Disclaimer: Avatar: Last Airbender no me pertenece.

Advertencia: Este es un Semi AU, lo que quiere decir que las cosas ocurren en el mismo universo, pero de forma relativa (o extremadamente) diferentes.

Advertencia N°2: Hay muerte de personajes.


9. Ahora…

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Ya casi amanece cuando Katara y Zuko se detienen. Han corrido toda la noche, en un afán desesperado por alejarse todo lo posible del lugar, en medio de ese campo de Lirios de fuego, allí en un pueblo sin nombre alejado de la mano de Agni, en que el almirante Zhao sería encontrado sim pulso, víctima del poder de la Luna llena.

Se desploman junto a un gran árbol que les dará cobijo del sol del alba, tan bienvenido en situaciones normales. Pero esta es una situación de todo menos normal. A su lado hay un estero. No demasiado profundo, pero con agua aparentemente limpia; algo que a Katara le vendrá bien.

Ella se deja caer de rodillas a su lado, en ende la pilló el abandono de sus fuerzas. Empieza a respirar audiblemente, preludio inequívoco de que comenzará a llorar en cualquier momento.

Y Zuko no se opondrá, por supuesto.

Cuando el agua salada hace brillar el rostro de la chica, él la rodea con sus brazos para que ella hunda la nariz en su pecho y limpie su corazón de o que se que eso le haya producido.

Pasan largos minutos. O quizás fueron horas efímeras. Katara solloza con una angustia que él ansía consolar, pero que, en virtud de su incapacidad de comprender lo que sucedió anoche, no puede.

Porque, ¿qué acaba de pasar? No es solo que Katara, quien hace lo humanamente posible (y más) por ayudar y sanar a la gente, matara a Zhao. No puede culparla; él habría hecho lo propio, de haber podido. Más aún cuando lo hizo para salvarlo a él (una costumbre a la que debe ponerle fin de una vez, por su bien, en su opinión).

La cosa es cómo lo hizo.

Katara no lo tocó. No usó agua, que él pudiera ver; no tenía suficiente. No, Zhao se movía al son de los movimientos de Katara…

El pensamiento se aparta apenas siente a la chica separar la cara de su pecho. Tiene los ojos enrojecidos por el llanto y el cansancio por haber estado en frenética huida toda la noche.

Sus ojos azules, que parecen resplandecer con la luz del alba, le miran directamente a los suyos dorados.

-¿Estás bien?- pregunta él. De todas las cosas que se apelotonan por salir de su boca, espera que ésas sean las correctas.

Ella quiere volver a llorar, pero asiente, porque sabe que no puede darse el lujo de ser frágil mucho más tiempo.

Zuko parece satisfecho y aliviado con esa respuesta, dejando escapar el aire que aguanta en sus pulmones sin darse cuenta.

-Bien. Bien- repite, tanto para ti mismo como para que ella sepa que no importa lo que pase, eso es lo importante-. Katara, te juro que no estoy enfadado, pero, por favor, necesito saber qué fue eso.

Katara piensa un poco antes de responder, porque, ¿cómo, por La, explica lo que hizo? Intenta tragar el nudo que tiene en la garganta, que le arde, le pica y le hace querer llorar, pero sabe que le debe a Zuko esta explicación, que fue paciente con ella durante su huida, y mientras se rompía y se volvía a recomponer, pero que debe premiar su consuelo y comprensión con confianza.

-Yo…uhm- balbucea ella, apretando los ojos en un intento por concentrarse-, ¿recuerdas que mencioné a mi maestra, allá en el Polo sur?

-¿La que te enseñó todo lo que sabía? Sí.

-Bueno, una de las cosas que me enseñó es… la conciencia, uh… la habilidad de obtener y controlar el agua del ambiente; las flores, el aire a nuestro alrededor tiene agua y- con un gesto con la mano, ella deja un manchón de yerba seca en donde antes estaba verde y viva. Una burbuja de tamaño modesto flota sobre la palma de su mano-… me enseñó a usarla a mi antojo.

En principio, Zuko cree que esta es una excelente habilidad, muy útil, sobre todo para los maestros agua, quienes no siempre podrán darse el lujo de tenerla a mano. Pero incluso él puede sentir que ahí no acaba todo esto.

-La… la cosa es que el cuerpo humano es, eh… desde el punto de vista anatómico… una gran bolsa de agua.

Y así, Zuko palidece, ahora sí comprendiendo el oscuro trasfondo de todo esto. Por la cabeza de Zuko se cruzan ideas contradictorias entre la admiración, el agradecimiento, el terror y la compasión. Junto con el sentimiento de alivio de ser un aliado de esta chica, llega el pánico de no estarlo, en un caso hipotético. Agni, si las cosas fueran distintas y él hubiera estado del otro lado del ataque, Katara sería su enemiga, y él, en el mejor de los casos, una eventual víctima de su habilidad como titiritera.

La idea le dan ganas de vomitar.

Lo más seguro es que estuviera poniéndose color verde por las náuseas, porque Katara entra en pánico, asegurándole que jamás, antes de este momento, lo ha usado con nadie. Salvo cuando lo aprendió. Fue una noche en que, luego de huir de las garras de uno de los cazadores, Hama la arrastró de vuelta con todas las intenciones de darle una lección al perpetrador. Lo que sucedió, sin embargo, no era posible preverlo. Su cuerpo de pronto ya no fue suyo y, sin su consentimiento, tomó control del cuerpo del agresor. A través de ella, le apretó el corazón en un movimiento tan lento y tortuoso, que sintió que se asfixiaba al verle perder el pulso a cuentagotas hasta vaciarlo, solo para dejarle caer el suelo al mismo tiempo que ella recuperaba el control de sus extremidades.

Tras recuperarse del espanto, ambas pelearon. Katara, en un acto fruto del trauma, el miedo y la adrenalina, dejó ambos cuerpos en medio de la nieve, antes de huir al Templo aire del sur y no volver.

Zuko oye su historia con culpa por obligarla a contársela, con rabia por aquello que la forzó a tener que aprender a defenderse de esa manera, y con una nueva oleada de agradecimiento hacia ella, porque, pese a lo mucho que lo odiaba, lo usó para su bien.

-Sea lo que haya sido, Katara, me salvaste. Gracias- dice él sentidamente, sujetándola por ambos lados de la cabeza para que le viera a los ojos-. Y, prometo, que me haré lo suficientemente fuerte para que nunca tengas que hacerlo otra vez.

Katara se empapa la cara nuevamente con lágrimas, y se abalanza sobre él en un abrazo apretado.

Zuko ni siquiera es consciente de cuánto tiempo permanecen así. Tampoco quiere saberlo.

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¡Uh! La escena inmediatamente posterior al encuentro con Zhao. Al parecer, esta vez, Zuko sí mencionó al elefante lanudo en la habitación, y Katara tuvo que explicarlo de dónde lo sacó, lo que nos conecta al recuerdo del capítulo 7, en que ella piensa que no todas las habilidades deberían aprenderse. Por otro lado, creo que Zuko se echó el equipo al hombro con su comprensión y su decisión, ahora, ¿será tan fácil de sostener? ¡Lo descubriremos!