No estaba preparado para todas las miradas una vez pasa el lujoso vestíbulo. Hay un silencio notorio.

Floch está junto a la mujer que apenas conoce y con el chico que es más abierto en estos eventos que él a su edad, cuando el anfitrión se acerca para darle algo parecido a un abrazo, leve, pero aun así demasiado amistoso para su gusto. Intenta conversar con él.

Las cartas le han dado una idea, pero le frustra no poder ser preciso a falta de sus recuerdos.

Inesperadamente, un rostro conocido a la distancia logra que deje de lado la frustración.