A/N: Hola. Sé que suelo poner mis notas al final, pero vi necesario poner esto aquí para evitar confusiones: Verán: Me encontraba leyendo información sobre el mundo de TNY para estar mejor informado, ya que fue hace tiempo que leí la novela Web y Ligera, y pues no quise que se me escape nada; y al parecer, tuve un error en la geografía, ya que el pueblo que Naofumi ayuda en la segunda Ola se llama "Riyute", no "Lerno", como había escrito. Igual, ese error ya está arreglado, pero decidí avisarlo aquí para que no haya confusiones a la hora de leer. Dicho esto, procedamos:
Capítulo 6: El Nido del Dragón.
—¡PRINCESAAAA PEEEEACH! —grita Starlow volando velozmente entre los pasillos y salones del castillo, buscando frenéticamente a la mencionada mientras tumbaba a cada toad que tenía el infortunio de ponerse en su camino.
Un par de puertas rosadas con marcos blancos se abren de par en par, mandando a volar en el acto a dos guardias toad que la vigilaban y mostrando a Starlow detrás de ella, con una cara histérica y respiración irregular.
Dicha puerta llevaba a una terraza del castillo en donde, cerca de los barandales, se encontraban sentadas en una mesa blanca con una sombrilla, a un par de damas que miraban al ser estelar de forma un poco atónita: La primera era la Princesa Peach, que sostenía con clase a una pequeña taza blanca en su mano derecha, y un pequeño platillo en la izquierda. La otra era una mujer de piel morena claro, ojos azules y cabello castaño. Vestía un vestido amarillento con adornos naranjas, con un broche en forma de flor en el pecho y dos pendientes a juego; también usaba guantes blancos y una corona dorada con rubíes redondos incrustados, además de otro adorno de flor.
—¿Qué le pasa al balón volador? —pregunta la del vestido amarillo, con una actitud que hace mucho contraste al actuar lleno de porte y elegancia que tiene Peach.
—Daisy, por favor. No llames de esa forma a un espíritu estelar —corrige peach a la otra princesa, dirigiéndose luego al espíritu—. ¿Qué necesitas, Starlow?
Con la atención de la princesa sobre ella, Starlow vuela hasta ella y le avisa en tono desesperado:
—¡Necesita decirle algo!
—¿Hm? Okay. Procede, pues —invita la princesa.
—No, no es algo que se pueda discutir en una conversación casual. Es… algo serio.
Ante lo dicho por el espíritu estelar, la Princesa Peach frunce un poco el ceño y luego se dirige hacia su amiga, diciéndole con ligero tono de decepción y angustia:
—Lo siento, querida Daisy, pero me temo que tendré que cancelar nuestra reunión casual debido a asuntos inesperados.
—Nah, no te preocupes. Ya me estaba aburriendo de todas formas —declara la princesa, provocando que a Peach le caiga una pequeña gota de sudor por la nuca al escuchar a su amiga decir que sus platica eran "aburridas", quien continúa después—. ¡Hey! ¿Puedo quedarme a escuchar la noticia yo también? Suena interesante.
—Uh, no veo por qué no —expreas Peach, levantándose de su asiento y sacando de un bolsillo de su vestido un objeto parecido a un teléfono, el cual lleva hasta su oreja y comienza a hablar—. Toadsworth, ¿tendrías la amabilidad de reunir al consejo, por favor? ¡Gracias! —dice antes de colgar.
Un rato después, un montón de personalidades se encontraban sentadas en una mesa de reuniones alargada en forma de "U"; la mayoría eran toads, además de Luigi, Starlow y la Princesa Peach a la cabeza con Daisy a su lado, comenzando Peach con la conversación:
—Bien, Starlow, ¿serías tan amable de compartir el asunto que nos tiene reunidos hoy aquí?
—Por supuesto —responde la mencionada, afinando su voz antes de relatar—. Luego de que el Star Rod enviara a Mario y a Bowser hacia tierras extranjeras, los Espíritus Estelares detectaron fuerzas externas llegar aquí.
—"Fuerzas externas". ¿Podría ser más específica, joven Starlow?" —expresa Toadsworth.
—Eso quisiera, pero ni siquiera los Espíritus Estelares pudieron sacar a la luz la naturaleza de estos fenómenos. Todo lo que sabemos es que tal parece que provienen del mismo mundo al que Mario y Bowser fueron enviados.
—Hmm. Entonces, ¿el hecho de que Mario y Bowser fueran enviados a otro mundo, dio como resultado que fuerzas extrañas del mismo invadan el nuestro? Ahora esto es serio. ¿Deberemos prepararnos para una especie de invasión? —expresa Peach.
—No lo creo. La influencia de estos poderes es algo baja, y los Espíritus Estelares ya se están encargando de bloquearlas. Pero ese no era el foco principal de esta reunión —declara Starlow.
—¿Ah, no? —comenta Toadsworth, confuso.
Starlow saca de quién sabe dónde un pequeño aparato morado que parecía una consola de videojuegos portátil, quien después de presionar un botón con uno de sus pies flotantes, lo tira hacia el piso en donde la pantalla comienza a brillar, explayando después un holograma de una mujer de complexión muy robusta y piel color verde, dos pequeños ojos achinados, nariz casi inexistente y una boca exageradamente grande formada en una gran sonrisa; cabello afro color morado que se extendía por todos lados de su cabeza menos por el tope, en donde estaba ubicada un pequeña corona dorada con una gema verde redonda en el frente. También usaba un vestido escotado de una pieza color naranja rojizo, dos zapatos color negro en sus pies que casi eran engullidos por su cuerpo y un par de brazaletes dorados en cada muñeca, finalizando con un par de anillos en dos de sus dedos de cada mano.
—¡Reina Haba! ¿A qué debo el placer? —expresa Peach, inclinándose cordialmente ante la mujer.
Daisy, luego de mirar al holograma de la mujer, se acerca discretamente a Peach para susurrarle:
—Oye, ¿esa es la Reina Haba, gobernante del Reino Haba? Cuando me hablaste sobre ella, nunca mencionaste que sería tan… grande.
—¡Daisy! —susurra de vuelta.
—¿Y ya viste su pecho? ¡Dios mío, son más grandes que mi cabeza y la tuya juntas! Espero no sorprender a Luigi mirándola, porque si es así, está más muerto que un cheep cheep en el Reino Desértico.
—¡Daisy! ¡Basta de hablar del busto de la reina haba, por favor!
Antes de que las dos damas puedan seguir susurrándose, la Reina Haba decidió tomar la palabra con una prominente voz:
—¡JOJOJOJO! ¡Saludos, Princesa Peach! He de decir que me apena mucho el tener que hablar contigo por este medio, pero la urgencia de la noticia que tengo no puede esperar a que me dé un viaje hasta tu reino.
—No tiene de qué preocuparse, se majestad. De hecho, agradezco el gesto de priorizar la urgencia de la situación ante meras formalidades —responde Peach, continuando—. Ahora, ¿será que puede hacernos saber qué es este asunto que nos tiene a todos intrigados?
Antes de responder, el holograma de la reina toma un largo respiro y cruza los brazos, declarando después:
—Se trata de Cackletta…
Ante la declaración de la reina, toda la sala del consejo quedó en un silencio sepulcral, pues la mayoría palideció ante la mención de dicho ente.
—¿Quién...? —pregunta Daisy, totalmente perdida de la situación.
—P-Perdone, su majestad, pero según tenía entendido: El alma de Cackletta fue destruida luego de que Mario y Luigi la derrotaran —expresa Peach, también atónita por la noticia.
—No del todo, princesa. No fue destruida como tal, sino que su alma fue reducida a mera esencia cósmica que vagaba por el mundo. Pero no hace mucho, mi inteligencia descubrió que una fuerza externa se llevó esa esencia. ¿El fin? Desconocido en su totalidad.
—Y esa "Cackletta", ¿es una villana o algo así? —pregunta Daisy.
—Sí, es una bruja que intentó tomar control del Reino Haba hace un tiempo. Mario y Luigi la detuvieron —aclara Peach.
—Entonces, conscientes de que la "esencia" de esa bruja aún vagaba por ahí, ¿no hicieron nada para capturarla o destruirla, y sólo se limitaron a observar? No fue un movimiento muy inteligente de su parte, majestad —señala Daisy con los brazos cruzados, provocando que la Reina Haba frunza un poco el ceño y Peach ponga cara de consternación por el poco tacto de su amiga.
—D-Daisy... —expresa Peach.
—Es verdad... —declara la reina con pesar de repente—. Fue negligente de nuestra parte el no hacer algo con respecto a la esencia de Cackletta pues, en nuestra ignorancia, creímos que es ese estado era totalmente inofensiva. Agradezco su sinceridad, Princesa Daisy de Sarasaland, puesto de que nuestros errores, podemos aprender.
—El punto es... —interviene Starlow de Repente—... que tenemos razones para creer que la fuerza que detectaron los Espíritus Estelares, y la fuerza que se llevó la esencia de Cackletta, son la misma.
—Hum. Entonces, algo o alguien se ha llevado a esa bruja al mundo a donde fue transportado el maestro Mario y Bowser para hacerles más difícil la tarea —concluye Toadsworth.
—Ese apunta a ser el caso —concuerda Peach—. Pero entonces, ¿cómo procederíamos? No tenemos forma de advertir a Mario de la inminente amenaza que se le presentará, además de que no sabemos con qué asunto está lidiando en el mundo al que fue enviado.
—¿Qué tal el usar el Star Rod para enviar un aviso o algo así? —sugiere Daisy.
—¡Imposible! —salta Starlow—. ¡El Star Rod es la fuente de poder de los deseos de todo el mundo! Usarlo de forma irresponsable podría desatar el caos así que, si no es porque el Star Rod mismo lo permite, nada se puede hacer.
—¡Yo iré! —salta una voz de repente, llamando la atención de todos en la sala quienes se giran a verlo.
Era Luigi, levantando la mano y mostrando una cara decidida y determinada.
—Mario fue enviado a ese lugar porque la gente de allí deseó que un héroe lo salve, y dicho deseo fue aprobado gracias a que era puro. Entonces, si deseo con todas mis fuerzas ir a ayudar a mi hermano, yo también seré llevado allí. No permitiré que mi hermano luche sólo contra esa bruja, necesito ir a ayudarlo.
La sala quedó en silencio por un momento, y Daisy y Peach se miraron entre sí por un segundo, para que luego, la princesa del Reino Champiñón, hable:
—Sí, es posible, ya que tu deseo de ayudar a Mario es la cosa más pura que puede existir, Luigi. Pero, si te vas, el Reino Champiñón quedará desprotegido, pues ambos de sus más grandes héroes se habrán ido, y el que Bowser tampoco esté, no significa que estemos libre de amenazas. Por favor, quédate, Luigi. No te lo ordeno como princesa, te lo pido como amiga —expresa con sinceridad.
Luigi reflexionó las palabras del mandatario por unos instantes, resignándose a dejar salir un suspiro de decepción y angustia, pues lo que decía la princesa era verdad: Ahora que no estaba Mario, la responsabilidad de proteger el Reino Champiñón caía sobre él, pero eso no evitó que siga preocupándose por su hermano.
—Si te hace sentir mejor —continúa Peach—, haré todo lo posible para evitar que estas fuerzas desconocidas sigan causándole problemas a Mario. Enviaré al Capitán Toad, a una misión de investigación para descubrir la naturaleza de estas fuerzas y saber qué otras cosas ha estado haciendo. Eres libre de colaborar, si así lo deseas.
—Lo mismo por aquí —expresa la Reina Haba—. Mi armada también investigará si esas fuerzas extrañas siguen causando altercados. Por ahora y a mi pesar, informo que debo retirarme.
—Fue un gusto, su majestad —dice Peach, inclinándose cordialmente para despedir a la Reina Haba, cuyo holograma de pronto desapareció—. Se levanta la sesión.
Ante la orden de Peach, todos los toads se levantan de sus sillas para ir a atender sus asuntos, quedando en la sala sólo Luigi, Peach, Daisy y Toadsworth.
—¿Qué piensas, Daisy? —le pregunta Peach a su amiga.
—Que cada vez que vengo a visitarte, sucede un desastre —responde, para luego levantarse de su asiento—. Pero bueno, supongo que yo también debo retirarme. Puede que también estén pasando cosas extrañas en Sarasaland, así que debo de asegurarme que todo esté bien. Te veo luego.
—Adiós, cuídate —expresa Peach.
Daisy camina por todo el salón para dirigirse a la puerta, no sin antes pasar cerca de Luigi y dedicarle unas palabras:
—No te preocupes, el regordete de tu hermano estará bien. Es un tipo duro y lo sabes —expresa, sacudiendo la gorra del fontanero menor.
—Sí, tienes razón. No debería dudar así de Mario, él puede con todo lo que se le venga en frente. Es sólo que... no puedo evitar preocuparme. Gracias, Daisy —expresa Luigi.
—Oh, ¿qué harías sin mí? —dice, con cierto toque soberbio—. Irás a visitarme a Sarasaland la próxima semana, ¿no?
—E-Eso creo, sí —responde el fontanero.
—Más te vale.
Y dicho esto, la princesa se retira de la sala, cerrando las puertas tras ellas y provocando un ruido que hizo un montón de eco.
...
Un camino de tierra se marcaba de entres los matorrales, y por el mismo, un carruaje tirado por filoliales viajaba a paso lento, cuyas ruedas traqueteaban incesantemente por el camino. Mientras sus conductores, que eran dos hombres de apariencia de pocos amigos, se regocijaban al contar los objetos dentro de una clase de bolsa.
—¡Sí que obtuvimos muchas cosas! Tenías razón: Saquear ese pequeño asentamiento semihumano fue una buena idea —expresa uno de los hombres.
—Seh, pero el verdadero botín, está atrás. ¿Cuánto crees que nos den por ellas? —pregunta el otro.
—Al menos unas 6 platas cada una. Pero, si las obligamos a subir de nivel para que se desarrollen, pueden llegar a valer hasta 30 oros.
—Oye, esa es una gran idea. De hecho, deberías dejarme divertirme con una antes de venderlas.
—Ni hablar. Así pierden su valor.
El par de saqueadores siguió conversando, hasta que de pronto, algo llamó su atención: Una figura cubierta en una capucha negra caminaba por la orilla del camino, y los saqueadores pusieron sonrisas mañosas al encontrarse con una nueva víctima a la cual robar.
El primer saqueador hace un movimiento con las riendas del carruaje y provoca que el vehículo realice un giro bruco y así, bloquearle el paso a la encapuchada.
—Oi, oi. ¿A dónde con tanta prisa? —expresa sonriente uno de los ladrones, que luego se baja del carro junto a su compañero y desenvaina una espada.
—Escucha: Suelta todo lo que tienes y, si traes algo de valor, tal vez decidamos no venderte como esclavo.
Los saqueadores no obtuvieron respuesta del encapuchado, pues nomás se quedó ahí con la cabeza baja y en total silencio.
—¡Oye, ¿eres sordo o qué?! ¡Suelta todo, dije! ¡¿O es que acaso quieres que te corte el cuello?! —ordena el ladrón de forma más amenazadora, acercando el filo a la figura encapuchada.
Y antes de que pudieran hacer cualquier cosa, el saqueador que apuntaba a la figura es agarrado del cuello por la misma, sostenido ferozmente por una mano arrugada color verde con dedos puntiagudos.
—¡Gahk! —expresa el ladrón, agonizando por la asfixia y el apretón.
—¡Bujijijijijiji! —se oye tal macabra risa provenir de la figura.
EL otro ladrón no pierde tiempo y también desenvaina una daga para ayudar a su compañero, pero la figura levantó otro de sus verdosos brazos apuntando a él, para que luego un rayo morado lo golpee con el poder suficiente para dejarlo desmayado y con varias quemaduras de tercer grado por todo el cuerpo.
Viendo cómo su compañero fue abatido, el otro saqueador comenzó a hacer esfuerzos titánicos por sobreponerse a la falta de aire y al dolor que le causaba el agarre de la figura, intentando apuñalar con su espada a su captor.
Para su sorpresa, la figura encapuchada apunta al piso con su brazo libre, en donde se abre una especie de agujero explayado que daba a un negro abismo, con un horizonte de eventos hecho de un miasma morado y negro. Y sin más, la figura deja caer al ladrón en el agujero negro, quien pegó un grito que resonó con un eco por todo el lugar, para ver después cómo el mismo cayó desde arriba y golpeó el piso con un ruido desagradable.
La figura alza un poco más su cabeza, dejando ver que, en efecto, se trataba todo el tiempo de Cackletta, quien sonríe macabramente al ver los cuerpos de los saqueadores en el piso.
Los filolias que tiraban del carro, viendo cómo esa extraña mujer venció a estos dos saqueadores, intentaron huir, pero luego la bruja les pegó una mirada mortal que de alguna forma les hizo saber que sería mejor para ellos que no se movieran.
—Bien, al fin conseguí un transporte —expresa la bruja, viendo el carruaje—. Parece una antigüedad pero, por lo poco que pude explorar de este reino, parece una civilización demasiado atrasada. Pero bueno, luego me las apañaré.
En lo que estaba dispuesta a montar el carruaje, Cackletta escucha una especie de ruido sordo en la cabina del vehículo que, curiosa, se asoma para ver y descubre a tres niñas humanas encadenadas que tenían un aspecto extraño para la bruja, pues cada una presentaba un set de características de animales en sus cuerpos: La primera era de piel morena y pelo negro corto, con orejas y cola de una especie de felino. La otra tenía cabello blanco y piel pálida, con un par de orejas redondas que recordaban a las de un oso; y la última era castaña de piel blanca, de cuya cabeza salían dos cuernos que se enrollaban en forma de caracol.
Todas tres tenían aspecto andrajoso y vestían con harapos, además de que cuyos ojos hacían juego con sus cabellos, con los que miraban a Cackletta con temor e incertidumbre.
Desinteresada, la bruja levanta su mano para acabar con estas tres, pues para ella no serían más que peso muerto que no le serviría de nada. Pero luego, una resolución golpea la cabeza de la bruja, lo que la obliga a bajar su mano y en su lugar esbozar una sonrisa.
—Están de suerte, humanas. Porque yo, la gran Cackletta, he venido a rescatarlas…
…
—Entonces, ¿qué tal? —le dice Erhard a Mario.
El pequeño fontanero estaba totalmente cubierto por una armadura medieval, con una posición tan rígida que lo hacía parecer más una estatua que otra cosa.
—Esa es la "Armadura Pesada de los Enanos". Hecha específicamente para gente de baja estatura como tú, y proporciona un gran aumento de defensa física y mágica —continúa.
—Es, uff, muy impresionante. Pero no creo que sea algo de mi estilo —opina Mario, quitándose el casco—. Prefiero usar mi ropa común: Es liviana y me ayuda a moverme con más facilidad. Además, estoy muy acostumbrado a ella; demasiado, diría yo
—Puedo estar de acuerdo contigo en eso, Mario-san, pues tu estilo de lucha se basa mucho en la agilidad. Pero debes mejorar tu equipo si es que quieres mantenerte con vida. Los enemigos cada vez son más fuertes y no puedes esquivar para siempre —aconseja Eclair.
Antes de que pudieran continuar, se oyó un estruendo junto con un sonido de madera rompiéndose y una nube de polvo, viéndose luego a Bowser frente a la puerta, con un agujero en la misma en forma de su silueta atrás de él.
—¡Oh, vamos! —Se queja el herrero.
—¡¿Por qué cuernos tardan tanto?! —se queja el rey koopa—. ¡Si tengo que aguantar a esa lagartija azul por un minuto más, lo asaré vivo!
—Intentamos buscar una armadura adecuada para Mario-san. No puede quedar sólo con esa capa amarilla, necesita actualizar su equipo —informa Eclair.
—Hmm. Si está tan arraigado a usar sus ropas convencionales, ¿qué tal si prueban con ropa mágica? —sugiere Erhard.
—"¿Ropa mágica?" ¿Y eso qué es? —pregunta Mario.
—Es un tipo de equipamiento hecho a la medida, utilizada mayoritariamente por hechiceros o personas que pueden cambiar de forma, como los semihumanos. Estas también proveen de estadísticas y efectos mágicos como las armaduras —explica el herrero.
—Eso suena bien para mí. ¿Y dónde conseguimos eso? —pregunta el fontanero.
—Vayan a ver a la modista, está a unas cuantas tiendas de aquí.
—Listo. ¡Gracias, Erhard!
—De nada, ¡vuelva pronto! —Se despide el herrero, con el grupo saliendo se su tienda y encontrándose con los demás para luego, ir en conjunto hacia la tienda de la modista.
La dueña de la sastrería era una mujer excéntrica de cabello rubio opaco peinado en un moño y ojos a juego, que usaba lentes y un delantal. Dicha mujer le dijo a Mario que perfectamente podría hacer una copia de sus ropas, pero que necesitaban hilo mágico para el asunto, pasando a explicar que el hilo mágico es una especie de hilo creado a partir del propio maná del usuario, e indicando que pueden encontrarla en la tienda de magia en las cercanías, a la cual el grupo acudió sin perder tiempo.
—Oigan, ¿creen que es seguro que paseemos con Bowser por la capital como si nada? —pregunta Eclair en lo que caminaban a la tienda de magia—. Es un milagro que los soldados no lo hayan reconocido como el semihumano que se adueñó de Lurolona.
Ante la pregunta de Eclair, Mario se encoge de hombros y responde.
—No sé, puede que, como se trata de una aldea semihumana, el rey le tenga tan poca importancia que simplemente dejó pasar el suceso.
—Humm, no sé. El rey no es el tipo de persona que deja pasar algo así... —expresa Eclair, un poco angustiada por la incertidumbre de este hecho.
Pero su conversación se vio interrumpida cuando llegaron a la tienda de magia en donde entran y, para su fortuna, esta sí tenía una puerta lo suficientemente grande como para que Bowser cupiera.
El establecimiento estaba conformado por un mostrador de madera con una bola de cristal sobre él, rodeado por muchas estanterías con objetos variados de índole mágica, y una mujer mayor que vestía un traje de bruja morado atendiendo detrás del mostrados.
—¡Bienveni... oh! —expresa la encargada, reconociendo al grupo al instante—. ¡Pero si son ustedes, el grupo que ayudó al Héroe del Escudo a proteger a Riyute en la Ola! Gracias a ustedes, mi nieto está sano y salvo. Quise agradecerles apropiadamente, pero el Héroe del Escudo me dijo que se separaron al completar la Ola.
—Sí, tuvimos que... volver a un lugar —expresa Mario—. En fin, madame, venimos por hilo mágico.
—¡Oh! ¿Ustedes también? Hace unos días, el Héroe del Escudo también estuvo aquí, preguntando por hilo mágico...
—(¿Naofumi? Qué extraño. ¿Para qué lo querrá?) —piensa Mario.
—… Pero lastimosamente, y como le dije a él —continúa la bruja—, la piedra mágica para hacer hilo se me dañó, y es muy difícil conseguir otra. Pero el Héroe del Escudo dijo que se encargaría de conseguirla.
—¡Bah! Entonces vinimos hasta aquí para nada —se queja Bowser.
—Nada de eso, señor tortuga. Es la oportunidad perfecta para agradecerles el salvar el pueblo de mi nieto, tengan —y procede a darle a Mario un gran y grueso libro de tapa morada.
—¿Un Grinomio? —pregunta Eclair.
—Yoshi (¿Puedo comérmelo?) —expresa Forest.
—Así es, también le di una al Héroe de Escudo. Es muy útil para aprender magia de cualquier tipo, ya sea Bruma, Zweite o Drifa. También puedo verificar sus aptitudes mágicas si quieren.
—Aptitud, ¿qué es eso? —pregunta Raphtalia, quien había permanecido callada hasta ahora.
—Una aptitud es el tipo de magia con el que eres más compatible con respecto a varios factores. Si una persona usa magia que no es de su aptitud, esta será significativamente más débil que en el caso contrario, y su eficacia será nula —explica la bruja, continuando—. A ver, veamos qué tenemos…
La mujer mayor pasó su atención a la bola de cristal que descansaba sobre su mostrador de madera, mirando el objeto fijamente hasta que sus ojos parecieron iluminarse un poco, pasando después a ver al grupo con una cara de que tenía una respuesta.
—Usted, señor del bigote, tiene una aptitud de Fuego: Puede realizar hechizos ofensivos de ese elemento, además de magia de apoyo en base a este que aumenta estadísticas como la fuerza —declara la anciana.
—Bueno, no es una sorpresa para mí. Después de todo, ya he usado magia de fuego antes —dice Mario, dejando que la bruja continúe.
—La señorita caballero puede usar Magia de Apoyo enfocada en la velocidad.
—Sí, ya lo sabía —declara Eclair.
—La joven semihumana tiene aptitud de luz y oscuridad: Esxisten muchas alternativas para estas aptitudes, pero como ella es una Racoon, le recomiendo la Magia Ilusoria. La aptitud de la pequeña criatura azulada es de Rayo; y el señor tortuga gigante puede usar magia de Oscuridad.
—Wow, vaya sorpresa —comenta Mario, sarcásticamente.
—Cierra el pico —responde, dirigiéndose luego a la anciana—. ¿O sea que puedo hacer ilusiones como la mocosa?
—Oh, no. Ese tipo de magia sólo es accesible si tienes las aptitudes de luz y oscuridad. Pero la magia oscura por sí sola tiene muchos usos: Puede usarse de forma ofensiva o para debilitar oponentes.
—Hmm, entiendo —asiente Bowser en comprensión.
—Dicho esto, les haré saber cuando la rueca esté reparada. Espero que estén satisfechos.
—Gracias, madame —dice Mario, haciendo un gesto con su gorra y salir, en conjunto de la tienda de magia.
—Entonces, ¿y ahora qué? —pregunta Eclair.
—Volver a mi aldea, eso sigue —ordena Bowser.
—La señora maga dijo que el Héroe des Escudo traería la piedra mágica pronto, por lo que creo que sería más conveniente esperarlo aquí en la capital, en lugar de volver a Lurolona y tener que hacer otro viaje —sugiere Raphtalia.
—¡Yoshi! (¡Tengo hambre!).
—¿Y qué tal si hacemos una misión para matar el tiempo? Tal vez cuando regresemos, Naofumi ya haya conseguido la piedra —sugiere Mario.
—Bueno, tenía ganas de golpear algo de todas formas —concuerda Bowser.
…
—"Urgente: Se necesita personal especializado para encargarse de un Dragón que se ha asentado en las cercanías del pueblo llamado "Mirso", cuyos habitantes están desesperado ya que la presencia de la bestia provoca que monstruos menores invadan la aldea en busca de refugio, además de que interfiere con las rutas comerciales, puesto que los comerciantes se niegan a pasar por esa zona por miedo a sus vidas. Recompensa de 10 Oros y 67 Platas" —cita Mario, leyendo el papel en sus manos.
—¡Impresionate! Has mejorado un montón desde que empezaste a estudiar la escritura de Melromarc —felicita Eclair.
—Jeje, gracias. No es tan difícil una vez le pillas el truco. Volviendo a la misión en sí, es una recompensa muy grande —dice Mario.
—Naturalmente, estamos hablando de un dragón —expresa Eclair.
—La pregunta es, ¿quién se queda con el trabajo? —pregunta Bowser, cruzado de brazos—. Si esos dragones son tan poderosos como los hacen ver, entonces yo debería encargarme. Un enano como tú sólo serviría para quedarse atascado entre sus muelas.
Mario estaba a punto de protestar, pero fue impedido ya que una voz femenina se hizo presente:
—O mejor aún: "Ninguno la hace" —expresa severamente la persona, tratándose de la encargada del gremio, quien arrebata el papel de las manos del fontanero y los mira severamente.
—Oh. Hola, Olivia —saluda Mario.
—¡Nada de "Hola"! ¡¿Qué creen que estaban haciendo, manga de tontos?! —expresa severamente.
—¡¿Y tú quién te crees para hablarme así?! —escupe Bowser.
—Prácticamente tu jefe —responde, si siquiera un atisbo de intimidación por parte de Bowser—. Y no puedo dejar que hagan esta misión.
—¿Y por qué no, Olivia-san? —cuestiona Raphtalia.
—Porque es una misión nivel Obsidiana. No sé qué hace aquí, sospecho que algún gracioso la ha de ver puesto aquí para ver si algún pobre desgraciado la aceptaba.
—Vamos, Olivia. ¿No puedes hacer una excepción por una vez? —pregunta Mario.
—Hay formas más sencillas de suicidarse, ¿para qué quisieran ir a luchar contra un dragón siendo de rango plata? —dice Olivia.
—Mirso queda relativamente cerca, y las misiones que no necesitan de un medio de trasporte no nos aportan ya de experiencia suficiente para subir de nivel —explica Eclair.
—No me interesa. Reglas son reglas, y por más que supliquen, no puedo hacer que escojan una misión de este nivel.
La declaración de Olivia hizo que el grupo se mirar entre sí por un momento. A veces lo estricta que era la encargada del gremio no hacía más que retrasarlos, pero tampoco podían culparla, pues sólo estaba haciendo su trabajo.
Mario se acerca hasta la encargada y le hace un gesto, como diciéndole que se acerque para decirle algo en voz baja, lo cual accede y, cuando está lo suficientemente cerca, Mario dice:
—Verás, Olivia. No tenemos la intención de molestarte al elegir misiones de mayor rango, pero la cosa es, que tanto Bowser como yo somos Héroes Vasallos, y necesitamos esa misión para subir más de nivel. Así que, ¿puedes, por favor, dejarnos tomar esa misión?
—... Bueno, al menos esa es nueva. ¡Felicidades! Me acaban de dar otra adición para mi lista de "Excusas estúpidas de aventureros" — dice Olivia sarcásticamente.
Ante la incredulidad de la encargada, Mario resopla, derrotado; y junto con Bowser cambian el aspecto de sus armas a la original discretamente, para que así, solamente Olivia tuviera un vistazo de estas y poder corroborar que lo que decía Mario era verdad.
La encargada se quedó pasmada por un segundo, incrédula de que lo que dijo Mario era cierto, pues cualquiera podría reconocer un Arma Vasalla con tan sólo verla. Dicho esto, Olivia mira el papel de la misión con cierto toque de duda, para luego llevarlo hasta su mostrador se sellarlo, terminando por tendérselo a Mario.
—Espero no arrepentirme de esto, buena suerte —dice Olivia para luego irse.
—Bueno, ya tenemos la misión. La pregunta es, ¿quién la toma? —pregunta Eclair.
—¿Qué tal si vamos todos? —sugiere Mario, continuando—. Tal vez no obtengamos experiencia, pero sí materiales del dragón. Además de que ayudaremos a esa gente, que es lo importante.
Tanto Eclair como Raphtalia y Forest estuvieron de acuerdo con lo que dijo el fontanero. Luego todos pasan a ver a Bowser, quien estaba de brazos cruzados y pensativo de si valía la pena hacer esa misión en grupo.
—¡Bah, ya qué! —declara el koopa.
EL grupo celebre se dirige hacia el lugar de la misión sin perder el tiempo.
EL pueblo de Mirso estaba relativamente cerca de la capital, por lo que sólo bastó un pequeño viaje en un carruaje alquilado para poder llegar hasta allí, surgiendo una pequeña conversación en el transcurso:
—Ahora que lo pienso, necesitamos un medio de transporte —sugiere Eclair de la nada mientras viajan—. Necesitamos poder acceder a lugares más lejanos si queremos seguir fortaleciéndolos.
—¿Y qué hay de los carruajes y dragones del pueblo? —sugiere Raphtalia.
—Los pueblerinos los están usando para rutas comerciales. No sería adecuado arrebatarles sus herramientas de trabajo mientras intentan reconstruir el pueblo —dice Mario.
—¡Yoshi! (¡Yo puedo llevarlos a donde sea, soy muy rápido!)
—No creo que alcances a llevarnos a todos en tu espalda, Forest. Sobre todo a un mastodonte como Bowser —dice Mario.
—¡Te escuché! —grita desde atrás el mencionado, diciendo después—. Y a diferencia de todos ustedes, bola de ineptos, yo ya pensé en eso desde hace tiempo.
—¿Ah, sí? ¿Y qué es lo que tramas? —pregunta Mario.
—¡Jé! ¡Ya lo verás! El bigote se te caerá de la impresión. Sólo espera, enano.
...
El pueblo de Mirso no era nada del otro mundo, pero a diferencia de Riyute, tenía un aire más urbano parecido a la capital, a diferencia de un típico pueblo campesino.
Cuando la carroza dejó a nuestro grupo protagónico en el mismo, varios de los pueblerinos pararon de hacer sus actividades para tener un buen vistazo de los recién llegados. Y por su parte, todo el grupo pudo notar cierto toque de preocupación en las caras de algunos de los aldeanos y alivio en otras, atribuyéndolo a que tiene que ver con el asunto del dragón.
Después de unas cuantas preguntas, el grupo recibió indicaciones de dónde estaba la bestia, que era la cima de una colina rocosa que se podía ver desde el poblado mismo, en donde el grupo no perdió tiempo y emprendió un viaje cuesta arriba, predominando en el mismo varios monstruos de poca monta que pasaron por encima, hasta dar finalmente con lo que parecía ser una gran cueva ubicada cerca de la cumbre de la montaña.
—Bien, este parece ser —dice Mario.
—Sí, el aire está pesado y huele a quemado; obvia presencia de un dragón —declara Eclair.
—Parece que no le da miedo luchar contra un dragón, Eclair-san —dice Raphtalia, con un tono un poco temeroso por el inminente desafío.
—El pensar que me enfrentaré a un enemigo de tal magnitud, sólo me hace emocionar mucho más. ¿Qué hay de ti, Raphtalia-san?
—Yo… bueno, la verdad es que no estoy muy segura si deberíamos enfrentarnos a algo como esto.
—¡Déjate de tonterías! El miedo es para los cobardes e inútiles. Un miembro de la Koopa Troopa como tú no debería mostrar miedo nunca —regaña Bowser.
—U-Uh. ¡Sí, Bowser-sama, seré valiente! —exclama Raphtalia, ahora con una nueva fuente de valor.
—Entonces, ¿qué hacemos ahora? Porque no creo que sea una buena idea entrar y decir: "Hola, señor dragón, ¿podría por favor irse de este lugar? Gracias". Necesitamos un plan —dicta Mario.
—Hmm... tal vez podríamos planear una especie de emboscada con una distracción —sugiere Eclair con expresión pensativa.
—Podríamos usar un ataque potente para hacer que esa cueva colapse y así enterrarlo vivo —dice Bowser.
—Pero, ¿eso no le impediría a usted y a Marionii-san obtener los materiales del dragón? —cuestiona Raphtalia.
—¡Cuernos! Es cierto —se queja el koopa.
—¿Y si los atacamos todos en conjunto? —sugiere Eclair.
—Qué idea tan estúpida —responde Bowser.
—No tiene que ser tan grosero —se queja.
—¡Argh! Si tan sólo tuviera un Megachampiñón —expresa Mario.
—¡Yoshi! (¡Tengo Hambre!).
—¡Hey! ¿Qué hacen aquí? —se escucha una nueva voz mientras el grupo discutía, lo que los hace parar con su ajetreo y girar sus cabezas para prestarle atención a la recién llegada:
Una chica de entre los 11 a 13 años de edad, piel blanca, ojos de iris amarillos, pelo corto color naranja cuyos dos mechones delanteros estaban peinados hacia atrás en una trenza que rodeaba toda su cabeza, y el resto de él se esparcía hacia los lados en forma puntiaguda, de donde también sobresalían dos orejas de tipo perro. Usaba una camisa de manga larga color blanco, una capa con capucha color azul con dos bolsillos y un decorado dorado y blanco en la zona de la unión. Falda corta color marrón, así como sus botas que tenían color cian en las puntas.
—Uuuh, ¿y tú qué haces aquí niña? Es peligroso —expresa Eclair.
—¿Yo? —dice la recién llegada, apuntándose con su dedo—. Yo vivo aquí. De hecho, los que deberían irse son ustedes: Papá salió no hace mucho a buscar comida, y a él no le agradan los extra-.
La peculiar niña paró en seco cuando su mirada captó al Yoshi azulado, y sus ojos de repente captaron un brillo indescriptible y su cara se iluminó a al presenciar a tal extraña, pero increíble criatura.
—¡Oh, dios mío! ¡¿Qué es eso?! —expresa la niña, acercándose abruptamente hasta el Yoshi, quien dio un paso hacia atrás por la sorpresa—. ¿Eres un dragón de tierra? No, ninguno de ellos tiene una pigmentación como la tuya. ¡Tienes alas! ¡¿Puedes volar?! ¿Por qué tu nariz es tan grande? ¿Eso de tu espalda es un caparazón?
El grupo quedó extrañado por la actitud de la niña, pues al ver al yoshi pasó olímpicamente de ellos y se enfocó en analizarlo pieza por pieza.
—¿Y esta mocosa? —pregunta Bowser.
—No lo sé. Dijo que vivía aquí, ¿no? —dice Mario.
—Pero no he visto ninguna casa en todo el trascurso de subida —expresa Raphtalia.
—Y aun así, ¿quién estaría tan loco como para asentarse en el territorio de un dragón? —pregunta Eclair, dirigiéndose después hacia la niña que aún seguí maravillada con Yoshi—. Oye, pequeña, ¿cómo te llamas?
La niña para de analizar a Forest para prestarle atención a Eclair y responderle:
—Wyndia —responde sin más.
—¿Y tu apellido?
—No tengo. Sólo soy Wyndia.
—¿Y dónde está tu casa?
La chica gira su cuerpo y apunta, para confusión del grupo, hacia la cueva que ellos creían que era la madriguera del dragón.
—¿Tu casa está dentro de esa cueva? —pregunta Mario, acercándose.
—No, vivo en la cueva —declara.
El grupo quedó más confundido por lo que la chica decía, y la situación les parecía cada vez más extraña al no encontrar la lógica del por qué una chica se encontraba sola en la montaña, diciendo que vivía en una cueva. Hasta que de pronto, Mario recordó una de las cosas que dijo, lo que no tardó en consultar.
—Oye, dijiste que tu papá había salido por comida, ¿no?
—Sí, así es —dice Wyndia, asintiendo con la cabeza.
—¿Será que podemos quedarnos a esperarlo? Me gustaría hacerle algunas preguntas.
La niña rápidamente se pone tensa y niega con la cabeza frenéticamente, intrigando un poco al grupo.
—No, señor. Como dije, a mi papá no le gustan los extraños. Si él vuelve y los ve aquí, estarán en problemas.
Mario, Eclair, Raphtalia y Forest se miran entre sí, compartiendo el sentimiento de incertidumbre por todo el asunto que rodea a esta extraña muchacha.
—¡Bah! ¡Ya basta! —ruge Bowser—. ¡Ya déjense de tontear con esta mocosa y procedamos con la misión! ¡Vamos, busquemos a ese estúpido dragón!
La declaración de Bowser hizo que la niña se exalte un poco, y justo antes de que pudiera realizar cualquier acción, un fuerte rugido se escuchó por todos lados, acompañado con un leve terremoto y un vendaval que se llevó consigo todas las hojas secas y pequeñas piedras que habían alrededor. Nuestro grupo se echó para atrás cuando la imponente figura de un gran dragón aterrizó con un estruendo justo frente a ellos, levantando una nube de polvo y causando otro temblor.
—¡Papá! —celebra Wyndia alegremente.
—"¡¿PAPÁ?" —exclama el grupo en sincronía.
—¡¿El dragón es su papá?! ¡¿Eso es normal por aquí?! —pregunta Mario.
—Se de dragones que adoptan monstruos bajo su seno, pero nunca he escuchado el caso de que críen a un semihumano —dice Eclair.
Luego de pegarle un rápido vistazo a su cría para comprobar su salud, el dragón mira fijamente al grupo de forma amenazadora. Pegando pequeños rugidos y con una mirada hostil, el dragón da lentos pasos adelante, acercándose al grupo de forma lenta mientras ellos daban pequeños pasos hacia atrás. Bowser, aunque imitando la acción de los demás al retroceder, se mantuvo sereno y con una mirada seria hacia el dragón, esperando el momento adecuado para lanzarse al ataque.
—¿Qué hacemos ahora? Todos nuestros planes se fueron por la borda —dice Mario en voz baja.
—Sea lo que sea, hay que actuar rápido —expresa Eclair.
—Yoshi. (Muy grande) —opina Forest.
En lo que discutían un rápido y desesperado plan de acción, el dragón abre la boca, de la que se escapó una pequeña cantidad de vapor para luego escucharse un penetrante y firme voz:
—¡Largo!
Todos abrieron sus ojos como platos al escuchar que una voz provenía de la gran bestia, cuyo hocico ni siquiera se movía al son de sus palabras, dando la ilusión como si estuviera hablando desde su mente.
—¡Lárguense antes de que los convierta en cenizas! —advierte la bestia.
—¡Habla! ¿Los dragones pueden hacer eso? —le pregunta Mario a Eclar.
—N-No, sólo cierto rango. Esto no es un dragón cualquiera, chicos; Nos enfrentamos a un Dragón Emperador.
Pero Eclair no pudo seguir explicando, ya que al ver que los intrusos no se marchaban, el dragón ruge hacia el cielo como última advertencia, y el grupo se estremeció y tomaron posturas defensivas.
—Bien, ¿qué recomiendas hacer? —pregunta Mario.
—Sinceramente, no sé —responde Eclairm continuando—. Nunca me he enfrentado a un Dragón Emperador, pero mentiría si dijera que este hecho no me emociona.
—Bueno, ya estamos aquí, así que debemos de hacer algo.
Y con su paciencia al límite, el dragón suela una feroz llamarada que obliga a cada integrante del grupo a saltar en diferentes direcciones para evitar ser achicharrados. Todos preparan sus armas, listos para la batalla que acaba de comenzar; y Wyndia, consciente de la situación decide retroceder y esconderse tras unas rocas.
Bowser es el primero en atacar, corriendo de frente hacia el dragón y luego pegando un salto, planeando darle un zarpazo en la cara que no pudo atinar, pues el koopa fue enviado al piso de nuevo con un latigazo de la larga cola del reptil, para que luego use la misma para intentar aplastar a Eclair que pudo salvarse a penas con una rodada lateral.
Mario envió un par de bolas de fuego que simplemente se disiparon en las escamas de la bestia, Raphtalia retrocedió al ver que, por el momento, nada podía hacer contra la criatura; y Bowser se levantó tras unos segundos, listo para atacar de nuevo, recitando:
—¡Zarpa del Rey!
Los cuatro dedos del Koopa comenzaron a chisporrotear de una energía rojiza, abanicando sus brazos hacia adelante para que un ataque de energía en forma de garras saliera disparado en dirección al dragón, quien pudo notar el devenir del mismo y usó un aleteo como impulso para hacerse hacia un lado y poder esquivarlo.
El koopa gruñó cuando vio que había fallado su tiro, y ahora tendría que esperar el tiempo de enfriamiento de la habilidad. Pero eso no significa que dejaría de atacar, puesto que comenzó a lanzarle al dragón una oleada de martillos arrojadizos, quien que sentía como si lo estuvieran acribillando con pequeñas piedras.
Con un rugido, el dragón pegó un par de aleteos, generando una cortina de viento que desvió todos los martillos, y luego usó otra llamarada para marcar más distancia entre él y sus atacantes.
—¡Forest! —llama Mario a su amigo, quien obedece y corre hasta él, permitiendo que se Mario siente en su lomo y emprendió vuelo en dirección al dragón.
Notando a sus enemigos, el dragón suelta otro torrente del fuego apuntando hacia Mario y el yoshi, quien tuvo que volar en círculos para evitar que la llamarada lo alcance hasta haberse acercado lo suficiente mente al dragón, en donde Mario pegó un brinco y comenzó a cargar su martillo con energía estelar, estando listo justo a tiempo cuando hizo un swing hacia abajo y golpeó un costado de la mandíbula de la bestia, quien se tambaleó hacia un lado con un rugido de dolor.
Mario es atrapado por Forest en caída libre y luego aterrizó, viendo todos decepcionados cómo el dragón simplemente se sacudió por el golpe y luego los volvió a mirar como si nada.
—¿Eso es todo lo que pueden hacer? ¡Patético! —se burla el dragón—. ¿Cómo es que he llegado al punto de que unas criaturas insignificantes como ustedes vienen a desafiarme?
La sangre de Bowser estaba hirviendo por los comentarios del dragón; el tono tan cínico en como los llamaba "insignificantes" le molestaba tanto que podía sentir cómo su garganta se calentaba como el mismísimo infierno.
—¡¿A quién llamas insignificante, idiota?! ¡¿Tú, una estúpida lagartija voladora se atreve a insultarme a mí, Bowser, El Rey de los Koopas?! —ruge Bowser.
Al igual que él, el dragón se toma los insultos de la tortuga muy a pecho, pasando de los demás y posando su atención en el koopa, quienes se miraban el uno al otro con una desafiante mirada inquisitiva, acompañado de un silencio sepulcral y una tensión tan pensada que podría ser cortada con una servilleta.
Y en un punto decisivo, ambos contrincantes pegaron un hondo suspiro y luego dejaron salir una llamarada cada uno de su lado, la cual chocó una con la otra en un espectáculo de luces que desprendía un sofocante calor a kilómetros a la redonda. Todo el grupo, Wyndia incluida, cubrían sus ojos por la luminosidad de los ataques, a la par que pegaban pequeños quejidos por el fogaje que el mismo desprendía.
La llamarada comenzó a hacerse cada vez más débil, hasta que ambos dragones perdieron el aliento y se miraba el uno al otro mientras jadeaban por aire.
—Hmm, interesante. Puedo sentir la esencia de un dragón en ti, pero sin duda no pareces uno. Dime, ¿eres una clase de mestizo entre Genmu y Aotatsu? —pregunta el dragón.
—No tengo idea de lo que estás hablando, yo soy un koopa —responde Bowser.
—¿Koopa? Nunca he escuchado de una raza como esa, ¿de dónde vienes?
—¡Qué te importa! ¡Nos prometieron dinero por hacer que te vayas, así que lo harás; por las buenas o por las malas!
El dragón y Bowser se pegaron otra ronda de miradas intensivas, con el resto del grupo acercándose lentamente y con cautela.
—Ya veo, así que son aventureros. Dime, koopa, ¿cuál es la razón de cumplir con los caprichos de los humanos, teniendo tú el poder de los dragones de tu lado?
—Los humanos me importan un comino: Mi principal objetivo es volver a mi reino, pero no puedo hacerlo ya que tengo que abolir esas estúpidas Olas de Calamidad gracias a estas cosas —explica, levantando sus brazos para enseñar sus armas, continuando —. Y mientras tanto, estoy reconstruyendo una aldea que conquisté y ahora es mía, y por ende necesito el dinero que ofrecen por patearte el escamoso trasero.
—Oh, así que eres un Héroe Vasallo, eso tiene más sentido. Y dime, héroe, ¿ves justo que los humanos pongan una recompensa por mi cabeza, cuando lo único que he hecho es asentarme en este lugar para cuidar de mi cría —expresa el dragón, mientras ve cómo Wyndia sale corriendo desde su escondite y se oculta tras una de sus patas.
—Pero tu presencia está afectando a la aldea: Los monstruos buscan refugio en sus casas y afecta el comercio —dice Eclair.
—¿Y? ¿No creer que estás siendo un tanto hipócrita con el asunto, humana? Los humanos arruinan ecosistemas enteros para construir sus aldeas y ciudades, ¿con qué derecho vienen a mí a reclamarme por ello?
—Bueno, yo... —expresa Eclair, sin nada más que decir ante el argumento del dragón.
—¡No me iré! —declara—. Este es el lugar idóneo para cuidar de mi hija, y si no están de acuerdo, son bienvenidos a arriesgar sus vidas al intentar echarme.
Ahora el grupo, —menos Bowser—, estaba en un dilema, pues el dragón en parte tenía razón: Todo lo que él estaba haciendo era cuidar de su hija, por lo que no se le podía recriminar de ningún crimen. Pero a su vez, su presencia estaba afectando negativamente la vida de los pobladores de Mirso, así que necesitaba hacer algo con la situación.
Pero antes de cualquier cosa, todos sintieron una avalancha de poder viajando hacia ellos, y el dragón contrajo sus pupilas al presentir el peligro viniendo hacia él, siendo todo lo que alcanzó a hacer es empujar a Wyndia con una de sus patas para alejarla del peligro.
Lastimosamente, nadie pudo actuar a tiempo cuando una especie de hoja de luz conectó directamente con el cuello del dragón, quien luego de dejar salir un rugido de dolor, calló al piso con un ruido sordo; un charco de sangre que se había formado a partir de la que escurría de la herida en su cuello.
Todo el ambiente quedó en silencio, nada más que el ulular del viento y el crujir de las pequeñas pierdas que eran arrastradas por el mismo. Incluso el mismísimo Bowser estaba perplejo por el suceso que acaba de acontecer.
—¡PAPÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ! —grita Wyndia, sus cuerdas vocales casi desgarrándose por la intensidad del grito.
La joven semihumana corre hasta el cuerpo inerte de su padre y cae de rodillas, abrazando a la bestia por las escamas mientras lloraba desconsoladamente.
—U-Un dragón... de un ataque —murmura Eclair en estado de shock—. Pero, los únicos capaces de hacer algo así serían…
Y para responder automáticamente a su interrogante, una nueva persona entró en escena.
—Tienen suerte de que haya llegado a tiempo —habla la nueva voz con un tono frío y arrogante.
Cuando todos giran a ver, se encuentran con una persona que Bowser reconoció: Era el sujeto que estaba en la Ola; aquel que tenía corte de casco y portaba una espada: Ren.
—Tú... —expresa Bowser.
—Oh, eres tú —dice Ren, también reconociendo a Bowser como el que les arrebató el triunfo de derrotar al jefe de la Ola. Pero no le dio mucha importancia al asunto, ya que le atribuyeron el crédito a él y a los otros héroes de todas formas.
—Así que de verdad había un dragón por aquí —continúa—. No me equivoqué al decirle a mi equipo que se quedara en el pueblo; debería pedir una recompensa por salvarles la vida, pero siendo un héroe, es mi deber.
—Tú... ¿hiciste esto? —pregunta Mario con un tono bajo y la voz medio quebrada.
—Así es, utilicé mi habilidad Espada Meteoro para... —explicaba Ren con tono de superioridad y los ojos cerrados, que se abrieron de golpe al sentir un puño estrellarse contra su mandíbula.
Ren cayó al piso, mirando atónitamente a un Mario con su puño levantado.
—¡¿Cuál es tu maldito problema?! —arranca Mario en furia, desconcertando a Eclair y Raphtalia, ya es esta era la primera vez que veían al fontanero realmente enojado, decidiendo sincrónicamente no entrometerse en esta discusión.
Ren chista la lengua y se levanta de inmediato, encarando al fontanero con su propio enojo.
—¡¿Y quién te crees tú que eres?! ¡¿Acabo de salvarte de ser comida de dragón, ¿y así es como me pagas?! —regaña Ren.
—¡¿Salvarnos la vida?! ¡Estábamos intentando llegar a un acuerdo con el dragón cuando llegaste y lo asesinaste a sangre fría! ¡¿Eres consciente de lo que has hecho?! ¡No sólo atacaste cobardemente a alguien por la espalda mientras estaba distraído, sin que en el acto, DEJASTE HUÉRFANA A UNA NIÑA! —exclama Mario, apuntando hacia el dragón.
Ren sigue la dirección del dedo de Mario y se pasma al ver a una sollozante niña semihumana arrodillada junto al cuerpo del dragón. Sus pupilas se contrajeron y su cara cambió a una de confusión y horror cuando analizó lo que Mario dijo.
—P-Per, es un dragón... ¿Cómo es que...?
Pero Ren sacudió esos pensamientos de su cabeza y volvió a tener su cara estoica y engreída.
—No. Seguramente ustedes me están engañando. Mejor me voy, no tengo tiempo para perder aquí con ustedes, tengo una recompensa qué reclamar —e inmediatamente se da la vuelta y se va, dejando a Mario con la palabra en la boca, y sorprendido de que aquel chico haya ignorado por completo lo que acaba de hacer.
Mario giro su vista y vio a Wyndia aun llorando junto al dragón, con Eclair y Raphtalia a su lado intentando consolarla.
El fontanero se acerca hasta donde están Bowser y Forest con un semblante y lenguaje corporal decaído, pues sentía olas de empatía por la pequeña chica que acababa de perder a su padre, aunque este era un dragón.
Mario inhaló profundamente y luego exhaló con un suspiro, calmando toda la tristeza, impotencia e ira que sentía en este momento, pues para él era más importante hacer algo al respecto que seguir lamentándose. Pero luego, sus ojos se ensancharon al tal punto que casi ocupan toda su cara, pues recordó algo que podría solucionar toda esta situación de golpe.
—¡EL CHAMPIÑÓN 1-UP! —grita Mario, llamando la atención de los demás.
Sin perder el tiempo, Mario corre hasta el cuerpo del dragón y transforma su Martillo en uno que parecía ser de juguete, con las puntas redondeadas de color verde con lunares blancos.
—¡Vamos, vamos, vamos! —expresa Mario, tratando de descubrir la forma de utilizar el poder del hongo 1-up.
«Información: La habilidad del Martillo 1-up sólo está disponible a usarse en el usuario».
Se lee en el HUD de Mario.
—¡¿Qué?! ¡No! Entonces, ¡devuélveme el champiñón!
Todos miraron confusos la acción del fontanero, a excepción de dos individuos que ya sabían lo que el héroe estaba haciendo.
«Al devolver el material, se perderá la variante del arma obtenida del mismo, así como las estadísticas y habilidades adjuntas, ¿estás seguro?»
—¡Sí, lo estoy!
Y con esa afirmación, el Arma Vasalla de Mario comienza a brillar, saltando de la misma un pequeño champiñón verde con lunares que el fontanero atrapa con su mano, apresurándose después hasta acercarse al hocico del dragón y poniendo el objeto dentro de sus fauces; E Instantáneamente, el cuerpo entero del dragón comienza a brillar, acompañado de una peculiar melodía que desapareció luego de un par de segundos junto con la luz, mostrando finalmente al dragón con una inexistente herida en su cuello, como si nunca hubiera sido perpetrada en primer lugar.
—Mario-san, ¿qué acabas de-?
Pero Eclair se calló cuando se escuchó un pequeño gruñido, y la mayoría se congeló en su lugar cuando el dragón abrió lentamente los ojos y luego se incorporó, como si estuviera perfectamente sano.
—¿Qué? ¿Qué acaba de pasar? —pregunta la bestia, también anonadada.
El dragón vio cómo la mayoría de personas a su alrededor lo estuvieran mirando, como si de un zombi se tratase, pero luego escuchó un chillido lleno de sentimiento y sintió como como si alguien agarrara su pata.
—¡WUAAAAAAAH, PAPÁÁÁÁÁÁ! —grita Wyndia, llorando de felicidad al ver a su padre recuperado.
—¿P-Pero qué? M-Mario-san, ¿acabas de revivir a ese dragón? —pregunta Eclair, atónita.
—Sip, así es —responde Mario de forma orgullosa.
—¡Qué! ¿Por qué nunca me dijiste que tenías el poder de revivir a la gente?
—No, no lo tengo. Usé un champiñón 1-up, que es un objeto proveniente de mi mundo que tiene el poder de revivir a la gente —explica.
—Y-Ya veo. Y por casualidad, ¿no tendrán más de esos champiñones? —pregunta Eclair de forma un poco tímida y esperanzada, con Raphtalia levantando sus orejas con igual interés.
Mario, adivinando la razón de la pregunta de la caballero, responde con pena:
—Lo siento Eclair, pero sólo tenía uno cuando llegué aquí. Además, el champiñón no funciona si la causa de muerte es natural o si la persona en sí lleva demasiado tiempo fallecida.
Mario pudo ver cómo los hombros de tanto Eclair como Raphtalia cayeron en decepción, sientiéndose mal al tirar todas las esperanzas de volver a ver a sus seres queridos por la ventana.
—Hmm, entiendo —es todo lo que Eclair respondió.
—Tú, humano —llama el Dragón a Mario, continuando cuando éste lo miró—. ¿Eres tú responsable de revivirme?
—Uh, sí. Aunque el cómo lo sabes me parece algo extraño —responde Mario.
El dragón asiente en comprensión, luego camina hasta Mario y hace lo que se supone que es una reverencia dragónica ante él.
—Tienes mi gratitud por salvarme la vida, humano. Los dragones, como criaturas orgullosas que somos, nunca dejamos pasar una actitud tan altruista hacia nosotros, sobre todo cuando no hace mucho amenacé con destruirte. Permíteme a mí, Gaelion: El Dragón Emperador, compensarte a ti y a tus aliados por esto.
Los ojos del dragón brillaron por un momento, y luego un mensaje apareció tanto en el HUD de Mario como en el de Bowser:
«Bendición del Dragón Emperador, desbloqueada.
Serie Dragón, condiciones cumplidas».
—¿Hm? ¿Qué es esto? —pregunta Bowser.
—Le he dado la Bendición del Dragón Emperador a sus Armas Vasallas. Ahora son capaces de utilizar la Serie Dragón.
—Espera, ¿desbloquemos una serie de armas sin absorber materiales? —cuestiona Mario.
—Así es. Con mi bendición es suficiente. Además, el resto de tu grupo también recibió mi bendición, por lo que obtuvo un significativo aumento de estadísticas.
—Bueno, gracias. Pero aun así, necesitamos resolver esta cuestión del pueblo. ¿Será que podemos llegar a un acuerdo? —expresa Mario.
—Escucha, humano: Te debo la vida, pero necesito cuidar a mi cría y este reino es altamente hostil para los monstruos y semihumanos; No puedo mudarme de reino sin invadir territorio de otros dragones, y encontrar otro lugar seguro para asentarme será extremadamente difícil, así que me temo que no puedo cumplir con esa solicitud.
Lo que dijo el dragón puso a la mente de Bowser a trabajar, prendiéndosele luego el foco al recordar cierto lugar seguro para semihumanos, lo que lo llevó a esbozar una sonrisa al tener la oportunidad de hacer un aliado poderoso.
—Hey, lagartija —llama Bowser, captando la atención de Gaelion—. ¿Qué te parece un trato?
—Hmm, ¿qué tipo de trato, Rey de los Koopas?
—Simple: Te ofrezco un lugar para vivir: La Aldea Lurolona. Es un territorio que conquisté y está bajo mi protección, por lo que no tendrás humanos molestos tras tu trasero todo el rato. Y a cambio, te unirás a mi Koopa Troopa.
—¿Koopa Troopa? ¿Te refieres a un ejército?
—Así es. Tener a un dragón de mi lado me beneficiaría para abolir esas molestas Olas, y también en caso de que quiera invadir este reino —declara el koopa, haciendo que Eclair ponga una mueca.
El dragón pensó por un momento la oferta del koopa, pues era verdad que, al haber un asentamiento de humanos cerca, muchos aventureros y cazadores estarían molestando a cada momento sin parar, y ahora estaba siendo mucho más cauteloso ya que, el haber experimentado la muerte a manos de un sólo golpe lo hizo sentirse no tan invencible.
—¿Prometes que ese lugar sea seguro para mi hija, y que no la discriminarán ni le harán daño? —pregunta Gaelion.
—Sí —responde Bowser sin más.
Gaelión bajó su cabeza para ver a su hija, que lo miraba con ojos expectantes de la decisión que él tomará.
—Está bien: Seré tu aliado a cambio de vivir en tus territorios —declara el dragón.
—¡Genial! Y con esto, técnicamente también cumplimos con la misión del gremio. Aunque será mejor apresurarnos antes de que el chico espada nos gane el botín —dice Mario.
—Ustedes de verdad que son peculiares —expresa Eclair con un suspiro—. Creo que es la primera vez que veo que, en lugar de matar a un dragón, nos terminamos haciendo su aliado.
—Sí, pero me alegra que todo pudo terminar bien al final —agrega Raphtalia.
...
Un hombre de edad avanzada, con largas barbas y cabello canoso, ojos de iris morados y piel blanca que vestía un conjunto noble de ropas moradas, así como una corona sobre su cabeza, descansaba sobre un trono; su mirada estaba clavada hacia el frente mirando nada en específico, como si estuviera perdido en sus pensamientos o meditando.
Otro sonido capta su atención cuando las puertas de la sala en la que estaba se abren, dejando ver a un soldado con armadura entrar por la misma, y luego caminar por la alfombra del piso hasta estar frente al trono en donde estaba sentado el anciano. El individuo luego se hinca frente a él antes de comenzar a hablar:
—Su majestad, hace días que no hemos tenido noticias ni del señor Rabier, ni del grupo de asedio que enviamos a Lurolona. ¿Cómo procederemos? Enviamos a un grupo más grande.
Ante la pregunta del soldado, el anciano posa sus codos en sus muslos, se encorva hacia delante y apoya su mentón sobre sus entrelazadas manos, expresando después:
—No, ya se ha demostrado que nuestras fuerzas son ineficientes. ¿Dónde estás los héroes?
—No sabemos con exactitud del paradero del Héroe del Arco, señor. Pero se sabe que el Héroe de la Lanza se encuentra por Lerno, y el Héroe de la Espada fue visto cerca de Mirso.
—Bien, asegúrate que cuando sean vistos por aquí, reciban la noticia de que les tengo un trabajo exclusivo para ellos. Nadie llega de la nada y se adueña de mis territorios debajo de mis narices —expresa el anciano con coraje.
—Mi rey, si me permite opinar: El semihumano que se adueñó de Lurolona ha sido visto caminando por la capital, ¿por qué no hemos tomado cartas en el asunto al no arrestarlo?
—No seas tonto. Los informes dicen que ese semihumano es hostil y responde con violencia ante cualquier amenaza. No voy a desencadenar una pelea aquí, en donde mis súbditos pueden salir heridos.
—Hmm, entiendo.
—Bien, ya tienes tus órdenes. Retírate —ordena, y el soldado se incorpora y sale del salón, dejando sólo al anciano, quien comenta para sí mismo—. Muy pronto, tendré tu cabeza en mi pared como trofeo, asqueroso semihumano…
Fin del capítulo.
A/N: ¡AAAAAAAAAH! ¡HORA DE LOS COMENTARIOS!
Guest: Bien, vamos punto por punto:
Primero, no sabía ese dato de que las Armas Vasallas tenían compatibilidad con las Cardenales, y es curioso que justamente le haya dado a Mario y Bowser aquellas que son compatibles con Naofumi. Origninalmente, Bowser obtendría su arma más adelante en la historia, pero luego me di cuenta que, sin la limitante que otorgan las armas en sí, Bowser sería demasiado poderoso, así que tuve que darle las Garras Vasallas desde el principio. Ah, y me alegra que estés feliz de que la historia haya vuelo.
Segundo, sí: La forma en la que Rifana se unió al grupo de Naofumi me pareció —aunque algo forzada— la forma más lógica. Puesto que en este punto de la historio, Naofumi no aceptaría a nadie entrar en su grupo que no sea un esclavo, ya que el mismo factor de que un esclavo no puede mentir ni traicionar a su amo, fue lo que convenció a Naofumi de conseguir uno en primer lugar. Y sí, Rifana reemplazará a Raphtalia como la compañera de Naofumi, y como se ve, ella no tiene miedo de expresarle sus sentimientos al héroe, aunque este crea que es simplemente juego.
Y respecto a la relación de Filo con Bowser y Forest, pues es verdad que no se llevarían muy bien, sobre todo cuando ahora el grupo tiene la bendición de Gaelion, y el de Naofumi tiene la de Fitoria. ¿El Rey Koopa se enfrentaría en con la Reina Fitoria? Buen, en este punto creo que Fitoria aplastaría a Bowser sin problema gracias al "nerfeo" de las armas; pero con todas sus capacidades, Bowser se daría un festín de pollo frito gigante.
Tercero, interesante dato de ese dios comadreja, pero ya había decidido darle magia de rayo a Forest. Originalmente pensé en magia de viento, ya que es un Yoshi Alado, pero luego se me vino a la cabeza de que Filo ya tiene magia de viento, por lo que quise diferenciar un poco; y así, Sadina puede ser una especie de maestra para el pequeño dinosaurio. Con respecto a la aptitud mágica de Rifana, pensé en tierra, puesto que las comadrejas son marsupiales que suelen vivir en madrigueras en la tierra, o también magia curativa debido a su personalidad. Pero ya me decidí por una, más adelante se sabrá.
Y con respecto a lo de Raphtalia, supongo que ella simplemente obtendría el traje tanuki y la habilidad de volar, no estoy muy seguro.
Gracias por tus comentarios. :D
Viruz Pirata: Hola, no te entiendo muy bien, lo siento. Pero gracias por comentar.
Carlos Andres Anaya: Oh, I didn't realize you were an English reader. Well, now I'm kind worried about if my grammar is good enough to the browser's translator could translate in a way you can understand. Well, you got that Bowser will use dark magic, and sure thing the koopa is gonna get big. Thanks for reading and comment.
...
Ahora sí, seré rápido, ya que la universidad me está llamando y quería dejar este cap terminado antes de entrar a la boca del lobo otro vez:
Película de Mario: Increíble. Un poco apresurada tal vez, pero eso no la hace menos disfrutable, ni mucho menos una película mediocre como dice la gente trastornada de internet.
Tuve un dilema muy grande si revivir a Galeón o no, ya que no quiero que esta sea una historio donde convenientemente todo sale bien, pero creo que usar el recurso del hongo fue un acierto. Pero ahora que el dragón zombi no está, tendrá que haber otra forma en la que Naofumi desbloquee el Escudo de la Ira, ¿cuál será?
Una cosa: ¿Alguien sabe cómo funciona el Camino de la Vena del Dragón? Es una habilidad que creo que Bowser podría usar bien, pero no entiendo muy bien cómo funciona y ni la novela ni los foros de información lo explican bien a mi parecer. Agradecería cualquier tipo de información.
Y bueno, aquí lo tienen. Ahora sabemos las aptitudes mágicas del grupo, con un nuevo aliado y el enemigo principal de este arco haciendo sus movimientos. Y también, el rey planea algo para recuperar sus tierras robadas. ¿En qué terminará todo esto? Descúbranlo la próxima vez, en el mismo canal, a la misma hora.
