luego pasar otro momento en silencio debido a esta revelación, y ante la falta de respuesta de su aparente superior, la encapuchada continúa:
—Sí, parece ser una especie de mestizo de Genmu y Aotatsu, pues es una especie de tortuga, pero con rasgos de dragón, tales como los cuernos y la habilidad de escupir fuego.
—Esto es malo... Aunque sea de otro mundo, el parece un semihumano da por sentado que el reino no lo tratará nada bien. Esperemos que mi marido no haga nada que pueda provocarlo y comenzar una especie de guerra civil.
—De hecho... —expresa la encapuchada, haciendo que los ánimos de la noble mujer caigan al esperarse una mala noticia—. ...El Héroe de la Garra se adueñó del antiguo territorio de Seaetto-sama, luego de impedir que los habitantes sobrevivientes sean capturados y vendidos como esclavos por los soldados del reino.
—Ugh, dios mío —suspira la mujer en preocupación, cuya silueta daba a entender que se estaba frotando la sien con sus dedos—. Parece que habrá un cambio de planes: Enviaré a Melty a casa con el objetivo de tener una charla diplomática entre ella el Héroe de la Garra. Y recemos por que no se encuentre ni con mi marido ni con mi primera hija. Puedes retirarte.
—¡Sí señora! —expresa la mujer, desapareciendo a un borrón y dejando a la mujer preocupada y expectante de lo que pueda suceder si las cosas se salen de control.
...
En una ubicación desconocida, una potente lluvia torrencial azotaba un frondoso bosque, cuyas ramas de los árboles se agitaban ferozmente gracias al voraz viento que amenazaba con arrancar cada árbol de raíz. Las gotas de lluvia caían al piso como balas, y los truenos y relámpago adornaban el cielo en una vista terrorífica, pero espectacular.
De entre los matorrales, un rayo cae con un estruendo, lo que hace que una figura tumbada en el piso salte del impacto, abriendo sus ojos formados por una esclerótica morada claro, y un solo punto negro como iris.
El ente mira de un lado a otro frenéticamente como si acabara de despertar de un coma, tratando de datar el lugar en donde se encontraba y ser más consciente de su situación.
Poniéndose de pie, la figura luego mira sus manos: Verdes de piel y con cuatro dedos arrugados que terminaban en filosas garras. Luego, otro rayo cae en las cercanías, iluminando el panorama lo suficiente como para que se pueda ver el resto del ente: Piel verde cual limón, dos grandes cuernos gruesos en su cabeza con forma ovalada que terminaban en punta; coloreadas con dos tonos diferentes de morado y una franja horizontal amarilla en el medio para separarlos. Llevaba una bata fucsia que terminaba en cortes triangulares, con una franja amarilla en la base, y usaba una capa morada en el exterior y negra en el interior, cortada de tal forma que se asemejaban a las alas de un murciélago, finalizando su atuendo con un broche color azul cielo en su frente.
Cuando termina de mirar sus manos, la figura pega una gran sonrisa de malicia, dejando ver en el acto una hilera de afilados dientes, para luego proceder a levantar ambas manos para invocar un potente rayo morado que golpea el piso tras ella con intensidad.
—¡BUJIJIJIJIJI! —se ríe macabramente la figura, expresando después—. No se cómo, no sé por qué, pero algún ente se ha tomado la molestia de rescatar mi errante alma y ponerla en este reconstruido cuerpo. Pero, minúsculos detalles no importan ahora porque... ¡CACKLETTA, HA REGRESADO!
Fin del capítulo.
A/N: ¿Alguien más está hypeado por la peli del Mario? Yo lo estoy al punto de que va a ser la primera película que veré en el pre-estreno. Sé que no parece la gran cosa, pero para un maldito tacaño como yo, que siempre espera las promociones y rebajas del cine pare ver las pelis, significa mucho.
Bueno, primero procederé a responder comentarios, antes de decir lo que tengo que decir sobre este capítulo:
Carlos Andres Araya: Me alegra que te guste, amigo.
Guest: Bueno, como puedes ver, ya tuvieron un pequeño roce. Pero quiero que el encuentro entre estos dos sea realmente una joya. Espero lograrlo.
Viruz Pirata: Es una confusión muy grande, porque, hasta donde yo he leído, el origen de las Armas se explica muy vagamente, limitándose sólo a decir que cada arma pertenecía a un mundo diferente antes de fusionarse como dice. Debería ponerme al día, pero con la sinapsis de que un volumen es literalmente un Máster Chef dije: "Bruh", y luego me vengo a enterar de que más adelante viajan al pasado y no sé qué vaina. Aunque bueno, volviendo al asunto principal, imagino que las Armas Vasallas tendrían el mismo origen que las cardenales ya que, bueno, son casi lo mismo; O tal vez todos tengan la misma restricción entre armas, sólo que, como en los volúmenes avanzados ya se pasan esta regla por la raja a combatir los cuatro héroes en un solo grupo, se vuelva ambiguo si es válida o no. Pero bueno, dejaré de expresar mi amor-odio por esta franquicia y lo dejaré en que todos tienen la misma regla, al final, no es la primera vez que me invento mis propias sandeces. Pero bueno, me extendí demasiado XD. Gracias por leer.
Gracias a todos los que se molestan en dejar su comentario, en seguir y darle fav a la historia, ¡me motivan mucho! Y el hecho de saber que ya casi hemos juntando 800 lecturas, me motiva aún más.
Ahora sí, sobre el capítulo: Sé que puede parecer más flojo que los demás, pero este capítulo sólo lo usé para relatar los sucesos que ya conocemos de la primera Ola, e imagino que sería aburrido tener que leer cosas que ya conoces. Pero de igual forma traté de meter un poco de emoción al Bowser combatir contra el jefe y teniendo el primer encuentro contra los tres héroes. De hecho, inicialmente planee en hacer que Mario y compañía vayan a la fiesta del castillo, pero no encontré ninguna forma natural y lógica por la que deban asistir a ese lugar sin forzar la trama, sin mencionar que el encuentro entre Bowser y Aultcray debe ser algo más emocionante que un asunto que se relate en pocos párrafos.
Y bueno: ¡Sip! ¡Cackletta está de vuelta! Y con eso se confirma que tendremos enemigos del universo de Mario en esta historia. Espero poder manejar todo bien y traer una historia de calidad.
Ah, también advierto que el próximo cap tomará un tiempo, ya que debo escribir un capítulo del fanfic que subo en wattpad. Así que, tengan paciencia por favor.
Dicho esto, ¡Se la lavan...!
