Capítulo 11: El ataque.

Aultcray Melromarc deja salir un cansado suspiro, sobándose la frente para aliviar el estrés que le causan un sinnúmero de circunstancias y pensando en qué podría hacer para sacarse de encima todos estos problemas que tiene. Y su vaivén cesa cuando escucha las puertas del salón del trono abrirse, viendo cómo un soldado entra a paso apresurado hasta estar frente a él, postrándose en el acto.

—Mi rey —expresa el soldado con respeto y admiración—. Los héroes ya se encuentran en la sala de espera para poder recibir sus respectivas recompensas.

—Argh, déjalos pasar —ordena el rey luego de dejar salir un suspiro, viniéndose luego a la cabeza cierto conjunto de acontecimientos de los que se ha enterado—. Por cierto, ¿han hecho algo respecto a los informes de ese individuo que está causando problemas en el reino?

—Um, bueno: Hemos estado haciendo rutinas de vigilancia alrededor de las ciudades, pero no hemos visto nada sospechoso. Quienquiera que sea esa persona, en verdad sabe cómo escabullirse y mantener un perfil bajo. Pero, varios testimonios indican que se trata de una figura femenina con una especie de cuernos, así que hasta ahora podemos asegurar que es un semihumano. No se sabe muy bien lo que quiere, pero su patrón es claro: Roba toda tienda de artículos mágicos y biblioteca que encuentra. Incluso las monjas de la catedral informan que escucharon sonidos sospechosos por la zona del Reloj de Arena, y se sospecha que pudo haber intentado un ritual de Subida de Clase.

—¡Tch! ¡Por supuesto que lo es! ¡Esos apestosos animales no saben hacer otra cosa que causar problemas! —escupe despectivamente—. Como sea, ya trataremos ese asunto después. Por ahora, has pasar a los héroes.

—Como ordene, su majestad —expresa el soldado con una reverencia antes de salir del salón, para luego escucharse al portón abrirse de nuevo, entrando los tres de los cuatro Héroes Cardenales a la habitación, caminando con el pecho inflado por el orgullo; y detrás de ellos se puede ver a Naofumi, con toda la desgana presente en su cara y lenguaje corporal.

Y una vez los cuatro están en fila frente al soberano, éste inicia con su discurso:

—¡Héroes! Primero que nada quiero presentar mi enorme gratitud por haber salvado nuevamente a mi reino de la influencia de las Olas de Calamidad; así como felicitarlos por tan espléndido trabajo, aunque, dado como son, era algo de esperarse.

—¡Jeje, sólo hacemos nuestro trabajo, señor! —responde Motoyasu, complacido de los halagos.

—No hay problema, pero creo que usted tiene que cumplir con su parte, su majestad —agrega Itsuki.

—Oh, es verdad —dice el Rey, aplaudiendo un par de veces para que una fila de sirvientas entren en el salon, portando cada una una bandeja de plata en donde reposaba una bolsa marrón, cuyos tintineos provocados por los movimientos al caminar, daba a entender que estaban llenas de monedas.

—Como recompensa por haber defendido exitosamente a Melromarc de la Ola de Calamidad, a cada héroe se lo recompensará con una compensación económica equivalente a su aporte dentro de la batalla —expresa, ordenando a las sirvientas que caminen hasta los héroes y continúen—. El Héroe de la Lanza, Motoyasu-sama: recibirá 8500 platas por su contribución. El Héroe del Arco, Itsuki-sama; y el Héroe de la Espada, Ren-sama: Recibirán cada uno 6000 platas por su contribución —continúa el rey, haciendo que las sirvientas entreguen el dinero a sus respectivos dueños.

—Como siempre, él siendo el favorito —susurra Itsuki, mirando celosamente al héroe que recibía con una sonrisa la bolsa de monedas y le guiñaba un ojo a la sirviente.

—Y finalmente, El Héroe del Escudo le tocan 1000 platas por su contribución. Pero antes de entregarle su recompensa, el Héroe está en la obligación de contarme qué tipo de objetos mágicos usó durante la batalla contra la mujer voladora —declara, haciendo que Naofumi jadee de sorpresa y a los demás se les prenda la chispa del interés, mirando expectantemente a Naofumi.

—(Así que, de alguna forma nos estuvieron espiando en toda la pelea. Típico: se esconde y observa desde las lejanías, como un verdadero cobarde) —piensa Naofumi con molestia, no tardando ni un segundo en dar su respuesta a los cuatro vientos—. ¡Me niego! No tengo ninguna obligación de contarte nada, así que dame mi maldito dinero para que pueda largarme de aquí.

La respuesta del Héroe del Escudo hizo que el rey comience a rechinar los dientes de enojo, así como dos de los tres héroes restantes lo miren con una mueca, no sólo de enojo, sino también de envidia de que al parecer él tenga acceso a ese tipo de habilidades y no quiera compartirlo.

—¡Cómo te atreves! —ladra el rey, golpeando lateralmente con su puño el reposabrazos de su trono—. ¡Como mi sirviente, tienes la obligación de darme cualquier tipo de información que se te solicite, demonio!

—Así es, Naofumi. No es justo que sólo tú puedas saber dónde conseguir ese tipo de objetos; debes compartirlos con todos —dice Motoyasu.

—¡Tch! ¡¿Y quién dijo que yo alguna vez fui tu maldito sirviente, basura?! Pero, bien, si quieren saber cómo es que obtuve esos poderes, se los diré, simplemente… —y con una mirada cretina, sonrisa maliciosa y apuntando con su índice al piso, ordena— …¡Arrodíllense!

—¡¿Q-QUÉ?! —reaccionan todos en coro.

—De donde vengo, las cosas se piden de rodillas. ¿No es verdad, muchachos? —declara, mirando de reojo a los otros héroes y luego volviendo a mirar al rey—. Si quieres que te de la información, debes de pedirla apropiadamente. Vamos.

En este momento, Aultcray sentía tanta ira ferviente que parecía que la vena de su frente estaba a punto de explotar. La osadía, insolencia y descaro de éste demonio era tanta que estaba a un pelo de ordenarle tanto a los héroes como a los guardias que exterminen a esta plaga de una vez por todas. Pero su ira se apagó en un instante cuando sonidos de gritos, cosas rompiéndose y pasos pesados yendo hacia su dirección captaron su atención.

Un segundo después, las puertas del salón del trono literalmente salen volando, y Bowser entra en el salón con toda la casualidad del mundo; siendo seguido por Mario, que también camina como si nada estuviera pasando.

—¡Tú! —expresa Bowser, apuntando al rey—. Me debes dinero, ¡paga!

Le tomó a Aultcray y a los demás varios segundos para salir de su shock, volviendo a poner su mueca de ira cuando vio al semihumano tortuga entrar a su palacio como si nada y exigirle dinero como si éste le debiera algo.

—¡¿De qué estás hablando, maldita escoria?! ¡Yo no te debo un centavo! ¡Ahora, lárgate antes de que te ejecute aquí mismo! —exclama el rey.

—¿Ah, no? Pues qué curioso, Rey Basura. Verás: hace poco me enteré que a los héroes se les recompensa monetariamente por combatir en las Olas. Y según recuerdo, yo soy un héroe, y peleé tanto en la Ola anterior como en ésta, ¡y no he recibido ni un centavo! ¡Así que, paga!

—¡Já! ¿De verdad crees eso? Pues déjame informarte, semihumano, que yo nunca solicité tu contribución, y tampoco es mi culpa que quieras meter tus narices en donde no te llaman, por lo que no estoy en obligación de pagarte nada, ¡¿oíste?!

Tanto Aultcray como Bowser compartieron una mirada desafiante, gruñéndose mutuamente en tono amenazante durante unos segundos hasta que otra voz les llamó la atención:

—Tiene razón —declara Ren, pasando a explicar—. Luego de la misión que nos dio para "recuperar" Lurolona, me surgieron ganas de ponerme a estudiar e investigar más cosas sobre éste mundo, descubriendo así que no sólo hay Olas en Melromarc, sino que también las hay en otras partes del mundo, por lo que la presencia de tanto Héroes Cardenales como Vasallos tiene una demanda muy alta. Así que, podría estar ocurriendo una Ola en otro país ahora mismo, y en lugar de estar combatiéndola, él decidió quedarse aquí, en Melromarc. Tiene derecho a exigir una recompensa.

Tanto los héroes, el rey, como los recién llegados miraron a Ren como si tuviera una ardilla haciendo una parrillada en su cabeza, pues no se esperaban ni un poco que le lleve la contraria al rey, ni mucho menos en defensa de Bowser.

—Espera, ¿es eso verdad? —expresa Mario, preocupado—. ¿No deberíamos ayudar a esos otros reinos también?

—¡Ese asunto no importa ahora mismo! —expresa Bowser—. El mocoso pelo de casco ya lo dijo: Estoy en mi derecho de exigir una recompensa. ¡Paga, o convierto a todo el personal de éste castillo en cenizas!

La amenaza del rey de los koopas hizo que todos los guardias alrededor tomaran posición de combate, así como los nobles y sirvientes dispersos dejaran salir chillidos de miedo y pasaran a correr o esconderse en el primer lugar que pudieran encontrar.

—Escuche, rey. No es que esté de acuerdo con los métodos de Bowser, pero es verdad que por derecho merecemos esa recompensa, la cuál necesitamos ya que estamos reconstruyendo Lurolona, aldea que usted intencionalmente prescinde —expresa Mario severamente.

Dejando escapar otro gruñido de frustración, y al verse acorralado al no tener sólo uno, sino dos Héroes Vasallos y uno Cardenal exigiendo una recompensa, el monarca sólo puede llevarse la mano a la sien y le dice derrotado a su sirviente:

—¡Argh, está bien! Proporciónales a estos dos su respectiva recompensa y échalos de inmediato de mi castillo.

El consejero del rey asiente y chasquea los dedos, apareciendo varios minutos después un par de caballeros con bolsas llenas de monedas que se las tienden respectivamente.

—¡Oye, ¿y yo qué?! —reclama Naofumi.

—¡Tú puedes irte directo al infierno, demonio! —ladra Aultcray, con su cólera hasta el límite.

Derrotado y sabiendo que tratar de razonar con éste ente era igual que hablar con una pared, el héroe se da media vuelta y camina hasta la salida de la habitación, acción que es imitada por Mario y Bowser, pues ya con su dinero en sus manos, no tenían ningún otro asunto qué tratar en éste lugar.

Los tres héroes salen del salón del trono y posteriormente, del castillo, encontrando cerca de la zona del puente a sus respectivos grupos que parecía que se habían encontrado entre sí, puesto que Raphtalia estaba conversando con Rifana, y Filo y Forest tenían un intenso duelo de miradas.

—¡Oh, Naofumi-sama, regresó! —expresa contenta la chica comadreja al dejar de conversar con su amiga y notar la presencia de su amo.

Pero antes de que pudiera correr y dejarse caer en sus brazos, cierta chica ave se le adelante y se abalanza contra el héroe, haciendo que la semihumana cruce los brazos e infle sus mejillas del coraje.

—¡Amooo, regresooo~! ¿Cómo le fueeee? —pregunta al soltarlo.

—Ugh, de maravilla —responde sardónicamente y en tono desanimado.

—¿Todo bien, Naofumi-sama? —pregunta la comadreja, preocupada al ver el desánimo de su amo.

—Sí, sí. Es sólo… esa basura de rey no me pagó lo correspondiente —responde el héroe, quien luego de un momento siente cómo toman su brazo con delicadeza, viendo a la chica comadreja abrazándolo y portando una sonrisa tranquilizadora.

—No se preocupe, Naofumi-sama, ya nos las arreglaremos juntos. Siempre lo hemos hecho, ¿verdad?

La gentil sonrisa y el gesto de afecto provocaron que la frustración del momento disminuyera un poco, haciendo que el héroe cambie su ceño fruncido a una tranquila sonrisa.

—Ho, ho, veo que se llevan bien —comenta una voz alegre, a quien ambos voltean a ver y descubren que se trata de Mario.

—¡Mario-niisan! —expresa la comadreja, contenta de ver al fontanero.

—¡Hola, Rifana! Un gusto verte. ¡Y hola a ti también, Filo! —saluda tanto a la semihumana como a la niña pájaro, pero esta no le estaba prestando atención al tener otro concurso de miradas con el dinosaurio azul.

—¡Filo, no seas maleducada! —regaña Rifana.

Pero Filo hizo caso omiso y siguió en guerra fría contra forest, haciendo que tanto Naofumi, Rifana y Mario suspiren de angustia.

Con la presencia del fontanero, Eclair y Raphtalia también se acercaron hasta el núcleo de la conversación, sólo faltando Bowser a quien no le interesaba nada de lo que estuvieran hablando y sólo se limitó a esperar a un lado con los brazos cruzados.

—¿Pudo convencer al rey, Mario-san? —pregunta Eclair.

—¡Sip! ¡Obtuvimos el dinero! —celebra Mario, levantando la bolsa de monedas y mostrándola al grupo.

—¡Enhorabuena! ¡Ahora sí podemos regresar a Lurolona! —dice Raphtalia.

—¡Así es! No puedo esperar a ver cómo se las arreglaron para abatir la Ola —dice Mario, a quien luego Naofumi le dirige la palabra.

—Oye, Mario…

—¿Sí? —expresa el fontanero, volteandose hacia Naofumi.

El héroe llevó su mano a su nuca para intentar calmar el estrés, pues aún no era tan asertivo con otras personas debido a su pasado, sobre todo por la naturaleza de lo que tenía que decir y por eso mostró actitud evasiva y hasta tímida.

—Yo, uuh…

—Naofumi-sama quisiera saber si le podría dar más Power-ups —se mete Rifana de repente, terminando la solicitud del héroe.

—¡Oye! —reclama este por el poco tacto de su compañera.

—¿Oh? ¿De verdad? ¿Ya usaste todos los que te dí?

—Sí, los usé contra esa mujer voladora de la Ola. Y si fuera realmente sincero, no quisiera pedirte esto, pero estamos a punto de realizar un viaje hacia otro país, y mentiría si digo que no me han sido de gran utilidad.

—¡Pues claro! No tengo ningún problema. Pero no cargo muchos conmigo ahora mismo. Digo, puedo dártelos, pero si lo que planeas es un viaje largo entonces, ¿por qué no me acompañas a Lurolona y así puedo darte un gran suministro? —sugiere el fontanero.

—Oye, espera. Tú también los necesitas, y tampoco quisiera… ya sabes, abusar —dice Naofumi inseguro.

—¡Para nada, paisano! ¡Siempre es un placer ayudar a un amigo! —expresa Mario, dándole un pequeño golpe en el hombro al héroe, quien luego de poner una cara sorprendida, sonríe tranquilamente gracias a la amabilidad del fontanero.

El carruaje de Filo pasaba por el camino marcado de tierra a un ritmo leve, teniendo la chica pájaro que esforzarse un poco más al cargar tanto a su grupo como al de Mario —excepto Forest— dentro de él, quien seguía el carruaje desde las alturas, y lanzando uno que otro escupitajo ocasional que hacía que la filolial voltee a ver con dagas al yoshi alado.

—Entonces, ¿a dónde irán? —pregunta Raphtalia.

—Umm, creo que el lugar se llamaba Shieldfreen —responde Rifana.

—¿Shieldfreen? Es un reino semihumano que admite humanos. ¿Por qué ese lugar y no Siltvelt? Ahí usted es prácticamente una deidad, Héroe del Escudo-dono —cuestiona Eclair.

—Simplemente quiero ahorrarme las molestias de ser idolatrado. Sólo quiero subir de clase a mis compañeros, cosa que no pude hacer aquí porque soy el Héroe del Escudo y me odian; y siento que si voy allá, será igual o más dificultoso el hacerlo con tanta idolatría —explica.

—¡Bah, Ridículo! Tienes una nación para ti sólo por portar ese apestoso escudo y desaprovechas la oportunidad —opina Bowser desde atrás.

—No todos estamos hechos para la fama, Bowser. A veces yo también quisiera que no me reconocieran a cualquier lugar a donde voy —dice Mario.

—¿Uh? ¿Es usted famoso, Mario-niisan? —pregunta Raphtalia.

—Pues sí: De vuelta en casa, soy un gran héroe, me conocen en todos lados. Incluso ha habido ocasiones en donde he visitado lugares de los que no sabía su existencia, y resulta que también soy conocido ahí. Quiero decir, no me importa la atención; de hecho, me gusta. Pero el venir aquí y ser un total desconocido sí que es un respiro de aire fresco.

—Al menos eras famoso por ser un héroe y no un abusador —se queja Naofumi, haciendo que el ambiente del pequeño vagón se vuelva tenso.

—Naofumi-sama… —susurra Rifana al escuchar que el trauma de su amo lo sigue carcomiendo.

—Vamos, amigo. Lo que importa es que tienes a personas que conocen tu verdadero tú, y te creen y apoyan a pesar de todo, ¿verdad?

Naofumi suelta un suspiro y responde:

—Supongo que tienes razón —y luego, sus ojos se abren en sinapsis al recordar ciertos artilugios que traía consigo—. Ah, por cierto…

Naofumi levanta su escudo y hace emerger desde la gema lo que parecen trozos de un material blanquecino, cuya textura se parecía al de la tela, pero algo áspera.

—Tengan: Son trozos del Devorador de Almas que enfrentamos en la Ola. Ustedes se habían ido para cuando los recogí, así que se los traje para que pudieran absorberlos con sus armas —explica, pasándole los trozos a Mario, y este le lanzó uno a Bowser.

Tanto el fontanero como el monarca introdujeron los trozos en sus respectivas armas, siendo disueltos en una luz y mostrando las nuevas variantes de armas que obtuvieron:

«Martillo Devorador de Almas, condiciones cumplidas:

Vitalidad +10

Ataque Mágico +9

Defensa Mágica +15

Habilidad Especial: Efectivo contra monstruos de naturaleza espiritual o fantasmales».

Se trataba de un mazo de cuerpo blanco, y mango y caras a color morado; con un triangulito en el tope a juego y una gran cara fantasmagórica en un lateral.

—(Vaya. ¿Será que puedo golpear a los Boos con esta cosa?) —se pregunta Mario en su mente.

«Garra Devoradora de Almas

Ataque Mágico +4

Ataque +16

Habilidad Especial: Efectivo contra monstruos de naturaleza espiritual o fantasmales

¡Compatibilidad con Aptitud Mágica! Habilidad: Atemorizar; Desbloqueada».

Dichas garras eran de color blanco en la zona de la mano, luciendo también en el mismo lugar estaba esa sonrisa fantasmal y las garras eran de color morado.

Bowser examinó sus nuevas garras meticulosamente, siendo que, para él, no fue nada del otro mundo. Pero la nueva habilidad que obtuvo le dió un poco de nostalgia, puesto que se parecía a una habilidad que ya tenía, pero por azares del destino olvidó cómo se usaba. Así que hizo la nota mental en probarla después y volvió a prestar su atención en nada en particular.

—Wow, ¡gracias, amigo! Es verdad que olvidamos absorber los materiales del jefe, supongo que teníamos mucha prisa, jeje —dice Mario, rascándose la nuca.

—No hay problema. Es lo menos que pude hacer luego de que tus Power-ups me hayan salvado el trasero —expresa el héroe.

—Hey, no hay problema. Apuesto a que te las hubieras arreglado bien sin ellos —alienta, levantándole un pulgar.

—Jé, no lo creo —expresa, poniendo una sonrisa irónica y mirando hacia un lado—. Pero bueno, sólo necesito un poco más ya que iré a Shieldfreen a subir de clase a Rifana y Filo.

—¿Subir de clase? Mencionaste ese término antes, ¿qué es? —pregunta Mario, ladeando la cabeza.

Eclair, notando la duda de Mario, explica:

—Un ritual en donde se rompe la barrera que las personas comunes se topan al llegar al nivel 40. Ustedes, los héroes, no lo necesitan ya que no tienen límites al subir de nivel, pero gente como yo o Raphtalia-san necesitamos realizar ese proceso.

—¿Oh, es así?

Azotado por la curiosidad e incertidumbre, Mario abre el panel de su arma, enfocándose en su lista de compañeros y descubriendo que, tanto Forest como Eclair, estaban en nivel 40 y con la particularidad de que había una estrella al lado de sus nombres. Y al igual que Mario y gracias a que estaba escuchando la conversación desde atrás, Bowser hace lo mismo, viendo que Raphtalia estaba en la misma condición.

—Hmm. Hay una estrella al lado de sus nombres —informa en voz alta.

—Eso quiere decir que también necesitan subir de clase —explica Naofumi.

—Oh, vaya. ¿Y eso cómo se hace?

—Tienes que hacerlo en el Reloj de Arena de los Dragones —informa.

—Y supongo que, siendo como es la iglesia, no te dejaron hacerla a ti, y por eso vas a hacerlo en otro país —expresa Mario, recibiendo un asentimiento de cabeza por parte de Naofumi—. Mamamía…

Pero la conversación se detuvo cuando la carroza paró de moverse de repente, dándole luz al grupo de habían llegado a su destino, por lo que todos se dispusieron a bajarse del vehículo e ingresar a la aldea, totalmente inconscientes del panorama que estaban apunto de presenciar.

El primero en bajarse fue Bowser, saltando desde la parte trasera de la carroza y haciéndola sacudirse por la pérdida repentina de peso, seguidos Rifana, Raphtalia, Eclair, Naofumi y Mario; siendo que lo primero que nota el grupo al bajarse, es a Filo y Forest, extrañamente uno al lado del otro mirando algo en particular.

Acercándose hasta sus dos animalescos compañeros, el grupo pretendía descubrir qué era lo que los dos estaban mirando fijamente, y cuando miraron en la misma dirección, un escalofrío trepó por sus columnas, sintiendo cómo un enorme agujero se formaba en sus pechos mientras sus gargantas se secaban y el sudor frío bajaban por sus nucas al presenciar el horrible espectáculo.

La aldea Lurolona, aquel lugar una vez devastado, que poco a poco fue recuperando su luz y vida, estaba en un estado igual o tal vez peor a cuando Bowser llegó por primera vez: Casas destruídas; algunas humeando e incendiándose al igual que los plantíos. Los caminos hechos con rocas y demás estructuras estaban destrozadas, así como en múltiples lugares habían cráteres y demás señales de batallas.

Pero lo más angustiante de todo, era que, regados por todos lados, estaban los lugareños, algunos desmayados y otros semi-conscientes; con quemaduras, moretones y sus ropajes deteriorados.

—¡N-No…! —susurra Raphtalia, llevando sus manos a su boca mientras sus ojos comenzaban a cristalizarse por la angustia y tristeza que le causaba el escenario frente a ella.

Las piernas de Rifana pierden la fuerza cuando esta cae de rodillas, su mirada pareció perderse en el panorama, entrando en estado de shock mientras torpemente intentaba balbucear algo, pero su seca garganta y paralizada lengua le impidieron realizar el acto.

Todos los demás: Eclair, Filo y Forest estaban en estado de shock, mirando el escenarios llenos de angustia y aturdimiento, incrédulos de ver el pueblo que no hace mucho estaba floreciendo en este estado.

Por otro lado, Mario, sin perder el tiempo, sale disparado hacia el pueblo, acercándose a cada aldeano herido y datando su estado, descubriendo que la mayoría sólo estaban inconscientes, pero necesitaban atención médica lo más pronto posible.

En una de esas, encuentra para su sorpresa a una tumbada Sadina, llena de heridas de batalla que se veían más graves que las de los otros aldeanos, pues habían quemaduras un poco más profundas y heridas abiertas que apenas estaban coagulando.

Al lado de ella también estaba Gaileón, en igual estado, pero este estaba, de hecho, consciente; pero parecía sin energía, sus párpados amenazaban con cerrarse y su respiración era lenta y profunda.

«V-Veo que has vuelto, Héroe de Martillo» —habla el dragón, con voz débil y agotada.

—¡Gaileón, ¿qué pasó aquí? —le pregunta Mario de forma histérica, con Bowser también acercándose a paso lento, con la cabeza baja y las manos formadas en puños.

Antes de que el dragón pudiera responder, una débil tos se hizo presente, a lo que el par de héroes voltea en dirección a esta, y descubren que, justamente, Sadina estaba dando signos de despertar.

—O-Oh, vaya. Pequeño Mario y Pequeño Bowser. Han vuelto~ —expresa débilmente la mujer cetáceo, manteniendo su actitud coqueta a pesar de su estado.

—¡Sadina, ¿qué pasó aquí?! —expresa Mario, ansioso y estresado por la incertidumbre.

—Oh, pequeño Mario, llamándome por mi nombre de pila así sin más; haces que me sonroje~.

—¡Sadina, basta! ¡¿QUÉ PASÓ?! —pregunta de nuevo, ahora de forma más severa.

Usando todas las fuerzas que tiene, la mujer cetáceo levanta la mitad de su cuerpo y se sienta, mirando al fontanero con ojos de vergüenza y decepción, comenzando a relatar:

Un día antes, durante la Ola de Calamidad.

La aldea Lurolona se había convertido en un campo de batalla, pues la Ola de Calamidad estaba azotando dicho pacífico lugar. Pero a diferencia de su primera vez, ahora cada aldeano abatía a todo monstruo que se atrevía a poner un pie en su hogar; y los que no sabían pelear, se refugiaban en sus casas o directamente evacuaron el pueblo buscando un lugar seguro.

Sadina hizo girar un arpón en su mano de forma elegante, finalizando con una puñalada hacia un esqueleto pirata que amenazaba en arremeter contra ella con una espada oxidada, pasando a atacar de forma fluida a otros dos o tres que también se acercaban, finalizando con un salto y una estocada final a un monstruo serpiente gigante.

—Vaya, tal parece que el pequeño Bowser y compañía se están tardando lo suyo; llevamos ya un rato peleando —comenta la semihumana.

Aterrizando desde el cielo, Gaileón expulsa un torrente de llamas desde su boca, rostizando a otro enjambre de monstruos antes de prestar su atención en Sadina y responder:

Cada Ola es más difícil que la anterior, por lo que no es de extrañar que le tomen algo más de trabajo.

En la cercanía, Kiel también lograba derrotar a uno que otro monstruos con una pequeña espada. Y a su lado, Wyndia disparaba bolas de fuego color naranja desde su varita, apuntando después a una roca cercana, convirtiéndola en algo parecido a un caparazón de tortuga color rojo, el cuál patea y lo manda disparado hacia adelante, atropellando en el acto a una cantidad grande de monstruos.

—Vaya, en verdad se están esforzando —comenta Sadina al ver a los chicos trabajar.

Estoy de acuerdo. Mi hija ha mejorado mucho en el manejo de esa magia extranjera. Estoy ansioso de ver qué más puede hacer.

Y en ese mismo instante, el color carmesí del cielo cambió a un resplandeciente celeste, dando luces a toda la aldea que la Ola había llegado a su fin, provocando suspiros de alivio y sonrisas victoriosas entre todos los combatientes.

—¡Sí, Bowser-sama y Mario-niichan lo lograron! —celebra Kiel, abatiendo al último monstruo de la Ola mientras miraba al cielo.

Eso parece. Pero nuestro trabajo aún no termina: Debemos explorar los alrededores para terminar de limpiar el área de monstruos y-

—¡Bujijiji! —se escuchó tal risa conocida en las cercanías.

Tanto la mujer semihumana como el dragón voltearon en dirección a la particular risa, encontrando a la distancia a una figura envuelta por una túnica que caminaba lenta pero amenazante mente hacia ellos.

La figura también estaba siendo escoltada por tres jóvenes semihumanas: Una mitad gato, otra mitad cabra y la última mitad osa, las cuales portaban diferentes armas cada una.

—Hola, ¿puedo ayudarle? —expresa Sadina con tono amistoso y volteándose hacia la mujer, levantando discretamente la guardia por cualquier cosa.

—Bujijiji. De hecho, señorita. Verá: Escuché por ahí que dos portadores de Armas Vasallas se hospedan en este pueblo. Me preguntaba si existe la posibilidad de tener una audiencia con ellos.

Tanto Sadina como Gaileón notaron el tono amenazante disfrazado de gentileza e inocencia con el que hablaba la mujer, prendiendo todas las alarmas instintivas de los dos individuos que les decían que nada bueno podría salir de este macabro ente, por lo que Gaileón se adelante en responder.

Es una lástima, pero los héroes han sido convocados en otro lugar para abatir la Ola de Calamidad.

—Y hablando de eso, déjeme decir que tiene usted una gran osadía en viajar con semejante evento azotando todo el reino, señora. ¿Tan importante es que usted hable con ellos? —pregunta Sadina, intentándole sacar información a esta mujer.

La mujer, cubierta por su túnica, deja salir una maliciosa sonrisa afilada, levantando una de sus manos de tono de piel verdoso y pensando sus puntiagudos dedos.

—Se podría decir que ese es el caso. Bueno, supongo que debería dar media vuelta e irme pero, desafortunadamente para ustedes, debo llamar la atención de esos héroes de alguna forma, así que…

Y echando su túnica hacia un lado, la figura se revela como Cackletta, luciendo ahora un notorio cambio de imagen a comparación de lo que se estaba acostumbrado:

En lugar de una lechuguilla, ahora su túnica poseía un gran cuello levantado y doblado hacia atrás, con una hebilla larga de oro y un medallón dorado en forma de murciélago con un zafiro incrustado en el centro que le hacía juego. Sus cuernos eran ahora más grandes y habían adquirido una tonalidad de colores azul, morada y amarilla, ocupando la mayoría de su coronilla. Lucía ahora una túnica al cuerpo, lo que dejaba ver sorprendente una figura esbelta que, junto con pestañas más pronunciadas y accesorios como un zafiro en su frente; anillos de rubí en forma de llama en su mano izquierda, y rombos de zafiros en su mano derecha, la hacían ver mucho más "agradable" a la vista, a comparación de su "yo" anterior.

—...Me veré en la obligación de causar unos cuantos altercados por aquí —declara amenazadoramente.

Sin ni una pizca de intimidación recorriendo por sus cuerpos, tanto Gaileón como Sadina se ponen en guardia, listos para patear a esta mujer de apariencia extraña y sus supuestas secuaces lejos de aquí.

—Vaya, vaya. Parece que alguien busca pelea. Lo siento, querida, pero no es momento para jugar. Todos están un poco agotados por la Ola y preferirían ir a sus hogares a descansar —expresa Sadina.

Además de que, si tienes un atisbo de sentido común, te darías cuenta de que este no es un lugar en el que puedas venir y lanzar amenazas tan a la ligera. Así, ¡márchate antes de que te arrepientas! —advierte Gaileón.

—¡Bujijijijij! ¿Es así? En ese caso, parece que tendré que ir con todo —expresa Cackletta, levantando sus brazos y provocando que varios relámpagos morados cayeran en dirección de Sadina y Gaileón, en donde la primera fue capaz de evadirlo con un salto lateral; pero el segundo, siendo más grande y pesado, terminó recibiéndolo de lleno, estremeciéndose de dolor y sorprendiéndose de que ese simple ataque tuviera tanta potencia.

—¡YARRRGH! —expresa Gaileón con un rugido, chispas moradas bailando por todo su cuerpo.

—(¡Lanzó un ataque mágico sin ni siquiera recitarlo! Estamos lidiando con alguien de alto nivel aquí) —piensa Sadina al aterrizar.

Gracias al espectáculo de luces, todos los aldeanos por los alrededores se aglomeraron alrededor del embrollo, y aquellos armados y con entrenamiento no dudaron en posicionarse para unirse en combate, lo que fue notado tanto por Cackletta como por Sadina.

—¡Manténganse atrás! —ordena la semihumana, pero algunos hicieron caso omiso y se lanzaron contra la bruja.

—¡Bujíjíjíjíjí! Los gusanos creen que pueden contra un águila. ¡Qué divertido! —expresa Cackletta, abriendo su mano izquierda y generando un millar de bolas de fuego que son disparadas hacia el aire, eventualmente tomando forma de murciélago y luego lanzándose en picada contra sus atacantes.

—(¡¿Magia de fuego?! ¡¿Tienes dos aptitudes?!) —exclama Sadina en su cabeza, anonadada.

Pero lo que más le sorprendió y generó un agujero en su pecho fue ver cómo, al contacto con alguna persona, objeto o superficie, el murciélago de fuego generaba una potente explosión, mandando a volar a cada pobre aldeano —ya fuera entrenado o no— a cientos de metros, convirtiendo el pintoresco y pacífcico ambiente de la aldea Lurolona en una cacofonía de gritos de agonía, explosiones y ruidos de edificaciones destruyéndose, pues los murciélagos también se lanzaban contra casas, plantíos y lugares aleatorios.

La expresión seria de Sadina pronto se convirtió en una mueca de ira absoluta. Siempre se corrigió a sí misma de que, si hubiera estado aquí durante la primera Ola, la aldea nunca habría sido destruída en primer lugar. Pero ahora y frente a sus narices, esta mujer estaba convirtiendo su hogar en cenizas de nuevo, y era algo que hacía su sangre hervir.

Concentrándose, Sadina de pronto comienza a desprender relámpagos azules de su cuerpo, apuntando con su arpón hacia la bruja y recitando:

Como mayor autoridad, te lo ordeno: Descifra las normas naturales y otórgame el poder de los cielos para poner a mis enemigos a mis pies. ¡RAYO DRIFA!

Un grueso rayo de color azul sale disparado del cuerpo de la semihumana y avanza serpenteante y a gran velocidad hacia la bruja, quien al sentir un poderosocúmulo de magia viajar hacia ella, detiene su generación de murciélagos explosivos y mira con sorpresa y algo de temor al ataque que se aproximaba vertiginosamente, terminando por impactar y generar un gran flash de luz y una fuerte explosión, levantando una cortina de humo que le impedía a la semihumana ver los resultados de sus actos.

Aun así, y confiada de que su ataque había funcionado, Sadina deja salir un suspiro que no sabía que estaba conteniendo, pasando a mirar estoicamente a la cortina de humo que ahora percibía como la tumba de esa mujer, pues había osado atacar su hogar y eso no se podía castigar con nada menos que la muerte.

—¡Bujíjíjíjí! —se escucha desde otra dirección.

Sorprendida e incrédula, Sadina gira su cuerpo y toma guardia rápidamente, sólo para encontrar a la bruja que, de alguna forma, se las había arreglado para escapar de su ataque y estar ahora a centímetros de distancia, con su mano elevada de forma amenazante y apuntando sus filosas garras hacia ella.

Pero antes de finalizar su ataque, Cackletta es apartada de la semihumana por un torrente de llamas, obligándola a saltar hacia atrás.

—Gaileón-san —expresa Sadina, viendo aterrizar al reptil gigante a unos metros de ella, recuperado de su aturdimiento por el primer ataque.

Parece que nuestra invitada es capaz de utilizar diferentes tipos de magia —comenta.

—Así es: Magia de Fuego y de rayo. Sin duda problemático. Pero lo que más me intriga es el cómo escapó de mi ataque. Quiero decir, era imposible de esquivar debido a la distancia y velocidad del rayo, lo que sólo deja a colación que fue capaz de resistirlo.

No creo que sea el caso ya que, aunque lo hubiera resistido, aún así debería tener alguna marca de quemadura o al menos algo de ropa magullada. Debió usar algún otro truco.

Por su lado, Cackletta usa su palma para aplastar una pequeña llama que se había generado en un extremo de su túnica gracias a la llamarada del dragón, mirando con dagas al dúo de defensores antes de girarse hacia las jóvenes que la acompañaban, quienes habían esperado pacientemente a que Cackletta les diera una órden, la cuál fue emitida de repente:

—Ya saben qué hacer: Roben cualquier cosa que nos pueda beneficiar y acaben con quien sea que quiera impedirlo.

Las jóvenes asienten y toman carrera para cumplir las órdenes de su ama, con Sadina intentando ir tras ellas, pero Cackletta se lo impide al dispararle una bola de fuego que se vio obligada a esquivar.

—Uh, uh, uh —expresa la bruja, negando con su dedo y mostrando una sonrisa arrogante—. Lo lamento, pero no puedo dejar que se vayan, puesto que captaron mi interés. Puede que, luego de que los derrote, me los lleve para convertirlos en mis esclavos.

Hmph, tienes demasiada arrogancia para ser tan pequeña, criatura —dice el dragón amenazadoramente, listo para pelear.

—Acabemos con esto rápido. El pequeño Bowser vendrá pronto, y no quiero estar aquí cuando vea lo que pasó —declara sadina, haciendo girar con gracia su arpón.

Hubo un momento en el que el corazón de Cackletta se detuvo al escuchar el nombre que soltó la mujer con cola: "Bowser". Recuerdos invadieron su mente de aquella ocasión en donde fue derrotada y humillada. Y esa tortuga cabeza hueca, aunque su cuerpo fue útil durante un tiempo, formó parte de los eventos que la llevaron a su destrucción. Sólo era coincidencia, ¿verdad? Pues era imposible que dicha tortuga descerebrada estuviera en éste nuevo mundo con ella. Pero lo más aterrador no era eso, sino que, si él estaba aquí, eso significa que…

De pronto, una imagen apareció como flash dentro de su cabeza, mostrando a dos personas vestidas de rojo y verde, con pronunciados bigotes adornando sus caras y portando gigantescos martillos sobre sus hombros.

Su cuerpo tembló por un momento. Sintió desesperadamente la necesidad de interrogar a este par de hormigas sobre todo lo que sabían de ese Bowser del que hablan, para ver si se trata del mismo que ella conoce y además de que si esos bigotones de rojo y verde están aquí.

Pero la bruja se vio obligada a parar de pensar cuando vio a la mujer con cola abalanzándose hacia ella con arpón en mano, pegando un salto y apuntando para empalarla con su arma. A lo que Cackletta sólo pone una sonrisa maliciosa antes de ser cubierta por un halo púrpura y desaparecer a centímetros de que el arpón de Sadina toque su pecho.

Intrigada, Sadina aterriza y mira de un lado al otro, intentando atrapar a la bruja con su mirada.

¡Sadina-san, detrás tuyo! —avisa Gaileón, dando luces para que la semihumana se voltee en el momento justo y bloquee con su arpón un ataque de garras de Cackletta.

Sadina intentó contraatacar, pero la bruja simplemente fue cubierta en un halo púrpura y desapareció, reapareciendo segundos después a una buena distancia de sus contrincantes.

Sin intención de dejar a su enemigo respirar, Sadina se abalanza de nuevo, girando elegantemente su arpón y atacando una y otra vez a la bruja, quien hizo uso de su magia de teletransporte para escapar de cada uno de los cortes, estocadas y puñaladas de la semihumana.

—Vaya, vaya. ¿Magia de teletransportación también? Usted sin duda es una caja de sorpresas —opina Sadina, actuando indiferente, pero nerviosa en el interior.

—¡Bujíjíjíjíjí! Y he de decir que es usted muy hábil, señorita.

Aprovechando que estaba distraída, Gaileón se eleva un poco y ataca con otra llamarada a la bruja, quien rápidamente se volteó hacia ésta y usó su mano izquierda para disparar una llamarada propia que choca contra la del dragón.

E intentando sacar ventaja, Sadina arremete de nuevo, atacando el costado aparentemente indefenso de la bruja mientras esta estaba ocupada con la llamarada del dragón, sin ser capaz de imaginar que ella levantaría su mano derecha y le dispararía un orbe eléctrico que la obligaría a pegar un brinco lateral.

Pero no se detuvo ahí: El orbe sorprendentemente cambió su trayectoria, siguiendo a la semihumana que se vio obligada a realizar varias maniobras evasivas, hasta que después de un rato, el orbe se disipó.

Devuelta con Gaileón, este ya se estaba quedando sin aliento luego de expulsar una llamarada durante tanto tiempo, hasta que su llamarada junto con la de la bruja finalmente colapsaron en un explosión, permitiendo así que el dragón tenga un respiro.

Insistente, Sadina apunta su arpón hacia la bruja y se prepara para recitar otro hechizo. Cuando de pronto, sintió como si el suelo hubiera desaparecido por completo; mirando sus pies y descubriendo que, en lugar de césped, bajo ella había un agujero explayado que daba a un negro vacío, y nada pudo hacer la semihumana cuando cayó de lleno en el agujero con un grito.

¡Sadina-san! —grita el dragón, preocupado por lo que le pudiera haber pasado a la semihumana, hasta que el sonido de un grito acercándose lo hizo confundirse, mirando hacia arriba y abriendo sus ojos por la sorpresa al ver a la semihumana caer a una velocidad vertiginosa.

Sin dudar, el dragón se abalanza y se pone debajo de la semihumana para atraparla con su lomo, y dejó salir un grito ahogado cuando sintió como si una montaña le cayera encima, llevándolo de golpe al piso y resquebrajando todo el terreno alrededor, levantando una cortina de polvo.

Utilizando fuerzas galácticas para levantarse, Sadina camina torpemente fuera del lomo del dragón —quien ahora sufría de otro aturdimiento por intentar atraparla—, utilizando su arpón como apoyo y sudando a chorros, pues ahora mismo sentía como si el peso de diez Gaileóns estuviera sobre sus hombros.

—(¿Q-Qué m-me hizo? C-Caí en ese agujero y… ¿Aumentó mi peso?) —expresa la semihumana en su cabeza

—¡Bujíjíjíjíjíjí! ¿Qué sucede? ¿Se siente un poco tensa? ¡Bujíjíjíjíjíjí!

Poniendo todos sus esfuerzos para mantenerse de pie, Sadina mira hacia un lado y observa al dragón incorporándose y cargando contra la bruja, utilizando potentes ataques de sus garras, cola y aliento de fuego para intentar, sin éxito alguno, asestarle a la bruja, quien usaba su teletransportación y agujeros negros para escapar de todo ataque de la bestia.

—¡Bujíjíjíjíjí! —se burla de nuevo, apuntando al dragón con ambas manos y dejando salir de cada una un relámpago y una llamarada respectivamente, que Gaileón pudo esquivar de milagro al elevarse con un aleteo.

Por su lado, Sadina hacía todo lo que podía para asistir al dragón en combate, pero el efecto de peso que tenía sobre ella apenas la dejaba moverse. Pero eso no significaba que fuera totalmente inútil en este momento.

—...¡Rayo Drifa! —recita la semihumana, disparando otro potente rayo hacia la bruja que no tardó en notarlo, estando lista para esquivar.

Pero esos segundos de distracción fueron suficientes para que Gaileón le asestara un latigazo con su cola, haciendo a la bruja gritar de agonía y mandándola a estrellarse contra un árbol.

—¡Ack! —gime, agarrando su costado mientras intenta levantarse.

¿Estás bien? —le pregunta Gaileón a Sadina, aterrizando junto a ella.

—S-Sí, lo estoy. Este efecto de aumento de peso fue molesto al principio, pero ya me estoy acostumbrando —expresa, comenzando a moverse con un poco más de fluidez.

Tal vez esa habilidad sea temporal, y por eso su efecto está decreciendo —supone.

—Quizá ese sea el caso.

Tanto el dragón como la semihumana voltean debido a un ruido que les llamó la atención, descubriendo que la bruja se había levantado y estaba generando varios círculos de sombras bajo sus pies, de los cuales comienzan a emerger copias exactas de la bruja, rodeando a nuestros héroes.

Parece que alguien ha decidido ir en serio —comenta Gaileón.

—Bueno, entonces supongo que debemos hacer lo mismo.

Dicho esto, Sadina mete la mano dentro de las vendas de su pecho, sacando luego de unos segundos una Flor de Fuego, aplastando el otro objeto en su mano.

Sadina fue envuelta en un halo de luces que luego dejó ver a la misma con un cambio en los pigmentos de sus ropajes, siendo las partes blancas reemplazadas por beige y las azules, por naranja.

—¡Bujíjíjíjíjíjí! Pero qué sorpresa. No sabía que también había Power-ups en este mundo. Bueno, supongo que eso hará esta batalla un poco más interesante —expresa la bruja principal, ordenando a sus copias que ataquen a sus contrincantes mientras estos entran en postura de batalla, listos para continuar.

—¿Ves algo que pueda ser del agrado de Cackletta-sama, Pan-san? —pregunta la semihumana mitad cabra a sus compañeras mientras exploraban la aldea.

—No, nada más que cosas de aldea común y escombros —responde la ahora conocida como Pan, la chica gato.

—Hey, ¿qué tal eso? —avisa la chica osa, apuntando hacia lo que parecía ser una caja dorada suspendida en el aire—. No se por qué, pero siento que es especial.

—¿Estás segura de eso, Kumi-san? Para mí es sólo una caja aburrida —opina la chica cabra.

—No es sólo eso, estoy segura, Tsuno-san.

—Bueno, vamos a por ella entonces —expresa Pan, antes de mirar hacia un lado y descubrir que uno de los desmayados aldeanos comenzaba a levantarse.

Pan pone una sonrisa siniestra, caminando hasta él con su morningstar en mano y comenzando a hacerlo girar.

—P-Pan-san, ¿qué haces? —pregunta Kumi, nerviosa.

—¿Qué no es obvio? Encargándome de la basura —responde indiferente, como si en lugar de matar a una persona, estuviera apunto de aplastar a una hormiga.

—Pan-san, tenemos una tarea. No te distraigas con cosas sin sentido —expresa Tsuno.

Haciendo caso omiso a sus compañeras, Pan vuelve a mirar al aturdido aldeano que apenas podía levantarse, poniendo una sonrisa siniestra y estando apunto de abalanzar su arma contra él, hasta que…

—¡Yaaargh! —se escucha en las proximidades dicho grito, acompañado de un proyectil colorido que choca contra el arma de Pan, lo que la obliga a parar de hacerla girar y observarla con incertidumbre.

Intrigadas, las tres secuaces buscan con su vista la fuente de ese grito y ataque, descubriendo después a una semihumana mitad perro, vestida con ropa de aldeano y portando un extraño báculo corto en sus manos. Era Wyndia.

—¿Y esta? —pregunta Tsuno.

Tsuno toma carrera y arremete contra Wyndia con sus guanteletes, pero de repente entre en escena otro semihumano mitad perro, que intercepta su ataque con una espada y la obliga a tomar distancia.

—¡Tsk, otro! ¿Cómo sobrevivieron estos dos al ataque de Cackletta-sama?

—¡P-Pan-san! ¡T-Tu arma! —avisa Kumi histéricamente, señalando hacia el arma de la mencionada.

Gracias a la advertencia de su compañera, Pan siente cómo su morningstar comienza a moverse erráticamente hasta detener su movimiento de golpe, y su corazón casi salta de su pecho cuando, desafiando toda lógica existente, su arma le devuelve la mirada.

Dos caricaturescos ojos feroces se forman en la punta de su arma, con los picos desapareciendo y, en su lugar formando una gran boca llena de pinchos como dientes.

Pan y su ahora viva arma se quedan mirándose fijamente durante unos segundos, hasta que la criatura lanza su cabeza hacia la cara de Pan, quien logró soltar lo que sea que sea esta cosa y echarse hacia atrás con las justas, siendo que la boca de la criatura se cierra bruscamente a centímetros de su cara, haciendo saltar chispas y generando un sonido metálico desagradable.

La criatura cae al piso, volteandose hacia Pan con un pequeño salto y después, comenzando a perseguir a la semihumana pegando saltitos y dando mordiscos.

—¡WUAAAAAH! —exclama Pan, tomando carrera despavoridamente para huir de ese monstruo.

WOOF, WOOF —ladra el ser de cadena, imitando a un perro rabioso mientras perseguía a Pan.

—¡Genial! Ya te deshiciste de una, ¡bien hecho, Wyndia! —expresa Kiel.

—Sí, pero ese Chain Chomp no durará mucho. Desaparecerá después de un rato, así que debemos apresurarnos —explica la semihumana.

En algún momento antes de la Ola.

—Escucha, mocosa —expresa Bowser, comenzando a explicarle los conceptos básicos de la magia de su gente—. La magia koopa es muy versátil: Puede usarse para atacar, defender, invocar, y muchas cosas más. Los hechizos más básicos son el de teletransportación, el de curación, la bola de fuego y la invocación de esbirros.

—¿Invocación de esbirros? —cita Wyndia confusa.

—Sí —confirma Bowser, metiendo la mano dentro de su caparazón y sacando un libro de notas que se lo da a Wyndia.

Esta lo abre, descubriendo que se trataba de un bestiario, con dibujos —mal hechos— de distintos monstruos que ella nunca había visto, adjuntos a sus respectivos nombres, fortalezas, debilidades y demás características escritas en el idioma de Melromarc.

—Preparé eso para que tuvieras más conocimientos de los esbirros que puedes invocar. Ten en cuenta de que no puedes hacerlos aparecer de la nada: Necesitas generarlos a partir de objetos. Además, los esbirros que invocas no tienen conciencia ni voluntad; simplemente actúan automáticamente cumpliendo la voluntad de su invocador —explica el koopa.

La joven semihumana abre la libreta y comienza a ojear con curiosidad cada una de las páginas, hasta detenerse en una al reconocer más o menos a la criatura descrita.

—Hey, este es el monstruo de piedra que invoqué esa vez —declara.

—Así es: Es un Twomp. Sirven especialmente bien como trampas o ataques sorpresa. Bien, mocosa, quiero que para mañana estudies al menos la mitad del libro y lo memorices —ordena severamente.

—¿¡EEEEEH?! —exclama Wyndia, aturdida por la gran carga de trabajo que se le acaba de imponer.

—¡Sin quejas! Ahora ven, vamos a practicar hechizos.

—¡Encárgate del de la espada, yo voy a por la de la varita! —ordena Tsuno, lanzándose rápidamente hacia Wyndia.

La semihumana cabra corre vertiginosamente hasta la chica perro, levantando su brazo y apuntando a su cara, dispuesta a un darle y fuerte certero golpe con sus guanteletes, a lo que Wyndia responde golpeando la base de su varita contra el piso, lo que la hace desaparecer en una estela de brillo púrpura-azulada justo antes de que Tsuno conectara el golpe.

—¡Qué dem-! —expresa Tsuno, intrigada, confundida y molesta al ver que su contrincante desapareció de repente.

Notando la presencia de un pequeño destello y escuchando un sonido extraño, Tsuno se da la vuelta y ve a Wyndia ahí de pie, agitando su varita y abanicándola hacia ella; disparando desde la punta algo parecido a una bola de fuego, pero de color morado.

La semihumana cabra da un salto lateral y esquiva la bola de fuego, sin esperarse que esta, de forma inexplicable, cambiaría de dirección en el aire y comenzaría a seguirla.

—¡Ack! ¡Qué magia tan molesta! —expresa Tsuno.

Tsuno siguió escapando de la bola de fuego después de un rato, y Wyndia aprovechó esto para sacar el bestiario que le dió Bowser y dar un ligero repaso, hasta que Tsuno logró zafarse de la bola de fuego al esta chocar contra unas rocas y desvanecerse, lo que obliga Wyndia a guardar su libro y usar su teletransporte para evadir otro ataque de su enemiga.

Y así siguió Wyndia, teletransportandose una y otra vez para esquivar los ataques de Tsuno quien, insistente, no paraba de perseguirla y atacarla constantemente, frustrándose cada vez más por no poder asestar ni un golpe.

—¡DEJA, DE, HUIR! —exclama ya con la paciencia colmada.

Pero Wyndia sabía que no podría seguir así todo el día: Necesitaba derrotar a su enemiga lo antes posible para ayudar a Kiel o atender a los heridos. Tenía que pensar en una forma de ganarle a su enemigo rápidamente, por lo que pensó en distintos hechizos que podría usar para lograrlo.

Lastimosamente, esa sensación de urgencia provocó que se distrajera por un segundo, lo que fue suficiente tiempo como para que Tsuno le conectara un gancho al estómago, sacándole todo el aire a la semihumana perro que escupió algo de sangre por la potencia del ataque, terminándola de rematar con una patada frontal que envió a Wyndia a rodar hasta que una roca frenó su viaje.

Agarrando su zona afectada, Wyndia sintió cómo sus entrañas se retorcían y lloraban debido al golpe, lo que la hizo suponer que, sin con tan sólo dos golpes ya la dejó en este estado, significaba que estas chicas estaban en un nivel mucho más alto del que parecía.

Pero Wyndia aún no estaba derrotada. Así que, luego de toser un par de veces y escupir otras gotas de sangre, Wyndia mira con la vista algo difuminada a la varita mágica tirada a unos centímetros de ella, poniendo todo el esfuerzo posible por levantar su brazo y agarrarla, alcanzando a agitarla y disparar una bola de magia con formas geométricas a la misma roca contra la que chocó y luego ocultando la varita bajo ella.

Inmediatamente después, Wyndia sintió cómo era pisada con gran fuerza. Siendo Tsuno, aparentemente victoriosa por tener a su enemiga sometida en el piso.

—Bueno, supongo que diste algo de pelea. Pero en cuanto logré acercarme lo suficiente, caíste. Ahora, te llevaré con Cackletta-sama, para que así pueda aprender de esa extraña magia que usas.

Tsuno estaba a punto de lanzar otro golpe para noquearla, cuando notó que, a pesar de sus circunstancias, Wyndia estaba sonriendo.

—¿Acaso dije algo gracioso? —pregunta.

—N-No —responde con dificultad—. Simplemente me divierte que asumieras que ya ganaste.

Tsuno se pone alerta ante la declaración de Wyndia, acción que es acertada cuando ésta saca de nuevo su varita y la apunta hacia ella, aparentemente a punto de ejecutar un ataque.

Pero Tsuno era más rápida y velozmente se apartó de la trayectoria de la varita y se preparó para contraatacar, extrañandose cuando, en lugar de lanzar un ataque, Wyndia golpea la varita contra el piso, teletransportandose lejos.

—¡Tsk, escapó! —se queja, y justo entonces, otro sonido extraño llama su atención, como de algo pequeño quemándose.

Fijando su vista en la roca que estaba frente a ella, Tsuno descubre que, en lugar de la misma, ahora había una especie de esfera negra unida a unos zapatos en la base, dos pequeños óvalos blancos al frente y una especie de mecha en la cima que estaba siendo consumida poco a poco por una llama.

¡Bip, bip, bip bip bip, bip! —chilla la criatura redonda.

Tsuno no acaba de comprender muy bien lo que estaba pasando, o por qué la semihumana perro no invocó a un monstruo de cadenas como lo hizo con su amiga; sino que, en su lugar, estaba esta extraña esfera que no hacía absolutamente nada. Simplemente estaba ahí, de pie, mirándola como si estuviera contando los segundos hasta que algo suceda… Contando… Contando… ¡CONTANDO!

Y en ese mismo segundo, la mente de Tsuno entra en sinapsis cuando asume la naturaleza de ese extraño ser, dándose la vuelta e intentando huir despavorida para poder escapar; pero ya era demasiado tarde: La llama en la mecha de la criatura la consume en su totalidad, pasando a que ésta comience a inflarse y tornarse de un color naranja rojizo, hasta que…

¡BOOOOOOOOOOM!

La explosión resonó por el valle, levantando una cortina de humo, polvo y cenizas que se disipa luego de unos minutos, mostrando a la pobre Tsuno toda chamuscada, su pelo erizado y su mirada perdida, para después de unos segundos desplomarse de espaldas, quedando noqueada.

Esquivando hechizo tras hechizo, Kiel hacía lo que podía para hacerle frente a la semihumana maga que constantemente lo atacaba con hechizos de hielo, poniendo todo su esfuerzo en ágiles maniobras evasivas y así evitar quedar congelado.

—¡Maldición! ¿Cómo voy a acercarme para asestar un golpe si no deja de atacar? —se dice para sí mismo.

¡Bola de Hielo Zwetie! —recita Kumi, disparando desde su bastón un proyectil gélido que Kiel esquiva con las justas.

—(¡Argh, vamos! ¡No puedo huir para siempre, debo de poder atacar de alguna forma!) —piensa desesperadamente el chico perro, tratando de pensar en algún plan para poder por lo menos acercarse a atacar, hasta que algo se le viene a la mente de repente—.(Espera un momento. ¿Desde cuándo ha estado lanzando hechizo tras hechizo? ¿No se queda sin maná o algo así? Si ese es el caso, ¡entonces sólo debo de esperar a que eso pase y listo!).

Poniendo una sonrisa de astucia, Kiel continúa esquivando los hechizos de Kumi, hasta que parece notar una pequeña pausa en la cadencia con la que ésta los disparaba, interpretándolo como la señal que él estaba esperando y, sin dudar ni un poco, se lanza de frente hacia ella para asestarle un corte con su espada. Lo que hubiera sido si no fuera por que, antes de que el ataque de Kiel conectara, Kumi agita su bastón y dispara otra bola de hielo que choca justo en el pecho del semihumano, provocando que grite de dolor al sentir la quemadura gélida en su pecho, haciéndolo retroceder.

—Supongo que tu plan era esperar a que me quede sin maná. Lo lamento, pero fue Cackletta-sama quien me instruyó en la magia, y sé perfectamente cómo mantener mis reservas de maná durante una batalla. ¿Por qué crees que sólamente estaba usando el hechizo más básico de magia gélida todo este tiempo? —comenta Kumi indiferente, apuntando nuevamente a Kiel con su bastón.

Kiel dejó salir un quejido de dolor; ahora su pecho se sentía frío y adolorido, y también sentía cómo sus movimientos eran más lentos debido a la naturaleza misma del hechizo que lo había afectado. Si antes estaba siendo difícil enfrentarse a esta chica, ahora lo iba a ser aún más.

Fue ahí cuando el joven vio por detrás de su adversario y encontró el bloque Power-Up flotando ominosamente, lo que le dio otra idea, pero que no sabía cómo ejecutar muy bien.

Y tuvo que parar de pensar cuando apenas alcanzó a rodar hacia un lado para esquivar un rayo de hielo que Kumi disparó desde su bastón, comenzando otra nueva ronda de esquives que ahora era más difíciles gracias a tanto el dolor por el ataque anterior, como el efecto de ralentizar del mismo.

¡Misiles de Escarcha Zweite! —recita Kumi, generando cuatro proyectiles gélidos desde su bastón que viajan teledirigidamente hasta Kiel, quien hace lo que puede para evadirlos, zigzagueando y rodando por el piso para que los proyectiles pasen de largo y choquen contra otras cosas, siendo que el último sí alcanzó a impactar cerca de su pierna, haciéndolo sentir nuevamente ese dolor por la quemadura haciendo que tropiece hacia delante.

Ahora Kiel estaba en muy serios problemas: Pues su pierna dolía al igual que su pecho, la lentitud de su cuerpo ahora se sentía más elevada y el la fatiga por haber combatido la Ola se estaban comenzando a apoderar de él, lo que hizo que apenas pueda levantarse entre tambaleos y quejidos, apenas teniendo las energías para recobrar su postura.

—Es inútil —expresa Kumi de repente—. Yo acabo de subir de clase y estoy en un nivel muy superior al tuyo. No hay forma en la puedas derrotarme así que, por favor quédate ahí y ya no intervengas.

—T-Tal vez sea cierto… —expresa Kiel con tono agotado y sus ojos siendo cubiertos por su cabello—. Pero… igual y con todo eso a tu favor, nunca pusiste atención a donde yo te estaba guiando.

Kiel puso otra sonrisa astuta, mirando a Kumi con ojos desafiantes mientras pega un salto y bloquea con su puño el bloque dorado que estaba justo encima de él, extrañando a la semihumana cuando de la cima de este salió disparada una rara flor color naranja, la cuál Kiel atrapa y aplas con sus manos, cubriéndose de un parpadeo luminiscente y mostrándose con ropajes zonas de su vestuario de diferente color.

—(¿Qué hizo? Usó algún tipo de hechizo sobre sí mismo o algo?) —se pregunta Kumi, poniéndose alerta.

Por su lado, Kiel siento cómo el efecto congelante de los ataques anteriores desaparece, como si la propia naturaleza del Power-up erradicara este tipo de estado alterados y, sin más tiempo qué perder, se dispone atacar; generando una bola de fuego en su mano libre y disparándola hacia Kumi, quien se sorprende al ver una bola de fuego rebotando hacia ella.

¡Bola de Hielo Zweite! —recita, disparando contra la bola de fuego con su propio proyectil que impacta y ambas se consumen en una explosión de vapor—. (¡¿Magia de Fuego?! ¡¿Este tipo ahora puede utilizar magia de fuego?! Debió de ser por esa extraña flor que utilizó. ¡Tengo que informar de esto a Cackletta-sama!).

A continuación, Kiel lanza un par más de bolas de fuego, siendo una esquivada y la otra contrarrestada de forma a como Kumi lo hizo antes.

—(Aún así, tal parece que sólo es capaz de lanzar un hechizo. Entonces, ¡esto no cambia nada!).

Kumi evoca otro rayo de hielo desde su bastón. Kiel corre en dirección lateral, siendo seguido por la trayectoria del ataque que era cambiaba por Kumi al converse ella en la misma dirección en la que corría su oponente.

Kiel dispara más bolas de fuego para contraatacar, pero Kumi nomás utilizaba hechizos propios para disiparlos, haciendo que todo proyectil que el semihumano lance sea, en su totalidad, inútil.

—(¡Argh! ¡Rayos! Aún con la Flor de Fuego, no puedo acercarme. ¡Debo de poder hacer algo!).

Kumi genera otra ronda de misiles gélidos que obligan a Kiel a pegar un salto y rodar para esquivarlos, sintiéndose frustrado de que, a pesar de tener un Power-up, no ha podido ganar la ventaja en esta pelea ni un poco.

Una última bola de hielo casi lo golpea, impactando en el piso y provocando que caiga y ruede un poco, esforzándose en ponerse de pie y mirando a su enemigo con un semblante determinado.

—(¡Al diablo, voy a atacar! ¡No puedo simplemente estar huyendo todo el día y, además, BOWSER SAMA CONFÍA EN MÍ PARA DEFENDER ESTA ALDEA!)

Kiel se lanza de forma totalmente imprudente hacia Kumi, quien el verlo venir y sin mucha impresión, apunta su bastón contra él, disparando una última bola de fuego directo a su cara con la esperanza de acabarlo de una vez y volver con su ama.

—(¡Ahí viene! Los Power-ups te dejan recibir un golpe "gratis" a cambio de perder el poder, en ese caso, ¡recibiré la bola de hielo y usaré eso a mi favor para acercarme y por fin poder atacar! ¡Lo haré, aguantaré el dolor! ¡Lo haré, por Bowser-sama! ¡Lo haré, por mi aldea! ¡Lo haré, por mi gente! ¡LO HARÉ, PARA CONVERTIRME EN UN GUERRERO DEL QUE MIS PADRES ESTÉN ORGULLOSOS!).

La ferviente determinación del semihumano pareció avivar algo dentro de él, cosa que sirvió como una especie de combustible para que el poder de la flor de fuego estallara en potencia, incendiando ambas manos del semihumano y provocan que, en consecuencia, su espada sea cubierta de fuego, justo a tiempo antes de que la bola de fuego choque contra Kiel, quien abanica su espada hacia afuera y logra repeler exitosamente.

Al ver esto y quedando por completo sorprendida, Kumi da un torpe paso hacia atrás para intentar esquivar el inminente ataque de su enemigo, tropezando contra sus pies y cayendo sobre su trasero, lo que para su fortuna hizo que evadiera el corte de Kiel con las justas.

Notando que falló su ataque, Kiel chista la lengua en frustración y toma distancia pasando un par de segundos antes de que nota que aún poseía el poder de la Flor de Fuego, lo que lo hizo extrañarse; y más aún cuando recordó lo que hizo hace poco.

También notó su espada y se dió cuenta de que estaba cubierta de fuego pero, por alguna extraña razón, las llamas no parecían estar consumiéndola o calentándola. Era más como si el fuego fluctuara a través de la hoja, como una especie de potenciador.

—(¿Qué es esto? ¿Mi espada está en llamas?) —se pregunta en su mente.

Intentando resolver este enigma, el semihumano toma la espada con ambas manos, viendo cómo las llamas que recubrían la hoja se intensificaron, y cuando la volvió a sostener sólo con una mano, la intensidad de las llamas se redujo, como si el poder que hacía que su hoja se encienda viniera directamente de sus manos.

—(Quizá esto sea causa de la Flor de Fuego. Pero es extraño; yo creí que sólo te permitía lanzar bolas de fuego. Como sea, ya le preguntaré a Mario-niisan acerca de esto más tarde. Por ahora, tengo que derrotar a esta tipa).

Kiel toma postura de nuevo, agarrando su espada con ambas manos y haciendo que el halo de llamas se vuelva más potente.

Kumi por su lado toma su bastón y se incorpora, apuntándolo contra Kiel a modo de guardia y pensando para sí misma:

—(Parece que no sólo le permite lanzar bolas de fuego, sino que también le hace poder imbuir su arma con él. En serio, ¿qué clase de objeto mágico usó?).

Pero tenía que dejar sus interrogantes para después, puesto que Kiel no perdió tiempo y se lanzó de nuevo al ataque, apuntando un tajo contra Kumi que lo esquivó con un paso lateral, respondiendo con una bola de hielo que Kiel logró rechazar al voltearse rápido en su dirección y batearlo con su espada.

Kumi chistó la lengua y dispara más bolas de hielo que eran rechazadas por Kiel gracias al fuego que cubría su espada.

Kumi deja salir otro sonido de frustración y se lanza hacia atrás. Y sabiendo que tenía que cambiar de estrategia, genera una ronda de puntiagudos cristales de hielo a su alrededor, disparando uno a uno hacia su contrincante que esquiva algunos y repele otros.

Ahora las tornas se voltearon por completo en su contra: Antes ella tenía a su enemigo completamente controlado a distancia, y ahora tiene que luchar por que no se acerque y le aseste un golpe. Ella sabía que sus estadísticas físicas no eran muy buenas, así que era posible que un ataque de este sujeto podría ser suficiente; y peor aún cuando el efecto de la maldición que le dio el tipo de escudo aún seguían un poco vigentes.

Por lo tanto, se dispuso a dar todo lo que tiene en este último ataque, apuntando con su bastón, mirando determinadamente a su enemigo y recitando:

¡RAYO DE HIELO ZWEITE!

Otro gran rayo de escarcha es disparada desde su bastón, cruzando el prado a gran velocidad y acercándose hacia Kiel quien, igual de determinado, adopta una postura aún más firme y recibe el rayo con su espada, forcejeado durante unos segundos por el control hasta que, paulatinamente, comienza a caminar hacia el frente, ganando cada vez más y más terreno en esta batalla.

Paso a paso, Kiel se hacía camino a través del rayo gélido, utilizando su espada para disiparlo hasta estar cerca de una ya desesperada Kumi, quien inútilmente trataba de empoderar su rayo al ver que tenía a su enemigo a un pelo de distancia.

El ataque de Kumi colapsa, provocando un jadeo de la chica oso y dándole luces a Kiel para que arremeta su espada con una estela de fuego acompañándola, asestando un tajo diagonal a través de todo el torso de Kumi quien, luego de un quejido de dolor por el corte y quemadura, caiga de espalda, derrotada.

Un clon de Cackletta es apuñalado por el tridente de Sadina, quien luego gira su arpón y lo apunta hacia otra dirección, disparando una cadena de rayos que abaten a tres más que intentaban acercarse con intenciones hostiles. Después, todo su arpón se prende en fuego, haciéndola parecer uno de esos malabaristas de llamas cuando gira, corta y apuñala con su arpón a toda Cackletta que puede, no dándole chance a ninguna para ejecutar ni un sólo ataque.

Así mismo, Gaileón usa su aliento de llamas para acabar con varias Cacklettas, utilizando también como apoyo sus filosas garras y pesada cola, aplastando y cortando a todos los enemigos que pueden.

Varias de las Cacklettas golpeadas estallan en enjambres de murciélagos, pero tanto Gaileón con Sadina los exterminan utilizando una cadena de rayos y llamarada respectivamente.

—¡No dejan de aparecer! —expresa Sadina, generando una bola de fuego en su mano y disparándola contra otra Cackletta.

La verdadera tiene que estar escondida en algún lado.

—Tal vez pueda encontrarla si me brinda un poco de ayuda —comenta, mirando de reojo al dragón.

Entendiendo a lo que la semihumana se refería, el dragón asiente con la cabeza, volando y aterrizando junto a Sadina, quien clava su arpón en el piso y comienza a recitar en conjunto con Gaileón:

¡Como fuente de poder, yo, Sadina, que doblego el rayo a mi voluntad, te lo ordeno: Descifra las normas naturales y concédeme el poder para derrotar a mis enemigos…

Y en ese momento, tanto la semihumana como el dragón son cubiertos con un halo de chispas eléctricas, como si ambos estuvieran trabajando en conjunto para un ataque, con miles y miles de Cacklettas lanzándose hacia ellos para atacar.

—...¡CADENA DE RAYOS DRIFA! —recita Sadina, expulsando desde su arpón una gruesa y larga cadena de relámpagos que va viajando de Cackletta en Cackletta, haciendo desaparecer una a una hasta que da con la indicada, quien grita de dolor y se retuerce de agonía gracias a los voltios que poco a poco chamuscan su cuerpo.

Gracias a dicho ataque, todas las Cacklettas sobrantes desaparecen, dejando a una única tirada en el piso y humeando, quien respiraba pesadamente gracias al cansancio y dolor infundido.

La bruja siente un par de sombras sobre ella, viendo de reojo al dragón que la miraba con dagas, y a la semihumana que la apuntaba con su arma.

—Bu-Bujíjíjíjí. Esto sí que es una sorpresa. Tal parece que, gracias a mi aumento de niveles y subida de clase, aún no fuí rival para ustedes, ¿eh? Ojalá tenga más suerte para la próxima.

—Desafortunadamente para ti, ya no habrá próxima vez —dice Sadina con una sonrisa siniestra.

—¡Bujíjíjíjíjí! —eso parece.

El hecho de que esta mujer estuviera tan calmada aún con su vida amenazada le pareció extraño a la semihumana así que, no dispuesta a dejar que realice cualquier otro truco, prepara su arpón y lo abalanza contra la bruja, dispuesta a acabar con su vida.

Y así hubiera sido, sino fuera porque las pupilas de esta se dispersaron anormalmente en diferentes direcciones; concretamente hacia Gaileón y la misma Sadina. Luego, un fugaz brillo apareció en las mismas y de repente todo en el ambiente pareció detenerse, azotado también por un extraño filtro color beige que cubría todo.

De las pupilas de la bruja se disparan un par de rayos de energía que cruzan el campo a gran velocidad, siendo que uno atraviesa a Gaileón peligrosamente en el cuello y el otro golpea a Sadina justo en el pecho, pero sin hacerle alguna herida aparente.

El hechizo de la bruja parece perder su efecto y las cosas continúan con su movimiento, con Gaileón pegando un rugido de dolor por la herida en su cuello y desplomándose; y Sadina dejando salir un jade de sorpresa cuando siente el golpe del ataque, con el efecto de la Flor de Fuego desapareciendo de su ser, siendo empujada hacia el piso y soltando su arpón en el acto.

Rápidamente, Cackletta azota a Sadina con un potente rayo morado que la hace gritar, dejándola tirada en el piso, chamuscada y humeando.

—¡Bujíjíjíjíjí! Qué buena idea fue dejar ese hechizo para casos de emergencia —se mofa la bruja, levantándose y caminando hacia Sadina, quien habiendo perdido el poder del Power-up y con su arma fuera de su alcance, poco podía hacer para defenderse de la amenazante bruja.

Preocupada, Sadina piensa rápidamente en algún plan que le ayude a salir de esta situación, mirando a Galeón de reojo y dándose cuenta que estaba perdiendo fuerzas debido al sangrado.

—¡Bujíjíjíjíjí! Bueno, tal parece que es el final para ti. Es una pena, pues me hubiera gustado que me dijeras más acerca de los héroes que se hospedan aquí y sobre este tipo Bowser. Pero no puedo permitir que una potencial amenaza a mis planes siga con vida, así que, ¡Prepárate para tu final!

La bruja genera una gran bola de fuego en su mano izquierda, y su mano derecha comienza a relampaguear, levantando sus manos y estando a punto de lanzar el ataque final, hasta que…

—¡Oye! —se oye una voz femenina en las cercanías, llamando la atención de la bruja quien cuando voltea a ver, descubre que dos jóvenes semihumanos tenían de rehenes a sus esbirras: Dos de ellas inconscientes y con heridas visibles, y una de ellas sometida por una extraña criatura de cadena cuya cabeza mordía su trasero.

A pesar de su estado, Gaileón gira su visión hasta la persona del grito, descubriendo a su hija Wyndia y a ese otro semihumano y no pudo evitar sonreír internamente al ver que lograron vencer a las secuaces de esta mujer.

—¡No te atrevas a lastimar a papá o a Sadina-san, o ellas lo pagarán caro! —amenaza Wyndia, apuntando a Pan con su varita.

—Esa varita… —se dice Cacletta para sí misma, notando demasiadas buenas coincidencias que ha visto desde que llegó aquí: Primero, el hecho de que justo en ésta aldea haya Power-ups, cuando en ningún otro lugar de este mundo se encontró con ellos. Luego, la mención de ese tipo "Bowser", y ahora esta mocosa estaba portando una varita de magia koopa; no podía ser una casualidad, esa tortuga de alguna forma también había llegado hasta aquí. Y si él lo estaba, ¿quién dice que esos bigotones lo lo estarían también? ¿La habrían seguido hasta aquí? ¿Algún poder opuesto al del cual es responsable que ella esté aquí los envió para contrarrestar sus planes en este mundo?

Muchos dirían que estaba exagerando, pero debido a su previa experiencia, la bruja no podía tomarse esas interrogantes a la ligera, por lo que optó por la opción más inteligente hasta ahora.

Hizo desaparecer ambas magias manos y las levantó en señal de rendición, dando después algunos pasos hacia atrás para alejarse de sus contrincantes.

—C-Cackletta-sama… —susurra Pan, al ver a su ama sucumbir ante sus enemigos.

Mirándose entre sí para compartir la confusión, tanto Kiel como Wyndia entienden el mensaje, apartándose de igual forma de sus rehenes y permitiendo que la bruja genere un hoyo negro que se traga a las muchachas, y luego evocando uno propio, en donde desaparece.

Más que una huída, la bruja estaba haciendo una retirada táctica, pues claro que pudo haber acabado con ese par de niños y terminar el trabajo que vino a hacer. Pero si tanto Bowser como esos bigotones estaban aquí, no podía darse el lujo de enfrentarlos sin el debido tiempo de preparación de estrategia; y menos podía permitirse arriesgar a sus aliados pues, a pesar de su naturaleza ególatra y arrogante, la bruja sabían cuán valioso son estos a la hora de planificar una conquista, y por eso optó por rescatar a sus niñas en lugar de abandonarlas, a pesar de que hayan fracasado.

Rápidamente, el par de semihumanos corren hasta los heridos, con Wyndia agitando su varita y disparando una bola de magia hacia su padre, quien resplandeció con brillo durante un parpadeo y luego se mostró con su sangrante herida ya con mejor aspecto, suspirando aliviada de que al fin, esta batalla haya terminado.

—...Y eso fué lo que pasó —expresa Sadina, continuando—. La pequeña Wyndia y el pequeño Kiel nos contaron sobre sus batallas, y momentos después cayeron rendidos debido al agotamiento. Ahora mismo se encuentran reposando en una de las cabañas que afortunadamente no fueron destruídas.

Con los brazos cruzados y su gorra cubriendo sus ojos, Mario escuchó atentamente la historia de sadina, golpeando rítmicamente su antebrazo con uno de sus dedos mientras una mueca se formaba en su cara.

Y por su parte, Bowser formaba un puño en su mano con tal fuerza que sus uñas amenazaban con penetrar en su piel; expulsando vapor por sus fosas nasales con cada exhalación aguda que daba.

Los demás no sabían qué pensar. Claro que, la historia de Sadina había sido desconcertante, sobre todo para el par de muchachas semihumanas que vieron a su hogar en ruinas nuevamente. Pero lo que más les preocupaba era no anormalmente callados que estaban Mario y Bowser.

Conociendo cómo son, esperaban que la tortuga estallara en un arranque de ira, y el fontanero diera un discurso tranquilizador y de aliento; pero ese no era el caso.

—Mario… —expresa Naofumi.

—Bowser-sama… —dice Raphtalia.

—Naofumi —llama Mario de repente con tono serio, casi haciendo saltar de sorpresa al grupo—. Si no mal recuerdo, mencionaste que tenías que irte. Te sugiero que lo hagas lo más rápido posible. Sadina, ¿el bloque dorado está bien?

—Uh, sí. Los pequeños Kiel y Wyndia lo protegieron —responde, igual de aturdida por la actitud del héroe.

—Bien —dice Mario, caminando en dirección en donde se encuentra el bloque, volviendo después de unos eternos minutos y luego tendiéndole una bolsa a Naofumi, diciendo—. Es todo lo que te puedo ofrecer por ahora. Lo lamento, pero tenemos otros asuntos qué atender—. Es todo lo que dice el fontanero, antes de darse la vuelta y comenzando a auxiliar a los heridos.

—¡Mario, espera! —grita el Héroe del Escudo, haciendo que el fontanero lo voltee a ver—. No puedo simplemente abandonarlos con esto que pasó, yo…

—¡No! —expresa de repente, haciendo al joven callar—. Lo lamento Naofumi, pero tú ya tenías tu propia misión antes de esto. Además, si Cackletta de verdad está buscando las Armas Cardenales y Vasallas, entonces tú también corres un gran peligro. Vete, sube de clase y hazte más fuerte; justo entonces, estaría feliz de que me acompañes en esto. Y no se preocupen, nosotros auxiliaremos a todos aquí.

Naofumi abrió su boca para protestar, pero entonces Mario mostró una tranquilizadora sonrisa que le hizo cerrar la boca. Y junto con el lógico razonamiento que dio el fontanero, el héroe no hizo más que asentir con la cabeza, dar media vuelta y ordenar a su grupo que siguieran con su camino.

En un principio, Rifana dudaba si obedecer al fontanero era buena idea, pues al igual que su amo, estaba insegura de abandonar a su hogar y amigos en esta situación tan deplorable. Pero pensando mejor en las palabras de Mario, descubrió que era verdad que sólo haciéndose más fuertes tenían una mayor oportunidad de ayudar; después de todo, no había mejores personas para quedar a cargo de la aldea que Mario y Bowser.

—Bowser-sama… —expresa Raphtalia, acercándose cautelosamente a la tortuga.

—Atenderemos a los heridos, reconstruiremos el pueblo, iremos a esa estúpida capital para que puedan subir de clase y, al final, ¡cazaremos a esa bruja! —ordena el koopa sin siquiera voltearse a mirarla, dejando a Raphtalia con la palabra en la boca y comenzando a imitar a Mario en la acción de auxiliar a sus súbditos.

Fin del capítulo.

A/N:

Wow, ha pasado un tiempo. No me creerían lo mucho que puede cambiar tu vida en unos cuantos meses, pero estoy feliz de regresar. Me gustaría prometer que habrán capítulos más seguidos pero, sinceramente, no sé qué más deparará para mí en los caminos de la vida. En fin, ¿les gustó la nueva dinámica que les di a los Power-ups? Y por cierto, el nuevo diseño de Cackletta que usé lo tomé de este usuario, ¡dibuja genial! Vayan y siganlo: / mari_luijiroh/status/1688555810019024896/photo/1. Bueno, espero que hayan disfrutado de este capítulo, y amaría que dejen un comentario y la compartan para llegar a más gente. Dicho esto, ¡nos vemos a la próxima!