SÓLO UN BAILE


Seguía sin ser una gran aficionada a las fiestas, si bien no le agobiaban tanto como hacía diez años atrás, aún estaban lejos de emocionarle tanto como a Anna; quien parecía jamás cansarse de asistir a bailes y disfrutaba de mantener largas y animadas conversaciones con otros asistentes a dichos eventos, ya fuera que los conociera previamente o se tratara de algún desconocido.

Elsa por su parte, era capaz de sonreír y asentir levemente, intercambiar algunas cuantas palabras perfectamente calculadas para ser cordial y no arriesgarse a iniciar un conflicto político, pero quizá era algo tarde para aprender a desenvolverse mejor en el ámbito social, y era difícil aprender a hacerlo cuando casi nadie se atrevía a acercarse a ella. Pasaba la mayor parte de esos eventos a solas, observando a sus amigos danzar en la pista de baile, Anna mantenía a Kristoff la mayor parte del tiempo bailando y su cuñado con tal de hacer feliz a la Princesa hacía su mayor esfuerzo; aunque en más de una ocasión había confesado no disfrutar demasiado del baile.

Su hijo en ocasiones la invitaba a bailar una pieza, siendo algo insistente en varias de esas ocasiones, puesto que se imaginaba que su madre a pesar de decir que no era muy buena bailarina o que no le gustaba, en realidad tan sólo prefería mentir diciendo eso a admitir que parte de ella se entristecía por el hecho de no tener una pareja de baile.

El Príncipe heredero conocía muy bien a su madre, le era muy fácil notar e identificar el significado detrás de ciertas miradas o gestos que hacía de manera inconsciente, su mamá era una de las personas a las que más amaba en el mundo y odiaba verla triste, realmente le molestaba que las personas juzgaran tan duramente a su mamá, algunas acusandola de ser una bruja debido a sus poderes mágicos, muchos otros la señalaban por el hecho de ser una madre soltera. La Reina de Arendelle era una mujer muy fuerte, pero eso no significaba que no le lastimaran algunos de los crueles comentarios que hacían sobre ella.

Andy se reprochaba que en el pasado llegó a herir los sentimientos de su mamá al repetir alguno de los insultos que había escuchado sobre ella (si, reconocía que cuando estaba molesto tendía a decir palabras demasiado hirientes sin detenerse a pensar antes en las consecuencias), y él mentiría si dijera que ya no deseaba tener respuestas con respecto a lo que había sucedido entre sus padres, pero ahora era consciente de que era un tema difícil de tratar para su madre e intentaba ser paciente, seguramente ella se lo contaría cuando se sintiera lista para hacerlo.

—Algo le pasa a mamá — dijo Andy observando a la Reina desde la distancia, mirándola con detenimiento.

Helena giró la mirada en dirección a la mamá de su medio hermano y solamente inclinó levemente la cabeza, demostrando que se encontraba confundida.

—Yo la veo igual que siempre — comentó la Princesa.

—Sabionda, sé lo que digo — insistió su hermano —, desde temprano ha estado un poco extraña.

—Tu mamá es extraña, ya deberías saberlo — bromeó la pelirroja ganándose una mirada de reproche por parte de Andy — ¡Tranquilo, era sólo un chiste! — Elevó un poco la voz — Estoy segura de que sólo imaginas cosas, Elsa está bien.

Andy estaba sin estar muy convencido, realmente presentía que a su mamá le pasaba algo, la notaba algo distraída y era incapaz de averiguar qué era lo que pasaba por la mente de Elsa, es decir, no se le ocurría algo que hubiese pasado recientemente que podría haber preocupado a su mamá.

—No pienses en cosas tristes — Volvió a hablar su hermana menor —, si acaso pasa algo malo, ya te lo dirá cuando termine la fiesta, ahora vamos a divertirnos ¡Vamos a bailar! — Helena lo tomó del brazo para hacerlo caminar hasta el centro de la pista de baile.

Seguramente Liv estaría mirando con desaprobación ya que aquella acción no era propio de una dama, ya que sería el caballero quien tendría que invitar a bailar a una chica; no alrevés, pero Helena prefirió no confirmarlo y solo concentrarse en hacer sentir mejor a su hermano.

Pero Helena estaba en lo correcto y su madre se limitó a cerrar los ojos, soltar un respiro y tranquilizarse para no causar una escena, notaba que algunas mujeres nobles a su alrededor murmuraban mientras no despegaban la vista de Helena, ya después de ocuparía de recordarle a su hija sobre los modales en un baile, pero por el momento decidió ir en búsqueda de su esposo para desahogarse.

—Esa niña nunca me hace caso — dijo Liv una vez que Hans y ella estuvieron lo suficientemente alejados de cualquiera que pudiera escucharlos — Mira que jalonear a su hermano enfrente de todos…

—Tranquila cielo, es sólo una niña — intentó suavizar las cosas para evitar que su hija se metiera en algún problema —, deja que se divierta un poco, aún es pequeña y puede romper unas cuantas reglas de etiqueta sin repercusiones.

—Tan sólo quiero protegerla, sabes que no siempre podrá salirse con la suya — contestó la Princesa de Baybiron —. Es mejor que empiece a entender que hay ciertas normas y modales que tiene que respetar.

—Estoy seguro de que Helena sabe como comportarse, seguramente lo de hoy tiene una buena explicación —dijo su esposo —. Intenta divertirte, no deberías dejar que algo así te arruine la noche, ni sería conveniente hacer un drama al respecto, a menos claro, que pretendas arruinar la fiesta de Elsa.

—¿Desatar la furia de la Reina de las Nieves? — Preguntó Liv — Yo creo que esa es tu especialidad, y la de Andy claro, se nota que son padre e hijo.

Hans negó ligeramente con la cabeza, encontrando divertido el comentario de su esposa.

Era el baile en honor a otro aniversario de la coronación de Elsa y muchos de los asistentes hacían comentarios groseros sobre si deberían preocuparse por otra nevada a mitad de julio (intentando ser discretos para evitar que Elsa los escuchara).

Conocía lo suficiente a Elsa como para saber que si pudiera; ella se abstendría de ofrecer un baile para conmemorar la fecha, la Reina de Arendelle continuaba siendo una mujer reservada que prefería alejarse de las multitudes y no se sentía del todo cómoda siendo el centro de atención, mucho menos si eso implicaba fingir que no se daba cuenta como todos pasaban la velada criticandola o incluso burlándose de ella.

Seguramente la Reina estaba impaciente por dar fin al evento y retirarse a su habitación. Ni siquiera notó en qué momento su mirada se fijó en la gobernante, hasta que la voz de su esposa lo devolvió a la realidad.

—Deberías invitarla a bailar — propuso Liv.

—¿Invitar a bailar a Elsa?

—Ya han bailado juntos antes — dijo Liv sin comprender porque de pronto a su esposo la idea le parecía tan extraña —, además es su fiesta, debería disfrutar de este día y no sólo estar de pie, observando como todos los demás se divierten.

Había pasado un tiempo considerable desde la última vez en que había bailado con Elsa, y no era que la idea le pareciera desagradable, la Reina había tomado unas cuantas lecciones de baile años atrás y no lo hacía mal, además, Elsa le agradaba y podía llegar a ser graciosa cuando se permitía bajar los muros que ella misma había construido a lo largo de su vida, pero no recordaba haber invitado a bailar a la platinada después de que ella le había puesto fin a su relación (algo que permanecía siendo un secreto) y no deseaba incomodarla, mucho menos en ese día.

Aún eran amigos, y estaban en buenos términos, pero era imposible negar que desde que ella había visitado el mundo de los sueños, las cosas eran un tanto diferentes. El pasado era algo que parecía que jamás dejaría de atormentarlos, en especial a Elsa, y a pesar de que ella le había perdonado en más de una ocasión, no la había abrazado o tenido un contacto físico con ella desde aquella vez en Louven en que ella le salvó la vida y después acordaron intentar seguir siendo buenos amigos, pero sobre todo, jamás volver a tocar el tema de lo ocurrido en el calabozo.

No deseaba traerle amargos recuerdos de regreso al hacerla estar tan cerca el uno del otro durante una pieza musical entera.

—No me hagas comportarme como Helena y arrastrarte hasta dónde está ella — dijo Liv —, es nuestra amiga, deberíamos asegurarnos de que no esté sola y triste en su propio baile.

—Creo que sabemos que Elsa disfruta de la soledad — comentó Hans, su esposa le miró con reproche — ¿No prefieres que bailemos tú y yo?

—Claro que me gustaría bailar con mi amado esposo — respondió la Princesa, y el Príncipe le ofreció su mano inmediatamente creyendo que había conseguido que Liv olvidase su conversación de hacía un segundo —, pero sólo aceptaré concederte una pieza sí bailas con Elsa al menos una canción.

—Debes estar bromeando.

—¿Hay algún motivo en particular por el cual no quieras bailar con ella? — Le cuestionó — ¿Acaso tuvieron un desacuerdo recientemente?

—No, no es que no quiera bailar con ella…

—Sólo pregúntale si quiere bailar contigo y se acabó, no es muy difícil ¿O sí, Almirante? — Le interrumpió su esposa.

Resignado el Príncipe sureño caminó hasta detenerse justo al lado de la Reina de Arendelle, de inmediato la monarca le miró confundida al notar que Liv había ido en dirección contraria para integrarse en la conversación que mantenían otras 4 mujeres.

—Majestad — El pelirrojo hizo una perfecta reverencia antes de extender su mano — ¿Me concede este baile?

Elsa fijó su mirada en la mano de Hans por un segundo antes de mirar a su alrededor con discreción, casi podía jurar que varios de sus invitados habían dejado de lado lo que estaban haciendo tan sólo para observarla atentamente. Se sintió atrapada entre la espada y la pared, sintiendo que cualquier decisión que tomara; sin importar la que fuera, sería incorrecta.

— Será divertido, vamos, es tu fiesta Elsa, no deberías estar aquí sola — dijo el pelirrojo sonriéndole con dulzura. La rubia sentía sus manos temblar y su respiración se volvía entrecortada —. Sólo un baile — susurró.

La Reina posó su mano sobre la del hombre e inmediatamente sintió como él apretaba su mano para posteriormente guiarla hasta la pista de baile. Los músicos se detuvieron abruptamente y todas las miradas estaban fijas en ellos. Hans volteó a mirar a Elsa, la rubia se encontraba con la mirada fija en el suelo, y podía notar como el pecho de la mujer subía y bajaba de manera irregular; parecía que le estaba costando regular su respiración.

—Tranquila, sólo ignoralos — murmuró, creyendo que los comentarios de la gente a su alrededor era lo que la perturbaba —, no estamos haciendo nada malo, solo somos un par de amigos bailando.

Elsa lo dejó tomar su mano para colocarla en su hombro, antes de entrelazar su mano libre junto a la de él, por último la otra mano de Hans tocó su espalda a la altura de la cintura. Hans dirigió su mirada a la banda de músicos para indicarles que volvieran a tocar sus instrumentos.

Hans dió un paso hacía adelante acortando un poco la distancia entre ambos y consiguiendo alterar un poco más a Elsa, sin embargo ella se obligó a permanecer calmada, dejarse guiar por Hans, tan sólo sería una canción, terminaría pronto.

—Elsa, ¿Te ocurre algo? — Preguntó el pelirrojo notando que aquel día ella se encontraba algo triste — ¿Hay algo que te moleste o alguien te hizo algo?

—Estoy bien — Respondió sin poder evitar que en su voz se notara el hecho de que estaba al borde del llanto. Empezó a sentir como sus ojos se humedecían; señal de que las lágrimas no tardarían en traicionarla.

Hans se percató de cómo las manos de su pareja de baile empezaban a ponerse más heladas de lo normal.

—Elsa, si hay algo en lo que pueda ayudarte… — pero la mujer no parecía estar escuchando, permaneciendo concentrada en contener el llanto y finalizar con éxito la danza.

Sin estar manteniendo una conversación entre ambos, los dos podían lograr oír algunos de los murmullos a su alrededor, algo que ponía más tensa a la Reina. Hans deseaba saber alguna manera en que pudiera reconfortar a su amiga.

—Es una desvergonzada, mira que bailar con su amante en el aniversario de su revolcón — No supo identificar quien fue la persona que lanzó aquel desagradable comentario, pero le maldijo con todas sus fuerzas en su interior.

—Ya quiero que esto termine — murmuró Elsa con dificultad —, no quiero seguir haciendo esto.

Elsa paró de bailar y soltó la mano de Hans, nuevamente la música se detuvo y todas las miradas se posaron sobre ella.

—Disculpeme Alteza, me siento algo indispuesta — consiguió decir, pretendiendo usar como excusa algún malestar o problema de salud. Hizo una reverencia antes de alejarse del pelirrojo, caminó hasta dónde estaba Gerda y le pidió que la acompañara fuera del salón de baile, necesitaba un respiro antes de regresar y lidiar con el resto de la fiesta.

Andy miró a su madre alejarse y quiso ir tras ella, pero fue interceptado por su tía Anna; quien suponía que era aquello que había afectado tanto a su hermana mayor.

—Yo iré con ella ¿Ok? — Dijo la Princesa de Arendelle

—Pero mamá me necesita — insistió Andy.

—Te aseguro que me encargaré de tranquilizarla — prometió Anna, su tía le murmuró algo a su tío Kristoff. El heredero a la corona se imaginaba que era algo relacionado a que lo vigilara o que no se apartara de él mientras que ella iba a consolar a Elsa.

Anna tomó el mismo camino que había seguido su hermana mayor, había pequeños rastros de cristales de hielo en el suelo indicando el camino, atravesó los jardines hasta llegar a un quiosco que se encontraba en medio del jardín principal, allí Elsa estaba sentada en una banda llorando desconsoladamente mientras Gerda la abrazaba y acariciaba su espalda.

—Elsa…—dijo Anna en voz baja.

Gerda dió unas últimas palmaditas en la espalda de la Reina y le dio un beso en la frente antes de ponerse de pie para regresar al interior del castillo, permitiendo que las hermanas conversaran a solas.

La pelirroja tomó asiento junto a su hermana y la abrazó con fuerza.

— ¿Qué fue lo que ocurrió? — Le preguntó — Toda la mañana te he notado extraña, ¿Hay algún problema?

Elsa negó con la cabeza rápidamente, pero sin dejar de llorar.

—Por favor dime que te pasa, me preocupas — Anna la tomó por ambas manos y se agachó para poder mirar a Elsa a los ojos, ya que la gobernante no se creía capaz de levantar la mirada —. Eres mi hermana y quiero que seas feliz, y sabes que haría cualquier cosa por ti, así que si debo darle un puñetazo en la cara a alguien solo dilo, te aseguro que estaría más que encantada de darle un buen golpe a al menos unos cuantos de los invitados.

Su comentario consiguió que Elsa dejara escapar una risa.

—No provoques una guerra, por favor —dijo la mayor mirándola a los ojos finalmente.

—Ok, haré mi mayor esfuerzo para controlarme — bromeó la pelirroja —, pero enserio, ¿Qué fue lo que te puso así?

—No lo sé — respondió desviando la mirada hacía el horizonte —, yo…sólo, hoy no es un buen día, he tenido muchas cosas en la cabeza y necesitaba un respiro, salir de la fiesta por solo un momento.

—Está bien, podemos quedarnos aquí todo el tiempo que quieras y necesites — Se acomodó en la banca y recargó su cabeza en el hombro de su hermana —, eres la Reina después de todo, tu decides que hacer y dudo mucho que alguno de los tontos que están adentro se atrevan a ordenarte que regreses.

—Dudo mucho que podamos quedarnos aquí el resto de la noche.

— ¿Apostamos? — Bromeó la menor, Elsa negó con la cabeza divertida — Volveremos dentro cuando te sientas lista, ¿Ok? No antes y si lo deseas, puedes contarme lo que sea, si quieres contarme sobre cosas aburridas como la economía del reino estoy dispuesta a soportar la conversación — Siguió intentando hacer reír a su hermana —, o si quieres hablar de algo más interesante como…no lo sé…¿Un próximo viaje quizá?

—No sé el porqué, pero esta mañana recordé el…asunto romántico que hubo entre Hans y yo hace un par de años — admitió sintiéndose avergonzada por haberlo dicho en voz alta. Anna se sorprendió, su hermana jamás había hablado de eso desde que decidió ponerle fin a la relación.

En general, su hermana siempre fue muy reservada y pocas veces logró que ella le contara algo sobre su relación secreta con Hans, y la última vez que lo hizo (hasta ese día) simplemente le informó que todo había terminado y que prefería no dar explicaciones sobre lo que ocurrió.

— ¿Quieres contarme? — preguntó para no hacerla sentir presionada u obligada a hablar.

—Lo cierto es que no sé como sentirme con respecto a lo que pasó entre él y yo — confesó —, y creo que nunca voy a terminar de entender qué fue lo que ocurrió y el porqué ocurrió — añadió —. Pero en específico, recordé una conversación que tuvimos cuando aún estábamos juntos y hay una cosa que le dije aquella vez que por algún extraño motivo no dejó de repetirse en mi cabeza toda la mañana.

Anna se limitó a mirarla con atención, permitiendo que Elsa se tomara el tiempo que necesitara para hablarle sobre lo que le ocurría.

—Y es una tontería, pero…— hizo una pausa —, una vez le dije que teníamos que poner fin a nuestra relación, porque si seguíamos con eso, yo no podría conocer a alguien más — la boca de Anna se abrió en señal de sorpresa —. Te juro que en ese momento ni siquiera era algo que realmente pasaba por mi mente, sabes que desde lo que pasó con Aksel me cerré a la posibilidad de enamorarme de alguien, entonces ni siquiera en ese momento supe porque le dije eso.

—Elsa… ¿Estás considerando…?

—Te dije que era una tontería, ni sé porque permití que me afectara tanto — la interrumpió —. Estoy algo sensible, eso es todo.

—Creo que podrías darte la oportunidad.

—No bromees con eso, Anna — dijo ella —. Es imposible, nadie se fijaría en alguien como yo, ya tengo más de 30, un hijo adolescente, un problema mágico y soy un asco relacionándome con otras personas, sin mencionar que todos me consideran una cualquiera y murmuran sobre que me acuesto con Hans.

— ¿Sabes? Una vez escuché a Andy decir que hay un antigüo mito que asegura que todos estamos enlazados con nuestra alma gemela por un hilo invisible, y que tarde o temprano todos terminamos encontrando a nuestro amor verdadero — habló Anna —, no sé si eso sea real, pero ¡hey! vivimos en un mundo dónde hay trolls de roca, criaturas mágicas y tu tienes poderes mágicos, así que no somos las más indicadas para ser escépticas — agregó —, solo digo, que eres una persona maravillosa, la persona más bondadosa e increíble que conozco, sin mencionar que eres hermosa, y si alguien merece conocer a alguien que la ame con locura, esa eres tu.

—Anna, te aseguro que no necesito un hombre a mi lado para ser feliz — dijo Elsa —, hoy solo fue un mal día, es todo, pero mañana estaré mejor, ya lo verás.

—Sé que no necesitas a un hombre a tu lado, pero eso no significa que deberías cerrarte a la posibilidad por siempre. —Anna volvió a abrazarla —, si quieres intentarlo, tienes todo mi apoyo — sonrió —. Elsa, se que te aterra que la historia se repita, pero no todos los hombres son como Aksel o Hans…cuando Hans era un idiota.

—Tengo mala suerte en esas cosas.

—Mirá, mi primer intento de un romance fue el Hans que planeaba asesinarte y apoderarse de nuestro reino, después conocí a Kristoff —le recordó —, tu única experiencia de intentar tener un romance formal fue un sujeto que intentó apoderarse del reino y nos declaró la guerra, si seguimos el patrón, el próximo será el bueno.

—Prefiero que evitemos poner en riesgo el bien de Arendelle.

—¡Eso mantiene interesantes las cosas! — Bromeó la Princesa


Nota de autor:

Sé que justo ayer dije que no sabía si esto sería un fic o solo un OS, pero pues ¿Qué les digo? La inspiración apareció y escribí este capítulo. Si gustan pueden dejarme un review con su opinión con respecto a la historia o si tienen alguna sugerencia será bienvenida.

Por último, recuerden que esta historia esta basada en los fics de Madame Purple, así que es recomendable que lean sus historias ya que he tomado varios personajes, elementos y situaciones que ocurrieron en sus fics.

Saludos.