HanaYasha culminó con el álbum de fotografías sobre su regazo. En la última página, se hallaban dos imágenes que reconocía. Pero, al mismo tiempo, le eran indiferentes por las personas que aparecían en ella.

En la primera, colocada en la página a su izquierda, ella se encontraba parada entre Itachi y Taichi, abrazándolos de los hombros. Vestían sus ropas habituales de Shinobi y Kakashi Uchiha sonreía sobre ellos, también vestido como un ninja de la aldea de la hoja, sin conexión alguna con la fundación.

En la segunda, colocada en la página a su derecha, ocupaba el lugar de su antiguo maestro, abrazando con una gran sonrisa a sus tres discípulos. Sakura Haruno. Naruto Uzumaki y... un niño de cabello y ojos negros.

Haciendo una mueca, parecía que iba a tropezar, pero, con su brazo derecho rodeándolo, evitó que eso sucediera. ¿Por qué? ¿Quién era él? Atormentada por ello, deslizó sus dedos con suavidad hacia la fotografía, dejándolos encima de la imagen del chico.

-¡Bienvenidos, muchachos!

De pronto, Tsunade Haruno se presentó en la habitación, siendo recibida por las reverencias de los jóvenes ninjas.

-Shizune me contó que corrieron con prisa para ver a HanaYasha.

-¡Es que nadie se molestó en decirnos que ya estaba despierta, de verás! - se quejó el rubio, recibiendo risas por parte de los presentes.

Conservándose autoritaria pero comprensiva, la mujer de ojos color miel se acercó a los hermanos Higurashi.

-Te tengo buenas noticias. - comentó, viendo a HanaYasha. - Como has estado respondiendo bien al tratamiento que te hemos impuesto en estos últimos días, te dejaré ir a casa.

-¡¿D-De verdad?! - interrogó el hermano menor de la Hanyou, sonriendo.

-¡Pero no lo olvides, Daika! - advirtió la sannin, poniéndolo tenso. - Tú hermana aun no puede caminar bien, así que tendrás que llevarla en tu espalda en todo momento. ¿Si?

-¡Así lo haré! - exclamó, reverenciándola. - ¡Muchas gracias, Tsunade-sama!

La mayor les guiñó el ojo izquierdo. Acto seguido, se volteó y se fue.

PPPPP

Konoha no había cambiado tanto desde que permaneció dormida. Solo había edificios más grandes, letreros más llamativos y más caminos de humo saliendo de varios negocios, por el aumento de personas y de distintos tipos de platillos exóticos.

Cuando HanaYasha volteaba con curiosidad de un lado a otro; encontrándose en la espalda de Daika, la gente que pasaba por el centro de la aldea; el lugar donde se hallaban en ese momento, se le quedaba viendo como si estuvieran frente a un Youkai.

-¡Oigan! - Daika le gritó al grupo de adultos curiosos. - ¡¿Tienen algún problema?!

Las dos mujeres y el hombre que las acompañaba, dieron un respingo asustados y huyeron despavoridos.

El muchacho resopló de malas, acomodándose con ello, uno de sus cabellos negro platinado.

-Debe ser muy difícil para ustedes tener la atención total de las personas. - comentó Sai, al ver la situación.

-Solo esperan a que hagamos algún error para echárnoslo en cara y burlarse de nosotros. - explicó el Hanyou. - Así ha sido desde que tengo memoria.

Sakura lo vio preocupada y Naruto agachó la cabeza. Aún les dolía recordar, como su maestra era discriminada fuera de las puertas de Konoha, por los rasgos que tanto la distinguían como Hanyou. Al percatarse de sus cambios de humor, la joven los vio confundida.

-En fin, creo que es hora de que volvamos a casa. - dijo Daika, acomodándola mejor en sus manos, para evitar que resbalara. - El frío está aumentando y si te enfermas, mis papás me van a regañar.

HanaYasha asintió en silencio y sonrió.

-¡A-Adelántense, ¿Si?! - habló Sakura de pronto, nerviosa. - ¡Nosotros tenemos que pasar primero a otra parte!

A su izquierda, Naruto afirmó un par de veces con la cabeza y Sai puso una mueca. El Hanyou les guiñó el ojo con complicidad, dejándolos marchar a los techos de los edificios cercanos, cubiertos con un poco de nieve de la noche anterior.

PPPPP

-¡Sorpresa!

Después de bajar de la espalda de su hermano, en el umbral de la puerta de su hogar, HanaYasha fue recibida por las grandes sonrisas de sus padres y de la señorita Guren, cuyo aspecto era igual a como la recordaba.

Eso la alivió profundamente. Ya que, al encontrarse con Naruto, Sakura y Daika, su corazón se estremeció por el repentino golpe de realidad. Ellos, junto con otros chicos de su generación, habían cambiado tanto... sin embargo, en ese instante no podía darse el lujo de estar triste.

Su familia celebraba con entusiasmo su regreso, así que debía corresponderles como era debido. Haciendo a un lado sus pensamientos, puso una gran sonrisa en su rostro y se acercó a Guren para abrazarla.

A sus padres, a su hermano y a sus alumnos ya les había dado su afecto, pero no a ella, ya que no se había dado el tiempo para ir a visitarla al hospital, al momento de su despertar.

Agradecida por su gesto, el ama de llaves de la familia Higurashi levantó sus brazos y la rodeó con gentileza, adornando sus pálidas mejillas con un pequeño rubor.

Luego de separarse de la Hanyou, la condujo a la silla cabecera del comedor y la ayudó a tomar asiento, dándole una reverencia para volver a la cocina junto a Kagome.

Mientras InuYasha y Daika la hacían reír, con anécdotas divertidas que vivieron durante su estado de coma, un par de golpes se escucharon en las puertas corredizas de la entrada.

El chico se levantó y dejó pasar a sus alumnos, acompañados de nuevo por Sai... por Ino Hyuga, por Hinata Hyuga, por Karin Uzumaki, por Konohamaru Uzumaki, por Neji Hyuga, por Tenten Haruno, por Kiba Higurashi, por Shikamaru Uzumaki, por Chouji Haruno y por Asagi Hyuga.

Cuando esta última abrazó con entusiasmo a Daika y le dio un beso en la mejilla derecha, sus ojos dorados se abrieron como platos.

-¡Oigan! ¡Al menos esperen a que sea su luna de miel!

-¡K-K-Karin! - le reclamó Daika, poniéndose tan rojo como un tomate, mientras los demás se reían.

-Están comprometidos. - le explicó InuYasha a su hija, parándose a su derecha. - Van a casarse dentro de 3 años.

Al escuchar aquello, su mirada se ensombreció.

-¿También...? - preguntó en voz baja, llamando solo la atención del Hanyou. - ¿...es un acuerdo que hiciste o...?

De pronto, Kagome y Guren aparecieron de nuevo de la puerta de la cocina, llevando un pastel hacia la mesa. Al instante, todos comenzaron a desearle un feliz cumpleaños a HanaYasha, algo que la tomó bastante desprevenida, ya que aún faltaban días para eso.

No obstante, el cálido ambiente que respiraba en el comedor, con todas las personas que le importaban, acompañándola y cantándole, hizo que mandara al diablo las fechas. Se encogiera de hombros con una sonrisa y soplara las velas, recibiendo aplausos y más felicitaciones.

PPPPP

Luego de una hora, Naruto, Sakura y los demás, dejaron la mansión Higurashi, retirándose cada quien a su respectivo distrito y hogar.

Mientras Daika y Guren limpiaban y ponían orden en el comedor, InuYasha subió a HanaYasha a su habitación, con Kagome delante de ellos, sosteniendo una vela.

El lugar estaba ordenado y limpio. Seguramente, porque Guren o su madre nunca perdieron la esperanza de que regresaría algún día. Pensar en ello, la entristeció un poco.

No podía imaginarse... lo destrozados que estaban sus corazones, cada vez que debían entrar a su alcoba, respetando las posiciones de cada objeto antes de quitar el polvo.

Una vez que su esposa colocó la vela sobre la mesita de noche, InuYasha entró. Dejó a su hija en su cama y la arropó con una frazada blanca. Detrás de él, Kagome cerró las puertas del balcón y sus cortinas.

-Si necesitas algo, cualquier cosa, puedes pedírnosla. - dijo el Hanyou, sosteniendo la mejilla izquierda de la joven.

Ella asintió.

-Descansa. - se acercó a su frente y le dio un pequeño beso.

Incorporándose y dando un paso hacia atrás, dejó que su esposa también se despidiera, dándole a HanaYasha un beso en su mejilla.

-Gracias. - le susurró con dulzura, ganándose una expresión confusa de su parte. - Por volver con nosotros.

La Hanyou asintió de nuevo, viendo como su madre se levantaba, para reunirse con su padre y salir de su habitación.

Cerrando de a poco sus ojos, se acomodó en su almohada y se quedó profundamente dormida.

SSSSS

-Tú me gustas. No recuerdo cuando empezó exactamente. Pero, ahora, cada vez que te veo, mi corazón late con fuerza. Y aunque quise enterrar estos sentimientos muchas veces, porque sé que no tiene sentido tenerlos... jamás lo conseguí. Así que, solo me queda luchar contra todo y contra todos con tal de caminar a tu lado. Con el pasar de las cuatro estaciones.

SSSSS

HanaYasha despertó y se incorporó de golpe, jadeando rápidamente. ¿Qué había sido eso? ¿Y porque su corazón se aceleraba con tanto frenesí al tenerlo tan presente en su mente? Sumergida en esas dudas, volteó su mirada a su derecha.

Las puertas del balcón y las cortinas que su madre había cerrado, estaban abiertas, dejando pasar el helado viento que soplaba esa noche. Sintiéndose más tranquila, gracias al frío que sentía en su rostro, tragó saliva y se tiró el piso.

Todavía le costaba trabajo permanecer de pie. Pero ni siquiera eso la detendría para lo que quería averiguar. Por ello, se arrastró hasta llegar a su escritorio, abriendo el primer cajón a su derecha. Tenía un presentimiento. Algo conectado a su sueño se hallaba ahí, escondido entre tantos pergaminos.

Con cuidado, los fue sacando y revisando de a uno por uno, hasta dejar el cajón completamente vacío. Tal y como lo había sospechado, tenía un pedazo de papel doblado, atado a una pequeña caja. Con las manos temblorosas, lo abrió y lo leyó en voz baja.

-"HanaYasha Higurashi es la kunoichi que más admiro y respeto de Konoha. Con su colmillo sangriento, la increíble espada que recibió de su abuelo, ha vencido a todos los rivales que se le han puesto en frente, trayendo tranquilidad para todos, aunque muchos no quieran verlo". - tragó saliva. - "Es talentosa y hermosa. Su largo cabello plateado, sus orejas de perro, su dulce voz. Sus rosadas mejillas al sonreír... aunque a veces estas se terminen apagando con la tristeza. Me siento orgulloso y feliz de que alguien tan fuerte y valiente como ella forme parte de nuestra aldea. Algún día, quiero caminar a su lado, con el pasar de las cuatro estaciones".

FFFFF

-Solo me queda luchar contra todo y contra todos con tal de caminar a tu lado. Con el pasar de las cuatro estaciones.

FFFFF

-¿Quién escribió esto? - pensó, con su corazón volviéndose loco en el interior de su pecho. Latía tan fuerte que comenzaba a doler. - ¡¿Por qué no puedo recordarlo?!

De pronto, su cabeza comenzó a darle punzadas insoportables, obligándola a arrugar el pedazo de papel en sus dedos. Agradecía que ahora no tuviera su verdadera apariencia, ya que, de lo contrario, lo habría cortado sin querer con sus garras y su fuerza.

Entonces, algo misterioso la jaló desde abajo, abriéndose como un hondo agujero negro que la cambió de lugar. Por la sorpresa que le dio la caída, apenas y pudo reaccionar a la capa de nieve donde aterrizó y al cielo nublado.

Tragó saliva y ladeó la cabeza a su derecha. Sus ojos dorados se abrieron como platos al ver unas lápidas de piedra negra a unos metros.

Frunciendo el ceño por el dolor y el frio, se inclinó hacia adelante, haciendo lo posible por ponerse de pie. Tsunade le había dicho que no se esforzara de más. Pero en ese momento, no le quedaba más alternativa.

Jadeando y encorvándose, comenzó a moverse, llegando a una de las tumbas más altas que había en el lugar, abrazándola y expulsando nubecillas de vapor de sus labios.

Cuando cayó, creyó que se encontraba de nuevo en el cementerio de la aldea. No obstante, al dar de nuevo otra mirada a sus alrededores, se percató de que se trataba de un cementerio privado.

Para facilitar la tarea de los ninjas médicos, se había decidido que el cementerio estuviera en el centro de Konoha, de manera que una de sus entradas, estuviera conectada con el distrito Haruno.

Los edificios más allá de los árboles no correspondían a dicho lugar. Solo con una mirada, le resultaba difícil describir para sí misma en donde se hallaba.

Tomando aire más profundo, lo expulsó como nubecilla de vapor y prosiguió, esta vez, acercándose a otra lápida alta para remover la nieve.

Su corazón y sus ojos volvieron a expresar su asombro, al ver el símbolo del clan Uchiha. Siguió escarbando. Y cuando quedó más al descubierto, leyó:

-Kagami Uchiha...

Volteó a su derecha, contemplando otras que estaban en esa misma fila. Moviéndose con cuidado, fue quitando la nieve de cada una, revelando más nombres.

Naori,

Baru,

Hikaru,

Yashiro,

Setsuna,

Tajima,

Izumi...

...entonces, llegó a dos nombres que detuvieron su corazón un segundo.

-Fugaku... Mikoto...

Horrorizada, se apartó un par de pasos, chocando por accidente con otra tumba detrás y sintiendo un viento cálido que la hizo voltear de nuevo a su derecha.

Algo brillaba entre los árboles.

Tragó saliva. Arrastró sus pies helados y la parte inferior de su kimono blanco por la nieve y se abrió paso entre los arbustos, haciendo a un lado una rama para poder entrar al pequeño claro.

Bajo un rayo temporal de luz de luna; otorgado por el rápido paso de las nubes grises del cielo, se hallaba una tumba más pequeña.

El corazón comenzó a latirle de nuevo por miedo.

Pero, aun así, pudo acercarse y arrodillarse, quedando confundida con todo lo que tenía. Flores resguardas en trozos de cristal rosado. Un kunai con sangre seca clavado en la tierra.

Rocas que formaban un círculo. Y, colgado en el tronco del árbol, había un letrero de madera, protegido también por un cristal rosado. HanaYasha lo tomó en sus manos, girándolo, y lo leyó.

-Sasuke Uchiha...

Un dolor más fuerte de cabeza y otro en su pecho la obligaron a inclinarse hacia adelante y a soltar varios alaridos. Imágenes de su pasado, conectándose con las fotografías que vio en el hospital, bombardearon su mente como una advertencia.

Sus padres, su hermano, Guren, sus alumnos, los amigos de estos, sus conocidos... todos le estaban ocultando algo. Tenían puestas unas máscaras en sus rostros para transmitirle que todo estaba bien. Pero no. Había algo que no lo estaba y lo confirmó al arrodillarse frente a aquella tumba pequeña.

Con un hilo de voz en la garganta, lloró de nuevo.

-"El pequeño niño en un sueño sumergido está".

En eso, escuchó una dulce voz cantando cerca de ahí. Levantando la mirada hacia los árboles, se secó las lágrimas y volvió a levantarse, primero caminando y después, corriendo para seguir a la misteriosa chica que cantaba.

-"Entre la luz y grises cenizas de dolor". "Uno, dos... tantos rostros".

Bajando por una colina empinada, por fin pudo identificar en dónde se encontraba, congelándose abatida.

El distrito Uchiha ya no era el mismo que ella recordaba con nostalgia; por las mañanas, tardes y noches en las que solía correr con Itachi, Shisui y Taichi en las calles o tejados.

Ahora era un sitio cubierto de cenizas y muerte. Muchas de las casas y negocios estaban quemados. A su alrededor, no había ni un solo edificio de pie.

-"Entre todos solo uno es su verdadero yo".

Volvió a escuchar el canto, girando a su izquierda.

-"Aún quedan mil sueños para recorrerlos".

Corrió entre los edificios destruidos, hasta llegar a uno cuya estructura se le hizo familiar. La casa de Fugaku y Mikoto.

-"Sueña... Sueña siempre..."

Recibiendo más punzadas de su cabeza, entró por el jardín, pasando a un lado de la cerca quemada y se paró en lo que quedaba de la construcción.

-"Esos ojos plateados temblando entre sueños". "Creando algo irreal en su propio mundo ideal".

Fijando sus ojos en el techo, subió las escaleras que aún seguían en pie.

-"Inmerso en la ilusión no quiere despertar". "Sigue ahí... Ahora yo..." "Voy a proteger tu sueño".

Llegando al segundo piso, se topó de frente con una curiosa figura negro brillante, portando una máscara plateada por encima de la cabeza.

Esta, reaccionando a su presencia, detuvo su interpretación y se volteó hacia HanaYasha, haciendo desparecer la capa de su Payaso coronado negro.

-Eres... - musitó.

La joven de cabello castaño asintió.

-Mi nombre es Megumi Walker. Soy la guardiana dimensional. - se presentó, retirándose la capucha de su larga gabardina negra. - Una entidad con el deber de viajar y proteger otros mundos.

HanaYasha observó la rosa plateada que portaba en el lado izquierdo de su pecho. Eso le resultaba una prueba bastante creíble, ya que jamás había visto ese símbolo en su vida. Ni siquiera en otras regiones Shinobi.

-Hace muchos años, mi padre y tu abuelo hicieron un trato para evitar cierta profecía. Inu no Taisho le entregaría a Neah Walker a colmillo sangriento, siempre y cuando regresara a este mundo para devolvértela.

La Hanyou abrió los ojos de par en par.

-Su objetivo, era entregármela a mí para que consiguiera despertar mis verdaderos poderes. Una vez que lo logré, la guardé bajo llave, esperando el día en que tuviera que reunirme contigo. No obstante, la profecía terminó cumpliéndose más pronto de lo esperado, afectando también a dos personas importantes para mí.

-¿Y esa profecía es...?

Los ojos castaños de Megumi se clavaron en ella como dos cuchillas filosas.

-Tu muerte.

El corazón de la Hanyou dio un vuelco acelerado en su pecho.

-El guardián del sur tenía la capacidad de ver el futuro. Por ese motivo, contactó a Neah y le obsequió a tu abuelo a colmillo sangriento. Inu no Taisho quería protegerte con ella. Pero las habilidades del enemigo pudieron más contigo y con tus compañeros, lo que te llevó a estar encerrada en un Tsukuyomi por 3 años. Allen, mi primo, también fue encerrado en uno. Con la diferencia de que su mente estaba intacta. La tuya, por otra parte, quedó destruida. La muerte de tus compañeros era el único recuerdo que tenías, repitiéndose en un bucle sin fin. Sacarte de ahí no fue sencillo. Mi hermana y una compañera tuvieron que ayudarme, construyendo con nuestros poderes unidos un mundo especial que modificara el Tsukuyomi, para devolverte una parte de tus recuerdos. Pequeñas experiencias que Kagome me ayudó a recopilar. Y si, por casualidad, consiguieras "desbloquear" a Itachi Uchiha o a Taichi Higurashi, sus nombres te darían la llave automática para entrar a mi santuario y volver. La otra llave, una más manual, era encerrar a los 50 demonios sueltos en Tokio, en el rosario de cuencas negras.

-Hablando del rosario... - comentó, tocando sus clavículas con su mano derecha. - recuerdo que tú me diste uno. Era igual al que tenía en el Tsukuyomi. De cuencas negras.

-Se lo entregué a Kagome. - respondió, sacando un brillante cubo blanco del interior de su gabardina negra. - Sin embargo, antes de que te lo vuelvas a poner, primero tienes que enfrentarte a los recuerdos de la última misión que tuviste con tus compañeros.

La Hanyou aceptó, dándole permiso a la guardiana de soltar el cubo, invocando un portal que las hizo desaparecer.

Fin del capítulo.