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Capítulo 81
— Nosotros buscamos una transición hacia el cambio ordenada y que preserve el equilibrio… no buscamos abusar del poder. —
Quaranir a Edzard durante una conversación de estos en el Colegio de Magos de Hibernalia.
El sonido de las manecillas del reloj en la pared llenaba la espaciosa habitación del palacio utilizado por los Cuatro Maous en la ciudad de Lilith, en el Inframundo. La estancia estaba ricamente decorada, reflejando la ostentación típica de los hogares de demonios de gran riqueza. En los sillones dispuestos en el centro, estaban reunidas todas las amantes de Edzard, rodeando a Ingvild.
Ingvild, sentada con las manos juntas en su regazo, jugaba nerviosamente con sus dedos. Estaba inquieta porque hoy sería su debut oficial ante el inframundo, el día en que toda la población sabría de su existencia.
Este evento había sido organizado por los Cuatro Maous actuales, quienes también aprovecharían la ceremonia para informar sobre la situación de la guerra con los daedras. Aunque los nobles y demonios influyentes ya habían sido informados durante la reunión de jóvenes demonios, la ciudadanía aún sabía poco sobre los daedras, ya que hasta ahora no habían atacado el inframundo. Los gobernantes sabían que eso cambiaría en un futuro cercano, por lo que decidieron comunicarlo formalmente en esta ocasión. Además, esperaban que la participación de Ingvild en las misiones y eventos relacionados con los daedras ayudara a fortalecer su imagen ante la población.
"Tranquila, In. Todo saldrá bien." dijo Asia con tono calmado, tomando las manos de su amiga para infundirle valor y tratar de tranquilizarla.
"Asia tiene razón, has practicado mucho para este momento." comentó Aika con una sonrisa, mirando a su amiga sentada.
"Eso es cierto. Has ensayado tu discurso para hoy, solo necesitas respirar y calmarte." añadió Rossweisse en un tono amable mientras miraba a su alumna y amiga.
Las palabras de las tres chicas fueron respaldadas por el resto, que asintió en señal de apoyo.
Al escuchar a sus amigas, Ingvild sonrió, y sus ojos reflejaron una gran gratitud. "Gracias, chicas. La verdad es que sus palabras me están ayudando a tranquilizarme."
"Más te vale, o tendré que darte unos buenos golpes para que te calmes." dijo Mittelt con una sonrisa, colocando las manos en su cintura.
Las palabras de la Caída hicieron que Asia y el resto suspiraran, negando con la cabeza ante el intento poco ortodoxo de Mittelt para consolar a su amiga.
"Je, je, je." La risa ligera de Ingvild sonó al escuchar la broma de su amiga. Mirando a todas, soltó un suspiro, disipando casi todos sus miedos y dudas.
Las principales inquietudes en el corazón de la joven medio demonio eran simples: el temor a que su presencia causara conflicto entre los demonios, amenazando la paz lograda tras la guerra civil. Sin embargo, sus amigas la estaban apoyando, y tenían razón: ella se había preparado mucho para no arruinar nada. Así que, tras suspirar, miró el reloj, que marcaba las ocho de la noche.
'La ceremonia ya debe haber comenzado.' pensó Ingvild mientras sentía que sus manos se tensaban de nuevo. 'Dentro de poco, la sociedad demoníaca y todos aquellos que no conocían a los daedras estarán comenzando a escuchar la noticia… y luego iré yo, para que el Inframundo finalmente sepa que un descendiente de los antiguos satanes está ahora de su lado.'
"Tranquila." fue la palabra que sacó a Ingvild de sus pensamientos. Asia había vuelto a tomar sus manos y la miraba con calidez. "Todo saldrá bien."
Aquella frase, acompañada de la amable sonrisa de Asia, que siempre usaba para confortarlas, animó mucho a Ingvild.
"Tienes razón, todo saldrá bien." respondió Ingvild, asintiendo, mientras esperaba a que vinieran a buscarla para llevarla al salón principal.
El ambiente en una sala oculta dentro del palacio era completamente denso, tanto que cualquier persona común se sentiría asfixiada allí. Esta atmósfera emanaba de la presencia de dos figuras: Edzard y Ajuka.
Ambos líderes del pacto de Kuoh estaban sentados frente a frente, observándose. La sala no era nada similar a las otras del palacio. No había mesas decoradas, estantes con libros, ni candelabros de oro en el techo; solo una mesa y algunos focos que apenas iluminaban el lugar.
"Gracias por venir, Edzard-kun." saludó cauteloso Ajuka, observando cómo los gestos corporales de Edzard delataban que no estaba feliz de verlo. Esto le confirmó a Ajuka que Tiamat le había contado a Edzard lo sucedido con Cleria Belial.
El actual Beelzebub se sorprendió cuando su secretaria a medio tiempo le informó que Edzard estaba buscando información sobre un demonio en particular. Al escuchar esto, le preguntó a Tiamat quién era, ya que no era común que Edzard solicitara información de esa manera. Normalmente, él manejaba sus asuntos en privado. Al saber el nombre del demonio en cuestión, Ajuka supo que esto provocaría tensiones.
"Podemos dejarnos de protocolos, Beelzebub." dijo Edzard con voz fría, lo cual hizo que Ajuka frunciera el ceño y luego soltara un suspiro.
"Supongo que Tiamat te contó lo que pasó con Cleria, ¿verdad?"
"¿En serio? ¿Fue tan evidente? ¿Mis gestos corporales que muestran que no quiero estar aquí? ¿O mi tono de voz?" preguntó sarcástico Edzard, ladeando la cabeza.
"Todo." respondió Ajuka con calma, mirando al joven frente a él. "Entiendo que estás molesto, pero también sabes todo lo que está detrás de lo que sucedió, ¿verdad?"
Ante la pregunta de Ajuka, Edzard lo miró intensamente. Estaba enfadado, sí, molesto por la manera en que los demonios manejaron el asunto de Cleria, y por el dolor que esto había causado a su suegra. Aun así, sabía que ese tema estaba fuera del control de los Maous actuales.
"Sí, entiendo lo que ocurrió… Entiendo que, aunque son Maous, no tienen todo el poder político y que deben lidiar con la facción del Gran Rey." respondió rápidamente Edzard, consciente de esas limitaciones.
Al escuchar esto, Ajuka suspiró, aliviado de que Edzard entendiera. Sin embargo, no esperaba las palabras que siguieron.
"Aunque, también entiendo que son unos idiotas en varios aspectos. No quiero darme flores, porque yo también cometo errores y, a veces, dejo que mi sentimentalismo me guíe. Pero hasta ahora no he hecho nada que cause un desastre como el que han generado tus piezas secretas."
Ajuka se sorprendió momentáneamente ante las palabras de Edzard, para luego sonreír con ironía.
"Je, je, je… Es cierto, hemos tenido problemas que no pudimos resolver de la mejor manera… pero nadie es perfecto, especialmente nosotros, los superdemonios." dijo Ajuka con algo de melancolía. Al igual que Sirzechs, sentía que ciertos eventos podrían haberse manejado de otra manera para evitar lo que finalmente ocurrió o las repercusiones que aún podrían surgir.
Al escuchar a Ajuka, Edzard solo suspiró. Sabía eso mejor que nadie, porque, a pesar de lo que muchos creían, él tampoco era perfecto… no era invencible, ni el ser idealizado que muchos imaginaban. Aun así, no iba a decirlo en voz alta, al menos no frente a Ajuka, a quien consideraba uno de los responsables de la muerte de Cleria por no saber mantener sus "juguetes" en privado.
"Bien, dejemos a un lado el tema de Cleria. Quiero escuchar tu plan para recuperar esas piezas de la facción del Gran Rey. Así que, ¿qué has pensado con esa prodigiosa mente tuya?" pidió Edzard en tono calmado, manteniéndose alerta para captar cualquier información que le revelara quiénes habían estado involucrados en la muerte de Cleria.
"La forma más rápida es extraerlas de sus usuarios actuales, pero de la manera más discreta posible para evitar que la existencia de esas piezas se haga pública." respondió Ajuka con serenidad, ignorando la pequeña indirecta de Edzard al decir "prodigiosa".
"Ummm… Un pensamiento sensato, pero eso no me dice mucho." comentó Edzard pensativo, llevándose la mano al mentón.
"Claro, ya que desconozco tus métodos, no sé qué técnicas usarías. Por eso dejo todo a tu disposición. Solo te pido que evites causar un desastre complicado de limpiar."
Las palabras de Ajuka denotaban su confianza en Edzard. Aunque el actual Beelzebub sabía que Edzard era un comodín, su reciente desencanto hacia los demonios lo convertía en alguien volátil. Sin embargo, Edzard era alguien discreto y, en cierta medida, confiable, especialmente cuando sus intereses estaban alineados.
"Ummm… Así que todo queda a mi disposición… Bien, aceptaré ayudarte en este pequeño plan, pero necesito que me des toda la información sobre los que poseen esas piezas." respondió Edzard en tono tranquilo.
Al oír la solicitud de Edzard, Ajuka comenzó a pensar en los motivos ocultos tras su interés, pero no halló ninguno que le preocupara. Lo que Edzard pedía era razonable, considerando la naturaleza delicada de la misión. La importancia de la discreción en esta operación radicaba en que, si se revelaba la existencia de las Piezas del Rey, la sociedad demoníaca sería sacudida. Después de todo, quienes poseían estas piezas eran figuras destacadas en los Juegos de Clasificación, una industria que movía millones y otorgaba gran influencia a sus participantes.
"Está bien, es razonable lo que pides. Te enviaré toda la información a través de Tiamat." respondió Ajuka calmadamente, levantándose de su asiento.
"Bien, supongo que es momento de que vayas al gran salón." comentó Edzard con tranquilidad mientras observaba a Ajuka levantarse y dirigirse hacia la salida.
"Así es, Sirzechs está por dar el discurso sobre los daedras para que sea de conocimiento general. Es necesario que esté presente." respondió Ajuka, deteniéndose frente a la puerta. Girando lentamente la cabeza, Ajuka miró a Edzard, observando sus gestos corporales. "Supongo que saldrás dentro de un tiempo, ¿verdad?"
"Sí, me iré dentro de poco, tranquilo. Lo haré de una manera que nadie sepa que he estado aquí." respondió Edzard con una sonrisa en el rostro, satisfecho de haber conseguido lo que venía a buscar.
"Bien, supongo que te veré dentro de unos minutos en el gran salón."
Tras esas palabras, Ajuka se retiró de la sala, dejando a Edzard solo. Cuando la puerta se cerró, la sonrisa en el rostro de Edzard se volvió más oscura, casi sanguinaria, al punto de que cualquiera que la viera no reconocería en él al joven habitual. Lentamente, llevó una mano a su rostro mientras su cuerpo comenzaba a temblar en espasmos… pero no eran espasmos de dolor, sino el resultado de contener una risa.
'Je, je… ¡ja, ja, ja! Bien, así me gusta esto…' pensó Edzard con euforia, pues lo que Ajuka no sabía era que, al darle carta blanca, le había otorgado libertad total para hacer lo que quisiera con quienes estaban involucrados en el asunto de las piezas del Rey.
Levantándose del asiento, Edzard comenzó a caminar hacia la puerta, ideando un plan mientras avanzaba.
'Ajuka me pidió que no hiciera un escándalo, y no lo haré, pero… uno nunca sabe lo que un adalid daédrico puede hacer, o… lo que un sacerdote dragón puede hacer.' pensó Edzard mientras conjuraba el hechizo de «Invisibilidad» para salir de la forma más sigilosa posible. Después de todo, no era necesario que alguien supiera que allí abajo se había firmado la sentencia de muerte de varios demonios.
El gran salón del palacio de los Cuatro Maous estaba repleto de gente, desde nobles hasta periodistas, todos reunidos con un objetivo común: presenciar los dos grandes anuncios que el actual Lucifer estaba a punto de dar en esta ceremonia. Normalmente, temas de este calibre ya habrían sido filtrados, aunque sea en pequeños detalles; sin embargo, esta vez no había rumores ni información preliminar. Todo lo que se sabía era que la fecha del evento se había aplazado debido a que la Facción del Gran Rey había decidido hacerlo más lujoso por algún motivo desconocido.
Los ojos de Sirzechs recorrían a todos los presentes que se habían congregado. Vio a sus colegas del pacto de Kuoh, junto con algunos de sus acompañantes, incluidos los ases de las tres facciones bíblicas. Entre ellos estaban figuras destacadas: Dulio Gesualdo, el exorcista más poderoso y portador del «Zenith Tempest», y Tobio Ikuse, uno de los mejores guerreros de los Grigori, portador del «Canis Lykaon».
'Pensar que tendríamos tanta potencia de fuego reunida en este momento.' pensó Sirzechs, impresionado por lo que veía. Sus ojos se detuvieron en los ases de las facciones bíblicas, quienes se encontraban junto a sus líderes y otros acompañantes. Aparte de ellos, también estaban presentes representantes de los olímpicos, quienes recientemente habían firmado su adhesión al pacto.
'El asunto de Hades se ha manejado muy bien.' pensó Sirzechs, recordando cómo el dios griego había sido sellado usando los poderes combinados de otros dioses griegos. 'Es una lástima lo que sucedió; habría sido útil tener a Hades de nuestro lado para las batallas que se avecinan.'
La expresión de Sirzechs se volvió melancólica al reflexionar sobre ello. Aquella melancolía no nacía de la tristeza de ver a Hades sellado, sino de la pérdida de un poderoso aliado potencial. Aun así, sabía que era mejor eliminar amenazas internas antes de que pudieran causar problemas.
Superado ese pensamiento, el líder del inframundo volvió su mirada hacia el frente, observando ahora a los invitados VIP y periodistas. Dirigió sus ojos a los balcones, donde se encontraban los miembros de los pilares, incluida su familia, y el grupo de Edzard junto a su propia familia. También vio a los periodistas, asegurándose de que estuvieran listos antes de dar un paso al frente.
Ese simple movimiento bastó para captar la atención de todos. Cuando se aseguró de tener la atención de todos, echó un vistazo rápido hacia atrás para ver a los representantes del pacto, todos presentes, salvo uno, quien llegaría más tarde. Asintiendo a sus amigos, volvió su mirada al frente.
"Buenas noches a todos. Es un placer ver que han podido asistir a este día histórico para nuestra sociedad." comenzó Sirzechs, usando un tono de voz moderado, lo suficientemente claro como para ser escuchado por todos. "Quizás muchos de los presentes, y aquellos que nos ven desde sus hogares, se pregunten por qué digo que hoy es un día histórico para nuestra sociedad. La razón es que hoy se darán a conocer tres noticias que podrían transformar nuestra sociedad tan profundamente como lo hizo la Guerra Civil."
A medida que avanzaba, sus palabras generaron murmullos entre los periodistas y los asistentes, incluso entre aquellos que observaban desde sus hogares. La confusión se extendió a los nobles de la Facción del Gran Rey, quienes pensaban que solo se harían dos anuncios en el evento: primero, la revelación pública de la existencia de los daedras; segundo, la presentación de Ingvild Leviatán en el inframundo. La mención de un tercer anuncio, desconocido para ellos, provocó que los miembros de la Facción del Gran Rey comenzaran a murmurar entre sí. Sin embargo, debido a la distancia, ni Sirzechs ni los demás pudieron escuchar lo que decían.
Los Cuatro Maous sintieron alivio al ver que el tercer anuncio no se había filtrado como lo hizo el de Ingvild. Al asegurarse de que la información seguía siendo confidencial, todos se relajaron.
"Sé que mis palabras han generado confusión y, sin duda, expectativa. Después de todo, la Guerra Civil cambió casi por completo nuestra sociedad, dando origen a los «Rating Games», algo que aquellos nacidos después de su implementación apenas pueden imaginar no existir. Sin embargo, lo que estoy por revelar cambiará nuestra sociedad, y no de una manera similar a los Rating Games, sino de forma más cercana a la Guerra Civil."
Las palabras de Sirzechs comenzaron a calar en las mentes de quienes desconocían la existencia de los daedras, sembrando un miedo creciente. "Esto es algo que no muchos saben. Quizás algunos se hayan preguntado por qué la celebración de los jóvenes demonios se realizó de manera tan privada, algo que no ocurría hace años. Esa decisión se tomó porque estábamos tratando un asunto delicado del que aún no teníamos suficientes pistas ni información para desvelarlo públicamente. Como muchos saben, la paz lograda con el tratado entre las tres facciones se encuentra en peligro constante debido a la Khaos Brigade… sin embargo, me temo que no son los únicos enemigos a los que nos enfrentamos. Hace unos meses, durante una noche tranquila, la Tierra, el mundo de los humanos, sufrió un ataque de seres nunca vistos. Seres que arrasaron un pueblo en cuestión de minutos, dejando a su paso un rastro de cadáveres y destrucción. Ese fue el día en que comenzaron las Invasiones Daédricas hacia nuestro mundo."
Tras decir esas palabras, Sirzechs guardó silencio; al menos por el momento, ya que sabía que lo que acababa de decir provocaría que muchos demonios entrasen en pánico. Además, no era necesario que siguiera hablando, pues había cumplido con su parte en este discurso, y ahora era el turno de su amigo Ajuka. Así que, dando un paso hacia atrás, dejó que el otro súper demonio en la sala tomara la palabra.
Ajuka se adelantó, y los reporteros que aún estaban allí parados, en estado de shock, reaccionaron rápidamente y dirigieron sus cámaras hacia él.
"Sé que lo que se les ha dicho ha causado que muchos estén en shock; incluso, puede que algunos se encuentren en estado de negación." habló Ajuka, empleando su voz calmada para transmitir confianza a sus oyentes. "También puedo entender que muchos, ahora que probablemente ya han salido de ese shock inicial, estén enojados por haber sido mantenidos en la oscuridad. Pero es importante que comprendan que no era fácil hablar de esto antes, ya que carecíamos de información corroborada que nos permitiera abordar este asunto con las bases necesarias."
Las palabras de Ajuka, aunque calmadas y algo técnicas, lograban dar un toque científico a la revelación, reforzando la credibilidad del mensaje.
"Afortunadamente, eso ha cambiado. Nos ha tomado tiempo, pero ya contamos con información suficiente sobre estos seres. Sabemos su nombre, sus intenciones y cómo planean alcanzarlas." Continuó Ajuka, dando un paso atrás y conjurando una pantalla. Dividiendo su atención entre las cámaras y la pantalla, comenzó a explicar los datos obtenidos. "Los seres que nos invaden se llaman Daedras y, como se les dijo antes, provienen de otro mundo. Este mundo, Aurbis, se divide en tres planos generales: Nirn, el plano de las razas mortales; Aetherius, el plano de los inmortales; y Oblivion, el plano de los Daedras. No conocemos su biología a fondo, pero sabemos que pueden ser heridos con cualquier arma, desde armas humanas normales hasta armas divinas."
Con cada palabra que Ajuka pronunciaba, iba mostrando imágenes y datos en la pantalla, detallando todo lo que sabían sobre los Daedras sin mencionar su principal característica de forma explícita, utilizando en cambio una media verdad.
"Para finalizar, me temo que, aunque pueden ser heridos por nuestras armas y hechizos, eliminarlos de manera permanente no es tan sencillo. Sin embargo, aunque esto suene desalentador, deben confiar en que estamos usando todos nuestros recursos para encontrar una manera de detener sus invasiones a nuestro mundo." Con estas palabras, Ajuka hizo una señal a las cámaras y cedió nuevamente el turno a su amigo.
Al ver que Ajuka le había dado paso, Sirzechs avanzó al frente. Mirando de nuevo a las cámaras, sabía exactamente qué debía decir.
"Ahora que han escuchado la explicación de Ajuka, muchos se preguntarán, ¿cómo es posible que haya habido invasiones y que no lo hayamos notado? La respuesta es sencilla… por ahora, esas invasiones no han alcanzado el inframundo; se han llevado a cabo en la Tierra. Algunos podrían pensar que, mientras no lleguen hasta aquí, no es tan grave. Pero me temo que se equivocan. La razón por la que las invasiones no han llegado a nuestras puertas es porque dos príncipes daédricos que estaban invadiendo han estado luchando entre ellos, usando el mundo humano como campo de batalla. Lamentablemente, parece que eso está por cambiar, y pronto los Daedras comenzarán a atacarnos a todos: demonios, ángeles, ángeles caídos, nórdicos, humanos… temo que todo lo que conocemos corre peligro de ser destruido."
Narró Sirzechs con voz grave, dándole a sus palabras un tono de emoción. "Sin embargo, aunque el panorama parezca sombrío, tenemos algo a nuestro favor. El pacto firmado en la ciudad de Kuoh no fue solo para traer la paz entre las facciones, sino para formar un frente unido que detenga las invasiones. Hasta ahora, hemos contado con un grupo formado por uno de los firmantes del pacto y un representante cercano de diversas facciones. Ellos, al igual que muchos nobles y personas importantes están reunidos aquí. Pero quiero hacer énfasis en una persona en particular."
Las palabras de Sirzechs confundieron a la audiencia, especialmente a aquellos que no estaban al tanto del tema de los Daedras y del grupo de Edzard. Todos comenzaron a preguntarse quiénes eran los miembros de ese grupo, pero, sobre todo, quién representaba a los demonios en ese equipo. También se preguntaban cuál sería el nivel de poder de estos individuos, entendiendo que debían ser fuertes, pero sin imaginar cuánto.
"Este individuo nos ha representado en ese grupo, y es la razón por la cual este anuncio fue postergado. Antes de siquiera pensar en quién es, quiero decirles a todos los que no la conocen y la verán por primera vez, que no la juzguen por el nombre o el apellido que lleva. Valórenla como individuo; no permitan que errores o atrocidades que ella no cometió nublen el juicio que puedan tener de ella." Sirzechs pidió con voz firme, mirando al frente. Sus palabras no buscaban generar simpatía hacia Ingvild, pues eso debía ganárselo ella misma, sino evitar que prejuicios empañaran la percepción de aquellos que escucharan sobre ella.
Luego de esas palabras, Sirzechs miró hacia un lado, y en ese momento, se abrió un portal, creado por la Shadowkey de Edzard. Aquello fue tan llamativo que todas las cámaras dejaron de enfocarlo a él y se dirigieron hacia el portal.
La tensión en el ambiente aumentó de inmediato; todos, desde los periodistas hasta los demonios presentes, esperaban ansiosos ver la apariencia de la chica. Esto se debía a que, si bien la Facción del Gran Rey había logrado descubrir su identidad, debido a que no había fotos de ella ni vivía en el inframundo, no pudieron averiguar su apariencia.
Lentamente, una sombra comenzó a surgir del portal. No era la figura de una sola persona, sino de dos, una sosteniendo el brazo de la otra. Cuando ambos emergieron completamente, el portal se cerró detrás de ellos, permitiendo que todos en la sala los observaran con claridad.
Los ojos de los presentes se abrieron con asombro al ver a las dos personas. Eran Ingvild y Edzard, quienes avanzaban con paso firme hacia el centro de la sala. La mayoría de las miradas se fijaron en Ingvild, quien lucía un elaborado peinado con una trenza alta adornada con gemas preciosas engarzadas. Vestía un hermoso vestido de satén azul claro, elegante pero sencillo, algo que Ingvild agradecía, ya que no quería llamar demasiado la atención. Los pocos adornos del vestido estaban en el corpiño, donde llevaba el símbolo del clan Leviatán bordado en hilo de oro y rodeado de motivos florales en hilos de plata. Las mangas eran largas y ajustadas, ciñéndose suavemente a sus brazos, y la falda caía como una cascada, creando movimientos sutiles y fluidos. Todo ello realzaba su belleza natural, y aunque Ingvild no podía verlo, caminaba con una sonrisa, sintiéndose más segura con su amado a su lado.
Edzard, a su vez, caminaba tranquilamente, con una mirada serena y un rostro inexpresivo, aunque no del todo rígido. Sus pasos eran calculados para no adelantarse a su compañera, pues sabía que ese momento era de ella. Iba vestido con un traje formal que consistía en un uniforme militar negro con detalles rojos en las mangas de la chaqueta. Los pantalones, ligeramente ajustados, eran también de color negro, y Edzard llevaba un par de botas de cuero con correas en forma de X. Una capa de lana negra caía sobre su hombro izquierdo, sostenida por una cadena de oro con un broche en forma de escudo, que mostraba la heráldica de los Cumberland. Había elegido este atuendo con una intención clara: mostrarse como un militar.
La razón por la que Edzard optaba por proyectar una imagen militar era simple: darle a Ingvild una sombra de poder como apoyo. Conocía los juegos de poder, y aunque la sociedad demoníaca era más igualitaria que muchas que había visto en Nirn, la realidad era que los nobles seguían comportándose de manera similar a los de su mundo. Para muchos, las mujeres eran vistas como menos fuertes en términos militares, y se esperaba que una figura militar acompañara a una noble en esos deberes. Por ello, decidió brindarle a su amada ese respaldo, no para gobernar sobre ella, sino para evitar que alguien intentara hacer algo imprudente.
"¡Las personas que tenemos ante nosotros son dos figuras importantes! La primera, la hermosa joven que avanza es la representante de los demonios en el grupo de vanguardia que ha luchado contra los Daedras. Ella es alguien que no conocen, alguien que no participa en los Rating Games, pero que, a su edad, ya posee un poder comparable al de los demonios de clase suprema." gritó Sirzechs, observando cómo los dos jóvenes se acercaban hacia él. Sabía lo que tenía que hacer ahora; sus palabras anteriores habían puesto a todos en el filo de sus asientos, y era momento de soltar la segunda bomba. "¡El nombre de esta joven demonio, que ha combatido a los Daedras en numerosas batallas, es Ingvild… Ingvild Leviatán, la última descendiente de uno de los Maous originales!"
El grito de Sirzechs trajo un repentino silencio a la sala, seguido de jadeos de sorpresa entre los presentes. Los periodistas miraban con los ojos abiertos de par en par, casi dejando caer sus equipos al suelo.
Toda la sala quedó en shock, nadie entendía cómo era posible que una descendiente de los Maous originales estuviera allí, entre ellos. Muchos no sabían cómo reaccionar ante esta revelación; sin embargo, unos segundos después, algunos aplausos comenzaron a escucharse.
El sonido no provenía de los líderes de las facciones del pacto, sino de los jóvenes demonios que habían luchado junto a Ingvild y sabían cómo era realmente. Este acto sorprendió a los demonios de mayor edad, asombrados de que la generación más joven pudiera aceptar a una descendiente de los antiguos Maous. No obstante, antes de que pudieran decidir si seguir el ejemplo de los jóvenes, las palabras de Sirzechs resonaron en sus mentes. Poco a poco, los presentes comenzaron a aplaudir, dándole una bienvenida calurosa a la joven.
Mientras el salón se llenaba de aplausos para Ingvild, un pequeño grupo permanecía en silencio, no porque no quisieran unirse a la celebración, sino porque observaban atentamente cómo ella era recibida por sus congéneres.
"Parece que ha sido aceptada con facilidad, Lord Zekram." susurró un demonio de aspecto juvenil al fundador de la Casa Bael.
El fundador del clan Bael tenía la apariencia de un hombre de mediana edad, con cabello negro y ojos violetas. Vestía un atuendo noble y mantenía una expresión serena. Zekram estaba sentado tranquilamente, con una pierna cruzada, observando cómo Ingvild se acercaba al estrado con su acompañante, alguien interesante a los ojos del viejo demonio. Sabía, al igual que los demás nobles, la identidad del joven y comprendía que poseía suficiente poder como para ser alguien que no debía subestimarse.
"Hmm… parece que ese muchacho y la joven Leviatán son más cercanos de lo que aparentan." comentó con molestia el actual Lord Bael, quien vestía ropa noble y tenía un cierto parecido con su hijo Sairaorg, aunque su expresión era menos amistosa.
"Sí, era de esperarse. Él fue quien la encontró y con quien ha estado viviendo. Es normal que hayan desarrollado un vínculo. De hecho, eso nos favorece." respondió Zekram con tranquilidad mientras observaba cómo la pareja llegaba al estrado y se separaba ligeramente, quedando Ingvild un paso delante de Edzard. "El clan Leviatán está prácticamente extinto, y solo queda esta chica. Aunque es una lástima perder a uno de los clanes más prestigiosos, no podemos permitir que uno de los clanes de los antiguos Maous recupere demasiado poder, ya que dividiría aún más el poder en nuestra sociedad."
Las palabras del fundador de los Bael subrayaban el hecho de que el linaje del clan de uno de los antiguos Maous se había reducido a un medio demonio, alguien cuya descendencia nunca sería de sangre pura sino mestiza, algo que la facción del Gran Rey no podía aceptar del todo.
"Es cierto, pero aun así, ella conserva el prestigio de su familia. Quizá podríamos-"
"¿Casarla con tu segundo hijo?" interrumpió Zekram con tono escéptico al escuchar la sugerencia de su descendiente. "No lo creo. Eso sería un error. La chica no tiene verdadero apego a nuestra sociedad ni mucha influencia. Sí, el apellido es bueno, pero su linaje ya está 'manchado'. Puedo respetarla por ser descendiente de Leviatán-sama, pero nada más. Ella no posee nada realmente, y si se casa con uno de los nuestros, obtendrá demasiado poder e influencia política."
Las palabras de Zekram provocaron murmullos entre los que estaban con él, quienes comentaban que tenía razón. Ellos, la facción del Gran Rey, valoraban las tradiciones aristocráticas y la pureza de la sangre demoníaca, por lo que incluir a alguien con sangre humana en sus venas, aunque fuera descendiente de un Maou, iría en contra de sus principios.
La conversación los hizo perderse parte del discurso de Ingvild, en el cual ella reafirmaba su lealtad y compromiso con la sociedad demoníaca. También se perdieron gran parte de sus referencias a los Daedra y a las batallas desde la primera invasión, narradas desde la perspectiva de alguien que había luchado en ellas. Sin embargo, volvieron a prestar atención al sentir una poderosa intención asesina dirigida hacia ellos.
Rápidamente, miraron al frente, casi preparados para conjurar círculos mágicos de defensa, creyendo que un ataque era inminente. No obstante, al observar con atención, se dieron cuenta de que nadie los estaba atacando.
"Eso fue extraño…" susurró Lord Bael mientras miraba a su alrededor, con los sentidos en alerta máxima.
"Sí, lo fue… pero parece que solo fue una ilusión." dijo un noble cercano al Clan Bael.
"Así parece." murmuró Zekram mientras volvía a sentarse, observando cómo Ingvild tomaba su lugar junto a Edzard mientras Sirzechs volvía al frente para hablar. "Parece que Gremory está por continuar. Supongo que hará ese tercer anuncio del que no hemos tenido conocimiento."
"Así parece… ¿qué será lo que anunciará?" preguntó Lord Bael mientras miraba al actual Lucifer prepararse para hablar.
"No lo sé, y eso es lo que me preocupa." admitió Zekram con molestia. El viejo demonio era muchas cosas: un político y alguien a quien le gustaba el poder, pero también era lo suficientemente sabio para reconocer a personas con habilidades excepcionales. Sin embargo, también era despiadado para eliminar a aquellos que amenazaran su poder, algo que había demostrado al eliminar sin titubear a Cleria Belial, una miembro de un clan perteneciente a su facción. Su mente estaba enfocada en descubrir, o al menos intentar comprender, qué era lo que anunciaría Sirzechs, sabiendo que sería algo importante, lo suficiente como para mantenerlo en secreto.
"Ahora que ya han conocido la identidad de la joven que nos representaba en el equipo de vanguardia, ha llegado el momento de anunciar el último gran anuncio." dijo Sirzechs, con una sonrisa en el rostro que mostraba alegría, algo que desconcertó a muchos, ya que no esperaban esa expresión después del primer anuncio. Esto provocó que todos estuvieran nuevamente expectantes. "Pero antes de decírselo, debo mencionar que esto no habría sido posible sin la ayuda de Edzard-kun. Él fue quien la encontró y, gracias a su ayuda, junto a la de dos de sus compañeras, hemos logrado estabilizarla."
Las palabras de Sirzechs hicieron que Zekram levantara una ceja con curiosidad. El viejo demonio no esperaba algo así, pero ahora todo comenzaba a tener un poco más de sentido. La razón por la que no había podido obtener información sobre este tercer anuncio había sido la intervención del joven.
'Parece que eres más peligroso y sutil de lo que pensaba.' reflexionó Zekram mientras miraba a Edzard con los ojos entrecerrados. El viejo no lo sabía, pero algo en su interior le decía que ese joven era peligroso, más de lo que cualquier otro individuo bajo su vigilancia. 'Después de este anuncio, tendré que mantenerlo bajo mayor vigilancia… tal vez lo mejor será acercarme a la joven Leviatán. Sí, eso es lo mejor… si logro ganarme su confianza, podría obtener algo de información sobre ese joven.'
Mientras el fundador del clan Bael comenzaba a formular un plan para obtener más información sobre Edzard, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Sirzechs soltó una noticia inesperada.
"¡Compatriotas, me complace anunciar que nuestra Reina, la esposa del Primer Lucifer, ha sido hallada y ahora mismo se encuentra recuperándose en el Hospital Conmemorativo de Serafall!" El grito de Sirzechs provocó asombro generalizado, especialmente en la facción del Gran Rey, y Zekram fue el más visiblemente afectado.
Los ojos del anciano demonio se abrieron al máximo, sorprendido por lo que acababa de escuchar. Lentamente, comenzó a levantarse de su asiento. El cuerpo de Zekram temblaba, no de miedo, sino de ira, una ira que no se calmaría fácilmente. La razón era simple: sentía que esos "mocosos" lo habían insultado gravemente al ocultarle, a él, el líder de facto del inframundo desde la caída de los Maous originales, una información de tal magnitud.
"¿Zekram-sama?" preguntó el actual Lord Bael, temeroso, mientras miraba con asombro los ojos asesinos de su ancestro, que miraban fijamente a Sirzechs y a los otros demonios.
"Esos mocosos… ¿cómo se atreven a hacerme esto?" murmuró Zekram con furia mientras apretaba los puños.
Aun así, pese a su enojo, no hizo ningún escándalo visible, pues su mente comenzó a maquinar cómo hacer sufrir a esos mocosos. La ira que sentía no solo se debía a que se habían atrevido a pasar sobre él en un tema tan delicado como el de Lilith, sino también porque sabía que esto le quitaría mucha influencia, tanto a él como a su familia y a su facción.
'Tengo que hablar con Lilith-sama lo más pronto posible. No puedo dejar que esos mocosos la convenzan de ponerse de su lado; de lo contrario, todo lo que he construido se esfumará como un castillo de naipes ante el viento.' pensó Zekram, reflexionando sobre cómo acercarse a ella. 'Dejaré de lado por el momento a la joven Leviatán y me enfocaré únicamente en ganarme a Lilith-sama; si no, el status quo de los demonios se verá sacudido'.
Mientras cavilaba sobre cómo aproximarse a Lilith, no notó que varios ojos se posaban en él y en su facción en esos momentos.
"Parece que el viejo se ha tragado un limón amargo." comentó Mittelt, con una sonrisa de oreja a oreja al ver la ira mal disimulada en el rostro de Zekram Bael.
"Claro que está enojado; esto cambia la política de poder en el Inframundo… al menos para los demonios." añadió Rossweisse, mirando preocupada al resto de la facción del Gran Rey. "Me preocupa lo que esto puede causar."
Las palabras de Rossweisse fueron seguidas de varios asentimientos, pues todas pensaban lo mismo.
"Es cierto; esto puede ser bueno o malo, y todo dependerá del momento en que Lilith despierte." dijo Valerie en voz baja mientras sostenía una mano en uno de sus ojos, usando a uno de sus murciélagos para espiar más de cerca a los demonios de la facción del Gran Rey. "Y sí, están enojados, especialmente el progenitor de los Bael."
"¿Qué tanto?." preguntó Asia, mirando a su amiga con los ojos expectantes.
"Mucho. Pero debo reconocérselo, lo está disimulando bien."
"Pff… ¿qué esperabas de ese anciano? Estamos hablando de quien literalmente es el líder de facto del infierno, al menos hasta que Lilith regrese." comentó sarcásticamente Mittelt, sin dejar de mirar fijamente a los de la facción del Gran Rey.
"Parece que le tienes algo de bronca. ¿Se puede saber por qué?." preguntó Lint, con curiosidad, pues no era normal ver a Mittelt mostrar tanta aversión hacia alguien.
"Ninguna en específico, pero hay algo en él que no me da buena espina."
"Mittelt, mucha gente de la que conoces no te cae del todo bien y sientes que no te da buena espina." comentó Aika, sonriendo divertida al ver a su amiga tan irritada. "¿O no recuerdas cómo tratabas a Karna cada vez que lo veías hasta hace poco?"
Al oír las palabras de su amiga, Mittelt se sonrojó de vergüenza y desvió la mirada de forma brusca.
"Umm… tenía todo el derecho a desconfiar de Karna. Estábamos hablando de un exmiembro de la Khaos Brigade, no de un tipo al azar que Ed conoció en la calle."
La respuesta de Mittelt fue seguida por risitas de las demás chicas, quienes encontraban divertido recordar cómo su amiga solía molestar a Karna hasta hace poco. Si bien aún tenían sus reservas respecto a él, sabían que Ed no confiaría en alguien tan fácilmente, no después de lo que sucedió en el Sagrario del Velo de la Nieve.
Las chicas se habían horrorizado cuando supieron cómo Edzard había sido traicionado por quien era su mentor en aquel entonces, y muchas de ellas juraron que, de no ser porque ese miserable ya estaba muerto, ellas mismas lo matarían. Aun así, les sorprendió cuando Edzard decidió contarles la historia. Fue un día cualquiera; les pidió que fueran al arroyo, y ahí fue donde Ingvild le preguntó sobre la cicatriz cerca de su corazón. Al principio, esperaron que él se rehusara a hablar, pero por alguna razón decidió contarles cómo se la hicieron.
"Aún me sorprende lo que ha tenido que vivir Ed." comentó Lint con algo de tristeza mientras miraba sus pies. "No creo tener la fortaleza para seguir adelante como si nada tras una traición así."
"Sí, yo tampoco… ser apuñalado y abandonado por quien considerabas un maestro… eso no es algo de lo que alguien se recupere del todo." agregó Rossweisse mientras observaba a Edzard junto a Sirzechs, mientras Serafall explicaba el estado en el que Lilith había sido encontrada y su evolución desde entonces.
"¿Creen que los Bael harán algo estúpido?." preguntó Lint, con curiosidad en la voz, tratando de desviar la conversación hacia un tema más inmediato.
"No lo creo… al menos, el fundador del clan no lo hará." respondió Valerie rápidamente, manteniendo a su murciélago observando a los demonios.
"¿En serio? ¿Por qué lo crees?." preguntó Aika.
"Es fácil… uno no alcanza tanto poder político sin saber qué pasos dar y cuáles evitar." respondió Asia, mirando a la facción del Gran Rey con los ojos entrecerrados. "No sé mucho sobre política, pero esos tira y afloja de poder entre facciones internas tienen no solo actores principales, sino también carnada o señuelos… puede que Zekram no actúe, pero eso no significa que no usarán a alguien para desviar la atención de lo que planean."
Las palabras de Asia preocuparon a sus amigas, pues notaron un tinte de veneno e ira en su tono. La razón era sencilla: sabían que Zekram había ordenado la muerte de Cleria Belial, la mejor amiga de Zephyra.
Las chicas miraron con inquietud cómo los ojos de Asia parpadeaban, alternando entre su color verde normal y el rojo que solía aparecer cuando sus emociones se intensificaban.
"Asia, por favor… tranquilízate…." pidió Valerie con preocupación.
"Val tiene razón, Asia-chi." añadió Aika, acercándose a su amiga y abrazándola por la espalda. "No es bueno que estés así… debes dejárselo a Ed. Él se encargará de que ese bastardo pague lo que hizo."
Las palabras de Aika lograron su cometido, calmando a Asia, quien dejó de mirar al frente. Soltando un suspiro, estuvo a punto de agradecerle a su amiga, pero se detuvo bruscamente al sentir cómo las manos de Aika se dirigían a sus pechos y comenzaban a amasarlos.
"Ara, ara~… parece que tus senos han crecido un poco, Asia-chi~." susurró Aika en el oído de Asia mientras le masajeaba suavemente los pechos.
"A-Aika, p-para…~." susurró Asia entre gemidos, sintiendo cómo su amiga comenzaba a deslizar su mano por el corpiño de su vestido. Sin embargo, antes de que la aprendiz de Lavinia lograra tocar directamente los pechos de Asia, se detuvo de forma abrupta.
¡Pummm!
"¡Owie!" fue el gritito que soltó Aika tras un golpe seco que la obligó a soltar a su amiga.
Al sentirse liberada, Asia rápidamente volteó y vio que quien había golpeado a Aika era Rossweisse, quien tenía un marcado sonrojo en el rostro y una mano extendida.
"¿Por qué me golpeaste, Rossweisse-sensei?." preguntó Aika, llevándose una mano a la cabeza para sobarse donde Rossweisse había impactado.
"¿Por qué? Eso es simple: no puedo dejar que hagas algo tan vergonzoso aquí." gruñó Rossweisse, molesta, mientras miraba a su estudiante.
"Solo estaba jugando, no es para tanto." replicó Aika mientras se sobaba la cabeza.
"Puede ser un juego, pero hay lugares para jugar, y este no lo es."
Las palabras de Rossweisse hicieron que Aika parpadeara un segundo, para luego esbozar una sonrisa mientras se acercaba a ella. Rodeándola, comenzó a susurrarle suavemente.
"Ya veo… estás celosa~." dijo Aika con una sonrisa fija en su rostro. "Tranquila, ya llegará tu turno para saber cómo se siente… por ahora tendrás que esperar, hoy es la noche de In~."
Tras decir esto, Aika le dio una palmada en el trasero a Rossweisse, provocando que esta se sonrojara y se tapara la boca para evitar soltar un gritito que podría convertirla en el centro de atención.
Luego de aquello, Aika se movió raudamente para alejarse de Rossweisse, pues cuando ella dejó de taparse la boca, comenzó a perseguirla. Mientras Aika escapaba de Rossweisse, sonreía, encontrando divertido lo que había hecho.
Mientras tanto, Asia observaba la escena con una sonrisa y unió sus manos. Al final, sabía que su esposo se encargaría del asunto de Cleria, por lo que ella solo debía cumplir con la petición que él le había dado antes de que comenzara la ceremonia. Así que, por ahora, mantendría la vista en los miembros de la facción del Gran Rey, observando atentamente todo lo que hacían para que Edzard supiera si estaban planeando algo.
La noche estaba en su punto más alto, habiendo pasado ya la medianoche. En los barrios de la ciudad, los civiles se habían reunido, comentando las dos revelaciones que habían ocurrido esa noche. Todos suponían que el anuncio sería importante, pero no se esperaban que fuera tan trascendental. La noticia sobre los daedras se había propagado como pólvora, siendo el tema principal de conversación entre quienes tenían una mentalidad marcial. Sorprendentemente, muchos ciudadanos, especialmente los más jóvenes, estaban algo emocionados por las invasiones, pues eso implicaba una oportunidad para que muchos buscaran la gloria en la batalla.
Otro de los temas más comentados era el regreso de alguien que debería pertenecer a la facción de los antiguos maous, ya que nadie esperaba que una descendiente del antiguo maou Leviatán estuviera del lado de los nuevos maous. Aquello había sido un golpe inesperado, pero las palabras del actual Lucifer y de la propia chica convencieron a la mayoría de los ciudadanos de que ella realmente no era como sus congéneres. Finalmente, la noticia de que Lilith había sido encontrada con vida y estaba siendo tratada para su pronto despertar generó dos reacciones: por un lado, cautela y preocupación, pues nadie sabía cómo afectaría la dinámica del poder; y, por otro, alegría y euforia, ya que una de las líderes principales de los demonios había regresado.
Mientras los ciudadanos estaban inmersos en sus conversaciones sobre lo revelado en la ceremonia de Sirzechs, en una habitación del palacio, una muy nerviosa Ingvild dividía su mirada entre la televisión de la habitación y la puerta del baño. Se sentía inquieta por quedarse a solas con Edzard esa noche. Aunque ya había compartido cama con él antes, en esas ocasiones también habían estado presentes el resto de las chicas. Esta vez, sin embargo, sería diferente. Aunque no había pasado mucho tiempo desde que iniciaron su relación, ella ya deseaba ser más física con él, un impulso alentado por sus amigas, quienes ya tenían experiencia en ese ámbito. Por eso, ellas decidieron regresar al palacio, dejándolos solos a los dos.
'A ver, tranquilízate, Ingvild… no es nada del otro mundo… solo vas a tener tu primera vez con el hombre del que te enamoraste… así que no hay razón para preocuparse… ¡¿A quién engaño?! ¡Estoy muy nerviosa!' pensó Ingvild, quien estaba sentada en la cama, vestida únicamente con un camisón algo revelador, regalo de Aika. Ella se había duchado primero, por lo que Edzard aún no sabía que estaba vestida así; sería una sorpresa.
Los nervios de la joven aumentaron cuando escuchó el sonido de la ducha al cerrarse y el suspiro que soltó Edzard. Aquello le indicó a Ingvild que él ya había terminado y que el momento estaba cerca. Al oír la puerta del baño abrirse lentamente, miró en esa dirección y vio a su novio salir, vestido solo con una toalla, lo que dejaba a la vista su cuerpo. A pesar de haber visto sus cicatrices en varias ocasiones, nunca dejaba de intimidarle el hecho de que alguien de su edad tuviera tantas marcas en la piel.
"¿Aún no te has acostado a dormir?" preguntó Edzard, sorprendido al ver a Ingvild todavía despierta, ya que pensaba que ella se habría dormido, dado lo tarde que era. Además, sabía que tendría un día ajetreado hablando con algunos nobles, lo cual era la razón por la que no había regresado a «Brondovahnor», el reino que Edzard había creado. A sus hijas les había gustado el nombre, que significaba «Tierra de dragones del Norte», así que esa fue la elección definitiva.
"N-no tenía sueño." respondió Ingvild de manera algo tímida, sin dejar de mirar a Edzard.
La respuesta de Ingvild confundió a Edzard, pues la había visto bostezar varias veces antes de ingresar a la habitación. Así que, mirándola más de cerca, notó las cintas negras de su brasier, algo que lo hizo fruncir el ceño mientras enfocaba mejor la vista. Al observarla con más detalle, se dio cuenta de que no llevaba la ropa de dormir habitual, sino que seguramente llevaba puesto un baby doll.
Al darse cuenta de esto, entendió por qué sus otras amantes le habían sugerido que se quedara a apoyar a Ingvild con las reuniones del día siguiente.
'No puedo creer que me hayan engatusado tan bien sin que me diera cuenta… supongo que es porque realmente bajo la guardia cuando estoy con ellas.' pensó Edzard, negando con la cabeza mientras reflexionaba sobre la astucia de sus amantes. Aun así, volvió a mirar a Ingvild, observando cómo se movía con algo de incomodidad.
"Ingvild, sé lo que estás pensando… y déjame decirte algo… no debes forzarte a dar este paso si aún no te sientes lista." dijo Edzard con voz amable mientras se acercaba a su novia con pasos lentos.
Las palabras de Edzard parecieron hacer que Ingvild se sintiera aún más incómoda de lo que ya estaba.
"¿Te diste cuenta?" preguntó la medio demonio mientras lo miraba acercarse.
"Sí, aunque me demoré bastante… si no fuera porque te vi usando esta ropa, no me habría dado cuenta." respondió Edzard con una sonrisa incómoda.
"Je, je…" río Ingvild en voz baja, encontrando divertida su respuesta. "Sí, Asia mencionó eso… dijo que eres muy lento cuando se trata de romance."
Al oír aquellas palabras, Edzard también sonrió, ya que era cierto. Asi que caminando más, terminó por sentarse al lado de Ingvild. Al hacer ello, el vio el traje que estaba usando. El Baby Doll que estaba usando estaba hecho de un traslucido tul color violeta, un color que también predominaba de la ropa interior de encaje que tenía bajo esa ropa.
¡Glup!
Edzard trago un poco de saliva al ver el cuerpo de Ingvild en ese estado. Él sabía muy bien que ella no solo era hermosa, sino que también tenía un cuerpo bien proporcionado, algo que emocionaría a cualquier hombre que la viese… incluso, el, alguien que solía tener un buen control sobre sus emociones… o al menos lo había tenido antes de conocer a Issei…
'¡Maldita sea, Issei! ¡Me estas contagiando tu pervertides!' gritó mentalmente Edzard, quien sintió que su sangre comenzaba a bombear con mucha más fuerza. Él se quedase quieto como una estatua, observando a Ingvild detalladamente.
"¿Ed?" preguntó Ingvild con voz preocupada al ver a su novio quedarse quieto, pero luego se sonrojó al darse cuenta de que este la estaba mirando de manera intensa. Lentamente, sintió que su rostro se calentaba, comenzando a taparse el cuerpo con las manos.
'Sabía que esto era demasiado…' pensó con vergüenza Ingvild mientras desviaba la mirada de su novio, el cual no dejaba de verla en todo momento.
"E-E-Ed… Es un poco vergonzoso que me mires así…" Susurró Ingvild mientras trataba de desviar el rostro. Sin embargo, sintió una mano en su rostro, la cual evito que ella mirase hacia otro lado.
"¿Por qué te da vergüenza que te mire…?" preguntó Edzard acercando su rostro al de Ingvild lentamente.
"P-p-p-p-porque…" intentó responder Ingvild mientras sentía su corazón latir más fuerte mientras miraba a su novio acercarse más a ella.
Tras ese intento de decir algo, los labios de ambos se encontraron y sin mediar un solo segundo, comenzaron a besarse. Lentamente, las manos de ambos comenzaron a rodear el cuello del otro, para cuando lo lograron, el beso aumentó de intensidad.
Mientras se seguían besando, Edzard empujó a Ingvild hacia la cama, quedando por encima de ella. Al sentir el peso extra, Ingvild envolvió las piernas alrededor de la cintura de Edzard, acercándolo aún más a ella.
Ellos se quedaron en esa posición un buen tiempo, besándose. Cuando se separaron, ambos tenían los ojos ligeramente vidriosos, signo de que ambos estaban cayendo en la lujuria.
Al verse a los ojos, Edzard se acercó y comenzó a darle besos a Ingvild en el cuello.
"Ed~" gimió Ingvild al sentir como su novio comenzaba a besarla en el cuello, para luego darle un ligero mordisco en el lóbulo de la oreja. Aquello hizo que ella moviese sus manos y las colocara en la cabeza de Edzard, jalando sus cabellos por unos instantes.
La acción de Ingvild debería de haberle causado a Edzard algo de incomodidad, pero aun así él no se detuvo. Cuando a fin se separó, miró a los ojos a Ingvild.
"Eres hermosa…" susurró Edzard para luego volver a capturar los labios de Ingvild, salvo por la diferencia de que esta vez, el no solo se contentó con esto, sino que movió su mano izquierda y con ella capturó uno de los pechos de Ingvild.
Edzard sentía aquellas grandes masas moverse suavemente bajo su mano, arrancando varios gemidos de Ingvild, los cuales fueron amortiguados por el beso que estaban compartiendo. Cuando dejaron de besarse, Edzard estuvo por arrancarle el Bay Doll a Ingvild, pero esta lo empujó, haciendo que el cayera en la cama.
Aquella acción sorprendió ligeramente a Edzard, confundiéndolo, pero esa confusión se esfumó cuando vio como Ingvild se quitaba el Baby Doll y tras lanzarlo a un lado, procedió a quitarse el brasier.
La prenda que cubría los pechos de Ingvild cayó grácilmente, permitiéndole a Edzard mirar casi la total gloria de su novia desnuda. Los pezones rosados que coronaban los pechos de Ingvild estaban erectos, lo que indicaban que ella estaba completamente excitada.
Los ojos de ambos amantes se cruzaron por un segundo, tras el cual, Ingvild no perdió tiempo y se colocó sobre su novio. Sentándose a horcadas sobre él, ella sintió el bulto que se había formado en la entrepierna de Edzard, lo que la hizo sonreír.
"Parece que alguien esta emocionado…~" susurró con alegría Ingvild mientras miraba a su novio a los ojos.
Al oír esas palabras, Edzard estuvo por responderle, pero no pudo hacer nada, ya que, ella comenzó a mover sus caderas, provocando que sus entrepiernas se rozasen. Aquello provocó que Ingvild comenzase a gemir suavemente, mientras miraba a Edzard a los ojos, el cual no perdió el tiempo y comenzó a amasar los dos pechos de Ingvild.
Lenta y constantemente, ella siguió moviendo sus caderas y Edzard siguió jugando con sus pechos y sus pezones.
La habitación comenzó a llenarse cada vez mas de gemidos. Mientras Ingvild seguia en lo suyo, Edzard se levantó y atrapó uno de los pezones de Ingvild con la boca, comenzado a succionar el pezón. Aunque, cada cierto tiempo, también lo mordisqueaba.
"Ahhh~ Ed~" gemía Ingvild mientras sentía como su novio succionaba uno de sus pezones, para luego soltar un grito cuando él le dio un suave mordisco. "¡Ed~!"
El gritó de Ingvild fue acompañado por un espasmo de su cuerpo, algo que sorprendió a Edzard, quien supo lo que había pasado. Por ello, levantó el rostro y mirándola a los ojos, colocó una sonrisa divertida en el rostro.
"¿No me digas que has tenido un orgasmo solo con esto~? Vaya, parece que eres una pervertida~" susurró Edzard a los oídos de Ingvild, lo que provocó que ella se sonrojase bastante
"N-n-no, no soy una- ¡Ahhh~!" las palabras que ella estaba por decir murieron en su garganta cuando Edzard pellizcó su pezón derecho.
"No~, si lo eres…" susurró Edzard tras dejar el pezón de Ingvild para luego empujarla suavemente hacia la cama. "¿Y sabes que es lo mejor?"
"Q-q-que…" susurró Ingvild con algo de vergüenza mientras miraba a los extraños ojos de su amante.
"Que eres mi pervertida…" Susurró Edzard con voz melosa para luego comenzar a besar el esternón de Ingvild, bajando cada vez más con cada beso.
Los besos de Edzard provocaron pequeños espasmos en Ingvild, la cual solo atinaba a gemir cada vez que sentía que él llegaba más abajo. Cuando sintió el cálido aliento de Edzard por encima de sus bragas, sus ojos se abrieron, pero antes de que siquiera pudiese decir o hacer algo, Edzard procedió a mover con sus dientes la tela que le impedía ver su sexo.
Tras ello, Edzard introdujo su lengua dentro de Ingvild, procediendo a darle ligeras lamidas, tanto en el interior como a todo el alrededor del coño de Ingvild, provocando que esta comenzase a moverse mientras gemía.
"E-E-Ed~ P-p-para~" eran los susurros que se podían oír entre los gemidos que soltaba Ingvild. Sin embargo, su amante no le hizo caso, si no que continúo haciendo tan diligente trabajo que la visión de Ingvild comenzaba a nublarse lentamente.
'N-no, no puedo seguir así… si seguimos así, quedare inconsciente…' pensó Ingvild con algo de pánico, el cual era minúsculo en comparación con el placer que sentía. El pánico surgía del hecho de que aún no habían llegado a la parte importante de lo que estaban haciendo, y ella ya sentía que se desmayaría.
Edzard, quien desconocía los pensamientos de su amante, siguió en lo suyo, encontrándose feliz en que su novia estuviese disfrutando de esto. Sin embargo, se detuvo cuando sintió que ella lo tomaba del cabello.
"Ay, ay, ay… eso duele…" susurró Edzard cuando sintió como Ingvild le jalaba el cabello. Lentamente, levantó la mirada, mirándola a los ojos. Cuando la vio, se dio cuenta de que ella no estaba del todo consciente. "¿In?"
La pregunta de Edzard estaba cargada de preocupación, tanto que ello disipó la lujuria que sentía en ese momento.
"N-no quiero que sigas así, Ed…" pidió Ingvild con algo de dificultad mientras soltaba los cabellos de su novio. Aquellas palabras confundieron a Edzard por un segundo, haciendo que se sintiera algo mal por lo que había estado haciendo. Sin embargo, antes de que el pudiese sentirse aún peor, ella volvió a hablar. "Quiero que me hagas tuya ahora…no quiero más juegos… por favor…"
El rostro de Ingvild se había sonrojado bastante mientras ella decía esa frase, tanto que su aliento salía como vapor caliente, algo raro, ya que no estaba tan frio el ambiente. Aun así, aquella petición hizo que Edzard se sorprendiera, pero cuando su cerebro terminó de procesar todo ello, puso una sonrisa. Lentamente, aquella lujuria, que había sido disminuida cuando pensó que Ingvild se estaba sintiendo incomoda por lo que estaba haciendo, volvió con más fuerza. Gateando hasta estar justamente encima de ella, le miró con ojos amorosos, pero depredadores a la vez.
"Ya veo… y yo que pensaba que no te gustaba lo que te estaba haciendo… ahora resulta que solo estabas desesperada porque te desvirgue…" susurró Edzard con diversión en su voz mientras se quitaba la toalla y los bóxer que tenía por debajo. Acercándose a ella, comenzó a darle unos pocos besos en su boca, para luego mover y colocar cada uno de sus brazos por debajo de las rodillas de Ingvild. "¿Estas segura de que quieres continuar?"
"Si… estoy segura…" Susurró Ingvild con una sonrisa en su rostro.
Al oír aquella palabras, Edzard alineó su verga frente al coño de Ingvild y de un solo movimiento, se introdujo dentro de ella. Un ligero siseo salió de los labios de Ingvild al sentir como era desvirgada, a la par que una ligera línea de sangre comenzó a correr desde su coño, manchando las sábanas.
Edzard se quedó quieto, disfrutando de la estrechez que tenía el coño de su novia. Por su lado, Ingvild estaba algo incomoda, no porque no sintiese placer, sino por que sentía algo raro tener algo allí dentro. Tras unos pocos segundos, la sensación de incomodidad se detuvo. Al sentir aquello, ella simplemente miró a su novio a los ojos y sonrió, dándole a si la señal de que podía moverse.
"Ahhh~" fue el gemido que salieron de los labios de Ingvild y de Edzard cuando este último comenzó a mover sus caderas.
Los movimientos de Edzard eran lentos y suaves, pero aun así, provocaron que Ingvild sintiese que corrientes eléctricas correr desde su coño hasta su cerebro. Por su lado, Edzard miraba de manera hipnótica como con cada embestida los pechos de Ingvild se balanceaban de un lado a otro.
"Ed~ Sigue~ Por favor, no quiero que pares nunca~" gimió Ingvild mientras apretaba las sábanas de la cama con fuerza.
"Claro, querida." Susurró Edzard con una sonrisa en el rostro. "Tus deseos, son ordenes~"
Tras ello, Edzard aumento la intensidad de sus embestidas, provocando que la habitación se llenase de sonidos de carne golpeando, siendo acompañados por los gemidos de Ingvild.
Edzard mantenía las piernas de Ingvild ligeramente levantadas para poder follarla mejor, pero de un momento a otro, se detuvo.
"¿Ed?" preguntó Ingvild con la respiración algo cortada, pues estaba agitada por el ejercicio que estaban haciendo.
La respuesta de Edzard a las palabras de su amante fue hacerla girar suavemente, dejándola de lado. Moviendo su mano, el levantó la pierna izquierda de Ingvild y con un rápido movimiento, volvió a introducirse en ella.
"Ohhh~" fue el gemido que soltó Ingvild al sentir como sus entrañas eran invadidas nuevamente.
"Me siento más cómodo follándote así~" susurró Edzard al momento en que comenzó a volver a mover sus caderas. "Esto se siente, mejor, ¿Verdad? ~"
"S-s-si~ E-e-esto se siente mejor~" susurró Ingvild en respuesta para luego girar la cabeza y besar a Edzard.
Ambos continuaron besándose mientras Edzard seguia entrando y saliendo de Ingvild, provocando más gemidos por parte de ella. Tras estar en esa posición unos pocos minutos más, Edzard volvió a la posición del misionero.
"¡Ahhh~! ¡Ahhhh~!" los gemidos de Ingvild comenzaron a aumentar de intensidad y en cantidad, pues estaba cerca de volver a llegar a otro orgasmo.
"¿Estas por volver a venirte?" preguntó Edzard de manera picara mientras sonreía y miraba a los ojos de su novia. Sin embargo, la respuesta que recibió no fue un sí o un no, solo mas gemidos por parte de su novia. Al ver esto, Edzard sonrió divertido y aumentando aún más la velocidad de sus estocadas, siguió penetrando a su novia.
Pese a que había aumentado su velocidad, el aun no estaba haciendo uso de mucha fuerza, pero aun así, eso era suficiente para hacer que Ingvild dejase de lado la decencia y ansiase más.
"Ed~ ¡Mas rápido, más fuerte!" gritó Ingvild mientras cerraba sus piernas alrededor de la cintura de Edzard. El rostro de la joven demonio estaba rojo y sus ojos vidriosos. Su cabello era una maraña sudorosa, y dicha imagen no hizo más que encender aún más la lujuria de Edzard.
El hijo de Akatosh comenzó a sentir que perdía el control de sus instintos al oír y, sobre todo, ver a su amante en ese estado. Lentamente, sus ojos comenzaron a volverse dorados, siendo ese momento en que finalmente Edzard comenzó a ir con todo.
"¡Ohhh~!" fue el gemido que soltó Ingvild en el momento en que Edzard cambio el ritmo y la fuerza con la que la penetraba. El dejó de ser un tanto rápido y suave para pasar a darle estocadas más fuertes y rápidas, las cuales provocarían que ella comenzase a sentir que varias corrientes eléctricas recorrían su cuerpo.
"¡Si, así~! ¡Sigue así, Ed~!" gritó Ingvild con una sonrisa en el rostro mientras sentía mucho placer al sentir como su novio la estaba llenando. El placer era tanto que ella sentía que podía morir en ese momento y no le importaría.
Al oír aquello, Edzard comenzó a sonreír de tal manera que parecía más una bestia que un hombre. Sus ojos reflejaban nada más que el primitivo instinto de aparearse e impregnar a su pareja. La cama en la que estaban se movía conforme Edzard seguia fallándose a Ingvild. Él estuvo haciendo eso, hasta que finalmente, soltó un gruñido cuando sintió que las paredes internas de Ingvild se apretaban alrededor se su verga.
"Ed~ ¡M-me, me vengo ¡Haaaa~!" fue el grito que soltó Ingvild al alcanzar un nuevo orgasmo, abrazando a su novio. Aquel orgasmo fue tan fuerte que ella clavó sus uñas en la espalda de Edzard e hizo que sus paredes internas apretasen aún más, lo que hizo que Edzard también alcanzara el orgasmo.
"Aghh…" gruñó Edzard antes de morder el hombro de Ingvild, clavando sus colmillos mientras llenaba el útero del último miembro del clan Leviatán con todo el semen que podía en ese momento.
Los ojos de Ingvild se abrieron como platos en el momento en que Edzard la mordió. Ella, que había estado a punto de desfallecer tras esta ronda de sexo con su novio, sintió nuevas fuerzas, pero no solo eso… dentro de ella, sus emociones se volvieron más caóticas y sensibles. Esto hizo que cuando Edzard se separase de su hombro, ella tomase sus labios en un profundo beso, en el cual saboreo su propia sangre.
Cuando se separaron, ya no era solo Edzard quien tenía una mirada y un sonrisa casi animal, sino que la misma Ingvild tenía una similar, no tan feral como la de Edzard, pero si una que haría dudar a quienes la conocían que ella era misma.
Sin perder un solo segundo, volvieron a besarse y Edzard volvió a introducirse dentro de ella, comenzado nuevamente a copular. En su interior, la parte racional que aún quedaba de ellos en este momento supo que esto duraría hasta el amanecer.
Artaeum - Nirn 5 E
La isla de Artaeum, la tercera isla más grande del archipiélago de Isla Estivalia, albergaba la Torre de Ceporah, sede de la Orden Psijic. La Orden Psijic, la orden de magos más poderosa de todo Nirn, donde todos sus integrantes tenían el potencial de causar verdadera destrucción solo con el uso de la magia, era considerada la primera orden monástica de Tamriel. Conformada en su mayoría por Altmer, su objetivo era ayudar y proteger al mundo en tiempos de cambio.
En la Torre de Ceporah, una enorme estructura blanca de varios pisos de altura, se encontraba el Consejo de Artaeum, el organismo que lideraba a los Psijic. En el estudio personal del Maestro de Ceremonias, un Altmer anciano meditaba en profunda concentración.
El Altmer, actual Maestro de Ceremonias, empleaba sus poderes para vislumbrar el futuro, o al menos una parte de él. Este maestro, con más de trescientos años de vida, había sido testigo de eventos cruciales en el mundo, como la Crisis de Oblivion, la Ascensión de los Thalmor, la instauración de los Mede como emperadores, la Primera Gran Guerra, la Guerra Civil de Skyrim, el regreso de los Dragones, la reaparición del Ojo de Magnus y la Segunda Gran Guerra. Durante todos esos acontecimientos, el anciano había observado con especial interés a los héroes que surgían en Nirn. Había visto al Héroe de Kvatch convertirse en Sheogorath, al descendiente de este vencer a Alduin y luchar en la Segunda Gran Guerra… y, en todo ese tiempo, siempre supo que había algo extraño en el joven Edzard.
No conocía la razón, pero para el Maestro de Ceremonias, Edzard era una pieza anómala en el gran esquema de Nirn. Aunque no tenía certeza, intuía que había algo raro en él. Sin embargo, dejó de pensar en Edzard cuando abandonó el mundo mortal junto a su pareja e hija, algo que consideró una pérdida para su orden, pues pensaba ofrecerle una invitación formal. Desde entonces, había dejado de prestarle atención, ya que no había razón para vigilar a alguien que estaba fuera de los límites del plano de los mortales, e incluso, de los planos superiores. Sin embargo, eso cambió hace varios meses, cuando una onda de poder desconocida sacudió los cimientos de todo Aurbis, forzando el regreso de la Isla de Artaeum al plano físico.
Desde el momento en que la orden volvió al mundo mortal, el Maestro de Ceremonias no perdió el tiempo y envió a sus mejores miembros a investigar, tanto en la biblioteca como en distintos lugares de Nirn. Lamentablemente, no habían logrado encontrar nada sobre el significado de ese pulso de poder que se sintió.
'Mmm… nada… por mucho que intente mirar al futuro, no puedo vislumbrar qué pudo haber causado esa onda de poder tan aterradora.' pensó el anciano Altmer con preocupación. Recordó la esencia de aquel poder… algo similar al de los Daedras, pero aún más caótico, oscuro y maligno; un poder que podía cambiar el mundo, pero no de la manera controlada que ellos buscaban, sino de un modo radical y destructivo.
Los ojos del anciano comenzaron a moverse, ya que estaba a punto de interrumpir su meditación. Tras tanto tiempo sin hallar respuestas, parecía inútil seguir intentando. Sin embargo, antes de que cerrase su hechizo, ante él se manifestó una de las visiones más aterradoras que había presenciado: vio el mundo de Nirn en llamas, montañas formadas por cadáveres de las razas mortales… y una batalla que solo podía describirse como apocalíptica.
Cuando la visión terminó, el anciano cayó al suelo de forma aparatosa, pues estaba levitando momentos antes. Sus ojos, abiertos como platos, reflejaban el más primitivo terror.
"Por nuestros ancestros… ¿qué fue eso…?" susurró con miedo, mirando sus manos temblorosas como hojas sacudidas por los feroces vientos invernales. También sintió cómo sus ropas se humedecían con un sudor tan frío como las aguas del Mar de los Fantasmas, en las costas de Atmora. Aquel frío le ayudó a recobrar un poco la calma, dándole la oportunidad de levantarse.
Lentamente y con esfuerzo, se incorporó. Mirando a su alrededor, buscó una hoja para escribir detalladamente lo que acababa de ver, pues la mente es frágil y, en el estado en que estaba, era probable que olvidara lo sucedido.
Llegó hasta su escritorio, tomó una hoja y rápidamente anotó los puntos importantes de su visión. Cuando terminó, soltó un suspiro, pero antes de que pudiera analizar lo que había visto, sintió que uno de los miembros de la orden empleaba telequinesis para comunicarse directamente con él.
'¿Qué sucede, Nerien? ¿Por qué me interrumpes cuando ordené que no me molestaran salvo que se tratase de la investigación de aquel pulso de poder?'
'Lo lamento, mi señor… pero hay alguien, alguien que ha venido a veros.'
La respuesta de Nerien, uno de los miembros más activos de la orden mientras la isla permanecía en otro plano, desconcertó al Maestro de Ceremonias. Sabía que Nerien no era de los que desobedecían órdenes sin una buena razón, lo que le llevó a preguntarse de quién se trataba.
'¿Quién es?'
'Es vuestra hermana, mi señor… la Nerevarina desea hablar con usted.
Nota de autor:
A los que han llegado hasta aquí, Gracias por leer.
Y aquí esta el capitulo 81, ya listo XD
Bueno, a los puntos rápidos, ya vemos que las cosas avanzan, tenemos el vento de Ingvild, junto con su primera vez… también vemos que Zekram esta mosqueado, bueno, no es que importe mucho lo que planee hacer, al final hizo enojar a quien no debía…
también vemos que Edzard tiene algo en mente, y solo diré que habrá varias muertes futuras. También al fin volvemos a Tamriel con la aparición de los Psijic, siendo su líder el hermano de la Nerevarine ¿Qué tal se llevan? bueno eso lo veremos en el futuro XD.
Bueno, me disculpo por cualquier error ortográfico. No se olviden de dejar un review si les gustó el capítulo o si hay alguna cosa que necesite mejorar o si tienen alguna duda sobre la historia. Además, cualquier consejo constructivo es bienvenido. Sin nada más que decir, hasta el próximo capitulo.
