Capítulo 7: El enojo contra la bruja.

—¡Mi aptitud, es el vientooo~! ¡Mandaré a mis enemigos a volar por mi amooo~! ¡Y si veo al sujeto de la lanza, lo patearé muy durooo~!

El autor de dicho canto no era nada más ni nada menos que una gran y robusta ave de plumaje blanco y ojos azules.

El animal estaba siendo usado para halar un carruaje en donde residían tres personas: Naofumi, Rifana, y la bruja anciana que atendía la tienda de magia; viajando por lo que parecía un terreno de acantilados boscoso.

—Vaya, es impresionante que hayan localizado la piedra mágica tan rápido —comenta la bruja anciana impresionada.

—Todo gracias a Naofumi-sama. Él fue quien hizo los contactos para que podamos descubrir en dónde encontrar esas piedras; sumamente increíble —adula Rifana.

—Vaya, la señorita sí que le tiene mucha estima, joven héroe —opina la anciana.

—¡Por su puesto! —dice Rifana—. ¿Cómo no voy a tenerle estima a mi futuro esposo?

—¡Oh, vaya! ¿Están comprometidos?

—No —responde Naofumi secamente.

—No aún —agrega Rifana.

—¡Hermana, eso no es justooooo! —expresa la gran ave con un berrinche, mirando de reojo—. ¡Quieres quedarte con el amo tú solaaaa!

—Filo, tú sólo eres una niña, por lo que me corresponde a mí casarme con el amo Naofumi. Tú eres más como una hermanita menor —expresa Rifana.

—¡¿Quééééééé?! ¡No quieroooo! Yo también quiero ser la esposa del amo.

—Eso es una lástima, Filo, pero yo ya decidí que el amo Naofumi será mi esposo incluso antes de que nacieras. Fin de la discusión.

—¡PERO NO ES JUSTOOOOO!

—¡Ya basta las dos, dejen de hablar tonterías! —regaña Naofumi, quien luego pasa a notar que la bruja anciana estaba tratando de contener sus risas, preguntando—. ¿Qué es tan gracioso?

—Nada, nada, mis disculpas. Es sólo que, es bueno saber que tienes a personas que te aprecian a pesar de todo —explica la bruja.

Naofumi no respondió, sólo pasó a girar la vista para evadir el tema y así dejarlo morir.

Luego de otro rato más de viaje, el grupo llega hasta su destino: Una especie de ruinas abandonadas cuyas paredes estaban agrietadas, descoloridas y cubiertas de vegetación. Todos se bajan del transporte, en donde Naofumi procede a desacoplar a la gran gallina del mismo para luego adentrarse dentro de las ruinas. La mayoría de esta eran rocosos y oscuros pasillos en donde apenas cabían todos, pero eso no los detuvo y siguieron adelante.

—Tengan cuidado —advierte la bruja, continuando—. No es nada raro que monstruos se asienten en sitios como este, prosigamos con cautela.

Y como si fuera cosa del destino, todo el ambiente de repente se sentía como si estuviera siendo cubierto por una especie de filtro rojizo, acompañado de una sensación de incomodidad que invadió a todos los presentes.

De pronto, cada uno comienza a escuchar voces familiares en sus cabezas:

"Sólo te estoy usando".

Escucha Naofumi hablar a Rifana

"Apenas pueda, te apuñalaré por la espalda".

Y luego escucha a Filo:

"El amo es comida".

Después, Filo escuche a Naofumi:

"Comes un montón y me desobedeces. A la primera que pueda, te abandonaré".

Por su parte, Rifana también escuchó la voz de Naofumi hablarle como si estuviera a su lado, siendo que ella estaba hasta atrás:

"¿Cómo podrías creer que me casaría con una estúpida huérfana semihumana? No me sorprende que tus padres hayan preferido morir al tener una hija tan inútil y torpe como tú".

Rifana se detuvo en seco, bajando la cabeza para intentar ocultar su barbilla temblorosa y las lágrimas que estaban a punto de salir de sus ojos. Pero antes de que pudiera ser completamente afectada por las aparentes palabras de Naofumi, la bruja advierte.

—No les hagan caso a las voces: Son monstruos que te atormentan con lo que menos quieren escuchar. Lo usan para bajar la moral de sus víctimas y así tomarlos desprevenidos.

Dicho esto, la bruja agita su varita y lanza un hechizo, haciendo desaparecer todo el filtro rojo del ambiente y dejando ver a unos tipo murciélagos que se les acercaban poco a poco.

El grupo no pierde tiempo y arremete contra las bestias, no siendo un problema para ellos gracias al rencor que le tenían por haberlos hecho escuchar dichas palabras.

Una vez derrotados, Naofumi absorbe los cadáveres de los murciélagos con su escudo, obteniendo así una nueva variante.

—Maestro —llama Filo—, ¿me vas a abandonar?

—Con lo que me costaste, no —responde, antes de seguir adelante.

Filo pone una cara de tristeza tras el comentario de Naofumi, siendo consolada luego por Rifana, quien le dice que Naofumi nunca diría cosas así.

El grupo se aventura más adentro en las ruinas, hasta llegar a un pequeño pedestal con un pequeño cofre abierto, quienes curiosos, deciden dar un vistazo al interior y encontrando una especie de escritura en el interior de la tapa:

"Aquel que saque esta semilla de su cobertura, desatará desgracia y agonía por doquier".

—Eso no suena para nada tenebroso —comenta Rifana.

—Estas ruinas antes pertenecían a un poderoso alquimista —explica la bruja—. Si lo que dice este cofre es cierto, entonces debemos preocuparnos de que esa tal semilla haya sido sacada de aquí. ¿Quién habrá sido?

—...Motoyasu —susurra Naofumi, adivinando instantáneamente la interrogante.

—¿Quién? —pregunta la anciana.

—El Héroe de la Lanza: Supe por fuentes externas que ese sujeto "salvó" a un pueblo de la hambruna con una semilla mágica. Si mis sospechas son ciertas, entonces esa "semilla milagrosa" es esta misma. Ese idiota...

—Bueno, eso ciertamente es preocupante, pero estamos aquí por la piedra, no deberíamos distraernos. Aún así, tal vez usted podría ir a echarle un vistazo a ese lugar después, ¿no cree?

Naofumi no dijo nada, sólo comenzó a caminar de nuevo, con el resto siguiéndole la pista.

Cruzando una entrada, todo el grupo jadeó cuando presenciaron el paisaje que formaban el crecimiento de montones y montones de cristal que brillaba con una coloración que sólo podía definirse como "mágica".

—Eso es piedra mágica, ¡lo encontramos! —dice la bruja.

—Sí, aunque es extraño, me esperaba que nos estuviera esperando un monstruo aquí o...

—¡Amo, mire! —interrumpe Filo a Rifana, señalando con su ala a un cuerpo de una criatura que se veía a lo lejos.

El cadáver era de algo parecido a un león, pero con una serpiente reemplazando su cola, lo que hacía recordar al jefe de la primera Ola. Estaba lleno de moretones, cortes y varias zonas de su pelaje ennegrecidas, lo que se asume que son quemaduras.

—Es un Nue —expresa la anciana, continuando—. Probablemente estableció este lugar como su guarida pero, ¿quién lo habrá asesinado? ¿Otro monstruo?

—¡Bujijijijiji! Bueno, esa definición no estaría del todo equivocada —se escucha de la nada una voz maliciosa como de anciana, lo que enseguida pone alerta a Naofumi y su grupo.

El grupo ve cómo un circulo de sombra se mueve por el piso, para que luego del mismo se explayara una especie de mujer de piel color verde, túnica morada y extraños cuernos en su cabeza.

—Vaya, así que un grupo de personitas osan adentrarse en mi nueva guarida, y supongo que lo que quieren es algo de este hermoso tesoro de cristal mágico, ¿eh?

El grupo estaba desconcertado no sólo porque hubiera alguien aquí, sino también por la forma en que apareció y también por su apariencia.

—Eso es correcto —habla la anciana—. Lamentamos molestar, pero vinimos por sólo un trozo de piedra mágica, no sabíamos que usted estaba asentada aquí.

—¡Bujijiji! Como decía un antiguo secuaz mío: "¡Tengo carcajadas!" Es una lástima, pero este tipo de cristal es un material realmente valioso por sus propiedades conductivas de magia, así que no puedo darme el lujo de darle ni un poco a nadie más. Ahora, no suelo hacer esto, pero hoy me siento un poco generosa, así que yo, la gran Cackletta, les daré la oportunidad de irse con v-

—¡Ni hablar! —-interrumpe Naofumi—. Vinimos por esa piedra mágica, y no nos iremos sin ella. Y por lo que sé, este lugar no le pertenece a nadie en concreto, así que es sumamente gracioso que te adueñes de los cristales como si nada. ¡Apártate del camino!

Los ojos de Cackletta se entrecerraron, fijándose en el sujeto que la acababa de desafiar, expresando:

—Vaya, vaya, vaya. Ahora que me fijo bien, jovencito, desprendes una poderosa energía mágica... No, no eres tú, es el objeto que traes recargado en tu brazo. Cambio de planes: No puedo dejar que te vayas con ese poderoso escudo mágico. No, necesito tenerlo en mi posesión.

—¡Jé! Me estarías haciendo un enorme favor. Inténtalo si puedes —escupe Naofumi cínicamente, con el resto tomando pose defensiva.

—¡Bujijijiji! Suena tentador, muchacho, pero gusanos insignificantes como ustedes no merecen ser asesinados por mi, la gran Cackletta. ¡Niñas...!

Con el llamado, tres adolescentes semihumanas se hacen presentes: Una era una semihumana gato de piel morena y cabello negro, otra era una albina con orejas de oso y la última tenía cuernos de cabra enrollados, así como cabello castaños y piel blanca. Dichas chicas tenían un mejor aspecto que la última vez, teniendo ropajes de mejor calidad y hasta armamento: La chica gato portaba un pequeño morningstar, la osa usaba una especie de bastón y la última tenía unos guanteletes.

—¡Sí, Cackletta-sama! —dicen las tres al unísono.

—Por favor, desháganse de estos intrusos —ordena, señalando a Naofumi y su grupo.

—Como desee, Cackletta-sama —responden las tres, girándose hacia sus víctimas.

—Oigan, se los advierto, no quieren hacer esto. Sólo vinimos por un pedazo de roca, así que mejor retírense —advierte Naofumi severamente.

Las chicas no hacen caso y una de ellas, la de los guanteletes, no pierde tiempo y atenta contra el héroe, quien repele sin esfuerzo el golpe con su escudo.

—Bien, se los advertí. ¡Rifana!

—¡Sí!

La semihumana comadreja actúa rápido y manda a volar a la adversaria con una patada. La chica gato sacude su morningstar y lanza un ataque que Naofumi también detiene con su escudo, dando paso a que Filo logre acercarse para darle un ataque de fuerza leve con sus poderosas patas de ave.

A simple vista, se podía notar que aquellas muchachas semihumanas eran muy inexpertas en el uso de sus armas, como si apenas hubieran aprendido lo básico del manejo de las mismas. Si ese era el caso, entonces por qué su aparente jefa, o sea, la mujer que los ataca, las mandaba a la lucha de una vez; probablemente porque sólo las veía como carne de cañón, pensamiento que hizo que el Héroe del Escudo se sienta enfermo, pues odiaba con creces a la gente que se aprovechaba de otros para lograr sus objetivos.

Pero Naofumi tuvo que detener sus pensamientos cuando sintió el peligro acercarse, levantando automáticamente su escudo para bloquear un carámbano de hielo que chocó contra él y se desvaneció la vista. Mirando a su atacante, Naofumi la identificó como la chica albina con orejas y cola como de oso, que lanzaba los proyectiles de hielo desde su bastón.

La bruja anciana agita su varita y recita otro hechizo, lanzando una bola de fuego desde la misma que la semihumana albina no vio venir, recibiendola directo en el pecho y cayendo al piso, adolorida por la quemadura y así, sin mucho esfuerzo, las tres lacayas de Cackletta fueron derrotadas.

—Se los advertí —expresa Naofumi, dirigiéndose después a Cackletta—. Ahora, lo repetiré una última vez: Apártate.

En lugar de responder a la amenaza de Naofumi, Cackletta levanta su mano y frunce sus dedos, sorprendiendo al grupo luego de que vieran cómo tres mini-agujeros negros aparecen en los lugares desde donte estaba las chicas semihumanas, tragándoselas y luego haciéndolas aparecer desde otro agujero junto a ella.

—¡N-No puede ser! —expresa la bruja anciana, atónita.

—¿Qué pasa? —consulta Naofumi, igual de preocupado.

—Esa mujer... El hechizo de "Agujero Negro" es magia de oscuridad demasiado avanzada, y ella la ejecutó sin nisiquiera recitar ningún hechizo. Incluso a esa pequeña escala, es una hazaña que muy pocos pueden lograr. Me pregunto cuál será su nivel de magia.

— Bueno, supongo que ahora es mi turno —expresa Cackletta—. Pero, antes de comenzar con todo, ¿qué les parece si les hago una propuesta?

—¿Una propuesta? Lo siento, no me gustan viejas, ni verdes, ni locas —bromea Naofumi.

—¡Bujijijiji! Gracioso niño, te sorprendería saber que fui una belleza en mi juventud, pero no: La propuesta que les hago es que se unan a mí.

—¿Unirnos a ti? —cita Rifana, confusa.

—Así es. No voy a mentir: Siento un impresionante poder mágico proviniendo de ese escudo en tu brazo, joven, así que necesito tenerlo en mi poder para lograr mis objetivos, pero por lo que dices: Está ligado a ti, lo que significa que tendré que asesinarte para obtenerlo. Pero, ¿qué tal si en lugar de recurrir a la violencia, tú y tus secuaces se unen a mí, y con ese poder a tu disposición, ¡someteremos a este mundo a nuestra voluntad!

—(¿En serio esta anciana habla sobre conquistar el mundo? ¡Genial! Como si no tuviera suficiente ya con las Olas) —se queja Naofumi en su mente.

—¿Ella quiere el escudo legendario de Naofumi-sama? ¿Entonces estará también buscando a los demás Héroes Cardenales? —pregunta Rifana al aire.

—Oh, ¿así que hay más de esas armas mágicas, eh? Interesante —expresa la bruja, provocando que Naofumi le pegue una mirada amarga a Rifana, y esta se encoja de vergüenza y culpa.

—Pero bueno, volviendo al punto, ¿qué dices, escudero? —expresa la Cackletta.

—Yo digo... que puedes volver al circo de fenómenos del que saliste y dejar de joder con nosotros —responde Naofumi.

—... ¡BUJIJIJIJIJ! Está bien, será por las malas entonces.

La bruja levanta las manos con tono amenazante, con el grupo tomando posturas defensivas al presentir un inminente ataque.

De pronto, un filtro púrpura opacó todo el ambiente, y desde la posición de la bruja comenzaron a salir varias filas de agujeros negros explayados en el piso, recorriendo todo el camino en dirección a Naofumi y los demás.

—¡Todas, cuidado! ¡No sabemos a dónde llevan esas cosas, así que eviten caer ahí a toda costa! —ordena Naofumi.

—Sí/Sï —responde Rifana y Filo.

Los agujeros negros finalmente alcanzan al grupo, quienes se las arreglan para esquivar los portales ya sea evadiendo hacia los lados o saltando sobre ellos. Naofumi gira su cabeza hacia un lado y ve que la bruja anciana que los acompañaba estaba teniendo muchas dificultades para evitar los agujeros, pues su edad le estaba pasando factura en ese momento, por lo que no podía permitirse moverse igual de rápido y ágil que los demás.

—¡Filo, monta en tu espalda a la anciana! —ordena el héroe.

—¡En ello! —responde el ave.

Obedeciendo, Filo pega un salto descomunal en dirección hacia la bruja, quien tropezó sobre sus pies y a punto de caer sobre un agujero, siendo salvada por Filo que la toma por la ropa con su pico, y la lanza hacia atrás para que caiga en el suave plumaje de su espalda.

—Imposible —comenta la bruja impresionada desde la espalda de Filo—. ¿Cómo puede generar tantos agujeros negro sin nisiquiera lanzar un hechizo? ¿Quién es esta mujer?

El filtro violeta en el espacio desaparece, y con él, los agujeros negros también se desvanecen. Pero nadie tuvo tiempo de respirar, pues de pronto, Naofumi sintió una presencia tras él, girando y encontrando a Cackletta a punto de darle un zarpazo con sus puntiagudos dedos.

—¡Prisión Escudo! —recita Naofumi, generando alrededor de Cackletta una bola de varios escudos metálicos unidos por cadenas—. ¡Filo!

Ante la orden, la gran ave corre hasta la pelota de escudos y la patea con gran fuerza, enviándola a volar en dirección a Rifana, quien prepara sus hachas justo cuando la bola de escudos desaparece, mostrando a Cackletta en una posición vulnerable que Rifana aprovecha y la corta con sus hachas.

—¡Yaaaargh! —se queja la bruja, con un par de cortes paralelos atravesando todo su torso.

Pero, extrañamente, de las heridas de la bruja no brotaba sangre, sino una especie de miasma negro, creando una sensasión de extrañeza en el grupo que se intensifica cuando la bruja comienza a reír maníacamente:

—¡BUJIJIJIJIJIJ!

Y de pronto, Cackletta explota en cientos de murciélagos con su cara que revolotean por todos lados y embisten a nuestro grupo con su cuerpo.

Tanto Filo como Raphtalia trataban de matar a cada murciélago que se les acercaban, pero eran tantos que ya se habían llevado varios cabezazos murcielaguiles en varias partes de sus cuerpos. Naofumi se limitaba a ser de escudo humano para proteger a la bruja anciana, sintiendo este nada más que golpes leves por parte de las plagas.

Los murciélagos cesan el ataque y se reforman en tres Cacklettas idénticas, que miran a nuestros héroes con malicia mientras se ríen siniestramente:

—¡Bujijijijiji! Impresionante, están muy coordinados. Pero para su infortunio, la Cackletta que atacaron era sólo una ilusión. Ahora, ¡¿Cuál de nosotras es la verdadera?! ¡Bujijijiji! —expresa Cackletta.

La bruja levanta un brazo y cae, extrañamente, un rayo morado y golpea a Naofumi que lo hace caer al piso, con una pequeña mancha negra de quemadura en su capa.

—Magia de oscuridad, magia de rayo, magia de ilusión y magia de transformación... Es imposible que alguien tenga tantas aptitudes mágicas. En serio, ¡¿Quién es esta mujer?! —exclama la bruja anciana alterada.

—¡Argh! No tengo ni idea, sólo sé que es muy molesta —comenta Naofumi, incorporándose y continuando—. ¡Rifana, ya sabes qué hacer!

—¡Sí!

Ante la orden, Rifana extiende las manos, apuntando a las tres Cacklettas y recita:

—Como el hacha del Héroe del Escudo, te lo ordeno: Descifra las normas naturales que rigen el mundo y dame el poder de la luz para protegerlo. ¡Látigo Zweite!

Un circulo mágico amarillo aparece frente a las manos de la semihumana, saliendo disparado después un relámpago dorado que viaja velozmente hasta las tres Cacklettas quienes, debido a la velocidad del rayo, no pudieron hacer nada para escapar y las tres fueron golpeadas por el mismo.

Con un quejido de agonía, dos Cacklettas desaparecen en humo morado y la restante, que era la verdadera, flaquea con unos pasos hacia atrás y lenguaje corporal adolorido.

—¡Bu... Bujijiji! Qué buen hechizo, estoy impresionada. ¿Qué magia es esa? —pregunta la bruja

—Magia de luz, que es mi aptitud —responde Rifana.

—Bien, ¿quieres una batalla mágica, niña? ¡Pues toma esto!

Cackleta dispara un rayo morado de sus manos, que gracias a que anunció el ataque con anterioridad, Rifana pudo ser capaz de evadir el ataque rodando hacia un lado, dándole a Filo tiempo suficiente para acercarse y tener a la bruja a su alcance e intentando conectarle una patada al rostro. Pero la bruja era astuta y rápidamente creó un agujero negro bajo sus pies que se la tragó, escapando del ataque y apareciendo en otro lado.

—¡Bola de fuego! —recita la bruja anciana, lanzando tres proyectiles desde su varita hacia Cackletta.

Pero la bruja genera un agujero negro que se traga las bolas de fuego, generando otro que las escupe justo frente a una Rifana que intentaba acercarse para atacar.

—¡Bujijiji! —se burla Cackletta, expresando—. Bien, bien. He de admitirlo: son buenos. No he tenido una pelea tan desafiante desde que me enfrenté a esos bigotes de rojo y verde, pero lamentablemente para ustedes, no soy la misma de antes.

La bruja camina hasta el cadáver del Nue, con nuestro grupo alerta. Luego usa sus puntiagudos dedos para cortar la carne del cuerpo como si fuera mantequilla, salpicando sangre sobre su palma.

—Llegué aquí creyendo que estaba en un lugar como el Reino Champiñón o algo así, pues ningún lugar se parecía en nada al Reino Judía. Pero luego me di cuenta de que estaba en un reino desconocido, en un continente desconocido; y al final, luego de mucho escepticismo, en un mundo desconocido —relata la bruja, intrigando a al grupo por alegar que esta persona venía de otro mundo, en especial a Rifana, pues creía haber escuchado antes de uno de los lugares que mencionó.

—Pasé los últimos días aprendiendo todo lo que pude —continúa Cackletta—. Pero lo que más me sorprendió fue que, este lugar; este mundo, recompensa a sus habitantes por ser poderosos —y muestra su mano ensangrentada al grupo en lo que sonría con Malicia—. Cada vez que asesinas a un ente con poder superior a ti, tu poder crece, tanto física como mágicamente; la gente de este mundo le llama "subir de nivel". Antes, sólo podía explayar mis agujeros en superficies como el piso o las paredes, pero ahora...

La bruja extiende su mano lateralmente, generando en el aire a un agujero negro mucho más grande que los convencionales y metiendo la mano, sacando de él, sorpresivamente a Rifana.

Tanto Naofumi, Filo, la anciana y la misma Rifana jadearon en estado de shock mientras la bruja sostenía a la semihumana con su filosas y arrugadas garras verdosas por el cuello.

—¡RIFANA!/¡HERMANA! —exclaman Naofumi y Filo, sintiéndose ambos enojados, temerosos y a punto de lanzarse al ataque.

—Uh, uh, uh —expresa la bruja, negando con uno de sus dedos de su mano libre—. No querrán que algo le pase a esta adorable jovencita, ¿uh? ¿Por qué no mejor te entregas y así podré liberarla?

Naofumi chista la lengua y rechina los dientes; su ira estaba creciendo a medida que veía la sonrisa burlona de la mujer mientras ahorcaba a quien, a pesar de los dolores de cabeza que le causa, considera una amiga y alguien genuino en quién confiar.

El héroe también vio por el rabillo del ojo que Filo estaba a punto de cargar contra la bruja para salvar a Rifana, acción que Naofumi impide para evitar que la semihumana comadreja salga lastimada por la imprudencia de la gran ave:

—¡Filo, quédate en donde estás! —ordena.

—¡P-Pero...! —objeta la gallina.

—¡Sin peros, yo me encargo de esto!

Naofumi comienza a caminar lentamente y con la cabeza baja hacia la bruja, quien amplió su sonrisa al ver que el portador del arma mágica estaba cediendo. Y una vez Naofumi llegó a donde Cackletta, le pegó a una mirada rápida a Rifana, como indicándole algo, y luego miró de nuevo a la bruja, esperando su siguiente movimiento.

—Bien, así me gusta. Ahora, de rodillas —ordena Cackletta, y Naofumi hizo caso.

Rifana por su parte estaba ansiosa. No sólo por el fuerte apretón en su cuello por parte de la bruja, ni porque sentía cómo sus garras comenzaba a penetrar en su piel; sino porque no podía creer que su amo —y amor platónico— se estaba entregando ante esta malvada mujer. Pero la rápida mirada que el héroe le dedicó la llenó de intriga, pues sabía que quería decirle algo y necesitaba actuar rápido en cuanto él haga su movimiento.

La bruja no perdió tiempo y levantó su mano libre, mostrando sus filosos dedos y luego abanicándola hacia abajo para cortar el cuello del portador del escudo mágico. Lo que no sabía, era que al último momento, el escudo del héroe cambió de forma a uno con dos cabezas de perro tipo Doberman justo cuando lo levantó y se protegió, haciendo que las garras de la bruja golpeen al mismo.

Enseguida, los ojos de ambas cabezas de perro resplandecieron de rojo, al mismo tiempo que abrían sus fauces y extendían sus cuellos como si fueran gusanos, atrapando el brazo y un costado de la bruja en una mordida quien, sorprendida, no alcanzó a lanzar ningún hechizo para defenderse o zafarse del agarre de los perros.

Entendiendo la situación y actuando rápido, Rifana levanta su pie y patea el lateral de la cabeza de la bruja que, con su fuerza superior, hizo que esta flaqueara y soltara el agarre de su cuello, liberándola. Y sin perder el tiempo, la semihumana saca sus hachas y da dos cortes limpios en el torso de la bruja, llevándose tanto ella como Naofumi una decepción cuando de las heridas no sale más que miasma negro y luego explota en una cortina de humo morado que envuelve a Naofumi y Rifana. Esa era otra Cackletta falsa.

—¡Tks! ¡maldita sea, qué truco tan molesto! —se queja Naofumi.

El humo se disipa y aparecen tres Cacklettas que atacan en conjunto a Naofumi y Rifana, pero de la nada llega Filo y hace desaparecer a una de un patadón en la cabeza, aunque se volvió a repetir el chiste de los murciélagos. Afortunadamente, la anciana se acercó lo suficiente y expulsó de su varita dos torrentes de llamas: Uno azul y otro rojo, que consumió a la mayoría de los murciélagos.

Aún quedaban dos Cacklettas que no dudaron en atacar a zarpazos al equipo, siendo que Naofumi se protegía y los demás esquiven, acabando por tomar distancia para pensar en un plan.

—Debe de haber una forma de identificar cuál es cuál. Si atacamos a la incorrecta, desatará esos murciélagos de nuevo —expresa Naofumi.

—Si tuviéramos a alguien que maneje magia de ilusión, podríamos lanzar un contra-hechizo. Pero para nuestra mala suerte, no es el caso —dice la anciana.

Pero, en lo que analizaba a su rival, Rifana notó una pequeña singularidad en una de las Cacklettas que no tarda en compartir con su amo al acercarse a susurrarle:

—Naofumi-sama, la de la izquierda... Respira un poco más rápido que la otra.

El héroe del escudo enfoca su vista en el ente que señaló su amiga, y se dio cuenta que tenía razón: Su respiración era ligeramente más rápida que la otra.

—(¡Porsupuesto! Esta vieja bruja seguramente no tiene tan buena condición física, y también por su edad, su respiración es un poco más irregular debido a la fatiga y porque nos ha estado atacando si parar) —reflexiona el héroe en su cabeza, ordenando después— ¡Todas, tengo un plan!

Por su lado, la bruja dejó de atacar por un momento para recuperar un poco el aliento. Su condición física no era algo que destacar y esta batalla se extendió más de lo que a ella le gustaría, por lo que sus ataques constantes y el contínuo uso de su magia provocó que tuviera que parar un momento para descansar. Pero ya descansó lo suficiente cuando ordenó a su copia que lanzara un rayo morado de sus manos que Naofumi bloqueó con su escudo.

Después el héroe convocó dos brillantes escudos verdes flotantes en posición acostada, que la chica con orejas y cola usó como plataforma para pegar un salto en dirección a su copia con intenciones hostiles. Esto hizo sonreír a la bruja, ya que pensó que atacarían a una Cackletta falsa y le daría la abertura para acabar a esa chica semihumana de una vez.

Aprovechando que la verdadera Cackletta estaba enfocada en su copia, esperando el momento para atacar, fue incapaz de darse cuenta de su error cuando Filo corrió a toda velocidad hacia la verdadera, quien reaccionó tarde cuando el ave conectó una fuerte patada al abdomen de la bruja que fue enviada a estrellarse contra una pared.

—¡Aaaack! —se queja la bruja, tratando de recuperar el aire.

—No bajen la guardia —advierte Naofumi mientras él y las chicas caminaban hasta quedar cerca de la bruja, diciéndole cínicamente—. Bueno, tal parece que, "poderosa Cackletta", has caído ante unos simples mortales.

La bruja no respondió, pues aún se agarraba el estómago, intentando recuperar el aire.

—¡Jé! —se burló Naofumi por lo patética que se veía alguien que no hace mucho se regodeaba de su grandeza.

El Héroe del Escudo estaba punto de darle la orden a Rifana para que acabe con ella, pero de pronto le pareció escuchar una especie de cántico y el héroe y su equipo reaccionaron tarde cuando cuatro rayos de escarcha salen disparados de un bastón, dándole a cada integrante del equipo —menos a Naofumi que pudo interceptarlo con su escudo—, y congelándolos en un pequeño cristal de hielo.

Cuando el héroe baja su escudo cubierto de escarcha, logra ver que la semihumana albina era la que había disparado los rayos, con sus otras dos compañeras recuperadas también.

—¡Bujíjíjíjíjíjí! —se burla la bruja, cambiando su actitud débil en un instante—. ¡El viejo truco del ataque por la espalda nunca falla!

Y se incorpora, se limpia el polvo de su túnica y camina hacia Naofumi.

—¿Y bien, Héroe del Escudo? Así debería llamarte, ¿no? ¿Qué es lo que harás ahora? Todas tus secuaces están congeladas, y no creas que no me di cuenta, en toda la pelea, no has lanzado ni un sólo ataque por tu cuenta. ¿Es acaso una condición de esa arma mágica y la increíble durabilidad que te otorga? ¿No puedes atacar?

Ahora es Naofumi quién no respondió, sólo rechinó los dientes de enojo y frustración, lo que le dijo a la bruja que estaba en lo correcto.

—¡Bujíjíjíjíjíjí! ¡Qué patético! ¿Un héroe incapaz de atacar? No puedo imaginarme algo más inútil.

—... M-Maldita —expresa Naofumi, muerto de rabia al escuchar que esta persona también lo menosprecia y se burla de él por ser el héroe del escudo.

—Pero bueno, supongo que con semejante desventaja, ya no me interesa ese escudo mágico tuyo. Creo que mejor buscaré esas otras armas mágicas que mencionó tu amiga. Y hablando de ella, ¿cómo crees que deba acabarla? Tal vez cortándola pieza por pieza, quemarla viva con uno de mis rayos o hacerla caer de una gran altura con uno de mis portales; después de todo, no podrás hacer nada. ¡Bujíjíjíjíjí!

—¡Ya cállate, maldita perra...! —ordena Naofumi, ahora temblando de rabia.

—¡Bujíjíjíjíjí! Vaya, parece que alguien se enojó. Qué joven tan maleducado; creo que alguien necesita enseñarte modales.

Cackletta levanta la mano y deja salir otro relámpago morado que golpeó al héroe. Debido a que la bruja ya conocía el poder de defensa del héroe, hizo que el ataque tuviera aún más potencia, lo que provocó que el héroe que, al estar invadido por la ira, no hiciera nada ante el ataque y lo reciba de lleno, gritando de dolor.

—¡AaAAaAaArGh! —agoniza el héroe, con su grito distorsionado por la electrocución y, para su mala suerte, su defensa evitó que quede inconsciente, lo que prolongó aún más el dolor.

—¡Bujíjíjíjíjíjí! —se burla la bruja.

Naofumi se retorcía y gruñía mientras intentaba soportar el dolor y liberarse al mismo tiempo. Pero tanta frustración e ira invadía su cabeza que le era imposible pensar con claridad. Pensamientos de auto desprecio y rencor hacia todo el mundo cayeron en su pecho como una pesada presión, y recuerdos desafortunados como su acusación injusta y el maltrato de todo el reino pasaron como flasback fugaces por sus ojos.

Y al final, el héroe sintió algo... Como si de tanto aire que se le mete, un globo acababa de explotar, liberando algo siniestro que el héroe sentía que trepaba por su espalda para, poco a poco, invadir todo su ser.

«SERIE MALDITA, CONDICIONES COMPLIDAS: ESCUDO DE LA IRA, DESBLOQUEADO»

—¡RAAAAAAAAAH! —ruge Naofumi en furia, generando una ola de poder en el acto que también deshace el ataque eléctrico de Cackletta y la envía al piso.

—Bujiíjíjí? ¿Y ahora qué? —se pregunta la bruja al ver el arrebato del héroe.

Teniendo una mejor vista del héroe, Cackletta nota ciertas diferencias que aparecieron de repente: Su lenguaje corporal era más feroz y hostil; en su piel habían pequeñas marcas como venas o tatuajes rojos, y un panel distorsionado lleno de círculos estaba frente a él.

Pero el cambio más radical que tenía, era que el escudo que portaba ahora era más grande, con forma de llama y de color concho de vino y negro; y la gema en su centro pasó de verde a roja.

Sin perder el tiempo, el héroe generó unas llamas negras desde la gema de su escudo y la disparó hacia la bruja quien, con un mal presentimiento, genera un agujero negro debajo suyo y se deja caer, apareciendo en otro lado del terreno.

—¿Qué le pasó a este mocoso? ¿De repente puede usar magia de fuego...? No, es algo más. La energía que siento venir de él es... siniestra —dice la bruja para sí misma.

Naofumi gira el cuello hacia la nueva posición de la bruja, y como un animal rabioso se abalanza en tal dirección, desprendiendo más llamas negras que se expandía por todo el lugar como si el terreno estuviera hecho de papel.

Mientras tanto, gracias al calor de las llamas, la prisión helada de las tres mujeres comenzó a derretirse gradualmente.

Pegando un grito de rabia, Naofumi suelta otro infierno llameante hacia la bruja, que usa sus agujeros negros para escapar, y sus secuaces esquivaban las llamas residuales como podían. Por otro lado, el calor logró que la capa de hielo que cubría a las chicas fuera lo suficientemente delgada como para que estas pudieran romper sus prisiones con un forcejeo, quedando libres de su helada cautividad.

—¡Brbrbrbrbrbrbr! ¡Qué fríooo! —se queja Filo en lo que se sacude.

—Diablos, ¿cómo pudo sorprendernos así? Además, no creí que una novata como ella pudiera ser capaz de lanzar tres Prisiones de Cristal a la vez —comenta la anciana.

—¡Naofumi-sama! —grita Rifana al ver algo impactante, llamando en el acto la atención de las otras dos.

Cuando giran la vista, divisan al Héroe del Escudo con aspecto diferente y una energía siniestra emanando de él. El héroe intentaba incesantemente darle a la bruja con un torrente de llamas negras que expulsaba desde su escudo, lo que también desconcertó a las chicas.

—¿Magia de fuego? Imposible. El Héroe del Escudo sólo puede usar magia de curación y apoyo defensivo —expresa la anciana.

—El amo se ve rarooo —dice Filo.

—Naofumi-sama... —susurra Rifana para ella misma.

El héroe seguía intentando calcinar a Cackletta, pero la bruja seguía escapándose con sus agujeros negros, lo que lo desesperaba cada vez más. Al girar su cuello un poco, avista a las secuaces de la bruja en las cercanías y, sin dudar, expulsa más llamas hacia ellas, quienes logran esquivarlo pegando un salto hacia los lados con todas sus fuerzas.

Pero el héroe no se rinde, y le sigue lanzando llamaradas a todo lo que se cruza en su camino de forma descontrolada, como un pirómano maníaco a quien se le dió un lanzallamas.

—¿¡Qué le pasa a este sujeto!? —expresa la semihumana con cuernos.

—Creo que alguien se enojó —dice la morena con orejas de gato.

Mientras esquivaban las llamas, la semihumana albina dio un paso en falso y su brazo derecho fue alcanzado por las llamas de Naofumi, sintiendo en el acto cómo cada poro de su piel, huesos, músculo y demás cosas ardía como un trozo de papel arrojado al cráter de un volcán.

—¡YAAAAAAARGH! —exclama la semihumana sosteniendo su brazo, que ahora se había tornado de un púrpura ennegrecido.

Todos los presentes quedaron en estado de shock por lo ocurrido. Cackletta, observando desde lejos, se intrigó por el poder de las llamas del héroe del escudo, pues tan sólo con observar la herida de su esbirra sabía que había sido víctima de una maldición.

Por otro lado, las demás esbirras se acercaron a auxiliar a su amiga con un semblante de preocupación y horror; y Rifana y las chicas estaban preocupadas por el nuevo estado del héroe y la brutalidad que éste ejecutaba.

—El amo da miedooo —expresa Filo.

—Esa energía que emana... No cabe duda: Es una especie de maldición —opina la anciana.

Naofumi se acercó lentamente a donde estaban las tres esbirras con la intención de freírlas hasta las cenizas, pero de pronto siente cómo es agarrado con fuerza desde atrás. Era Rifana, quien abrazaba el cuerpo de Naofumi como un Koala la rama de un árbol.

—¡Por favor, detente! —exclama Rifana—. Tú no eres así; no eres un monstruo. No sé qué te está pasando, pero por favor, vuelve a ser el de antes.

Aprovechando esta pequeña distracción, Cackletta crea un agujero negro debajo de sus tres esbirras que se las traga, generando después otro bajo ella que también la hace desaparecer sin dejar rastro.

Por su lado, Rifana seguía forcejeando con Naofumi, quien intentaba incesantemente quitársela de encima, pero gracias a la fuerza superior de la semihumana, era una tarea imposible para él.

Desesperado, el héroe tira llamas a diestra y siniestra, quemando todo alrededor y salpicando un poco de esas llamas a Rifana, quien grita de dolor por sentir partes de su cuerpo calcinada, quedando estas con marcas moradas y provocando que se desmaye.

—¡Hermana! —grita Filo, preocupada por la chica comadreja.

Al ver esto, y como si un interruptor en su cabeza de repente se apagara, el Héroe del Escudo toma consciencia y se enfoca totalmente en su compañera caída, llenándose de preocupación y culpa al intentar curarla con hechizos de sanación, fallando en el proceso.

—¡Vieja, necesito ayuda! —ordena Naofumi severamente.

La bruja anciana corre como puede hasta Rifana y la examina, mostrando luego un semblante de preocupación que pone aún más peso sobre la espalda del héroe.

—Estas heridas... son producto de una maldición. Los hechizos de sanación convencionales no funcionarán. Se necesita de agua bendita de alta calidad. Hay una iglesia en el pueblo cercano, podremos conseguirla allí —declara la anciana.

—¡Pues vamos, rápido!

Naofumi toma a Rifana en brazos y sale presuroso de la cueva, con la anciana siguiéndole la pista.

Antes de también seguir a su amo, Filo voltea la cabeza hacia la mina de cristales mágicos y de una fuerte patada rompe una creciente de piedras en trozos pequeños, para luego recoger algunos pedazos con su pico y ahora sí seguir a Naofumi.

...

Todos los habitantes de la aldea costera Lurolona pararon en seco sus actividades cotidianas cuando escucharon un imponente rugido retumbar en el cielo, acompañado de una sombra que pasó sobre ellos fugazmente y, finalmente, la aparición de un gran dragón que aterrizó en la aldea.

Cada aldeano estaba a punto de correr por sus vidas al ver a la semejante bestia, y Sadina no tarda en tomar un arpón y correr hasta donde estaba el dragón y apuntarlo con su arma, lista para iniciar una sangrienta batalla.

Pero la semihumana cetáceo se relajó cuando vio, bajando del lomo del animal, a Mario, Bowser y todo su equipo, tocando tierra y sacudiéndose el polvo como si montar un dragón fuese tan normal como andar en bicicleta.

—¡Oh, hola Sadina! —expresa Mario, saludando con la mano.

—Uh, sí. Hola, pequeño Mario. Disculpa pero, ¿por qué traes un dragón aquí? —pregunta extrañada.

—Oh, ¿él? Pues es un amigo que hicimos en una misión. Es una larga historia pero, para resumir, le ofrecimos vivir aquí en el pueblo a cambio de que lo proteja mientras no estamos. No es que dudemos de tu capacidad, Sadina, pero creo que te vendría bien algo de ayuda.

—¡Oh, ya veo! Ciertamente me sorprendes cada día más, pequeño Mario —comenta Sadina impresionada.

—¡¿Escucharon eso?! —le grita emocionado uno de los aldeanos que estaba cerca a los demás, continuando—. ¡Bowser-sama nos trajo un dragón para protegernos!

Todos los aldeanos estallaron en vítores y rodearon a Bowser justo cuando se bajó del dragón, alabándolo y dándole las gracias, y el koopa se deleitaba con toda la atención que estaba recibiendo.

—¡Bwajajajaja! ¿Acaso no soy un gran rey? —se jacta el koopa.

Del lomo del dragón también baja el resto del grupo: Eclair, Raphtalia y Wyndia; sorprendiéndose ésta última al ver una aldea llena de semihumanos que vivían en aparente armonía.

—Hmm, así que éste es el lugar, eh —habla Gaileón, sacándoles en el acto un susto a todo el mundo que no esperaba que el dragón hable—. De primera mano, me sorprende que una aldea semihumana pueda prosperar de esta forma.

—Eso es gracias a Bowser-sama: Él impidió que fuéramos esclavizados y saqueados —informa Raphtalia.

—Ya veo. Creo que fue una buena decisión aceptar su trato, ya que Wyndia podrá sentirse a gusto con los suyos aquí.

Y dicho y hecho: Unos niños de repente se acercaron hasta el dragón para saciar su curiosidad, Kiel entre ellos. Comenzaron a bombardear a Wyndia con preguntas y luego invitándola a jugar con Forest.

—Bueno, ahora lo único que nos falta es conseguirte un lugar para dormir. No puedes simplemente quedarte en el exterior —expresa Mario.

El dragón alza vuelo alrededor de la aldea y luego por el risco que daba al mar, encontrando en la pared de piedra una cueva lo suficientemente grande para que él pueda estar a gusto. Luego, Gaileón vuelve con el grupo e informa que ya encontró un lugar para quedarse, finalizando con todo el asunto de la mudanza.

...

Un par de días han pasado ya desde todos los sucesos relatados, y Mario se dirigió nuevamente a la capital sólo con la compañía de Forest, pues les dijo a las chicas que no era necesario que lo acompañaran y Bowser simplemente no quiso venir con él.

El fontanero entra a la tienda de magia sin perder el tiempo con Forest esperando afuera, esperanzado de que la piedra mágica de la bruja finalmente haya llegado, y grata fue su sorpresa cuando encontró a Naofumi y Rifana en la tienda también.

—¡Naofumi, qué coincidencia! ¿Cómo has est-?

Y paró en seco cuando vio el estado de la semihumana: Vendas cubriendo varias zonas de su cuerpo, en especial la frente y los brazos, en donde se podía notar partes ennegrecidas como quemaduras, y el fontanero no pudo evitar preocuparse.

—Rifana, ¿qué te pasó? ¿Está todo bien? —pregunta Mario.

Ante la pregunta, Naofumi hace un gesto amargo que no pasó desapercibido para Mario, recibiendo luego la respuesta de la semihumana.

—Sí, sí. Estoy bien, no es nada grave, sólo... me quemé un poco al cocinar, es todo —explica, obviamente mintiendo.

Pero Mario vió a través de la mentira de Rifana. Eso y la expresión de Naofumi le dijo que algo andaba mal, pero también respetaba la privacidad de sus amigos, por lo que no trató de indagar más en el asunto y quedándose con las respuestas que se le dieron.

—Bueno, si tú lo dices... Entonces, ¿qué los trae por acá? —pregunta.

—Ellos vinieron aquí para hacer el hilo mágico, ya que la piedra de mi rueca fue reemplazada —interviene la bruja anciana.

—¡Oh! ¿Es así! ¡Genial! Justo venía yo a ver si ya habían conseguido la piedra pero, ¿quién de ustedes necesita hilo mágico? —pregunta el fontanero.

Mario levantó la vista y se llenó de curiosidad al ver que en la rueca, una niña rubia con alas saliendo de su espalda y que vestía un vestido rosa, que estaba hilando en la rueca con una cara de agotamiento.

—¿Quién es ella?

—Es Filo: Una nueva integrante de nuestro grupo —explica Rifana.

—Oh, ¿Y cómo así?

—La compré —dice Naofumi sin rodeos.

—Está... ¿bien? No quiero juzgarte, amigo, pero no me parece correcto que apoyes al negocio de la esclavitud comprando niñas —expresa Mario.

—No, Mario-niichan. Filo en realidad es un Filolial sólo que, por alguna razón, puede convertirse en humana —explica Rifana.

—¡Oooh, entiendo! Ya me estaba preocupando de que tuvieras tendencias extrañas, Naofumi, jeje —se ríe Mario entre dientes, rascándose la nuca.

El grupo es interrumpido porque Filo llegó con ellos, sosteniendo una bandeja llena de rollos de hilo brillantes, pareciendo ella como si fuera a desmayarse en cualquier momento.

—Estoy muy cansada —se queja Filo.

—El hilo mágico utiliza el mismo maná del usuario para tejerse; es normal que esté cansada —explica la bruja anciana desde detrás del mostrador.

—Bueno, entonces creo que es mi turno, si no es mucha molestia —expresa Mario.

—¡Para nada, adelante! —dice la bruja.

Sin perder el tiempo, Mario se pone a tejer hilo mágico para él, regresando luego de un rato con otra bandeja llena de montones de hilo.

—¡Fiuuu! ¡Qué cansancio! —expresa Mario, luciendo somnoliento—. No mentía cuando dijo que eso te drena. Esa piedra mágica en serio es una cosa.

—Y eso que tuvimos que luchar contra una mujer que se hacía llamar Cackletta para obtenerla —dice Rifana.

De pronto, todos oyen algo cayendo al piso, siendo esto la bandeja con hilos de Mario, quien ahora tenía una cara conmocionada.

—Rifana, ¿podrías repetir el nombre de la mujer con la que supuestamente lucharon, por favor? —solicita Mario, ahora con actitud algo más seria.

—Umm, Cackletta. ¿Qué sucede Mario-niisan?

—... Imposible —susurra Mario.

—¿La conoces? —pregunta Naofumi.

—Sí. Luché contra ella junto a mi hermano en una ocasión y la derrotamos, por eso me sorprende tanto que digan que está aquí. Bueno, siempre existe la posibilidad de que sólo sea coincidencia de nombre. Díganme, ¿cómo era? —pregunta el fontanero.

—Umm: Tenía piel verde, extraños cuernos morados en su cabeza, dientes filosos y de edad avanzada —contesta Rifana.

—Y en cuanto a habilidades: Podía usar magia de rayo, de oscuridad al explayar agujeros negros, de ilusión al duplicarse y de transformación al convertirse en murciélagos —agrega la bruja anciana.

—¡Mamamía, es ella! ¿Cómo es que está viva? Y lo más importante: ¿Cómo llegó aquí?

—Puede que tenga que ver con el hecho de que tú también estés aquí —dice Naofumi encogiéndose de hombros.

—Hmm~, puede ser. Entonces, ¿así es como acabaste con esas heridas, Rifana? —pregunta el fontanero.

—Esto… Bueno, yo...

La semihumana miró de reojo a Naofumi, quien desvió la mirada con un toque de arrepentimiento en sus ojos. Era evidente que algo había pasado durante la batalla que tuvieron con Cackletta, y también estaba claro que no querían hablar de ello.

—Está bien si no quieres decirme cómo te hiciste esto, pero entiende que el hecho de que Cackletta esté aquí, significa que alguien o algo la devolvió a la vida y la trajo hasta acá —explica Mario seriamente, continuando—. Necesito que me cuenten a detalle lo que pasó, ya que toda información que hayan obtenido de esa pelea puede ser útil para averiguar sus planes.

Naofumi lo piensa por un segundo, sin agradarle la idea de contarle todo a Mario. Pero sucesos anteriores le habían demostrado que, si bien no confiaba en él al nivel de Rifana, podía darle el beneficio de la duda.

—Está bien, pero primero haremos la ropa de Filo —expresa el Héroe del Escudo.

—No tengo problema, ya que yo también debo de ordenar mi nueva ropa. ¿Qué tal si después de aquello, vuelven de visita a Lurolona conmigo? Allí podremos charlar con más tranquilidad —sugiere el fontanero.

—Ugh, no lo sé. Me resulta demasiado tedioso el viajar hasta allá y volver acá de nuevo, ya que tengo asuntos pendientes por aquí —se queja Naofumi.

—¿De qué hablas? Si puedes usar el Viaje Rápido para volver acá —sugiere Mario.

—¿"Viaje Rápido"? ¿Algo así existe? —pregunta escéptico.

—Uh, sí. ¿No enlazaste a tu escudo con el Dragón de Arena de los Dragones de la iglesia?

—Lo hice, ¿por qué?

—Pues eso debería permitirte teletransportarte desde cualquier punto del mundo hasta la iglesia de aquí.

—... ¿Hablas en serio?

El héroe abrió su HUD para verificar si lo que había dicho el fontanero era cierto o no, y de primeras no encontró nada. Pero luego un aviso apareció frente a él, indicándole:

«Viaje Rápido de los Dragones, disponible: Ahora puedes regresar a cualquier Reloj de Arena de los Dragones enlazado al Escudo Cardenal. El usuario tiene un total de tres viajes cada 24 hrs, con hasta tres acompañantes».

—... ¿Qué demonios? —susurra el héroe para sí mismo, pensando luego—. (¿Cómo es que no desbloquee ésta cosa hasta que Mario me lo dijo? Como sea, mentiría si no digo que me vendrá de maravilla).

—¿Qué sucede? ¿Lo encontraste? —pregunta Mario a la expectativa.

—Uh, sí. Ya lo encontré —responde—. Como sea, creo que sí podemos ir contigo a Lurolona después de todo.

—¡Genial! —expresa Mario en un arrebato de alegría.

El cuarteto sale de la tienda en donde el yoshi esperaba pacientemente a que su amigo terminara sus asuntos. Y cuando escuchó la puerta de la tienda abrirse, se volteó alegre al tener a su amigo de vuelta, pero dicha emoción se pasmó en un instante cuando vio a cierta chica rubia con alas acompañar al grupo.

No sabía por qué, pero con tan solo ver a esa chica le provocaba cierta sensación de disgusto, como si algo dentro de él repudiara a cierta joven con todo su ser. Y por su lado, la pequeña Filo también se quedó mirando al yoshi de forma amarga, detectando en él el apestoso y nauseabundo hedor de los dragones.

El grupo se limitó a mirar el duelo de miradas que tuvieron el yoshi y la filolial con incertidumbre. Para que al final, Forest le de un lengüetazo a la chica justo en la frente, haciéndola caer de espaldas mientras él se reía.

—Forest, ¿por qué fue eso? —pregunta Mario extrañado.

—Escuché que los dragones y filolials tienen una rivalidad muy antigua. Puede que Forest, al ser una especie de dragón, no le agrade filo y viceversa —explica Rifana.

Filo se pone de pie y, enojada, arremete contra Forest para darle una patada, pero el yoshi extiende sus alas y vuela en el último segundo, provocando que la chica patee el aire y caiga de espaldas de nuevo.

Forest aterriza junto a filo y arrastra sus patas hacia atrás para echarle polvo a la chica, quien luego camina con una sonrisa de victoria hasta quedarse junto a Mario.

—Bueno, eso fue... Interesante —opina Mario, luego dirigiéndose al yoshi—. Forest, Filo es una compañera al igual que Rifana y Naofumi, por lo que deberías llevarte bien con ella también.

—¡Yoshi! (¡Prefiero besar a Bowser!) —contesta.

Filo se levantó, y luego de desempolvarse el vestido, intentó atacar de nuevo a Forest, pero Naofumi la toma del brazo, deteniéndola.

—¡Filo, ya basta! ¡Tenemos cosas qué hacer, así que no pierdas el tiempo peleando con el dragón de Mario! —regaña el héroe.

—¡Pero...!

—¡Sin peros, vamos! —expresa, comenzando a caminar.

Filo y Forest comparten otra mirada de disgusto antes de cada uno seguirle la pista a su amigo y amo respectivamente.

Tanto Mario como Filo dejaron sus hebras de hilo mágico en la sastrería, pasando luego a esperar un día para obtener sus respectivos atuendos: Filo adquirió un vestido blanco holgado de mangas largas, volantes azules y un gran moño a juego en el pecho. Mario obtuvo una copia idéntica de su atuendo original, pero los bordados y el material en general se veían de mucha mejor calidad, además de notar el significativo aumento en sus estadísticas y aún conservando su capa amarilla.

Luego de aquello, Naofumi guió al grupo hasta donde estaba el carruaje de Filo, transporte en el cuál irían todos a Lurolona. Pero cuando Forest intentó abordar, Filo se negó diciendo que un apestoso dragón nunca tendría permitido subir en su carruaje.

Naofumi estaba apunto de reprenderla, pero Forest sólo sonrió arrogantemente y extendió sus alas para tomar vuelo en dirección a la aldea.

Filo puso un semblante de enojo y emprendió viaje rápidamente siguiendo la pista del yosi, pues su orgullo no le permitiría que un dragón le gane en una carrera y haciendo que el resto del grupo tuviese un viaje ajetreado.

El grupo llegó hasta Lurolona en mitad de tiempo gracias a la carrera que se marcaron Forest y Filo, con el yoshi siendo el vencedor y todo el interior de carruaje revuelto por el turbulento viaje.

—¡Ack, Filo! ¡Si vuelves a hacer algo así, te reembolsaré al esclavista, ¿entiendes?! —expresa Naofumi.

—Pero, amooo~ —suspira la Filolial.

Raphtalia salió a recibir a los recién llegados, y se escandalizó por las heridas visibles de Rifana, pero esta apaciguó los humos diciendo que no era la gran cosa.

—Hola Raphtalia. ¿Y los demás? —pregunta Mario.

—Oh: Sadina-neechan se fue de pesca; Eclair-san se fue a una reunión que tiene algo que ver con la reina, y Bowser-sama está en la costa con algunos aldeanos. Desde ayer comenzó la construcción de una especie de barco, por lo que puso a toda la aldea a trabajar en ello —explica Raphtalia.

—¿Un barco? ¿Hablas en serio? No creo que esa tortuga descerebrada esté construyendo lo que yo creo que está construyendo —comenta Mario.

—¿Y qué sería eso? —pregunta Raphtalia curiosa.

—Pues...

—¡Por fin!

Mario fue interrumpido por la distintiva voz de Bowser, que luego de que se hiciera presente, una cuerda es amarrada a las patas de Filo, quien cae al piso de costado y luego es tomada por sus extremidades.

—Esta vez consiguieron una grande. ¡Perfecto, porque tengo un hambre demencial! —dice el koopa en lo que arrastraba a Filo, mientras ella gritaba y se retorcía de desesperación.

—¡Amooo, me van a comeeeer! —grita Filo y Forest no pudo evitar burlarse.

—¡Oye tú! ¡Ella es mi compañera, suéltala! —ordena Naofumi.

—¿Hm? —Bowser gira su cabeza y mira de reojo a Naofumi, como si hasta apenas lo hubiera notado—. Lástima. Quien lo encuentra, se lo queda.

Pero empleando toda su fuerza, Filo logra romper la cuerda de sus patas y corra como alma que lleva el diablo hasta Naofumi.

—¡Bah, se escapó! —se queja el koopa.

—¡Bleeeeh! Tónto dragón —expresa Filo desde detrás del héroe, sacándole la lengua.

Antes de que el koopa pudiera responder al insulto del ave, Mario interviene, preguntándole acerca del proyecto que el koopa tiene.

—Oye Bowser, ¿en serio estás construyendo una Aeronave?

—¡Bwajajaja! ¡Así es! ¿Impresionado? —responde con suficiencia.

—¿Y cómo le harás para que vuele? —cuestiona Mario.

—No te metas en lo que no te importa. La arquitectura y funcionamiento de las aeronaves son un secreto de los koopas —expresa Bowser.

—Bien, si tú lo dices. Naofumi, ahora que ya estamos aquí, ¿te importaría contarme lo que pasó con Cackletta? —expresa Mario.

—¿Cackletta? ¿Qué hay con ese vejestorio? —pregunta Bowser.

—Aparentemente, está de vuelta, ya que Naofumi luchó contra ella —explica Mario.

—¿De verdad? Bueno, ni que fuera la gran cosa ese saco de arrugas —dice Bowser.

—Entonces, Naofumi…

—Bien: La verdad es que no dijo nada de cómo llegó aquí, pero mencionó querer conquistar el mundo. Y también mostró interés en mi escudo y demás Armas Cardenales —explica Naofumi.

—Hmm, eso en realidad no nos dice mucho. ¿No la interrogaron ni nada parecido?

—No pudimos. Pues ella escapó.

—Hmm, raro. Ella no era de las que escapaban. Pero bueno, supongo que podemos partir por el hecho de que está interesada en las Armas Legendarias. Entonces, tú y los demás héroes deberían andar con cuidado.

Pero la conversación entre Mario y Naofumi fue interrumpida cuando el sonido de una campana invadió todo el lugar. Volteándose hacia su origen, todos ven a un semihumano que estaba trepado en una torre, tocando la campana fuertemente a modo de aviso, gritando después.

—¡Se aproxima un carruaje de caballeros! —avisa con temor y nerviosismo.

Todos los habitantes proceden a esconderse en sus casas rápidamente, dejando sólo a nuestros héroes para recibir a sus visitantes.

A lo lejos, se podía ver a un carruaje aproximándose a toda velocidad con muchos caballeros a los lados montando dragones que una vez en la entrada del pueblo, el carruaje se detiene y de él bajan cinco individuos: Los cuatro Héroes Cardenales y una mujer pelirroja que mostraba una sonrisa arrogante.

—¿Ustedes? ¿Qué diablos hacen aquí? —pregunta Naofumi con amargura.

—¡Cierra la boca, Naofumi! —expresa Motoyasu—. ¡¿Cómo te atreves a invadir este poblado y esclavizar a todos sus habitantes?!

—... ¿De qué carajo hablas? —dice Naofumi.

—Como lo escuchaste —habla ahora el Héroe del Arco—. El rey nos informó que tienes secuestrada a esta aldea, aliándote con esa tortuga gigante para torturar y aprovecharte de todos sus habitantes. En serio, no creí que podrías caer más bajo.

—Itsuki tiene razón —agrega Ren, el Héroe de la Espada—. Su majestad nos encargó esta tarea exclusiva para expulsarte del pueblo y llevar a esa tortuga ante él, ya sea vivo o muerto. Así que, será mejor para todos si ambos se entregan y nos evitamos todo este problema.

—¡Tch! ¡¿En serio le creyeron esa estupidez a esa basura de rey?! ¡¿Qué no tienen cerebro para pensar por ustedes mismos y concluir que nada de lo que dicen tiene sentido?! —exclama Naofumi.

—Nadie quiere escucharte a ti, ni a tus estupideces —habla ahora la mujer pelirroja—. Vine hasta aquí personalmente para confirmarle a mi padre que el trabajo está hecho, así que me deleitaré al ver cómo los héroes te hace sufrir, demonio.

Naofumi rechinó los dientes de enojo, a punto de gritarle mil y un maldiciones a la mujer, pero Bowser se le adelantó al dar varios pasos adelante hasta estar al frente.

—¡Este es MÍ pueblo! ¡MÍ gente! Si creen que pueden venir aquí y amenazar al REY DE LOS KOOPAS para que abandone su territorio y se entregue, ¡entonces los enviaré en pedazos a ustedes de vuelta a su patético y cobarde rey, y luego le haré una visita personalmente para ajustar cuentas! —declara Bowser.

—Sip. Yo también necesito decirle un par de cosas a su rey —agrega Mario.

—¡¿Cómo es posible semejante insolencia?! ¡Héroes, arresten a todos estos sucios criminales! —ordena la pelirroja.

—Descuida, Mein, esto no tomará mucho —dice Motoyasu con arrogancia, tomando postura de combate, al igual que los otros héroes.

Naofumi, Mario, Bowser, Forest, Rifana y Raphtalia también tomaron postura de ataque, listos para librar una feroz batalla contra los héroes por la aldea Lurolona.

Fin del Capítulo

A/N:

¡YA ESTÁÁÁÁÁÁÁÁÁ!

Dios mío, sí que me costó escribir este capítulo, pues la universidad y otras cosas me tenían hasta el cuello, y sólo podía escribir durante el tiempo entre clases o ratos libre en donde estoy de pasante. Pero al fin, luego de sacrificar un fin de semana completo, está listo. En verdad lo siento por la tardanza, intentaré ser más constante.

Pues bien, como acaban de leer, fue Cackletta quien hizo que Naofumi despertara la Serie Maldita, puesto a que Mario y compañía salvaron a Gaileón en el cap, anterior, ese suceso no podía acontecer.

Pero bueno, en el siguiente capítulo será: Espada, Lanza y Arco vs Martillo, Garra y Escudo; estén pendientes.

¡Hora de los cometarios!

Carlos Andrés Anaya: Oh, bueno, en español entonces. No creo que Bowsitos aparezca en esta historia, ya que para que eso pase, Bowser tiene que morir, y ya sabes qué suceso pasará cuando el koopa esté en peligro de muerte.

Guest: Sí, tuve un gran dilema si dejar a Gaileón vivo o muerto, aunque (spoiler), luego prácticamente revive, así que su muerte no tiene mucho sentido de por sí. Simplemente adelanté los hechos de cuando se une al grupo del héroe del escudo como dragón bebé.

Y como puedes ver, Naofumi sí desbloqueó el Escudo de la Ira, pero bajo otras circunstancias. Traté de hacer que esa escena tuviera tanto impacto como fuera posible, cambiando el activador de la "muerte" de filo, a que Naofumi se sintiera impotente e inútil ante Cackletta.

Bowser y Fitoria en serio tendrían química, pero de esa que explota, pues ambos son reyes y de razas rivales. Creo que cada interacción que tuvieran ellos terminaría en insultos. Ya tuvimos algo de rivalidad Filolial-Dragón con Filo y Forest.

Respecto a lo de Raphtalia con el traje tanuki, puede que en el futuro Mario encuentre la forma de acceder a más Power-ups, y ahí es donde podrá probarla.

Y finalmente, tengo que pensar bien en cómo interactuarán Melty y Mirellia con Bowser. Pues por un lado, Bowser vino y tomó tierras de su reino como si nada; y por otro, Bowser es una semihumano —al menos para ellas— que también es un héroe vasallo, por lo que tendrán que jugar bien sus cartas si no quieren una guerra.

Marlone: Si bien Smithy puede ser una gran adición, también tendría que traer a todos sus secuaces, y no quiero que la obra se sature de villanos y no se le de la importancia que merece cada uno. Los héroes primero tendrán que lidiar con Cackletta, y luego veremos a quién se trae de vuelta.

Kinoki 64: Gracias por tus comentarios. La verdad, mucha gente me dice que estoy haciendo un gran trabajo, pero yo siento que aún me falta mucho. Tal vez sólo sea mi Síndrome del Impostor atacando de nuevo. Y bueno, gracias por tu oferta, pero ahora no puedo permitirme "contratar" a alguien, y tampoco quisiera no compensarte con lo justo por tu trabajo de edición, puesto que sé lo difícil que es. Pero, si quieres editar el primer cap a tu modo, eres libre de hacerlo y subirlo, simplemente deja los links necesarios ya sea del canal de yt, o de la página de fanfiction.

¡Muchas gracias a todos por leer, y nos vemos a la próxima!