La semana transcurrió con normalidad en la vida de Hideki. Se dedicaba a ayudar a Hiro con sus tareas y ofrecía todo el apoyo posible en el restaurante. Inicialmente, el restaurante era bastante común, con la cocina en la parte trasera y los clientes solo podían ver la espalda del chef. Sin embargo, después de que Hideki se uniera al equipo, Takeshi, impresionado por las habilidades culinarias de Hideki, tuvo una idea innovadora. Decidió transformar el restaurante en un establecimiento de estilo teppanyaki.

En un restaurante teppanyaki, el chef cocina los ingredientes directamente frente a los clientes en una plancha de hierro caliente. Este estilo no solo ofrece una experiencia culinaria única, sino que también se convierte en un espectáculo entretenido, con el chef realizando trucos y técnicas llamativas, incluyendo malabares con utensilios y demostraciones de fuego. La habilidad de Hideki para manejar la plancha y su estilo dinámico en la cocina añadieron un nuevo nivel de emoción y sofisticación al restaurante, atrayendo a más clientes y ofreciendo una experiencia memorable para todos.

La noche estaba en pleno apogeo en el restaurante teppanyaki. La plancha de hierro caliente en el centro del salón emitía un resplandor cálido y un suave crepitar mientras Hideki se movía con destreza a su alrededor. Los clientes se agrupaban alrededor de la plancha, expectantes y emocionados por el espectáculo que estaba a punto de comenzar.

Hideki, con una sonrisa confiada en su rostro, comenzó a preparar los ingredientes. Primero, colocó con cuidado una capa de aceite en la plancha caliente, el sonido sutil del aceite chisporroteando llenando el aire. Luego, tomó un par de cuchillos afilados y comenzó a cortar verduras y carne con una habilidad que parecía casi artística. Cada movimiento era preciso y elegante, y el ritmo en que trabajaba parecía coreografiado.

—"¡Prepárense para el espectáculo!" —anunció Hideki con entusiasmo, mientras lanzaba las verduras cortadas al aire antes de soltarlas sobre la plancha. Las verduras comenzaron a saltar y chisporrotear, creando una melodía de sonidos que atraían la atención de todos.

Los clientes aplaudieron y vitorearon mientras Hideki continuaba su rutina. Con un ágil movimiento de muñeca, lanzaba las piezas de carne en el aire, girándolas y girándolas con destreza antes de volver a colocarlas en la plancha. Su habilidad para manipular los utensilios y los ingredientes mientras mantenía una conversación animada con los clientes añadía un toque personal al espectáculo.

—"¿Alguien quiere ver un truco especial?" —preguntó Hideki con una sonrisa traviesa. Los clientes, emocionados, asintieron con entusiasmo.

Hideki tomó un par de cubiertos de cocina y comenzó a hacer malabares con ellos. Hizo girar los utensilios en el aire, capturándolos con un ritmo perfecto. Luego, realizó una pequeña maniobra con llamas, añadiendo un toque de dramatismo al espectáculo. La gente se quedó boquiabierta mientras veía cómo el fuego danzaba con habilidad controlada.

Finalmente, Hideki comenzó a emplatar los alimentos con una presentación impecable. Mientras lo hacía, lanzaba una sonrisa a los clientes y respondía a sus comentarios y preguntas sobre los ingredientes y las técnicas utilizadas. La interacción personal y el espectáculo culinario hicieron que la experiencia fuera inolvidable para todos los presentes.

Cuando el último plato estuvo listo, Hideki dio un último saludo a la audiencia, recibiendo una ovación de pie. Los clientes se retiraron satisfechos, y el restaurante volvió a su tranquilidad habitual.

Kaori y Takeshi, observando desde un rincón, se acercaron a Hideki con sonrisas de orgullo.

—"¡Ese fue un espectáculo impresionante, Hideki!" —dijo Kaori, claramente entusiasmada.

—"Tienes un talento natural para esto," —añadió Takeshi—. "El restaurante nunca había sido tan popular."

En ese momento, un amigo de Takeshi, que estaba sentado en una mesa cercana, no pudo resistirse a hacer un comentario en tono de broma.

—"Oye, Takeshi, parece que has encontrado un chef que hace que tu comida sepa a comida para principiantes," —dijo con una risa burlona—. "Creo que es hora de que le pases el delantal a Hideki."

Takeshi se rió con buen humor, dándole una ligera codazo a su amigo. —"¡Vamos, no seas tan duro! Hideki realmente ha llevado esto a otro nivel."

Hideki se rió y levantó una mano en señal de agradecimiento. —"Gracias, pero no soy tan bueno como ustedes dicen. Simplemente trato de hacer lo mejor que puedo."

La noche concluyó con una sensación de logro y satisfacción en el aire. Aunque Hideki sabía que aún había mucho que aprender y muchos desafíos por venir, momentos como este le recordaban que, a pesar de estar en un mundo diferente, había encontrado un lugar donde realmente podía brillar.

El lunes llegó, y Hideki se encontraba aliviado tras un agitado fin de semana en el restaurante, que había ganado mucha popularidad en poco tiempo. Hoy, como era lunes, tenía el día libre en el restaurante, y el señor Takeshi se encargaría de atender el local.

Mientras salía de la academia, Hideki suspiró con satisfacción. El día había sido normal, como cualquier otro, y aunque echaba de menos la emoción e incertidumbre de su mundo anterior, con sus constantes ataques de villanos, también se alegraba de que las personas en este mundo no tuvieran que preocuparse por tales amenazas.

Con un sentimiento de tranquilidad, comenzó a caminar sin un rumbo fijo, disfrutando de la libertad de un día libre y de la oportunidad de explorar y relajarse en su nuevo entorno.

Hideki paseaba por el parque, disfrutando del aire fresco y del breve respiro que le ofrecía una rutina diaria bastante ajetreada. El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, tiñendo el cielo con tonos cálidos y dorados. Decidió dirigirse a una zona más apartada del parque, buscando un rincón tranquilo donde pudiera sentarse y relajarse.

De repente, un suave ruido captó su atención. Al girar la cabeza, Hideki se encontró con una criatura que parecía salida de un cuento de hadas: un felino con orejas puntiagudas y una cola larga, cubierto de pelaje blanco salpicado con manchas negras. La criatura, con su aspecto místico, se veía claramente fuera de lo común.

Al notar la presencia de Hideki, el bakeneko se erizó, mostrando sus dientes afilados y emitiendo un sonido bajo y amenazante. Hideki se detuvo en seco, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda. Sus instintos le advertían que no debía acercarse demasiado, pero la fascinación por la criatura lo mantenía inmóvil.

—"¿Qué... qué eres tú?" —murmuró Hideki, asombrado. Aunque conocía muchas criaturas de la mitología, jamás había imaginado encontrarse con una en la realidad. La sorpresa momentánea le hizo olvidar el miedo.

El bakeneko, al observar que Hideki no mostraba signos de agresión, pareció calmarse ligeramente, aunque seguía mostrando una actitud cautelosa. Hideki decidió actuar con cuidado para no provocarla. Recordó las lecciones de su abuelo sobre cómo tratar a los animales y trató de aplicar esos principios.

—"Voy a dar un paso atrás," —dijo Hideki, intentando sonar tranquilo—. "No quiero hacerte daño. Solo quiero entender qué está pasando."

Mientras retrocedía lentamente, Hideki trataba de hacer movimientos suaves, evitando cualquier gesto que pudiera interpretarse como una amenaza. Afortunadamente, el bakeneko parecía aceptar su actitud pacífica y el sonido amenazante comenzó a disminuir.

En un intento de ganarse la confianza del bakeneko, Hideki se agachó lentamente y extendió una mano, manteniendo una postura no amenazante. Aunque no sabía si la criatura comprendería el gesto, esperaba al menos transmitir su falta de intenciones hostiles.

De repente, Hideki escuchó pasos apresurados acercándose. Miró hacia el origen del sonido y vio a una chica de cabello castaño que corría hacia él con una expresión de preocupación en el rostro.

—"¡Espera!" —exclamó la chica al ver la situación. Se interpuso entre Hideki y el bakeneko—. "¡No te acerques más!"

El bakeneko, al percibir el movimiento repentino, se alarmó aún más y, en un acto de defensa, lanzó un feroz ataque. Con un rápido movimiento de su pata, rasgó el aire con sus afiladas garras y golpeó a Hideki antes de que pudiera reaccionar. El impacto lanzó a Hideki por los aires y una profunda herida de garras se formó en su brazo izquierdo, causando un dolor agudo.

Hideki cayó al suelo, con el brazo izquierdo ensangrentado y un aturdido asombro en su rostro. El bakeneko, al ver el daño que había causado, se retiró rápidamente, desvaneciéndose entre los arbustos con una velocidad sorprendente.

Abe se apresuró a acercarse a Hideki, su rostro pálido y preocupado. —"¡Estás herido! ¡Déjame ayudarte!"-

A pesar del dolor punzante y la sorpresa por el ataque, Hideki se mantenía sorprendentemente consciente, gracias a su entrenamiento y las duras pruebas que había enfrentado en su mundo. La herida en su brazo izquierdo era profunda y dolorosa, y estaba seguro de que se había roto el brazo y debía tener al menos tres costillas rotas. La combinación de dolor y la pérdida de sangre le provocaban un mareo constante, pero la determinación y la fuerza de voluntad que había desarrollado a lo largo de los años lo mantenían alerta.

Se obligó a sentarse con esfuerzo, apoyándose contra el tronco de un árbol cercano para estabilizarse. Su visión se nublaba por el dolor y la pérdida de sangre, pero no se permitió desmoronarse. Hideki respiró profundamente, tratando de ignorar la sensación de mareo que le daba vueltas a la cabeza.

La voz de la chica que se acercaba se convirtió en un murmullo lejano, distorsionada por el dolor y el vértigo. Sin embargo, Hideki no podía permitirse perder la conciencia; su mente seguía activa, evaluando la situación y buscando una manera de superar este nuevo desafío.

Con una expresión de firmeza a pesar del dolor, Hideki se concentró en controlar su respiración y mantenerse despierto. Sabía que rendirse no era una opción, especialmente después de haber enfrentado tantas dificultades en su vida. Aunque la herida le estaba causando un dolor intenso, él se aferraba a su determinación de superar cualquier obstáculo que se le presentara.

La chica finalmente llegó a su lado y comenzó a hablar con urgencia, pero Hideki estaba demasiado centrado en su esfuerzo por mantenerse consciente para escuchar claramente. Hizo un esfuerzo por levantar la vista hacia ella, sus ojos mostrando una mezcla de dolor y determinación.

Con una voz temblorosa pero decidida, Hideki le dirigió una mirada que decía todo lo que no podía expresar con palabras. Aunque la situación era grave, su resiliencia le daba la fuerza necesaria para enfrentar este desafío. Sabía que tenía que resistir hasta que recibiera la ayuda necesaria.

La chica, que resultó ser Kiyome Abe, se arrodilló junto a Hideki con una expresión de profunda preocupación. Sus ojos se fijaron en la herida sangrante de Hideki y el dolor que estaba claramente reflejado en su rostro. Sin perder tiempo, ella empezó a evaluar la gravedad de la situación.

—"¡No, no te muevas!" —exclamó Kiyome con urgencia—. "Voy a ayudarte."

A pesar del caos y la angustia en su voz, Kiyome se movió con una calma sorprendente bajo la presión. Al darse cuenta de que no tenía un kit de primeros auxilios, se sintió un poco perdida, pero su determinación no flaqueó.

—"¿Qué puedo hacer?" —se preguntó a si misma, tratando de mantener la voz tranquila mientras buscaba en su mochila.

Hideki, a pesar del dolor abrumador, logró mantenerse consciente y pensante. Miró a Kiyome y, con dificultad, logró pronunciar unas palabras.

—"Mi cinturón," —dijo Hideki con voz entrecortada—. "Úsalo... haz un torniquete. Necesito que detengas la hemorragia."

Kiyome, entendiendo la gravedad de la situación, rápidamente quitó el cinturón de Hideki. Lo colocó alrededor del brazo herido, ajustándolo lo más firmemente posible para detener el flujo de sangre.

—"Lo siento, esto debe doler," —murmuró Kiyome mientras ajustaba el cinturón con cuidado—. "Voy a hacer todo lo posible para que estés bien."

A medida que aplicaba el torniquete, Kiyome miró al bakeneko, que ahora observaba la escena desde una distancia segura. La criatura parecía menos amenazante, aunque seguía atenta a lo que sucedía.

En ese momento, el bakeneko, que había observado la escena desde una distancia prudente, empezó a relajarse al notar el aura de bondad en ambos humanos. La criatura se acercó con movimientos cautelosos, su mirada fijada en la herida de Hideki. Con un leve ronquido, el bakeneko comenzó a lamer la herida de Hideki con su lengua cálida y húmeda.

A medida que el bakeneko lamía, Hideki sintió un alivio inesperado en su brazo; los rasguños comenzaron a cerrarse y el dolor de la herida se redujo notablemente. Sin embargo, los huesos rotos seguían sin sanar, y el dolor persistente recordaba a Hideki que la situación aún no estaba completamente resuelta.

Abe observaba asombrada mientras el bakeneko utilizaba su habilidad para curar. La transformación en la herida de Hideki era impresionante, y su corazón se llenó de esperanza al ver que la situación estaba mejorando. Se acercó a Hideki con una expresión de alivio, aliviada de que al menos el bakeneko estaba ayudando.

—"Lo... lo siento mucho," —dijo Abe con voz temblorosa, tocando el brazo de Hideki con cuidado—". No sabía que el bakeneko haría algo como esto. Espero que te sientas un poco mejor."

Hideki, aunque aún dolorido, miró a Abe con gratitud. —"Gracias... Aunque el dolor sigue ahí, esto me ha ayudado mucho."

Hideki, aún recostado contra el árbol y con el brazo herido envuelto en el cinturón que Abe había improvisado como torniquete, observaba al bakeneko mientras este se alejaba lentamente. El alivio de ver la herida curada en parte lo hizo sentir una mezcla de gratitud y asombro. Aunque los huesos rotos seguían doliendo, sabía que la ayuda del bakeneko había hecho una gran diferencia.

Con un esfuerzo visible, Hideki se incorporó un poco y, mirando hacia el lugar por donde el bakeneko se había ido, dijo con voz debilitada pero sincera:

—"Gracias... muchas gracias por tu ayuda," —dijo Hideki en voz baja, consciente de que el bakeneko probablemente no podía entenderlo completamente, pero queriendo expresar su gratitud de todas maneras.

Abe, al escuchar las palabras de Hideki, miró a su alrededor, buscando al bakeneko que ya se había perdido entre los arbustos. Aunque no podía ver al bakeneko, comprendía el agradecimiento de Hideki.

—"Lo siento mucho," —su voz cargada de arrepentimiento—". Si hubiera llegado un poco antes, esto podría haberse evitado. No sabía que la situación se había vuelto tan grave. Estoy realmente arrepentida por no haber estado aquí para prevenirlo."

Hideki, aún con dolor pero reconociendo el sincero remordimiento de Abe, le sonrió de manera reconfortante.

—"No te preocupes," —respondió Hideki con voz más suave—". Agradezco todo lo que has hecho. A veces las cosas no salen como uno espera, pero la ayuda y la preocupación cuentan mucho. Lo importante es que estás aquí ahora."

Abe asintió, visiblemente aliviada por las palabras de Hideki. Ambos compartieron un momento de comprensión mutua, mientras esperaban que el bakeneko se alejara lo suficiente para que Hideki pudiera recibir más ayuda.

Pasados unos minutos, Hideki, con la ayuda de Abe, se levantó de su posición y comenzó a caminar lentamente hacia el hospital. Aunque el dolor en su brazo y costillas era considerable, la ayuda de Abe y el alivio de que su herida superficial hubiera sido curada le dieron un poco de fortaleza. Abe lo asistía con cuidado, asegurándose de que no tropezara ni se lastimara más.

—"Por cierto, ¿cómo te llamas?" —preguntó Hideki, intentando iniciar una conversación para distraerse un poco del dolor y conocer mejor a su salvadora.

Abe, sonriendo ligeramente a pesar de la situación, respondió:

—"Me llamo Kiyome Abe. Vivo cerca de aquí y soy estudiante en la Academia Kuoh, igual que tú. También tengo un trabajo que consiste en mantener controladas a las criaturas sobrenaturales para que no ataquen a los humanos. Estaba caminando por el parque cuando vi el alboroto y corrí para ver si podía ayudar."

Hideki asintió, con una expresión de gratitud en su rostro, omitiendo el hecho de que ella se encargaba de esas criaturas, al menos por el momento decidió omitirlo.

—"Gracias por venir en el momento justo, Kiyome. Mi nombre es Hideki Saito. Llevo un tiempo en esta ciudad y, a decir verdad, todavía me estoy acostumbrando a todo aquí."

Kiyome asintió con comprensión.

—"Entiendo. Debe ser complicado adaptarse a un lugar nuevo, especialmente con todo lo que has pasado hoy. Si necesitas ayuda para orientarte o cualquier cosa, no dudes en pedírmelo."

Hideki sonrió, sintiéndose un poco más aliviado por la amabilidad de Kiyome.

—"Lo aprecio mucho. Es bueno saber que hay personas dispuestas a ayudar. Y, por cierto, te debo una. No es algo que pueda devolver fácilmente, pero prometo hacerlo."

Kiyome rió suavemente.

—"No te preocupes por eso. Solo me alegra saber que estás bien. Mi trabajo es mantener a salvo a los humanos de las amenazas sobrenaturales, pero es reconfortante saber que, de vez en cuando, también puedo ayudar de una manera más directa. Vamos al hospital y asegurémonos de que te atiendan correctamente. Después de eso, si quieres, podríamos tomar un café y hablar un poco más."

Hideki asintió con una sonrisa.

—"Eso suena bien. Gracias, Kiyome. Me alegra haber encontrado a alguien como tú hoy."

Mientras continuaban su camino hacia el hospital, Hideki y Kiyome charlaban sobre cosas triviales, descubriendo que tenían más en común de lo que esperaban. La conversación ayudó a Hideki a distraerse del dolor y a empezar a sentirse un poco más cómodo en su nuevo entorno.

Hideki regresó al restaurante de los Nishimiya en altas horas de la noche, después de haber pasado varias horas en el hospital con Kiyome Abe. La noche había sido larga y agotadora, pero, al menos, su brazo había sido enyesado y él había acordado con Abe discutir más sobre el mundo sobrenatural en otra ocasión. Agradecía haber encontrado a alguien como Kiyome, que le había ayudado a enfrentar la situación y le había mostrado un atisbo de normalidad en un día tan complicado.

Cuando entró en la cocina del restaurante, la familia Nishimiya estaba esperando, visiblemente preocupada por su llegada tardía y el estado en el que se encontraba. La madre, una mujer de mirada gentil, se acercó rápidamente con una expresión de preocupación en el rostro. Hiro, su hijo, estaba a su lado, con una mezcla de angustia y curiosidad en su mirada.

—"¡Hideki! ¡Por favor, cuéntanos qué ha pasado!" —dijo la madre con voz temblorosa mientras examinaba el yeso en el brazo de Hideki.

Hideki intentó sonreír para tranquilizarlos, a pesar de que el dolor aún era notable.

—"Solo fue un accidente. Me caí y terminé con el brazo roto. Ya fui al hospital, me enyesaron el brazo y me dijeron que solo necesito un poco de tiempo para recuperarme. Estoy bien, de verdad."

El padre de Hiro, con una expresión de preocupación mezclada con alivio, se acercó también.

—"¿Estás seguro de que estás bien? ¿Necesitas algo más?"

Hideki asintió, agradecido por su preocupación.

—"Estoy bien, en serio. Solo necesito descansar un poco. El hospital me dio algunas recomendaciones y voy a seguirlas. Gracias por preocuparse, significa mucho para mí."

Hiro, que había estado observando en silencio, finalmente habló.

—"¿Cómo te lastimaste?"

Hideki decidió omitir los detalles sobre el bakeneko y solo mencionó lo que parecía más plausible.

—"Me tropecé con algo mientras caminaba por el parque. Fue un accidente tonto, nada grave."

La madre de Hiro asintió, entendiendo la situación.

—"Bueno, al menos estás en buenas manos ahora. Si necesitas algo, no dudes en decírnoslo. Y, por favor, cuida de ti mismo."

Hideki sonrió, sintiéndose reconfortado por su calidez y apoyo.

—"Lo haré. Gracias a todos por su preocupación. Mañana, después de descansar un poco, les contaré más sobre lo que pasó, pero por ahora solo quiero descansar."

Con un último gesto de agradecimiento hacia la familia Nishimiya, Hideki se dirigió a su habitación. Aunque estaba cansado y adolorido, se sentía aliviado por tener un lugar donde ser bien recibido y cuidado. La noche avanzó con la promesa de un nuevo día, y Hideki se preparó para enfrentar el futuro, tanto en su recuperación como en el descubrimiento de las nuevas realidades que su vida en este mundo le había presentado.

Kaori Nishimiya y su esposo, Takeshi Nishimiya, permanecían despiertos a pesar de la hora avanzada. Hideki había caído rendido en su cama en cuanto tocó el colchón, y Hiro ya había sido enviado a su habitación para dormir. Takeshi, consciente de que la situación de Hideki no era común, dedujo que las heridas del joven estaban relacionadas con algo más que un simple accidente.

—"Entonces, ¿qué fue lo que le pasó a Hideki?" —preguntó Takeshi, sus ojos fijos en Kaori, con una expresión que revelaba su creciente preocupación.

Kaori, sabiendo que Takeshi ya tenía sus propias suposiciones, comenzó a hablar. Sin embargo, antes de explicar, hizo una pausa y exhaló con calma. Finalmente, su mirada se volvió hacia Takeshi con una seriedad que solo él podría interpretar.

—"Pude percibir el aroma de un bakeneko en Hideki," —dijo Kaori con una voz grave y decidida—. "No es algo que puedas oler fácilmente a menos que tengas una sensibilidad especial... como la que yo poseo. El hecho de que haya sido atacado por una criatura como esa es alarmante."

Kaori podía notar el olor del bakeneko en Hideki debido a su naturaleza de inu-yokai, lo que le confería sentidos agudizados. Aunque Takeshi era humano, el amor que compartían había llevado a Kaori a pedir permiso para vivir en el mundo humano con su familia.

Takeshi la miró con atención. Aunque ya estaba al tanto de que su esposa era una inu-yokai y poseía habilidades para detectar lo sobrenatural, la revelación de que había identificado un bakeneko en Hideki le hizo comprender la gravedad de la situación. Su expresión se tornó más grave a medida que procesaba la información.

Takeshi frunció el ceño, preocupado. —"Eso explicaría el estado en el que regresó. Pero no entiendo, ¿cómo llegó Hideki a encontrarse con un bakeneko? Pensé que estos seres suelen mantenerse alejados de los humanos."

Kaori asintió, mirando hacia el suelo mientras pensaba en cómo abordar la situación. —"Es cierto, los bakeneko suelen evitar a los humanos, pero a veces pueden aparecer en lugares inesperados. Es posible que Hideki haya estado en el lugar equivocado en el momento equivocado. Mi habilidad para detectar estas criaturas es un poco más afinada debido a mi naturaleza de inu-yokai, así que puedo decir con certeza que él fue atacado por uno."

Takeshi asintió, su preocupación aliviada solo en parte. —"Lo que me preocupa es cómo manejar esta situación sin causar alarma. No queremos que Hideki se vea envuelto en más problemas relacionados con lo sobrenatural."

Kaori se acercó a su esposo y le tomó la mano. —"Sí, tenemos que protegerlo y asegurarnos de que esté bien. Quizás deberíamos hablar con él sobre lo que pasó, pero con cuidado para no alarmarlo. También sería prudente investigar más sobre cómo manejar encuentros con criaturas como los bakeneko."

Takeshi asintió, decidido a proteger a Hideki de cualquier posible peligro adicional. —"De acuerdo. Vamos a hacerlo de la manera correcta. Lo importante es que Hideki se recupere bien y que podamos mantenerlo a salvo."

Ambos se dirigieron a sus respectivas tareas, con la determinación de asegurar que Hideki estuviera protegido y que no tuviera que enfrentarse solo a los desafíos que le deparara el mundo sobrenatural.

Al día siguiente en la academia, Hideki llegó con el brazo enyesado. Aunque había logrado manejar el dolor, su aspecto daba cuenta de la seriedad de sus heridas. Los doctores le habían recomendado reposo, y para sus costillas rotas, solo le habían prescrito pastillas para el dolor y le aconsejaron que evitara movimientos bruscos.

Mientras caminaba por el pasillo, Hideki se encontró con Koneko, quien lo observó con preocupación al notar el yeso en su brazo. Ella se acercó rápidamente, deteniéndose justo frente a él.

—"¿Qué te pasó, Hideki-senpai?" —preguntó Koneko, su voz llena de curiosidad y preocupación.

Hideki, dándose cuenta de que Koneko había notado su estado, intentó mantener una expresión tranquila. Aunque no estaba completamente seguro de cuánto sabía Koneko sobre lo sobrenatural, decidió no mencionar nada al respecto.

—"Fue un accidente en el parque," —dijo Hideki con una sonrisa forzada—. "Me caí mientras caminaba y me lastimé. No es nada grave."

Koneko frunció el ceño, claramente insatisfecha con la respuesta, claramente había sido capaz de notar el olor a bakeneko en el cuerpo de Hideki, pero su preocupación seguía evidente. Parecía estar evaluando la veracidad de las palabras de Hideki, pero decidió no presionar más.

—"Espero que te mejores pronto," —dijo Koneko, suavizando su expresión—. "Si necesitas algo, no dudes en decírmelo."

Hideki asintió, agradecido por su apoyo. —"Gracias, Koneko. Lo tendré en cuenta."

Mientras Koneko se alejaba, Hideki suspiró aliviado. Sabía que Koneko podría haber notado algo extraño en su explicación, pero estaba decidido a mantener el incidente con el bakeneko en secreto. Su experiencia con el bakeneko había sido una lección dura y una confirmación de que el mundo estaba lleno de sorpresas inesperadas, pero también un recordatorio de que debía ser cauteloso con la información que compartía.

El día transcurrió con normalidad. Durante el transcurso de las clases, varias chicas se acercaron a Hideki para preguntarle sobre su brazo enyesado. Él se limitó a repetir la misma mentira, que se había caído mientras caminaba, intentando mantener la historia lo más simple posible.

Cuando las clases terminaron, Hideki se encontraba en el pasillo, terminando de recoger sus cosas, cuando notó a Kiyome Abe moviéndose con propósito entre los estudiantes. Ella parecía estar buscándolo, y cuando sus miradas se encontraron, Kiyome se acercó con una sonrisa.

—¡Saito-san! —saludó Kiyome, su tono era alegre pero con una nota de preocupación—". Qué bueno verte. ¿Podemos hablar un momento?"

Hideki se sorprendió al verla y asintió, siguiéndola.

—"Claro, ¿qué pasa?" —preguntó, tratando de sonar casual.

Kiyome lo miró con una mezcla de seriedad y curiosidad.

—"Quería asegurarme de que estés bien después de anoche" —dijo—". ¿Cómo te sientes?"

Hideki, aliviado de ver su preocupación genuina, asintió.

—"Estoy bien, gracias. Solo tengo algunas molestias menores, pero nada grave."

Kiyome asintió, pareciendo satisfecha con la respuesta.

—"Me alegra escuchar eso. También quería hablar contigo sobre lo que ocurrió anoche. ¿Tienes un momento para que te explique algunas cosas?"

Intrigado, Hideki respondió:

—"Sí, claro. Estoy dispuesto a escuchar. ¿Dónde prefieres hablar?"

Kiyome le sonrió.

—"Podemos ir a un lugar más tranquilo. Hay mucho que explicar, y creo que es mejor hacerlo en un ambiente más relajado."

Ambos se dirigieron hacia un rincón apartado de la academia, donde el bullicio de los estudiantes no llegaba. Una vez en el lugar tranquilo, Kiyome comenzó a hablar sobre el mundo sobrenatural, capturando la atención de Hideki con la seriedad y profundidad de sus palabras.

Hideki se reunió con Kiyome en un rincón tranquilo de la academia. La preocupación y curiosidad en su rostro reflejaban la seriedad del tema que estaba a punto de tratar. Kiyome se sentó en una banca y hizo que Hideki la acompañara.

—"Bien, Saito-san," —empezó Kiyome con un tono calmado—". Quiero explicarte algunas cosas sobre el mundo sobrenatural. Primero que nada, debes saber que hay una gran cantidad de criaturas y seres que coexisten con nosotros en este mundo, aunque no siempre son visibles para la mayoría de las personas."

Hideki la miró con atención, ya esperando una explicación de este estilo por lo sucedido ayer con el bakeneko.

—"Entonces lo de ayer fue definitivamente una criatura sobrenatural, ¿no?" —preguntó Hideki, tratando de procesar la información.

—"Exactamente," —confirmó Kiyome—". Lo que viste ayer fue un bakeneko. Son seres del folclore japonés con habilidades especiales. En general, hay una amplia variedad de entidades sobrenaturales, desde espíritus hasta seres mágicos con diferentes poderes y comportamientos."

—"¿Y tú... qué haces en este mundo?" —preguntó Hideki, intentando entender el papel de Kiyome en todo esto.

Kiyome sonrió ligeramente, mostrando una mezcla de orgullo y seriedad.

—"Mi familia ha sido domadora de criaturas sobrenaturales desde hace mucho tiempo, mis padres suelen viajar mucho por lo que suelo encargarme de que las criaturas sobrenaturales no se acerquen demasiado a los humanos en esta ciudad, para evitar cosas como lo de ayer."

Hideki asintió lentamente, comenzando a comprender la magnitud de lo que Kiyome estaba diciendo.

—"Entiendo. Entonces, ¿hay más gente como tú que se ocupa de esto?"

—"Sí, hay otros como yo," —respondió Kiyome—". Aunque no siempre están visibles o actúan de la misma manera. La realidad es que el mundo sobrenatural es mucho más complejo de lo que parece a simple vista."

—"Y ¿qué hago yo en todo esto?" —preguntó Hideki, sintiéndose un poco perdido pero interesado.

—"A veces, personas como tú se cruzan con lo sobrenatural sin siquiera darse cuenta," —explicó Kiyome con seriedad—. "Lo que te ocurrió con el bakeneko no es algo que pase todos los días, por eso siento que necesitas saber lo que está sucediendo. Es fundamental que tengas un entendimiento básico sobre estas criaturas, para que estés preparado en caso de que te enfrentes a algo similar en el futuro. Aunque lo de ayer fue un accidente, ya estás dentro de este mundo, y por una razón u otra, es probable que te veas involucrado nuevamente."

Hideki asintió, reconociendo la utilidad de la información. Aunque aún tenía muchas preguntas, al menos ahora sabía que no estaba solo en el conocimiento del mundo sobrenatural.

—"Gracias por la explicación, Kiyome-senpai." —dijo Hideki, mostrando su gratitud—". Aprecio que me hayas contado todo esto."

—"De nada, Saito-san."—respondió Kiyome—". Si alguna vez necesitas más información o ayuda, no dudes en buscarme."

Hideki, aún procesando lo que acababa de escuchar, sintió que una pregunta clave se formaba en su mente. Si criaturas sobrenaturales como el bakeneko existían, ¿qué más podría haber en este misterioso mundo?

—"Kiyome-senpai... ¿esto significa que la magia también es real? ¿Hay personas que pueden usarla, como en las historias?" —preguntó, su tono lleno de curiosidad, incertidumbre y un atisbo de esperanza.

Kiyome lo miró con una pequeña sonrisa, entendiendo perfectamente la sorpresa de Hideki.

—"Sí, la magia existe, aunque no es como en los cuentos de hadas," —respondió—. "Hay varias formas de poder, desde la magia hasta técnicas como el Senjutsu o el Touki, que permiten manipular la energía vital. Algunas personas nacen con habilidades especiales, mientras que otras las desarrollan con entrenamiento. El mundo sobrenatural es mucho más amplio de lo que podrías imaginar."

Hideki, tras escuchar las palabras de Kiyome, sintió una chispa de esperanza encenderse en su interior. Mientras procesaba toda la información sobre el mundo sobrenatural, un pensamiento persistía en su mente: Tal vez la magia o alguna de estas habilidades podrían ayudarme a regresar a mi mundo. No podía compartir este deseo con nadie, pero la posibilidad de que algo en este universo tuviera el poder de abrirle un camino de vuelta lo motivaba a seguir adelante.

Finalmente, alzando la mirada hacia Kiyome, decidió plantear su pregunta con cuidado, ocultando sus verdaderas intenciones.

—"Entonces... ¿hay alguna forma en que yo pueda aprender algo de esto? ¿Magia, o algo similar?" —preguntó, con una mezcla de curiosidad y seriedad—. "No tengo ningún tipo de habilidad especial, pero si voy a estar involucrado en este mundo... tal vez aprender algo me ayude a defenderme."

Kiyome lo observó detenidamente, percibiendo que sus palabras escondían algo más profundo. Después de un momento de reflexión, asintió.

—"Es posible," —respondió—. "La magia es accesible para algunos, pero también existen disciplinas como el Senjutsu o el Touki, que no requieren de un talento mágico innato, sino de un control sobre la energía vital. No es un camino sencillo, pero si estás dispuesto a intentarlo..."

Hideki sintió cómo su determinación se fortalecía. Este era otro desafío, pero uno que ahora lo llenaba de una renovada esperanza. Aunque no podía decirle a nadie la verdadera razón detrás de su deseo de aprender, sabía que lo intentaría con todas sus fuerzas.

—"¿Y tú? ¿Podrías enseñarme algo de eso? No quiero ser una carga si me vuelvo a encontrar con algo sobrenatural..." —preguntó con seriedad, esperando que Kiyome pudiera ser su guía en ese extraño mundo.

Kiyome esbozó una pequeña sonrisa antes de negar suavemente con la cabeza.

—"Me temo que no podría enseñarte esas cosas," —respondió ella—. "Mis habilidades están más centradas en domar y controlar criaturas sobrenaturales. No es algo que requiera magia compleja o técnicas avanzadas como el Senjutsu o Touki. Lo mío es más instintivo, una conexión con las bestias, pero no te serviría de mucho en ese sentido."

Hideki asintió, algo decepcionado, pero agradecido por su honestidad.

—"Entiendo," —dijo con un tono reflexivo—. "Aun así, aprecio que me hayas explicado todo esto. Al menos sé un poco más de lo que me estoy enfrentando."

Kiyome lo miró con una expresión de simpatía.

—"No te preocupes. Aunque no pueda enseñarte, te aseguro que encontrarás a alguien que pueda guiarte si estás decidido a aprender. No estás solo en esto."

Fin espero les haya gustado