Una hora antes del almuerzo, el grupo de primer año salió al patio de la academia, acomodándose en filas horizontales de 10 alumnos, sentados en la tierra. Iruka anunció que realizarían ejercicios de taijutsu, por lo que muchos de los niños se pusieron nerviosos.

Nadie quería enfrentar ni a Neji ni a Itachi.

Taichi y HanaYasha fueron los únicos que sonrieron, confiados con impaciencia. Mientras él se visualizaba venciendo al Uchiha, siendo admirado y vitoreado, ella pensaba más en esto como una buena forma de ponerse a prueba a sí misma, sin importarle si ganaba o perdía en su encuentro.

-¡Neji Hyuga...! – llamó Iruka, haciendo latir con temor los corazones de sus estudiantes, mientras el mencionado se levantaba y pasaba al frente. Unos segundos después, pronunció: - ¡HanaYasha Higurashi!

Con sus compañeros susurrando cosas sobre su apariencia, exhalando aliviados o confesando que la pelea sería interesante, la Hanyou frunció el ceño. Neji Hyuga. Primogénito de Hizashi Hyuga, uno de los dos líderes del clan Hyuga. Poseedor del Byakugan, una técnica ocular que le permite ver a su dueño las redes de chakra, la cantidad de energía espiritual y la cantidad de energía sobrenatural, en los cuerpos de los seres vivos.

Los ojos perfectos para un cazador de monstruos.

Suspirando, se puso de pie y caminó hasta quedar frente a frente con Neji. El ceño fruncido que le dedicaba era aterrador. Aunque ella si estaba dispuesta a perder, él se aferraría con todo lo que tiene hacia la victoria.

Iruka dio iniciado el encuentro.

La primera en moverse fue HanaYasha, saltando para darle una patada en la cabeza. Anticipándose a su movimiento, Neji la bloqueó con sus brazos, dándole el impulso que necesitaba para dar una vuelta en el aire, correr de vuelta hacia él e intentar golpearlo con sus puños.

El castaño aún continuaba esquivándola, acudiendo incluso a las palmas de sus manos para bloquear sus golpes. Leyendo su cansancio, a través de sus jadeos, aprovechó para darle una patada en el estómago, haciéndola rodar un metro en el suelo.

Sonrió con arrogancia, optando una posición que era propia del clan Hyuga y activando su Byakugan. Al verlo, HanaYasha se asustó. Y más, cuando lo vio correr y levantar su mano derecha contra su cara. No obstante, antes de poder golpearla de nuevo, su cuerpo fue elevado unos centímetros de la tierra... al igual que algunos de sus compañeros; Itachi y Taichi incluidos, y el mismo Iruka.

-¡¿Qué pasa?! – preguntó Ichigo, extendiendo lo más que podía los pliegues de su falda hacia abajo, con una mano, y tomando con la otra el brazo de Tenma.

-¡Estilo de viento! – pensó Iruka, volteando anonadado hacia su alumna de cabello plateado. - ¡El encuentro se cancela! ¡Ya puedes parar, HanaYasha!

La aludida no reaccionaba. Miraba asustados a todos y no paraba de temblar.

-¡Oye, monstruo, ¿Estás sorda?! – bramó Tenma.

-¡Déjala en paz, idiota! – replicó Taichi, extendiendo sus brazos y tratando de tocar la tierra.

-¡Niños, este no es momento de discutir! – los regañó Iruka, volteando de ellos hacia la Hanyou. - ¡HanaYasha! ¡Intenta tranquilizarte! ¡Tú eres la única que puede deshacer esta técnica!

Sintiéndose más presionada que antes, la niña cerró con fuerza los ojos, derramando un par de lágrimas por la impotencia. De repente, escuchó como sus compañeros y su maestro, caían de golpe, gritando o quejándose de dolor. Dando un respingo, abrió los ojos y subió la mirada.

A su lado derecho, se encontraba un hombre de puntiagudos cabellos rubios. Piel un poco bronceada y almendrados ojos azules. Vestía un único traje de mangas largas y color azul oscuro, llevando encima el chaleco verde que portaban los Shinobi de la aldea, con el símbolo del distrito Uzumaki tejido en la espalda.

-¡M-Minato-sama! – exclamó Iruka, asombrando a los menores.

-¡¿Minato-sama?!

-¡El legendario rayo amarillo de Konoha!

-¡El hijo de Jiraiya-sama!

Aprovechando que las miradas de los niños estaban enfocadas en su presencia, se arrodilló a la altura de la menor de cabello plateado, sonriéndole.

HanaYasha, por su parte, sintió pánico. Sus padres habían sido claros el primer día. Si llegaba a lastimar a alguno de los chicos con quienes compartía clase, jamás volverían a darle permiso para estudiar en la academia ninja.

Aterrada, se apartó unos pasos de Minato. Le dio la espalda y dio un gran salto por encima de la cerca de madera que rodeaba el edificio.

-¡Y no vuelvas, monstruo! – gritó Tenma, haciendo reír a algunos.

-¡Castigado por dos semanas! – anunció Iruka, consiguiendo que soltara un grito de frustración... que también divirtió a los niños. - ¡Ahora escúchenme bien! – pidió. - ¡Iré a buscar a HanaYasha! ¡Si me entero que otro...!

-Espera, Iruka. – dijo Minato, deteniéndolo en seco. - Fue mi culpa que reaccionara así. – comentó apenado, acortando la distancia entre ellos. - Tú continúa con tu clase y yo la traeré de vuelta.

Sin estar seguro, el docente asintió. Por ello, el rubio le dio la espalda y desapareció.

Mientras tanto, escondido en la copa de un árbol, se encontraba un Shinobi con la máscara blanca de un tigre en su rostro.

Al haber presenciado lo ocurrido, también se marchó del sitio, usando un atajo que lo llevaría más pronto con su líder.

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HanaYasha no había dejado de correr desde que saltó la cerca de la academia ninja. Jadeando y volteando continuamente hacia atrás, resbaló por accidente con unas raíces sobresaliendo de la tierra, rodando cuesta abajo hasta la entrada de una cueva.

En un principio, pensó que ese sería un buen lugar para esconderse. Sin embargo, la presencia de una araña gigante le reveló lo contrario, haciéndola arrastrarse por la tierra hacia atrás y gritar cuando su espalda chocó contra el tronco de un árbol.

Entonces, Minato llegó desde otra colina, creando una esfera de chakra puro desde la palma de su mano derecha.

-¡Rasengan! – exclamó, impactándola contra el torso de la criatura.

Esta, agonizando de dolor, fue enviada por los aires a la entrada de la cueva, moviendo un poco sus patas delanteras antes de fallecer.

La niña la miró atónita por un momento, antes de volver a encontrarse con el rostro de Minato, por haberse arrodillado a su altura.

-¿Estás herida, HanaYasha?

-¿Eh? – parpadeó confundida. - ¿C-Cómo sabe mi nombre?

-Un amigo mío ya me había hablado de ti. – contestó con una sonrisa. - Y tenía razón, eres la viva imagen de InuYasha. – se incorporó y le ofreció su mano derecha. – Vamos. Todos te están esperando.

La niña agachó la cabeza.

-No puedo volver. – doblando sus rodillas hacia arriba, abrazó sus piernas. - De seguro... piensan que los ataqué... - sollozó y derramó un par de lágrimas. - y ahora por eso... ya no podré convertirme en kunoichi.

Minato la vio con comprensión. Se agachó de nuevo y puso su mano derecha entre sus orejas de perro, llamando su atención.

-El estilo de viento reaccionó porque te asustaste por el ataque de Neji Hyuga. – explicó. – Pero, si aprendes a controlarlo, lo que hiciste hoy no volverá a suceder.

Aun avergonzada, HanaYasha asintió, limpiándose sus lágrimas con su brazo izquierdo. Cuando ya tenía la intención de pararse, Minato se le adelantó, tomándola en sus brazos para llevarla de vuelta a la academia ninja.

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Transcurridos 2 días, se llevó a cabo una nueva junta entre los líderes de Konoha. Por los temas que se tratarían en esa ocasión, se llegó al acuerdo de que se efectuaría en una de las salas secretas disponibles en la fundación.

Una vez que InuYasha y Kagome llegaron, pasearon sus ojos por las personas que ya se hallaban sentadas frente a la enorme mesa circular; iluminada por las antorchas colocadas en las paredes.

Los tres sannin, Jiraiya Uzumaki, Orochimaru Uchiha y Tsunade Haruno los saludaron con una pequeña reverencia. Al otro lado, estaban Hiashi y Hizashi Hyuga, acompañados por Koharu y Homura Haruno; los antiguos consejeros de Hiruzen Uzumaki y Danzou Uchiha. Los hermanos los saludaron con asentimientos de cabeza. Pero los consejeros ni siquiera los miraron.

Además, cuando llegaron a sus respectivos lugares; junto a Tsunade, se dieron cuenta de que había otras cuatro sillas vacías. Preguntándose de quienes podrían ser, escucharon de repente como las puertas de la sala se abrían de par en par, dejando entrar a Hiruzen Uzumaki, acompañado por Fugaku Uchiha.

-Gracias a todos por venir. – comentó Koharu, poniéndose de pie.

Después de que los hombres entraran, dos cazadores especiales ANBU aparecieron de los costados del pasillo y cerraron las puertas.

-Disculpe... - dijo Kagome. - ¿No vamos a esperar a...?

-Hay un asunto en particular que me inquieta. – habló Homura, interrumpiéndola y cruzando los dedos de sus manos sobre la mesa. - Pero, primero, me gustaría escuchar el reporte de aparición de Youkai.

Hiruzen tomó asiento a su lado izquierdo y Fugaku, quedándose parado frente a todos, los reverenció para saludarlos.

-Han habido 23 apariciones en lo que va del mes. – comentó para empezar. – Desafortunadamente, aun no conseguimos dar con el origen de los hoyos temporales en la barrera. Cada vez que un Youkai consigue entrar, estos desaparecen sin dejar rastro.

-¿En qué lugares? – cuestionó Tsunade.

-Solo a las afueras de los distritos Uchiha y Higurashi.

-Hay que aumentar la vigilancia. – propuso Hiashi.

-¿No sería mejor cambiar los atributos de la barrera?

-Apoyo la idea de Homura. – dijo Koharu. - ¿Han escuchado lo que el clan Karatachi ha hecho últimamente en la región del agua o sobre el incidente que ocurrió hace unos meses en la región de la tierra? Si la gente que huye de ahí, atrae a los demonios por sus sentimientos negativos y decide venir a Konoha...

-La recibiremos con mucho gusto. – aseguró InuYasha, interrumpiéndola y mirándola seriamente. - Tal y como lo hemos estado haciendo desde que se fundó nuestro clan.

-Es verdad. – asintió Hiruzen. – Uno de los propósitos del clan Higurashi, es darle seguridad y techo a quienes vienen huyendo de conflictos de esa magnitud. Por lo tanto, la respuesta sigue siendo la misma. La barrera seguirá manteniéndose igual, rechazando a los Youkai, pero dejando pasar a quienes vengan del exterior. Humanos o Hanyou.

-Hablando de Hanyou...

Los presentes voltearon hacia un rincón oscuro.

De ese lugar, surgió un hombre mayor, con la mayor parte de su cuerpo cubierto de vendas. Su brazo derecho era sostenido por un cabestrillo, encontrándose oculto bajo una tela negra; abarcando desde su hombro y cubriendo sus piernas, encontrándose amarrada en su cintura, junto con un kimono blanco, por un listón morado oscuro. Su frente y su ojo derecho también se hallaban cubiertos de vendas. En su mentón, tenía una cicatriz en forma de "X".

Al verlo, InuYasha gruñó por lo bajo, temiendo lo peor.

Cada que se presentaba a un lugar, Danzou Uchiha acostumbraba a ser el portador de malas noticias.

-...escuché que la hija de InuYasha y Kagome hizo algo muy interesante en su clase de taijutsu. – agregó, moviéndose con el bastón que tenía en su mano izquierda, inquietando aún más al peliplateado, con cada golpe que daba al piso. - Sino mal recuerdo, usó estilo de viento para hacer flotar a su profesor y a sus compañeros.

-Iruka-sensei ya nos puso al tanto. – dijo la sacerdotisa, sonriendo agradecida.

-¿También les dijo que se trata de algo que no puede controlar? – advirtió, dando más golpes con su bastón, hasta pararse entre la pareja Higurashi. - Si lo vuelve a manifestar, podría lastimar a alguien y ser expulsada para siempre de la academia ninja. – carraspeó. – A menos, que me permitan enseñarle lo que sé sobre estilo de viento. Con una condición.

-¿Cuál? – cuestionó Fugaku, frunciendo el ceño.

Danzou puso su ojo izquierdo sobre él, sonriendo por un instante.

-Cuando HanaYasha cumpla los 13 años, deberá unirse a los cazadores especiales ANBU. – anunció, horrorizando a los líderes.

-Típico de mi padre. – dijo Orochimaru, suspirando y jugando con un mechón de su largo cabello negro. - Enviar a sus espías a nuestras espaldas, para saber si hay algún joven ninja que valga la pena reclutar en su oscuridad.

-¡Mi hija no es ninguna herramienta para matar! – bramó InuYasha enojado, parándose de su silla.

-A eso se dedican los Shinobi. – comentó Danzou, volteando hacia él. - De otra manera, no existiría la paz en la región del fuego y estaríamos en una crisis igual o peor que las regiones del agua y la tierra.

El Hanyou gruñó y Kagome entornó los ojos.

-Como es obvio que están confundidos, los dejaré pensarlo.

-¡Eso no será necesario! – exclamó una voz ajena, apareciendo de un salto desde un rincón oscuro.

Los sannin suspiraron aliviados al ver la figura de Minato.

-InuYasha, Kagome. Si están de acuerdo, me gustaría ser el maestro de HanaYasha.

-¡Aceptamos! – exclamó la mujer de ojos castaños sin dudar, respaldada por un asentimiento de parte de su esposo.

Danzou, maldiciendo para sus adentros y apretando la mandíbula, dio media vuelta para retirarse del sitio, golpeando con fuerza el piso con su bastón. Cuando pasó al lado de Fugaku, este se le quedó viendo por encima de su hombro izquierdo, antes de que las puertas volvieran a cerrarse.

Fin del capítulo.