Disclaimer: Avatar: Last airbender no me pertenece.

Advertencia: Este es un Semi AU, es decir, que todo ocurrirá en el mismo universo, pero de forma ligeramente (o muy) diferente.

Advertencia N°2: Hay muerte de personajes.


5. Ahora…

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La noticia de cómo dos espíritus hicieron colapsar en una sola noche la construcción que contaminaba Jang Hui es caso una leyenda tan solo una semana después de dejar la aldea.

Ellos se miran de reojo, un verdadero acto de comunicación no verbal, cuando la amable señora a cargo del puesto de frutas en el que ambos figuran comprando mandos, les habla de suceso.

-¿Cómo que dos espíritus?- pregunta Katara, como si fuera la primera vez que lo oye. Es más fácil conseguir buena fruta si le cae bien a la vendedora, y la conversación es la mejor forma de lograrlo-, ¿cómo sabe que fueron espíritus?

-Oh, niña querida, ¡solo pudieron haber sido espíritus! Nadie más se hubiera atrevido- responde ella como una obviedad-. Y no cualquier espíritu: fueron el Espíritu Azul y la Dama Pintada.

-De la Dama Pintada puedo entenderlo; es la patrona de los ríos y lagos- resume Zuko, al mismo tiempo que indicaba a Katara con un gesto, para que también compre almendras-, ¿pero qué andaría haciendo por aquí el Espíritu Azul? Es parte del folklore de las Tribus agua.

-Mi niño, eso solo significa que incluso los espíritus están en desacuerdo con lo que está pasando, sin importar de dónde sean.

Y para ninguno de los dos hace falta que les aclaren eso. Todo el mundo sabe a qué se refiere; el conflicto interno de la Nación del fuego les afecta a todos dentro de sus fronteras, incluso a los humildes habitantes de un pequeño pueblo sin nombre como ese.

-Dedicaré mis oraciones a agradecerles, entonces- comenta Katara, haciendo un gesto solemne.

Ante esto, la vendedora le sonríe y le entrega otro mango, haciendo un gesto con el dedo sobre sus labios.

-Tengan un excelente día, jovencitos- les pide con una expresión nostálgica-. No permitan que la guerra les impida ser felices.

Zuko se ruboriza y mira hacia otro lado, y Katara ríe con cortesía. Ninguno aclara, explica o niega nada. Es más fácil para ellos si la gente piensa que son marido y mujer en busca de un lugar seguro para tener familia, que dos solteros que viajan rumbo a la zona cero del conflicto.

Antes de volverse, Zuko (o Lee, como han decidido que se llamará en público, luego de que a alguien le pareciera conocido su nombre en Jan Hui, porque es menos sospechoso que el sujeto de la cicatriz tenga un nombre común, que el que se llame igual que el sobrino del señor del fuego Iroh), le quita con delicadeza la cesta en donde Katara lleva las compras, y le ofrece el brazo. Ella le pasa las manos por el codo y se alejan como si fuera lo más natural.

Los matrimonios interraciales, si bien no son tan habituales en ciertas zonas, no son extraños. Estadísticamente hablando, de acuerdo al último censo del que Zuko supo, uno de cada veinte* matrimonios en la Nación del fuego está compuesto por al menos una persona de otra nación.

Ellos no deberían llamar demasiado la atención si deciden actual discretamente.

Tampoco es que esta fachada sea tan difícil de mantener. Zuko es increíblemente caballeroso, piensa ella. Se esmera en ayudarla a cargar cosas pesadas o a dar pasos largos sobre un estero, le avisa cuando hay un desnivel y procura que esté siempre abrigada. Se encuentra a sí misma ruborizándose cada vez que siente su mano cálida, grande y callosa sobre su espalda, y buscando su calor las noches que pasan a la intemperie.

Para ella es fácil ignorar deliberadamente el hecho de que en realidad no hace tanto frío en las noches de verano en la Nación del fuego.

Además, haber llegado a un pueblo sin nombre, perdido en el mapa del archipiélago, podría servirles para descansar. Que ellos sepan, nadie los está buscando aún, el único que sabe que huyeron es ese lunático de Zhao, y ni siquiera ellos saben en qué condiciones salió (si es que salió) del Templo aire luego de que Lu Ten se hiciera cargo de él. Solo son dos jóvenes recién casados en busca de un lugar seguro en medio de la guerra civil, nada más.

El tirón que le da Zuko al detenerse de golpe la saca de la ensoñación de paz en la que se mete sin querer. Y ni siquiera alcanza a preguntarle qué ocurre, porque frente a ellos está Zhao en persona, compuesto y altanero, como la última vez que le vieron, como si no hubiera asaltado un Templo aire hace tan solo un par de semanas.

-Buenas noches, Alteza- sonríe él.

Zuko gruñe y Katara palidece.

Se atrevió a soñar demasiado alto.

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*Se refiere al 5%, pero no supe si expresarlo en porcentajes era más o menos adecuado para el caso, que en proporciones.

Y ya. Se acaban de encontrar con Zhao, después de lo que pasó en el Templo, ¿pero qué es lo que ocurrió? Lo descubriremos. Por otro lado, vemos que Zuko y Katara están usando la vieja confiable de fingir ser pareja; no la culpo, tampoco. ¿Alguien puede imaginarse en qué pueblo sin nombre están?

Déjenmelo en los comentarios.