Pensaba subir el segundo capitulo la próxima semana, pero creo que lo mejor es postear el capitulo 2 de una vez como una intención de darte a conocer un poco más de la historia y tengas que leer.

Gracias por leer, espero te guste este segundo capitulo. ¿Algún comentario?, soy todo oídos (ojos) para escucharlos (leerlos)


Capitulo 2. Dalia

Corría el año de 1640, la guerra aún no había estallado, pero todos mis indicios de inteligencia e información me indicaban que estaba a un par de años de estallar si se concretaban las traiciones y rebeliones que se gestaban. Mis pubs eran un hervidero de información y en ocasiones escenario de asesinatos a traición de algún bando. Mi vida seguía igual, era un joven rico que parecía no resentir el paso de los años en su rostro y cuerpo, era influyente y sobre todo un misterio. A mí llegaban comentarios desde insólitos hasta cercanos a la realidad, recuerdo como algunos empleados me acusaban de hereje pues solo hacia mis diligencias de noche y de manera misteriosa, otros nobles me acusaban de brujería porque era capaz de leer las mentes de los demás para obtener información crucial de la vida de todos, sin embargo, había uno que no era tan descabellado y que me tenía en momentos alerta, un chismecillo alegaba que era un Nosferatu y que era parte de las desapariciones y los cuerpos desangrados que aparecían en los grandes campos donde ahora esta lo que se conoce como el barrio de Mayfair y aquello me llevaba a concluir, alguien me había visto, o había visto mi modus operandi mientras me alimentaba alguna noche. Quien lo supo o lo sabía jamás se acercó a mí a chantajearme como era habitual por aquella época, no supe si era por terror a ser parte de aquella lista de muertos o porque realmente era fundado en un chisme y no había ninguna prueba que me incriminará. No voy a ahondar en detalles que quizás conozcas o no, pero efectivamente en el año de 1642 la guerra estalló, el rey perdió, ejecutaron al arzobispo de Canterbury, luego en 1649 lo ejecutaron a él por traición, Oliver Cromwell apareció con su famoso protectorado y para 1660 volvimos a ser una monarquía a través de los Estuardo. Tantos sucesos históricos en pocos años y fue entonces que alguien se preguntó, como es posible que Lord Potter nacido en 1598 tenga los mismos veintisiete años cuando en realidad debía tener sesenta y dos años y para mi desgracia aquella pregunta hizo eco en la sociedad a los alrededores de Kensington y de pronto todo en mi persona era una pregunta o misterio, mi edad, mi físico, mi estatura, mi fuerza, todo, así que lo único que me quedaba era tratar de pasar desapercibido por un tiempo hasta que mi ausencia acallará finalmente aquellos cuestionarios y para mi fortuna así fue. Desaparecí de la vida pública en 1661 y mantuve mi anonimato hasta que una reina llamada Ana apareció por el año de 1702. Ciento cuatro años desde mi nacimiento y ahí estaba aún, viendo como la Inglaterra isabelina quedaba atrás definitivamente para dar paso a un nuevo país llamado Gran Bretaña. Las arcas de la familia seguían siendo tan proliferas como en años anteriores, por lo tanto, seguía siendo asquerosamente rico, imagínatelo, para los mundanos un noble de una casa prestigiosa que databa de años atrás y para los hechiceros un vampiro antiguo que pasaba sus días refugiado en el mundo mundano. Aun así, nunca lleve una doble vida, para mí no existían los mundanos y los no mundanos, como hoy hacen los hechiceros, para mí todos eran iguales cuando no se hablaba de negocios. Me alimentaba cuando tenía hambre, satisfacía mis necesidades sexuales cuando las tenía pagándole a alguna prostituta que frecuentaba alguno de mis pubs o simplemente me dedicaba a mi profesión de siempre, ver y en aquellos años ya no era tan difícil, con pubs a tu disposición y disfrazados de burdeles discretamente, solo bastaba con esconderse detrás de las paredes y observar lo que pasaba en alguno de los cuartos superiores. Nobles, soldados, plebeyos, todos alcoholizados fornicando con las prostitutas del lugar sin temor a ser descubiertos en sus casas, era un desfile de todos ellos, poderosos hombres disminuidos a simples animales necesitados de sexo. Eran buenos años, sin embargo, había algo que a pesar de todo me carcomía por dentro, mi preciosa y amada Isobel, seguía tan viva en mi recuerdo y presente en mi vida que calaba en lo profundo de mi ser. Nunca había buscado alguna otra mujer como ella, ni la buscaba, ese capítulo en mi vida se cerró el día que ella murió y el día que me convertí en el ser maldito que soy hoy. Si bien las prostitutas eran buenas compañeras para exponer mis emociones al máximo, nadie como Isobel, y honestamente nunca la busque, nunca la compare. Isobel era Isobel y nada más, mi amada mujer vikinga.

Para 1706 mi red de información creció al expandir mis negocios al nuevo mundo descubierto años atrás por un navegante español y compre grandes plantíos de algodón y arroz a las afueras de Charleston en la colonia de Carolina del Sur, además de que puede abrir un par de burdeles disfrazados de pubs en la zona. Viaje en varias ocasiones hacia las colonias, viajar por barco para un vampiro era un martirio, sin embargo, las mujeres allá tenían un sabor diferente, un sabor exquisito, desde su sangre, su cuerpo hasta la esencia de su sexo, las mujeres inglesas eran reservadas y ocasiones muy retacadas, las mujeres en el nuevo mundo eran fogosas y salvajes, así que mis idas a las plantaciones en Charleston eran meramente negocios y sexo. Mi red de influencias era tan extensa que incluso me llegaban noticias de todas partes del mundo gracias a los desertores o viajeros de incognito. Y fue precisamente en una visita a Charleston, lo recuerdo perfectamente, 5 de septiembre de 1708, ahí estaba, piel blanca, ojos azules y cabellos rubios, su nombre era Dalia y era hija del dueño de una plantación de tabaco al norte de Charleston. No puedo decir que mi alma salió del cuerpo porque no tengo, pero ahí, frente a mí, ochenta y cuatro años luego de haberse ido de mi lado Isobel apareció. Mi amada mujer vikinga y el amor de mi vida ahí estaba, sonriéndome coquetamente detrás de unos arbustos mientras yo estaba sentado en una banca leyendo unos pergaminos.

- ¿Isobel? – dije de inmediato, la mujer dejo de sonreír y me miro con algo de sorpresa.

-No, soy Dalia, hija del señor Donovan, dueño de Donovan Place al norte de Charleston, ¿quién es Isobel? – preguntó curiosa.

-Disculpé entonces señorita, debí de haberle confundido con una cara conocida, soy Harold Potter – le respondí.

-Ah si, sé quién es usted, Sr. Harold el misterioso – sonrió -no parece tan viejo para ser llamado señor y tan sombrío para ser llamado misterioso -

Que puedo decir, ahí estaba la sonrisa que hacía años me robo el aliento, cuando aún lo tenía, y en circunstancias muy espontaneas, quien iba a pensar que encontraría a la reencarnación de mi esposa en el otro lado del mundo y a más de ochenta años de haberla perdido. Para un vampiro no existe ni el azar, ni un dios para decir que son sus obras, pero aquello era curioso para mí. La chica llamada Dalia me sonrió una vez y antes de volver a decir alguna otra palabra fue llamada por una mujer de edad madura, supongo que su madre. Imaginarás que mi estancia en Charleston se extendió un par de días más, tenía el dinero y el tiempo para hacerlo y pronto entro en mí una ansiedad tremenda por, al igual que con Isobel, poseerla, no en un sentido sexual o de algún objeto que se compra, sino de tenerla a mi lado y con ello debo reconocer, no con tristeza, desafortunadamente es una de las tantas emociones que debido a mi instinto queda anulada, que la situación no era la misma y sobre todo mi propia condición no lo era, hay algo que no he dicho y que pensaba mantener en secreto durante un tiempo, pero Dalia ha aparecido y me temo que no puedo ocultarlo más y es que una de las grandes desventajas de mi condición de vampiro es que mis emociones se intensificaban durante el sexo, aquellas prostitutas y mujeres que durante años satisficieron mis necesidades sexuales no eran más que victimas que habían tenido la desgracia de ser elegidas por mí para ser poseídas sexualmente y luego convertirse en mi alimento por la noche. Mis encuentros sexuales eran intensos y repletos de sensualidad, erotismo y emociones, pero cuando uno se encuentra un estado como aquel y con un instinto animal de depredador nocturno como el mío, una cosa llevaba a la otra.

Como podrás ver estas son cosas que no están en los libros de vampiros, pero por alguna razón somos considerados seres voraces con un instinto asesino implacable y depredadores naturales y no lo voy a negar, la sed es una de las condiciones más mortíferas de nosotros los vampiros, cuando existe, no distingue a nada ni a nadie y si a eso le sumas una situación que genera que las emociones estén a tope, como el sexo, la fórmula más mortífera y exacta para el desastre y el terror era más que visible. Por años han existido muchos mitos acerca de los vampiros, algunos descabellados y otros verdaderos, algunos han establecido teorías que los vampiros somos seres sin corazón y que no sentimos nada, pero aquello es falso. Un vampiro, en mi experiencia, puede sentir muchas cosas, existe en nosotros aún la parte mundana con la que nacemos y aunque algunos sentimientos o emociones desparecen con nuestro instinto, las demás siguen ahí. En realidad, somos seres mundanos con una maldición que nos hace presos de la sed de sangre para subsistir y algunas otras características que no son normales en los mundanos.

Daphne detuvo su lectura en aquel momento, quizás por el impacto de todo lo que había leído o quizás por el inmenso silencio que comenzó a invadir cada parte de la biblioteca. Tracey se había ido y la mayor parte de las luces del lugar habían cedido completamente a la oscuridad. Miro con detenimiento las páginas frente a ella, aquel relato era intenso y muy adictivo para seguir leyendo, la historia del vampiro Harold, si es que había existido era increíble. Desde la parte histórica, por Merlín, aquel vampiro databa de finales del siglo dieciséis hasta la parte informativa sobre la raza vampírica o la parte erótica con aquellos relatos de voyerismo y sexo; todo en la historia era sumamente atractivo, y justo cuando pensaba que aquello no tenía nada que ver con la investigación algo hizo clic en su mente, la enfermedad por la murió Isobel, la esposa de Harold. Era una enfermedad muggle, después de todo los Potter a pesar de tener relación con el mundo de la magia no presentaban magia en sí mismos, al menos Harold nunca lo había mencionado hasta el momento, Isobel igual era una muggle, por lo que la enfermedad por la que murió no podía relacionarse con el maleficio que tanto Tracey y ella estudiaban para la investigación.

La enfermedad que ellas estudiaban no había sido vista en el mundo mágico en varios años, era un maleficio que, aunque podía asumirse fue echado de un mago a otro, en realidad era un padecimiento extraño que aparecía de la nada. Algunos magos y brujas estudiados habían asegurado, antes de morir, que no se habían batido en duelo o que no tenían enemigos capaces de maldecirlos de tal manera. Cuando Madame Tonks se acercó a ellas para poner sobre la mesa las enfermedades mágicas a estudiar, aquella sin duda le había llamado la atención. Un viejo maleficio capaz de robar toda la fuerza de una persona hasta hacerla morir de debilidad, no se sabía de dónde venía y muchos sanadores habían dejado sus investigaciones a medias, sin embargo, ella era Daphne Greengrass, graduada con altas calificaciones de Hogwarts e inscrita en el programa premier de sanadores de San Mungo, si alguien iba a resolver aquel dilema era ella.

Procurando tomar todas sus cosas y acomodar la mesa que usaba, tomo el libro de Harold y lo guardo en su bolso, con un movimiento de varita los demás libros dispersos en la mesa se empezar a elevar y desaparecer entre los estantes al fondo. Era casi media noche y tiempo de volver a casa, aquel día libre había pasado entre estudio y lectura. Antes de irse miro con cautela los estantes y de pronto con un nuevo movimiento de varita un par de libros comenzaron a flotar hacia ella.

-Vampiros o Demonios – leyó de pronto uno de los títulos, sonriendo realizo otro movimiento y el libro quedo convertido en moneda. Ya en casa decidió abrir aquel libro y comenzar a leerlo.

Por años el estudio de la raza de vampiros que habitan en el mundo mágico ha sido un misterio, incluso grandes hechiceros como Albus Dumbledore han expresado su cautela en contra de aquellos seres. A pesar de que hay muchos mitos y leyendas alrededor de estos seres que para los muggles son una pesadilla y forman de un culto llamado ciencia ficción, la realidad es que son criaturas hibridas al igual que los hombres lobos que son clasificados como criaturas mágicas de alta peligrosidad.

Un vampiro es por naturaleza un ser nocturno que necesita de la sangre de algún ser humano o animal para seguir viviendo y extender su inmortalidad, se dice que solo basta una mordida de estas criaturas para quedar infectado y contraer vampirismo, aunque, muchos han establecido que no sucede así, algunos magizoologos aseguran que los vampiros son criaturas mágicas que al igual que los dementores, quimeras o dragones, nacen así, no se convierten, ni tampoco trasmiten la condición a través de las mordidas, aquello resulta ser un mito. Se dice que hay algunos por algunas partes de Bretaña, la mayor parte se concentra en los bosques de Europa del este.

Daphne detuvo su lectura, no necesitaba seguir leyendo, al igual que todos los libros del mundo mágico, la supremacía de los magos de sangre pura o de los propios mestizos y los prejuicios siempre eran palpables letra por letra. Para los magos que escribieron aquel libro, los vampiros eran más que unas criaturas mágicas comparadas con un dragón o una quimera, sin embargo, si remoraba los pasajes leídos en el libro de Harold, los vampiros eran seres humanos que por alguna razón terminaron convertidos en algo que iba más allá de la propia comprensión humana. Eran personas que al igual que los magos y los muggles tenían una vida, emociones y convivían de manera normal y natural con los demás seres vivos, si bien eran personas con una condición mortífera en referencia a su sed de sangre e instinto asesino, seguían siendo padres, hijos, hermanos o amigos de alguien. Aquella lectura era sumamente prejuiciosa como todas las que había en el mundo mágico y si no hubiese leído los relatos de Harry, así lo llamaría, como él lo llamo, un mote común tomaría como cierto lo leído en el libro mágico Vampiros o Demonios. Dejando de lado la lectura de aquel libro sobre vampiros, echo una ojeada al reloj en su mesa de cama, eran cuarto para la una, su turno en San Mungo no comenzaba hasta la tarde así que le quedaban un par de horas de lectura, aunque estaba cansada su intriga por saber con Dalia era mayor.

Los vampiros somos seres con la única condición de vivir presos de una terrible maldición que nos convertía en seres sedientos de sangre y con ese instinto de asesinos en ocasiones en las que el hambre por la sangre iba más allá de cualquier entendimiento. No es que fuésemos seres dispuestos a matar a diestra y siniestra, un vampiro real y digno solo mata cuando su hambre aparece y su sed no se saciaba con simples bebidas mundanas. He leído en algunos libros mágicos que en la actualidad algunos vampiros han encontrado la manera de alimentarse sin necesidad de matar y una forma de beber sangre sin necesidad de extraerla a través de ataques a otros seres. Si bien, esto es una realidad en este siglo, he de decirte que aquellos vampiros que usan aquellas técnicas no merecen ni un mínimo de respeto de mi parte, si bien, Harold Potter el mundano sigue pegado a mis huesos al igual que sus emociones humanas, Harold el vampiro entiende lo que es y para lo que fue creado voluntariamente, fui convertido en esto, para vivir eternamente alimentándome de la sangre de otros seres a través del asesinato. Un vampiro es, es decir, yo y mi clase somos seres malditos que viven para matar y alimentarse, vivimos presos de nuestros pasados y emociones humanas, así como de nuestras propias necesidades carnales y banales, la comida no nos satisface y el licor no nos embriaga, pero eso no nos lleva a vivir de forma incivilizada y como criaturas que según los libros nos describen que somos. Somos seres de pesadilla sí, seres de la oscuridad que si bien la mayor parte del tiempo se comportan acorde a los estatutos sociales en curso, siguen sus instintos y necesidades al costo que sea necesario.

Mi modus operandi era discreto y en cierta manera "amigable" a la sociedad, atrás habían quedado aquellas noches acechando por York a ciudadanos descuidados y que terminaban en algún páramo drenados de sangre y por lógica, muertos. Ahora, mi instinto asesino despertaba a través del sexo y la posesión del cuerpo de la mujer que en aquel momento era agradable a mis gustos y la excitación del momento. No niego que había ocasiones en las que, cual depredador hambriente enfocaba mi caza hacia alguna victima que como bien mencione antes estaba en lugar y momento equivocado, pero si puedo asegurar que no siempre era necesario matar y beber sangre, lo que te quiero decir es que no todos los días mataba una prostituta o un ciudadano inocente, sino que, la sed era controlable hasta cierto punto y podías pasar algunos días sin probar una gota de sangre. La abstinencia era delicada y muy complicada, sin embargo, prohibirte beber sangre algunas veces estaba permitido y vaya que aquello era un alivio, imagínate que en una época tan movida todos los días aparecieran prostitutas asesinadas o cuerpo de hombres, mujeres y niños tirados en un páramo atacados por una extraña criatura. Aunque te sea imposible de creer, pasar desapercibido en el siglo dieciséis era simplemente imposible, con las tensiones por aquí y por allá, las constantes guerras, intrigas, mezcla de reinos, la encarnecida rivalidad entre Francia, España, Prusia y Gran Bretaña por los descubrimientos y establecimiento de colonias en América, África o Asia, sí que era difícil, por eso, el hecho de que pudiera pasar días sin alimentarme era magnifico.

Pero vaya, me he desviado mucho de nuestro relato, ¿dónde me quede?, ¡ah sí!, Charleston. Nos quedamos en que extendí mi estadía en Charleston algunos días más terminadas mis diligencias originales, mi intriga por Dalia y su aparición en mi vida me conmocionaron mucho, un par de días después de mi fortuito encuentro con lo que consideraba era la reencarnación de mi amada Isobel me encontraba tomando licor con el Sr Donovan en un soberbio despacho con vistas a los enormes plantíos frente a aquella casona. Una charla muy amena y de negocios que me llevaron a comprar parte de la producción de Oliver Donovan y enviarla por barco a Inglaterra en el próximo viaje comercial a salir de las Carolinas.

-Me es muy grato hacerle saber que, a pesar de desconfiar de su porte y aparente juventud, es usted muy hábil para los negocios Sr. Potter – dijo Oliver mientras bebía un poco de whiskey -jamás pensé que mi competencia en la producción de algodón fuera a convertirse en un espléndido socio para el tabaco –

-Como bien sabe Sr. Donovan- dije

-Oliver, por favor – me interrumpió.

-Como bien sabes Oliver, soy dueño de algunos pubs y hablando en completa secrecía y confianza, de burdeles a lo largo de Londres, el tabaco no es competencia con el opio, sin embargo, desertores españoles llegan a montones a Inglaterra y no sé qué adicción les causa, pero se mueve muy bien entre ellos – le dije.

Aquello era una mentira, el tabaco no era para nada rentable, era una planta que, si bien abundaba por Norteamérica y se movía bien por las colonias inglesas y era popular entre los españoles, era una falsedad que la demanda en mis pubs era considerable y que había desertores españoles por montones, lo importante aquí era establecer una conexión con Oliver que al final del día me llevaría a Dalia. Oliver era un colono regordete y vicioso de licores ingleses, golpeaba a su mujer cada cuanto, y fornicaba descaradamente con sus esclavas, sin embargo, era un hombre poderoso en Charleston y tener conexiones con él, era positivo para los negocios. Era un hombre ambicioso y fácil de engañar al igual que la mayor parte de los colonos que huyendo de Inglaterra jamás regresaron, cualquier cosa que se les dijese era una verdad para ellos al final del día, no irían hasta Londres a comprobarlo.

-Imagino que en esos famosos burdeles hay mujeres exóticas provenientes de las zonas más allá de las colonias – dijo con algo de lujuria – James Levinson de Beaufort me ha dicho que hay un par de mujeres francesas en el burdel del centro cuya lengua es sin duda una delicia–

-No acostumbro a probar mi propio menú Oliver – otra mentira -pero las mujeres de mis pubs o burdeles son por lo regular lo mejor de lo mejor –

- ¿Cuánto estarías dispuesto a pagar por mi inútil hija Dalia? – dijo de pronto inclinándose hacia delante, su bigote castaño empapado en licor.

-Me parece que no entiendo tu pregunta Oliver – por dentro mi sangre hervía, acaso Dalia, al igual que Isobel en su momento debía padecer tener a un cerdo como padre.

-No nos hagamos inocentes Harold, para un hombre que tiene burdeles por todo Charleston, una proposición así no debe parecer un descaro o difícil de comprender – dijo -verás, yo siempre quise un varón, ¿de qué me sirve una estúpida hembra? Sino es para fornicar y engendrar más colonos, una hembra que al primer movimiento de caderas provocará que un par de lobos quieran pasarse de listos y buscar quedarse con mi fortuna. No señor Potter, Dalia es al igual que todo en la plantación que se ve más allá de este ventanal es un objeto más para negociar – su voz de pronto sonaba hosca, estaba alcoholizado y de aquel señor educado y poderoso no quedaba nada.

-Bien, si de negocios hablamos, entonces hablemos – dije molesto, mi ser de pronto estaba furioso, una ira impresionante empezó a carcomer cada centímetro de mi piel.

-Su nueva plantación en Beaufort, el veinte por cierto de su próxima producción de algodón y una caja de escoces serán suficientes para que Dalia Donovan sea suya – dijo sin más.

Te parecerá extraño que aquel cerdo no me haya pedido monedas, oro o plata a cambio, pero comprenderás que no fue sino hasta el año de 1751 y en Nueva Escocia que apareció por primera vez una moneda oficial. La riqueza de los colonos se basaba en sus bienes, no en una fortuna monetaria como en Bretaña, y aquel precio era común, bienes por bienes, producción por producción y objetos a cambio, las colonias no tenían tantos recursos y aquel que los tuviese era rey sin serlo. Respecto a Dalia, bueno, en aquellos años el valor de la mujer era diferente, incluso debo admitir, para mí lo fue, no había grandes movimientos feministas como hoy en día, ni tampoco las mujeres desarrollaban roles cruciales en la sociedad salvo ser reinas o consortes de reyes y aun así no eran del todo aceptadas por la sociedad en exceso machista, las mujeres jugaban el papel que el dios de los mundanos les había dado a entender, una máquina para hacer crecer la descendencia y satisfacer las necesidades básicas del hombre que por lo regular, eran sexuales. Una tragedia ser mujer por aquellos años, pero era nuestra realidad en aquel momento. Dalia e Isobel habían caído para su propia des fortuna en una mala familia y no es que hubiera buenas o malas familias, pero imagina un mundo en el que apenas se va formando el mundo como lo conocemos en los noventa, ahora imagina al pobre y méndigo siempre buscando ser rico y poderoso a costa de cualquier cosa y todas las cosas que había a su alcance, era sencillo y lógica básica, si un hombre era dueño de una vaca y podía cambiarla por un trago de licor o el roce de una mujer lo hacía, si el dueño de una plantación tenía la posibilidad de aumentar su poder y su riqueza a costa de su sangre, la tomaba y si un rey debía invadir otra ciudad para demostrar supremacía y poderío ante las demás naciones, lo hacía. En aquella época solo podías ser miserable o poderoso y en algunos casos nacer en cuna real, si no lo hacías y no tenías un oficio estabas destinado a vivir miserablemente, si no descubrías algo no eras importante, si no aportabas nada a la sociedad era solo eso, nada.

Cerrado el trato, Dalia paso a ser de mi propiedad y Oliver más rico y poderoso que un día anterior. Sin más que hacer en aquel lugar y tras informarle a Dalia de su destino, mi regreso a Londres fue inminente, ya no había nada que me detuviese en Charleston. La cara de Dalia al recibir la noticia de que su padre la había vendido para ser prostituta en de los burdeles de la ciudad fue por demás extrema y difícil, su viaje a Inglaterra fue un martirio repleto de lágrimas y dolor, su afligido corazón por la separación de sus padres y el lugar que había sido su hogar por veinte años fue complicado. Sin embargo, un par de días en la mansión y la Dalia que me había robado el aliento una tarde de septiembre, regreso. A diferencia de Isobel, Dalia entró a la casa Potter como una prima lejana y es que aquella fue la única solución que encontré creíble para la sociedad inglesa que seguía siendo puritana en su totalidad, no iba a llegar diciendo que era una mujer vendida por su padre, comprada por mí para ser prostituta en un burdel que en primer lugar no existía en la sociedad inglesa, al menos no como parte de los negocios de la prestigiosa familia Potter, datada desde 1500 y actualmente dirigida por Harold Potter, un primo o sobrino segundo del patriarca anterior.

La vida de Dalia en la casona de Kensington fue un lujo, convertida en un miembro más no debía ser parte de la servidumbre y ser tratada como tal y así dos años después, 1710, Dalia se había convertido en mi confidente y compañera, en palabras modernas, mi pareja y hasta ese momento solo eso. Para mí era una constante batalla mental sobre los comparativos entre ella e Isobel, sin embargo, ambas eran únicas a su manera y ambas se ganaron mi amor de manera diferente. Todo era maravilloso hasta una noche en que, los juegos entre ambos comenzaron a inclinarse más allá de simples abrazos y besos espontáneos en los labios y es aquí donde vuelvo a decir, en todo mi relato de mi historia con Dalia te has olvidado de algo, no soy un humano normal, así pues, una noche fría de diciembre y curiosamente oscura, Dalia decidió llevar más allá de un simple abrazo sus toqueteos y cuando menos lo esperaba me tenía tumbado en la cama mientras buscaba mi miembro entre mis pantalones con sus suaves manos. En aquel momento mis sentidos explotaron y el ayuno de sangre de días también, verás, tras la compañía de Dalia, ser vampiro ya no fue tan sencillo como antes, mis días de ayuno aumentaban más y más, sin darme cuenta me convertí en un torpe enamorado que vivía del amor que Dalia me daba y que yo regresaba, los negocios en popa y demandando mis atenciones así como las obligaciones regulares de la familia por primera vez en años paralizaron m sed de sangre, pero aquello era solo un arma mortal que pronto se volvería en mi contra. Resulta que, aunque la necesidad de sangre es algo natural y de instinto en un vampiro, la madurez de la maldición, es decir, la longevidad e inmortalidad te permitían ir desarrollando mejor tus habilidades y lograr que la necesidad de alimentarse no sea tan persistente como cuando recién adquieres el vampirismo. Así pues, Dalia buscaba mi miembro con sus manos y fue entonces que mis ojos se cegaron y mi razón se fue, sin demorarme, la poseí, una, dos, tres veces, no recuerdo la cuenta, pero la hice mía hasta saciarme sexualmente y justo cuando nuestros cuerpos desnudos juntos uno contra el otro descansaban de aquella batalla de emociones mi sed fue implacable y mi instinto asesino cobró vida, justo cuando sus labios pronunciaba un tierno "te amo" mis dientes se clavaron en su cuello y la mate, su sangre termino por volverme loco, yo estaba extasiado, excitado y no había nada que pudiese detenerme. Justo cuando la razón regreso a mí, pude ver esos ojos azules ahora carentes de vida abiertos por la sorpresa, su piel antes sudorosa y colorada ahora yacía fría y muerta bajo la mía. Aquella noche, la muerte se vengaba de mí inmortalidad de una manera macabra, cruel y sadista y era cuando podía aceptar aquellas palabras que rezan que los vampiros somos seres de pesadillas, demonios sedientos de sangre que solo buscaban alimentarse y matar. Nunca renegué de lo que era y aún ante los sucesos de esa noche sigo sin hacerlo, tampoco he renegado del hecho de que soy un vampiro y mi maldición es lo que es y así será hasta que termine con todo eso. La muerte de Dalia, pesé al amor que sentía por ella, no se sintió igual que la de Isobel, el verla sin vida desnuda bajo mi cuerpo no me causaba remordimiento alguno y aunque si me causaba un asombro lo que había pasado comprendí mejor mi naturaleza.

Daphne soltó el libro con asombro, aquel relato era tan vívido que de pronto un miedo terrible comenzó a invadirle el cuerpo. Ella no era de las personas que demostraban temor, pero de pronto aquella lectura hizo que su sangre se helara, le causaba pánico lo que leía no porque fuera algo que un libro de criaturas mágicas no dijese de los vampiros, sino por lo que no se leía en ellos. Un vampiro no era una criatura, al igual que los hombres lobos eran normales la mayor parte del tiempo, eran seres que llevaban una vida normal como todos, tenían casas, visitaban lugares, solo, al igual que los licántropos, pasaban por circunstancias de transformación, pero a diferencia de ellos, los vampiros todo el tiempo estaban en transformación y solo cuando lo deseaban utilizaban esa naturaleza asesina y terrorífica.

Miro su reloj nuevamente y comprendió que ya era hora de dormir un poco, la historia de Harry y su vida vampírica era muy interesante y deseaba seguir leyendo un poco más, pero también se encontraba en un punto en el que meditaba seguir haciéndolo o no. No podía decir que le fascinaba el contexto de la historia sobre el papel de la mujer, la forma en la que Harry las veía y trataba, la misma sociedad, pero ¿existió alguna vez un mundo sin prejuicios?, el propio mundo mágico estaba lleno de ellos y si pensaba con tranquilidad, ella era una sangre pura y tal como Harry narro en un par de líneas era una gran ventaja en un mundo lleno de discriminación.

Dando un movimiento de varita hizo aparecer un pergamino y tras otro complicado movimiento en el aparecieron un par de escritos, específicamente una línea del tiempo. Harold "Harry" Potter había nacido en 1598 justo cuando la Reina muggle Isabel I estaba por acabar su reinado, conoció a Isobel alrededor de 1619, se casó con ella en 1624 y se convirtió en vampiro en 1625. Despareció de la vida pública en el año de 1661 y volvió a aparecer nuevamente en 1702 cuando se formaba la Gran Bretaña. Sonrió, independientemente de todo, era fascinante, tantos años, tanta historia y el hecho de que aparentemente una persona, en este caso un vampiro, las haya vivido y pueda contarlas tan fácilmente era sin duda una joya, incluso apostaba que pocos magos podían jactarse de ser tan antiguos como Harry.

No solo la parte histórica llamaba su atención, sino la parte en la que Harry contaba su historia personal y sobre todo lo que era un vampiro, había tan poca información al respecto que si se lo propusiese con toda la información recopilada hasta el momento podía establecer un nuevo hito el mundo mágico sin ser magizoologa. Ahora por ejemplo sabía que los vampiros no eran criaturas, sino personas con una condición en particular y que al igual que magos y muggles tenían emociones que combinadas con sus instintos y condición eran un arma mortal.