Episodio 3
Ambos jóvenes habían establecido la fecha y la hora para su encuentro. Cruz, buscando evitar complicaciones, propuso reunirse en un lugar cercano, pero Storm rechazó la idea e insistió en pasar por ella a su residencia, dejando en claro que solo lo hacía por mantener la farsa que seguían sosteniendo.
Cuando llegó el día, Storm estacionó su Corvette frente a la residencia de la joven. Desde el interior del vehículo, echó un vistazo al lugar con aparente indiferencia y finalmente, bajó del coche con un aire despreocupado, ajustándose la camisa y lanzando una rápida mirada a su reflejo en la ventana. Sacó su móvil y envió un breve mensaje para avisarle a Cruz que ya estaba afuera.
Los minutos transcurrieron lentamente, y cuando el aburrimiento empezó a apoderarse de él, volvió a mirar su móvil, buscando cualquier distracción. Justo entonces, una voz femenina lo tomó por sorpresa.
-Vaya, eres muy puntual.
Storm levantó la vista, y lo que vio lo dejó sin palabras. La castaña se veía distinta; el atuendo que llevaba destacaba curvas que parecían haber aparecido de la nada. ¿De dónde diablos habían salido?, se preguntó mientras su mirada recorría la silueta de la joven. Ella llevaba un vestido negro liso que se ajustaba perfectamente a su figura, con mangas cap y escote de corazón.
El conjunto se complementaba con unos zapatos de tacón stiletto negros y un bolso a juego. Su cabello recogido y el maquillaje discreto completaban un look que lo hizo parpadear dos veces.
-¿Por qué me miras así? -Preguntó Cruz, notando su reacción. -¿Acaso no estoy vestida para la ocasión? Sally y Flo me dijeron que este conjunto es versátil para cualquier evento, pero... ¿exageré? -Dijo con un rostro ligeramente acomplejado.
-Te ves... te ves muy bien -Logró articular Storm, tratando de que su voz sonara normal.
Cruz le sonrió.
-¿En serio? Gracias, tú también te ves muy bien.
Luego subieron al auto del chico y se pusieron en marcha hacia su destino. El trayecto comenzó en silencio, con el sonido del motor llenando el espacio entre ellos. Después de unos minutos, Cruz comenzó a desesperarse por el incómodo silencio, así que intentó hacer platica.
-Es raro ser copiloto. -Dijo la chica sonriendo.
-Ajá. -Respondió Storm, sin mucho entusiasmo.
Después de otro breve silencio, Cruz tomó aire y decidió hacer otro intento por iniciar una conversación.
-¿A dónde vamos?
-A comer. -Respondió Storm con indiferencia.
-Ya sé, pero ¿a dónde?
-A un restaurante.
-¿Y qué vamos a comer?
-Comida.
-Oh, vamos, Storm. Estoy intentando hacer plática.
-Eso noto, pero tu melodiosa voz me distrae. Así que, guarda silencio.
Cruz suspiro, resignada. "Esto será un desastre", pensó mientras giraba el rostro hacia la ventana, buscando distraerse con el paisaje nocturno de la Ciudad.
Después de treinta y cinco minutos incómodos para ambos, finalmente llegaron al restaurante. Cruz se sorprendió al ver que la había llevado a un lugar tan exclusivo. Caminaron hasta donde los esperaba el hostess, quien los condujo a una mesa apartada del resto, haciendolo un poco más íntimo.
Cruz observaba el lugar con admiración; Todo parecía tan elegante, bonito y acogedor.
-Vaya, es un lugar muy bonito.
-Supongo. -Respondió Storm con indiferencia, sin apartar la vista del menú.
-Nunca había estado en un lugar como este. Bueno, lo más parecido sería el Wheel Well, pero... creo que se nota la diferencia entre ambos. Aunque, claro, el ambiente en el pueblo es más alegre y...
El joven levantó la vista, bajó el menú y la miró con una expresión seria. Cruz, al notar su mirada, solo sonrió.
-¿Estoy hablando demasiado?
-Acertaste.
-Lo siento, estoy nerviosa. Es la primera vez que vengo a un lugar así y siempre imaginé que lo haría con un chico, en una ocasión especial. Digo, no quiero decir que esta cena no sea especial, si lo es… bueno, eso creo. Aunque, sinceramente, no entiendo por qué me invitaste si, al parecer, no te agrado.
-Ramírez. -Llamó la atención el joven, mirándola con seriedad.
-¿De nuevo estoy hablando de más, cierto?
La reacción de Cruz hizo que Storm soltará una leve sonrisa.
-Te dije, la razón de esta cena es para compensarte por todo lo que has hecho. Eso es todo. Así que pide lo que quieras.
-Gracias, Storm.
La castaña lo miró y le dedicó una media sonrisa antes de bajar la vista nuevamente y seguir revisando el menú. Después de una hora, la cena terminó. Los platillos que pidió estuvieron bien, pero la atmósfera era tan incómoda que solo hizo que ella deseara volver a casa lo más rápido posible.
Durante el trayecto de regreso, un aroma irresistible llegó a las fosas nasales de Cruz, recordándole que la cena no había sido suficiente. Sin pensarlo demasiado, se giró hacia su acompañante y le sugirió algo.
-Storm, vamos a Burger Queen por una hamburguesa.
-¿Qué? ¿Aún tienes hambre?
-¿Te llenaste con eso? ¡Esos platos eran ridículamente pequeños! Anda, no tenemos que bajar, ¡por favor! -Insistió la joven, mientras hacia una expresión adorable.
-Bien. -Respondió, fastidiado.
El chico condujo hasta el autoservicio. Al llegar, la miró de reojo y, con desgano, le habló.
-Servida, pide lo que quieras.
-¿Quieres algo? -Preguntó la castaña, ahora mucho más animada.
-No voy a comer esa basura.
-Bueno, más para mí.
Justo cuando Cruz comenzó a hacer su pedido por el intercomunicador, una voz la interrumpió a través del altavoz.
-Disculpe, señorita, no la escucho bien. ¿Podrías hablar más alto?
Ella miró a Storm, pero él solo la ignoró. Así que la joven se quitó el cinturón de seguridad y, sin pensarlo dos veces, se acomodó sobre Storm, sosteniéndose de la ventanilla mientras trataba de hablar más cerca del micrófono. Storm se sorprendió, y su rostro quedó colorado al instante.
-¿Qué haces?
-Shhh... estoy pidiendo la comida. -Respondió Cruz, con una mirada de concentración. -Quiero una hamburguesa, papas y refresco grandes... ¡Ah! Y un helado de vainilla con chocolate. Eso es todo, gracias.
Volvió a su asiento como si nada, dejando a Storm con el ceño fruncido.
-Ahora sí, ¿qué decías?
-¿Por qué diablos te subes sobre mí?
-Bueno, el chico no me escuchaba y tú no querías pedir mi orden. ¿Qué querías que hiciera?
-Jamás dije que no quería pedir tu orden -Le replicó él, mirándola seriamente.
-Pues no vi que te ofrecieras tampoco.
Storm la miró fijamente, antes de dirigir el coche hacia la ventanilla para recoger el pedido. Cruz repitió el mismo procedimiento para pagar y recibir su orden. Una vez de vuelta en su asiento, abrió la bolsa de comida y, sin pensarlo mucho, se metió una papita en la boca.
-No vuelvas a hacer eso y no comas en el auto. -Gruñó él, claramente irritado, mientras el coche avanzaba.
-Pero tengo hambre.
-No comas, he dicho.
-¿Puedo al menos comerme el helado? Se está derritiendo.
-Esta en un vaso.
-Sí, pero cuando llegue a mi casa estará aguado y ya no servirá.
-Te lo tomas como malteada.
-Pero no será lo mismo.
-Qué molesta... Sí, cómetelo, pero no manches nada.
Cruz sonriente, sacó una cuchara desechable y comenzó a disfrutar del helado con entusiasmo.
Storm, mientras conducía, no pudo evitar observarla de reojo a la joven. Le resultaba imposible ignorar el ridículo, aunque curiosamente encantador, que era verla mover ligeramente los hombros con cada bocado. Al notar su mirada, Cruz se giró hacia él y, sin pensarlo dos veces, le ofreció una poco.
-¿Quieres?
-No.
-¿No te gusta el helado? -Preguntó con curiosidad.
-Sí me gusta, pero ya lo babeaste.
-No hay problema, tengo otra cuchara.
-Estoy manejando.
-Yo te lo doy.
-No.
-Oh, vamos, prueba un poquito. Está muy bueno.
-No.
-Por favor.
-Dije que no.
Cruz suspiró, frustrada, y murmuró para sí misma.
-No sé por qué insisto si siempre me rechazas.
Su expresión cambió a una mezcla de resignación y seriedad, algo que Storm notó de inmediato. Por primera vez, sintió un leve remordimiento. Suspiró con resignación y decidió ceder.
-Hey, chica de los disfraces... dame un poco. Quiero probarlo.
Cruz lo miró sorprendida, pero su rostro pronto se iluminó con una amplia sonrisa y con cuidado, le acercó la cuchara con helado.
-¿Qué tal?
-Está bueno.
-¿Verdad que sí? ¿Quieres más?
Él aceptó, y así pasaron el rato compartiendo ese postre, disfrutando del dulce sabor del helado bañado en chocolate. Cuando se acabó, Cruz le preguntó si podían ir a un parque cercano para charlar y terminar de comer lo que había comprado. Storm arqueó una ceja, intrigado por la petición.
-¿No puedes esperar a llegar a tu casa?
-Aún falta mucho para llegar, y tengo hambre. Si me dejaras comer en el auto, no habría problema.
-En serio, eres muy odiosa.
-Entonces, ¿iremos? -Insistió Cruz, fingiendo no haber oído su comentario.
-No.
-Pero aquel día mencionaste que podíamos hacer ejercicio después de cenar.
Storm incapaz de contenerse, soltó una risa antes de ceder. Para su sorpresa, su argumento había funcionado, y una sonrisa iluminó el rostro de la joven al darse cuenta que tendría una oportunidad más para conocerlo mejor. Al llegar al parque, Storm estacionó y ambos bajaron del auto. Caminaron en silencio hasta que encontraron un lugar para sentarse.
Ella sacó la hamburguesa de la bolsa y le dio una mordida, su expresión de felicidad era evidente mientras movía la cabeza de un lado a otro. Eso le causó gracia Storm.
-No puedo creer que todavía tengas hambre.
-¿Y cómo no? Esa sopa y esa ensalada que pedí eran un chiste. Ni siquiera me llenaron.
-Pudiste haber pedido más cosas.
-La verdad, me sentí un poco incómoda, así que solo quería que la velada terminara.
-Entiendo. -Comentó el joven con un tono seco, mientras levantaba la mirada hacia el cielo. Sabía que pasar el rato con él no era lo más emocionante ni divertido. Realmente era muy malo socializando, y su carácter difícil no lo ayudaba en nada.
-Pero ahora la velada se ha vuelto más entretenida.
Al escuchar eso, Storm la miró, encontrándose con esos lindos ojos color chocolate. Cruz le regaló una sonrisa brillante, haciendo que una vez más sintiera ese extraño malestar en el estómago.
-Diablos.
-¿Qué pasa? -Preguntó Cruz al notar la expresión del joven.
-Tengo una sensación extraña. -Respondió Storm, llevándose una mano al estómago.
-Tal vez la comida del restaurante te cayó mal... o igual te quedaste con hambre. ¿Una papita? -Ofreció la castaña con una sonrisa.
-Ya te dije que no voy a comer esa basura. Fuiste entrenadora, deberías saber cuántas calorías tiene eso.
-Mañana lo bajo en el entrenamiento. Además, no es como si lo comiera todos los días.
Storm desvió la mirada hacia el cielo, intentando evitarla.
-¿Acaso tú no comes comida rápida?
-A veces.
-Supongo que no eres fanático de las hamburguesas.
-Es verdad, no lo soy.
-¿Puedo saber qué te gusta comer?
-¿Para qué?
-Tal vez la próxima vez podamos ir a comer algo que te guste.
-¿Próxima vez? -Repitió Storm con duda.
-Sí, ¿no sería genial? -Respondió animada.
Él dirigió su mirada hacia ella de nuevo, arqueando una ceja con expresión escéptica.
-Oh, entiendo. No quieres volver a salir conmigo.
-No he dicho eso. Solo me resulta raro que tú quieras salir conmigo otra vez.
-¿Por qué lo dices? -Preguntó ella, extrañada.
-Porque dijiste que te sentiste incómodo en la cena.
-Pero no fue por ti, fue por el lugar. Era demasiado elegante.
Storm entrecerró los ojos. Su expresión dejaba claro que no le creía del todo.
-Bueno... sí fue por ti, pero solo porque no querías platicar. Ahora que estamos hablando, es distinto.
-Tú eres la que habla. Yo solo estoy soportándote.
-No entiendo por qué eres así. Pensé que esta salida haría alguna diferencia. Pero... -Cruz suspiró, derrotada. -Olvídalo. -Concluyó con desánimo antes de morder su hamburguesa.
El incómodo silencio volvió a instalarse entre ellos, y Cruz no pudo evitar sentirse un poco tonta por creer que había logrado algún avance con su mayor rival. Llevó su bebida a los labios y dejó que su mirada se perdiera en las ramas de los árboles, que se mecían suavemente con el viento. Pero entonces, la repentina voz de Storm rompió el momento, obligándola a girar la cabeza en su dirección.
-Yo... simplemente no soy bueno estando con otras personas. Soy horrible socializando, como habrás notado. Eso de salir con amigos, charlar, contar chistes o lo que sea que se haga con uno de ellos es complicado para mí.
Cruz se quedó atónita ante sus palabras. ¿Storm acababa de ser sincero con ella? Una media sonrisa se formó en su rostro, y no pudo evitar sentirse aliviada. Después de todo, parecía que había logrado avanzar, aunque fuera un poco, en esa compleja relación.
-Creo que estás exagerando. Por lo que he visto, te desenvuelves bastante bien con las personas a tu alrededor.
-Sabes que no estoy exagerando.
-Bueno, tal vez solo necesitas intentar ser un poquito más humilde y amable. -Sugirió la castaña con suavidad.
-Qué buena idea. Debería ser más como tú, ¿no? Eso seguro funcionaría.
Cruz lo miró fijamente, tratando de descifrar si ese comentario era un halago o puro sarcasmo.
-Te diré algo, solecito saltarín, no necesito gente que me estorbe. Yo me enfoco en ser el mejor y en ganar.
-¡Oh, vamos, Storm! Ganar no lo es todo, también hay que disfrutar el proceso, ¿no crees?
-Uno compite por la copa y la gloria.
-Alguien me dijo que solo es una copa vacía.
-Si piensas así, mejor retírate de una vez y deja el camino libre para los que sí la queremos.
Cruz suspiró. En verdad, ese hombre era complicado, pensó mientras tomaba una papita y la masticaba con calma. Al tragar, decidió no rendirse y, con una sonrisa, intentó sacar otro tema para seguir conversando.
-Veo que te llevas muy bien con Ray. ¿Te llevas igual de bien con tu equipo? -Preguntó, intentando sonar casual.
-¿A qué viene eso? -Respondió Storm, alzando una ceja.
-Sólo es curiosidad.
-La curiosidad mató al gato, ¿sabes?
-Oh, vamos, Storm. ¿Por qué complicas todo? Solo responde.
-¿Estás perdiendo la paciencia? -El joven esbozó una sonrisa burlona al notar el cambio en el semblante de Cruz.
La castaña presionó los labios, tratando de contener su frustración. No entendía cómo alguien podía llevar su paciencia al límite de esa manera. Soltó un largo suspiro y, con resignación, dio por perdida la batalla; tal vez jamás lograría llevarse bien con él. Siempre había sido una persona positiva y optimista, pero esta era la primera vez que sintió que no podría avanzar, como si estuviera enfrentándose a una causa perdida.
-¿Podemos irnos? -Preguntó al fin, mientras comenzaba a guardar lo que quedaba de su comida.
Storm accedió, y Cruz comenzó a caminar. Él la seguía de cerca, hasta que, inesperadamente, chocó contra su espalda cuando ella se detuvo en seco.
-¡Ay, no! -Exclamó Cruz en tono de alarma.
-¿Y ahora qué? -Preguntó Storm, frunciendo el ceño. Como ella no respondió, se adelantó un poco para colocarse a su lado. Fue entonces cuando notó que su mirada estaba fija en algo en el suelo. -¿Estás viendo esa lagartija?
-¿Puedes ahuyentarla? -Pidió Cruz tímidamente.
-¿Para qué? Si caminas, seguro se irá.
-Es que... no me agradan mucho.
Storm arqueó una ceja, analizando la situación, antes de hablar con evidente burla.
-¿Te da miedo esa pequeña cosa?
-No me da miedo, solo… no me agradan mucho. -Respondió ella, claramente avergonzada.
El pequeño reptil avanzó un par de pasos hacia ellos, y Cruz, en un arrebato de pánico, se lanzó sobre Storm, abrazándolo y escondiendo el rostro contra su pecho.
El corazón del joven se aceleró inesperadamente ante el contacto, y la incomodidad lo llevó a apartarla con suavidad.
-Esa lagartija no te hará nada. Estoy seguro de que te tiene más miedo a ti que tú a ella.
Storm avanzó decidido a espantar al pequeño reptil, pero este reaccionó de manera inesperada, saltando sobre su zapato.
-¡Aaah!
Grito la chica y para su sorpresa Storm hizo exactamente lo mismo.
-¡¿Tampoco te gustan?! -Preguntó Cruz, sorprendida al verlo alterado.
-¡Nunca dije que me gustaran!
El pequeño reptil, comenzó a trepar rápidamente por la pierna de Storm, para luego colarse bajo su camisa. La desesperación del joven fue inmediata, y comenzó a desabotonársela apresuradamente intentando deshacerse del inesperado intruso.
-¡No te quites la ropa! -Gritó Cruz alarmada.
-Entonces, ¡ayúdame! -Le reclamó.
Cruz respiro hondo, armandose de valor, y se acerco para intentar ayudarle. Con movimientos torpes, comenzó a darle pequeños golpecitos en la camisa, tratando de localizar al intruso.
-¿Se fue? -Preguntó Storm, aún agitado y con la camisa abierta.
-No lo sé… -Comentó Cruz.
Storm desvió la mirada y, para su sorpresa, notó que el pequeño intruso ahora se encontraba cómodamente posado sobre el pecho de Cruz.
-No te muevas. -Le advirtió.
-¿Qué pasa? -Preguntó nerviosa.
Él señaló hacia su pecho, y Cruz bajó la mirada. Su expresión cambió al instante; Quedó petrificada antes de soltar un pequeño chillido.
-Tranquila, tengo una idea.
Storm buscó en el suelo y recogió una ramita, sujetándola con cuidado.
-¿Qué vas a hacer? -Inquirió Cruz, mirando con desconfianza la improvisada herramienta.
-Usaré esto para quitártela.
-Eso no va a funcionar. -Replicó preocupada.
-No tengo otro plan, así que guarda silencio.
La ramita rozó a la lagartija, pero esta ni siquiera se inmutó. Storm frunció el ceño. ¿Qué diablos le pasaba a esa estúpida lagartija? Debería saltar a la rama o, al menos, tirarse al suelo como acto básico de supervivencia. Volvió a intentarlo, pero el reptil, lejos de cooperar, lo único que hizo fue moverse hacia un lugar más seguro que era dentro del escote de la joven. Él abrió los ojos como platos, mientras Cruz soltaba un grito y movía las manos de la desesperación.
-¡Te dije que no funcionaría! -Gritó Cruz desesperada.
-¿Y qué querías que hiciera? ¿Que lo agarrara? -Replicó Storm con evidente molestia.
-¡Sí, ahora sácalo! -Gritó la joven.
-¡No pienso meter la mano ahí! -Replicó él.
-¡Esto es tu culpa!
-Tal vez si saltas o te mueves, salga.
Cruz comenzó a saltar y agitarse, pero luego se detuvo abruptamente. Bajó la mirada para inspeccionar su escote y su expresión se volvió aún más alarmada.
-¡Sigue ahí! ¿Qué hago? -Preguntó con la voz temblorosa y los ojos cristalinos.
El chico no pudo evitar sentir un ligero remordimiento al notar el pánico reflejado en el rostro de Cruz. Bufó con frustración, pasándose una mano por el cabello y, tras un instante de duda, tomó una decisión.
-Diablos... Haré esto rápido.
Se quitó la camisa y envolvió su mano con la tela. Se acercó a la joven, colocándole con cuidado una mano en la cintura para estabilizarla. Cruz lo miró, sorprendida por la cercanía. Storm visualizó al reptil en su escote, torció la boca con asco y deslizó la mano envuelta. Con un movimiento rápido, atrapó al intruso, lo sacó de un tirón y lo arrojó lejos.
-Solucionado. ¿Feliz? -Dijo Storm, mirándola con molestia.
Cruz se ruborizó al notar la cercanía entre ellos. él estaba sin camisa, dejando al descubierto ese perfecto y trabajado físico, y su mano todavía descansaba firmemente en su cintura, como si olvidara que seguía sujetándola.
-¿Puedes soltarme? -Pidió, nerviosa.
Storm, al darse cuenta de la situación, sintió el calor subir por su cuello hasta sus orejas, poniéndose rojo de vergüenza. La soltó rápidamente, se dio media vuelta y se colocó la camisa de manera torpe.
-Vámonos. -Dijo sin mirarla, dirigiéndose hacia el auto.
Ambos subieron sin intercambiar palabra. Cruz no podía creer lo que acababa de pasar. Storm la había ayudado, y lo había hecho sin importarle que tampoco le agradarán las lagartijas.
-Storm, gracias por ayudarme. -Mencionó Cruz rompiendo el silencio que los envolvía.
-Ya estamos a mano -Respondió él, mirando hacia el camino sin siquiera voltear a verla.
El silencio volvió a reinar entre ellos durante unos minutos, hasta que Storm decidió hablar.
-¿Por qué te dan miedo?
Cruz giró el rostro hacia él, sorprendida. Pensó que el incidente había quedado atrás y que el joven no se molestaría en mencionarlo otra vez.
-No suelo contarlo porque siempre dicen que es una tontería. -Confesó, dudando.
-Eso lo juzgaré cuando lo escuche, aunque siendo tú, seguro es una tontería. -Comentó Storm con una sonrisa burlona.
Cruz frunció el ceño y, con un gesto infantil, hizo un puchero antes de finalmente decidirse a hablar.
-Cuando era niña, mis papás me llevaron a visitar a unos familiares en México. Mis primos, como buen pasatiempo cruel, me contaron una leyenda espantosa sobre una lagartija. Decían que si mordía tu sombra, especialmente en la cabeza, te enfermabas gravemente y... morías. Era solo una niña, así que, claro, me lo creí. Lo peor es que mi hermano y mis primos se la pasaban molestándome con eso.
Cruz hizo una pausa y giró la cabeza para mirar a Storm.
-Cuando volvimos a casa, mi hermano decidió comprar una lagartija y no paraba de asustarme con ella. Un día, me enfermé terriblemente y terminé en el hospital, y fue un susto tremendo para todos. Cuando me dieron de alta, la lagartija ya no estaba en casa. Mi mamá dijo que había sido por culpa de ese reptil que me había enfermado. Desde entonces, no puedo ni verlas sin sentir miedo.
-¿Sabes qué? Sí, es una tontería. -Mencionó el joven.
Cruz se abrazó a sí misma, bajando la mirada avergonzada.
-Estoy seguro de que lo que te dio fue salmonelosis. Seguramente tu hermano no era muy higiénico con esa cosa, y gracias a él te enfermaste. Es completamente ridículo pensar que una lagartija pueda hacerte daño mordiendo tu sombra.
-Sí, eso último ya lo sé... -Murmuró Cruz, sintiéndose algo avergonzada.
-Comprendo por qué te dan miedo. Asocias a esas pequeñas criaturas con algo malo. Es un asunto psicológico; con un poco de terapia, se te quita. -Mencionó Storm, restándole importancia.
-En realidad, sí he ido a terapia.
-Pues no parece.
Cruz desvió la mirada hacia la ventana, sintiéndose incomprendida. Siempre que compartía aquella historia, terminaban burlándose de ella, por eso prefería evitar contarla. Sin embargo, volvió a mirarlo cuando él, inesperadamente, comenzó a hablar de nuevo.
-De pequeño, yo quería una lagartija de mascota. Pero mi madre decía que eran reptiles horrendos, sucios y que traían enfermedades. A mi abuela le daban pavor, y como pasaba más tiempo con ella, supongo que terminé adoptando ese rechazo sin darme cuenta.
Cruz lo miró sorprendida. De nuevo, Storm estaba compartiendo algo personal con ella. Sonrió suavemente y luego agregó.
-Entiendo. Mi hermano odia a los ratones porque mi madre les tiene pánico. Cuando apareció uno en casa, mi papá y yo teníamos que atraparlo.
Ambos rieron, y durante el resto del trayecto, siguieron conversando con más comodidad.
Cuando llegaron a la casa de Cruz, Storm decidió acompañarla hasta la puerta. Ambos intercambiaron una breve mirada, y él se dispuso a despedirse con un simple gesto. Sin embargo, para su sorpresa, la joven rompió la distancia y lo abrazó. El contacto inesperado lo tomó desprevenido, haciendo que su corazón diera un vuelco y un nerviosismo extraño lo invadiera.
-Chica de los disfraces, ¿acaso no conoces el espacio personal?
-Lo siento, creo que me dejé llevar. -Cruz sonrió con algo de vergüenza. -Por cierto, fue muy divertido salir contigo. Gracias por la velada. Descansa.
Con una última mirada, Cruz se despidió y luego se adentró a su casa, dejando a Storm allí, parado, con una sensación extraña que no lograba identificar.
Ya en su casa, el joven se quedó reflexionando sobre todo lo que había sucedido esa noche. No lograba entender cómo había terminado disfrutando de una salida con esa mujer tan odiosa. Le había contado cosas personales, había accedido a todas sus peticiones, la había ayudado con un problema que le parecía una tontería y, para su sorpresa, incluso había disfrutado del abrazo que ella le dio al despedirse.
-Supongo que no es tan irritante después de todo... -Murmuró para sí mismo, mientras una sonrisa involuntaria se asomaba en su rostro. Luego, al darse cuenta de lo que había dicho, frunció el ceño y añadió. -¿Qué estoy diciendo? Este día fue un desastre, y esa mujer está completamente loca.
