Los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener. Cualquier parecido a la realidad es mera coincidencia o referencia.


Los relatos no llevarán orden cronológico, lo intenté para evitar confusiones, pero solo he logrado demorarme en comenzar con esto.

Aunque, creo que este si se puede considerar el comienzo de todo.

Es un AU, en un mundo donde los humanos y youkai viven juntos.


24 Regalos de Saturnalia.

01. Foto con Santa Claus (01 Santa Claus)

Era un día frío de diciembre, aun no caía nieve, pero el aire helado se filtraba por las puertas automáticas del centro comercial. Todo estaba adornado con luces y decoraciones brillantes. Los villancicos resonaban en los altavoces mientras las familias paseaban de tienda en tienda, cargando bolsas llenas de regalos y las parejas aprovechaban para tomar alguna bebida caliente.

Entre todo aquel bullicio, una pequeña de cuatro años caminaba de la mano de su padre, un hombre alto que la miraba con una sonrisa llena de ternura. La pequeña vestía un abrigo rojo y una bufanda a juego que cubría su vestido decorado con copos de nieve. Sus ojos castaños, grandes y curiosos, observaban la larga fila frente a un trono navideño donde un Santa Claus de aspecto bonachón recibía a los niños.

—Papá... ¿y si mejor volvemos a casa?— preguntó con un hilo de voz, apretando la mano de su padre con fuerza.

—¿Qué sucede Kagome?, pensé que querías una foto con Santa.

—Si la quiero, pero…— ella no recordaba que los duendes fueran tan aterradores.

—No tienes nada que temer, Santa es muy amable— dijo su padre con una sonrisa tranquilizadora.

Kagome no estaba convencida, las figuras de los duendes que estaban a la entrada al trono de Santa, le parecían muy aterradores, sentía que sus ojos la observaban y esas risas que daban cada que alguien pasaba frente a ellos, la asustaban. Se escondió un poco detrás de su padre, incapaz de apartar la vista de ellos.

A pocos pasos de distancia, Inuyasha, un niño de siete años caminaba con sus propios padres. Sus orejas de perro, blancas, suaves y triangulares se movían inquietas, era mucho bullicio para él. Su madre la había dado un gorro para que aminorara el ruido, pero aquel gorro le provocaba comezón.

—¡No entiendo por qué tengo que hacer esto!, mejor vamos al cine— protestó, cruzando los brazos con obstinación—. Es solo un tipo con un disfraz tonto.

—Inuyasha, deja de quejarte— respondió su madre con un suspiro—. Es una tradición y queremos una foto tuya con Santa para el álbum familiar.

—¡Pero yo no quiero una tonta foto!

—¡Inuyasha!— Touga alzó la voz—. No le hables así a tu madre.

—Lo siento— agachó la mirada apenado.

—Será solo un momento y luego iremos al cine, solo quiero tener una foto tuya con Santa, para recordar lo lindo que te veías hoy— Izayoi le habló con ternura, al mismo tiempo que le acomodaba su bufanda roja.

Mientras continuaban esperando su turno, sus orejas captaron el llanto de una niña, por curiosidad la buscó con la mirada. Un poco más adelante, había una niña, apenas más alta que la cintura de su padre, miraba con ojos llenos de miedo a los duendecillos. Estaba por burlarse de lo tonta que era por asustarse con esa tontería, cuando su expresión temblorosa y las lágrimas que amenazaban con caer, hicieron que algo dentro de él se ablandara. Sin pensarlo mucho, Inuyasha se soltó de la mano de su madre e ignorando los gritos de sus padres, caminó hacia la niña.

—¡Hey!— dijo, plantándose frente a ella—. ¿Por qué estás asustada?

Kagome levantó la vista, sorprendida por la aparición del niño de orejas extrañas. Parpadeó, tratando de secar las lágrimas que apenas habían comenzado a salir.

—Yo no estoy asustada— respondió con falsa seguridad.

—No mientas, puedo oler tu miedo.

—Lo sentimos mucho— Izayoi se disculpo con el padre de la pequeña, tomo a su hijo de la mano—. No vuelvas alejarte, ahora disculpa por importunar.

—¿Touga?— el padre de la pequeña vio con asombró al hombre que se acercó.

—Pero si eres tú Takashi, sí que ha pasado tanto tiempo, Izayoi, te presento a Higurashi Takashi un viejo compañero de la universidad. Así que esta linda niña es tu hija.

—Así es, es Kagome.

—Un gusto conocerte, este niño rebelde es mi hijo, Inuyasha. Espero que no te hubiese molestado.

En tanto los adultos se ponían al día, la fila seguía avanzando y la pequeña Kagome se ponía más inquieta, tendría que pasar junto a esos duendes de ojos grandes, ¿y si cuando pasaba junto a ellos se movían?

—¿Por qué les tienes miedo?

—No tengo miedo.

—Deja de mentir, si quieres… puedo ir contigo— ofreció con indiferencia.

—¿De verdad?— Kagome lo miró con algo de esperanza.

—Claro— respondió Inuyasha con una sonrisa confiada—. No voy a dejar que esos duendes te asusten.

Kagome miró a su padre, quien asintió, animándola. Luego tomó la mano de Inuyasha con timidez, sintiendo un poco más de valor. Juntos, caminaron hacia Santa Claus. InuYasha no soltó su mano ni un momento y cuando pasaron junto a las figuras de los duendes, el pequeño niño les gruñó, haciendo que Kagome riera divertida.

La señora Claus ayudó a Kagome a sentarse en el regazo de Santa e Inuyasha se quedó de pie junto a ellos. Santa los miró con una sonrisa cálida.

—¿Y tú qué quieres para Navidad, pequeña?

—Yo quiero…— Kagome pensó por un momento antes de responder—. Quiero unos patines y que mi familia y mis amigos sean felices— Santa asintió con aprobación, y luego miró a Inuyasha.

—¿Y tú, jovencito?

—No sé... tal vez un poco de ramen— Inuyasha se encogió de hombros, evitando la mirada de Santa.

Santa rió y con un "¡Feliz Navidad!" y un fuente "JoJoJo", les prometió que sus deseos se harían realidad, el fotógrafo tomó la foto y antes de bajar del regazo de Santa, Kagome le pidió un último deseo.

—Puedes estar segura que así será— le dio un pequeño toque en la nariz y Kagome corrió para alcanzar a su nuevo amigo.

—¿Qué le dijiste?— preguntó Inuyasha con curiosidad.

—Si te digo no se hará realidad.

El niño alzó una ceja y pensó que Kagome era rara, llegaron con sus padres quienes ya tenían sus respectivas fotos. Kagome miró a Inuyasha con una sonrisa llena de dulzura y tomándolo por sorpresa, lo abrazó.

—Muchas gracias, Inuyasha.

Él apartó la mirada, avergonzado por esa muestra de afecto.


03/12/2024

Deseo que este primer capitulo les hubiese gustado, espero nos sigamos leyendo.