Capítulo 109 "City of Stars"
14 de Febrero del 2030
Los padres de Xiao Zhan cuidaban a los niños, el clima era perfecto, el amor se respiraba en el aire a donde quiera que fuesen, pero el matrimonio Wang Xiao lo único que quería era volver a casa y dormir.
Estaban cumpliendo su décimo aniversario de novios, de aquella vez que Wang Yibo volvió de Suiza y llegó sorpresivamente al duplex con dos cajas de chocolates suizos y un enorme queso gruyere para conquistar al amor de su vida, ajeno a que esa misma noche serían sinceros el uno con el otro y comenzarían una relación que, a pesar de las pausas que vivieron, seguiría fuerte y firme ante las adversidades.
—¿No te apetece ir a cenar? Después de todo también es San Valentín —ofreció Yibo mientras conducía la camioneta y tomaba la mano de su esposo con cariño.
—Mmm… —miraba las luces de la ciudad a través de la ventana. Abundaba el ambiente romántico por donde sea que mirara. Todo a su alrededor estaba decorado con corazones y flores, había parejas acarameladas por doquier y él… él quería descansar.
¿Se debía a que ese año cumpliría 39 años?
—Podríamos ir a un restaurante italiano —continuó Yibo al verlo tan disperso.
Xiao Zhan reaccionó, no estaba siendo justo con su esposo. Este se veía entusiasmado al poder celebrar San Valentín y su aniversario por primera vez en un par de años.
—Me parece una excelente idea —cambió de ánimo, renovando su "entusiasmo"—. ¿Vamos a Antonino's?
—¡Vamos! —sin soltar su mano giró en una esquina y se dirigieron a dicho restaurante.
Sin embargo, al llegar al lugar lo encontraron abarrotado de gente. No era buena idea llegar a un sitio tan público.
—Todo va a estar así por ser San Valentín —suspiró Yibo, alejándose de ahí. No se habían bajado del auto en ningún momento, y había tanto tráfico que ya sentían adoloridos sus traseros.
—Amor —le dijo Xiao Zhan con cariño al notar que se esforzaba en hacer de esa noche un recuerdo especial para ambos.
—Dime —no apartó la vista del camino. Xiao Zhan aprovechó para mirar su perfil, admirar su porte guapo y elegante, y para disfrutar de la deliciosa fragancia de su perfume inundado la cabina del auto. Sin duda ambos se habían esmerado en su apariencia.
Debía admitir que ya había olvidado cómo se veían los dos con ropa que no fuera deportiva o pijamas.
—¿Zhan Zhan? —inquirió al ver que no respondía.
El aludido salió de su burbuja de apreciación a su esposo y sonrió.
—Lo siento, me distraes. ¿Desde cuándo no salíamos los dos solos? —soltó una risa traviesa mientras acariciaba el muslo de Yibo con cariño.
—¡Años!
Ambos rieron.
—Y sé que por eso mismo te estás esforzado en hacer de esta noche algo especial.
—Amor, cumplimos diez años de novios.
—Y diez años de que te arranqué la inocencia —dramatizó, con el único motivo de hacerlo sentir incómodo por tal cursilería.
Y vaya que lo logró.
—¡Oh vamos, cállate! —rio Yibo—. Además, eso no ocurrió sino hasta que fuimos a Aspen por segunda vez.
—Y fue en ese mismo año.
—Tienes razón. Bueno, no importa —rio entre dientes y aparcó el auto junto a una acera—. ¿A dónde quieres ir?
Xiao Zhan apuntó hacia un local de comida rápida frente a ellos.
—Te propongo lo siguiente —puso una mano en el pecho de su esposo—. Tú, yo… —descendió esa mano poco a poco—… hamburguesas con papas, cerveza y nuestra cama.
A Yibo se le aceleró el corazón por la emoción.
No hubo necesidad de decir más, encendió el auto y fue directo a ese Drive Thru.
Al llegar a casa se quitaron la ropa hasta quedar en bóxer, se metieron a la cama y cenaron a solas entre risas y anécdotas.
Llevaban viviendo bajo el mismo techo mucho tiempo, pero sentían como si hubiese pasado largo tiempo desde que tuvieron un momento como ese.
—¿Cómo te sientes? —acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja mientras lo observaba comer su último bocado.
Yibo sonrió con la boca llena.
—Justo ahora, muy bien —se limpió los restos de kétchup.
—¿Y ayer? ¿Y la semana pasada? —lo miró con tristeza.
Wang Yibo tomó la mano de su esposo que le acariciaba el cabello y la besó con infinito cariño.
—Hace años te prometí que no ocultaría mis malestares. Perdóname por no haberlo cumplido por completo. Es solo que estábamos aprendiendo a ser papás de tres bebés, no quería dejarte solo con una carga tan pesada.
—Yibo, yo me daba cuenta. Sabía que no te sentías bien desde que dormías más de doce horas, desde que te era imposible levantarte de la cama y hacer esfuerzos pequeños.
Yibo sentía algo de culpa por no decirle nada.
—Lamento eso —tomó su mano y besó el dorso de esta con devoción—. No quiero preocuparte más.
—Entonces busquemos un nuevo médico. No voy a estar tranquilo hasta que te revisen.
El aludido frunció labios y ceño. Estaba reacio a visitar un nuevo cardiólogo.
Y es que tras la muerte de su querido doctor, recibieron una recomendación por parte del consultorio, y ahí lo canalizaron con otro especialista, sin embargo, fue la peor decisión que pudieron tomar.
El susodicho le había quitado su antigua medicación, cambiándosela por una totalmente nueva sin molestarse en revisar a detalle sus antecedentes.
Eso por poco le costó un viaje a urgencias. Convirtiendo aquella experiencia en un recordatorio de que no era más que un ser mortal e insignificante que en cualquier momento podía dejar de existir dejando atrás a su amada familia.
Quizás fue esa mala experiencia, quizás el miedo a recibir malas noticias, o simplemente la sensación agridulce de buscar a otro cardiólogo cuando el único que lo trató durante toda su vida no existía más.
Esos miedos y pensamientos lo abrumaban noche y día. Tanto así que decidió por cuenta propia volver a su antigua medicación, negándose rotundamente a visitar a otro médico por el momento.
—Preocupémonos por eso después, ahora tengo cosas más importantes por hacer —le dio una de sus papas fritas en la boca—. Rico, ¿no?
—Yibo… —su tono estaba lleno de reproche.
—Lo sé, lo sé—suspiró—. Pero no nos preocupemos por eso ahora. Aprovechemos este tiempo a solas.
—Ni siquiera recuerdo cuándo te vi desnudo por última vez —cedió un poco, sonriendo. Miró la pose despreocupada de su esposo, su hermoso torso y abdomen totalmente blandos. No pudo evitar soltar una risa entre dientes.
—¿De qué te ríes? —inquirió con vergüenza, algo sonrojado al notar que observaba con detalle su cuerpo. Sumió su estómago para "mejorar" su imagen.
—Yibo —rio—. No es necesario que hagas eso —se miró a sí mismo—. Yo estoy igual —señaló su estómago.
—Extraño mi cuerpo de antes —admitió mientras terminaba sus papas fritas y comenzaba a comerse las de su esposo.
—A mí me gustas así —sonrió de lado, casi soñador. Y es que podría no tener abdominales marcados ni un cuerpo tonificado, pero era el cuerpo que él abrazaba todas las noches con amor, y el mismo sobre el que su hija mayor adoraba acurrucarse.
—¿No extrañas mi cuerpo de antes?
—No —dejó las envolturas de sus comidas sobre el buró.
—Yo sí extraño el tuyo.
—¿Qué? —lo miró con asombro, totalmente ofendido.
—Sí, extraño esto… —tomó el brazo de Xiao Zhan y acomodó el rostro entre su brazo y antebrazo, apretándose a sí mismo—. Espera, ¡todavía funciona!
Aún ofendido, Xiao Zhan lo "asfixió" apretándolo más.
No se notaba tanto como antes, pero los músculos de Xiao Zhan se marcaban de manera deliciosa cuando hacía cualquier esfuerzo.
—Yibo…
—¿Qué? —se estaba asfixiando a sí mismo.
—Ya estás ebrio, ¿verdad?
—Sí.
—Ven aquí —lo tumbó sobre el colchón y besó sus labios.
—Te he extrañado mucho —acomodó su cabello con cariño—. Oye, Zhan Ge…
—Dime, Bo Di —arrastró una dulce y sensual sonrisa. Hace mucho que no lo llamaba así.
—Sé que estamos cansados, y acabamos de cenar, pero… hazme el amor, ¿si? Por favor… —hizo una expresión tan dulce que Xiao Zhan no se pudo resistir. No era necesario que se lo pidiera, él tenía planeado hacer el amor con su esposo desde el momento en que sus padres dijeron que cuidarían a los bebés.
—Pero ya te ves cansado, ¿no quieres dormir? —fingió estar somnoliento.
—¡No seas cruel! —colgó ambos brazos de su cuello—. Conejito, por favor.
Xiao Zhan no pudo decir que no, ni siquiera de broma.
Acortó la distancia entre sus bocas y lo besó con esa devoción y amor que no se demostraban desde hace algún tiempo.
Sus cuerpos eran diferentes y su energía no era la misma, pero su deseo por el otro estaba latente y fuerte.
Era una buena forma de celebrar su aniversario. Sus padres les dijeron que diez años no era cualquier cosa, que debían festejar a lo grande, pero la verdad era que ellos solo querían disfrutarlo en la intimidad de su cama, pues ya no tenían oportunidad ni de tomar un baño relajante por su cuenta, la casa estaba llena de juguetes, las paredes de dibujos, y a veces ellos mismos eran el lienzo de su hija mayor. Así que… ¿"intimidad"?, ¿qué era eso y con qué se comía?
Se amaron hasta que terminaron exhaustos uno junto al otro, ambos mirando al techo, tratando de recuperar el aliento.
—No recordaba… que fuese tan cansado hacer esto —jadeó Xiao Zhan.
Yibo guardó silencio unos momentos, pensando si era prudente decir lo que tenía en mente.
Terminó diciéndolo de todas formas.
—Estoy muerto, y eso que soy mucho más joven que tú.
—Y eso que tú no hiciste gran parte del trabajo.
—Me duele el trasero, así que cállate.
Guardaron silencio de nuevo, solo un par de segundos antes de estallar en carcajadas.
—¿¡En qué nos estamos convirtiendo!? —Xiao Zhan rodó de un lado a otro, cubriéndose el rostro con una almohada.
—En un par de ancianos —le quitó la almohada y besó sus labios—. Muy sexys, por cierto.
Xiao Zhan rio más y lo atrapó en un fuerte abrazo. Había extrañado compartir momentos así con él.
—Zhan Zhan… —le pellizcó una mejilla—…tenemos que hacer esto más seguido.
Se habían enfrascado tanto en su papel de padres responsables que habían dejado que su relación se enfriara un poco.
No quería decir que ya no hubiera amor, al contrario, había mucho amor y lo volcaban principalmente sobre sus tres hijos.
Pero ya no tenían citas furtivas, ya no tomaban largos baños juntos, tampoco compartían sus anécdotas del día a día porque pasaban las veinticuatro horas juntos, no había nada nuevo por contar.
Además estaba el hecho de que su hija mayor dormía entre ellos todas las noches.
A veces Xiao Zhan despertaba con ganas de sorprender a su esposo con una "sesión mañanera" como solía hacer antes, pero ahora era imposible al tener a una bebé aferrada a Yibo todas las mañanas.
Xiao Zhan terminaba dándole un beso en la frente a cada uno antes de levantarse a preparar café.
—Hagámoslo más seguido, en la noche, y en silencio —lo miró, travieso—. Pero para eso tendremos que sacar a alguien de esta habitación.
Wang Yibo hizo un gesto bastante gracioso. Se sentía entre la espada y la pared.
—Bien —aceptó—. Desde mañana empezaremos a dejar a Yuyu en su cuarto.
—Prepárate para el drama —suspiró y permaneció en silencio unos segundo, disfrutando de él—. ¿Yibo? —inquirió al no escucharlo responder nada.
Se había quedado dormido. Xiao Zhan se acurrucó más hacia él y aprovechó la ausencia de su hija para poder abrazar a su esposo.
Años atrás habrían tenido varias sesiones de sexo intenso para luego dormir unas horas y continuar más tarde. Pero justo ahora apenas habían resistido una antes de caer rendidos al sueño toda la noche y parte de la mañana.
Cuando Xiao Zhan volvió a abrir los ojos se encontró a su esposo mirando con una sonrisa su celular. El mayor se asomó y sonrió también al ver esa foto familiar que habían compartido hace casi cuatro meses cuando los gemelos nacieron. Todo el mundo celebraba halloween mientras ellos festejaban que su familia tenía más integrantes.
Habían subido una foto muy similar a aquella cuando nació su primogénita.
La palma abierta de Yibo descansaba al fondo, encima de estaba la de Xiao Zhan, luego la de Yuyu, y sobre esta, las dos manitas juntas de los gemelos.
El mundo entero se moría por saber siquiera el sexo de su primer hijo, nadie sabía aún si era niña o niño, mucho menos de los gemelos. Ambos padres y todo el equipo de seguridad se esforzaban por mantener sus vidas lo más secretas posibles, pero cada vez era más difícil. Los fans no tenían suficiente con los pequeños "dulces" que el mismísimo matrimonio Wang Xiao les brindaba al compartir un poco de su vida en Weibo cada cierto tiempo.
—Despertaste —dejó su celular a un lado y abrazó a Xiao Zhan con cariño—. Te ves radiante.
—Igual que tú —rio al entender su sarcasmo. Se dejó acariciar por su esposo, cerró los ojos y suspiró pesadamente. Estaba tan cómodo ahí entre las mantas con él, recibiendo las suaves caricias de sus manos y uno que otro beso en sus mejillas y labios.
—Hablando en serio, Zhan Zhan, te ves muy bien —le alzó el mentón con una mano, disfrutando del brillo en esos ojos que se abrían ante sus palabras.
—Tonto —fue lo único que dijo antes de acurrucarse más hacia él, escondiendo su rostro de esa mirada tonta y enamorada que le dirigía su esposo y que tan nervioso lo ponía todavía.
—No sabes aceptar cumplidos —lo apretó contra su cuerpo y descendió una mano para darle palmaditas en el trasero—. Eres hermoso —murmuró sobre la piel de su cuello—. Y muy sexy —ahora lo besó en esa zona tan sensible, causándole escalofríos—. Y me excitas con solo escucharte —ahora mordió su cuello para provocarle uno de esos jadeos que él tanto amaba.
Quizás por eso no se atrevían a tener sexo estando sus hijos en casa, porque Xiao Zhan no podía dejar de ser sumamente ruidoso. Y Wang Yibo jamás se atrevería a decirle que se contuviera, pues escucharlo le engrandecía el orgullo y… otra cosa.
—¿A qué hora hay que pasar por los niños? —murmuró Xiao Zhan, con sus mejillas un poco sonrojadas.
Era increíble lo que una simple mordida podía causar.
—Ya le mandé un mensaje a tus padres para que cuiden a los niños hasta después del mediodía.
—¿Ah, si? ¿Yuyu no se está portando mal?
—Aparentemente, no.
—Vaya.
—Y tu madre me dijo que dediquemos el día de hoy a nosotros dos, ellos se harán cargo de los pequeños monstruos —conforme iba hablando se iba acomodando sobre el cuerpo de su esposo, abriéndole las piernas con sus rodillas hasta posicionarse entre ellas—. Y ahora dime… ¿En qué nos quedamos? —murmuró sobre sus labios.
—En que ahora es tu turno —suspiró—. Tómame.
Una sonrisa maliciosa apareció en la expresión de Yibo.
—¡Por Dios, había extrañado tanto esto! —exclamó el mayor antes de tomar con prisa la nuca de Yibo para atraerlo a sus labios y devorar los suyos.
Apenas pusieron un pie dentro de la casa de los señores Xiao, escucharon pequeñas y rápidas pisadas dirigiéndose hacia la puerta principal.
No pasaron ni diez segundos cuando ambos ya estaban siendo agarrados cada uno de una pierna, con mucha fuerza.
—¡Hola cariño!
—Pequeño monstruo, ¡¿cómo estás?!
Se agacharon a su altura para abrazarla, ella casi los asfixió al apretarles el cuello a ambos con sus bracitos.
—Oh cariño —Xiao Zhan la abrazó al escuchar que lloraba. De inmediato la tomó en brazos y le dio suaves palmaditas en la espalda.
—Pequeña dramática —le pellizcó una mejilla, riéndose. Jamás imaginó que ella le respondería con un manotazo, enojada.
—Como podrán ver, ella fue quien más los extrañó —los saludó el señor Xiao.
—Vengan a tomar el té a la sala. Los gemelos estarán felices de verlos también.
—¿No les dieron muchos problemas, mamá?
—Son un par de angelitos.
—Veo que en ese par no está incluida cierta persona —murmuró Yibo, señalando disimuladamente a su hija mayor.
Los señores Xiao se echaron a reír.
—Ella también lo es. Pero los extrañó mucho. Es demasiado apegada a ustedes —lo dijo en tono de preocupación.
—Pensó que la habían abandonado —añadió el señor Xiao, sirviéndoles una taza de té a cada uno.
Xiao Zhan quiso desprender a su hija de él, pero ella simplemente no se lo permitió.
—Cariño, papá necesita bajarte para poder tomar té.
—No.
—Ven conmigo —ofreció Yibo sus brazos, pero ella se negó rotundamente.
—¿No tendrás fiebre? —puso una mano sobre la frente de ella, descartando la posibilidad.
—Lo que tiene es "Papitis" —susurró su padre—. Toda la noche estuvo llorando por "Papi".
—¿Qué? Pero siempre llora por mí, no por ti —casi se ofendió Yibo.
—A nosotros también nos sorprendió. Pero fuera de eso se portó muy bien, tiene mucha energía.
Sí, Wang Yu Jie era tan hiperactiva, traviesa y a veces tan mimada que temían estar haciendo un mal trabajo con ella.
—Estábamos preocupados por eso —añadió Yibo.
—A veces puede ser algo…
—Malcriada —completó Yibo.
—Sí. ¿Estamos haciendo algo mal? —preguntó a sus padres con un gesto de verdadera angustia.
—Oh cariño —sonrió su madre—. ¿Acaso no recuerdas tu infancia?
—Sí, pero… —fue interrumpido.
—Yuyu es una réplica tuya, hijo. Siempre querías estar pegado a tu madre, luego creciste un poco y te volviste sumamente travieso y temperamental. Tenerla con nosotros nos trajo muchos recuerdos de tu crianza —rio.
Las mejillas de Xiao Zhan se tornaron rosas, en especial al recibir esa mirada traviesa de su esposo.
—Así que estamos criando a un mini tú.
—Que horror —se escandalizó y todos se echaron a reír.
—La diferencia es que él tenía ese apego con su madre, exactamente igual.
—El problema es… —rio Xiao Zhan—…que ella siempre quiere estar con Yibo. Siempre es "Papá Bo" esto, "Papá Bo" aquello. Y nunca es "papi" a menos que se sienta mal.
Los ahí presentes se echaron a reír ante la graciosa frustración Xiao Zhan.
Cuando Yuyu comenzó a llamarlos de alguna forma todos se habían asombrado al escuchar que a Xiao Zhan le decía "papi". Yibo casi se tiró de un puente cuando a él solo le decía "Papá". Pero luego empezó a decirle "Papá ibo" y eso evoluciono a "Papá Bo" eso le gustaba mucho más. Además, era el favorito de Yuyu.
—Probablemente todo este asunto mejore cuando entre al jardín de niños, así que no se preocupen tanto.
—¿Tú crees? —preguntó a su madre.
—Es lo más probable.
El matrimonio Wang Xiao compartió miradas esperanzadas.
Yuyu cumpliría 3 años ese año, así que muy pronto podría entrar al jardín de niños. Ambos padres se emocionaron y preocuparon. Estaban felices porque podrían compartir más tiempo tranquilo con sus gemelos, pero preocupados porque sería la primera exposición de Yuyu al mundo real.
Querían educarla en casa y mantenerla en una burbuja, pero no era posible.
Ya irían ideando cosas para tenerla a salvo.
De regreso a casa Xiao Zhan no contuvo sus ganas de tomar una fotografía a sus tres hijos. Los gemelos iban en sus respectivos porta bebé uno en cada ventana, y Yuyu en su asiento especial en medio de sus hermanos.
Estaban profundamente dormidos.
—Debería de despertarlos, pero es que solo míralos —le dijo Zhan Zhan con un tono lleno de ternura. Se moría por comérselos a besos.
Yibo los miró por el retrovisor y sonrió como buen padre orgulloso. Sus hijos eran muy bonitos, en verdad muy lindos.
—A veces me gustaría poder compartir con el mundo esta felicidad. ¿Sabes? Ayanga y Dalong están viviendo en el extranjero.
—¿Qué? ¿Desde cuándo? —se asombró Yibo.
—Tienen un par de años.
—¡¿Tanto?!
—Sí —sonrió, recordando a sus buenos amigos y calculando los años que tenían de no verse. Hace ya mucho tiempo Ayanga le había dicho que querían invitarlos a su nueva casa, pues tenían una sorpresa que mostrarles.
Pero sus vidas estaban tan ocupadas que jamás se dieron el tiempo suficiente para hacerlo, y tampoco era como que Ayanga y Dalong tuvieran mucha interacción con el resto del mundo a través de las redes sociales.
—¿Has sabido algo más de ellos? No los vemos desde su boda.
Xiao Zhan negó con la cabeza.
—Solo sé que desde su boda en Hawái se quedaron hasta que sus visas vencieron.
—¿Y luego a dónde fueron?
—Volvieron a Beijing, comenzaron a tramitar la residencia estadounidense y compraron casa en Los Ángeles.
Yibo sonrió ampliamente.
—Fue una excelente idea, de hecho quería hablar sobre eso contigo, Zhan Zhan.
—Compremos la casa de Los Ángeles.
—Sí —sus ojos brillaron de emoción. Estaba en sincronía con su esposo, ambos querían lo mismo.
Ni siquiera sabían si estaría en venta, pero se había convertido en un lugar tan especial para ellos y su familia, que era comprensible que quisieran adquirir la propiedad, al menos para tener un lugar al cual huir en esa ciudad tan maravillosa.
Ya tenían Aspen, ahora seguía LA.
—¿Y cuándo regresarán a China?
—Ni siquiera ellos lo saben. Encontraron trabajo allá y… dudo que quieran regresar.
—Deberíamos visitarlos, después de todo tienen que conocer a sus sobrinos.
Xiao Zhan lo miró con asombro. Diez años atrás jamás habría imaginado a Yibo diciendo eso, no con los celos que le tenía a Ayanga.
—No puedes permanecer así, Yibo, es importante que busquemos otra opción —insistió con cierta desesperación en su voz.
El aludido asintió, pero parecía más ocupado jugando con Yuyu.
—¡Ponyo, Ponyo, Ponyo!
—Sí, Yuyu. Papá Bo ya te va a poner la película.
—Yibo, escúchame.
El aludido asintió, pero fue directo a la sala a poner el trauma cinematográfico de Yuyu, no veía otra cosa que no fuese Ponyo. Día y noche cantaba la canción, o lo intentaba.
Xiao Zhan lo siguió hasta la sala.
—Si solo sigues tomando tu antigua medicación podríamos tener un susto. Ya llamé a unos amigos y me dieron el contacto de un buen cardiólogo. ¿Me permites programar una cita por ti?
—Sí —murmuró. Pero Xiao Zhan sabía muy bien lo que eso significaba, era un "en este momento no quiero hablar del tema".
—¡Wang Yibo! —se exasperó.
—Papi se enojó… —murmuró la pequeña. Eso hizo recapacitar a Xiao Zhan, quien, por más desesperado que estuviese, sabía que debía guardar la compostura frente a sus hijos.
—Te estoy diciendo que sí —lo enfrentó con un tono neutro, terminando de poner la película en la televisión. Se inclinó para besar la cabeza de su pequeña, le dedicó una sonrisa y volvió a la cocina seguido por su esposo.
—¿No vas a cancelar la cita a último momento?
—No.
—¿No vas a inventarte un compromiso repentino?
—No lo haré.
Por alguna razón, Xiao Zhan no le creía.
Y sus sospechas fueron ciertas, hasta cierto punto, pues el día de la consulta desapareció. Ya había dejado a sus hijos con los abuelos y estaba listo para salir rumbo al consultorio, pero Yibo simplemente se esfumó.
Xiao Zhan se exasperó. ¿A qué le tenía tanto miedo?
Decidió asistir por su cuenta al consultorio del nuevo médico, esperando que su esposo apareciera ahí, fiel a su promesa.
Afortunadamente cumplió, llegó tarde, pero llegó. Y si bien nunca se sentiría cómodo con ningún otro médico que no fuese el doctor Yang, se resignó a ser atendido por alguien más.
A comienzos de otoño de ese año lograron sentir que tenían todo bajo control, consiguieron crear una rutina a la que pronto se acostumbraron. ¿Y cómo no? Si se habían alejado por completo del mundo artístico. Podían vivir sin trabajar gracias a los esfuerzos y el trabajo de toda su vida, cada uno tenía su pequeña fortuna que podrían usar para nunca trabajar, así que se tomarían el placer de ser solo padres hasta que sus gemelos alcanzaran al menos los dos años de edad.
En pocas palabras: la vida era buena.
O al menos así lo fue hasta que recordaron que la fama no era gratis, y se cobraba factura de una u otra forma.
No conformes con el retiro temporal de ambos artistas, sus "fans" estaban en un gran descontento, haciendo campañas en internet como protesta para que ellos volviesen a sus rutinas de trabajo.
Y no solo eso, comenzaron a recibir el mismo nivel de acoso que sufrían años atrás cuando apenas habían confirmado su relación.
No podían ni siquiera salir a la farmacia sin el miedo de que alguien los reconociera y se amontonara la gente a su alrededor.
Las personas querían respuestas, querían más información de ellos. Y esa curiosidad de los fans fue la que escaló a un nivel de acoso enfermizo.
Un día tuvieron que salir los cinco juntos, pues ninguno de los abuelos se encontraba en la ciudad y ellos no podían cancelar un compromiso laboral que se trataba de sus negocios e inversiones personales.
Negados a dejar a sus hijos con una niñera, optaron por preparar la camioneta familiar y salir juntos. No sin antes pedir refuerzos en su seguridad privada, con un par de autos que los seguirían y cuidarían su camino.
Se detuvieron en una gasolinera y Yibo se bajó del auto para cargar combustible mientras Xiao Zhan se quedaba de copiloto cuidando a los bebés.
Yiyi comenzó a llorar desde su asiento para bebé, la hermana mayor intentó calmarlo con mucho cariño y eso llenó de ternura a Xiao Zhan, pero terminó bajándose con prisa de la camioneta para ir al asiento trasero y así calmar el llanto incesante. Lo hizo con la gran confianza de tener un auto con guardaespaldas detrás de ellos y otro aparcado a un lado.
Y entonces, todo ocurrió en cuestión de segundos.
La camioneta fue encendida y se puso en marcha.
—¡Hey! ¡Yibo, espera! —le gritó a su esposo. Pero grande fue la sorpresa que se llevó cuando descubrió que era un hombre el que estaba al volante.
Xiao Zhan sostuvo a su hijo entre los brazos y corrió hacia la camioneta que se alejaba poco a poco de él, gritando con histeria al ver como se llevaba a sus dos hijas.
Para Yibo también había ocurrido todo en cámara rápida.
Escuchó el grito de su esposo, miró hacia la camioneta, vio a un hombre con cubrebocas al volante y la adrenalina se disparó en su sistema. En un abrir y cerrar de ojos Yibo ya estaba corriendo como desquiciado.
Todo sucedió tan rápido que ni los guardaespaldas lograron reaccionar a tiempo, o al menos no tanto como Wang Yibo, quien se lanzó encima del parabrisas de la camioneta, gritando y golpeando el vidrio sin importarle que siguiera en marcha.
El piloto se detuvo al no poder ver nada, Yibo le obstruía la visión y el llanto estridente de las niñas lo alteró.
Wang Yibo aprovechó esa distracción para bajarse del capo, abrir la puerta y sacar al malnacido a tirones y golpes.
En cuestión de segundos ya tenían a los agentes de seguridad rodeándolos y sosteniendo al culpable. Yibo le asestó un puñetazo, pero se congeló cuando escuchó el gritó de Xiao Zhan al otro lado de la camioneta, intentando subir por el lado del copiloto mientras cargaba a su bebé fuertemente contra su pecho.
La camioneta seguía en marcha, y si no la detenían iría a dar directo a la avenida.
Con la adrenalina que aún se desbordaba por su sistema, Wang Yibo hizo uso de su agilidad para saltar una vez más, pero esta vez dentro de la camioneta para frenar de emergencia y ponerla en modo "Parking".
Estaban en shock, pero no se detuvieron a pensar en cómo se sentían, no al tener a tres bebés asustados y llorando.
Calmaron a sus hijos mientras la seguridad se hacía cargo de todo. Hasta ese momento fueron conscientes de que estaban siendo grabados y fotografiados por paparazzi que se mantenían ocultos en la cercanía.
—La policía no tardará en llegar, lo ideal será que entren a la camioneta, desde ahí no podrán fotografiarlos —sugirió el guardaespaldas principal.
Claro, cómo olvidar que esa súper camioneta que Xiao Zhan le había regalado era como un tanque de guerra.
Si tan solo no se hubiesen bajado del auto. Habían subestimado el riesgo que aún corrían en las calles.
Poco después supieron que el objetivo de esos acosadores era solo seguirlos, pero uno de esos reporteros no solo era eso, sino un fan tóxico y acosador que quería todo de ellos, incluso si llamar su atención implicaba hacer aquello.
La camioneta no había avanzado más de unos cuantos metros, pero esa distancia y esos cortos segundos habían sido los más aterradores de sus vidas.
—Amor, ¿te encuentras bien? —preguntó Yibo con una mano sobre la de su esposo, pues este aún temblaba.
—Lo estoy, ¿y tú?
Yibo miró hacia atrás, sus hijos ya estaban más calmados, pero aún se veían asustados.
—Estoy bien —suspiró y apretó con fuerza la mano de su amado, él también temblaba—. ¿Qué demonios acaba de suceder? —estaba furioso, ambos lo estaban.
—Jamás imaginé que podrían llegar a tanto.
—Esto ya no es vida. No es seguro para nuestros hijos, ni para nosotros.
—No lo es.
Los habían fotografiado a ellos y a sus hijos, los habían grabado y por poco secuestraban a sus hijas.
Eso no se iba a quedar así.
Minutos más tarde Yibo estaba conduciendo de nuevo, pero de regreso a su hogar. Detrás de ellos iba uno de los autos que los escoltaba, con un par de agentes de seguridad protegiéndolos.
No se iban a detener ni un segundo, ni una parada más.
O eso creían, hasta que de pronto Yibo se orilló en una pequeña plaza pública.
—¿Qué ocurre?
—Zhan Zhan. ¿Puedes conducir tú?
—Si —lo miró, estaba tan pálido como el papel—. ¡¿Estás bien?!
—No. Llévame a urgencias —pidió con la voz más tranquila que pudo, no quería asustar a su familia, pero había comenzado a sentirse extraño.
No fue necesario que dijera más. Cambiaron de lugar, Xiao Zhan lo ayudó y los guardaespaldas se bajaron de inmediato al ver eso. Al descubrir qué estaba ocurriendo decidieron ir delante de ellos para abrirles paso entre el tráfico. Así Xiao Zhan condujo lo más rápido posible. Durante el camino Yibo iba perdiendo la consciencia, muy similar a lo que ocurrió muchos años atrás cuando se había asustado con un tonto juego que tenía un Jump scare. Solo que aquella vez no se veía tan mal.
—Aguanta un poco más, por favor, Wangjie, resiste —murmuraba con el corazón a mil por segundo.
Yibo no pudo responder, solo buscó la mano de su esposo con desesperación para apretarla, sentía que la vida se le escapaba en un respiro.
—Hey, ¡Wang Yibo, despierta! —ordenó con impotencia, su voz se quebró al final, y es que de pronto había caído inconsciente. Sus hijos empezaron a llorar al instante—. No puede ser, ¡no puede ser! —golpeó el volante. Se limpió las lágrimas y aceleró el paso.
Un terrible escalofrío lo atacó de pies a cabeza cuando fue consciente del aroma a desinfectante hospitalario que lo rodeaba.
Un instintivo reflejo lo hizo querer vomitar. Ese aroma le traía terribles recuerdos, tanto así que las nauseas se intensificaban con cada segundo que pasaba parado en medio de urgencias, mirando a lo lejos cómo intentaban hacer todo lo posible por salvar la vida de su esposo.
En su brazo izquierdo tenía a Wei Yi, en el derecho a Yun Li, y de su pierna se aferraba una aterrada Yu Jie.
No sabía cuánto tiempo llevaba parado como estatua en medio de esa sala. No sabía por qué no podía salir de ese inmenso shock en el que se había sumergido. Ni siquiera el llanto de sus dos bebés lograba sacarlo del trance, tampoco el llanto silencioso de su hija mayor que se aferraba con demasiada fuerza a su pierna.
Todo había ocurrido tan rápido que Xiao Zhan no podía hacer más que preguntarse cómo demonios habían llegado a eso. ¿Era acaso una pesadilla?
De pronto Yibo se había sentido mal, cambiaron de asientos y enseguida perdió la conciencia.
Con el corazón en la garganta, Xiao Zhan condujo lo más rápido que pudo, se mantuvo cuerdo para llegar a urgencias, bajarse a pedir ayuda como loco y volver al auto con un grupo del personal del hospital que ya venía con una camilla lista gracias a los guardaespaldas que se adelantaron.
Xiao Zhan mantuvo la cordura solo lo suficiente para bajar a sus hijos del auto y correr a urgencias tras su esposo, dejando el auto y todo lo demás a cargo de su personal de seguridad.
Pero al entrar a urgencias notó que había un tumulto de médicos y enfermeros en una de las camas.
"Que no sea mi esposo, que no sea mi esposo" suplicaba Xiao Zhan al ver que comenzaban a darle reanimación cardiopulmonar a ese paciente.
Dio un par de pasos más y entonces vio que corrían una cortina, dejando a la vista ese rostro que él conocía tan bien.
—¡No tiene pulso! ¡Rápido, traigan el carro de emergencia! —ordenó uno de los médicos, al parecer era el encargado de urgencias—. ¡Y llamen a la doctora Yang, ahora!
Xiao Zhan escuchó eso y no se derrumbó al suelo solamente porque cargaba a sus dos bebés. Los apretó más contra su cuerpo y se repitió una y otra vez: "No puede ser, no puede estar pasando esto. No, no, no".
Mientras tanto, Yu Jie observaba todo con una seriedad imperturbable, muy similar a la que aparentaba Xiao Zhan, a pesar de que por dentro se sentía morir.
En silencio observó cómo los médicos hacían todo lo que estaba en sus manos para salvar la vida de Wang Yibo.
Literalmente su corazón se había detenido, había dejado de respirar.
Cuando estuvieron a punto de utilizar el desfibrilador sobre el tórax de Yibo, Xiao Zhan fue más consciente de la situación y se giró para que sus tres hijos no miraran ese triste escenario, sin embargo él giró su rostro y fue testigo de la primera, segunda y tercera descarga. Tres intentos habían sido necesarios para traerlo de vuelta a la vida. Y no solo eso, terminaron intubándolo porque no lograba respirar por sí solo.
Xiao Zhan volvió a salir de su estado de shock solo cuando sintió una mano sobre su hombro.
—Vinimos lo más rápido que pudimos. ¿Estás bien?
El aludido giró su rostro suavemente hacia esa voz.
—Oh… Mao, Fei Fei. ¿Qué hacen aquí?
—Tus guardaespaldas me llamaron —inmediatamente tomó al bebé en brazos y su esposa hizo lo mismo con Lili.
—¿Ya te dieron alguna noticia de Yibo?
Xiao Zhan no supo cuánto tiempo llevaba ahí parado, pero supuso que era bastante, pues ya no sentía sus brazos.
—Yo… no sé, no lo sé.
Los recién llegados compartieron miradas desconcertadas. Siguieron la trayectoria de la mirada de Xiao Zhan y fue ahí cuando vieron que los médicos aún seguían atendiendo a Yibo. Las cortinas semicorridas dejaban ver lo que hacían.
—¡Oh por Dios! —Fei Fei casi se desmayó al ver a su primo así—. Pero… ¿¡Pero que ocurrió!? —chilló al borde del pánico.
Mao volvió a mirar al esposo de Yibo, y se preocupó.
—Zhan Zhan —lo llamó Fei Fei.
—¿Si? —su mirada vacía no se apartaba de Yibo.
—Está en shock —murmuró Mao—. Ven, vayamos a la sala de espera —lo tomó del hombro y lo guio con cuidado.
Xiao Zhan parecía un zombie aferrado a la pequeña mano de su hija mayor que tampoco lo soltaba.
Se sentaron en la sala de espera, cada uno con un bebé en su regazo mientras esperaban noticias de Yibo.
Entre la gente que los rodeaba no faltaron aquellos que les tomaron fotos y videos. Pero ahora Xiao Zhan no se molestó en siquiera dirigirles una mirada. Sus ojos estaban perdidos en el vacío.
Mao y Fei Fei solo podían preguntarse qué demonios ocurrió. Fue hasta más tarde cuando Mao pudo hablar a detalle con uno de los guardaespaldas que estuvo presente en la persecución.
Y entonces ese sentimiento que ya había olvidado volvió a instalarse en su pecho: las ganas de encerrar a esos cinco en una burbuja y no dejar que nada malo les sucediera. Mao quería secuestrar a esa familia y llevársela lejos del podrido mundo artístico que ofrecía su patria.
Pasó más de una hora antes de que alguien llegara a darles noticias sobre Yibo, y que bueno que llegó, pues el estado de shock de Xiao Zhan había desaparecido, dando paso a un incipiente ataque de pánico que terminaría desencadenándose con intensidad si nadie se dignaba a darle noticias del padre de sus hijos.
—¿Xiao Zhan? —llamó una joven mujer con bata blanca.
El aludido se levantó como resorte del sillón y en un par de zancadas se paró frente a esa mujer. ¿Quién era y por qué lo llamaba con tanta confianza? ¿Acaso era otra fan enferma?
—¿Cómo está él? —preguntó con voz trémula, temiendo lo peor.
—Logramos estabilizarlo por el momento—se adelantó a aclarar.
Esas simples palabras fueron un alivio tal que Xiao Zhan casi sintió que le volvía el alma al cuerpo.
—Pero hay algunas cosas que quisiera hablar con usted —señaló un sillón junto a ellos—. Tome asiento, por favor.
—No es necesario.
—Por favor —insistió.
Exasperado, Xiao Zhan hizo caso solo para que le diera noticias de Yibo de una vez por todas.
La mujer se sentó junto a él y comenzó a explicar con calma.
—Su esposo sufrió un paro cardíaco.
Xiao Zhan tragó en seco.
—Logramos reanimar su corazón y se encuentra relativamente estable. Pero debido a su estado fue necesario intubarlo. Lo mantendremos en observación un par de días hasta que despierte por su propia cuenta, mientras tanto no queda más que esperar.
—Doctora, dígame la verdad —la miró a los ojos y ella pudo percibir el abismo de incertidumbre que se reflejaba en ellos. Xiao Zhan estaba espantado—. ¿Puede morir? Acaba de decir que lograron estabilizarlo, pero también dice que se encuentra "relativamente estable".
Ella lo miró con tristeza.
—Seré muy sincera. Tardamos en salir a darle noticias porque revisé el extenso historial de Wang Yibo, mi padre dejó muchas notas sobre su tratamiento y del padecimiento exacto. No es un caso sencillo, pues ha tenido demasiados altibajos desde su infancia.
—¿Su padre? Espere… ¿Usted es…?
—Lo lamento, no me he presentado aún —le extendió una mano—. Soy la doctora Yang Li, especialista en cardiología. También hija del doctor Yang Fang.
Xiao Zhan apretó su mano, aún sorprendido. ¿La hija del difunto doctor Yang era médico también?
—Gracias a las notas tan extensas que dejó mi padre podremos darle un debido seguimiento a Wang Yibo. Pero para ello necesitaré que me brinde detalles de sus últimas consultas, medicamentos y tratamiento. Por lo que alcancé a ver no está controlado, tiene arritmias difíciles de manejar. Y con lo que nos explicaron los agentes de seguridad, sabemos que sufrió una impresión muy fuerte, probablemente la adrenalina que liberó en ese momento fue la que desencadenó esta situación.
Xiao Zhan la escuchaba hablar palabra tras palabra, intentando mantener el hilo de la conversación, pero por momentos no podía.
—Yo… le haré una lista de los medicamentos que toma.
—Eso nos ayudará —le dedicó una suave sonrisa, notando algo en él—. Pero creo que por el momento lo mejor será que descanse un poco. Usted también sufrió un fuerte impacto ante lo ocurrido. Podemos ofrecerle una sala de descanso.
—No, no. Gracias, pero no es necesario —miró de reojo a sus hijos, estaban extrañamente muy tranquilos—. ¿Puedo ver a mi esposo?
—Sí, en unos momentos lo subirán a una habitación. Le avisaré cuando ya pueda subir con él —se levantó del sillón, lista para irse, pero volvió a sentarse solo para tomar las manos de Xiao Zhan con mucho respeto—. Sé que no nos conocemos de antes, pero siento que yo sí los conozco a ustedes.
Xiao Zhan hizo una mueca no muy agradable, intentó sonreír, pero no pudo.
—Déjeme corregir: yo sí siento que los conozco, pero no por lo que imagina. Mi padre hablaba mucho de ustedes dos, en especial de Wang Yibo y lo orgulloso que estaba de él, a veces me daba la impresión de que lo quería como a un hijo más —le dedicó una suave sonrisa—. Lo que quiero decir con todo esto es que me esforzaré en el caso tanto como mi padre lo hizo —volvió a apretar sus manos—. Así que tranquilo, su esposo estará bien. Prometo que haré todo lo que esté en mis manos.
De alguna u otra forma Xiao Zhan sintió alivio al escuchar la seguridad con la que hablaba. Parecía ser muy profesional a pesar de verse mucho menor que él.
—Gracias —fue lo único que el nudo en su garganta le permitió emitir.
Sin más que decir, ella se despidió y volvió a la sala de urgencias para dar indicaciones.
Xiao Zhan se levantó del sillón, un poco mareado por las emociones vividas, pero listo para regresar sobre sus pasos y hablar con Mao y Fei Fei.
—Escuchamos todo —se apresuró a decir ella para que Xiao Zhan no tuviera que repetir nada.
—No te preocupes por nada más, nos haremos cargo de los niños mientras tanto, ¿si?
—Ya nos comunicamos con tus padres y mis tíos, volverán de sus viajes lo antes posible.
Xiao Zhan asentía en completo silencio.
—Gracias —dijo por segunda vez—. Me quedaré aquí esta noche, mañana veremos qué hacer.
—¿Necesitas que te traigamos algo?
—No, gracias —se agachó a la altura de su hija mayor y le dedicó la mejor sonrisa que pudo—. Cariño —acarició su cabello—. Esta noche se quedarán en casa de sus tíos, podrán jugar con su primo.
—Pero papi… —se le llenaron los ojos de lágrimas—…no quiero. ¿Y papá Bo? —comenzó a llorar en silencio.
—Él… —se le quebró la voz—…él está un poco enfermo y necesita quedarse esta noche en el hospital para que los doctores lo curen. Pero estará bien,
—Quiero ver.
—No puedes verlo ahorita, cariño —acarició su mejilla—. De hecho yo tampoco, los doctores están cuidando de él, y más tarde yo cuidaré de él también. Ayúdame y ve con tus tíos.
—¡No! —comenzó a sollozar.
—Wang Yu Jie —fue severo—. Por favor —se le quebró la voz al final.
La pequeña jamás en su vida había visto llorar a su padre, hasta ahora. Fue tanta la impresión que no fue capaz de armar una rabieta. A sus escasos tres años entendió las lágrimas de su padre, o al menos comprendió que la situación era en verdad preocupante porque estaba viendo a su mayor héroe llorar.
—Vamos, Yuyu. Veremos Ponyo junto con tu primo, ¿te parece bien?
Yuyu alzó la mirada y observó a su tía Fei Fei y lo parecida que era a su papá Bo. Con tal de no preocupar más a su padre, la pequeña esbozó una diminuta sonrisa y asintió.
—Sí —siguió "sonriendo", lista para irse con sus tíos, pero antes de que pudiera lograrlo fue atrapada por los brazos de su padre. Xiao Zhan se aferró a ella.
—Pórtate bien, cariño. Mañana temprano iré a verlos a casa de sus tíos —besó su mejilla derecha y luego la izquierda, sacándole una sonrisa más sincera—. Te quiero —le apretó ambas mejillas, tal como solía hacerle a Yibo siempre.
Se despidió de sus otros dos hijos que dormían en brazos de Mao y Fei Fei, y finalmente se despidió de estos dos, agradeciéndoles por ese apoyo tan incondicional.
Entonces se fueron y Xiao Zhan se quedó solo en esa sala de espera, algunas de las personas que lo habían fotografiado seguían ahí, otras ya se habían ido. Pero de alguna u otra forma no se atrevieron a interrumpir su soledad, no al ver la expresión que tenía.
Salió de su ensimismamiento cuando alguien se paró frente a él, alzó la mirada solo para toparse con ese rostro tan idéntico al de su esposo.
—Mao se quedó con los niños en el auto, no te preocupes por eso y dime la verdad: ¿Cómo estás? —se sentó a su lado y tomó sus manos con fuerza.
No fue necesario más para que Xiao Zhan se echara a llorar sin importar que hubiera un par de personas más en la sala. Al fin sus hijos no estaban ahí y podía desahogarse con su cuñada, recibiendo su cálido abrazo.
Lloró y lloró en silencio hasta que no pudo más.
—Él… —hipó y se separó del abrazo—…es como si su vida se me fuese entre los dedos. Volví a recordar lo frágil que es su corazón —su voz se cortó, limpiándose las lágrimas con las mangas de su camisa—. Si él muere…
—No será así.
—Pero si él muere… Fei Fei, nuestros hijos no lo soportarían, yo no sobreviviría a eso.
—Escúchame bien —lo tomó del rostro con ambas manos para que lo mirara de frente, pues comenzaba a entrar en pánico—. Wang Yibo es fuerte.
—Lo es.
—Y ha logrado sobrevivir a muchas circunstancias de este tipo.
—Nunca había llegado tan lejos.
—Pero se recuperará —quería creer en sus propias palabras.
—Sufrió un paro cardiaco…. Literalmente murió por unos instantes.
Ella tragó en seco.
—Sí, tienes razón, pero… pero en menos de lo que te imaginas él estará de nuevo molestándote como siempre, diciendo cursilerías y haciéndote enojar.
Xiao Zhan deseaba con todas sus fuerzas que así fuera.
Ya no sabía cómo consolarlo, pues el único que sabría qué hacer con exactitud se encontraba intubado a unos metros de ellos.
Se le puso la piel de gallina de solo imaginar por lo que estaba pasando su primo. Trató de no pensar en ello o terminaría como Xiao Zhan, llorando sin parar.
No podía dejarlo así.
—Ven aquí —lo atrajo de nuevo a sus brazos y él se dejó abrazar, necesitaba eso.
Logró tranquilizarlo luego de unos minutos.
—Quisiera quedarme más tiempo, Zhan Zhan, pero Mao se quedó solo con los niños.
—Lo sé, lo siento. Gracias por devolverte, necesitaba esto —le dedicó una suave sonrisa a pesar de sus ojos rojos e hinchados.
—Dejaré mi teléfono encendido toda la noche, por favor llámanos si necesitas algo, ni siquiera lo dudes, ¿si?
—Sí.
Luego de un abrazo más, se despidieron.
Xiao Zhan estuvo solo en esa sala por más de una hora, esperando a que lo dejaran ver a su esposo. Con cada minuto que pasaba estaba más ansioso, y cuando estuvo a punto de estallar fue que alguien se le acercó de manera muy discreta. Traía lentes oscuros y gorra. Realmente pasaba desapercibido por las fachas que portaba, pero fue hasta que se bajó los lentes que Xiao Zhan pudo reconocerlo.
—¿Qué haces aquí? —no imaginó encontrarlo en ese lugar.
El otro lo tomó del hombro y lo encaminó con suavidad a una parte más privada de la sala de espera.
—Vi lo que sucedió, es tendencia en redes sociales —le dijo en voz baja.
—¿Qué?
—Pero eso no importa ahora, ¿cómo está él?
—Se encuentra en observación, estoy esperando que me dejen verlo —se talló los ojos, los párpados le pesaban.
—¿Y cómo estás tú? ¿Puedo ayudarte en algo?
—Estoy bien, solo un poco ansioso por verlo.
—¿Necesitas que te traiga algo?
Xiao Zhan negó y agradeció.
—¿Me permites hacerte compañía? —preguntó con tacto.
Los ojos de Xiao Zhan se llenaron de lágrimas una vez más y asintió. Eso era lo que más necesitaba en ese momento: compañía.
Wang Jackson le sonrió al mismo tiempo que le daba un par de palmadas en la espalda.
Hombro a hombro se hicieron compañía mutua, en silencio, hasta que Xiao Zhan sintió que se hundiría en la desesperación si no distraía su mente.
—¿Cómo supiste dónde encontrarnos? —preguntó con un tono suave y cansado.
Wang Jackson suspiró antes de animarse a responder.
—Lo sucedido se hizo viral en redes. Hay videos de todo, absolutamente todo. Reconocí el hospital y vine.
Asombrado, Xiao Zhan sacó su teléfono del bolsillo para ver qué estaba ocurriendo en internet, pero Jackson lo detuvo.
—Es mejor que lo ignores por ahora.
Pero Xiao Zhan no se iba a quedar con la duda. Abrió las redes sociales bajo su propio riesgo y ahí encontró todo el material por el que muchos pagaban cantidades desorbitantes de dinero.
Había mucho contenido. Desde videos del momento en el que aquel loco se subía a la camioneta con sus hijas dentro, hasta fotos de la familia completa en esa gasolinera. Ya todo el mundo conocía los rostros de sus tres hijos, estaban por todas partes.
Ya tenían identificado el auto familiar, las placas estaban también expuestas al público.
Además, los habían seguido hasta urgencias. Grabaron y fotografiaron cada segundo desde que bajaron a un inconsciente Yibo de la camioneta y lo ingresaron al hospital en camilla. Grabaron a Xiao Zhan desesperado en la sala de espera con sus tres hijos.
Las imágenes eran por demás desgarradoras. Pero se detuvieron ahí porque el personal del hospital los sacó casi a patadas. No obstante, la gente que lo reconoció en la sala de espera no dudó en grabarlo luego de reconocerlo. Y es que video de ellos era sinónimo de dinero.
Podrían no ser fans, eso ya no importaba, solo importaba lo que conseguirían a cambio de ese material. Gente sin valores ni empatía lo grabó y fotografió en uno de sus momentos más vulnerables. La tragedia más grande de sus vidas hasta el momento había sido documentada sin su consentimiento.
—Deberías dejar eso —Jackson cubrió la pantalla del celular de Xiao Zhan—. Hey —puso una mano en su espalda y le dio reconfortantes palmadas. Decidió consolarlo como lo haría con Yibo.
—Esto se ha salido de control.
—La gente está deseosa de saber más de ustedes, creo que su larga ausencia solo incrementó ese fanatismo.
—Es que esto ya ni siquiera es humano —mascullaba cada palabra con un odio impropio de Xiao Zhan.
Jackson lo miró con desconcierto, jamás lo había visto tan molesto. Pero lo que le daba miedo no era el tono molesto, sino la fría ira reflejada en sus ojos, y no solo eso… sino una tremenda determinación como alguien que ha llegado a su límite.
—Tranquilo, el padre de Yibo es un gran abogado, estoy seguro de que podrá tomar cartas en el asunto y levantar una demanda.
—No… eso ya no es suficiente —murmuró sin apartar sus fieros ojos del pasillo frente a ellos.
El otro permaneció en silencio, observándolo expectante.
—Eso ya no es suficiente… —repitió, apretando sus manos una contra otra, completamente ansioso a pesar de que apenas se movía.
Xiao Zhan había tomado ya una decisión, drástica, pero necesaria.
Se hicieron mutua compañía durante un par de horas más hasta que la doctora a cargo del caso de Yibo regresó.
Luego de disculparse por la tardanza, le dijo que Yibo al fin había sido trasladado a una habitación privada y que podía subir a acompañarlo.
—Debido a su delicado estado de salud solo se permite la compañía de un solo familiar —miró a Jackson con pena.
—No hay problema, entiendo —le sonrió y luego miró a Xiao Zhan—. Volveré en la mañana —le dio un corto abrazo que el otro aceptó de inmediato—. Llámame si necesitan algo, estaré al pendiente.
Con un nudo en la garganta, Xiao Zhan asintió y le dedicó la mejor sonrisa que pudo esbozar en ese momento: rota y triste.
Mientras era guiado a la habitación, Xiao Zhan podía sentir cómo su cuerpo se entumecía con cada paso que daba en esos fríos pasillos de hospital. Su corazón se aceleraba al pensar en la escena que lo esperaba tras aquella puerta.
Sin embargo, no creía que alguna escena pudiera marcarlo más de por vida que la del inerte cuerpo de su esposo siendo reanimado con desfibrilaciones.
Se masajeó el puente de la nariz para tratar de calmar la migraña que lo asediaba, hasta que llegaron a la puerta indicada. Le dieron privacidad y él simplemente no pudo entrar de inmediato.
Se quedó ahí parado por largos minutos, reuniendo el valor suficiente para enfrentar lo inevitable.
Un par de lágrimas se derramaron antes de retirarlas con brusquedad.
—Vamos, él espera por ti, puedes con esto y más, siempre has podido —se decía a sí mismo una y otra vez para darse valor.
Luego de unos minutos finalmente logró atravesar esa puerta, sin embargo, no fue capaz de levantar la mirada. Llegó al pie de la cama, se sostuvo de este y solo pudo sentirse agobiado al escuchar el monitor de signos vitales, el ruido del soporte vital y demás equipo médico que desconocía pero le ponía los pelos de punta.
—Oh Yibo… —se le fue la sangre hasta los pies cuando al fin levantó la mirada.
Su amado esposo estaba postrado en la cama, conectado a muchos cables, sondas y cosas que él no conocía y mucho menos comprendía. Había monitores a su alrededor que registraban sus signos vitales, y unas bolsas de suero con medicamentos estaban colgadas bocabajo junto a su cama.
Entonces lo miró a él.
Se quiso morir.
Verlo así lo impresionó más de lo que imaginó, sin embargo, se mantuvo fuerte y caminó hacia un costado de la cama. Tomó su mano con cuidado, estaba helado. Se inclinó sobre él y acarició su mejilla con miedo de lastimarlo o de mover el tubo que le brindaba oxígeno.
—Hola, extraño —murmuró en medio del silencio que era interrumpido solo por el sonido de los monitores y del oxígeno—. ¿Cómo es que llegamos a esto? —susurró para sí mismo.
A esa pregunta le siguió un largo silencio, silencio que repentinamente se rompió por su propia risa. Sus hombros subían y bajaban por la incontrolable risa que lo atacó de pronto. Se llevó una mano a la boca y en cuestión de segundos esa extraña carcajada se convirtió en un amargo y silencioso llanto.
Tuvo que buscar asiento, pues sus piernas ya no lo sostenían como debían. Se llevó ambas manos al rostro y se regañó a sí mismo por ser tan débil en momentos como ese.
¿Qué haría Yibo en su lugar?
Seguramente ya se estaría haciendo cargo de todo, manteniéndose firme y sereno.
—Lo siento… lo siento por derrumbarme tan fácil —murmuró, dejando que sus lágrimas salieran una tras otra.
Cuando logró recuperarse un poco, empujó el pequeño sofá individual hasta el borde de la cama, se sentó ahí y no se despegó de Yibo en toda la noche. Dormitaba un poco entre cada visita de las enfermeras, estas se turnaban para visitarlo cada hora, tomaban su temperatura y revisaban sus signos vitales.
Xiao Zhan no fue consciente de lo exhausto que estaba, ni siquiera cuando un poco antes del amanecer ya no fue capaz de despertarse ni con el ruido de las enfermeras entrando y saliendo. Estas lo miraron hecho un ovillo en ese pequeño e incómodo sillón. No entendían cómo alguien tan alto como él lograba acomodarse así en el sofá. Conmovidas por la difícil situación que atravesaban, tomaron un par de mantas cálidas y lo cubrieron con cuidado de no despertarlo. La habitación estaba helada, y Xiao Zhan parecía tener frío.
Luego de que el sol salió, Xiao Zhan salió de su sueño solo para darse cuenta de que había entrado de nuevo a la pesadilla que era su actual realidad. Miró de reojo la cama de hospital y por un segundo… por un solo segundo deseó volver a cerrar los ojos para dormir, y ver si al despertar se encontraba con otra realidad.
Vaya ingenuo e infantil.
Decidió enfrentar los hechos, sintiendo una terrible opresión en su pecho al ver a Yibo frente a él. Observó su perfil, exactamente igual a como lo vio antes de sucumbir ante el cansancio.
Miró los monitores a su lado, como si entendiera todos esos números y símbolos sin sentido. Luego tomó la mano de su esposo una vez más, pero ahora sintió una chispa de esperanza al percibir su habitual calidez. Con una sonrisa esperanzada se llevó esa mano a la mejilla, comprobando que sí estaba tibia.
Entonces entró la doctora Yang y sonrió al ver esa espontánea felicidad en el esposo de su paciente.
—Buenos días, Xiao Zhan. ¿Logró dormir algo anoche?
—Buenos días —dejó la mano de Yibo en su sitio—. Un poco, sí —le dedicó una suave sonrisa.
—Veo que notaste que su temperatura ya es normal, ¿no es así? —procedió a revisar sus signos vitales.
—¡Sí! Eso es bueno, ¿no? Anoche sus manos estaban heladas, él nunca tiene las manos frías, siempre son muy cálidas.
Ella sonrió, pero no dijo más, y eso preocupó a Xiao Zhan. Este decidió no interrumpirla mientras lo revisaba a detalle.
—La buena noticia es que no ha empeorado —dijo ella de pronto—. La mala es que… debería de haber despertado ya —suspiró.
Xiao Zhan apretó la mano de Yibo entre las suyas. Tenía miedo, mucho miedo. La doctora parecía haber notado el terror en él, así que procedió a aclarar algo muy importante.
—Aunque debemos recordar que su corazón atravesó un estrés inimaginable. Y si a eso le sumamos que su condición médica no estaba controlada… —suspiró—. Es un milagro que no haya pasado algo peor —fue muy sincera—. Sin embargo, su temperatura corporal ya se regularizó, y su corazón poco a poco está respondiendo a los medicamentos. Seguiremos observándolo, por lo pronto podría ir a casa y descansar un poco.
—No, estoy bien así. Si me lo permiten me gustaría quedarme a su lado.
La doctora lo miró con tristeza antes de asentir y salir, le partía el alma ver el dolor en su expresión.
Xiao Zhan se volvió a sentar en el sillón, muy pronto terminó durmiendo igual que horas atrás, hasta que alguien más entró a la habitación, inundando el lugar con un delicioso aroma a café y despertándolo con él.
Cuando Zhan Zhan alzó la mirada se encontró con Jackson una vez más.
—Me dejaron subir para que te fueras a casa —le extendió el café y un sándwich.
—Hola —sintió una chispa de calidez ante su gesto tan amable.
—Toma, ¿desde cuándo no comes?
—Gracias —recibió el vaso con gusto—. Creo que… desde ayer en la mañana.
—Entonces primero dale una mordida al pan si no quieres causarte una úlcera —bebió de su propio café.
En todo momento había evitado ver a Yibo, no podía.
Xiao Zhan lo notó, y fue testigo del momento en el que finalmente Jackson levantó la mirada.
—Joder, hermano… —se le cortó la voz al final. Sintió de pronto una impotencia muy difícil de describir.
Jackson no dijo nada, no podía.
Xiao Zhan ya no había revisado redes sociales luego de ayer, pero Jackson… bueno, él había estallado en contra de todos esos grupos que se dedicaban al acoso y venta de material. A él se le unieron más artistas, incluidos todos aquellos con los que Wang Yibo o Xiao Zhan habían trabajado alguna vez.
Xiao Zhan se paró a su lado y le apretó un hombro.
—Lo sé, sé cómo te sientes —ahora Xiao Zhan consoló a su amigo.
Jackson se llevó una mano a la boca, intentando contener su llanto.
—Tienes que reponerte, maldita sea… —apretó uno de los pies de Yibo por encima de las sábanas.
Xiao Zhan sonrió de lado, fue a duras penas una sonrisa, pero lo era.
Finalmente Jackson logró convencer a Xiao Zhan para que fuera a su casa a cambiarse de ropa y visitar a sus hijos antes de volver al hospital. Todo eso bajo el cuidado de Viktor, su mejor guardaespaldas que había vuelto a ser parte de su seguridad desde esa mañana, pues había estado ocupado con otro trabajo. Quizás si él hubiese estado presente en la odisea de ayer, esta no habría sido una odisea.
Cuando regresó al hospital deseó con todas sus fuerzas que Yibo estuviera despierto y platicando como siempre, lo deseó fervientemente cuando puso una mano sobre el picaporte de la habitación y escuchó a Jackson hablando. Pero cuando entró descubrió que solo era Wang Jackson parloteando sin parar.
—No estoy loco —aseguró de pronto—. Solo estoy viendo si logro hastiarlo lo suficiente para que despierte y diga que me calle.
—Ojalá lo hiciera —suspiró y le entregó un jugo y una baguette a su amigo—. Son de la cafetería, no sé si sean buenos —confesó.
—Oh, gracias —los recibió con gusto—. ¿Ya comiste algo?
—Sí —se sentó de nuevo junto a su esposo, tomó su mano, sintiéndola helada una vez más.
Jackson notó la repentina tristeza en Zhan Zhan, así que se apresuró a distraerlo un poco.
—Tuve una llamada con Lay, y él tuvo una larga conversación con Yibo —bromeó.
Xiao Zhan sonrió de lado, apenas perceptible.
—Él se encuentra en Estados Unidos, sino ya estaría aquí también. Pero lo puse en altavoz y así pudo decirle que no sea un perezoso y que levante su trasero de esa cama de una vez por todas.
La sonrisa de Xiao Zhan se ensanchó un poco al imaginar la respuesta que su esposo le daría.
Xiao Zhan suspiró.
¿Cuánto duraría esa tortura?
Entonces, y sin previo aviso, Wang Yibo comenzó a toser.
—¿¡Qué está pasando!? —se espantó Jackson al escuchar los monitores haciendo ruidos extraños y a Yibo retorciéndose torpemente.
—Está despertando —se estiró hasta alcanzar a oprimir el botón de emergencia para llamar a las enfermeras. Estas llegaron de inmediato junto con la doctora Yang.
Y mientras observaba cómo la doctora le quitaba el soporte vital, Xiao Zhan no podía borrar una tonta y sentimental sonrisa de su rostro. Jackson estaba igual de emocionado.
Yibo abrió sus ojos un momento, miró a Xiao Zhan y cayó en la inconciencia de nuevo.
—Se desmayó, doctora… ¡Está inconsciente! —se espantó Xiao Zhan, temiendo lo peor.
—Tranquilos, no hay de qué preocuparse. Ya respira por su cuenta y sus signos vitales son normales. Solo está cansado —explicó con una sonrisa que levantó los ánimos de ambos.
—¿Estará bien?
—Está recuperándose.
Esa respuesta no le gustaba a Xiao Zhan. Necesitaba escuchar que sí, que estaría en perfecto estado a pesar de que estaba consciente de que nadie podría asegurarle eso.
Transcurrieron varias horas antes de que Yibo volviera a abrir los ojos, pero cuando ocurrió Xiao Zhan fue el primero en ocupar su campo de visión.
—Hola… extraño —estaba desorientado, adolorido, y con un escozor extraño en la garganta.
—Me diste el mayor susto de mi vida —Xiao Zhan lo tenía apresado entre sus brazos. Yibo correspondió a duras penas y vio al pie de su cama a Jackson.
—Hola —murmuró con voz áspera, apenas audible. Jackson le apretó un pie con la mano y soltaba lágrima tras lágrima. Al ver eso, Yibo no pudo hacer más que decirle un cansino "Idiota" con su voz rasposa.
—Idiota tú. Por poco dejas viudo a tu esposo —sus ojos brillaron por las lágrimas que ya no se molestaba en contener.
Xiao Zhan rio un poco, aliviado al ver a su amado despierto.
—Lo siento mucho, Zhan Zhan —correspondió el abrazo apretando a su esposo con cariño—. Gracias… por estar aquí —les dijo a ambos—. Lo siento… estoy muy cansado —se le cerraban los ojos de nuevo.
Xiao Zhan sintió pánico, pero recordó las palabras de la doctora: Yibo necesitaba descansar y dormir todo lo posible.
—Duerme —besó su frente—. Estaré aquí cuando despiertes.
—¿Y nuestros hijos?
—Ellos están bien, tu prima y Mao los cuidan justo ahora. Nuestros padres no tardarán en llegar a la ciudad también.
Yibo chasqueó la lengua.
—Vaya lío el que armé.
—No —besó su mejilla varias veces—. Si no fuera por ti, nuestras hijas… —no pudo continuar—. Eres un héroe.
Yibo no pudo decir más, se quedó dormido con una ligera sonrisa.
—Tengo que conocer a esos niños —murmuró para no despertarlo.
—Los vas a amar.
—¿Tienes fotos?
Xiao Zhan sacó su teléfono, y con ánimos renovados comenzó a enseñarle foto tras foto y videos. Era lindo poder presumir a sus hijos a alguien más que no fuese integrante de la familia.
Jackson de inmediato preguntó por la forma en la que los tuvieron, y cuando Xiao Zhan le explicó cómo lo lograron, de inmediato intuyó que la mayor era de Xiao Zhan, pues estaba idéntica. Luego vio a los gemelos y preguntó si era uno de cada quién.
—No, ambos son de Yibo.
—Vaya.
—¿Por qué?
—Es que no se parecen entre sí.
—No son gemelos idénticos.
—Nunca entendí bien cómo funciona eso. Pero lo que sí puedo notar es que el pequeño se parece algo a ti, mira, incluso tiene un lunar debajo del ojo.
—Yo no tengo uno ahí.
—No, pero aquí sí —señaló su propio labio inferior—. Y es del mismo lado.
—Tienes razón, aunque a pesar de eso siento que cada día se parecen más a Yibo, en especial Lili —sonrió como tonto—. Es una copia exacta de su padre.
—¿Me puedo presentar ante ellos como su tío?
Xiao Zhan soltó una risa agradable, sintiendo que un peso inmenso se había esfumado de sus hombros.
—Por favor, no esperaba menos.
Los ánimos se vieron mejorados.
Wang Yibo permaneció en el hospital bajo observación durante un par de días más antes de ser dado de alta. Estuvo desesperado por salir de ahí, como nunca en su vida, pues jamás se había separado tanto tiempo de sus hijos. Casi sintió como si volviese a estar completo cuando salió del hospital por la puerta de urgencias en una silla de ruedas y vio a sus tres pequeños esperando por él junto con Mao y Fei Fei. Yuyu sostenía un globo muy lindo y unas flores coloridas que le entregó apenas lo vio, pues corrió como desquiciada a abrazarlo.
El pobre soltó un quejido al sentir la brusquedad del abrazo, pero se aferró a ella con sus escazas fuerzas y le dijo lo mucho que la había extrañado.
Ese día hubo una gran reunión en la casa del matrimonio Wang Xiao. Estaban sus padres, la familia de Mao, Jackson y los tres pequeños. Comieron juntos y festejaron el regalo de la vida. Wang Yibo realmente sentía que había vuelto a nacer, volvió a valorar cosas simples a las que antes ya no les daba tanta importancia, tales como un mal chiste de su padre, un abrazo de su madre, las anécdotas que los señores Xiao solían platicar, incluso la estúpida risa de su mejor amigo Wang Jackson.
Pero lo que más apreciaba en ese momento era la oportunidad de estar vivo para ver a sus cuatro personas favoritas en el mundo: su esposo y sus hijos.
Cansado por recién haber salido del hospital, Wang Yibo se despidió de todos y subió a su recámara con ayuda de su esposo, este lo arropó y le prometió volver pronto.
—Tus padres se quedarán esta noche, nos ayudarán con los niños —besó la frente de Yibo.
—Así nos darán más tiempo a solas —alzó una ceja, galante—. Por cierto, ¿qué clase de beso fue ese? Ven aquí —lo tomó de la mano y lo jaló hacia él para que le diera un beso en los labios.
—Yibo —sonrió—. Te amo, pero…
—Pero no debemos intentar nada, sí, lo sé —suspiró—. Te esperaré aquí mientras tejo un suéter —hizo el ademán de tener dos agujas de tejer.
—No seas dramático.
—Te dejaré sostener el estambre si te portas bien —hizo voz de anciano, haciendo reír en serio a Xiao Zhan, este lo besó en los labios una vez más.
—Ya duérmete, necio —murmuró en un tono juguetón, y es que se veía exhausto, pero no quería aceptarlo.
—Te amo.
—Yo también te amo —acarició su cabello y apagó la luz de la habitación.
Luego de un par de semanas Yibo volvió a ser el mismo de antes, enérgico y fuerte. Fue entonces cuando Xiao Zhan decidió tener una conversación importante con él.
—¿Cómo te has sentido? —se metió a la cama junto a su esposo.
—Estoy mucho mejor —sonrió—. ¿Quieres hablar conmigo sobre algo en particular?
Xiao Zhan alzó una ceja y lo miró con desconfianza.
—¿Cómo lo haces? ¿Acaso soy tan obvio? —rio.
Yibo también rio y se acercó para besar sus labios.
—Si supieras lo bien que te conozco, te asustarías —susurró sobre sus labios antes de separarse y retomar con seriedad el tema—. ¿De qué quieres que hablemos?
—Yibo, esta fue la última. No voy a permitir que le vuelvan a hacerle daño a nuestra familia —su voz se mantenía serena, pero se podía sentir la impotencia en él—. No me importa llegar a extremos, no me importa parecer un exagerado, estoy harto de esta situación y no pienso quedarme de brazos cruzados.
Yibo asintió.
—Vayámonos de aquí, Zhan Zhan —ni siquiera titubeó—. Seamos la nueva versión de "La La Land".
—Amo esa película —rio.
—Lo sé —una sonrisa ladina adornó el pálido rostro de Yibo, aligerando el tema tan pesado
Al día siguiente hablaron con sus padres sobre la decisión que tomaron. Pensaron que recibirían reproches y que les llevarían la contra, pero grande fue su asombro cuando obtuvieron una aprobación total.
"Háganlo. Su seguridad y la de nuestros nietos es lo más importante" fueron las palabras que recibieron en la charla con sus progenitores.
No era una decisión fácil de tomar, tenían más cosas en contra que a favor, pero su libertad, tranquilidad y seguridad… no tenían precio.
—Así que… "City of stars" —dijo Yibo con una sonrisa antes de acomodarse en cama, listo para dormir.
Xiao Zhan soltó un largo suspiro. Últimamente su lecho matrimonial era el lugar en donde tenían charlas importantes entre ellos, conversaciones que definirían el rumbo de su futuro.
—Sí, "City of stars" —respondió Xiao Zhan.
Continuará…
¡Hola pastelitos!
Regresé luego del eterno hiatus con nada más y nada menos que con el penúltimo capítulo de esta historia. Y es de mi agrado informarles que el final ya está escrito, solo me falta pulirlo y desarrollarlo un poco más para unir ciertas partes.
Espero que no me odien por lo que le hice a Yibo, pero es que sí le hacía falta llegar a ese extremo para darse cuenta de que ya no podía ser irresponsable con su salud, no cuando ya es un padre de familia. Lo mismo con la situación de los paparazzi, necesitaban llegar al límite para tomar una decisión tan drástica como abandonar todo y cambiar de país. En fin, espero no defraudarlas con el final de esta historia, espero con ansias sus reacciones tras concluir con este fanfic eternoooo y que tanto he disfrutado escribiéndolo.
Gracias por haberme acompañado a lo largo de estos casi cinco años de emisión del fic, estoy segura de que no habría llegado hasta este punto de la historia si no fuera por los ánimos que me dan y por las bonitas amistades que encontré a raíz de esto (Sí, Tías de Yuyu, Yiyi y Lili, me refiero a ustedes!).
Les deseo bonito día y les mando todo mi cariño.
Atte: TeaDrop
11/09/24
6:00 a.m.
