Curiosamente fue su hijo quien le entregó la llave del misterio. Las cartas llegaban a su casa directamente de sus manos a él, cosa que el chico resaltó cuando le dijo que estaba cansado de ser un mensajero entre dos ancianos y que por qué mejor no invita a la instructora Blouse para hablar en persona, que ni siquiera tardaría tanto.

Había algo en su tono que lo dejó sorprendido, pero decidió no seguirle el juego al berrinche del adolescente.

Sasha mencionó emocionada sus tareas pendientes para un festival por el cumpleaños de la hija de la reina.

Todo encajó.