¿PODRÍAMOS HABLAR?


Ojalá lo sucedido durante el baile de la noche anterior se hubiese tratado tan sólo de un sueño, pero desafortunadamente realmente ocurrió y no había manera de borrarlo de la memoria de todos los presentes, sin embargo, Elsa estaba dispuesta a pretender que ella no lo recordaba, si bien sabía que tendría que mantener un par de conversaciones con algunos de los invitados que aún no partían con regreso a sus respectivas naciones, estaba segura de que ninguno de ellos se atrevería a mencionarle el tema directamente, sin duda se encargarían de esparcir chismes y habladurías al respecto, pero al menos lo harían a sus espaldas.

De quienes se tendría que preocupar sería de los miembros del consejo Real y quizá de sus amigos, quienes seguramente no dejarían pasar el tema. La noche anterior al regresar al salón de baile todos dirigieron sus miradas en su dirección, Kristoff y Andy se acercaron a ella para preguntarle si se encontraba bien.

Su adorado hijo siempre se preocupaba por ella, y le molestaba que las personas la juzgaran tan duramente, Elsa estaba bastante segura de que Andy haría casi cualquier cosa por ella (y eso en ocasiones le resultaba preocupante). La Reina de Arendelle le repitió un par de veces que ya se sentía mejor, realmente prefería no hablar al respecto de lo ocurrido con Andy, ser honesta con él implicaría confesarle su más grande secreto; del cual se había encargado de protegerlo toda su vida.

Mencionarle siquiera la tonta idea que cruzó su mente el día anterior alteraría a Andy, y no deseaba traerle de vuelta recuerdos dolorosos. Anders Adgar ya no era aquel niño pequeño de cinco años que tuvo la mala suerte de conocer a Aksel; el hombre que estuvo a punto de hacerles tanto daño a ambos, pero sin importar de los años que habían transcurrido desde aquel momento, era algo que les perjudicó de por vida.

Rara vez tocaban el tema, pero era consciente de que su hijo aún se sentía atormentado por el hecho de que jamás se encontró el cuerpo de Aksel y aún temía que ese hombre estuviera vivo y un día volviera a aparecer para vengarse de ellos, ella intentaba mostrarse fuerte y asegurarle que el Conde estaba muerto y jamás podría volver a hacerles daño, sin embargo, mentiría si dijera que no había tenido al menos una pesadilla al respecto en los últimos diez años.

Después de que ganaran la guerra y el Rey Dark fuese derrotado, se prometió a sí misma que jamás volvería a intentar encontrar una pareja sentimental, y desde entonces se cerró a la posibilidad de enamorarse, en realidad, se negó a expandir su círculo social.

Así que sí, decirle a Andy que la mañana anterior se le ocurrió de pronto que quizá le interesaría intentar conocer a alguien y posiblemente estar dispuesta a permitirle a un hombre ser parte de sus vidas, era una pésima idea y no tendría sentido alguno.

Elsa cumpliría 39 años dentro de algunos meses, incluso aunque ella se propusiera el encontrar el amor, era algo tarde para eso.

Lo mejor sería olvidarse del tema, enterrar aquel pensamiento en lo más profundo de su mente e ignorarlo.

Aquella mañana sobrevivió al desayuno, Anna le ofreció una sonrisa reconfortante y ella se la devolvió, Andy dejó de lado la etiqueta por un momento para darle un abrazo y un beso en la mejilla para desearle un buen día a su mamá. Había ido al muelle para despedirse de un par de nobles que partieron temprano de Arendelle y estaba a punto de lograr llegar a su oficina sin que nadie le mencionara algo relacionado al baile, pero entonces a escasos pasos de la puerta, se percató de que cierto pelirrojo se encontraba junto a la puerta, esperándola.

Anoche, una vez que el baile llegó a su fin y los invitados se habían retirado a sus habitaciones o hubiesen decidido partir de inmediato, Hans intentó acercarse a ella para asegurarse de que se encontraba bien, pero ella encontró la manera de evitar hablar con él, pero si algo había aprendido del pelirrojo en todos esos años de conocerlo, era que era terriblemente insistente y no se rendía con facilidad.

—Elsa —pronunció su nombre con suavidad — ¿Podríamos hablar?

Ella no dijo nada, tan solo asintió con la cabeza, abrió la puerta de su oficina y lo invitó a pasar, era mejor hablar en privado desde un inicio y no arriesgarse a que algo pudiera malinterpretarse.

La rubia se acercó a su escritorio sin algún motivo en particular, permaneció de pie junto a dicho mueble, dándole la espalda al Príncipe por unos segundos antes de atreverse a girarse a verlo.

—Hans ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte? — Le sonrió con dulzura, intentando eliminar cualquier preocupación de la mente del pelirrojo.

—En realidad creo que quería preguntarte lo mismo —respondió el sureño — ¿Cómo te sientes? Anoche…

—Lamento tanto haberte preocupado, sé que no reaccioné de la mejor manera — lo interrumpió —. No pretendía asustarte o hacerte pensar que tenía algún problema —agregó —. Te aseguro que estoy bien, ya me siento mucho mejor.

—Elsa — volvió a decir su nombre en un tono de voz que delataba el hecho de que él no le creía del todo —. Te conozco lo suficiente para saber que algo te alteró anoche, en realidad, Andy me contó que te notó algo…distraída desde ayer temprano — dijo el hombre —, sabes que me preocupo por ti y que te quiero, así que si hay algo que…

—No es nada, de verdad — volvió a interrumpirlo —. Ayer solo no fue un buen día y tenía muchas cosas en la cabeza, en realidad…si me sentía algo agobiada — dijo Elsa —, pero te aseguro que fue algo sin importancia y además, Anna fue de gran ayuda ayer.

—Me alegra escuchar eso — hizo una corta pausa antes de continuar, dudando un poco sobre si debía tocar cierto tema —. Realmente me asusté, sé que escuchaste el mismo comentario que yo.

La Reina bajó la mirada, sabía exactamente a cual comentario se refería.

—Honestamente, pensé que a estas alturas ya no hablarían tanto sobre lo que supuestamente ocurrió entre tu y yo — habló la rubia, intentando poner en orden sus pensamientos —, es agotador escuchar esa clase de cosas, pero si piensas que mi comportamiento de ayer se debió a que estaba triste porque se cumplió un año más desde que…—suspiró, no queriendo decir en voz alta el resto de la oración —. Lo cierto es que ese comentario no hizo que lo recordara de repente, es algo que tengo presente en mi mente más tiempo del que desearía y es casi imposible recordarlo cada año.

—De verdad que me arrepiento de haberte hecho algo tan horrible — El Almirante estaba consciente de que jamás lograría reparar el daño que le había hecho a Elsa, y que ni aunque le pidiera perdón un millón de veces algo cambiaría, pero aún así no podía evitar disculparse.

Se odiaba por haberse atrevido a lastimar a una mujer tan dulce como Elsa, y el recordar el hecho de que la Reina de las Nieves tan solo era una jovencita de 21 años, quien además había pasado la mayor parte de su vida encerrada. En definitiva ella no merecía lo que él le hizo.

—Lo sé — dijo ella — y te he perdonado — alzó la mirada para verlo a los ojos —. Sé que has cambiado por completo y doy gracias a Dios por ello, ya no eres aquella persona que llegó a Arendelle hace diecisiete años, eres una buena persona Hans y alguien a quien puedo considerar un amigo.

—También te considero una gran amiga, Elsa.

Ella le sonrió antes de volver a hablar.

—Con respecto a lo que dijo esa persona —un desconocido que seguramente era un cobarde que jamás se atrevería a confesar haber dicho aquellas horribles palabras —, nunca podré olvidar lo que pasó ni cuándo fue que pasó, pero intento que no me afecte — dijo —, sé que no soy la persona más positiva del mundo, en realidad, creo que ese puesto es de Anna.

Hans no contuvo una pequeña carcajada ante el comentario de la madre de su hijo.

—Al punto al que quiero llegar — volvió a hablar la rubia —, es que me rehuso a que sea una fecha triste para mi, ya es suficiente tener que lidiar con ser la anfitriona de un baile que preferiría no tener que organizar en primer lugar — intentó hacer una broma —. Quizá si se cumpla un año más desde que tu y yo nos conocimos, pero también se cumple un año más desde la primera vez que pude abrazar a mi hermana por primera vez en trece años, un año más desde que dejé de vivir encerrada en mi habitación…

El pelirrojo sonrió levemente.

—En fin, te repito que me siento bien — repitió la mujer —, no hay necesidad de preocuparse por mi, además — sonrió antes de terminar la oración — esta vez no inicié un invierno a mitad de julio, yo lo consideraría un éxito ¿No crees?

—Me alegra verte de tan buen humor — dijo el pelirrojo —, y de verdad Elsa, si en algún momento deseas hablar sobre lo que te tenía tan distraída ayer, sabes que cuentas conmigo y con Liv, en caso de que prefieras hablar con ella.

—Gracias —sonrió —. Ahora, si no te molesta tengo un día bastante ocupado y además, será cuestión de tiempo para que Ostein llegue.

—De acuerdo, ten un buen día Elsa — se despidió el pelirrojo antes de abandonar la oficina de la Reina.

Elsa tomó asiento y observó el reloj, era cuestión de minutos para que Ostein apareciera.

Ostein llevaba unos cuantos años ayudándola como su asistente y además ella se encargaba de enseñarle unas cuantas cosas con respecto a la administración y el manejo de un reino. El joven actualmente tenía 20 años y tenía planes de entrar a la universidad para estudiar política, algo que aún no compartía con sus amigos; siendo por el momento un secreto entre la Reina y él.

Un par de años atrás había terminado sus estudios de bachillerato y en un inicio eligió abstenerse de ingresar a la universidad, después de todo, podría heredar el negocio de su tío sin necesidad de una carrera universitaria, sin embargo debía admitir que disfrutaba de trabajar para la Reina y en cuanto le comentó a Elsa su interés en política, la Reina de Arendelle le mostró todo su apoyo y ofreció a ayudarle a prepararse para el examen de admisión, incluso le ofreció a enviar una carta de recomendación a las mejores universidades.

No tardó en escuchar cómo golpeaban la puerta creando una especie de melodía alegre que le indicó de inmediato quién era la persona del otro lado de la puerta.

—Adelante Ostein — Dijo Elsa.

La puerta se abrió y el joven entró, saludando a la Reina haciendo uso de su habitual sentido del humor; algo que algunos sirvientes del castillo habían llegado a considerar maleducado, en realidad, más de una persona había quedado perpleja al escuchar ciertos comentarios o presenciado algunas actitudes del joven Espanaes hacia la Reina.

—¿Y qué tal estuvo la fiesta? — Ella debió de imaginar que él no dejaría pasar la oportunidad de mencionar algo al respecto — ¿Acaso el Príncipe Hans es tan terrible pareja de baile?

—¿Te interesa comprobarlo por ti mismo? — Alzó una de sus cejas y cruzó los brazos a la altura de su pecho — Quizá él esté dispuesto a concederte una pieza en el próximo baile.

—Muy graciosa — dijo Ostein con un toque de sarcásmo. Con el paso del tiempo, había conseguido que la seria y reservada gobernante dejara de lado la formalidad para permitirse ser bromista, simpática e incluso, sarcástica —. Vaya que su Majestad sabe cómo lograr causar una gran impresión.

—Y vaya que tu sigues intentando distraerme para no trabajar — comentó en respuesta la Reina —. Me encantaría seguir hablando sobre la divertida velada de anoche, pero tengo mucho trabajo por hacer.

—Ya entendí, pero si prefieres que el trabajo nos sea más ligero, fácilmente podrías hablarme sobre la fiesta mientras nos encargamos de los deberes — comentó su asistente —, si lo prefiere, podríamos quejarnos sobre nuestros exes.

—O quizá podría asignarte algún par de tareas que mantengan tu mente ocupada — habló la mujer insinuando que se encargaría de pensar en al menos un par de tareas pesadas.

—Bien — se resignó —. Andy estaba muy preocupado — mencionó el joven —, me comentó que todo el día de ayer usted parecía triste, solo quise hacerla reír un poco — agregó — ¿Y por qué no, irritarla un poco? Me resulta un poco divertido.

— Nunca cambias Ostein. — dijo —, pero gracias por preocuparte por Andy…y por mi. Lo aprecio, de verdad.

La rubia se dispuso a concentrarse en el trabajo, iniciando por encargarse de leer la correspondencia que Kai había dejado sobre su escritorio más temprano, tomó el primer sobre y el abrecartas mientras que Ostein se disponía a llevar a cabo sus habituales labores.

La carta que Elsa había tomado provenía de Berlín.

—¿Malas noticias? — La voz de Ostein la distrajo — ¿O quizá correspondencia de parte de un admirador secreto?

—No, en lo absoluto — respondió la Reina —, pero quizá si me permitieras terminar de leer la carta podría decirte con exactitud cuál es su contenido.

Elsa retomó la lectura, el motivo de la carta era convocar una reunión del senado, por lo cuál, se podría decir que de cierta manera, iba dirigida a Liv, ya que Elsa la había nombrado Senadora de Arendelle algunos cuantos años atrás, pero una nueva loca idea cruzó por su mente.

—Ostein — le llamó atrayendo la atención del joven — ¿Qué pensarías de ir a Berlín?