Disclaimer: Avatar: Last Airbender no me pertenece.

Advertencia: Ese es un Semi AU, lo que quiere decir que todo ocurre en el mismo universo que conocemos, pero de forma diferente.

Advertencia n°2: Hay muerte de personajes.


16. Ahora…

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Zuko recuerda el Palacio como un lugar siempre lleno de gente y bullicio, casi como el Mercado central en la ciudad, pero dentro. Quizás de debía a la gran cantidad de sirvientes que iban de aquí para allá haciendo sus deberes y deteniéndose a saludar a alguien a la mitad, o a que, en realidad, el tío Iroh mantenía una política de puertas abiertas, por lo que el tránsito entre el interior y el exterior de las murallas era fluido y constante.

Ahora, Zuko encuentra que es lo opuesto. Nunca apreció lo bueno de una explanada llena de vida hasta que lo ve completamente vacío.

Lo más seguro es que haya habido un recordé de personal o que éstos hayan huido, espantados por las repercusiones de la inestabilidad política interna de la nación, y no estaban interesados en sufrirlas consecuencias de un cambo de mando tan drástico.

Todo el mundo es consciente, después de todo, de lo diametralmente diferentes que son ambos hijos del señor del fuego Azulon; allá donde Iroh, el mayor y heredero, es compasivo, sabio y alegre, Ozai, el menor, es cruel, calculador y severo.

Es casi predecible que la servidumbre se marcharía.

Sin embargo, jamás pasó por su cabeza que su padre sería capaz de tomarse el poder. La decisión de hacerlo comandante en jefe del Ejército, que parecía ser la decisión más acertada en su momento, acabó siendo lo que le dio las herramientas que al Trono le hacían falta en sí mismo, para hacérselo por la fuerza.

Zuko deja escapar un suspiro casi sin darse cuenta al poner un pie clandestino en el perímetro del patio desierto del Palacio, advirtiendo el antes y el después de dicho lugar.

Katara, por su lado, le pone una mano tan firme como acogedora sobre el hombro, ofreciéndole consuelo y apoyo. El príncipe siente demasiadas cosas en ese solo gesto; siente, por supuesto, la intención de la chica de acompañarlo hasta el final; percibe también la ansiedad en su pulso, el temor de no ser lo suficientemente buena para la pelea que se disponen a dar, a pesar de que Zuko no podría desear un mejor compañero, mucho más si lo más probable es que peleen contra Azula; y también se da cuenta de que de forma aparentemente casual, ella le ha puesto la mano en el hombro porque desde su discusión, Katara intenta no tocarle la piel si no es estrictamente necesario.

Y, por más que haya mil y un cosas más apremiantes en las que fijarse en ese instante, Zuko se detiene a pensar en que no puede sentirse ofendido por su distanciamiento voluntario. Katara se siente rechazada (porque, de hecho, sí la rechazo, se recuerda) y está lidiando con ello lo mejor que puede. Sin embargo, él no es el más empático de los adolescentes aproblemados que conoce. Es más, a veces es tan egoísta como la misma Azula, por lo que no está pensando en Katara, precisamente, cuando le pone una mano sobre la de ella en su hombro, sino que en él mismo.

Los ojos dorados de Zuko le miran desde su altura, en un intento por transmitirle sin palabras, en uno de esos actos de comunicación no verbal que han compartido ya varias veces desde que se conocieron a inicios del verano, todo lo que su atribulada y poco concreta emocionalidad quiere decirle. Katara le mira de vuelta, primero sorprendida por el contacto de su piel cálida contra la suya más fría, de sus dedos grandes y ásperos pero perfectos, sobre los suyos más pequeños y llenos de cicatrices, como si se debatiera entre retirarla o quedarse ahí, disfrutando de lo que quizás sea el último instante de paz antes de la metafórica tormenta que les espera.

No llega a decidirse, sin embargo, porque frente a ellos, oyen el traqueteo de pasos con armaduras, de la suela de las botas de los soldados contra las lozas del suelo.

Aún no han sido vistos, pero eso es suficiente para llamarse a la concentración y procurar que siga siendo de esa manera.

-Deberíamos buscar al tío Iroh- propone Zuko-; conociendo a mi padre, debe tenerlo encerrado por aquí.

-¿Y tu madre?- le recuerda Katara con el ceño fruncido.

Zuko parece pensarlo un instante, como si no lo hubiera considerado antes. Tan típico de él.

-¿Deberíamos separarnos?- pregunta ella.

-¡De ninguna manera!- exclama él, y se encoge ante el gesto de silencio que le hace ella.

¿No es ella la que le ha dicho desde el inicio lo importante que es que se mantengan juntos? ¿Por qué ahora quería separarse? Su angustia hace que sea deliberadamente fácil olvidarse del hecho de que ahora es conveniente y estratégicamente preferible.

Claro, no es necesario que Katara se lo diga, o no con palabras, al menos. Solo basta una mirada de sus ojos azules para que él entienda.

-De acuerdo- cede a regañadientes-; pero tú irás por ella, su vigilancia debe ser menor.

-Pero…

-No es discutible, Katara- le dice, categórico. Ante su gesto de disconformidad, Zuko suspira y la mira de frente, con ambas manos a cada lado de su rostro-. Escúchame, sé que eres más que capaz de protegerte sola, pero no puedo concentrarme si estoy pensando en que estás en peligro. Por otro lado, no confiaría la seguridad de mi madre a nadie más que a ti, ¿entiendes? Necesito que ambas estés a salvo.

-Zuko…

-Por favor, Katara- le pide, acercándole el rostro un par de centímetros, como si existiera una relación inversamente proporcional entre los centímetros que les separan y las posibilidades de que acepte su trato.

-Bien, bien- dice ella, con una mueca graciosa, como si aceptara hacerle un favor oneroso* y fastidioso, en lugar de una estrategia para una operación de extracción. Le quita los ojos de encima, intimidada con la potencia de su mirada, solo para volver a verlo, en una ocurrencia de último momento-. Pero si veo la oportunidad, volveré. No lo dudes.

Zuko resopla. Por supuesto que diría eso.

-No esperaba menos.

Intercambiaron una última mirada antes de correr en direcciones opuestas, bajo la promesa de volver a encontrarse en medio de la batalla.

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* La onerosidad dice relación a cuando las personas contraen obligaciones y se comprometen recíprocamente a beneficiarse el uno del otro. La mayoría de las veces, este beneficio se considera equivalente, pero no es necesario.

Esto me recuerda a una escena conocida: Zuko y Katara nuevamente entrarán furtivamente al Palacio a enfrentar a Azula, ¿alguien sospecha cómo acabará esto? ¡Lo descubriremos!